Reseña de “Zulú” Caryl Férey

“Zulú” es una novela policíaca ambientada en Sudáfrica, ahora en ojo de todos debido al mundial de fútbol. La acción se desarrolla en Ciudad del Cabo, desde los peligrosos townships de Khayelitsha a las playas de Muizenberg. Un recorrido desde las zonas más pobres a las más exclusivas. El autor, el francés Caryl Férey retrata el país con una historia de fondo de tintes de suspense.
El protagonista es Ali Neuman – Ali como el boxeador -, jefe de policía al cargo de un caso importante, el del asesinato de la hija de un jugador de la mítica selección sudáfricana de Rubgy  – léase “El factor humano” de John Carlin – que en 1995 ganó el campeonato mundial, todo un símbolo de unión para un país fracturado. El caso del asesinato de esta chica, Afrikaner – blanca – y de familia muy poderosa economicamente, hace que Neuman tenga una doble sensación: de un lado cree que la justicia debe estar por encima de todo. Justicia contra caos. De otro, le es inevitable mirar hacia atrás y de ver de frente al pasado.
Neuman es duro por fuera, como una roca, pero por dentro está literalmente destrozado. De niño presenció como asesinaban a su padre y a su hermano mayor. Las fuerzas del Apartheid – blancos o negros a sueldo de blancos -fueron las responsables. Él recibió una paliza descomunal que le dejó peor de lo que está dispuesto a reconocer.
La joven Afrikaner hallada muerta, había consumido una droga a base de Tik, y una sustancia por determinar, desconocida. Mientras la investigación se pone en marcha, vamos viendo todos los estratos de la sociedad sudafricana, todas las etnias ( xhosas, zulues, afrikaners… ), la historia del país, desde la guerra de los boers al fín del régimen racista – Apartheid significa literalmente “desarrollo separado” -, que servía de contrapeso a posibles  revoluciones comunistas en la zona, y que no es casualidad que caído el muro de Berlín cayera el propio apartheid. El relato es hábil y te hace creer que este asesinato es solo la punta del iceberg de una sociedad violenta y caótica, que es un homicidio de tintes raciales, cuando en realidad es una cortina de humo para ocultar algo peor.

La novela aqui se torna más sombría si cabe, pasando de retratar una sociedad violenta sin remedioso a poner sobre la mesa una historia conspiranoica, que por conspiranoica parece poco versímil, y que por conspiranoica es fácil que tenga visos de realidad. ¿Quién iba a creer a alguien denunciando una conspiración?. El realto sostiene que el régimen del Apartheid a finales de los años 80 se propuso crear deshacerse de la población negra de un lado con ciertas drogas lanzandolas  al ambiente  ( aire, agua…) sustancias manipuladas de tal forma  que solo afectaran a esta porción, la mayoría en realidad, de la población. Tras 1989, este proyecto fue oficialmente abandonado, pero siguió en la sombra. Ahora lo que se propone este malévolo grupo es crear el super hombre perfecto, inmune a las enfermedades propias del hombre occidental de hoy día – obesidad, inapetencia sexual, impotencia, esterilidad, hastío vital…- y para ello se necesitan cobayas humanas a los que se les inyecta la nueva droga, la cual los vuelve violentos incontroladamente. A estos, para que evitar se vuelvan máquinas de destruirlo todo, también se les inyecta una cepa del Sida, que en pocas semanas acaba con ellos, y de paso con una prueba de que el proyecto existe. En un país con tanto sida, quien iba a sospechar. Las cobayas son niños pobres, yonkis y demás. Nadie preguntará por ellos llegado el caso.
El plan era perfecto, que la droga se distribuya más allá de los suburbios pobres da al traste con la operación. La muerte de blancos hace que la policía, pese a todas las trabas que se encuentra, sospeche. Sólo alguien como Neuman y su compañero, el afrikaner Epkeen, tan dolorosamente lúcidos como para acercarse al fondo del meollo con trágicas consecuencias.
Es aqui cuando Neuman, sediento de justicia, al ver que nada se puede hacer contra esta oscura organización con un pasado manchado de sangre, que con total impunidad campa a su aire, decide hacer justicia y llevárselos a todos por delante, literalmente además. La construcción del personaje está muy bien hecha, y resulta perfectamente creible verlo en esa situación. Él contra todos.
La novela es trepidante. Me ha gustado. Lo que el autor quiere expresar, todos los trapos sucios de Sudáfrica,  si no se quería hacer un ensayo, exigía que fuera llevada a cabo mediante una novela policíaca. Así se aprende bastante de la historia de espe país, con un pesismismo brutal aunque con cierto hilo – hilillo – de esperanza una vez Neuman se sacrifica por todos. Que tenga formato novela de suspense, hace que el final de la misma, sea inevitablemente un final “made in” novela policíaca, con un perseguidor ávido de  hacer justicia y unos perseguidos cada vez más acorralados, pese a lo poderosos que son. Solo se les puede cazar así, en plan justiciero.
Pese al final, más o menos tópico – eso no quiere decir que sea una mala finalización – el resto me ha tenido enganchado

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