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“Los timadores” Jim Thompson
Jim Thompson fue uno de los grandes a secas, sobrepasando los límites de la serie negra. Y lo fue porque sus retratos de la condición humana delataban toda la oscuridad, mezquindad y egoismo que nos caracterizan. Su mirada, tan cargada de hiel como desesperada, nos venía a decir que esto, la sociedad que hemos montado, era un cruel sinsentido que enmascaraba inútilmente el vacío, y que, mientras esperamos a la inevitable muerte, la única realidad indiscutible para todo el mundo, nos movemos por intereses propios, por avaricia y afán de poder, un egoismo que muchas veces hace que caigamos en la crueldad y la violencia.
Calificativos como cínico, nihilista, misántropo y otros de esa índole suelen ir unidos a sus obras, pero conviene recalcar que pocos escritores han retratado con tanta precisión lo peor del alma humana, y esta joya, que data de 1963, no es más que otra de sus contundentes muestras de talento.
Conocida por la película de principios de los años 90′, esta fue una obra que tuvo varias nominaciones a los Oscar y cosechó buenas críticas. Al que esto sucribe, la película de Stephen Frears, – realizada tras su memorable “Las amistades peligrosas” – interpretada por John Cusack, Angelica Huston y Anette Benning, siempre le pareció muy sobrevalorada, al contrario que el original literario, y la lectura de éste, nos revela que el film no fue muy fiel en algunos detalles importantes, como la edad de Lilly ( Angelica Huston ), si bien no pocos críticos señalaron que sí lo era al espíritu de Jim Thompson.
En esta concisa novela asoman todas las características que hicieron grande a Thompson: su humor negro, las intrigas retorcidas pero reconocibles, los diálogos lapidarios, su inusitado ingenio o su mala leche, como si cada obra fuese un ajuste de cuentas con el mundo. Véase al respecto cuando trata el tema del Nazismo, una sola página ( la 102 ) que es más eficaz y cargada de verdad que tantos libros que tratan el ya tópico tema del holocausto, incluyendo un ataque mordaz a la sociedad estadounidense que acogía a los carniceros nazis.

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“Hijo de la ira” Jim Thompson. RBA
Un detalle. En la contraportada del libro dan a entender que este fue el último libro de Jim Thompson ( ” Se despidió con esta novela…” ) cuando el prolífico autor de “Asesino burlón”, aún tenía que ver publicados, en vida, unos pocos trabajos más. Navegando por Internet se puede comprobar fácilmente este hecho.
La publicación de “Hijo de la ira”, una de sus obras mayores, coincidió en 1972, con el estreno cinematográfico que Sam Peckinpah, con guión del posteriormente director de cine Walter Hill, hizo de “La huida”. Un éxito en taquilla que le dio un cierto reconocimiento, ese que le había sido esquivo durante casi toda su vida, precisamente cuando daba a luz a una de sus novelas más extremas, desesperadas y ácidas de su prolífica carrera. Y eso en Jim Thompson ya es decir.
Si otros libros suyos transmiten corrosividad a toneladas, este desprende un tremendo asco por el mundo que hemos creado. Es una novela grandiosa que puede ofender fácilmente al lector, tan fácilmente si éste hace una lectura superficial y la acusa de misógina o racista, cosa que sería muy injusto, ignorando la época en que fue escrita, el izquierdismo de su autor, la misantropía y el nihilismo que realmente contiene.
Protagonizada por Allen, un joven negro, la novela no hace gala de la violencia de otros títulos de Thompson, al menos no hasta tanto extremo, pero la cantidad de humillaciones, vejaciones, engaños y burlas que que infringe el mencionado, inteligentísimo, amoral y manipulador Allen hacia todos los que le rodean en esta sorprendente, imprevisible, retorcida historia ( tan retorcida como puede serlo la vida real ) es desconcertante e impresiona profundamente y esto lo dice alguien que, sin ser un completista en el genial Thompson, tampoco es un recién llegado a su brutal mundo.
Esas características de Allen la comparten en mayor o menor medida los protagonistas de otros libros de Thompson, pero aqui las situaciones son más chocantes, los diálogos aún son más afilados y agudos y la historia es muy hiriente. No conviene destripar sus múltiples sorpresas y por ello no entro en detalles con ella, pero es una lástima que en las últimas cinco o seis páginas, Thompson le diese un vuelco completo a la historia y acabara como un típico y tontorrón film de Hollywood, algo completamente impropio de un escritor con su talento y mala hostia. Y más inesperado aún al tratarse de “Hijo de la ira”, que deja a Bukowski y a Palahniuk como escritores cursis en comparación.

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“Asesino burlón” Jim Thompson
Otra de las logradas novelas negras en las que Thompson parte de la misma premisa: la de un asesino con rasgos de esquizofrenia que cuenta su historia al lector, y que comete sus crímenes en una pequeña y podrida ciudad sureña USA de los años 50′.
En este caso, lo más interesante es que este personaje, Clinton Brown, un periodista de un inmundo diario, no es peor quela gente que le rodea, algo habitual en Thompson, sólo que esta vez, está más acentuado.
Con unas motivaciones de lo más peregrinas, caprichosas y paranóicas, y en una nube de alcohol ( ¡¡ bebe como cinco Henry Chinaski !! ), Brown realiza un retorcido juego criminal de i nesperadas consecuencias y que le hará descubrir cosas aún peores de sí mismo y de los demás.
La trama no es muy sólida y el final es algo precipitado, pero la fascinación que desprende hace que remonte sus debilidades gracias a virtudes como ese inolvidable personaje central, a un sentido del humor negro soterrado y a la vez palpable, y al gancho que le impone Thompson especialmente en los rápidos y dinámicos diálogos.
El autor de “Al sur del paraiso” vuelve a ofrecer una radiografía demoledora de esas pequeñas ciudades donde aparentemente nunca pasa nada y que son caldo de cultivo para todo tipo de fanatismos y aesinatos aberrantes. El cineasta Samuel Fuller, otro que indagó en lo que se escondía tras la amable fachada de estas cerradas comunidades en películas como “Underworld USA” o “Perro blanco”, afirmaba que eran los peores lugares del mundo, y novelas como estas así lo certifican. La santurronería, la apariencia, la violencia institucional, el racismo, una corrupción impune y aparentemente arraigada y extendida ( como la de cierto país mediterraneo, vaya ), con unas personas de lo más mediocre y mezquinas, y unos medios de comunicación autosatisfechos que sólo alimentan la fachada, tienen su inmejorable retrato en párrafos como este ( página 58 – 59 ): ” Despreciamos los programas de viviendas socialistas. Apoyamos el modo de vida norteamericano, las buenas y antiguas leyes de la oferta y la demanda. O sea, los propietarios ofrecen lo que desean en materia de vivienda y demandan lo que les viene en gana. Y el inquilino – bendita sea, oh, saludemos su vigorosa independencia – es perfectamente libre de pagar y disfrutar, o de dormir en la calle, donde, por supuesto, será rapidamente arrestado y acusado de vagancia por Lem Stukey ( el corrupto jefe policial ).
Diré una cosa acerca de Stukey: es absolutamente intrépido e infatigable en lo que a vagabundos se refiere. Dejad que Lem y sus secuaces cojan a algún vagabundo miserable, preferiblemente de color y mayor de 65 años, y la maquinaria de la ley se pondrá en movimiento velozmente y sin ningún remordimiento. 60 días en la cuadrilla del ferrocarril, 6 meses en una granja…aunque no siempre sucede de ese modo. En un sorprendente número de casos, el vagabundo resulta ser casualmente la misma persona responsable de una serie de delitos no resueltos hasta ese momento…
Thompson demostraba un claro desprecio por este modo de vida. Sabía que las soluciones no existían ( hoy si acaso lo que pegan también son lo policías de color ), que todo iba a seguir siempre igual, y lo sigue, y por eso sus trabajos son tan pesimistas, amargados, desengañados y hasta desesperados. El sueño USA es una pesadilla que se lleva a millones por delante, millones que como decía el Lou Ford de “El asesino dentro de mi”, nunca tuvieron ni la más mínima oportunidad ( y no se refería sólo al status social o económico ).
Al final de la novela todo sigue igual. Y esa es la máxima expresión del vitriolo que suelta Jim Thompson, un escritor con una oscurísima concepción de la existencia y de la condición humana tan repleta de vilezas varias.
El título “Asesino burlón” no es el más indicado para el original “The nothing man”.
Share“El asesino dentro de mi” de Jim Thompson
Para empezar un par de topicazos: cuando murió Jim Thompson, uno de los reyes de la serie negra, en 1977, su obra, según el prólogo de Juan Sasturain, no se encontraba en las librerías de su país y no gozaba de status alguno, algo sorprendente si se tiene en cuenta que la adaptación que Sam Peckinpah realizó de “La huida” había sido un gran éxito. Tuvieron que ser los franceses, que en esto siempre han ido mil pasos por delante de Yankies y españoles, los que reivindicaron su obra e impidieron que cayera en el ostracismo. La lista de artistas USA de diversos campos artísticos y de gran valía que han visto su obra justamente revalorizada gracias a nuestros más cultos vecinos, es interminable.
“El asesino dentro de mi” es una de sus novelas más importantes de entre las 29 publicadas. Admirada por Barry Gifford, Stanley Kubrick o Stephen King, esta durísima, espléndida obra, ya tuvo una adaptación al cine en 1975 a cargo de un simpático artesano menor, Burt Kennedy, con Stacey Keach en el papel del perverso Lou Ford. Michael Winterbottom (“Camino a Guantánamo”, “Código 46″, “Wonderland”…), ha realizado recientemente otra película con base a este libro de 1952. Su trabajo ha provocado deserciones masivas en el festival de Venecia y críticas de misógena. Si su film, protagonizado por un en alza Casey Affleck y Jessica Alba ( ya sólo por esta mujer vale la pena verlo en pantalla grande ) es fiel al espíritu de Thompson, entonces tales críticas son tan predecibles como superficiales, típicas de la corrección política, al margen de la calidad de la película.
El libro de Thompson está narrado, como suele ser habitual en él, en primera persona por el asesino, en apariencia el típico Redneck sureño simplón y bondadoso bajo cuya fachada apacible se esconde una mente privilegiada, criminal, retorcida y con rasgos de esquizofrenia, a la vez que uno entiende perfectamente sus motivaciones. El escritor muestra sus terribles actos, de una chocante violencia primigenia, pero eso no quiere decir que los apruebe. También Lou ford tiene ramalazos racistas y a nadie en su sano juicio se le ocurriría tachar a esta robusta obra de racista. Tildarla de misógena es, en mi opinión, algo superficial. Cierto es que las mujeres de sus novelas son tratadas a patadas o algo peor, pero la sociedad tejana de los años 50′, no era precisamente un modelo de progresía y en definitiva, sus “psychos”, que entablan un incómodo y lúcido diálogo con el lector, en el fondo trataban mal a todo el mundo. Lo inquietante es comprobar su ingenio, sus toques filántropos, su amabilidad. Esto lo hace mucho más verosimil y en el caso de “El asesino dentro de mi“, su “villano”, Lou Ford, es toda una joya como personaje.
Thompson ofrece un ácido retrato de la cerril sociedad sureña y una visión negra de la existencia. Va directo al grano con una prosa vigorosa, contundente y no muy elegante ( algo apropiado teniendo en cuenta quien narra la historia ) y lo remata con un final memorable. Es mucho más, con sus ligeros defectos, que una simple e ingeniosa trama criminal. Es el viaje a la mente de un asesino en serie al que es fácil comprender y sentir empatía por él. No es tan famosa como su estupenda “1280 almas”, pero le puede mirar cara a cara.
A thompson se lo llevó el alcohol al otro mundo, fue perseguido por el monstruo de McCarthy, desempeñó todo tipo de oficios y apenas pudo vivir de la literatura. Fue también actor (“Adiós, muñeca“, de Dick Richards ). A “La huida” de Peckinpah” con guión de Walter Hill habría que añadir el desafortunado remake de los 90′ dirigido por Roger Donaldson, las adaptaciones francesas de su obra con “1275 almas de Tavernier y trasladada a las costa africanas ( al parecer le quitaron 5 almas, ignoro el motivo ), la sobrevalorada “Los timadores” de Stephen Frears.
Más conocida aún fue su colaboración como guionista al lado del mismo Kubrick, irónicamente sobre material ajeno. “Atraco perfecto” tenía su base en una novela de otro escritor de serie negra, Lionel White, y la inmortal “Senderos de gloria” ( “los senderos de gloria no conducen más que a la tumba…” ), su trabajo más comprometido y que fue prohibida en España, Bélgica y Francia ( este país también tiene su lado oscuro y lo demostraban los hechos reales que inspiraron film y novela), partía del único libro del canadiense Humphrey Cobb.
¿Se puede dudar de que Thompson tenía una mente abierta y crítica? ¿Que era la antítesis de sus cerrados y también desgraciados personajes? Y sobre todo, ¿se puede dudar de que fue uno de los grandes?
Share“1280 almas” de Jim Thompson
Este clásico de la novela negra de mediados del pasado siglo, ilustra lo peor que la gente lleva dentro y lo que vivir en sociedad puede llegar a ocasionarles. Lo que no sabemos es que fue antes, si el huevo o la gallina. Ese era el cometido de la novela negra.
Una pequeña población perdida en medio de los Estados Unidos, con 1280 habitantes es el epicentro de esta historia. El sheriff es un tipo bastante turbio, que cuando llega el momento de la reelección saca toda su artillería para influir en esas 1280 almas, por las buenas o por las malas. El caso es salir reelegido democraticamente por las urnas, que es lo más sagrado que hay.
Los personajes de Jim Thompson están muy logrados. Sirven para describir eso que todos creemos percibir, pero a base de creer en ser los únicos en pensarlo, preferimos no decir. Ni pensar. Algún día nos daremos cuenta que no estamos sólos.
Humor, mala leche y más mala leche en esta novela que nos muestra simplemente lo que hay. Sin más
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