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“Fuegos” Marguerite Yourcenar
Partiendo, mayormente de los clásicos de la Grecia clásica e inspirándose también en sus circunstancias reales, Yourcenar creó nueve pequeños cuentos con sus correspondientes y apasionadas introducciones donde el hilo común es el amor no correspondido.
El amor como forma de vida, cueste lo que cueste, un amor vehemente hasta lo enfermizo, posesivo, que pasa al odio, a los celos y a otros sentimientos negativos con extrema facilidad.
Este es un libro de Yourcenar revisado, muchos años después de su publicación original en los años 30, por la propia autora que realiza un a mi juicio prescindible prólogo donde habla con su habitual densidad, de la pequeña obra a la que dio vida, con su particular estilo.
Este es un libro sumamente irregular donde destacan “Clitemnestra o el crimen”, “Safo o el suicidio” o la mágica parte final de “Fedón o el vértigo”, en contraposición a otros como el críptico “Fedra o la deseperación” o el pesadísimo “María magdalena o la salvación”, donde la autora se atreve con el mayor mito cristiano, un mito sobadísimo artisticamente que, al menos, da lugar a una conclusión cruelmente lúcida en el que la religión aparece retratada como un monstruo insano enemigo, no sólo de los placeres de la carne, sino de la felicidad en general.
El lenguaje voluptuoso, recargado en exceso de Yourcenar, es ampuloso en varias de las historias, afectado incluso y resulta irritante y cargante por momentos. Es un estilo que bebe directamente de los tiempos antiguos y el lector tiene que esforzarse por entrar dentro de estos relatos. Uno ha de esforzarse por conectar con algunas de estas historias y esto lo dice alguien que admira ese clásico inmortal que es “Memorias de Adriano” y en menor medida otros libros suyos como “Alexis o el tratado del inútil combate” o su famoso “Opus nigrum”.
Con todo, es un libro con fragmentos realmente hermosos, nacidos de esa flor sangrante que era el con razón de la autora, más visceral y menos madura que en otras ocasiones. Yourcenar es única en el mapa de las emociones extremas y los aciertos de “Fuegos” ( sobre todo en sus últimos cuentos, que tienen un estilo más dinámico y depurado) son motivo más que suficiente para leerlo.
Aquí se unen la belleza al borde del abismo, con hambre de eternidad e infinito, propios de Marguerite con afirmaciones excesivamente graves, solemnes, trascendentales, casi rayanas con la locura, síntomas de un amor irracional que pasa del sueño a la pesadilla continuamente. Claro que la lógica y el amor suelen reñir bastante, pero es desconcertante encontrarse tantas espinas y tantas flores juntas, tan entrelazadas que se confunden unas y otras.
Y es que el amor puede ser tanto una fuente de vida como un modo de destrucción o autodestrucción, de placentera autodestrucción o como bien se ve en alguna historia, incluso otra manera de degradación.
ORION
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Escrita en 1934 y rescrita a finales de los 50′, la novela, a partir de un atentado contra Musolini – del que no se menciona su nombre- en la Roma de la dictadura, retrata las consecuencias e impresiones que tiene para varios personajes de distintas clases sociales.
Es un trabajo interesante, con el sello inconfundible de su autora, y eso ya es motivo suficiente para leerlo, pero inferior a otras novelas de ésta, en especial de la gran “Memorias de Adriano”, seguramente su mejor obra, y es que a diferencia de ésta y de otros libros suyos, Yourcenar hace una novela coral, enrevesada, un tanto irregular, incluso con párrafos tediosos donde las historias de los distintos personajes se enlazan a partir de una moneda que va pasando por sus manos, una idea demasiado aleatoria que resulta forzada y a veces no muy creible teniendo en cuenta que dichos personajes tienen conexiones entre sí o están relacionados con el atentado, circunstancia que ignoran.
Al partir de esa óptica coral, esas historias de amor, narradas en primera persona en las mejores novelas de Yourcenar y que son su mejor virtúd- vale, no siempre, ahí está “Opus Nigrum“- tan llenas de pasión desgarrada y obsesiva, de una inmensa e hiriente belleza unida a un dolor irreparable que acaba prevaleciendo y que aqui se encuentran en mucha menor medida, hace que “El denario del sueño” no tenga, no transmita, tanta e moción, tanta visceralidad y tanto dolor.
Porque el dolor- un dolor interno, permanente, grabado a fuego, es lo que suele predominar-también aqui- en la obra de la gran escritora, sus novelas siempre dejan una sensación de tristeza, de desolación infinita, ya por la tragedia, lapolítica,la sociedad, las circunstancias históricas o por los muros infranqueables que ellos mismos, a veces inexplicablemente,otras con vehemencia exagerada, levantan.
Son personas dañadas, frágiles pese a su aparente fortaleza o privilegiada posición social, cuyos deseos de amor que trasciendan la mortalidad se reducen a unos momentos intensos, incluso gloriosos, pero breves y efímeros antes de que la vida con toda su carga de dolor se los lleve por delante, y si no mueren, quedan reducidos a fantasmas en vida con sus recuerdos, quemándolos, marchitándolos por dentro, y que en “El denario del sueño” se concretaen el personaje de la “terrorista” de izquierdas y su marido fascista, aunque esa melancolía, ese retrato de personas a la deriva no brilla tanto porque carece de la exacerbada pasión -llamarlo romanticismo me parece erróneo por toda la pena y dolor que suele arrastrar- amorosa-erótica que hacía tan memorable, hermosa y atormentada “Memorias de Adriano”.
Hay demasiados personajes y por lo tanto no hay tanta profundidad y aunque estén bien descritos no logran despertar esa empatía, esa llama, esa emoción que tiene incluso una novela tan breve como “El tiro de gracia”, aunque es sólo una opinión y por lo tanto tan válida como discutible.
Así, con diversas historias de distinto interés, con Roma casi convertida en la auténtica protagonista, el libro tiene el inmenso mérito de ser un reflejo a la vez que una denuncia nada maniquea de la dictadura fascista italiana, esa que buena parte de una servil y cobarde Europa aplaudía- ¿Cómo ahora?- aunque disfrazada de democracia, pese a los crímenes que cometía, esa misma Europa que la condenó cuando ya era demasiado tarde para demasiadas personas.
Sólo con esa postura Yourcenar, viendo el futuro que se avecinaba, demuestra gran altura moral y esto unido a su habitual ternura, habilidad y sabiduría para retratar las cxontradiciones de los seres humanos, hacen de “El denario del sueño” una experiencia valiosa aunque le falte ese algo especial, ese fuego de otros trabajos suyos
ANTÍNOO
ShareOpus nigrum; de Margarite Yourcenar
He aqui otra novela que encierra enorme sabiduría. Es la historia del alquimista Zenón, en paises bajos, la actual Bélgica, un sabio que jugaba con la alquimia no del metal, sino de las ideas, un auténtico librepensador que conocía los secretos del alma humana. No le gustaba hablar con las gentes que le rodeaban, llenos de prejuicios, de ideologías que condenaban sus pensamientos a un mero repiqueteo de la ortodoxia de la época. Daba igual que católica o protestante. Que más da.
Es de una lectura fascinante ver lo sólo que se sentía Zenón ante tanta estulticia humana, siempre conspirando en su contra, sin una pizca de optimismo. Ya lo dice la página inicial del libro: dios le dió a cada animal una característica propia a la que deberá ceñirse sin darle libertad de movimientos, a todos menos a los hombres, que los hizo libres. Nos dijo que nuestros actos serían los que nos definirían, seremos como nos comportemos. Nosotros elegimos.
Este pesimismo acerca de nuestra capacidad de obrar con un mínimo de racionalidad lo tenía Zenón en el siglo XVI, y Margarite Yourcenar en los años setenta.
Y sigue





