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“RECUERDOS DE TOLSTÓI, CHÉJOV Y ANDRÉIEV” MAXIMO GORKI ED. NORTESUR
Por ARIODANTE
RECUERDOS DE TOLSTÓI, CHÉJOV Y ANDRÉIEV
MAXIMO GORKI
ED. NORTESUR, 2010
Postfacio, cronología y biblografía: Lidia Spiridonova
Alexéi Maximovich Peshkov, más conocido por el seudónimo de Máximo Gorki (Nijni-Novgorod, 1868-Moscú, 1936), fue novelista y dramaturgo autodidacta, primera figura del realismo socialista, y con una abundante producción. Proveniente de una familia pequeñoburguesa de escasos medios económicos, en su adolescencia emprendió una serie de largos viajes y vagabundeos, que luego reflejó más tarde en Mis universidades (1923). Comenzó su éxito literario en 1892, y fue un prolífico escritor, poco a poco escorándose a favor de los nuevos aires políticos revolucionarios, lo que legó a su culmen con la publicación de La madre (1907), utilizada como propaganda política del nuevo régimen y alabada por el propio Lenin. En 1911 fue desterrado por las autoridades zaristas y se instaló durante dos años en Capri. A su retorno se implicó en la revolución, pero finalmente tuvo agrias polémicas con Lenin, por defender a intelectuales represaliados y se volvió a Capri. En el 28 regresó a Moscú, retomando su defensa del realismo socialista, lo que le marcó negativamente, oscureciendo su trayectoria puramente literaria. Murió en circunstancias no muy diáfanas, en pleno apogeo del estalinismo.
La obra que nos ocupa, Recuerdos de Tolstói, Chéjov y Andréiev, fue publicada en 1927, y es un ensayo donde combina sus impresiones sobre estos autores, derivadas de un trato personal directo, conversaciones y cartas, así como de otras referencias indirectas. Chéjov y Tolstói son, aunque contemporáneos, maestros y mentores, modelos a los que referirse y padres espirituales. Andréiev, por el contrario, es contemporáneo, y amigo personal, con el que mantuvo durante años una estrecha relación, a pesar de sus contrapuestas ideas y modos de ver la vida. En sus retratos de personajes, mezclando rasgos externos e internos, Gorki los presenta como hombres vivos, absolutamente reales y cercanos, usando diálogos, recuerdos, citas, y diversos textos, lo que en total da una idea de frescura y de inmediatez a la imagen que quiere presentarnos de cada autor.
Lev Tolstói es el retrato al que dedica casi la mitad del libro, porque además, incluye un breve texto sobre Sofía Andreievna Tolstaia, su denostada esposa; en él realiza una acalorada defensa de esta abnegada mujer, de sus largos años de convivencia, apoyo y soporte del gran escritor, de su heroica resistencia y ofrece una indulgente mirada sobre la última etapa de su convivencia, acosada por la cizaña que grupos tolstoianos, y sobre todo, la perniciosa influencia de Chertkov sobre el propio Tolstói, su hija Alexandra, y los médicos de la familia, aprovechándose de los desvaríos seniles del gran hombre.
Gorki conoció a Tolstói en Moscú en 1900, pero la base de los textos aquí presentados se localiza en la estancia que ambos coincidieron en Crimea, Oleis y Gaspra, entre 1901-1902. Las principales divergencias que Gorki mantenía con el viejo escritor ruso eran respecto al tema filosófico-religioso-naturista, su teoría de la no violencia y el difuso cristianismo libertario y panteísta del viejo Tolstói. Gorki se dice a sí mismo “¡este hombre se parece a Dios!”. En sus paseos, ambos escritores hablan de literatura, de la vida, de la muerte, de Dios, de las mujeres…Gorki nos traslada sus sensaciones ante la volubilidad del viejo escritor, que unas veces se comportaba de modo violento y otras amable y dulce, como si dos personalidades convivieran bajo ese aspecto huraño y a veces hostil, aparentemente un campesino, pero que escondía al aristócrata, al purasangre de que pronto lanzaba una mirada terrible y gélida al adversario. Nunca pudo desprenderse totalmente, por más que lo deseara, de su íntimo ser noble y orgulloso, que emergía de pronto demostrando su poderío.
Chéjov y Gorki se encontraron por primera vez en Yalta, en 1899. Volvieron a coincidir en Moscú al año siguiente, y fue finalmente en Crimea donde estrecharon lazos de amistad. Gorki destaca la inmensa libertad interior de Chéjov, su integridad y su declarada lucha contra la vulgaridad y la mediocridad. Pienso que Chéjov indudablemente debe situarse entre los más grandes de los nuestros, afirma Gorki, recordando su funeral, al que asistió. Remarca también la importancia que para Chéjov tenía el trabajo como fundamento de la civilización. En su opinión, toda Rusia era un país de gente codiciosa y perezosa a la vez; les gusta dormir de día y roncar cuando duermen. -decía- Se casan para que la casa esté en orden y se echan amantes para adquirir prestigio ante la sociedad.
Con Andréiev, al que conoció en 1898, la relación fue mucho más cercana; en el relato nos lo muestra en su faceta desmadrada, alcohólica, recorriendo la noche de taberna en taberna entre la niebla petersburguesa; el punto donde divergían más radicalmente era en su idea del pensamiento, que Andréiev consideraba como “una broma malvada que el diablo gasta al ser humano”. Mientras que Gorki amaba al ser humano, considerándolo como fuerte e inteligente, Andréiev lo veía como espiritualmente indigente, trenzado por las contradicciones irreconciliables del instinto y el intelecto. Tras la muerte de su esposa, que le afectó profundamente, se volvieron a encontrar en Capri; allí Andréiev volvió a animarse a escribir y tras sus largas conversaciones y paseos, surgieron temas para nievas novelas y relatos. Volvió a Rusia repentinamente, ya que pensaba que era allí donde debía vivir. La relación entre ellos decayó, aunque nunca la dejaron por completo.
La edición de esta obra incluye un interesante postfacio de Lidia Spiridonova, donde se nos dan detalles tanto de la vida de Gorki como de su relación con los tres escritores retratados. En suma, un libro cuyo interés es evidente para los aficionados a la literatura rusa pero también para los que deseen acercarse a la parte más humana de los grandes escritores, conozcan o no su obra.
Octubre 2010
Share“Las tres preguntas” de León Tolstoi
Tolstoi era una persona un tanto huraña, que con el devenir del tiempo abandonó todo interés en estar entre personas. Prefirió renunciar a todas sus propiedades- en esto sólo se quedó en la intención-. Se convirtió en un eremita. Hombre de gran talento literario, conocía bien al género humano, con sus virtudes y debilidades.
Las tres preguntas es un texto breve, mas bien un cuento, que encierra profunda sabiduría. Un zar ruso deseaba conocer lo que más le convenía en cada momento. ¿Qué momento es el adecuado para hacer algo?¿En quién he de apoyarme para realizarlo?¿Qué he de hacer?
Con una fábula donde el zar acude a un eremita en busca de consejo- tal vez Tolstoi se autoretrata aqui- las preguntas son respondidas con sencillez abrumadora: El mejor momento es ahora. ¿Quién?, Con quién tenemos delante. ¿Qué? por supuesto hacerle el bien
Texto filantrópico del genio ruso, amable y esperanzador, breve como dije, editado por Gadir, con ilustraciones muy chulas de Raquel Martín.
Nos recuerda que nunca es tarde para hacer el bien. Que hasta nos conviene. Ya lo creo
Share“El poder” de León Tolstoi
Existe una edición de “el poder ” de Tolstoi publicada en castellano, de los años 50, publicada en el exilio, en Toulouse. Yo la he conseguido en una edición en lengua valenciana, en la col·lecció Roja i Negra.
Se compone de dos breves ensayos del escritor ruso: el poder y la hipocresia.
En el primero habla del estado como la fuente de todos los males de cualquier persona. El individuo ha cedido parte de sus derechos en beneficio del estado para que lo proteja de la violencia que puedan ejercer particulares sobre él. Tolstoi se pregunta si eso es verdad y si lo es, si lo ha propiciado el propio estado. Generar violencia, dejando a media población en la miseria, para luego presentarse como el salvador. Al escritor ruso le preocupaba el servicio militar obligatorio y las guerras continuas. Cedemos ciertos derechos al estado para liberarnos de la violencia, y resulta que debemos alistarnos en un ejercito que por otra parte es el que nos oprime.
En la hipocresia, Tolstoi comenta que la base de toda sociedad se sustenta en la mentira. Decimos que hay cosas que estan bien, que nosotros mismos no creemos, pero que nos vienen bien, o bien economicamente o al menos para acallar nuestra conciencia. Tolstoi habla de los patronos de la Rusia del XIX que iban a misa mientras explotaban a sus trabajadores. Tolstoi se pregunta cuanto aumentará esa hipocresia cuando la ideología esconder la verdad se apoye en medios de comunicación de masas que entonces sólo arrancaba
La idea de Tolstoi sobre la violencia directa hoy día queda desfasada para occidente, pues hemos exportado la guerra a otros mundos, y aqui la violencia es más sutil en todo caso-¿qué podemos hacer ante eso?-. Si es cierto que nos ha incivilizado tanto, que sin su “protección” el pillaje arrasaría con todo. Hay muchos tipos de pillaje. Eso sigue como en su época. Además el estado ha casi desaparecido, su paternalismo también. Pero “la hipocresia” es un ensayo en el que la clarividencia del autor se hace manifiesta. Vaticina la consolidación de los mass media en la misión de teledirigir a los individuos. Asi, nadie parece creer en nada, pese a lo que parezca, y acomoda su ideología a su conveniencia.
La tranquilidad de espíritu lo es todo
Texto anarquista que incide en puntos incómodos y de, ciertamente, difícil resolución en cualquier comunidad humana
Share“Felicidad conyugal” de León Tolstoi
Obra breve de Tolstoi, creo que descatalogada-uniliber-, el autor sabe hace un canto al amor, pero a un amor inteligente, duradero, a una relación de pareja con vistas al futuro, no en apasionados romances con fecha de caducidad.
En la rusia del XIX en las familias pudientas, que una muchacha de 16 años se casara con un “viejo” de 35 era algo usual. Y que ella pasara de estar intimidada a enseguida como poco aburrida parece que también. La infelicidad era algo con lo que había que aprender a convivir, dulcificada por fiestas y romances dentro de un armario.
Cuando la desesperación aturdía a nuestra heroína se dio cuenta que el amor que se siente al principio no puede ni debe durar, pues estas bajo el hechizo de Eros, que al bajarte la hinchazón, comienza la verdadera vida conyugal, la felicidad auténtica, pero hay que saber apreciarla, claro.
Tolstoi conduce a su heroína a dar un paseo, y os prometo que tal y como lo describió, yo pensé estar ahi. Voy a intentarlo. Una tarde que tocaba a su fín, el sol rojizo se agachaba por el oeste, apenas había viento. En el bosque, con árboles a cada lado del sendero, cubríanlo de hojas. El otoño es precioso, diganlo que digan. Los pajaros daban sus ultimos graznidos, a modo de despedida hasta el día siguiente, un día que vendría para ya nunca irse, y al fondo, en un estanque, unos patos, chapoteaban en una charca, pensando en lugares más cálidos, y con ese pensamiento, nos decían adiós.
Que yo sepa de este relato no hay versión cinematográfica
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