Entradas con la etiqueta ‘Unión Soviética’

“El lunes empieza el sábado” Arkadi y Boris Strugatski

Somos unos racionalistas ingenuos, pensaba. Unos racionalistas. Queremos que todo se explique inmediatamente de manera racionalista (…) Pero ninguno de nosotros tenemos ni pizca de dialéctica. A nadie le pasa por la cabeza que entre los hechos conocidos y ciertos fenómenos puede haber un mar de cosas desconocidas, por lo que declaramos que el fenómeno nuevo es sobrenatural y, por consiguiente, imposible.” (pág 79 )

La contramoción, por definición, es el movimiento en el sentido contrario. (…) Vive desde el futuro hacia el pasado” ( pág 333 )

No soy lector del género de ciencia ficción. Sin embargo he disfrutado muchísimo con esta novela escrita en los años 60′ en la Unión Soviética, una novela de título curioso y enigmático, “El lunes empieza el sábado”, editado por Nevsky Prospects, con prólogo de Sofia Rhei y traducción de Raquel Marqués García. Una novela que combina un humor de lo más absurdo, con fantasiosos, o no, elementos mágicos, y ciencia de lo más incomprensible – aunque no después de leer este libro – con un toque Fringe de lo más apasionante. Palabra.

Son las peripecias del camarada Privalov, científico de primera o aprendiz de mago, según donde se mire, pues los hermanos Strugatski  (Arkadi, 1925-1991; y Boris, 1933- ) nos proponen un mundo en el que ciencia y magia están separadas por una tenue frontera que no siempre acaba de estar siquiera delimitada. ¿Donde acaba una y empieza la otra?¿No es la ciencia magia y al revés?¿Qué es la ciencia a ojos de alguien que está a años de luz de comprenderla sino magia?

Leer el resto de esta entrada »

Share

“Por una causa justa” de Vasili Grossman

Antes que nada tengo que señalar que “Vida y destino”, la continuación de “Por una causa justa”, es, junto a “Kaputt“, de Curzio Malaparte, “El soldado olvidado” de Guy Sajer y alguna más, uno de los mejores libros sobre la II guerra mundial que he leído e incluso de las obras más grandes, a secas, trascendiendo el género, que me he podido echar a los ojos.

Y también hay que recordar que “Por una causa justa” le trajo problemas a Grossman, unos problemas que se superaron con la muerte de Stalin en 1953 y que volvieron con sus obras posteriores hasta tal punto que el escritor, al igual que antes muchos de sus allegados, fue censurado y perseguido.

Todo esto viene porque “Por una causa justa” es una gran novela que sin embargo no se puede comparar a “Vida y destino”, a la conmovedora “Todo fluye” o a muhas de las crónicas que escribió Grossman como corresponsal de guerra. Ahora se entiene por qué la otra se publicó antes y goza de mayor status.

“Por una causa justa” es un homenaje al pueblo ruso que libró una guerra total contra el invasor nazi por su supervivencia. Una guerra que fue una continua muestra de coraje, tenacidad y solidaridad por parte de los soviéticos que se sobrepusieron a las catastróficas derrotas de 1941 y verano 1942, que costaron miles de vidas. Y le dieron la vuelta a la situación. Con diferencia fue el pueblo que más sufrió en la II guerra mundial ( murieron 20 millones de personas, aunque hay voces que alargan la cifra ). Los alemanes llevaron a cabo una guerra de aniquilación y sólo China, que sufrió algo similar del invasor japonés, puede compararse al apocalipsis que representó el frente de este, en el que el ejército alemán sufrió muchas más bajas que en todos los demás frentes juntos.

Desde primera linea hasta la retaguardia, Grossman traza las peripecias de todo tipo de personas que vieron como cambiaban radicalmente sus vidas, desde comisarios o generales a campesinos o humildes funcionarios, sacando lo mejor y a veces lo peor de si mismos ante las nuevas condiciones de vida.

Stalingrado fue probablemente la batalla más importante de la guerra y fue aquella en la que,para Grossman, la Unión Soviética se jugaba la supervivencia. Más allá del rio Volga estaba Asia y el caracter simbólico de la feroz lucha fue enorme. No obstante, aunque la hubiesen ganado los alemanes es muy probable que no hubiese sido una victoria definitiva. Tal como refleja Grossman, las reservas rusas eran enormes y un pueblo que se estaba jugando la vida no iba a rendirse ante el invasor.

Leer el resto de esta entrada »

Share

“BANDERA ROJA. HISTORIA Y POLÍTICA CULTURAL DEL COMUNISMO” DAVID PRIESTLAND

Por ARIODANTE

BANDERA ROJA. HISTORIA Y POLÍTICA CULTURAL DEL COMUNISMO

DAVID PRIESTLAND

Ed.Crítica, Barcelona, 2010, 667 páginas. Ensayo.

Profesor de Historia Moderna en la Universidad de Oxford y Fellow del St. Edmund Hall, David Priestland se ha especializado durante hace años en el estudio del comunismo desde diversos frentes, tanto los más analíticos del asunto —las relaciones entre la teoría política y la ideología—, como los propiamente históricos. A este respecto, ha llevado a cabo varios trabajos de historia comparada de los regímenes comunistas, con especial atención en la Unión Soviética. Ambos acercamientos al tema del comunismo, el analítico y el histórico, convergen en el volumen Bandera roja, editado en primera edición inglesa en 2009.

Tomando como punto de partida la Revolución francesa, donde es posible localizar los principales elementos de la acción revolucionaria moderna, el libro describe la evolución del comunismo en sus principales etapas. Desplazándose desde Occidente hacia Oriente y de Norte a Sur, las incipientes ideas socialistas surgidas en Francia y Alemania, llegan, finalmente, a Rusia, donde queda establecido el status de poder comunista más influyente. Detrás han quedado la I, II y III Internacional y los primeros bosquejos de práctica política comunista en el Partido Socialdemócrata alemán de Rosa Luxemburgo. Los postulados revolucionarios de Marx, Engels y Lenin logran imponerse en Rusia en 1917 y no abandonan el poder hasta los años 80 del siglo XX. Después de la URSS, el comunismo avanzó hacia China y el sureste asiático, y de allí, a partir de los años 60, logró infiltrase enérgicamente en el «Sur global», según expresión del autor, es decir, en distintas partes de Latinoamérica, África y Oriente Medio. El comunismo en Europa, ya desfallecido a mitad del siglo como consecuencia de su dependencia directa del orden imperial estalinista, la denuncia del Gulag y la Guerra Fría, recibe un golpe de muerte con la caída del Muro de Berlín en 1989. Hoy el comunismo sólo sigue en pie en algunos espacios y grupúsculos irreductibles de las sociedades occidentales, así como en reducidos países del Tercer Mundo, donde todavía implanta su orden burocrático y autocrático.

Es hora, pues, de hacer balance: «El comunismo en su forma antigua ha quedado desacreditado y no regresará como un movimiento poderoso; pero ahora que el capitalismo globalizado ha entrado en crisis, es un momento ideal para revisar sus esfuerzos por crear un sistema alternativo y las razones por las que fracasó» (pág. 22). Este fragmento del volumen nos da la pista de la perspectiva analítica y expositiva de Priestland, que no es otra que el intento del autor de«entender» la teoría y la práctica del comunismo. Hay un «forma antigua» de comunismo ya fallecido, pero, como un todo no, puede ser enterrado, pues las causas que lo hicieron nacer todavía persistirían.

Según Priestland, las investigaciones y los ensayos realizados sobre el tema hasta la fecha han adolecido de un excesivo «politicismo», de un análisis viciado de valoración, lo cual habría impedido penetrar en la verdadera «naturaleza» del objeto. Por un lado, están las historias oficiales producidas por las regímenes comunistas y sus intelectuales orgánicos. Por otro lado, encontramos los estudios firmados por críticos al comunismo, cuya interpretación estaría encuadrada dentro de la denominada «teoría de la represión». El libro negro del comunismo (AAVV), recientemente reeditado en España por Ediciones B, sería una clásica muestra de esta perspectiva crítica, de aquella que no puede dejar de lado, ni en un segundo plano, el efecto ineludible de la experiencia comunista, con su  terrible resultado: 100 millones de muertos en todo el mundo.

Priestland adopta en su monografía algo así como una tercera vía interpretativa. No omite el lado oscuro del comunismo, con su estela de crímenes, hambrunas y dominación, aunque sí exhibe una suerte de amabilidad y condescendencia para con la ideología objeto de examen. De hecho, llega a comparar (por otra parte, tal y como hiciese Karl Marx) la creación del comunismo con el mito clásico de Prometeo: enfrentado al orden establecido o dominante, el héroe encadenado pugna por la liberación de la humanidad. Parece sostenerse ahí que, a pesar de los resultados poco provechosos para la humanidad, el comunismo vio la luz como un ideal que tiene su explicación, que hay que «entender», después de todo. Según Priestland, semejante ideal queda plasmado en valores, basados principalmente en el anhelo de igualdad, en el Estado del bienestar y en la regulación del mercado por parte de los Gobiernos, valores que acaso fuesen salvables y aun recuperables.

Recuérdese, en fin, que Mary Shelley, subtituló asimismo su célebre Frankenstein, con la expresión «el moderno Prometeo». Todos recuerdan el argumento: Víctor Frankenstein, doctor de elevados conocimientos e ideales, auténtico héroe moderno, promueve un plan de ingeniería con el que enfrentarse al orden natural de las cosas. Soñando con crear al «hombre nuevo», fabricó, en realidad, un engendro infernal, un monstruo. He aquí, malogrado, el invento. Y, lo que es peor, tras de sí, dejó un terrorífico rastro de destrucción y muerte.

Ariodante

Octubre 2010

Share

“El sitio de Leningrado. 1941-1944″ de Michael Jones

El asedio de Leningrado, hoy San Petersburgo, durante la segunda guerra mundial, fue uno de los ejemplos más claros de la guerra de exterminio que llevaron a cabo los alemanes, con su creencia de pertenecer a una raza superior, en el frente del este contra los rusos – eslavos y comunistas, su guerra, su cruzada soñada-.

Al contrario de lo que se ha afirmado muchas veces, los soviéticos no frenaron el ataque de los nazis en 1941 contra la ciudad que vió nacer la revolución bolchevique, sino que éstos renunciaron a conquistarla, optando por cercarla para matar de hambre, y mediante bombardeos, a la población. Es algo de lo que se posee numerosa documentación. Probablemente hasta el último soldado de la Wehrmacht implicado en el atroz cerco- en el que colaboró la división azul española- era consciente de lo que estaban haciendo, desmontando esa enorme falacia, tan complaciente para el pueblo alemán en la actualidad, de que los crímenes sólo los cometieron las SS y demás cuerpos nazis.

Nunca se sabrá del todo la magnitud de la tragedia en una ciudad cercada durante 872 días, pero las cifras hablan de al menos un millón de civiles muertos, especialmente en los primeros meses de 1942 cuando los suministros apenas llegaban a la población - se los quedaban los de siempre, los de arriba- y el canibalismo, donde la gente familias incluso entre ellas, se mataban, no era nada extraño.

Jones ha realizado ante todo un libro que es un homenaje a la ciudad, a los supervivientes, a los muertos, a los que en una situación extrema y horrorosa, no se dejaron abatir y conservaron su humanidad, sus principios, mientras todo se desmoronaba a su alrededor.

Los escalofriantes, excepcionales testimonios diarios a los que recurre Jones son lo mejor del libro, y sólopor eso ya vale la pena leerlo. Son muestras conmovedoras de lucha, de dignidad y de esperanza- Jones tal vez haga demasiado enfasis en ellas en detrimento de todos los instintos bajos que también salieron a relucir en buena parte de la población- e igualmente de deseperación, dolor y fatalismo que contrasta con el abyecto comportamiento que tuvieron las autoridades de Leningrado, dedicadas a la represión interna y a acaparar comestibles, cuando la ciudad se moría de hambre.

El historiador hace un retrato visceral y diáfano de la ineptitud y crueldad de los mandos rusos y de las sucesivas derrotas soviéticas – algunas en Letonia, Lituania, y Estonia, invadidas en 1940 por los rusos, donde hicieron algunas de las suyas- en el frente norte que permitieron el cerco de la ciudad, una ineptitud que arrancó con las famosas purgas stalinistas del ejército rojo de 1937-38 que costaron la vida a más de 40.000 oficiales, de entre ellos lo mejor de lo que contaban, como Tukachevsky, que ocurrieron al mismo tiempos que las purgas entre la sociedad civil.

Estas matanzas aleatorias les pasaron una enorme factura a los rusos, tanto en la guerra  con Finlandia como en la posterior y salvaje invasión nazi, siendo una muestra clara de la paranoia, estupidez y crueldad tanto de Stalin como del inepto Voroshilov – algo de lo que ya habló Trotsky- entre otros.

Hay una magnífica novela sobre estos hechos: “El cero y el infinito” de Arthur Koestler, un escritor comunista que estuvo a punto de ser asesinado por las tropas de Franco enla guerra civil. Afortunadamente logró huir antes de que lo pillaran.

EL retrato de dichos mandatarios soviéticos por parte de Jones, es demoledor, e incluye a Zhdanov y al infame alcalde de Leningrado, que fue purgado después de la guerra- como muchos otros- aunque por otros motivos, claro.

Lo que resulta especialmente interesante es la imagen que ofrece de Zhukov. El vencedor de Stalingrado y tantas otras batallas. El conquistador de Berlín ¿siempre? ha tenido una reputación intachable. Aqui se desmonta el mito. No sólo hay testimonios de soldados rusos que hablaron de él como un matón, que sale malparado en comparación con Govorov, el auténtico heroe de Leningrado, pues él fue el principal responsable del desastre de la cabeza del puente del río Neva: una de las operaciones militares más estúpidas e irresponsables de la historia, donde Zhukov, sin escrúpulos, mandó en sucesivas oleadas de ataques casi suicidas a cientos de miles de soldados rusos, que fueron masacrados por unos regocijados alemanes que casi jugaron con ellos al tiro al blanco, una operación que duró meses ante la insistencia de Zhukov- también había que recordar que al mismo tiempo que Stlingrado, en diciembre del 42, fue también responsable en el frente central de una catastrófica y casi olvidada ofensiva que le costó más de 100.000 muertos( a los generales rusos no les importaba, con las excepciones de rigor, despilfarrar la vida de sus numerosísimos soldados).

Jones ha hecho un muy buen libro, pero ha perdido la ocasión de hacer una obra maestra, pues pasa muy por encima del último año y medio del cerco, narrando estos hechos superficialmente. Por ejemplo, no menciona que en la batalla del lago Ladoga de septiembre del 42, fue exterminado todo un ejército ruso por las tropas de Manstein – otro criminal con reputación-, un suceso importante para Leningrado, pues significó que la ciudad siguiera sitiada hasta enero del 44, fecha en la que por se retiraron los alemanes.

Para hacer justicia a la gesta de supervivencia de la ciudad, éste tendría que haber sido un libro de 800 hojas y no uno con poco más de 300, pues acaba dejando con ganas de más.

Dos apuntes: Primero que el gran Sergio Leone, autor de obras maestras como “El bueno, el feo, el malo” o “Hasta que llegó su hora“, planeaba hacer una película sobre Leningrado. Por desgracia su muerte, en 1989, truncó el proyecto, y la gran película sobre el asedio está por hacerse. Segundo que la 7ª sinfonía de Shostakovich, ciudadano de Leningrado, se estrenó durante el cerco y fue una demostración, como narra Jones de la valentía y amor por la vida de los habitantes de la ciudad, toda una lección de civismo que impactó hasta en los propios alemanes que fueron conscientes en ese momento, de que jamás la tomarían. Sus máquinas de guerra y muerte no pudieron ni con la belleza ni con el afán de sobrevivir de los civiles

KRUSTY KONG Nº6

Share

“Stalingrado” de Antony Beevor

stalingradoLibros sobre la famosa batalla de stalingrado hay muchos, pero pocos tienen el reconocimiento de esta obra. Un clásico en su género. Escrito hace ya más de una década y que reveló a su autor, uno de los más prestigiosos historiadores modernos cuyo rigor y sequedad no excluyen una visión humanística de los terribles conflictos que narra y que se refleja en sus críticas a las atrocidades de ambos contendientes.

Stalingrado fue una de las mayores batallas de la II guerra mundial y de la historia, un infierno indescriptible donde murieron más de un millón de personas – otras fuentes elevan considerablemente la cifra-  y que significó el principio del fin del nazismo en el este, aunque algunos señalan que la Wehrmacht- el ejército regular alemán- ya estaba condenada tras su fracaso de tomar Moscú en 1941, y otros afirman con lógica, que fue la posterior batalla de Kursk la que marcó el definitivo mazazo a Hitler, una opinión que cada vez tiene más defensores, pues los alemanes tras Stalingrado y la retirada del caúcaso lograron con una serie de victorias, especialmente en Jarkov, detener la ofensiva soviética y restablecer el frente en el sur de Rusia, quedando momentáneamente en tablas con los soviéticos, algo que volvió a cambiar con la suicida ofensiva alemana de verano del 43.

Sea como fuere, el mito de Stalingrado es inmenso, muy superior a todas las demás batallas de este frente: el apocalipsis en la tierra como bien ha reflejado el cine con “Stalingrado” de Joseph Vilsmaier, “Enemigo a las puertas” de Jean Jacques Annaud, y otras. Beevor ha retratado el infierno sin precedentes, acertando sobre todo a la hora de recoger testimonios, cartas o diarios de todo tipo, de superviviente de la batalla, recabando información en los archivos de la extinta Unión Soviética, aunque muchos de ellos siguen cerrados, especialmente los de la temible NKVD, antecedente de la KGB, una de las mayores organizaciones represivas de la historia.

Este es un libro poderoso que se aleja de muchos de los libros de historia convencionales que no pasan de las malditas versiones oficiales o que tienen un tono propagandístico o patriótico, sinónimos de manipulación. Beevor reparte sus críticas por igual y ofrece información y puntos de vista poco tratados hasta entonces. Casi irrefutables. La imagen del mariscal Manstein, por ejemplo, tal vez el mejor estratega de la guerra, pero que fracasó en su intento de liberar al Vi ejército, queda gravemente dañada por su docilidad ante Hitler y por ser cómplice del asesinato de judíos- algo, claro, que después de la guerra negó-; lo mismo que la imagen del ruso Chuikov, “El heroe” de Stalingrado y un carnicero que envió al paredón a miles de sus propios hombres.

Todos, alemanes, sus aliados rumanos, rusos, cometieron innumerables crímenes en la peor guerra y en el peor frente que ha conocido el ser humano jamás – y ojo, hace sólo setenta y pico años, que en la historia no es tanto-. Tanto la Wehrmacht, desmitificando esa enorme falacia que tanto predicamento tuvo en la alemania de la posguerra y sigue teniendo, de que los crímenes sólo los cometían las S.S, la Gestapo y demás cuerpos nazis -responsables de la muerte de prisioneros rusos-, como el ejército rojo o la NKVD, tan peligrosa para los propios rusos, reciben su ración de críticas acertadas, lúcidas, nada tendenciosas y contrastadas.

Por hacerle alguna pequeña crítica, que impide, por poco, que sea una obra maestra, en algunos sucesos, Beevor pasa muy por encima – cuando Kruschev casi es victima de un ataque aéreo alemán, la actividad de la propia Luftwaffe en el cerco más allá de sus tareas de aprovisionamiento entre otras cosas-, pero son realmente minucias ante una obra modélica, un ejemplo de lo que deberían ser los libros de historia, que retrata perfectamente el infierno de la guerra y que, no por casualidad, se ha convertido en un referente al que muchos historiadores, como el español Álvaro Lozano, acuden como fuente de información, reconociendo el talento, la credibilidad y el rigor de Beevor

“SNAKE” McREADY PLISSKEN

Share