Entradas con la etiqueta ‘Nueva York’

“84 Charing Cross road” de Helen Hanff

“84, Charing Cross Road” Helene Hanff

 

“84, Charing Cross Road”, es una historia verídica que transcurre entre América e Inglaterra. Todo empieza cuando Helene empieza a enviar cartas a la librería de 84, Charing Cross Road en Inglaterra pidiendo libros de literatura clásica inglesa. Estas cartas son contestadas, sobretodo por uno de los empleados de la librería, aunque al final todos se cartean con Helene.

 

Los personajes principales son Helene, una mujer muy moderna para la época, es muy irónica, tiene mucha vitalidad, vive en una burbuja, sólo conocemos su trabajo (es escritora) y su amor por los libros.

El otro gran personaje en este libro es Frank, el vendedor que responde las cartas y que envía los pedidos a Helene, y que representa la corrección de la que tanto presumen los ingleses.

Entre los dos personajes surge un “amor platónico”, como se puede comprobar en una de las cartas que la esposa de Frank le envía a Helene, donde le confiesa que ha sentido celos por la relación que mantiene con su marido.

 

El contexto histórico en que se enmarca la novela son los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, Inglaterra está padeciendo un gran racionamiento y aquí surge uno de los episodios más emotivos de la historia, cuando Helene envía comida a la librería.

 

Como se puede sobrentender, la novela es de género epistolar, engancha muchísimo, porque las cartas son cortas, y siempre piensas, venga va otra! Y te pasas la noche leyendo!

Para terminar con la reseña, decir que la historia es un alegato al amor por los libros, mientras lees las cartas te trasmiten pasión por ellos.

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“Martin Dressler” Steven Millhauser. Libros del Asteroide

“La única razón de ser de la novela es que intenta representar la vida”

(Henry James)

Con “Martin Dressler”, Historia de un soñador americano“, Steven Millhauser ganó en 1996 el Premio Pulitzer y ahora nosotros hemos tenido la inmensa fortuna de poder leer esta novela gracias a Libros del Asteroide ( traducción de Marta Alcaraz ), cuya labor viene a aportar un poco de aire fresco al panorama literario.

Se trata de una novela con mayúsculas – en la línea de “Roscoe, negocios de amor y guerra” de William Kennedy, “El quinto en discordia” de Robertson Davies, “Los inquilinos de Moonbloom” de Edward Lewis Wallant,  o hasta “El pentateuco de Isaac” de Angel Wagenstein, todas ellas del sello Libros del Asteriode -. Es una novela que se parece a las anteriormente citadas sobre todo en una cosa – puede que sólo en eso -: que te cuenta una historia de tal manera, tan bien narrada, que logra que el lector saboree literatura de primera. Tanto los temas, los lugares y los protagonistas no son precisamente cercanos a nosotros, al menos a mí. Entonces, ¿por qué atrapan tanto? Simplemente – fácil de decir difícil de plasmar en un libro – porque se trata de una buena historia, bien contada, personajes bien perfilados, y un buen final. Qué más se puede pedir. No sé si la expresión adecuada es “una historia como las de antes”, pero es la que me viene a la mente. En una palabra: un intento de representación de la vida. Estas buenas historias aún se puede encontrar en las librerías. Sólo hay que saber buscarlas.

“Martin Dressler” es la historia de un joven que tiene lugar en el Nueva York de finales del siglo XIX, hijo de un estanquero, un chico que tenía un sueño, y lo siguió hasta el final. Martin no sólo era un soñador. Dotado de talento, trabajador infatigable, y con un innegable don de gentes, pronto entró a formar parte de la plantilla del hotel Vanderlyn. Dejó  la cigarrería de su padre, y en el hotel fue avanzando. Pasó a botones a  recepcionista. Luego ayudante del director. Creó una cadena de cafés: Café Metropolitan. Los vendió y creó su propio Hotel. El Dressler, el New Dressler, hasta llegar a su gran creación, el Grand Cosmo, su sueño, algo más que un hotel, un micro mundo que rivalizara con el mundo, sueño que tal vez no estuviera permitido a los hombres, pero al que se aferró hasta el final.

“Lo que le apasionaba era solucionar problemas, organizar cosas, resolver lo irresoluble, crear combinaciones” (pág 119 )

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“CINE, ESPECTÁCULO Y 11- S” FERNANDO R. GENOVÉS

CINE, ESPECTÁCULO Y 11- S

 

                                   FERNANDO R. GENOVÉS

 

 

 

 

© Fernando Rodríguez Genovés

 

Valencia (España), septiembre 2011

 

Ediciones Cinemagen, 2011

 

 

Sitio de descarga gratuita: http://www.box.net/shared/h5qynlj6mr9odx7bm7rj

 

 

El 11 de Septiembre de 2001 sigue vivo en la memoria de todo el mundo. Las imágenes que veíamos en directo a través de la pequeña pantalla  parecían imposibles de que se estuviesen produciendo realmente y en el corazón del llamado país más poderoso del mundo, en donde más les dolía, El World Trade Center, en el centro neurálgico de Manhattan, Nueva York, en Los Estados Unidos de América.

 

Pero no todo iba a terminar ahí. Como bien nos informa el autor de este ensayo, Cine, Espectáculo y 11-S,  en los medios de comunicación se venía anunciando que era tan sólo cuestión de tiempo que las productoras y directores de cine decidieran sacarle provecho a esos ataques terroristas de fatales consecuencias, llevándose por delante casi tres mil vidas humanas. Era cuestión de tiempo que convirtieran el drama en trama e incluso en comedia.

 

Los medios audiovisuales, sobre todo, y por excelencia el cine, están al acecho de sacarle jugo a todo lo que suponga drama y si ese drama es colectivo, mejor: atentados terroristas, hambrunas, catástrofes naturales como terremotos, tsunamis, conflictos bélicos, desastres nucleares, el soterramiento de los mineros de Chile, etc. Todo dolor humano para ellos es carnaza, es un filón del que poder aprovecharse y sacarlo a la luz pública en forma de películas, documentales, o como ellos prefieran.

 

Fernando Rodríguez Genovés, (Valencia 1955) es escritor, ensayista y crítico literario. Doctor en Filosofía. Funcionario de carrera en excedencia voluntaria. Se dedica en la actualidad, con dedicación profesional exclusiva a escribir. Es Premio Juan Gil-Albert de Ensayo, Ciudad de Valencia 1999. Colabora en medios de comunicación como ABC, Las Provincias, Libertad Digital, Factual. Creador y mantenedor de la sección “La buhardilla” en la revista el Catoblepas. Autor, hasta la fecha, de libros como Razones para la ética (1991), Saber del ámbito (2001), La escritura elegante (2004), Política y amistad en Montaigne y La Boétie (2006) y Último Libro, en descarga gratuita,  Cine, espectáculo y 11-S  así como de  centenares de artículos  y reseñas publicadas en revistas especializadas. Su línea de investigación y su trabajo están relacionados preferentemente con el ámbito de la filosofía moral y la política.

 

Woody Allen, quién si no, describía qué es una comedia, en uno de sus films más logrados, Delitos y Faltas, (Crimes and Misdemeanors, 1989) dice que “comedia es tragedia más tiempo”. Charles Chaplin, faltaría más, nos ofrecerá su genial parodia, El Gran Dictador; Enerts Lubicht, en plena Guerra Mundial, su película Ser o no Ser o Billy Wilder desestructurando la guerra fría con aquella desternillante “Uno, Dos, Tres” , poco antes de que se construyese el vergonzoso muro de Berlín.

 

Genovés dice de ellos que no hay en sus filmes ni una sola sospecha de complicidad con los asesinos, no existe compasión alguna para los dispensadores del dolor y la crueldad.

 

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“AVENIDA DEL PARQUE 79″ Harold Robbins

AVENIDA DEL PARQUE 79

 

Harold Robbins

 

 

 

Es curioso como este gran escritor comenzó su exitosa carrera literaria. Todo fue por una apuesta de cien dólares que hizo con uno de los directivos de la Universal Pictures, para demostrarle que era capaz de escribir un guión más interesante que lo que se hacía por aquella época en Hollywood. Y el resultado fue su primera novela No amarás a un extraño, publicada en 1948, basada en su propia vida en el orfanato y en las calles de Nueva York. Éste sería su primer best-seller y tras él llegarían más éxitos.

 

Francis Kane (Nueva York, 21 de mayo de 1916- 14 de octubre de 1997) o Harold Rubin, nombre adoptivo que recibió cuando pasó su infancia en un orfanato, fue más conocido por el seudónimo de Harold Robbins. Es uno de los autores más vendidos en todo el mundo. sus libros son sinónimos de best-sellers han sido traducidos a treinta y dos idiomas. Es el cuarto autor más vendido de todos los tiempos, por detrás de William Shakespeare, Agatha Christie y Barbara  Garland. Su fama en todo el mundo es tan grande que incluso tiene una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood Boulevard.
A principios de la Segunda Guerra Mundial se traslada a Hollywood para trabajar en los Estudios Universal.  Su novela más conocida quizá sea la de Los Insaciables, inspirada en la vida del magnate Howard Hughes. La continuación de esta novela fue en 1995, titulada El Magnate. Entre otros grandes éxitos que cosechó a lo largo de su carrera como escritor fueron, Stiletto, publicada en 1960, Los profanadores del amor (1962), Los Betsy, (1971), El Pirata, (1974) o  La dama solitaria (1976).

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Sexo en Nueva York, de Candance Bushnell.

Sexo en Nueva York no es lo mismo que Sexo en Nueva York

Por Carlos Mayo

 

Sexo en Nueva York, de Candance Bushnell.

Autor: Candance Bushnell.

Traducción: Matuca Fernández de Villavicencio.

Editorial: RBA.

Páginas: 260.

Año: 1996.

Hace algo así como cuatro años, encendí la tele y me encontré con mi primer capítulo de la serie Sexo en Nueva York. No sé de qué temporada era (en el canal Cosmopolitan la repiten constantemente) pero me pareció una serie ácida e irónica sobre un tema del que creo que nadie antes había hablado: el sexo de las mujeres. Me interesé por la serie y la vi, hasta que me enteré que estaba basada en un libro. Como yo soy más de libros que de series, apagué la tele y me fui a la librería.

A partir de ahí, mi romance con la franquicia empezó a decaer. Recuerdo la primera frase del primer capítulo de la serie. Carrie Bradshaw (la protagonista, una chica que oscila entre el pijerio absoluto y la pseudofilosofia intrascendental) decía algo así como: “Bienvenida a la era de la pérdida de la inocencia, nadie desayuna con diamantes y nadie vive romances inolvidables… Más bien desayunamos a las 7 de la mañana y tenemos líos que procuramos olvidar cuanto antes”. En su momento esa frase me gustó. Era franca. E inocente de mí, me pensé que el libro sería igual. Pues no. Señores y señoras, por mucho que nos cueste reconocerlo a los partidarios de los libros, Sexo en Nueva York es uno de esos casos en que la adaptación a la pantalla es cien veces mejor que el escrito. Qué digo cien, mil veces mejor.

Les cuento. Resulta que el libro es un compendio de artículos de Candance Bushnell, una señora que allá por la época del pantalón de campana empezó a publicar sus reflexiones sobre el amor, el sexo, la moda y la vida en la ciudad. Hasta ahí bien. Lo malo fue que en algún delirio editorial, a alguien se le ocurrió ofrecer a esta señora la posibilidad de compilar sus artículos y publicarlos juntos. Unos años después, se decidió adaptar la novela a la televisión y digo adaptar porque entre uno y otro, A PENAS hay nada en común.

Con esto quiero decirles que si ustedes, como yo, conocieron la franquicia a través de sus televisores y les gustó, lo peor que pueden hacer es acercarse a la versión impresa. Ya les digo, yo recuerdo la serie como una especie de bocaditos de media hora, ácidos y desternillantes sobre temas tan poco tratados como el sexo anal, los vibradores o la masturbación femenina, muy al estilo de los cómics de Mujeres Alteradas de Maitena. Por alguna extraña convicción esperaba que el libro fuese igual de atrevido e irónico y tal vez por eso mismo, por hacerme tantas expectativas, me encontré con que mi Sexo en Nueva York no era lo mismo que el Sexo en Nueva York de Candance Bushnell. El libro que leí no tenía nada que ver con la serie que yo había visto.

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“LAS HERMANAS BUNNER” EDITH WHARTON. Editorial Contraseña

Por ARIODANTE

LAS HERMANAS BUNNER

EDITH WHARTON

Prólogo de Soledad Puértolas

Ed. Contraseña, 2011

 

Más que una historia de amor, que lo es, también podría decirse que es una novela sobre la soledad y el paso del tiempo. No en balde la autora usa el símbolo del reloj, al principio y al final de la obra. Novela corta, excepcional –dentro de la obra whartoniana- en cuanto al tema, los personajes y el ambiente elegidos, no lo es en cuanto a la manera exquisita de tratarlos, muy acorde con obras posteriores. La autora no publicó este texto hasta 1916, junto a otros relatos bajo el título de Xingu and other stories, aunque lo tenía escrito desde 1892.

Wharton se adentra en un mundo que pocas veces va a tratar, pero lo hace maravillosamente. El Nueva York que suele presentarnos esta escritora, que amó a esta ciudad por encima de todas las demás, es el de la alta sociedad, el de Park Avenue o la Quinta Avenida, pero en este caso nos presenta un Nueva York en un nivel más bajo, más mediocre y humilde. Como muy bien destaca Soledad Puértolas en su prólogo, Wharton es una magnífica recreadora de ambientes, y a pesar de no haber vivido en éste, lo recrea de tal modo que casi podemos oler a cerrado y a mustio al entrar en la trastienda de las hermanas Bunner, de cuya mercería viven muy discretamente su soltería y virginidad, compartiendo la única cama y repartiéndose las tareas con cuidado, respetando las costumbres sociales y cumpliendo sus compromisos escrupulosamente. Pero el vacío de sus vidas es tan grande, que la más mínima variación llega a producirles vértigo. Y la variación llega con un reloj nuevo.

 

Edith Wharton, (Nueva York, 1862 -Saint-Brice-sous-Forêt, Francia, 1937.) fue autora de novelas, relatos, poemas, libros de viajes y de decoración. Recibió una educación que correspondía con el alto nivel social al que pertenecía su familia. Casada -y divorciada en 1913- con Edgard R. Wharton. Desde 1907 se estableció en Francia. Entre sus obras podemos destacar La edad de la inocencia (Premio Pulitzer en 1921), La casa de la alegría, Las costumbres nacionalesEthan Frome.

Hemos afirmado al principio que es una historia de amor, pero en realidad el amor de que nos habla no es tanto el de Evelina Bunner y el señor Ramy, ya que Evelina ve en el señor Ramy una tabla de salvación para su vida anodina y gris; sino más bien, el de Ann Eliza, la mayor de las Bunner, hacia su hermana. Por la felicidad –o lo que ella considera como tal- de su hermana está dispuesta a dejar a un lado la suya. Pero el tiempo le va a demostrar que los sacrificios son inútiles y que a veces las mejores intenciones pueden destrozar una vida. Renunciar a la propia alegría, no nos garantiza que podamos transmitir ese sentimiento a otra persona. Ann Eliza ve cómo los cimientos de su pensamiento, todas sus creencias se tambalean, así como su hermana se tambalea en la entrada de la casa.

 

Todos los personajes están pintados muy certeramente y con pocas palabras Wharton sabe hacernos entrar en la situación, sentir el candor y sentir la humillación. El tiempo ha pasado implacablemente y ya no se puede recuperar el pasado, aunque el reloj ya no esté en casa. Novela altamente recomendable para los seguidores de esta escritora, ya que nos muestra una faceta poco conocida y realmente valiosa, y también para aquellos que quieran iniciarse en la obra de Edith Wharton.

 

Ariodante

Mayo 2011

 

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“Los inquilinos de Moonbloom” de Edward Lewis Wallant

Hace varias semanas que leí Los inquilinos de Moonbloom y aun no he conseguido quitarme de encima la atmósfera que teje y envuelve una de esas historias que hacen sentirte afortunado por haber dado con ella.

Norman Moonbloom, de treinta y pico años, entra en el mercado laboral como administrador de varios edificios de su hermano mayor, no más que un eufemismo para designar su verdadero cargo, el de cobrador de alquileres de unos apartamentos que en su mayoría están faltos de urgentes mejoras.

Tras una vida dedicada al estudio, casi como quien colecciona carreras universitarias, da la bienvenida a la vida adulta dedicándose a aquello para lo que su preparación se vuelve inútil. Poca cosa físicamente y vistiendo tallas exageradamente grandes para su escuálido porte, realiza visitas diarias a un elenco de personajes sólo posibles, probablemente, en la fauna neoyorquina; protagonistas y ambientes de toda clase se suceden en un curioso peregrinar por casas extrañas. Con el único objeto de cobrar unos alquileres, no consigue dejar de mostrarse a los ojos de sus inquilinos como el tipo agradable y accesible con el que compartir tanto sus preocupaciones cotidianas como sus quejas por los desperfectos de sus destartaladas viviendas.

Sabiéndose incapaz de forjar una coraza de frialdad y desinterés hacia esas demandas, consciente de su insípida juventud y de lo monótona e insidiosa vida recaudatoria, Moonbloom, como tantos otros personajes literarios, sufrirá su peculiar metamorfosis. Henchido de energía y escudado por otros no menos peculiares individuos, dirigirá sus pasos hacia el único fin al que su existencia podía devenir: llevar a cabo pequeños actos que hagan de su mundo, del mundo, algo mejor.

Lejos de cursilerías, la novela se resuelve como una demostración heroica de altruismo que choca tanto con el agradecimiento o la apatía, como con el desdén, la incredulidad y la crítica. Y parece que todo da igual cuando esa gigantesca maquinaria del anonimato que es Nueva York borra tus huella. Para Norman Moombloom, inasequible al desaliento, no.

No pretendo ser pretencioso, ni llevo muy bien eso de reseñar con ojo crítico, pero sólo puedo decir que me ha parecido una novela magnífica, estupenda, a la que llegué por su fachada -me gusta como edita Asteroide- y que sé volveré a leer y regalar.

En un momento dado, Norman nos dice que no puede quejarse de haber vivido horror alguno, tan sólo “un lento ensancharse de la sensibilidad”. Su existencia consistirá en tratar de vivir a la altura de ese sentimiento.

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“UN PASEANTE EN NUEVA YORK” ALFRED KAZIN Editorial: Barataria

Por ARIODANTE

UN PASEANTE EN NUEVA YORK

A walker in the city, (1951)

ALFRED KAZIN

Editorial: Barataria, 2009, 183 págs.

Traducción: Juan Castilla Plaza

ISBN: 9788495764782

Libro a medio camino entre el género de memorias y la literatura de viajes, en Un paseante en Nueva York Alfred Kazin narra las andanzas de un adolescente (el propio autor) en el barrio de Bronsville, Brooklyn, Nueva York. La época recreada nos traslada a los años treinta del siglo XX, periodo de depresión económica y crisis general, especialmente en este suburbio, tan cerca, pero, a la vez, tan lejos de Manhattan. Un momento difícil en el diario vivir y convivir de familias judías, en su mayor parte, procedentes de Rusia. Poblada por emigrados de la Madre Patria rusa en manos de los bolcheviques, en la barriada de Bronsville la atmósfera está también dominada por las ideas socialistas y comunistas. Otro motivo para estimular el ávido instinto de observación y la curiosidad del joven Kazin. En las calles de alrededor, residen los italoamericanos y un poco más lejos los negros, cuando todavía no eran «afroamericanos».

Alfred Kazin, (Brooklyn, 1915-Nueva York, 1998), hijo de judíos emigrantes procedentes de Rusia, estudió en el City College de Nueva York y en la Universidad de Columbia. Su vida profesional estuvo repartida entre las clases en Harvard y Berkeley, sus numerosos artículos para diferentes revistas, como The New York Review of Books, sus libros de crítica literaria y obras autobiográficas como Un paseante en Nueva York (1951). Se le asocia al denominado New York Intellectuals, que reunió en la década de 1930 a un grupo muy activo de escritores y críticos como Edmund Wilson, Sydney Hook o James T. Farrel. Mantuvo una larga amistad con la filósofa de origen alemán Hannah Arendt.

Tras cinco años de investigación en la sala de lectura de la Biblioteca Pública de Nueva York, escribió On Native Grounds, el primer estudio serio de la literatura americana de 1890 a 1940. Otras obras de Kazin son: Starting Out in the Thirties (1965), Bright Book of Life (1973),  The Portable Blake (1976), New York Jew (1978), An American Procession (1984), A Writer’s America (1988), Writing Was Everything (1995), A Lifetime Burning in Every Moment (1996) y God and the American Writer (1997). En 1996 le concedieron el premio Truman Capote por su labor como crítico literario.

En este mundo cerrado, crece Kazin, quien desea extender la mirada y respirar más profundamente otros aires. La instrucción básica y la educación  sentimental las toma de las calles. Las aceras y calzadas, los comercios y las viviendas de los vecinos, la sinagoga y los corrillos en las esquinas, son la escuela y los maestros de la biografía personal del personaje. Todo el manantial de sensaciones y de palabras que recibe, tiene todavía que comprenderlo y asimilarlo. Necesita más tiempo y más espacio. Pero los sentidos de este cadete de la calle no pierden detalle, deseando probarlo todo, conocerlo todo.

Siente frío y calor cuando el cambio en las estaciones y en el calendario marcan los nuevos ciclos vitales, y con ellos las conductas y costumbres de la familia y el vecindario. El apetito y la curiosidad son insaciables en un muchacho que, al principio del relato, no piensa más que en perritos calientes, pasteles y sirope. Pero, pronto, a medida que va creciendo, prende en él la llama y la llamada de «la ciudad». Partiendo del «bloque», el microcosmos de Bronsville, Kazin emprende un viaje iniciático al «más allá», la gran ciudad, la Gran Manzana a la que desea hincar el diente, Manhattan, Nueva York.

En metro, en autobús, caminando, el muchacho viaja ya a diario al otro lado del río. El sueño americano del joven Kazin está en «la ciudad». El pasado debe quedar atrás. «De hecho, no es que me fuese demasiado lejos, sólo quería salir de Bronsville.» (pág. 11). Bastantes años después, el autor, ya maduro, vuelve al barrio, al bloque, por medio del recuerdo, teniendo la impresión de no haberse marchado jamás.

Narraciones nuevas, pues, que cuentan la misma vieja historia de siempre: la odisea del héroe literario, el ir y venir por el mundo, el regreso al hogar, lo cual no es otra cosa que el viaje alrededor de uno mismo. También significa, como el tejer y destejer de Penélope, el eterno retorno de la existencia.

Alfred Kazin, en bastantes momentos de la narración, logra transmitir con acierto el aroma de la nostalgia y del tiempo perdido, una emanación combinada de memoria, galletas saladas y charlotte russe, un bizcocho relleno de crema, remedo de la magdalena proustiana. Con todo, el autor de Un paseante en Nueva York no llega a consumar la destreza narrativa y la fuerza comunicativa de Henry Roth, Philip Roth o E. L. Doctorow en situaciones parejas, por citar sólo tres escritores con los que Kazin comparte background y ámbito ciudadano.

Hay que destacar la cuidada edición de Barataria, el amable formato y el tipo de letra elegido, las fotografías neoyorquinas incluidas al final, la maquetación de los capítulos con dibujos separando los capítulos, en fin, un producto estéticamente más que aceptable.

Ariodante

Noviembre 2010

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Reseña de “Roscoe, negocios de amor y guerra” William Kennedy

Reseña originalmente aparecida en:

http://erratadevideoteca.wordpress.com/2010/10/19/resena-critica-roscoe-negocios-de-amor-y-guerra/

Emprendemos de nuevo nuestra inmersión en las novedades editoriales. Me acerco por la mañana temprano a la videoteca y pico, como normalmente hago, con los nudillos en la puerta de madera (tres golpes). Se abre la puerta, sale un libro disparado y se cierra.
Las erratas no tienen el día. Pero me extraña, por lo que acerco mi oído a la puerta y escucho de qué hablan. Veo que la errata cuerda dice palabras como “entronizar”, “ilustrativo”, “magnificencia” y “estornino”. Arqueó mis cejas. En realidad quiero entrar y saber lo que sucede, pero sé que se lo podrían tomar muy mal.
Así que me giro, recojo el libro del suelo y miro la portada. Se trata de “Roscoe. Negocios de amor y guerra”. Su autor, William Kennedy. De nuevo, Libros del Asteroide se hace con uno de esos autores completamente desconocidos en nuestro país y nos pregunta otra vez: ¿Cómo nos hemos podido permitir no conocer a este autor?

Y es que Libros del Asteroide se ha ganado la confianza del público con una selección más que cuidada de títulos. Ahora nos llega este “Roscoe”, novela que se inicia como una rareza curiosa y compleja y se termina con la boca abierta por lo que el autor ha llegado a conseguir.

A lo largo de las 342 páginas que nos ocupa este volumen, Kennedy nos presentará a Roscoe, un personaje singular, uno de los dirigentes del Partido Demócrata de Albany, capital del estado de Nueva York. Se nos sitúa en esta ciudad el día del final de la Segunda Guerra Mundial, cercano a las elecciones que pueden hacer que su partido se convierta en el líder.
Roscoe es insparable de sus dos compañeros, con los cuales comparte la gerencia del partido, Patsy y Elisha. Esa misma noche, Elisha morirá en circunstancias un tanto extrañas ( por lo imprevisto de la situación ), que poco más tarde se revelarán como suicidio. Es en este momento cuando un postmortem Elisha lanzará su posterior mensaje a Roscoe, que acaba de decidir dejar el partido tras 25 años en el puesto que ocupa: los enemigos se acercan y sabrás quiénes son.
Con este inicio, Kennedy pasará a recorrer los entresijos de la política americana; nos hará pasear por los tiempos pasados de Roscoe y el partido para ver así el periodo de entreguerras, introduciéndonos en el mundo del crack del 29, de la ley seca, de las mafias; nos mostrará el mundo de la corrupción, de las peleas de gallos, de las prostitutas, del contrabando de alcohol y otras substancias y en general, de las armas del poder.

Cuando uno decide empezar a leer “Roscoe. Negocios de amor y de guerra”, se encuentra introducido en un frenético torbellino de personajes, de situaciones encadenadas unas tras otras sin pausa, de los recuerdos que Roscoe rememora y detienen la acción presente para seguir con la pasada, de temáticas diferenciadas pero unidas al mismo hilo. Y es lo que provoca una primera sensación de absoluto vértigo.
Sin embargo, ese sentimiento primerizo caótico irá descubriendo poco a poco una perfecta estructura de tono desenfadado pero a la vez, casi clásico: es lo que hace de la obra algo singular.
Con semejante y veloz trama, lo primero que uno piensa es la imposibilidad de abarcar un entramado tan complejo en una misma historia sin conseguir en el lector la absoluta confusión o el posible tedio surgida de una incómoda necesidad de adaptación al estilo y al ritmo. Sin embargo, todo esfuerzo se verá recompensado en el momento que uno adquiere dicho ritmo y es tal vez este momento una de las grandes satisfacciones de su lectura. Pues es a partir de ahí que encontraremos y podremos valorar en Roscoe los miles de detalles precisos y minúsculos que se detallan en cada una de sus páginas, los diálogos sorprendentemente frescos y realistas consecuencia de uno de sus mayores logros: la construcción al mínimo detalle y a la perfección de unos personajes genuinos y perfectamente construidos.
Y es que Kennedy consigue con la paciencia del lector, que éste vaya encontrándose en un in crescendo de disfrute. Y no esperemos encontrarnos con un gran clímax final. El clímax es de presencia continua una vez adquirida dicha capacidad de adaptación y logra una introducción a un mundo tan real que incluso el autor debe introducir un postfacio alegando que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Kennedy es, por lo tanto, ese personaje único que frota la lámpara en las “Mil y una noches” y saca al genio enfadado que le concede un turbio deseo: el genio de Roscoe, antihéroe embustero que se gana con palabrería -como hace con el lector- a cualquier hombre y que nos concede, sea con gana o a desgana, la visión en primera persona de las triquiñuelas de la política.
En realidad, la obra está cargada de esos antihéroes a los que tanto nos gusta aferrarnos. Y en esta situación rodeada de ganadores ambiciosos y perdedores igualmente ambiciosos, podemos ver en Roscoe al menos malo de los malos: es el mediador de cualquier disputa, el dictador de la útlima palabra, el apaciguador y negociador. Y por eso se nos muestra como el perfecto personaje al que acompañar en las peripecias pasadas y presentes del partido y de todos sus componentes. Así, la narración utiliza a un narrador externo que se sitúa en el hombro de Roscoe, dejando entrar en el texto algún que otro pensamiento del personaje para acercarlo más al autor – o para liar todavía más la narración-.

A partir de estos parámetros, Kennedy habla en su libro de la fragilidad de la verdad en el mundo de la política, como Roscoe dice: todo hombre que busca poder por medio de la verdad o bien es un necio o bien un perdedor. Pero esta verdad principal en la obra se extrapola al lector medio para descubrirnos que en realidad no vivimos más que una enorme farsa, repleta de verdades falsas. Un teatro de marionetas descontrolado y vertiginoso. Pero, en realidad, ¿no es la creación literaria la farsa más grande y real que existe? A esto juega cualquier autor, a las verdades de las mentiras. Y Kennedy se revela como un perfecto embustero.

Roscoe no sabe distinguir su vida real con su vida profesional. La política está presente en cada una de sus acciones, como lo fue con su padre, el cual decidió vivir entre semana en un hotel de la ciudad y pasar los fines de semana con su família.
Por lo tanto, Kennedy trata la política como motor de la acción, pero también como ilustrador de todos y cada uno de los detalles de la vida en la actualidad. Así pues, cualquiera en busca de poder, sea político, sea estudiante, lo alcanzará de forma más rápida a través del engaño. O del autoengaño.
Roscoe ha vivido una vida de autoengaño, casándose con la hermana de la mujer a la que realmente ama (casada, a su vez, con Elisha, el suicida). De esta forma, se humaniza a Roscoe y lo convierte en una especie de Charles Foster Kane: entregado a sus miles de responsabilidades e incapaz de hacer frente a su vida personal. Pero a diferencia de la obra maestra de Welles, Kennedy se inclina por la desmesura (controlada, eso sí) y decide presentarnos a tres posibles Kane(s).

Cada uno de ellos tiene que lidiar sus cargas profesionales con sus vidas personales, por lo que o bien deciden entregarse a una de ellas por completo e ignorar la otra o integran en una misma vida ambas opciones creando la incapacidad de conseguir la plenitud.
Así es como Kennedy nos presenta una sociedad actual que ha perdido cualquier valor: la verdad y el honor no es algo que se persiga, es un medio con el que jugar y hacer trampas para conseguir lo querido.
La ambición está presente en cada una de las mentalidades y, por ello, la incapacidad de acercarnos a una realidad plana y simple. Los personajes de Kennedy se hacen eco de la política para representar los grandes males de la sociedad, pero sin ningún tipo de moralina, por supuesto: con desenfado, rapidez y un encanto algo maligno.

Y es que en definitiva, la capacidad y el aplomo de Kennedy presente en su escritura, nos recuerda a un Robertson Davies corrupto y desfasado, más cercano a nuestras épocas de ritmos acelerados. De momento, por supuesto, nadie ha llegado a adquirir el talante magestuoso, íntegro y de sabiduría total del (nuestro -de las erratas y mío- adorado y venerado) Robertson Davies. Pero eso sí, nos alegra, en definitiva, poder decir que ha sido una de las sorpresas de la temporada.

http://erratadevideoteca.wordpress.com/

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“Staten island” de Arthur Neresian

Reseña cedida por:

http://erratadevideoteca.wordpress.com/2010/09/22/staten-island-arthur-nersesian/

Las erratas vienen a buscarme, completamente atacadas. Me agarran de los dobladillos y me estiran hacia la videoteca. Me muestran las torres de libros que han traído, pues las novedades de septiembre son abundantes. Me siento como un niño en “la vuelta al cole”, me embriaga una sensación mezcla de placer y bochorno ante la inmensidad de títulos. Sin embargo, me centro, freno sus emociones histéricas y les digo que, siendo responsable, debería leer el título que me ofrecieron ayer antes de pasar con todas las novedades.
Se miran entre ellas. Miran la torre de libros. La errata loca suelta: “Sí que estuviste en Marienbad”. La errata serena me acerca su apuesta anterior con cara antipática.
La cojo entre mis manos. Me la vende relacionándola con títulos de Flann O’Brien y J.G. Ballard (mis ojos como platos, por supuesto). Su título: “Staten Island”. Su autor: Arthur Nersesian. Me dispongo a leer.

“Staten Island” nos transporta a un viaje completamente alucinado por la política (imaginada) de los 80 americanos. La acción transcurre en un Nueva York reconstruido en el desierto de Nevada. Estas reconstrucciones habían sido utilizadas como bases de combate para adiestrar al ejército americano y, en concreto, para las pruebas nucleares con misiles. En esta especie de parque temático oscuro han refugiado a los habitantes del Nueva York original tras que éste haya sufrido un ataque terrorista y quedado completamente inhabitable.
A este Nueva York-Ciudad Refugio será enviado Uli con una misión especial. El problema es que éste sufre una amnesia total, no recordando ni de dónde vienen las órdenes ni de absolutamente nada de su vida anterior. Tan sólo recuerda su objetivo: matar a un tal Dropt.

Así empieza una historia completamente psicotrópica que recorre los diferentes estratos de la sociedad americana desde una absoluta exageración. Pues el viaje de Uli no es más que la introducción a la sociología y política americanas desde su visión más esquizofrénica. Nersesian se sirve de dicha exageración para realizar un basto ejercicio de visualización global, exponiendo a todos sus personajes a un paisaje urbano completamente cerrado. Las diferentes descripciones de la “ciudad de cartón” de las que se sirve el autor ayudan a recrear este mundo apocalíptico y claustrofóbico, apoyando a la acción y convierte los extremos en algo completamente real.

La primera parte de la novela es la que recoge más descripciones y ambienta y sitúa al lector en el estilo que se irá desarrollando a lo largo de la historia. Es aquí donde encontraremos más influencias de otros grandes del género de la ciencia ficción, pero ante todo de J.G.Ballard. Y es que tanto el desarrollo inicial del personaje masculino y, en concreto, su relación con el femenino (Mallory) algo excéntricas, junto con los detalles que provocan que la realidad se desfigure recuerdan a esa primera etapa del autor de “Crash”, en concreto los cuatro libros que tratan la temática apocalíptica. Tal vez “La sequía” sea el que más se acerque a este “Staten Island”, con el continuo viaje y las descripciones de clanes.
Por otro lado, nos encontramos con las referencias políticas que nos acercan al clásico de Orwell 1984”. Pues la temática política será otro de los grandes fuertes de la novela, donde los Puteros y los Cagaos (trasuntos de los republicanos y los demócratas reales), los dos partidos políticos que forman las casi únicas opciones de elección en “democracia” de la Ciudad Refugio, luchan por el poder a sangre fría. El personaje se encontrará en medio de continuos encontronazos entre ambos partidos que le llevarán a enfrentarse a toda la sociedad a la que se ha unido para, finalmente, descubrir que su único objetivo es el de escapar de una realidad que le supera.

Siendo Uli el personaje principal de la novela, éste se nos presenta como el nexo de unión de las diferentes historias que se suceden. Pero nada más. Y este tal vez sea el defecto de la novela: que una vez pasada la introducción el lector se plantea la necesidad de su protagonismo, ante todo, en el momento en que el lector empieza a entrever que en realidad el papel de dicho protagonista durante el viaje no sea de vital importa.
El hecho de que sufra de amnesia disculpa su falta de personalidad, sin embargo, tampoco adquiere durante la historia ningún tipo de comportamiento determinado. Es completamente llano, únicamente moviéndose por Mallory (y no en exceso) y la (vaga) idea de escapar de la Ciudad-Refugio.
Es interesante descubrir, en referencia al trato que se le da al personaje principal, algunos puntos de unión con la novela “El tutú”, pues tanto en la obra de Pricesa Safo como en la de Nersesian, los autores se sirven de este personaje central para recorrer los recovecos más intrinsecos y oscuros de una ciudad (como macro de una determinada mente humana), sea el París de principios de siglo, sea el pseudo Nueva York de los 80. Pero ante todo, en ambas obras nos encontramos con protagonistas que sufren algún tipo de amnesia. Así pues, como sucedía con el Mauri de Princesa Safo, Uli vive sin pasado ni futuro, decidiendo su recorrido dejándose llevar por su destino o por donde la gente y las situaciones vividas le lleven.
Pero mientras que el protagonista de “El tutú” se mueve por unos determinados (y muy cuestionables) principios, que lo convierten en un completo y perfecto antihéroe, en esta “Staten Island” nos encontramos con una personalidad mucho más vaga y simple, casi dudando de las propias intenciones que le sirven de motor.
El porqué del fallo se encuentra en la intención global de la novela, ya que si en “El tutú” el objetivo es describir la degeneración de una sociedad cada vez más amoral -implícita en su personaje-, en “Staten Island” este objetivo es mucho más ambicioso (el nombrado estudio social y político). Y, aun así, el resultado final es envidiable: una original y lúcida descripción de los errores de la política y de los peores recovecos de las relaciones sociales.

Pero este resultado se consigue como consecuencia de haber perdido la fuerza que parece recaer en el papel de Uli. En consecuencia, podremos observar la exaltación de los personajes secundarios, pues finalmente el peso completo de la obra recaerá en ellos. Es a partir de todos éstos (y son un gran número) que Nersesian podrá realizar su estudio. Podrá analizar las diferentes actitudes de la condición humana bajo situaciones extremas. Podrá, mediante estos, reflexionar acerca del terrorismo, primer motor de la acción (el terrorismo que destruye el Nueva York original, pero que la Ciudad Refugio adquiere para sabotear las elecciones políticas que se realizan semanalmente). Para reflexionar acerca de la posibilidad de libertad y de democracia. Acerca de la cultura (a través del absurdo encontronazo de Uli con Andy Warhol y la chocante escena del vómito sobre Allen Ginsberg). Y también acerca de la religión (personalmente el pasaje más interesante y también surrealista de la novela es el que hace referencia a la Liga Verde, seguidores del estilo de vida de los indios, que viven en el Staten Island que da nombre a la novela y que tienen como guía espiritual a un inquietante personaje llamado en ocasiones Wovoka y en otras Jackie Wilson).
A través de los ojos de estos personajes secundarios encontraremos la esencia del libro, haciendo que su trama se divida en diferentes episodios enmarcados por el grupo al que Uli se va uniendo.

En definitiva, “Staten Island” no deja de ser una “Alicia en el país de las maravillas”: Uli resulta ser la misma Alicia que se pasea como observadora total de las situaciones que se van sucediendo a lo largo de su recorrido.
Lo que le pasa a Uli es que tanto la política como la sociedad le han hecho perder la inocencia desde la que Alicia observa, han corrompido su condición. Pues Uli inicia su historia desde la edad adulta, desde la muerte de la juventud a causa de su imposibilidad de recordarla. Y, como consecuencia, su viaje se transformará en una pesadilla mucho más lúcida, extrema y desquiciante que la propia realidad. Y por eso mismo, Uli emprende el camino de Alicia del revés (y atención al spoiler): Finalizando con la vuelta a casa a través de un agujero que recuerda el que inicia el viaje de la joven. Una vuelta al recuerdo que lanza la pregunta de qué habrá al otro lado del espejo.

http://erratadevideoteca.wordpress.com/

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