“Últimas tardes con Teresa” de Juan Marsé
Empezé a leer el libro la tarde previa a la noche de San Juan así que acompañé al chico protagonista por las calles de Barcelona cuando decidió no llegar a Poble Nou sino pararse en una verbena en la casa de un familia acomodada de la ciudad.
He preguntado por ahí a mis conocidos si habían leído la novela y parece ser que me encontraba en un error al pensar que todos los que estudiaron en el instituto la leyeron entonces, así que mi sensación de llegar tarde a algo se desvaneció al saberlo.
El olor a mar y a fuego del comienzo del verano siempre me trae cierta felicidad. Y no me es difícil pensar en las muchas personas que esperaban una noche así para que ocurriera algo que les transportara al cielo, metafóricamente hablando, claro.
Da igual en la década en la que nos encontremos, quien disfruta del bienestar casi siempre es el que dispone de cierta tranquilidad económica, sus equivocaciones serán tomadas como algo sin importancia que pronto se olvida; el que está al otro lado, en la versión popular, sufre la desdicha, el mal fario. Manolo sufre lo que le ha tocado vivir; sin oficio ni beneficio sueña, o más bien planea, su ascenso social que lo hará rico y un hombre de provecho. Es como el cuento de la lechera y, por supuesto, si no hay bases estables que sustenten tus deseos, al final se hace añicos y pierdes.
Lástima que en su empeño fastidia e incluso destroza a más de una persona que también se ilusiona y pretende ganarse su lugar en el mundo. Eso es lo que más rabia me da de toda esta historia, lo que va sembrando a su alrededor para no ganar nada…su destino está escrito. Y para la universitaria será una mera distracción, aunque al principio su belleza y lo que cree que representa le haga creer que es el único hombre que ha conocido y que a su lado, los niños pijos que la rondan parecen simples marionetas del acomodo. Juega con parecer moderna y transgresora pero acaba siendo como todos quieren que sea, una chica bien.
Me alegra la reedición de la novela, gracias al premio Cervantes 2008 que se le ha concedido a Marsé, así los nuevos lectores podrán comprobar que su narración sigue siendo de lo más actual, por más años que hayan pasado desde su escritura. Probablemente las modas hayan cambiado, las verbenas no sean la única distracción en las ciudades esa noche mágica y ahora ya nadie tema “perderse” tras una locura veraniega; pero supongo, que todavía habrá alguien por ahí que piense detenidamente en la forma de trepar en una sociedad que cada vez desprecia más al ser humano.
Las noches cálidas en la costa catalana, esas vacaciones eternas de tres meses, tener la comida en la mesa cuando gustes…así se vive bien ¿no?...pobres ilusos.
Musetta
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hola musetta, me alegro mucho de leerte
hola Montag, entre hospitales y rollos varios hace tiempo que no escribo nada es verdad. A ver si antes del viaje a italia hago otro. Un abrazo