“Un paria de las Islas” Joseph Conrad. Barataria

Pido disculpas ya en la primera línea al que espere una sinopsis de la novela. Me temo que aquí no la encontrará.
Hace tiempo que no leía a Conrad y ha vuelto para dejarme de nuevo sin aliento. “Un paria de las Islas” es una de sus primeras novelas, quizás no tan brillante como “El corazón de las tinieblas”, “El agente secreto” o “La línea de sombra”, pero sí con esa afiladísima capacidad de sondear la naturaleza humana que convierte sus descripciones psicológicas en obras de relojería. Y cómo no, por el azote al que somete a esa superioridad moral en la que siempre se posicionó el Viejo Mundo, pero en particular la Gran Bretaña abanderada del puzzle imperialista decimonónico. Conrad es uno de esos autores que estuvo allí para contarlo, no sólo en esta novela, sino en toda su obra.
La trama se enmarca en un pequeño poblado-puerto fluvial situado en la desembocadura de un río en las costas malayas, en la que dos bandos se disputarán el control de las mercancías venidas de río arriba. En esas disputas entre el hombre blanco y la alianza árabe-malaya, asistiremos a la puesta en escena de todo tipo de traiciones, del amor en estado puro, del rechazo frío, de odios viscerales, de lealtades nobles o la soledad más intensa. Una narración que va cogiéndose poco a poco y que antes de convertirse en una novela de aventuras se transforma en una obra casi de intriga. Y no una intriga que se defina por los entresijos de la historia, sino por la importancia que a mi parecer tiene el trato del “otro”, el no-blanco, protagonista de gran parte de bibliografía. Una disputa entre un bando al que podemos no respaldar pero que entendemos en esencia, y otro que actúa a espaldas de nuestra lógica, casi infectado por el espíritu de la selva, de lo incognoscible. “No era la muerte lo que lo aterraba: era el horror y el desconcierto de no saber nada de ninguno de los que lo rodeaban, de no poder orientarse, controlar, comprender nada de nadie” (p. 155)
Conrad es capaz de ponernos en la encrucijada, en el borde del abismo que representa lo desconocido, tanto si es la barrera inaccesible e inhóspita de la jungla como si es el misterio que esconde el “otro”, el que no es como nosotros, el que posee una cosmovisión situada en la antípodas de la occidental. Y parece que él sea el único capaz de superar esa barrera, definir y plasmar ambos campos como si en cada uno de ellos fuera autóctono.
Quizás no logre explicarme y empecéis a echar de menos un resumen como los de toda la vida, pero creo que los detalles de la historia pasan a un segundo plano cuando me doy cuenta de que esta lectura me cautiva y juega conmigo a su antojo como creo ya lo hizo cuando se publicaron por primera vez sus novelas en una Inglaterra que se erigía como el centro del planeta y desde su prisma juzgaba el mundo. Una Justicia que Conrad pone en tela de juicio y la convierte en eje de diálogos memorables: “…los blancos lo han tomado todo: la tierra, el mar y el poder de atacar, y no hay nada para nosotros en las islas, excepto la justicia de los hombres blancos” (p.230) Una noción de justicia que al igual que el hombre blanco que cuando quiere trasladar su forma de vida fuera de su entorno casi raya la locura, así la justicia como concepto a priori inmutable, también evoluciona hacia nociones extrañas.
Casi todos los personajes ya aparecían en una obra anterior, La locura de Almayer, y aunque no recuerdo si lo hacía Willems, el paria del título, me gustaría destacar al capitán Lingard. Marinero de raza, respetado por amigos y enemigos, noble. Un personaje clásico. Conrad fue marino antes que escritor, y eso se nota en el trato que da al mar y a sus hombres: “El mar, tal vez debido a su salinidad, endurece por fuera, pero conserva la dulzura en el núcleo del alma de los que lo sirven” (p.20). ¡Ahí queda eso!
Sinceramente, no he leído mejores fragmentos dedicados al mar que de la mano de autores como Conrad , Melville, Stevenson,… Frases como la anterior sólo puedo compararla con algunos pasajes de Moby Dick, cuyo primer párrafo sería lo único que atrevería a tatuarme.
Desde aquí me gustaría darle las gracias a Barataria al apostar por este tipo de novelas.

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3 comentarios para ““Un paria de las Islas” Joseph Conrad. Barataria”

  • Barataria:

    Es estupendo comprobar que otros leen con placer lo que has editado. Para Barataria Un paria de las Islas ha sido una ENORME satisfacción. Cada frase de Conrad es luminosa, en el sentido de que da a luz lo que pensamos y lo convierte en inolvidable. Fíjate si no en la frase que tanto te ha impresionado: “El mar, tal vez…”. Si alguien hubiera escrito: “Los marinos son secos por fuera pero tiernos en el fondo” el sentido habría sido más o menos el mismo, pero la frase, entonces, no habría merecido un tatuaje.
    Saludos de Barataria y gracias por tu trabajo.

  • muchas gracias a vosotros, amigos de la editorial barataria. Nuestro colabordor, Cosimo, que es el que ha escrito esta reseña, es un enamorado de Joseph COnrad. Ese amor lo ha intentado plasmar en lo escrito. Gracias por estar ahí y por hacernos sentir que nuestra labor no es en balde.
    Saludos y seguimos en contacto

  • Estoy acabando de releer esta obra, y digo releer porque yo también soy una enamorada de la obra conradiana y periódicamente las voy releyendo. He aprovechado esta nueva edición de Barataria, y estoy disfrutando enormemente del universo en que nos sumerge Conrad. Inmediatamente me han entrado unas tremendas ganas de releer La Locura de Almayer, Lord Jim, Salvamento… en fin, volver a un grandísimo escritor. Como la copa de un pino.

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