Entradas con la etiqueta ‘Russell Bertrand’

“Elogio de la ociosidad” Bertrand Russell

Una estimulante colección de artículos en los que russell, fundamentalmente, cuestiona las bases y objetivos del capitalismo, y ataca su obsesión dañina por los beneficios. Escritos entre finales de los años 20′ y 1935 , el libro, salvo algunos pasajes pasajeros, es de una rotunda modernidad y muchos de estos escritos se adaptan perfectamente a la crisis económica actual.

Russell creía en el socialismo, pero en un socialismo pacífico que nada tenía que ver con el comunismo violento, al que rechazaba, empezando por las ideas del propio Karl Marx, el cual tampoco tiene mucho que ver con los que gobiernan hoy día y se consideran a sí mismos socialistas ( RISAS ).

Un socialismo democrático que Russell en “La coyuntura del socialismo” expone de una manera tranquila, razonada, reflexiva y espéptica sobre sus posibilidades de triunfo en una sociedad embrutecida. Las mismas suaves pero corrosivas maneras que utiliza para desmontar punto por punto y atacar ferozmente al comunismo y al fascismo, que en los años 30′ hacían, en el caso de este último, furor, y que desencadeno lo que desencadeno. Me pregunto cuántos  que les reían las gracias a Hitler, Stalin, Mussolini u otros monstruos más cercanos, arremetieron, insultaron o calumniaron a Russell, como hicieron con Chaplin y su “Gran dictador”, una película maravillosa, y tantos otros. Las nubes ya presagiaban tormenta y muchos pequeños “Camberlains” probablemente se encogieron de hombros o se mofaron de Russell. Y no es que a Russell el tiempo le haya dado la razón, ya la tenía. Simplemente demostró que su lucidez estaba plenamente conectada a la realidad de su mundo. Un mundo que juzgaba intelectualmente atrasado, del que cuestionaba casi todo.

El cristianismo, otro de sus blancos habituales, es aqui alabado por sus virtudes en contraposición al nazismo, pero al final de “Civilización occidental”, vuelve a sacar la artillería pesada, enumerando no pocas atrocidades y supersticiones de los que profesaban, o decían que profesaban, dicha religión, ala que veía como enemiga del progreso, de la ciencia y hasta de la educación tal y como él la entendía.

La mayor parte de las soluciones que él propone a los abusos y problemas del capitalismo ( que se han acentuado con los años ) ni siquiera se han intentado. Algunas están desfasadas o soningenuas, pero muchas otras están muy bien razonadas, si bien, el mismo Russell era consciente que probablemente no se iban a intentar nunca.

Su ataque a la “ética” y virtudes del trabajo que da título y abre este conciso y a la vez denso libro ( 155 escasas páginas, pero rebosantes de ideas ) tiene un indudable encanto y es de lo más lúcido que se puede leer al respecto.

Por cierto, en un momento dado, dice que España era un país en decadencia por su estupidez e ignorancia e incluye algún despectivo comentario sobre las corridas de toros. Esto era antes de la guerra civil entre salvajes y de la grotesca dictadura ¿Cuál sería su pensamiento al respecto después de estos sucesos? No parece muy difícil adivinarlo.

Share

“Por qué no soy cristiano” Bertrand Russell

Frases de Mr. Russell:

“Cuanto más intensa ha sido la religiosidad de cualquier período y más profunda la creencia dogmática, han sido mayor la crueldad y peores las circunstancias”

“Afirmo….que la religión cristiana, tal y como está organizada en iglesias, ha sido y es aún la principal enemiga del progreso en el mundo”

“…Cristo dijo que debían entregarse bienes a los pobres, que no se debía luchar, que no había que ir a la iglesia y que el adulterio no debía estar castigado”.

Y pone la enseñanza de Cristo: “No juzguéis a los demás si no queréis ser juzgados”

Russell pone como ejemplos a organizaciones cristianas como la Inquisición o el Ku-Klux-Klan. Los primeros son los responsables de cientos de miles de muertos, por mucho que los fanáticos de turno afirmen lo contrario basándose en pruebas falsas o manipuladas por ellos mismos – no somos sino los herederos de quienes lo padecieron o practicaron -. Los segundos están renaciendo, no soportan que un negro esté en la casa blanca. Y hay que recordar que las matanzas de Irak y Afganistán se hicieron por “motivos” cristianos

“Es divertido oir al moderno cristiano comentar lo moderado y racionalista que es realmente el cristianismo, mientras ignora el hecho que toda su moderación y racionlaismo se debe a las enseñanzas de los hombres que en su tiempo fueron perseguidos por los cristianos ortodoxos”

Russell añade más adelante: “Desde el concilio de Trento hasta el día de hoy, todas las mejoras de la iglesia se han debido a sus enemigos”. Si hoy una pareja puede besarse en público, uno puede divorciarse, ir con gente de otra religión, declararse ateo, ver “La vida de Brian” ( perseguida en su momento y aún hoy día. Parece que hacer una emisión en televisión en este país ofende, ofender, su verbo favorito ), criticar a la iglesia aún siendo cristiano, y un largo etc, es a pesar de la iglesia, no gracias a ella. Supongo le gustaría volver a los viejos tiempos, y que una institución tan corrupta que juzga a los demás, con todos los escándalos de indole sexual que está saliendo a la luz, y los que no saldrán, es obsceno (no sé si van a la cárcel cuando los pillan )

En 1927, Bertrand Russell impartió una conferencia que se puede encontrar transcrita, junto a otros ensayos del filósofo, en este libro. Ensayos escritos entre los años 30 y 50, donde explica con suma inteligencia, sentido común y razonamientos varios, su rechazo al cristianismo. Un rechazo fundamentado en los principios humanísticos y no en el odio ni en el dogma.

Su ataque a una iglesia represora, aliada con el poder, que rechaza el que cada uno piense por sí mismo, que hace del sexo algo malvado y pernicioso, tuvo sus previsibles consecuencias. El magistral artículo final a cargo de Paul Edwards, explica como en 1940, la iglesia y los políticos de Nueva York, montaron una monstruosa caza de brujas a base de difamaciones y mentiras ( como no, le acusaron de comunista, cuando Russell criticó ferozmente al régimen de Stalin. ¿Cómo iba a apoyarlo, él, un hombre que ante todo defendía que cada uno pensase por sí mismo? ) para que no impartiera clases en la universidad de la ciudad ( hay métodos más sutiles y eficaces que mandar a alguien a un gulag ). A pesar que tuvo el apoyo de personas como Einstein, que dijo “los grandes espíritus han encontrado siempre violenta oposición por parte de las mediocridades. Éstas no pueden entender que un hombre no se someta irreflexivamente a los prejuicios heredados y use honrada y valientemente su inteligencia” ( gran definición y mejor retrato de nuestros días ). Los fanáticos se salieron vergonzosamente con la suya, apoyados, claro, por parte de la prensa. Russell criticaba todo tipo de fundamentalismo y sus opiniones sobre el sexo o el matrimonio le habrían valido hoy también una campaña en contra, por parte de esa prensa – y la española no es excepción – tan cristiana y a la vez cargada de odio e intolerancia como otros fundamentalismos que siempre tenemos en la boca.

“Contamos con los conocimientos necesarios para asegurar la dicha universal. El principal obstáculo es la enseñanza de la religión. La religión impide que nuestros hijos tengan una educación racional, la religión impide suprimir las principales causas de la guerra, la religión nos impide enseñar la ética de la cooperación científica…Posiblemente la humanidad se halla en el umbral de una edad de oro; pero si es así, primero será necesario matar al dragón que guarda la puerta, y este dragón es la religión”. Huelga aclarar que Russell era pacifista.

A pesar de un par de artículos tirando a aburridos, que el debate con el sacerdote que aqui se transcribe sea plomizo, de algunos toques ingenuos o algunos rasgos propios de la época – lo de los homosexuales – Russell dejó un libro de gran altura literaria, filosófica y moral. Todos sus razonamientos los analiza con causas y consecuencias, con rigor y un tono elegante, directo, que no excluye la mordacidad. Ahí van unas frases más, aunque se recomienda leer todo el libro, para situarlo mejor en el contexto:

“El miedo es la base del dogma religioso”

“Los capitalistas, militaristas y eclesiásticos cooperan en la educación, porque el poder de todos ellos depende del prevalecimiento del sentimentalismo y de la excepcionalidad del juicio crítico”. Es decir, eres bueno si les haces caso. Si piensas algo por ti mismo y les criticas eres malo. Tienes que ser perseguido. Castigado, algo que en este país se hacía no hace tanto tiempo.

Hay que leer el esplendido capítulo “Lo que creo”, donde Russell está a favor del control de la natalidad y de una educación sexual abierta, sana y sin tabúes ya desde la infancia. La educación religiosa a este respecto sólo ha fomentado ignorancia y sufrimiento, viéndose monstruos donde sólo hay expresión natural de la vida. Es la iglesia la que ha creado monstruos. Como dice Russell en otro episodio: “La gente bien es la gente de mente sucia”, ya que como afirma poco antes: “La gente bien mira con recelo el placer donde quiera que lo encuentren”.

Este libro es, ante todo, una búsqueda de la verdad y del conocimiento y habla de otros temas generales y filosóficos, pero deja bien claro que la religión, fundamentada en sus miedos y prejuicios, es el principal obstáculo para encontrar esos valores.

“La afirmación de que el cristianismo ha tenido una influencia moral positiva, sólo se puede mantener ignorando o falsificando la prueba histórica”. A parte de ejemplos obvios como las cruzadas, Russell denuncia las matanzas belgas en el Congo, uno de los peores genocidios de la humanidad, que tuvieron una base cristiana al igual que la I guerra mundial y yo diría que en ciertos aspectos del nazismo, pues el vaticano ayudó a fugarse a numerosos criminales de guerra alemanes.

Acabo con dos reflexiones de Russell de al final del libro:

“El renacimiento del fanatismo en Occidente no debemos considerarlo como una solución feliz. Tal renacimiento, si se produce, sólo significará que los aspectos odiosos del régimen comunista se harán universales”

“Creo que la decadencia de la fé dogmática sólo puede hacer bien. Reconozco desde luego que los nuevos sistemas de dogma, como los de los nazis y los comunistas, son peores aún que los antiguos, pero no habrían arraigado de tal manera en la mente humana si los hábitos dogmáticos ortodoxos no hubieran sido inculcados desde la niñez. El lenguaje de Stalin está lleno de reminiscencias del seminario teológico donde recibió su aprendizaje. Lo que el mundo necesita no es dogma, sino una actitud de investigación científica, combinada con la creencia de que la tortura de millones de personas no es deseable, ya la inflija stalib o una deidad imaginada a semejanza del oyente”.

Russell murió en 1967 tras protestar contra la intervención USA en Vietnam, que devastó el país y costó millones de muertos en su lucha contra los comunistas, una intervención propiciada por políticos cristianos.

Ojalá el futuro cumpla las mejores expectativas de Russell y no las peores, esas que en 1936 le llevaron a escribir: “Los que tengan el mejor gas venenoso dictarán la ética del futuro y por lo tanto serán los inmortales“. Al menos, obras así son una luz contra el oscurantismo, la estupidez y la ignorancia tan defendidas por muchos, que las disfrazan de inteligencia y bondad, desde sus respectivos púlpitos

Share