“Un escritor en guerra: Vasili Grossman en el ejército rojo 1941-45″ de Antony Beevor

un escritor en guerraVasili Grossman, el autor judío creador de obras tan monumentales como “Vida y destino” o “Todo fluye” – y del que, para variar, buena parte de sus libros no están publicados en este cultísimo país nuestro- fue corresponsal durante la II guerra mundial en el atroz frente del este y también testigo de la monstruosa política stalinista que provocó tanto la hambruna en Ucrania en los años 30′ – mínimo unos siete millones de muertos -como las famosas purgas que asolaron repetidamente al ejército rojo y a la sociedad civil, así como las represiones de la postguerra, que marginaron a Grossman y casi acaba con su vida, pues Stalin preparaba un genocido contra los judíos similar al de los nazis, pero cuya repentina muerte impidió que el plan pasase de los preliminares. En definitiva, y como dice Beevor, Grossman, un ser inofensivo y hasta ingenuo fue testigo en primera fila del “siglo de los perros-lobo” citando un famoso poema de Olip Vandelstam que se refiere a la tremenda crueldad de la que el ser humano es capaz y de la que la URRS fue sobrada.

Más allá del trabajo para el periódico “estrella roja”, lo que realmente importa fueron los cuadernos de notas personales que Grossman escribió y que tienen un valor excepcional y más aún si se tiene en cuenta que escaparon a la propaganda y censura soviética, escritos que sirvieron, además, como base para gran parte de su carrera literaria.

Antony Beevor, uno de los historiadores actuales más reputados, autor de obras tan colosales como “berlín, la caída 1945″, ha tomado como base principal de este libro los cuadernos de Grossman,p ero no se ha limitado a transcribirlos, pue sha realizado una biografía peculiar del personaje y ha añadido comentarios sobre el contexto histórico de las anotaciones del escritor que lo enriquecen considerablemente.

La conjunción de estos dos talentos inmensos – más Grossman que Beevor – da como inevitable resultado un libro magistral, apabullante, uno de los mejores trabajos sobre la II G.M. desde la óptica rusa, algo con un valor añadido si se tiene en cuenta que gran parte de la información directa sobre el frente del este procede de los alemanes y en menor medida de sus aliados, ya que debido al extinto “telón de acero” de la guerra fría o porque como dice Beevor los archivos rusos están volviendo a ser prohibidos para los occidentales en plena era Putin después de unos pocos años de apertura – y no del todo-, la información que nos llegaba del este solía estar en la línea propagandística y manipuladora de la “gran guerra patriótica”, algo a lo que Grossman no siempre pudo escapar y que es totalmente comprensible teniendo en cuenta bajo que régimen vivía.

El inicio de la invasión alemana en 1941, los constantes desastres en la primera época de la guerra, la batalla de Stalingrado a la que Beevor ya dedicó un libro, las infernales batallas del Kursk o de la operación Bagration en Bielorrusia en julio de 1944 – una de las carnicerías más salvajes y desconocidas de la guerra -que ocurrió al mismo tiempo que la liberación de Francia y a la que hace, aunque parezca mentira, palidecer-, las contínuas victorias rusas que acabaron con la conquista de Berlín y un largo etc, todo queda registrado por la misión humana, atenta y compasiva de Grossman que brilla más que nunca en las descripciones de las aberraciones nazis especialmente en los capítulos de “la matanza de Berdichev” donde asesinaron a su madre entre al menos 30.000 judíos más, una de las muchas masacres ejecutadas en el terreno por los Eintsanzgruppen – los comandos móviles de exterminio – y en el portentoso “Treblinka”, el primer artículo escrito sobre los campos de concentración nazis, utilizado en los juicios de Nuremberg como prueba incriminatoria y que es de lo mejor que hay sobre este tema, al que todo elogio se queda corto y que minó sensiblemente la moral del sensible escritor.

Grossman murió marginado, perseguido, censurado. La visión de tantos horrores hizo que muriera antes de tiempo, pero como bien dice Beevor, ni el monstruo nazi ni el monstruo comunista- ese que ejecutó a casi 14.000 de sus propios soldados en Stalingrado y varias decenas más a lo largo de toda la guerra- pudieron con su insobornable honradez y humanidad, ni desde luego con su obra. -de hecho pese a las presiones siempre se negó a servir en el partido comunista-. Y esto, la supervivencia del individuo ante las adversidades, es el eje de sus tristes, crueles y a veces hermosos libros, y por supuesto, es toda una lección de coraje y ética.

UNA ESTRELLA FUGAZ

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