“Tommyknockers” de Stephen King
Anoche, ya tarde, y la noche anterior,
los Tommyknockers, los Tommyknockers,
llaman a la puerta.
Tengo que salir, y no sé si puedo,
porque el Tommyknocker,
me da mucho miedo.
Este es el poema infantil que abre esta obra del rey Stephen, un poema que uno repetía mucho en su adolescencia. Cómo tantos otros fuí seguidor de este escritor desde que lo descubrí con “El fugitivo” ( con ese final tan radical y memorable ) ya despojado del pseudónimo de Richard Bachman, que utilizó en ésta y cuatro novelas más, y que posteriormente, ya sin misterio alguno, volvió a recuperar.
Desde entonces y hasta “La tienda”, leí casi toda su obra y si me deje algunas fue porque ya conocía sus adaptaciones al cine, caso de la estupenda “El resplandor” del gran Stanley Kubrick, una película que el propio King, con razonamientos poco razonables, sigue rechazando.
Uno dejó a este escritor ( o a lo que haya detrás ) sin haber leído nada realmente malo de él salvo algunos pocos cuentos y con la relativa decepción de las desiguales secuelas de la clásica “La torre oscura” ( las siguientes cuatro, por tanto, no las conozco ). Fue más por saturación, pérdida de sorpresa y que ahí fuera hay muchas cosas interesantes, incluido en el amplio campo del terror.
Desde entonces me he vuelto a asomar, sólo muy puntualmente, al mundo Kingiano, pero aún recuerdo muy bien cuando leí “La tienda” en el verano del 96, de estar inmerso en las páginas de este espléndido tocho, irregularmente llevado al cine por Fraser C. Heston ( hijo de Charlton Heston ). De tener que dejarlo a regañadientes un viernes para ir a trabajar a un sitio que detestaba ( ahí coincidí con Montag, que repartía latigazos y hostias sin piedad a los “compañeros” ) y salir aliviado de madrugada para volver a zambullirme en el libro y pasar así todo el sábado, leyéndolo casi sin interrupciones, contento y feliz. ¡ Qué jóvenes eramos !
Tal vez King no sea alta literatura, ¿ y qué ?. Muchos fuimos felices y muchos lo siguen siendo al leerle. Y libros como el inusual “Los ojos del dragón”, “Misery”, “Ojos de fuego”, “La niebla”, “La larga marcha” o “Rabia” ( que leí tras un concerto de Nirvana – que recuerdos -) forman parte de mi memoria y fueron estos los libros que me metieron el virus de la literatura. Si hoy leo a Vassili Grossman o James Ellroy es, en parte, por estos. Aunque sea compatible, es mucho mejor leer con 16, 17 ó 18 años a King o a otros novelistas de terror, que ver las películas existencialistas de Bergman. Mucho más divertido y gratificante, antes que te vengan todos los demonios de la edad adulta.
Uno tiene a “TommyKnockers” como su particular obra cumbre de Stephen King. Casi 700 páginas que datan de 1987 y que uno leyó en 1990. Este es un comentario, por lo tanto, hecho desde recuerdos. No está considerada como lo mejor de su obra. Da igual. Muchos ponen antes, por ejemplo, la más extensa aún “It”, un novelón “río” irregular pero con muchos fragmentos sensacionales debido sobre todo a ese memorable villano-mutante. Los villanos de King merecen un capítulo aparte. Para mí “TommyKnockers” no fue simplemente leer un libro. Fue como cuando visioné “2001 una odisea en el espacio” de la obra cumbre de Kubrick con base en la novela de Arthur C. Clark. Viví el libro, viví toda una gama de sensaciones, para mi una obra maestra. ¿Qué no está considerada, ni de lejos, como tal? Y a mí que me importa. Sentí esa novela de terror con extraterrestres telépatas, especialmente esa fatal, trágica y hermosísima historia de amor. Y sentí a ese perdedor típico de Stephen King: el borracho, depresivo, zumbado, entrañable y con sus principios: Jim Gardener.
Como casi todo King, tuvo su correspondiente adaptación, esta vez en formato miniserie televisiva. No quise verla. Y no sólo porque no me imaginaba a Jimmy Smiths en el papel de Gardener, sino también porque ya había pasado algunos años, uno había cambiado – para bien o para mal, muchos dicen que lo segundo – y ya no iba a sentir lo mismo. Ni he vuelto a releer el libro, ni creo que vaya a hacerlo. La ingenuidad de aquel muchacho ha desaparecido, excesivas experiencias encima. Ya no sería lo mismo. Ahora todo parece más gris. Pero ese gris es más soportable gracias a experiencias positivas como haber leído “Tommyknockers”. La magia en gran parte se ha perdido. O como diría el propio Stephen King, ya no oigo las noticias de la noche ( y obviamente no se refiere a los informativos ). Y tristemente sólo unos pocos lo hacen. Por lo tanto lo dejo así. En mi mente, Jim Gardener, autoredimido, sigue viajando por las estrellas, rumbo a la paz que tanto buscaba.
Stephen King: muchas muchas gracias
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