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“La senda del drago” José Luis Sampedro

Parece ser que la actual crisis mundial se ha visto propiciada por los neoconservadores fundamentalistas USA y los que siempre les ríen las gracias en otros países. El más famoso exponente de sus políticas liberales económicas han sido las guerras de Irak y Afganistán que no han hecho ningún bien, y lo más llamativo de esta gente que domina el mundo con sus ejércitos, militares o privados,  sus sacerdotes  y sus imperios de desinformación y manipulación, es que afirman ser cristianos cuando sólo crean más odio, dolor y pobreza, una pobreza que les importa un pimiento, pues lo más importante para ellos es ganar dinero y hacerse ricos. Lo demás no cuenta. Y en eso ayudan mucho los gobiernos fundamentalistas de estas zonas, ¿Hace falta recordar -otra vez – que Saddam Hussein o los talibanes ( como Noriega ) fueron amiguetes del imperio, un imperio que apoyaba sus matanzas con entusiasmo?¿Cuántos parecen olvidar esto y a la vez aplauden a esos jeques tan amigos de occidente y que se dedican a hacer la vida imposible a sus pueblos?

Ante esta inmoralidad generalizada, negándose a ser un esclavo más, Sampedro ha creado este libro en el que define, con sumo acierto, a los tecnobárbaros que  dominan el mundo. Un término que ha inventado y que describe más que adecuadamente a todas esas mentes medievales, armadas de una tecnología que puede arrasar el planeta entero.

En estos tiempos en los que tantos fanáticos maniqueos de diversos bandos e ideologías van de referentes morales, es un alivio encontrarse con alguien tan honrado, cristalino y sencillo en el buen sentido, como Sampedro. Y que conste que no he quedado convencido con este “La senda del drago”, un ético grito de indignación – recientemente Sampedro ha realizado el prólogo a la edición española del bestseller “Indignaos” – sin dogmas moralizantes abierto y generoso, pero excesivamente irregular.

Partiendo de la obscena invasión de Irak – ahora toca la Libia del ex amigo Gadafi - que ya lleva matando gente más de ocho años, Sampedro ya creó el casi impecable “Los mongoles en Bagdad”, un ataque tan apasionado como razonado a la política española de entonces, esta y la decadencia consumista de occidente son la base de este trabajo. Sampedro se niega a callar ante la arrogancia, estupidez e ignorancia de los mandamases del mundo y crea un libro-manifiesto que intenta combatir la resignación y el cinismo paralizante.

Es además un hermoso homenaje a la isla de Tenerife, a los mejor de ella, en contraposición a esa especulación que puede acabar destruyéndola, lo mismo que tantas costas ibéricas.

El libro alienta a las personas a pensar por sí mismas, cometer sus propios errores, sacar sus propias conclusiones, lejos de las masas, borreguismo o como cada uno lo quiera llamar. Y por eso creo que esta obra es un oasis de libertad y civilización, en este país en el que vivimos. Pero también creo que “La senda del drago” se queda corto, de una ingenuidad y hasta cursileria tremendas – lo mismo que el citado “Indignaos” -.

Con todo el respeto que se merece Sampedro, “La senda…” narra un viaje interior que se ve coronado por una historia de amor para mi sonrojante, irreal, más propia de un cuento de hadas, nada creible, con el agravante que el personaje femenino es más una idealización que una mujer de verdad. Y con contradicciones. La individualista, luchadora y comprometida Runa es una esclava de la moda. ¿Cuántos de esos trajes que hacen suspirar a su amado los  han hecho niños chinos por un sueldo inexistente? Capitalismo y comunismo unidos. Pero no, de esto no habla el libro.

Sus críticas al lamentable Bush y Cia son más que acertadas pero Sampedro no cuenta nada nuevo que no se sepa ya. Todo lo que critica está ahí para el que quiera verla. No es ningún secreto y por eso sobra, en esos tonos tan trascendentes y poco naturales, ese tono divulgativo-didáctico que lo acercan peligrosamente a un panfleto o a un simplón libro de autoayuda.

Con sus virtudes y defectos, “La senda del drago” es una humilde, nada engreida lección de dignidad. Pero dudo mucho que se encuentre entre lo mejor de este admirable autor. Aunque opiniones tenemos todos.  De lo que se trata es de no perderla, y de eso habla también esta obra. De ser uno mismo.

Por último, lo de la inglesa y el kurdo no me lo creo nada. Y ¿Cuándo no ha estado occidente en decadencia?¿Es que estamos ahora peor que en la época de las guerras mundiales, las guerras de religión o las napoleónicas?¿Por qué hay tanta gente de diferentes ideologías incluso que dice que estamos peor que nunca?¿Eran mejores las generaciones que montaron una guerra civil en España o la Segunda guerra mundial?  Descoloca que algunos pensamientos de Sampedro vayan por esos derroteros.

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“El caso moro” Leonardo Sciascia

El 16 de Marzo de 1978, Aldo Moro, presidente del consejo nacional de la democracia cristiana italiana, fue secuestrado por las brigadas rojas, justo el día en que el gobierno que presidía Andreotti, con presencia comunista, es aprobado en parlamento y senado. ¿ Hubiera parlamento y senado aprobado este gobierno de no ser Moro secuestrado ?. Dicha aprobación era decisiva para lograr cierta estabilidad democrática que hacía tiempo sin duda faltaba. Este comentario es simplemente para meternos en contexto sin que signifique nada más. Tras 55 días de cautiverio, el día 9 de Mayo el cadaver de Moro aparece en el maletero de un Renault 4.

Leonardo Sciascia, en esos momentos diputado del Partido Radical, fue uno de los encargados de realizar el informe de la comisión parlamentaria sobre estos hechos. Fiel a su estilo, Sciascia expone unos acontecimientos fascinantes, a caballo entre el más grande los intereses por que el asunto se esclarezca y el más absoluto convencimiento de que nada podrá ser minimamente resuelto. Ya sabemos que Sciascia no creía, y quién puede creer, que el lenguaje sirva para imponer la verdad.

El libro llevaba algún tiempo descatalogado. Recientemente ha sido reeditado por TUSQUETS.

La presente obra consta de tres partes. PRIMERO analiza todas las cartas que Aldo Moro escribió durante su cautiverio en manos de las Brigadas Rojas, y vemos “las respuestas de sus compañeros de partido y profesión, que se lavaron las manos de forma bochornosa”. ( Cita tomada del prólogo de Julio Reija del libro editado por GALLO NERO “Actas relativas a la muerte de Raymond Rousell”, del propio Sciascia ). Ciertamente Moro intentó ponerse en contacto con sus colegas de partido y con su familia – también le mandó una misiva al Papa Pablo VI -. De un lado Sciascia se pregunta por qué la policia no analizó dichas cartas en busca de pistas sobre su paradero. Habían pasajes definitivamente extraños, raros, aparentemente incongruentes, que tal vez fueran intentos de indicar donde se encontraban burlando a los terroristas, que leían todas y cada una de las cartas. De otro, cuando Moro intenta que el Estado negocie, y que sea intercambiando por miembros de las Brigadas  Rojas en prisión, sus compañeros de partido se lavan las manos. Su modus operandi en público, no sabemos cuál era en privado, era decir que el Moro que pedía negociar con Terroristas, simplemente no era el Moro que ellos habían conocido. Que o bien actuaba coaccionado por sus captores o bien había enloquecido. No habría negociación. Moro en sus cartas – pues él leía la prensa que le dejaban leer y sabía de la respuesta de sus correligionarios – intentó deseperadamente demostrar que esa fue siempre su postura en otros casos de similar naturaleza.  Se puede ver el empeño que pone Sciascia en mostrar lo cuerdo que estaba, lo lúcido que estaba pese a todo, en mostrar que era el de siempre, ni mejor, ni peor. Leer esta primera parte es muy interesante. Las conclusiones de Sciascia no podrían ser más deprimentes, tanto en la ayuda de quienes hasta el día de antes consideraban a Moro como su líder, tanto en el devenir de los acontecimientos y  las reflexiones que éstas van generando.

La SEGUNDA parte es una cronología del caso: los 55 días.

La TERCERA parte es el informe que Sciascia elabora para la comisión parlamentaria encargada del caso. Sciascia considera que, primero, se perdió mucho tiempo investigando si había más información sobre los terroristas en los días previos y sobre si Moro recibió amenazas los meses previos al secuestro. De otro lado, al parecer su protección no era todo lo que hubiera sido de desear, con falta evidente de efectivos, afirmación del jefe de su escolta. Ahora llegamos a las irregularidades o incumplimientos en la investigación. Estas palabras son más un eufemismo. Por no decir chapuza. ¿Seguro que no fue simplemente una chapuza? Es sólo una pregunta que se hace Sciascia. De un lado en que  fueron registradas una gran cantidad de casas, sin que el ciudadano pudiera siquiera ni rechistar. La policia entraba y punto. Sin embargo el piso franco de las brigadas rojas, no es registrado ni irrumpen el él. Llamaron a la puerta, y como nadie contestó…

Por el camino, en la Vía Fani, donde Moro fue secuestrado y su escolta asesinada, pese a la gran vigilancia que existe, los terroristas dejan el coche que la policía debia estar buscando a la desesperada. Eso quiere decir que los terroristas volvieron tranquilamente al lugar de los hechos a dejar el coche pese a que los estaban buscando. ¿Sabían que no corrían peligro o eran tan inconscientes ? Lo segundo no puede ser. La policía pone a trabajar en el caso a todos sus hombres en más una operación de cara a la galería que otra cosa, puramente efectista, en vez de otras medidas más efectivas. Y para un sospechoso que cogen en vez de seguirlo y que les conduzca al resto de terroristas y al propio Moro, la policía va y lo detiene. Para colmo sale en libertad en breve.

El despropósito sigue. Gracias a una güija, han leído bien, saben que las brigadas rojas se ocultan en Gradoli. Toda la policia se dirige hacia el pueblo de Gradoli. Sin hallar nada. Era la calle Gradoli, en Roma, no muy lejos de Vía Fani. El piso franco es finalmente descubierto, pero no gracias a la policía sino gracias al enemigo número uno de las brigadas rojas: los escapes de agua. Más de un piso franco fue así descubierto.

Otro despropósito. Encuentran impresoras de la policía en el piso franco de las brigadas rojas. ¿Cómo pudieron llegar hasta ahí? Demasiados misterios.

Hay “rumores ” que los brigadistas se entrenaban en Checoslovaquia y que terroristas checos cruzaban a Italia para entrenar brigadistas. Al partido comunista italiano le tranquilizó saber que no venían de Rusia. O ¿Tal vez los americanos y sus servicios secretos estaban detrás de todo?. Esto sería mucho más inquietante…

Se pregunta Sciascia por qué al pasar el tiempo, no apareció ni una sola pista, ni un terrorista arrepentido o algún disidente que arrojara algo de luz a tanta oscuridad. Todo acabó con el trágico asesinato de Aldo Moro – el menos implicado de todos – sin que nada fuera hecho, o es que realmente nada podía hacerse – no olvidemos que no lo mataron sus compañeros de partido ni el Estado Italiano, sino las Brigadas Rojas – y su destino estaba fatalmente marcado.

Esto es una sintetización de lo expuesto por Sciascia, de cómo pudieron haber tantas anomalías y extrañezas en un caso tan importante. Esto no significa que el autor siquiera flirtee con teorías conspiranoicas, no era su estilo – eso no significa que no la hubiera, ni que no la hubiera, simplemente no es un hecho palpable que ayude a conducir a la verdad -. Su intención, decidida y firme, es mostrar la verdad, los hechos, mientras no tiene más remedio que desconfiar de los discursos oficiales para conseguir ese fin. Poner los hechos encima de la mesa, a sabiendas de su irresolublidad.

Libro fascinante, que lanza mil preguntas al aire, que no tienen respuestas sencillas, o directamente no tienen respuesta, y que ha sido una buena ocasión para volver a leer a Leonardo Sciascia, un grandísimo escritor.

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“GUERRA EN LA RED. LOS NUEVOS CAMPOS DE BATALLA” de RICHARD A. CLARKE

Por ARIODANTE

Traducción de Luis Alfonso Noriega
Ed. Ariel, 2011
367 páginas.
ISBN: 978-84-344-6960-0
Género: ensayo

De reciente publicación en EE UU, acaba de editarse en España este libro, Guerra en red, que promete no menos polémica que la suscitada a raíz del anterior trabajo mencionado. A medio camino entre un volumen de memorias, un ensayo histórico y un relato periodístico, en el presente texto, Clarke hace públicas sus consideraciones sobre los peligros que acechan a la seguridad en Estados Unidos, denunciando la poca preocupación que, a su juicio, han prestado al asunto las respectivas administraciones en el poder. Aunque firmado en colaboración con Robert K. Knake (corresponsal de asuntos internacionales en el Council Of Foreign Relations), el libro está escrito en primera persona, lo que da una idea formal del grado de protagonismo del autor. Para algunos de sus críticos, en realidad, un afán de protagonismo, cuando no de exhibicionismo y presuntuosidad.

Richard Alan Clarke (Boston, 1950) ha sido alto funcionario de la Administración norteamericana, donde ha ejercido como responsable de seguridad bajo cuatro presidencias de Estados Unidos de América (Ronald Reagan, George Bush, Bill Clinton y George W. Bush), a lo largo de 30 años, de 1973 a 2003. Bajo los respectivos mandatos, ha ocupado diferentes destinos en la Casa Blanca, el Departamento de Estado y el Pentágono, por lo general, relacionados con el ámbito de la inteligencia y la seguridad. Este flamante currículo hace del autor un probado experto en la materia de su especialidad, lo cual no es óbice para que deje a su paso notorias polémicas, tanto por lo que se refiere a su gestión cuanto, especialmente, a su labor publicista. De hecho, fue el encargado de la oficina antiterrorista de los Estados Unidos durante los atentados del 11 de septiembre de 2001. Experiencia tan traumática la verbalizó en el ensayo Contra los enemigos, publicado en España en 2004, texto que provocó un intenso debate. Clarke sostiene allí, a propósito de la lucha antiterrorista, que, por ejemplo, se exageró la participación de Al Qaeda y Osama bin Laden en los atentados del 11-S, razón por la cual se opuso a ciertas iniciativas contraterroristas impulsadas por la Administración de George W. Bush, como la intervención en Afganistán e Irak. Justamente, esta discrepancia provocó su salida del círculo de poder de la Casa Blanca en 2003.

Internet fue concebida en la década de los 60 del siglo XX como vehículo de comunicación entre universidades, diseñada para ser utilizada por algunas pocas miles de personas, pero no para miles de millones de anónimos usuarios, desconocidos entre sí, y que no tienen por qué confiar unos en otros. Las redes sociales (como Facebook), de gran impacto en nuestros días, surgieron de modo bastante semejante. La actual empresa AT&T fue la primera compañía de telecomunicaciones que sacó fuera de los ámbitos originarios el uso de la nueva tecnología para navegar por la Red, extendiéndola a las corporaciones y el consumo privado en los domicilios. En el momento presente, raro es el uso de información y la gestión de cualquier tipo que no dependa de Internet. El ámbito humano de comunicación es, cada día más, ciberespacio.

El ciberespacio lo conforman todas las redes informáticas del mundo, conectadas y controladas entre sí. Comprende Internet, pero también las redes transaccionales a través de las cuales fluyen datos y dinero, negocios con valores y operaciones con tarjetas de crédito. La conexión conduce, por tanto, casi sin remedio a la interconexión. Hoy, por ejemplo, la mayoría de ascensores y fotocopiadoras de usos convencionales incorporan microordenadores conectados con terminales relacionadas con los servicios de fabricación y mantenimiento de los productos. Muchas de estas prestaciones vienen ya incluidas en las nuevas contrataciones de los mismos. No hay, en principio, gran problema cuando las cosas funcionan como uno espera o desea. Sencillamente, regalas información a no sabes quién. En ocasiones, información sensible o relevante. Las trituradoras de papel en las oficinas, que destruyen documentos confidenciales o privados, pueden incluir parecidos dispositivos. De fábrica o añadidos posteriormente por tampoco sabemos quién.

El dominio y la omnipotencia de la informatización en las sociedades conllevan determinados efectos que no pueden ignorarse. Un sencillo colapso o incidente paraliza abruptamente los protocolos básicos de actuación. Ante una ventanilla de las administraciones públicas o en una oficina de la empresa privada, si el sistema informático se bloquea o las interconexiones se colapsan, vuelva usted mañana. Esto por lo que tiene que ver con fallos circunstanciales no provocados intencionalmente. ¿Qué ocurre cuando tras la incidencia está la mano del cibercrimen o el ciberterrorismo? ¿Y qué decir de la «ciberguerra»?

¿Cómo definir la guerra en la red? Respuesta de Clarke: «aquellas acciones realizadas por un Estado-nación con el fin de penetrar los ordenadores o las redes de otra nación y el propósito de causar daños o perturbar su adecuado funcionamiento.» (pág. 23). No hablamos de ciencia-ficción. El primer capítulo del libro refiere casos reales acontecidos en los últimos años: las sospechas de que Israel ejecutara un asalto cibernético en una planta nuclear en Siria; otro, un ataque de Rusia sobre Georgia que bloqueó sus sistemas informáticos; uno más, en fin, proveniente de Corea del Norte que perturbó las operaciones en EE UU y en Corea del Sur. Hay sospechas de más hechos sucedidos, pero la mayoría no han sido hechos públicos.

A resultas de estas circunstancias, los conceptos mismos de «guerra» y «conflicto bélico» han sido trastornados. En nuestros días, el poderío militar de un Estado ya no depende básicamente del número de tropas o del armamento de que se disponga. De poco le serviría a una superpotencia, si Estados-nación pequeños (también, los denominados «canallas») o, simplemente, grupos organizados de «ciberguerreros» interfiriesen, por medio de ataques organizados, los servicios básicos, como la red eléctrica del país. Esto es lo que se denomina «guerra asimétrica», que cambiaría radicalmente el actual equilibrio geoestratégico de defensa.

Sobre el diagnóstico del asunto no hay demasiada discusión, al margen de identificar la auténtica o exagerada gravedad del problema. La controversia gira sobre las medidas que deben tomarse a fin de reforzar la seguridad de las democracias. Estamos, en consecuencia, ante el clásico conflicto político e ideológico acerca de la prevalencia de la libertad o la seguridad. Richard Clarke patrocina que lo segundo prime sobre lo primero. Funcionario de profesión y vocación, al fin y a la postre, lamenta que Internet siga sin tener control gubernamental, defiende sin reservas una mayor intervención y regulación del Gobierno sobre las empresas privadas, a las que habría, a su juicio, que imponer protocolos de seguridad y actuación, no importa su dimensión ni su coste. La Administración, por tanto, tendría bajo control no sólo las propias áreas públicas que la Constitución le reconoce, sino hasta las privadas, con derecho a actuar en su gestión. Todo ello, siempre, en nombre de la seguridad nacional.

La propuesta de Clarke de constituir un Cibermando, que regule y coordine el resto de organismos responsables de temas de seguridad, a las órdenes de un «ciberzar» (¿quién sería el designado para tal plenipotenciario ciberpuesto?) no ha tenido acogida en los gobiernos republicanos norteamericanos. Por lo que parece, incluso la actual administración demócrata, comandada por Barack Obama, advierte demasiadas intromisiones en el ámbito de la libre empresa, los derechos civiles y la privacidad como para admitir las advertencias del veterano de guerra (en la red). La prueba de que el autor no se ha rendido queda patente en el lanzamiento del presente volumen.

Ariodante
Marzo 2011

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“El Sha” de Ryszard Kapuscinski

sha¡Qué bien que escribe -escribía- Kapuscinski!. Logra que un tema tan distante a nosotros como el de Irán, no sólo nos interese, sino que además diría que apasione.

El padre del Sha de Persia-Irán- tras la segunda guerra mundial, fue invitado por los aliados a abandonar el poder. Este había flirteado con los alemanes. No logicamente por que le interesara el nazismo, sino porque estaba cansado de los desmanes de los viejos europeos  civilizados lejos de la Europa civilizada, es decir, saqueo de riquezas y violencia. Tras su marcha del poder, Irán se convierte en un país moderno, Mossadegh, afrancesado, toma el poder, con ideas muy abiertas. Todas las opciones ideológicas y religiosas son aceptadas. Occidente no ve democracia sino peligro de comunismo, ciertamente era una época complicada, y en 1953 derroca a Mossadegh e imponen al Sha.

Comienza una etapa de terror. El tudeh, los comunistas, son eliminados, literalmente, el islamismo arrinconado a las mezquitas y Mossadegh detenido. Los servicios secretos, la terrible  savak, campa por doquier.

Todo régimen llega a su fin y el del Sha no fue diferente. Pero la cuestión es que Occidente no permitió que el país se modernizara, siguió sacando de alli riquezas, humilló al nacionalismo iraní, ídem con la religiosidad chiíta. Ellos no querían ser asi.

Radicalizados a la fuerza por los mismos que inmediatamente los señalan con el dedo como integristas y anclados en la edad media. Interesante ver como una vez caído el régimen, van tomando fuerza aquellos que no se les había visto en la oposición clandestina. En una cultura donde la discusión pública en voz alta, en pública reunión, es la forma común de tratar problemas públicos, los individuos más racionales, inteligentes, pero callados, son arrinconados en favor de aquellos con gran talento social, que tienen menos que decir pero con mayor verborrea. Este problema es común a todos el mundo y así ocurrió en Irán. El poder fue ocupado en el mejor de los casos por  oportunistas, personas que saben adaptarse a cualquier cambio, que supieron en la dictadura del Sha pasar desapercibidos sin exponerse a las fuerzas de represión del régimen anterior.

Ese es el estilo que triunfa.

Libro que ayuda a entender muchas cosas. Existe un cómic, Persépolis, de Satrapi, que viene a contar algo similar. Me quedo con Kapuscinski.

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“La gran guerra por la civilización. La conquista de oriente próximo” Robert Fisk

Intentar hablar de esta descomunal obra en una breve crítica es tarea casi imposible. Me siento impotente para resumir con eficacia este libro enorme en todos los sentidos ( casi 1500 páginas ) probablemente uno de los mejores trabajos, si no el mejor, sobre Oriente medio y todos los conflictos que lo asolan desde la I guerra mundial ( el título hace referencia al grabado de una medalla que llevaba su padre en dicha guerra ) hasta las recientes invasiones de Irak y Afganistán.

Robert Fisk es uno de los pocos periodistas que realmente merecen que se les llame así, y salvo para los de siempre, su honradez es incuestionable, no ha caído en el cinismo del que tantos veteranos de su profesión hacen gala, sigue conservando su compasión y su sentido de la indignación ( que no tiene nada que ver con esos tipos que alardean de moral y se ofenden por todo ) y esta es, probablemente, su obra cumbre, una gran obra maestra.

Aquí están casi 30 años de periodismo reunido en un libro para todo aquel que quiera conocer, de verdad, las circunstancias que rodean todos esos conflictos que definen nuestra época, lejos de las versiones oficiales y facilonamente parciales.

Las de guerras de Irak, como las de Afganistán ( que se ha extendido a Pakistán ) tienen muy lejos su final ( así como el conflicto argelino, el único país africano que Fisk dedica un capítulo, realmente excepcional, el equivalente en escrito al film de Gillo PontecorvoLa batalla de Argel“, todo un clásico del cine, complemento ideal para después de leerlo ), al igual que el infame bloqueo israelí a los palestinos, una de las mayores vergüenzas actuales de la humanidad, y antes de oir a cualquier tertuliano de profesión que sienta cátedra sobre cualquier tema o a cualquier corresponsal “empotrado” maniqueo y tendencioso ( dinero, dinero ), es mucho mejor leer a este corrosivo, lúcido hombre con tantas experiencias a sus espaldas.

La invasión de afganistán por la Unión Soviética, la guerra Irán-Irak, la guerra del Golfo, el genocidio armenio de 1915 a cargo del imperio Otomano, las matanzas de Sabra y Chatila de miles de palestinos masacrados por falangistas cristiano libaneses auspiciado por Israel, un suceso de 1982 del que Sharon es el máximo responsable y que dio lugar hace poco, a una estupenda y escalofriante película israelí, “Vals con Bashir”, de Ari Folman, veterano de esa guerra ( este hecho fue narrado por Fisk, testigo de las matanzas, en su libro “Pity the nation: Lebanon at the war”, inédito en España y estoy ya harto de poner esto último ) y un largo y triste horripilante etc… son narrados tras sus experiencias personales por este hombre, el único periodista occidental que entrevistó a Bin Laden antes del 11-S ( en oriente medio muchos días son mini 11-s ) y por su testimonio de este excepcional hecho, foto incluida del asesino realizada por Fisk, ya vale la pena adquirir este excepcional tocho, pero hay muchísimo más, el interés no decae y lo que más llama la atención en todo lo narrado es la continua injerencia de occidente, no sólo USA, en los asuntos de la región y en las guerras que la asolan.

Un ejemplo entre muchos. En la sanguinaria guerra Irán- Irak, occidente armó a ambos bandos para sacar pingües beneficios y de paso que se mataran entre sí.

Todo esto tiene que ver, por mucho que obtusos cristianos lo nieguen, con los atroces atentados sufridos en occidente. Así que lo mejor es no encender la radio o la televisión, donde supuestos y autonombrados expertos justifican la matanza pro occidental del turno, supuestos periodistas sin un ápice de los amplios conocimientos del corresponsal de “The independent”, uno de los escasos diarios, que al parecer, hacen honor a ese nombre, y mantenerse alejado de todo tipo de medios de desinformación, para mejor zambullirse en la lectura terrible, fascinante y siempre apasionante de este libro.

Si aqui no viene todo lo concerniente a oriente medio, se le acerca bastante y seguir a Fisk con los rusos, con los marines, a punto de ser linchado por una multitud en Pakistán, saltando al hoyo de una bomba que se ha llevado por delante a un ministro sirio, narrando como los soldados iraníes son carbonizados en un mar de fuego. Entrevistando a todo tipo de gente, desde el inventor del AK-47 ( muy inquietante e ilustrativa su visita a una feria de armas donde se publicitan misiles para derribar aviones civiles entre otras numerosas lindezas…y luego los hippies confían, en su inmensa ignorancia, en la paz mundial ) a víctimas de israelíes o de Hamás, etc, etc. Es sumamente instructivo.

Al menos, leyendo a este hombre, uno siente que no le están tomando el pelo. Deja pensar al lector por sí mismo y reparte críticas y alabanzas a todos los bandos y con razonamientos, no con ira o rencor.

El libro lo publicó en 2005 y muestra un enorme pesimismo respecto al futuro. Estamos en 2010 y las noticias del día a día ( y lo que no sabemos ) le dan la razón. Y él sigue al pie del cañón.

Sólo leer las listas detalladas de víctimas civiles en afganistán por culpa de los norteamericanos que da en las páginas 1241-1242 es más que suficiente para abominar la política intervencionista y prestar atención a este hombre. Y ahí sólo menciona las de finales de 2001.

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“Cartas desde el frente” de Michael Moore

Puede que Moore sea, en algunos aspectos, un demagogo. Puede que sea también un egocéntrico, ya que, para empezar, su cara aparece en todas las portadas de sus libros y en todos los carteles de sus documentales. Puede que se le vaya la mano con trampas sentimentales o que su humor sea, a veces, algo facilón. Pero dice muchas, demasiadas, verdades como puños. Su visión del capitalismo como un monstruo que expolia, utiliza a los pobres o al tercer mundo, es acertada, y en la nefasta época en el que su país fue gobernado por ese ignorante embustero ( y algo más) llamado George W. Bush, un hombre que, con toda su camarilla, debería estar no precisamente donde están, y esto es porque el mundo es como es. Moore fue una voz disidente, lúcida e independiente. Independiente: término que no sirve para definir a todos esos medios de comunicación que jalearon enfervorecidos la cruzada de Bush y los suyos, que mintieron y manipularon y lo siguen haciendo – encima van de cristianos la mayoría-. Habría que recordarles, entre muchas otras cosas, que el genocida de Sadam Hussein fue ejecutado por crímenes que cometió contra los Kurdos siendo amiguete de los USA y de occidente, los mismos que le armaron, le aplaudieron o miraron hacia otro lado durante décadas de horror, algo así como pasa actualmente con otros regímenes, como Arabia Saudí.

En “Cartas desde el frente”, título español de “Will they ever trust us again“( ¿volverán a confiar en nosotros? ) – título en castellano poco adecuado pues in Irak o Afganistán no ha habido un frente de combate definido – Michael Moore presta su careto a la portada, hace una introducción y recopila cartas de soldados USA disconformes con la política de su país, cediéndoles la palabra, algo que por cierto, no es muy narcisista que digamos.

Muchos de los soldados son veteranos ( hay una presencia mucha mayor de Irak que de Afganistán) y narran el desencanto que les produce el ser peones de una carnicería organizada con mentiras indiscutibles para beneficio personal de unos cuantos, las censuras que sufren, los problemas de inadaptación, etc. En unas cartas en las que prevalece un hondo desengaño.

Hay gente que dice, al contrario que Vietnam, que todos los soldados han ido voluntarios o eran miembros de un ejército profesional. Pero luego se ha obligado a muchos veteranos a ir contra su voluntad. Mandar a gente a matar y a morir con base en mentiras no tiene justificación alguna, y habría que recordar que la catrastófica política interior USA obliga a muchos a alistarse en el ejército porque no tienen otra salida. Esas políticas tienen muchos que ver con las crisis actuales -no sólo es el amigo Zapatero quien ha metido la pata-.

Se dice que se suicidaron más veteranos de Vietnam - y soldados argentinos en las Malvinas, por poner otro ejemplo- que soldados murieron en combate. Está ocurriendo lo mismo en Oriente Medio. Los machotes republicanos y en menor medida demócratas, sin olvidar a sus aliados, han creado toda una generación de jóvenes con serios problemas mentales por lo que han vivido o por lo que han hecho. Desde psicópatas adictos a la violencia a los mencionados suicidas. Ahí va un testimonio del final del libro, escrito por la hermana de un combatiente: “…antes de morir le dijo a mi madre que, al llegar a Kuwait procedentes de irak, un comandante les había conminado a no volver a casa llorando como “nenazas” refugiándose en el trastorno de estrés postraumático. Que lo que tenían que hacer es ir al bar con los amigotes y agarrar una buena cogorza, que así se olvidarían de todo el horror que habían tenido que soportar. El 23 de Febrero de 2004 mi hermano se ahorcó en su piso”. Más adelante: “A los militares que se suicidan empujados por el infierno emocional que les ha provocado la guerra, habría que incluirlos probablemente en el mismo grupo que los muertos por bomba e impacto de bala”.

Algo que no se hace. La cifra de no muertos oficiales caídos en su propio infierno parecen ser alarmantes. Algo que se callan los de siempre, los que se han hecho más millonarios aún y apenas dan ayudas a esos soldados licenciados y desahuciados.

Hay mucho dolor y escepticismo en estas cartas recopiladas por Moore ( “Los terroristas somos nosotros” dice uno). Tal vez no sean representativas del estado de ánimo del soldado medio norteamericano ( yo juraría que sí, pero no sería extraño que Moore haya recibido muchas cartas del signo opuesto) pero el discutido cineasta-escritor de Flint le ha vuelto a dar la voz a los olvidados, a los que no suelen salir en esos vergonzosos medios de comunicación que aqui en el libro reciben más de uno y dos ataques justificados, estos mismos medios que ayudaron a organizar o a ampliar dos conflictos todavía candentes que han provocado tanto y tanto dolor, y  lo van a seguir haciendo.

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“El factor humano” John Carlin

Creo que es difícil leer esta novela sin emocionarse en más de un momento. Especialmente si se han conocido los tiempos del appartheid de Sudáfrica, la liberación de Mandela y los sucesos que siguieron.

Casi no se puede hablar de novela, pues el autor, John Carlin, recoge fundamentalmente, y va enlazando de modo magistral, testimonios personales de los protagonistas de esos momentos, recibidos en entrevistas personales durante los años que ha estado de corresponsal de prensa en Sudáfrica.

Pienso que aprovechará más su lectura el que conozca ya un poco de la historia de ese país, y para eso recomiendo leer un libro que ya está reseñado en este blog “Un arco iris en la noche”.

Pero en “El factor humano” todo está enfocado hacia un acontecimiento: La fase final del campeonato del mundo de rugby de 1995; y gira alrededor de una persona carismática a la que es difícil no admirar: Nelson Mandela.

Se ha estrenado recientemente la película Invictus. Realmente, durante la lectura puedes imaginarte perfectamente la película, y estoy seguro de que resultará muy emocionante a poco bien que lo hagan el director y los protagonistas. Pero, prefiero el libro. Pienso que es recomendable para todos.

Sudáfrica está de actualidad y en plena evolución. Harán falta muchos otros, blancos y negros, con las cualidades humanas y la amplitud de espíritu de Nelson Mandela, para lograr la unidad y la paz estable en ese pais tan bello como conflictivo.

THOMAS

Reseña cedida por: http://tuquelees.blogspot.com/

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“Chechenia, año III” de Jonathan Littell

Aviso: Este es otro de esos libros que por lo que cuenta puede hacer sentir al lector vergüenza de pertenecer a la raza humana.

Littell trabajó en la ONG  “Acción contra el hambre” enla dos salvajes guerras de Chechenia que acabaron con la victoria de la Rusia de Putin. Éste dejó en el poder a un gobierno títere checheno, paradojicamente islámico, que no ha acabado del todo con la rebelión nacionalista. Littell, ya consagrado como escritor, volvió en 2009 al país y ha realizado este pequeño libro sobre dicho viaje.

Visto de una manera superficial, se puede ser un poco suspicaz ante esta obra. El escritor, nacionalizado francés, ya hizo hace poco un libro también escueto ( pero recomendable). El estudio sobre el fascismoLo seco y lo húmedo“, y da la molesta sensación que pueden estar explotando la gallina de los huevos de oro que significó el éxito de la soberbia “Las benévolas, ya que los dos pequeños libros, un lector rápido o habitual se los puede leer en una sola tarde…y le sobrará tiempo. Y los precios con los que salen a la venta no  corresponden a dicha brevedad, y más en estos tiempos de crisis.

Pero una vez puestos en materia, “Chechenia año III” es otro buen libro en el que Littell hace gala, una vez más, de su inteligencia y de su percepción para ofrecer una visión nítida de la Chechenia actual y de los fanáticos que la mandan, de los muchos “Max Aue” (oficial nazi protagonista de “Las benévolas) rusos y chechenos que no salen de su fanatismo y egoismo.

Littell explica que es un país en plena ebullición, reconstrucción y modernización, donde la violencia ha descendido notoriamente desde hace unos pocos años, y donde aparentemente, todo vuelve a funcionar. O casi todo. Pero esto es pura fachada. EL país, más que dominado por la Rusia de Putin y Medveded, está controlado por el presidente Kadyrov. Éste vive como un multimillonario capitalista o típico mafioso, a la vez que ha instaurado una dictadura islámica, que igual les salta en las narices a Moscú en el futuro, y que se caracteriza por los asesinatos, torturas y la represión de Estado. No hay oposición, no hay libertad de expresión, las mujeres son tratadas como basura ( uno de los infames secuaces de Kadyrov, suelta una “perla” retrógrada como esta: “La inteligencia de la mujer es como la cola de la rana”, y el mismo presidente ve legítimo asesinar mujeres por “cuestiones de honor”, cuestiones muy banales como se puede leer). Además, la corrupción nada tiene que envidiar a la de los más podridos países occidentales.

Littell (sería interesante que contara sus experiencias en las guerras, no sólo de Chechenia, de las que ha sido testigo) es lúcidamente pesimista sobre el futuro del vapuleado país, cuya historia siempre ha estado ensangrentada por la sombra de Rusia: deportaciones y asesinatos masivos en la época de Stalin – ¡ cómo no! – incluidos. La ambigua relación que sostiene con Moscú, involucrado actualmente en otros sangrientos conflictos en la zona del cáucaso como Daguestán o Ingushia, puede perfectamente lugar a una tercera guerra, y el repulsivo Kadyrov puede ser ironicamente, el muro que la esté evitando, pese a su obscena dictadura. Pero, ¿hasta cuándo?

La violencia de los rebeldes salafistas se ha recrudecido. Las mafias tienen un inmenso poder – y Kadyrov es una mafia, la más poderosa de todas- en la zona, y entre rusos, chechenos y fundamentalistas, no hay ningún futuro positivo, ninguna esperanza para la república.

Es muy recomendable el escalofriante, atroz, libro “La guerra más cruel” de Arkadi Babchenko, veterano ruso de las dos guerras, hoy convertido en uno de los escasos opositores a Putin. De hecho trabaja en el mismo diario al que pertenecía la asesinada por su régimen Anna Politovsaya, uno de esos pocos referentes que indicaban que aún hay conciencia en esa “devastada” zona del planeta. Y aún la hay como demuestran asociaciones como MEMORIAL, víctimas también de abusos y asesinatos, como bien se refleja en este potente “Chechenia año III”.

Una pregunta. ¿Por qué en castellano  – 16 euros- cuesta este libro más del doble que en francés- 7 euros-? ¿De qué va el mundo editorial en España?

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“La era del guerrero” de Robert Fisk

la-era-del-guerreroDespués de leer “La era del guerrero”, la recopilación de artículos de Robert Fisk, me pregunto que se ha hecho del periodismo en general y del  de este país en particular.

Insobornable e independiente son calificativos que se suelen emplear para definir el caracter de este veterano corresponsal de guerra, que no podía ser de otra forma, cuenta con numerosos detractores. Algo lógico teniendo en cuenta que no suele compartir las posturas oficiales del sistema ni del mundo del periodismo.

Vivimos en unos tiempos en que las guerras o conflictos se hacen en nombre de “la justicia” o “la libertad“, en las que el concepto democracia se emplea – y se devalua- para justificar invasiones(matanzas) o interferencias en países del tercer mundo, con objetivos puramente económicos(armas y petroleo). Fisk denuncia que el periodismo sirve sumisamente a los intereses del poder establecido con una constante propaganda, descalificando a todo aquel que opine lo contrario, sin importar callar, mentir, mirar hacia otro lado, contar medias verdades…

Fisk no es un profeta, no es alguien infalible, buena parte de sus posturas pueden ser criticables, pero es un periodista real: se esfuerza por contar, buscar la realidad, por incómoda o sucia que resulte. Sadam Hussein, los talibanes, ¿alguien ignora quienes lo han puesto ahi?¿Necesita Occidente machacar al resto del mundo para sobrevivir?¿Sería esto posible sin el apoyo del cuarto poder que influye- y de qué manera- en la opinión pública?

Con las dictaduras uno sabe a que atenerse. Puede que George Orwell alucinara al ver que su “neolengua” ha mutado como un ser vivo, para bajo el disfraz de la libertad, supuesta independencia y mucha corrección política(nunca una palabra más alta que otra) vendernos un sistema político bajo el que se puede llegar a vivir muy bien, aunque sea a costa de arrinconar, explotar y de vez en cuando bombardear al resto del mundo.

JUAN(ciudadano cansado)

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