“Un buen bistec”(Cuando los dioses ríen, editorial Navona) de Jack London
Dentro del libro del gran Jack London, editado por Navona, en su colección Reencuentros, “Cuando los dioses ríen“, libro de relatos, se puede encontrar el magistral cuento “Un buen bistec” – “A piece of steak“-. Este cuento, que también puede ser localizado en la colección Read&Listen de Pons - colección de piezas clásicas de la literatura universal, en idioma inglés, con el léxico más difícil anotado a parte en castellano, dirigido a estudiantes de inglés de buen nivel – es un fantástico relato corto que conviene ser leído tanto por los amantes de la literatura de London, tanto como para quien desee leer algo del autor sin conocer nada de su obra.
Es la historia del boxeador Tom king. King fue un renombrado pugil. Admirado, agasajado por todos.
No obstante el inexorable paso del tiempo marca su carrera deportiva. Otrora en forma y temible, ahora King se halla en franco declive. Antes era bien pagado, todos apostaban por él, le patrocinaban e incluso fans le pagaban sus bebidas y le llevaban en coche a los combates. Ahora, y él mismo es consciente de ello, ya no está en forma, algo inevitable. Nadie apuesta por él, sino por su contrincantes, mucho más jóvenes que él. Lo peor es que debe ir a pie de casa hasta el lugar de la pelea, con lo que entra al cuadrilatero completamente exhausto. Como añadido, sólo cobra si gana. Si pierde se vuelve tal y como vino. Pero lo peor de todo, sin duda, es que apenas si ha comido. Él, que todo lo tuvo, ahora sueña con un buen bistec.
Lo relatado se centra en su último combate. Ya en casa se siente derrotado, triste, viejo, pesado. Se despide de su mujer sintiéndose no como los trabajadores modernos alienados en fábricas, que trabajan a cambio de un salario, sino sintiéndose primitivo, yendo a trabajar batiéndose el cobre, en una lucha desigual en la que debe jugarse su cuerpo. Como ir de caza. Comida a cambio de golpes. De camino siente que no es buena idea ir caminando el par de kilómetros hasta la pelea. Siente que le faltarán las fuerzas. Al llegar nadie le reconoce. Su tiempo ha pasado. Por fin alguien veterano le reconoce como la estrella que fue y eso le da fuerzas. Sus últimas fuerzas.
Dos pensamientos se cruzan desde que comienza la pelea con un pugil joven, una promesa como la que él fue. La primera es que recuerda perfectamente al viejo Stowsher Bill. King batió a Stowsher el día de su revalida. Recuerda su propia altanería contra al que consideraba un rival acabado.
Recuerda su saña y como se alegró de que éste marchara llorando a los vestuarios. Ahora sentía que la llamada de la juventud se cernía sobre él inmisericorde, tal y como él hizo con Stowsher Bill.
La otra es que tiene hambre. durante todo el maldito combate, tiene hambre, ay, necesita un buen bistec. El relato es maravilloso. London en su línea. Mostrando al ser humano como una fragil brizna de hierba en medio de un universo hostil, en medio de una furiosa ventolera. Los más fuertes sobreviven. La civilización radica en que nadie morirá por esto. Simplemente la mentalidad “civilizada” – cambiemos el nombre y llamémosla contemporanea - hace que el más débil debe retirarse, dejar paso a los fuertes, a cambio de no ser devorado. La vejez debe dejar paso a la furiosa e impetuosa juventud. Apartarse y esperar a que llegue tu hora. ¿A qué se supone que se va a dedicar el pobre Tom King? ¿Qué penurias no pasaría el viejo Stowsher Bill tras ser batido por King? Y la rueda girará hasta la eternidad.
London hace un retrato del combate en sí más que apasionante. Se nota que entendía del tema. Ganchos, fintas, amagos, golpes de derecha… King aguanta como un jabato. Hace una gran pelea, memorable incluso.
Está cerca de conseguir su objetivo. De burlar el destino que tenemos todos. Pero nadie burla a ese destino cruel. ¡¡Si hubiera podido comerse ese “buen bistec”!!.
Derrotado sin dignidad, pues no hay dignidad para el perdedor por más que se haya portado de forma más que digna, se marcha de lo que ha sido toda su vida. Debe volver a casa y decirle a los suyos que vuelve con las manos vacías y más hambre que antes. y derrotado. Hoy no habrá cena. Quien sabe mañana.
El relato acaba con una gran reflexión:”¡Pobre viejo Stowsher Bill!. Ahora podía entender por qué Bill había llorado en los vestuarios.
A modo de epílogo os dejo los cuentos que componen esta selección hecha por Navona, prologado por José Luis Piquero con el contundente y revelador título, que muy bien define la obra de London, de “La lucha por la vida”:
-Cuando los dioses ríen
-Semper idem
-Una nariz para el rey
-El apóstata
-Él los creó
-Una mujer malvada
-”Sólo carne”
-Un fragmento curioso
-Rumbo oeste
-El chinago
-El Francis Spaight
-Un buen bistec







