“Un niño” de Thomas Bernhard
Hacía tiempo no disfrutaba tanto con un libro. Bernhard hace en “Un niño” un recorrido por los lugares comunes ya recorridos en los cuatro volúmenes anteriores – se pueden encontrar por separado en Anagrama en su colección Panorama de Narrativas, o todos en uno en la colección Otra vuelta de tuerca-. Vuelve a lo ya dicho pero añadiendo un toque talentoso, por llamarlo de alguna manera, como un tiro de gracia, letal y definitivo.
Bernhard es una voz más que interesante, es la voz, para conocer al ser humano, con sus flaquezas y torpezas, cuando no mezquindad. Cierto que puede llegar a ser algo triste o pesimista leer su prosa – a mi no me lo parece-, pero es que es lo que hay. El autodenominado “aguafiestas” cuenta el mundo tal y como era – como es – sin adornos vanos, sin sonrisas que no vienen al caso. Su mundo, sus traumas, sus infortunios, magistralmente escrito.
Esta quinta parte de su experiencia personal vuelve a cargar contra la educación hipócrita e ignorante recibida en las escuelas, más aborregadora que educadora. Dirigida a adormecer a todo espíritu creativo para amansar y convertir al individuo en una máquina repetidora de sinsentidos. Carga contra la estupidez de las personas, su maldad, innata o social, inevitable, donde sólo la mediocridad permite a los individuos avanzar sin que los remordimientos te empujen al suicidio. En el relato hay más de una referencia a familiares o conocidos que así acabaron. No podía faltar sus problemas de salud que sin duda moldearon su carácter, ni sus problemas con su madre- por fin sabremos algo de su padre-, ni con gran amargura, el relato de como fue enviado a un reformatorio para niños problemáticos, todo por ser diferente al resto del ganado. O por la falta de miras de los educadores.
Esto es aquí reseñado en este fantástico autorretrato. Todo empezó un día en el que el joven Thomas tomó prestada la bicicleta de su tutor, cosa que tenía prohibida, para irse a casa de su tía a 30 kilómetros, cosa que tenía igualmente vetada. El fracaso de su osada expedición- la bici acabó rota y él magullado-, y el temor a ser golpeado de nuevo y herido con palabras llenas de impotencia por parte de su madre- lo tenía como un caso perdido y no dudaba en espetarle que mejor estaría sin él-, y lo peor de todo, esa sensación de incapacidad de evitar el facaso en todo lo que hacía, hará que vaya contándonos otros recuerdos y experiencias de lo más instructivas sobre su vida y el mundo que le tocó vivir, el mundo previo al estallido de la segunda guerra mundial en Austria. Por suerte tenía a su abuelo, que ya le advirtió de todo
No puedo sino recomendar a Bernhard. Nos permite saber que no estamos solos y que alguien sí contó las cosas tal y como sabíamos que eran. Con gran valor.
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