“Villa triste” de Patrick Modiano

Villa-TristeUna vez que parece que todo está inventado, que todo está visto, que nada es fácil que ya nos sorprenda, considero que una novela donde se ahonde en la psicología de los personajes, en la que ellos sean los auténticos protagonistas y no lo que hacen, sus peripecias, es de lo más interesante con lo que podemos topar.

Modiano, autor de la maravillosa “El Café de la juventud perdida” y de la muy interesante “Calle de las tiendas oscuras“, es un maestro ahondando dentro de las psicologías humanas. Sin ser exactamente así, diríase que no pasa nada en sus novelas. La trama está dentro de los personajes. En Louki, en “El café de la juventud perdida”, Roland en “Calle de las tiendas oscuras” y en Victor Chmara en “Villa triste”, así como en toda la pleyade de secundarios que los acompañan, seres todos ellos nostálgicos de un pasado del que da la sensación que huyen, al que ahora pueden moldear en sueños a su manera, despojándolo de todo peligro, quitándole las espinas, al que quieren ahora sí abrazar dirigiéndose hacia el futuro, incierto porvenir. Leer a Modiano te deja con cierto sabor a tristeza, pero una tristeza sosegadora, curativa, reconciliadora. Es como cuando ya de adulto, recuperas objetos de la niñez ya olvidados, y eso te permite reinventar el pasado, cerrar los ojos y recibir imágenes que se escurren al abrirlos. No hay palabras para expresar esa sensación.

“Villa triste” es la historia del enigmático Victor Chmara. Todo en él es un enigma. Lo narrado trancurre a principios de los años 60′ del siglo XX. Pero es contado desde  el futuro, a modo de recuerdo. Victor se esconde en una pequeña ciudad de provincias francesa cercana a la frontera con Suiza. Parece que se esconde. Está claro que se esconde. ¿Pero de qué? ¿De su pasado, de su familia, de las autoridades francesas para evitar ser movilizado a Argelia? Tampoco su origen es más claro. Dice ser el hijo de un conde ruso, pero entre nosotros, no parece eso muy posible, aunque quien sabe.

Ahí está la grandeza. Los personajes no es que no sean quienes dicen ser- ¿quién es lo que dice ser?- sino que no saben quienes son. No engañan en absoluto, más honestos no podrían ser, en un mundo que juega pateticamente  a las apariencias. Simplemente estan perdidos, pero ¿Quién no lo está?

Recluido en hotelitos familiares y conservadores, conocerá a la glamourosa aspirante a estrella del cine – dice que hizo una película-”Yvonne Jacquet” y al doctor René Meinthe quien se auto proclama “la reina de los belgas”. Dos personajes peculiares, frívolos en apariencia, alocados, que buscan vivir la vida, todo en contraste con Victor, de los que como espectadores de la historia aprenderemos más de ellos por lo que no cuentan de ellos que por lo que cuentan. Bañados en la insoportable asfixia de la vida en provincias todos sueñan con otra vida. El encanto de la novela, entre muchos encantos, radica en que todos ellos saben que estan viviendo los mejores momentos que jamás vivirán. Aunque por supuesto eso ni se cita, nadie se atreve,  es algo que está en al ambiente, viciándolo de desasosiego, todo queda tras las sonrisas postizas del “savoir faire” en sociedad.

Es un libro escrito en 1975 reeditado este 2009 por Anagrama. En 1994 Patrice Leconte llevó esta novela al cine, cuyo resultado fue la sugerente “El perfume de Yvonne”, film que no encontré a la altura de lo anteriormente leído. Con encanto pero faltándole algo. Recomendaría de Leconte otros films: “El hombre del tren”, “La chica del puente”, “La viuda de Saint-Pierre”- estas dos últimas con el gran Daniel Auteuil-, “Monsieur Hire”, basada en una obra de Simenon, o la más conocida “El marido de la peluquera”. Hubiera preferido ver “El perfume de Yvonne” antes de leer el libro. Tal vez el espíritu de Modiano pudo sobre el de Leconte por este motivo

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