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“Escoria” de Irvine Welsh
El singular microcosmos de Edimburgo, según Welsh, esta vez desde la óptica de un policía corrupto, zafio, racista, homófobo, machista…Una versión escocesa del español Torrente, sólo que aquí hay menos humor y sí algo parecido a un proceso de redención.
Welsh es un escritor rupturista, transgresor, cuya visión de la sociedad rompe tabúes y suele ir mucho más allá de lo decoroso y de lo políticamente correcto, algo que se agradece en estos tiempos tan cerriles. Sus narraciones llenas de drogas, violencia, alcohol y sexo son tan crudas como explícitas, un retrato nada complaciente, hiriente de nuestra sociedad. El problema que tiene es el mismo que tienen muchos artistas que empiezan siendo frescos e innovadores como él. Conforme se van profesionalizando se vuelven más rutinarios, más aburridos, incluso se domestican( este no es el caso de Welsh…aún). Paradójicamente algunos son más diestros en su arte,pero han perido el fulgor, el brillo salvaje de antaño. Eran hermosas bestias en libertad a las que se les ha metido en jaulas. Son previsibles y ya no sorprenden. Se han convertido en una marca comercial.
Ya sabemos lo que se puede encontrar en el “Pack Welsh”, uno de los escritores más vendedores del Reino Unido. Su literatura sólo puede ofender a los imbéciles que gustan de rascarse las vestiduras. A los que les ofende casi todo. Las novelas de Welsh resultan forzadas, cansinas. Leer todo el rato jerga barriobajera pasa factura y más en esta “Escoria”, contada en primera persona por el sargento de policía Bruce Robertson, cuya vulgaridad acaba contagiando al propio Welsh.
Personalmente hablando creo que el Welsh más logrado es el de los relatos o novelas cortas: “Extasis” o “Acid house” – que cuenta con una adaptación al cine poco conocida dirigida por Paul McGuigan-. Son demostraciones rotundas de talento descarado de su brillante autor. Nadie como él para reflejar lo auténticamente extremo, el submundo de los yonkis y de las “raves”, el lado más cerdo y pueril de los bajos fondos.
Con esto no quiere decir que esta “Escoria” o “Porno”, la secuela de su obra más conocida, “Trainspotting”, sean desdeñables, en absoluto. Ahí están parte de sus virtudes. Pero la chispa, el fuego, se ha apagado. La frescura se ha vuelto indiferencia, con el agravante de que están alargadas innecesariamente, sobre todo en el caso de “Porno”, casi 600 páginas que ¿confirman? que Welsh es otro escritor más.
Se dice que “Porno” podría llevarla al cine el mismo director de “Trainspotting”, el oscarizado Danny Boyle, otro artista que ha tenido un recorrdio similar al de Welsh. De ser el director corrosivo de este film o de su aún más notable “Tumba abierta“, su feroz debút, a traicionarse en el tramo final de “Slumdog millonaire”, de la visión desoladora y realista de los yonkis a improbables cuentos de hadas y mojigatos toques Bollywood de la India…recompensados por Hollywood. Sintomático, para mal, que “Porno” sea uno de sus proyectos. Si finalmente la hacen casi seguro que ya no será lo mismo. Como ya no es el mismo el Technopunk de Welsh. Es como un cantante que antes echaba bilis sobre el odiado sistema y ahora hace giras de de grandes éxitos a su servicio. Aún así Welsh sigue manteniendo el tipo, y “Escoria” puede resultar un buen entretenimiento
MY NAME IS MUD, M-M-M-MUD
“Trainspotting” de Irvine Welsh
¿Para qué sirve la literatura?Hoy día evidentemente la literatura sirve para mostrar el mundo en el que vivimos. Lo que no parece posible ser mencionado en otros medios, al menos no durante excesivo tiempo-es a lo sumo noticia de rabiosa actualidad tapada por otra al día siguiente- si lo dices dándole formato de novela, puedes explayarte perpetuándolo. Sólo el arte puede ya mostrar lo que nos rodea.
Un buen exponente de esto podría ser “Trainspotting” del escritor Escocés, de Edimburgh, Irvine Welsh. La novela es trepidante, trancurre a una velocidad de vértigo-inevitable pensar en la versión cinematográfica dirigida por Danny Boyle- muy ágil, con unos personajes antológicos bien construidos. Pero por encima de todo, es un relato del Edimburgo en los años 90′ envuelto de desocupación, drogas(heroína), jóvenes sin futuro. Lo que viene a ser la cara B de la opulencia. Todo desde su punto de vista, de los que se inyectan, que es lo que nos interesa, no desde el punto de vista de gente acomodada. De eso ya nos sobra.
La buena mano de Welsh unido a la contundencia de lo contado, un retrato sin concesiones de una ciudad europea “civilizada”, que bien podría ser ciertamente cualquiera, conviertieron a Trainspotting en un éxito tanto literario como cinematográfico -inolvidable el papel Ewan McGregor-.
De todas estas miserias no nos enteraríamos si no fuera por la literatura, ese es su papel.
Si os gustó esta novela, os recomiendo otra novela de otro escritor británico, Martin Amis, llamada “Los niños muertos“, novela de juventud y drogas en Londres. La diferencia es la clase social. Estos son niños de papá.
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