“Victorias frustradas” Erich Von Manstein

Las memorias de los militares alemanes de alta graduación ( y también  de muchos de menor rango) de la II guerra mundial, son un subgénero muy curioso. Y muy poco fiable.

Escritos con enorme arrogancia, con una épica acartonada, todos echan la culpa de los crímenes o de las derrotas a otros, con Hitler a la cabeza: nadie era nazi, nadie sabía lo de las atrocidades contra los judíos o contra los comunistas. Ellos no cometieron ningún error, lo hicieron todo por amor a la patria, algo que, según ellos, les exime automáticamente de cualquier posible fallo. Total: mienten, difaman, callan, señalan, manipulan, omiten. Su memoria se vuelve extrañamente selectiva. La memoria de unos carniceros que cometieron o ayudaron a cometer lo que es uno de los episodios más aberrantes de la humanidad. Las memorias de Manstein no son ninguna excepción.

Carente de la honradez que muchos le presuponen a Rommel ( este sería otro tema a discutir, pero al menos sabemos que protestó contra las atrocidades de la división SS “Das reich” en la Francia de 1944), Manstein fue  uno de los estrategas más brillantes de la guerra. Concibió el magistral plan que hizo que los alemanes ocupasen la aparentemente invulnerable Francia, Holanda y Bélgica en menos de dos meses, expulsando al ejército británico del continente. Palenó una abortada operación para ocupar Gran Bretaña que tenía no pocas posibilidades de éxito, y ya en el frente del Este, el mariscal, consiguió numerosas victorias frente al ejército rojo: arrolló el norte de Rusia, conquistó la peninsula de Crimea ( donde redujo Sebastopol a ruinas), venció en el lago Ladoga, venció en Jarkov tras el desastre de Stalingrado restableciendo momentáneamente unas inquietantes tablas que Hitler, contra su sabia opinión, echó a perder en Kursk, etc…Hasta que sus enfrentamientos con el Führer hicieron que éste le cesase…con nefastas consecuencias.

Como bien dicen, es muy posible que si Hitler hubiese interferido menos y hecho más caso tanto a Manstein como a Rommel, Guderian( autor, como no, de sus propias memorias) y otros, hubiese ganado la guerra, o al menos, retrasado considerablemente la derrota, dejando Europa – o el mundo – mucho más devastada de lo que ya quedó.

La inteligencia y la importancia histórica del mariscal Mastein son indiscutibles. Ahora bien, sus patrioteras, hinchadas, militaristas y farsantes memorias ( no entiendo la reputación que tienen) dan ganas de vomitar, en especial en lo que concierne a la guerra con la Unión Soviética, donde los alemanes, no sólo nazis, llevaron a cabo una guerra de exterminio total.

En “Las benévolas” de Jonathan Littell, un encargado de los Einsatzgruppen, protesta contra este tipo de militares. Los “von” esto, los “von” lo otro, que cuando acabe la guerra escribirán satisfechos sus memorias en su rico retiro echando la culpa de todo a los nazis y negando ofendidos sus propias responsabilidades. Esto es exactamente este libro. Un puede aprender mucho de él…a pesar de él, no creyéndole ni tomándolo al pie de la letra. Se conservan muchos documentos que prueban como Manstein ordenó la presecución de Judíos y comunistas. Aquí, por supuesto no habla de ello y hasta se ríe hipocritamente de los prejuicios nazis. Documenta muy bien sus comprobados enfrentamientos con Hitler, pero pasa por alto la cantidad de veces que agachó cobardemente la cabeza. ël era uno de esos hombres que jamás hubieran conspirado contra el III Reich. Habla de la invasión de Rusia como de una liberación, una cruzada cristiana y “civilizada” contra un enemigo bárbaro, pagano y comunista, sin mencionar los millones y millones de civiles que asesinaron. Es muy interesante ver cómo muchos alemanes justifican la guerra contra la Unión soviética del cruel Stalin como una operación cristiana. Ellos eran cristianos. Ellos eran los buenos. Hasta los sacerdotes alemanes que, valientemente, se opusieron al programa T4 de eutanasia ( asesinatos masivos de discapacitados ) de Hitler, bendijeron una de las mayores masacres de la historia. Y el vaticano (ese Vaticano que ayudó a escapar a muchos criminales de guerra nazis,  no sólo alemanes, también los croatas, aliados de éstos, que con su ideología cristiana, hicieron su propio genocidio contra los Serbios, con un salvajismo tal, que asustó a las propias SS, tan aberrantes eran sus métodos y sus propios campos de concentración. Esta herida no cicatrizó, y ya sabemos lo que pasó en los 90′ en la antigua Yugoslavia) también vio con buenos ojos la invasión. Los comunistas eran el anticristo y esa santurronería cristiana llega hasta nuestros días con vergonzosos films como “Hasta donde los pies me lleven” de Hardy Martins o la más digna pero aún así maniquea y muy discutible “Katyn” de Andrej Wajda, un film tramposo y endeble pese a su demoledor final.

Manstein habla del desastre el VI ejército en Stalingrado como una tragedia cristiana. El mismo ejército que devastó el sur de Rusia, los llama pomposamente mártires y hace obscenas semejanzas con los Espartanos de las Termópilas, con un lenguaje heróico, florido. Los Espartanos defendían sus tierras de una invasion. El VI ejército era el invasor. Al respecto de Stalingrado, él estuvo cerca de romper el cerco, y no lo logró. Muchos historiadoresAntony Beevor en “Stalingrado” por ejemplo -  lo hacen partícipe activo de la derrota. Manstein se lava las manos y culpa a Hitler, Goering y Von Paulus…algo innegable

Esto son las memorias de este hombre. No habla de sus derrotas apenas, está orgulloso de su hijo caído por la patria – nazi – y se explaya cerca de 800 páginas con su retórica repetitiva y grandilocuente. Acabada la guerra, el inocente mariscal se chupó 10 años de cárcel – y no en una de las peores – y murió en su dorado retiro en 1973, orgulloso y negando su complicidad- ¿ por qué no acabó su vida entre rejas?-.

En “La cruz de hierro” de Peckinpah, el personaje de James Coburn – un individualista sargento alemán – demuestra su desprecio no sólo a los nazis o a los retrógrados prusianos que aliaron con ellos, sino a los militares perpétuos, los de toda la vida, los de carrera, los que siempre obedecen sin cuestionar las órdenes ( sea arrasar un pueblo ucraniano, fusilar a unos cuantos musulmanes o incendiar una aldea vietnamita) por muy crueles que sean. Los que siempre apoyan al que manda y que en la Alemania de los años 30′ – 40′ se tradujo en apoyar a los nazis a la hora de llegar al poder, en consolidarlo, en formar parte activa en todos los programas de ocupación y exterminio. Si hubiese que creer a Manstein, él sería uno de estos “inocentes”  militares. En otro momento del film, James Coburn dice algo así como: “tendremos que pagar lo que hemos hecho“. Manstein no lo pagó lo suficiente. Muchos, demasiados, encontraron refugio en España tanto bajo la dictadura como ya con la democracia. Sé de un pueblo alicantino donde muchos criminales vivieron a cuerpo de rey y fueron enterrados ante el desconsuelo de parte de la población.

Clara Sánchez habla de eso en una novela de reciente publicación, “Lo que esconde tu nombre” y hay no pocos estudios que dejan en evidencia  la tolerancia que España ha tenido con miles de Mansteins. Una vergüenza, y grande, pero claro, éstos dejaban muchos beneficios con sus corruptos negocios y eso es lo que importa en nuesra sociedad del salvaje  capitalismo

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