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“Muerte del inquisidor” Leonardo Sciascia
“Con gusto nos entregaríamos al diablo si a cambio pudiéramos conseguir el libro que escribió fray Diego escrito “por su propia mano con muchos y heréticos disparates, pero sin estilo y lleno de faltas e ignorancias”. Sin embargo, no es posible establecer semejante comercio con el diablo para tranquilidad del doctor Auria y de los reverendísimos inquisidores, que creían en éstas” ( pág 95, “Muerte del inquisidor”, Leonardo Sciascia )
El 17 de Marzo de 1658, el fraile Fray Diego la Matina, nacido en 1622, de la Orden de la Reforma de Agustín, nacido en Racalmuto, fue quemado en la hoguera por la Santa Inquisición del reino de Sicilia ( en realidad ésta pasaba sus victimas al brazo secular, y esta no fue una excepción ) por hereje. La Matina había matado un año antes al inquisidor Cisneros mientras se hallaba preso en las dependencias del Santo Oficio, golpeándolo con los grilletes con los que era maniatado. Pero también fue considerado hereje, enemigo de la FE. ¿Cuál era su herejia? ¿Que palabras salían por su boca para que el S. O lo quemase vivo? Eso es lo que Leonardo Sciascia, uno de los grandes de las letras del S. XX, nacido también en Racalmuto, siciliano, se pregunta.
Leonardo Sciascia ( 1921-1989 ), autor de obras maestras como “Todo modo“, “El caso Moro”, por citar dos, era un hombre movido por dos ideales. Una restituir la verdad, cuya motivación era sacar la verdad a flote. Otra, una continua sospecha sobre la tendencia de las autoridades de cualquier tiempo y lugar a ocultar la verdad.
En “Muerte del inquisidor” Sciascia desgrana el caso de Fray Diego La Matina. Desde los sucesos en el que mata al inquisidor ” a golpe de grillos” hasta el día en que lo queman. Como acto previo, nos informa de como ciertas familias dominaban el Santo Oficio. “Familiariedad con el Santo Oficio” le llama. La familia lo es todo. Se sirve de toda la documentación de la que ha podido encontrar. Los diarios del doctor Vincenzo Auria, hombre metido en el Santo Oficio. El informe del padre Girolamo Matranga. Cierta leyenda popular que atribuía a La Matina ser un bandolero. E incluso una novela de principios del siglo anterior, con La Matina como protagonista, efectivamente más novela que realidad, aunque algo hubiera. Pero esas leyendas en ningún caso le atribuyen ser un hereje, más bien un heroe popular.
Si nos centramos en Auria y Matranga, vemos sus esfuerzos por presentar de un lado a Fray Diego como un asesino y un enemigo de la fe, un demonio, un recalcitrante, que no se arrepentía de sus errores, alguien que salía de la cárcel, volvía a caer en lo que hiciera, era apresado, abjuraba gracias a su “privilegio” por ser fraile, era soltado, hasta que primero acaba en galeras y luego en la cárcel hasta que hace lo que ya sabemos. ¿Pero que era eso que hacía para volver a ser apresado? Está claro que predicaba algo contrario a la ortodoxia, ¿ pero el qué? Porque si como asesino los informes de Auria/Matranga ponen mucho énfasis, así como de la bondad del inquisidor que se “esforzaba por hacerlo entrar en razón y lo pagó el martir con su vida”, como hereje todo está muy borroso. Sciascia comenta que en la Italia de su época, las autoridades no distinguían a un ladrón común de un comunista. Y en la época de Fray Diego hay algo similar. ¿Era Fray Diego un fraile ignorante que ocasionalmente, por llamarlo de alguna manera, por despiste, se salía del camino, como querían los informes apuntar, o tras este hombre se esconde alguien culto, instruido, que quiere acabar con la tiranía y las desigualdades sociales, lo cual explica su facilidad para hacer prosélitos? Para Sciascia no hay duda.
Algunas perlas de Sciascia:
“...el pariente del Gran Cisneros moría en el mismo exercitio de inquisidor. A golpes de grillos, accidente de trabajo que sólo puede ocurrirle a un esbirro, un tirano” (pág 23 )
“Cabe decir que el Santo Oficio tenía más fuerza de la que hoy tiene los carabinieri con el doble de la población. Si luego añadimos los esbirros de la corte laical y los de la corte vicarial, y los espías, nos dan náuseas sólo con imaginar la vida de este pobre pueblo a finales del siglo XVI” ( pág 31-32 )
” A fín de cuentas, en el Santo Oficio había calificadores y consultores capaces, por doctrina, de valorar con exactitud la ortodoxia o el error; y alguno de ellos debía creer en Dios y tener conciencia del mensaje evangélico” ( pág 60 )
“…a Don Vincenzo Auria se le escaparon las discusiones entre entre Fray Diego y el Padre Cical, discusiones que no hay que considerar un signo de entrega y miedo por parte del condenado, sino la última manera de dar prueba al pueblo de la inflexible ferocidad de una fe que proclama inspirarse en la caridad, la piedad y el amor” ( pág 93 )
En definitiva una historia fascinante, la de alguien que no negaba a Dios, sino que lo acusaba de injusto. Y eso no se podía consentir. Una historia escrita magistralmente por un autor, a mi humilde entender, magistral
“Un santo martir. Pero nosotros hemos escrito estas páginas para dar otra imagen de él, para decir que era un hombre y que mantuvo alta la digndad del hombre” (pág 117 )
En Marzo de 1782, fue abolida la Inquisición en Sicilia. Observemos la advertencia del cronista de la abolición del Santo Oficio a los que vinieran después del él: ” que no se pusieran rojos si descubrían que alguno de su noble casa había sido del Santo Oficio”. Acto seguido fue destruido un cuadro que representaba a ” Fray Diego como a un diablo furioso y feroz, y a monseñor de Cisneros como a un dulce e indefenso mártir, casi un santo”


“Actas relativas a la muerte de Raymond Rousell” Leonardo sciascia. Editorial Gallo Nero
Primero de todo, una recomendación y una humilde petición. La recomendación va dirigida a los lectores. Recomiendo leer primero el fantástico, con mayúsculas, estudio de Julio Reija sobre Leonardo Sciascia, y luego leer la obra en sí. Creo que es preferible leerlo así. Tras leer dicho estudio, que yo hubiera puesto a modo de introducción, se entiende perfectamente al autor, a su contexto, y la novela gana muchos enteros. Se corre el riesgo que al leer primero la obra, no se lea lo otro, o si no se tiene mucho interés en el autor no se le preste mucha atención, y se pierda sin duda lo mejor. La petición, humildísima, va a dirigida a la Editorial Gallo Nero. Esta es que si pueden cambiar dicho orden en posteriores ediciones.
Había leído varias obras de Sciascia. Un autor simplemente fascinante. Cuando acometí esta lectura, breve en extensión, la obra me dejó la sensación de no haber leído nada que no hubiera leído ya. ¡ Ay si hubiera leído primero a Julio Reija !. Este hizo que cambiara por completo mi percepción. Voy a intentar desgranar lo que Reija expone.
Como reza en la contraportada, “Escrito en 1971, Actas relativas a la muerte de Raymond Roussel es un relato-investigación sobre la muerte del poeta francés Raymond Roussel que tuvo lugar en 1933 en un hotel de Palermo por sobredosis de barbitúricos, según el informe oficial”. El caso es desgranado, paso por paso, sin dejar cabos sueltos. pero la verdad es que hay muchos cabos sueltos. El caso se cerró con auténtica precipitación, donde el suicidio era una hipótesis que simplemente las autoridades italianas de la época – años mussolinianos – se negaban siquiera a valorar. El suicidio no tenía cabida. Sería como admitir que hay motivos para no querer vivir, para no ser feliz, y ningún poder establecido quiere admitir esa posibilidad. Las autoridades cerraron el caso rápidamente y hasta cuatro décadas después nadie se interesó por él. Tuvo que ser Sciascia. ¿Quién si no?
La lectura es amena, pero pronto vemos que no hay sorpresas, que incluso no hay solución posible. El caso se presenta, hablan los testigos, se habla del fallecido – el súbdito francés Raymond Rousell, artista francés – y se llegan a las conclusiones. Sciascia nos presenta su tesis: para él no fue sino una sobredosis, un accidente lo que acabó con la vida de Rousell, descartando el suicidio o que su compañera estuviera de algún modo implicada. Pero ni esto está claro del todo.
Una vez leída la obra, comienza lo bueno. Tras haber leído a Sciascia en otras novelas, me sentía realmente fascinado por el autor de Agrigento. No siempre esa fascinación la podía transformar en palabras. Leer a Reija ha sido como leer mis pensamientos. Lo que siempre pensé sobre Sciascia, aqui lo encontré, escrito por otro de manera magistral. Al acabar su estudio, ya veía esta pequeña obra de otra manera.
Veamos. ¿Cuáles eran los pilares del pensamiento de Sciascia? Una neurosis racionalista, una busqueda de la razón, más importancia a la verdad que a la propia razón. Sciascia no sentía especial admiración por la figura de Rousell. Sin embargo le mueve la idea de razón y de sobre todo de verdad: ¿Por qué las autoridades no pusieron la causa de la muerte? Sus escritos evidencian ansía por dar con ella, VERDAD, anteponiendo el fondo a la forma. Escribe contra la injusticia, o más bien contra la falta de ella ( de justicia ), contra la conformidad de una sociedad encantada de convertirse en un rebaño.
A Sciascia le interesaba escribir las cosas de hoy, de su momento. No caigamos en la tentación de coger cualquier texto del pasado para hablar sólo de él y aprovechar para algo así como exonerar al presente. Ese es un lujo muy corriente que no nos deberíamos permitir. El autor siciliano se pregunta: ¿ por qué nadie hoy día lo hace? Pregunta no sólo válida al contexto italiano, y al de los años 60′ y 70‘, sino también al nuestro de hoy, ¿ Por qué no?.
Sciascia escribe contra los efectos negativos de la eterna consolidación del poder, donde exhibe su desconfianza razonada ante los discursos oficiales. Al darnos cuenta de esto, entendemos de golpe la novela que antes tal vez nos dejara algo fríos, y esto es que lo que Sciascia escribe no es que haya una confabulación contra la verdad sino más bien una incapacidad para acceder a ella, un desapego a la verdad para permanecer dentro de una cómoda ignorancia. Leyendo los textos sciascianos se observa que a más se busca esa dorada verdad, esta más parece emborronarse. La conclusión a la que llegamos es que legar a ella, saber qué ocurrió con Raymond Rousell, es imposible. El caso es irresoluble. Eso es lo realmente inquietante.
Sciascia sabe que su tesis de una muerte accidental, choca con el hecho que Rousell dejará testamento como si supiera que algo le iba a ocurrir. Pero el hecho es que el hecho que nadie investigara esto, qué nadie se lo planteara, qué la autoridad competente siquiera investigara esa posiblidad, es lo que aterra a Sciascia, que a nadie le importe la verdad. Esa es la conclusión de la novela, absolutamente aterradora. Viéndolo así, es una novela fantástica. Y verlo así, es gracias a Julio Reija, es mérito de él. También puede ser que haya quien haya visto esto sin la ayuda de Reija. Yo, necesité de su, sin duda, más que estimable ayuda. Chapeau!!
Tras leer a Sciascia, sus relatos policíacos, una idea queda flotando, realmente inquietante, en el aire, más aún que no haber podido averiguar un caso de un asesinato o que un asesino en serie siga campando a sus anchas, y esta es que el lenguaje, nuestro lenguaje, es completamente incapaz de transmitir la verdad.
Enhorabuena a la editorial GALLO NERO por su labor editorial por haber hecho llegar esta pequeña joya a las librerías
Share“A cada cual lo suyo” de Leonardo Sciascia
Mucho antes que Camilleri escribiera sobre Sicilia, Leonardo Sciascia ya hablaba sobre ella, ahondando sobre sus particularidades, peculiariedades, con sus cosas, localismos, de dificil solución.
Dice Sciascia en un momento de la novela, que cuando en un mismo sitio hay un muerto y un vivo tras un percance, en el norte de Italia, piensan en el vivo, en socorrerlo. En el sur no, pues sin duda se da por sentado que el vivo es el que lo ha matado.
El farmacéutico de un pueblo cercano a Palermo, años 60, recibe un anónimo en el que se le amenaza de muerte. Este hace caso omiso al anónimo, no le da importancia, pero poco después es encontrado muerto. Oficialmente las pesquisas son breves y poco concisas, pero un profesor llevado por la curiosidad inicia una investigación que derivará en una de las soluciones más impactantes que la novela de suspense puede ofrecer. Ciertamente demoledor, pues todo parece estar tomado de la llana y cruda realidad, que es justamente la grandeza del relato y del autor. habla de la mafia sin citarla ni una sola vez, y sin embargo acabas la novela palpando su enorme influencia, todo el poder que tiene, tanto que ya se considera “normal” su proceder y a nadie parece extrañar. Aunque siempre hay ingenuos que creen en la verdad,la justicia y juegan a resolver casos que, creedme, no pueden ni van a ser resueltos.
Relato sin concesiones de la vida en un pueblecito siciliano, donde el poder de ciertas familias según el relatar del autor estaban fuertemente arraigadas, las cuales no tenían excesivo reparo en repartirse el pastel y deshacerse de todo aquel/aquello que les molestase. ¿A quién se le ocurre meter las narices donde ni la policía las mete?
Este fue el primer libro de este autor que me leí, y desde luego no fue el último.
Share“Cándido. Un sueño siciliano” de Leonardo Sciascia
Ahora que la actualidad política italiana es motivo de comentarios continuos y no, por cierto, muy positivos, puede que nos interese echar un vistazo a Sciascia, autor italiano, 1921-1989, siciliano concretamente, autor que escribe con picardía y sobriedad sobre la mafia y sobre la política de su país en general. Leer a Sciascia puede ayudar a entender ciertos mecanismos que de lejos parecen difíciles de comprender. Todo viene de atrás y modificar ciertos tics, es complicado. Como en todos los sitios.
Cándido nació en 1943, la misma noche en que Italia era liberada del Fascismo por los americanos. Hijo del abogado Munafò, éste pronto ve algo raro en él. Se le parece demasiado a un oficial americano- que nueve meses antes estaba lejos de Sicilia- con el que la madre Cándido, su esposa, flirtea. Pero Munafò no puede evitar ver el parecido. Toda una metáfora de la nueva Italia. Cándido no es más que la joven Italia democrática, pero no la que era, sino la que se pretendía que debería haber sido.
Su madre acabará yéndose a América con el oficial norteamericano. Ve a Cándido como un monstruo. Su padre suicidándose tras irse de la lengua Cándido inocentemente en su colegio, desenmascarando la ilícita actividad del abogado, palabras que humillarán a Munafò prefiriendo la muerte a seguir viviendo.
La tutela sobre Cándido recaerá sobre su abuelo. Fascista de pro – combatió en España con Franco- que ahora abraza la democracia cristiana. Todos cambian de camisa. Fascistas que se tornan democristianos, fascistas que se tornan socialdemócratas, y ya el colmo y no por ello menos generalizado, que se tornan comunistas. Sin problemas ningunos.
Nuestro “cándido protagonista” hará amistad con el arcipreste Lepanto, un joven clérigo que acabará abandonando la iglesia – cree imposible seguir creyendo- y se mete en otra congregación, la comunista. Ahora le acusan de mentir y blasfemar. Curioso dice, antes lo hacía y nada me decían, y ahora que ya no lo hago, de eso me acusan. Éste se asombra de la indiferencia de la población ante la sainetesca realidad, y de como nadie censura lo que a todas luces va en contra de lo proclamado en voz alta. Será porque todos hacen lo mismo y denunciar a alguien es autodenunciarse.
Cándido posee tierras, pero él sólo cree en el amor y en hacer bien a los demás. Es comunista y convencido – y ¡¡ el único!!-. Todos lo consideran un monstruo, un imbécil y cosas peores. Primero quiso dárselas a los hijos de sus campesinos, pero éstos le disuaden. Dárselas a nuestros hijos ahora emigrados, supondría que conforme las recibieran las venderían para volverse al norte. Nadie quiere quedarse en el sur de Italia, mucho menos a trabajar el campo. Luego quiso el candoroso propietario de las tierras donarlas al Partido. El partido comunista recibe su propuesta con recelo. ¿Es un reaccionario?¿Un idiota? Ni ellos creen en sus proclamas, lógico. Primero puede la mentalidad y luego, si la hay, la ideología. El secretario del Partido le dice que lo olvide, que todos pensarían que el Partido le ha robado a un tonto sus tierras. Además, aún recibiéndolas no funcionaría nada. El problema es que nadie se fía de nadie. Lo que es de todos y no es de nadie, no genera rendimiento pues todos dan por sentado que los otros, como ellos mismos, van a trabajar bien poco. Cándido será finalmente expulsado del partido. Él quiere ir más a la izquierda del Partido, pero le advierte el arcipreste: ir más allá de la izquierda supondría acabar…en la derecha!!
Finalmente para su suerte su familia quiere desposeerlo de sus tierras. ¿Tan difícil es en nuestros tiempos entender que alguien quiera donar lo que no necesita a quienes sí les puede venir bien?
Cándido finalmente huirá de su tierra, con el amor de su vida, a Francia, huyendo de una mentalidad nociva e imperecedera, donde se reencontrará con su madre y el oficial norteamericano de casualidad. El azar es así de impredecible. Tras los saludos de rigor, Cándido le corrupto espetará al americano: ¿Por qué antes de iros pusisteis al mando de mi ciudad a los ciudadanos más corruptos y mafiosos? La respuesta nos sirve de mucho: No conocía a esos individuos…, simplemente me dieron sus nombres en un pedazo de papel.
Grande Sciascia
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