Entradas con la etiqueta ‘Relatos’

“La reina del burdel” Macky Chuca. Editorial Sloper

Todos tenemos una llave dentro, llamémosle llave o cómo sea. Una llave que necesitamos que alguien nos la haga desaparecer, que nos haga olvidar al menos su existencia. Esa llave, que nos impide respirar, que nos impide vivir. Y necesitamos no a cualquiera que nos la haga invisible. Se requiere pericia, mucho tacto digital, en una palabra, que sea un/una  artista. Todos la tenemos y todos podríamos ser ese/esa artista, pero pocos como Macky Chuca para mostrarnos cómo se hace, por qué es tan necesaria su eliminación – aunque sea por un breve lapso de tiempo – y pocos como ella a la hora de realizar una descripción portentosa, y sin los patéticos tapujos habituales, del asunto.

Macky Chuca, Buenos aires, 1973, ha ganado con “La reina del burdel”, el VIII premio Café Mon, y es el último fichaje de la editorial mallorquina Sloper. Se trata de una selección de narraciones breves que parecen anunciar el fin de una era. Relatos cortos de una negrura como el fondo de una cueva, como una noche de invierno. No es que estén cargados de mala leche, que tal vez, simplemente muestran las cosas como han sido siempre y hasta ahora nos hemos negado a aceptar. Personajes hastiados, brutalmente lúcidos, rodeados de lobos descerebrados. Se acabó el sonreir a la cámara para acto seguido llorar amargamente una vez apagado el objetivo. Ya no se sonríe. Ya no se llora.

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“El koala asesino” Kenneth Cook. Sajalín editores

El Koala asesino. Relatos humorísticos de la Australia profunda

Kenneth Cook

Sajalín editores

Colección Al margen

Traducción de Federico Corriente

Ilustraciones de Güido Sender

Kenneth Cook ( 1929-1987 ) fue un periodista australiano, director de cine, escritor de guiones para televisión y, por supuesto, escritor, destacando en esta faceta su obra “Wake in fright” y la trilogía de humor del Koala asesino, que aqui nos ocupa.

Australia es, con total seguridad, el continente donde residen las especies animales más mortíferas del planeta. Allí puedes toparte con taipanes, cocodrilos y koalas. Del primero y segundo quizá puedas salir airoso pero puede que no tengas la misma suerte si te cruzas en el camino de un koala.
Kenneth Cook, el autor de este simpático libro, ha sobrevivido a todas esas especies. Se considera un tipo afortunado porque en más de una ocasión ha arriesgado su vida (todavía más) poniéndola en manos de personajes con el coeficiente intelectual a ras de suelo.
Este conjunto de relatos te hará reir por todas esas situaciones esperpénticas con las que Cook ha tenido que lidiar. Juntas hacen que parezca imposible que todo eso pueda haberle sucedido a una misma persona. Leedlo y manteneos alejados de los koalas.

 

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Reseña de “Con la risa entre los huesos. Los mejores cuentos de humor aparecidos en Valdemar”

35 cuentos o extractos de novelas en una algo irregular pero afortunada recopilación en la que predomina el humor negro, la ironía, la irreverencia y el sarcasmo, con predominio de elementos fantáticos, sobre el humor blanco e inofensivo, y que provoca más la sonrisa que una abierta carcajada.

Incluir extractos de novelas es algo discutible porque se les saca del contexto para el que fueron creadas, caso evidente de Lewis Carroll y su archifamosa “Alicia en el país de las maravillas“, aunque hay otros casos, como el de Thomas de Quincey con un fragmento de “El asesinato considerado como una de las bellas artes”, que funcionan como piezas autónomas.

Buena parte de los aficionados conocerán parte de su contenido, pero hay piezas relativamente desconocidas que pueden ser una revelación, como es el caso del encantador “El buque fantasma” de Richard Middleton, un relato con una conseguida atsmósfera y que desprende cierta magia y cierto toque gamberro.

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“El príncipe feliz y otros cuentos” Oscar Wilde

Empecé a leer  esta recopilación de supuestos cuentos infantiles, que publicó en los 80′ la editorial Alborada en su colección “La locomotora” – ahora puede conseguirse en Anaya y Alianza, Bibloteca Nueva o Castalia – cuando estaba dejando la infancia ( la física, porque la otra temo que nunca se vaya ) y no llegué al final. Piezas tan profundamente tristes como la que le da título o “El ruiseñor y la rosa”, que hace gala de una crueldad chocante, me dejaron para el arrastre. Unos tuvieron Bambi y yo tuve a Oscar Wilde y a “La llamada de la selva” de Jack London, que algún despistado o alguien con mucho humor negro, también publicó en dicha colección para que los tiernos infantes despertáramos de golpe y nos diéramos cuenta en que sórdido mundo viviamos.

Muchos años después el impacto es mucho menor y lo que es mayor es el placer que se siente con estos nueve cuentos donde las descripciones de Wilde son tan ricas como exuberantes y son, en algunos casos, el motor de la historia.

Nueve cuentos donde se pasa de la felicidad a la tragedia en un susurro o viceversa, donde el hedonismo y la belleza pueden chocar con la moral o lo que los otros dicen que es la moral, donde Dios es el auténtico dios del amor, muy por encima de los prejuicios de sus fieles y donde todo cobra vida. Aqui ríen y lloran las flores, loa objetos inanimados, los árboles, los animales…Ellos contemplan cómo el bien y el mal se difuminan y entremezclan, donde una acción positiva puede traer a otras consecuencias negativas, en unos cuentos con moraleja pero no con la moralina que destestaba Wilde y que acabó con su carrera, con su libertad y con su vida.

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“Cuentos de medianoche” Bram Stoker

Este libro de la editorial Valdemar es todo un regalo para completistas y fans acérrimos del autor de la mítica “Drácula“, ya que en él se incluyen piezas inéditas en España, otras que llevaban más de un siglo sin editarse o extractos censurados o posteriormente modificados por las editoriales, y que funcionan muy bien como cuentos autónomos incluyendo uno procedente de su más famosa novela.

También es aqui donde se demuestra la variedad de intereses de los que Stoker hacía gala, con relatos alejados del terror o del género fantástico en los que siempre se le ha encasillado, y recurre a su larga experiencia como agente teatral, delata la sangre irlandesa que corría por sus venas o su sentido del humor tirando a negro. También se nota su cristianismo y cierto tufillo glorificante a mayor gloria del imperio Británico.
Pese a que el conjunto sea irregular, lo cierto es que su lectura es recomendable. Ya el prólogo de su traductor, Óscar Palmer, resulta imprescindible para esclarecer la procedencia de los cuentos, donde llama especialmente la atención “El sueño del Panteón“, también conocido como “El invitado de Drácula”, una pieza narrada en primera persona por Jonathan Harker ( no se menciona su nombre ) ambientada en Alemania y que servía como misterioso arranque de “Drácula”. Sus editores mutilaron esta interesantísima introducción, coherente con la novela pero a la vez algo extraña a ella, tal vez por su onirismo, tal vez por su mencionada ambientación.

 

Aunque al “Espectro de la perdición” se le haya etiquetado como una obra infantil, especialidad en la que Stoker fue prolífico, su crueldad no parece la más indicada par merecer ese calificativo. Es un cuento potente que recuerda a obras similares de Oscar Wilde, compañero de clase con el que igualmente compartía raices irlandesas.
“Los dualistas” es una de las historias más crueles y radicales que haya leído en mi vida. “Muerte entre bastidores” no pasa, a estas alturas, de ser una tópica historia criminal con un final de lo más reprobable y moralizante: dice que el asesinato por un adulterio es perdonable. Esto me parece lamentable. Pero bueno, eran otros tiempos. “El prestamista” se beneficia de su ambientación irlandesa pero pero parece una  historia a medio hacer. “La squaw” es otra demostración del enorme talento de Stoker para lo macabro. “¿Un acto de venganza?” no pasa de ser una  curiosidad correcta.

“El hombre de Shorrow” otra de las historia propias de su país de origen, es divertida y está potenciada por sus pintorescos, algo brutos, personajes. “La empalizada roja” es una historia de aventuras en Malasia, tan salvaje y vigorosa que haría aplaudir a Jack London. “El funeral”, “El misterio de Shakespeare” y “Un pacto con el diablo” son tres más sketchs que tres historias. Siete páginas para tres historias que no pasan de la anécdota.

“Una estrella criminal” parece un ajuste de cuentas autobiográfico y un crudo retrato de la prensa sensacionalista. El libro se cierra con “Las nupcias de la muerte” que es a su novela “La joya de las siete estrellas” algo similar de lo que es “El sueño del panteón” a “Drácula“. Si no te has leído esa novela – mi caso – es un relato algo confuso, un pulp no muy destacable pero eso sí con un contundente final.”
“Cuentos de medianoche” es otra demostración de que Stoker fue algo más que el creador literario del más famoso chupasangre de la historia.

 

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“Bola de sebo y otros relatos” Guy de Maupassant

Hace poco leí un muy buen libro, “Signatura 400″ de la francesa Sophie Divry, donde su protagonista, una biblitecaria amante de los libros afirmaba amar a Maupassant y todo lo contrario a Balzac. Así pues – no había leído nada del primero y hacía mucho que no leía nada del segundo – me decidí a leer un libro de ambos. De Balzac me he leído “El coronel Chabert“, que ha llegado hace poco a las librerías -antes me había leído “Eugenie Grandet”-. De Maupassant, he elegido un volumen que recopila relatos suyos, editado por Espasa de Bolsillo, titulado “Bola de sebo y otros relatos”.

El resultado del experimento ha sido un gran empate. Me ha gustado tanto uno como otro. Del de Balzac, editado por cierto por Funambulista, dejé aqui una reseña. Del de Maupassant, con vuestro permiso pasaré a hablar ahora.

Esta recopilación contiene varios relatos de Maupassant, entre los que se podrían destacar: “Bola de sebo” – que da título a la recopilación -;” La casa Tellier”; “La cama 69″, “Mademoiselle Fifí”- ambientado en la guerra franco-prusiana, donde los heroes nacionales franceses son un cura y unas corajudas prostitutas- , “Un día de campo”- escenas burguesas en la campiña que rodea Paris, donde la vida respirada en el campo es inversamente proporcional a la respirada en el día a día en sus tristes quehaceres a los que llaman negocios- o “El collar” – texto triste y dramático, una vida echada a perder, si no lo estaba ya, por un collar supuestamente de gran valor-, por citar algunos. La traducción e introducción viene a cargo de Juan Bravo Castillo, la cual conviene detenerse a leer antes de acometer la lectura de los cuentos.

Como informa Bravo Castillo, no fue hasta la década de los 70 del pasado siglo, que el nombre de Maupassant tiene el debido prestigio del que ahora goza. Fue un autor prolífico, que escribió multitud de cuentos cortos y algunas novelas, y eso que sólo vivió 43 años. Con una madre muy protectora y un padre ausente, fue un chico atlético que sin embargo pronto comenzó a tener problemas de salud. Intelectualmente fue pronto acogido por Flaubert. Estuvo en la guerra franco-prusiana de 1870, cosa que le marcó en sus relatos. Los temas recurrentes de su obra es un fuerte pesimismo, poca confianza en la naturaleza humana, un intento por mostrar la realidad, las cosas tal y como eran, con una gran atención al detalle, a la naturaleza. Se le hubiera podido, dice Bravo, asociar al ámbito del naturalismo. “Como escribe Champfleury en 1857, el realismo ( científico ) aspiraba a estudiar la naturaleza,  a pintar toda la sociedad hasta en las clases más bajas y a liberarse de la tiranía del bello lenguaje”. A lo que objeta: “Ahora bien, para Maupassant, como para Flaubert, semejante concepción siempre resultó una pura utopía, que aunque no la criticó abiertamente, tampocó se privó de fustigar en su correspondencia” ( pág 21) No olvidemos sus relatos de horror, recientemente editados en un sólo volumen por Valdemar.

Falleció en 1893, tras cuatro intentos fallidos de suicidio, tras un año de internado en una clínica parisina.

Destacaría los relatos arriba citados, aunque inevitablemente debo pararme en “Bola de sebo”, un relato también ambientado en la guerra de Francia contra la entonces llamada Prusia. La historia de “bola de sebo” prostituta que huye en una diligencia de una ciudad que pronto será ocupada por los prusianos. Viaja con “ciudadanos respetables” que pronto tendrán la oportunidad de demostrar ser la mayor basura -perdón por la expresión- nunca retratada en un papel. Hipócritas, traidores, ávaros, depravados, siempre señalando con el dedo en grupo para evitar ser señalados. Primero le recriminan su papel de meretriz, y luego la empujan a serlo ante un oficial alemán simplemente para poder seguir su cobarde huida. Me atrevería a equipararlo con “Suite francesa” de Irene Nemirovsky, con esas escenas de huida de Paris 70 años después, que de heroica tenía poco. Me ha gustado mucho y lo recomiendo, éste y el resto de cuentos. Yo lo he descubierto ahora. Más vale tarde que nunca.

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“Cuentos de soldados y civiles” Ambrose Bierce

Probablemente, junto al “Diccionario del diablo“, la obra más conocida de Ambrose Bierce, uno de los autores fundamentales de la literatura estadounidense, y del que son conocidos ante todo sus cuentos de horror.

Bierce, aventurero, bebedor, con una fuerte personalidad, combatió como voluntario en la guerra de secesión ( 1861-65 ) del lado del norte, desertó varias veces, se reenganchó otras tantas, fue herido en varias ocasiones, condecorado y formó parte de tropecientas batallas de esa guerra civil que desgarró su país, incluidas las más cruentas. De todo eso le quedó su pesimismo, su sarcástico antibelicismo y su escepticismo con la humanidad y las instituciones que se agrandó en su época de reportero.

Este libro formado por 26 breves cuentos se divide en dos partes, las de soldados y civiles del título, y son una muestra del talento y del hondo fatalismo de Bierce. Hay que hacer notar que su gusto por lo macabro y lo sobrenatural impregnan buena parte de esta colección, especialmente la parte algo engañosamente titulada “civiles”.

Bierce muestra los horrores de la guerra de una manera descarnada y de un tipo de guerra peculiarmente cruel, la civil. Ricos en paradojas que no tienen la menor contemplación ni con los personajes ni con el lector, con esos finales “shock” tan contundentes. Bierce, al que llamaban “bitter” ( amargo ), refleja todos los resentimientos y absurdos rituales militares que afloraron en dicho conflicto.

A estas alturas, a muchos cuentos se les ve venir el final con sólo unas pocas páginas leídas. Puede que su contenido sea en ocasiones hasta tópico, y que algunas piezas, como “La dama de Red Horse” no lleguen a gran altura. Pero su estilo, el fuerte impacto que desprenden relatos como “Las avanzadillas” o el impresionante “Chickamauga“, con una de las imágenes más brutales que uno recuerda, y que deja para el arrastre toda fanfarria patriotera y belicista ( que Bierce critica con tanta sutileza como subyacente ferocidad ). Su corrosividad, el ocasional humor negro que desprende y esa sensación de ser alguien que no se casaba con nadie, hacen que “Cuentos de soldados y civiles” sea un libro muy estimable y no es sorprendente que fuera una de las principales influencias de Lovecraft.

En su prólogo a esta obra de 1891, José Luis Moreno Ruiz, también a cargo de la traducción, habla de la influencia que dejó Bierce en cineastas como John Ford, Howard Hawks o Samuel Fuller, y más de una vez he tenido la sensación de “deja vu” leyendo el libro. Sin ir más lejos sé que “Chickamauga” lo ví en imágenes, integrado en la historia de una película, hace mucho tiempo. Y no recuerdo el título. Otras, como el arranque de “Bailando con lobos” de Kevin Costner, son puro Bierce, y se podría hablar mucho sobre el impacto, inconsciente o no, que ha tenido Bierce en el cine de terror moderno. Porque “El sexto sentido” de M. Night Shyamalan es como un cuento del autor de “Un hijo de los dioses“, sólo que alargado en exceso y con la moralina y solemnidad de las que carecían los relatos de este hombre especializado en explotar situaciones límites, como el claustrofóbico “Uno de los desaparecidos”.

Ahora que se está poniendo de moda este tipo de cine que parte de una situación mínima y desesperada como “Buried” de Rodrigo Cortés, “127 horas” de Danny Boyle, o la última producción de Night  Shyamalan, “La trampa del mal”, es una buena idea redescubrir a uno de los maestros, junto a Edgar Allan Poe y otros, que empezaron con este tipo de historias perturbadoras, aunque creo que con el que guarda más similitudes, tanto en estilo como en contenido, es con el ferozmente antibélico Dalton Trumbo de la durísima “Johnny cogió su fusil”.

Bierce desapareció , con 70 años, en la revolución mexicana, una de sus muchas ( y última ) aventuras, donde fue a apoyar a Pancho Villa. Lo último que se sabe de él con certeza, data de 1913 y desde entonces han habido muchasleyendas a su alrededor. Moreno Ruiz habla de que fue fusilado, en un ataque de paranoia, por Villa, que lo creía un espía y mandó a sus hombres ejecutarlo en Enero de 1914. Otros hablan que los ejecutores eran las tropas del gobierno. Sea como fuere, Bierce acabó en el paredón. También se cuenta que Villa no podía con lalengua incendiaria y culta de Bierce, un hombre que disputó duelos a revolver y los ganó todos, que se creó cientos de amigos y miles de enemigos, y tuvo una vida que en sí misma es un peliculón.

Hay una película irregular pero interesante, de 1989, “Gringo viejo”, de Luis Puenzo, que fabula con la estancia en México del escritor, interpretado más que convincentemente por Gregory Peck, en un reparto que incluía a Jane Fonda y Jimmy Smits.

 

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“Los vagabundos y otros cuentos” Jack London

Sobre Jack London se han exagerado o malinterpretado mucho un par de cuestiones: su romanticismo y su racismo, temas en los que insisten en exceso muchos estudios de su vida o introducciones de sus obras.

En lo primero habría que señalar que el componente romántico es mínimo y cuando en sus novelas o cuentos parece asomar, el protagonista choca crudamente con una realidad que lo desmiente. Véase el enamorado de “Martin Eden” que pone a su amada en un pedestal y cuando comprueba que ha vivido una mentira y que esa mujer es de lo más vulgar, se encarga él mismo de tirar su idealizada imagen abajo.

Sus personajes corren aventuras con afán de enriquecerse y al contrario que en los westerns “made in hollywood” que tanto le deben, no les impulsa un corazón noble y acartonado sino una obsesión enfermiza que les llevará, a ellos y a los que les rodean, la mayor parte de las veces, a la perdición. Devorados por una naturaleza salvaje o víctimas de la más brutal condición humana. No abundan los “happy ends” en la obra de London y sí una visión pesimista, desesperada, del mundo en el que vivimos.

De su racismo algo hay, pero nótese en cuantos de sus relatos hay personajes positivos de otras razas o cómo insiste en que todos somos iguales. Más parecen expresiones propias de la época que un racismo o xenofobia reales porque lo único malo de “El chinito de Honolulu” es su título. Aqui está el London aparentemente amable y hasta desenfadado pero que esconde toneladas de sarcasmo y suelta agudezas como ” su perspicaz observación le reveló el primer secreto: es a saber, que ningún hombre se hace rico con el trabajo con sus propias manos”. Esto lo sabía muy bien, por haber sido trabajador durante muchos años no tardó en descubrir un secreto tan importante como el primero: este es ” que los hombres se hacen ricos con el trabajo de manos ajenas”. Este es el London más socialista, donde su “heroe” es un oriental y los occidentales aparecen retratados poco menos que como trepas idiotas e incultos obsesionados por el dinero, el poder y las apariencias. ¿Que los nazis admiraban a London? Pues la descripción que da de la sangre de esa familia multiétnica no es precisamente el sueño de la raza aria.

Con introducción de Ivana Graciella Mollo, edición de Edimat, traducción a cargo de José Luis Moreno Ruiz, apenas seis historias integran este librito, más que apreciable aunque por debajo de obras similares de London. “Los vagabundos” muestra su lado más sórdido y oscuro. “El ídolo rojo” empieza siendo una salvajada y se desliza progresivamente hacia lo fantástico. Un relato aplastante y muy equilibrado con violencia y magia a partes iguales, una pequeña joya típica de su autor. En “Como Argos en los tiempos” volvemos a su habitual Alaska, un territorio tan Londoniano como el pacífico sur o Hawai, donde destaca esa descripción de la involución y presunta agonía de un ser humano. El breve “Hawaiana” sí que tiene un fuerte componente romántico enlazado por el dolor y la tragedia. Tiene aires de Dickens y es el London más sensible.

Aqui demuestra que también sabía perfilar con sutileza un personaje femenino y parece una desgarrada denuncia de los tabues que impedían a una pareja estar junta por permanecer a diferente etnia. ¿London racista?

Lo único malo de “La pillastrona” es su anticuado e inadecuado título. Una historia típica de London, la de un buscador de oro, en unescenario insólito, los Andes.

No llega a las alturas de otras obras de London, repito, pero cualquier aficionado suyo quedará satisfecho con esta recopilación que se lee rápido.

 

 

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Reseña de “Historias pequeñas” de Héctor Gomis

¿Tan fragil es el ser humano que su destino depende de un mísero jarrón?¿Puede una persona reconciliarse con su pasado, pasar página y seguir su caminar?¿Puede un hijo deshacerse del peso que sobre él ejerce su padre, pese a estar éste muerto?!Qué bonito sería detenerse en el momento de nuestra primera vez en algo, y repetirlo una y otra vez, una y otra vez!¿Por qué finjimos arrogantemente dominar cuanto nos rodea y en cuanto un leve soplo de aire llega de cualquier parte nos tambaleamos pateticamente hasta el más hondo de los abatimientos?

Todas estas preguntas, con sus correspondientes respuestas, y bastante más es lo que encontramos leyendo los relatos del alicantino Héctor Gomis, “Historias pequeñas” editado por la editorial Ven y te lo cuento. Cada narración tiene la virtud de ser definida rapidamente con una palabra por la que todo ser humano ha pasado antes o después: esperanza, pasado, aplastante y mortífera racionalidad, obsesión, despedida, coraje, alegría, venganza…Aparecen combinados relatos alegres, tristes, nostálgicos del pasado, otros con el “carpe diem” como bandera. No es raro verte reflejado en alguno de los cuentos.

A destacar el relato del boxeador, el del hombre tranquilo y mastodóntico que busca reparar un agravio, el de un sobrino que busca a su tío y que lo encuentra y a la vez no lo encuentra, el del encendedor zippo desparecido y las apariciones desde el más allá, el de una hormiga que se plantea cosas.

Particularmente dos me han agradado por encima de los demás. El relato llamado “El problema”. ¿Qué haría la humanidad si ya no hubieran guerras ni hambrunas, y la medicina curase al ser humano de enfermedades, y no hubieran desigualdades, en definitiva un mundo perfecto, y producto de todo eso la sobrepoblación amenazara con acabar con todos los recursos naturales y  eso nos llevara a la extinción como especie? ¿Cómo lo solucinaríamos? Pensemos, Gomis lo ha hecho, y la solución es inquietante sí, pero no hay otra. ¿Nos convendría llegar a ese estado ideal del ser humano pero que sin remedio nos llevaría sin más remedio a ese “problema”?¿ O mejor seguimos como estamos?¿ O justamente por eso somos, puede que inconscientemente, como somos?

El otro relato a destacar es “La cabeza”. Desternillante. Hilarante. Cachondo. Cojonudo, con perdón. . Me imagino a Gomis escribiéndolo en pleno estado de gracia. Nunca había leído nada así. Me ha recordado, salvando las distancias faltaría más, a la serie de TV “Breaking Bad”. Si en esta un fracasado y auténtico “loser” profesor de química en un instituto se convierte en el mayor traficante de drogas de Nuevo México, aqui un apocado barbero se topa un día mientras afeita a un cliente, con la cabeza perfecta, el craneo sublime. Decide ni más ni menos que cortársela. La de situaciones increibles en las que se verá, mientras la policía siempre va por detrás, y el racista concejal de la policía acaba entablando buena amistad,  con unos magrebies de la zona. Cuidado: igual amistad no es la palabra. Aqui las mujeres de todos ellos meten el dedo, no sé si en la llaga, pero lo meten. No cuento más. Lo dicho, puro estado de gracia. Puro cuento…o no.

Libro recomendable, lectura amena, fácil lectura,  que contiene algunos cuentos difíciles de olvidar.

¡ Qué gracioso el pulpo de María Graciela !

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“Al oeste de Roma” John Fante

Muchos hemos descubierto a Fante gracias a Charles Bukowski. En muchas de las obras de éste, su alter ego, el entrañable borrachuzo reblede Chinaski, lo menciona como una de sus principales influencias, destacando los libros protagonizadas por Arturo Bandini, alter ego a su vez de Fante, especialmente la considerada mítica por tantos “Pregúntale al polvo” que tuvo hace poco una adaptación al cine que fue masacrada por la crítica. Ésta la consideró indigna de la novela y recibieron palos sus dos actores centrales, Colin Farrell y Salma Hayek, a priori, no  muy indicados para sus respectivos papeles.

Al oeste de Roma” publicada dos años después de la muerte de Fante, acaecida en 1983, a los 74 años ( curioso que por ahí también acabó Bukowski ), se divide en dos historias: La breve “La orgía“, no pasa de correcta. Es bastante más convencional de lo que parece y no tiene nada destacable. Una de esas historias de pérdida de inocencia que puede resultar hasta tópica. Pero la novela corta “Mi perro Idiota” es una auténtica joya y por ella vale la pena pillarse este conciso libro. Directo y ágil, que se lee con suma rapidez, y que puede resultar ideal para el no iniciado en el autor de “La hermandad de la uva”.

Para alguien que conoce muy bien a Bukowski, y aún no había tenido contacto con su maestro como le pasaba al que suscribe, “Mi perro idiota” es una sorpresa no exenta de familiariedad. Chinaski guarda muchos puntos de contacto con el guionista fracasado Henry Molise, protagonista de otros dos libros de Fante. Molise tiene un status mayor y es padre de familia, casado, pero el fondo de pesimismo y desesperación, de convencimiento de que todo esto no sirve para nada, es muy similar.

En “Mi perro idiota” hay un sentido del humor más abierto que lo hace divertidísimo, una ironía más intensa y refinada y una carga de crueldad menor. Molise, al contrario que Chinaski, parece incapaz de aguantar la soledad durante un tiempo prolongado, aunque lo desee con todas su fuerzas. Pero en los dos casos, se trata de un retrato de la fauna de perdedores y los desheredados de la ciudad de Los Ángeles. Un retrato fresco, melancólico y lindante con lo depresivo, con una carga de corrosividad misántropa ajena a los gustos del público medio.

Su feroz retrato de una familia de la sociedad hippie y con la guerra del Vietnam de transfondo, da en el centro de la diana. Y claro, con alcohol, drogas y sexo de por medio.

Otro individualista y otro independiente de verdad. En resumen, otro superhéroe .

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