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“Memorias” Erwin Rommel
Como bien indica su título original, “The Rommel papers“, estas no son unas memorias al uso. Es una recopilación de los escritos que dejó el famoso mariscal y que no se perdieron o se destruyeron tras su muerte, y que incluye fragmentos de su diario, correspondencia con su mujer e hijo y partes de un libro que pensaba publicar después de la guerra, donde narraba sus experiencias, así como informes y conversaciones transcritas con otros oficiales.
Como hay épocas de su vida en campaña de las que apenas dejó testimonio, se incluyen también aportaciones de su hijo Manfred - que fuera después alcalde de Stuttgart ( 194-96 ) – y del general Fritz Bayerlein, que combatió junto a su padre. Todo ello recopilado y con introducción y notas, de Liddell Hart, uno de los militares británicos más adelantados a su tiempo.
Rommel, que ya escribiera unas memorias de gran prestigio sobre su experiencia en la I guerra mundial, tituladas “La infantería ataca”, que fueron un gran éxito de ventas, en la que sirvió como teniente de dicho cuerpo llevando a cabo unas hazañas casi inverosímiles, fue uno de los escasos militares a los que el término “genio” no le viene grande. Y este extraordinario libro, antítesis de tantas arrogantes autobiografías a cargo de otros militares alemanes, es una gran muestra de ello.
Sus proezas al frente de una división “panzer” en la ocupación de Bélgica y Francia y más tarde como jefe del “Áfrika corps” en Libia y Egipto, le han reservado un lugar en la historia. Su manejo agresivo pero no temerario, audaz hasta lo impensable, rompiendo el frente enemigo y avanzando profundamente por su retaguardia ( algo que aprendieron más tarde los rusos ). Llama además la atención que casi siempre estaba escaso de efectivos y siempre se enfrentó a ejércitos superiores en número ( en áfrica el tenía un par de divisiones y unas tropas italianas mal equipadas, mientras que a la vez los nazis invadían Rusia con más de 200 divisiones y más de 3 millones de soldados ).
También destaca que salvo la fracasada defensa de Normandía, sus bajas fueron relativamente pocas. El primer año y medio en África “sólo” murieron 5700 alemanes. Algo así serían las cifras diarias en Rusia, y la mayor parte de sus derrotas ( salvo el ataque a Tobruk en 1941, ciudad que ocupó al año siguiente, o el suicida contraataque a Montgomery en Medenine ) no se debieron a su mando sino a circunstancias ajenas a él.
Como aquí repite continuamente, siempre andaba corto de suministros y las injerencias sobre sus decisiones a cargo de Hitler, Goering o los italianos, pueden calificarse de decisivamente catastróficas. ¿Qué hubiera pasado si Rommel hubiese tenido los no muy abundantes refuerzos que pedía y libertad total? Es muy posible que los alemanes hubiesen llegado hasta la actual Irán y la guerra hubiese acabado de otra forma. Pero también es posible que el final hubiera sido el mismo, simplemente hubiera servido para alargar la contienda y Europa hubiese quedado mucho más devastada.
Este libro tiene una gran importancia histórica y la prosa de Rommel desprende un enorme vigor. Su ritmo es tan trepidante que un parece casi sentir los tanques germanos avanzar a toda velocidad por el desierto, sembrando el caos y la confusión o retirándose magistralmente acosados por los bombardeos en vuelo rasante. Un militar muy inteligente con un gran sentido común en la estrategia. Suerte que el carismático Hitler nunca cediese a las exigencias del “zorro del desierto”. El destino del mundo podría haber sido otro.
Rommel creía que tenía que ser un ejemplo para sus hombres y lo vemos continuamente en primera línea: dirigiendo personalmente el fuego de un cañón, sobrevolando el campo de batalla, cuerpo a tierra en un bombardeo inglés. Eso me hace pensar que uno de los factores de sus éxitos, fue también la suerte, aunque sin olvidar su gran sangre fría. Es una cruel ironía que se muerte se debiese a un “suicidio” ordenado por Hitler, que lo tachaba de traidor – éste estaba convencido que el mariscal fue uno de los conspiradores del fallido atentado contra su persona del 20-7-1944 ( recreado no hace muchopor el film “valkiria” ). Algo que,posiblemente, fuera falso. No así el que convencido de que la guerra se había perdido, entablase la guerra por su cuenta y riesgo, junto con Von Kluge – otro “suicida”, que intentaron mantener conversaciones de paz con los angloamericanos, con la ingenua esperanza de luchar contra las “hordas rusas” que arrasaban europa oriental, una “hordas” que igual se hubieran estado quietas si no las hubiesen invadido y masacrado sin contemplaciones.
Y este es uno de los puntos ambiguos de Rommel, y que este libro, ni ninguno, aclaran del todo. ¿Cómo pudo él, que jamás cometió una atrocidad, defender el régimen de Hitler?En el discutible libro “La guerra que había que ganar” de Williamson Murray y Allan R. Millet, lo tachan de nazi ferviente. Un comentario muy a la ligera y nada creible. ¿Por qué ? Rommel siempre trató bien a los prisioneros, nunca ejecutó, al contrario que rantos de sus colegas, a ninguno de sus hombres y nunca represalió a los civiles, pues lo juzgaba cruel e innecesario. Lo más cerca que estuvo fue actuar contra los árabes que saqueaban y desnudaban los cadáveres de los ingleses. De sus enemigos. Y no pudo hacerlo al estar en retirada. Siempre se llevó mal con las SS y con los mandos nazis de la Lutwaffe, no quería que su hijo se enrolara en éstas y se negó a que éste acabase enrolándose. ¿Cómo entonces fue complice de un régimen al que acabó rechazando? En su estimable pero demasiado benévolo, blando libro sobre el mariscal, David Fraser habla de su ingenuidad política. Pero aqui su hijo afirma que su padre sí era consciente de las matanzas que tenían lugar en el Este y de las que abominaba. Otros hablan de su juramento de obediencia como soldado y de su mentalidad de vieja escuela al respecto, juramento que acabó saltándoselo cuendo perdían la guerra. Yo pregunto: ¿En los años de paz de la dictadura y en los años de victorias, qué pensaba de la persecución a judíos, comunistas y disidentes?¿ y del programa de exterminio de discapacitados que no era ningún secreto?¿No es inquietante que una buena persona como él, leal, inteligente, independiente, fuera aliado de los nazis? ¿De verdad no sabía nada, nada?¿O no fue como nos lo quieren pintar, lo que tambien parece imposible?Para mi Rommel es, en este sentido, un enigma como el famoso vuelo de Rudolph Hess a Escocia. Y todos esos libros que hablan de él, por buenos que sean, incluido este excelente trabajo, no parecen dar la visión completa del hombre. Falta algo, lo más peliagudo. Y los que lo atacan también parecen omitir cosas importantes y las teorías de unos chocan con las de otros.
Estamos hablando de un hombre singular al que sus enemigos respetaron y admiraron, tanto que tuvo su propia película en los años 50′ con el soberbio James Mason encarnando al vencedor de tantas batallas, una excepción en la norma de denigrarlos, casi siempre con razón.
Sea como sea, es una suerte que hitler no hiciera caso a sus planes.
Share“SÉNECA EN AUSCHWITZ. LA ESCRITURA CULPABLE” RAÚL FERNÁNDEZ VÍTORES
Por ARIODANTE
SÉNECA EN AUSCHWITZ. LA ESCRITURA CULPABLE
RAÚL FERNÁNDEZ VÍTORES
Páginas de Espuma,
Colección Voces / Ensayo
Madrid, 2010,
107 páginas.
ISBN: 978-84-8393-070-0
Raúl Fernández Vítores (Madrid, 1962), escritor y profesor de Filosofía en la Enseñanza Secundaria, ha publicado recientemente un breve ensayo muy impactante y de gran calado. Como paso previo al propio comentario del libro, justo sería abundar en la ya indicada condición profesional del autor. Decimos esto porque, dado el estado actual de la Enseñanza universitaria en España, buena parte de los ensayos que, en estos últimos tiempos, tienen originalidad e interés —también, algo que decir—, proviene de autores que deben trabajar en unas condiciones verdaderamente heroicas, una circunstancia ésta no siempre reconocida como sería menester. En la Universidad acaso ocurra que la vigilancia del escalafón y la preocupación por el currículo profesional eclipsa —o al menos inhibe— la verdadera «aventura filosófica» y el riesgo intelectual. En este volumen encontramos, sin duda, ambos atributos.
Tampoco referimos esta circunstancia por casualidad. Fernández Vítores ya ha escrito un libro anterior, Sólo control: panfleto contra la escuela (2002), donde pone en evidencia, y en cuestión, el sistema educativo, en general, y el español, en particular. Señalando allí mismo las causas de las múltiples deficiencias que presenta la escuela, cuando no su neta decadencia. Es autor, asimismo, y entre otros títulos, de Teoría de residuo (1997) y Los espacios bárbaros (2008).
Séneca en Auschwitz supone para el lector un breve, pero intenso viaje hacia el Horror. Y el Horror con mayúsculas tiene un nombre propio: el Holocausto (asimismo, en mayúsculas). Como montándose en uno de los vagones de la destrucción y la muerte en dirección a Auschwitz, o Dachau, o Treblinka…, al lector que abre la primera página del ensayo le espera un trayecto poco confortable hacia ninguna parte, porque al final le espera la Nada. Tras Auschwitz ya no hay posibilidad de esperanza, ni de reparación. De igual forma que el Macbeth de Shakespeare mató el sueño al matar a Duncan, la Humanidad se ha suicidado al consumar el mayor de los delitos jamás conocido: la aniquilación en masa del judío. Una aniquilación fría, calculada, racional, profesional, laboriosa, implacable. Al cortarse uno de sus miembros, la especie humana no ha logrado acabar con la rabia, su rabia. Se ha cortado, sin más, cualquier vía de salida.
Desde el Holocausto, ya nada es posible. Porque la Nada se ha adueñado del mundo, destruyendo su sentido y fin, si es que los ha tenido alguna vez. El Holocausto representa el Pecado Original del Hombre. Pero, en esta ocasión, no hay expiación posible. Tal es la profundidad de la herida: «la herida queda abierta» (pág. 96. Últimas palabras del texto testamento). Incluso cuando se condena el Crimen, cuando se incrimina, no queda uno exculpado de Nada. Tras el Holocausto, toda escritura es culpable. Ha triunfado la «Tanatopolítica». Después de todo, sólo queda la Muerte.
El ensayo —una lucha intelectual sin cuartel, aunque nos conduzca al Campo— no da tregua. Escrito de corrido, sin pausas, ni punto y aparte, sin salida. La salida es el Final: «La visión de lo acontecido nos hace balbucir e inevitablemente trastorna la literatura. Asfixiante como, ¡otro símil lamentable!, esta escritura que impide el resuello, sin pausas, que no da espacio, sin puntos aparte, que marea y casi ahoga e impide la intelección del abominable hecho, reduciendo al modo sectario la cantidad de oxígeno que el corazón bombea al cerebro.» (pág. 75)
Ensayo afilado como un sable, frío como el acero, Séneca en Auschwitz representa un trabajo, no obstante, necesario. Aunque, eso sí, no apto para espíritus pusilánimes ni sentimentales.
Febrero 2011
Share“Cruz sin amor” de Heinrich Böll
No niego que Heinrich Böll sea uno de mis autores favorito. Lo conocí con esta obra, del año 1947, aunque no se editó hasta 2002, y en España hasta el 2004. Böll no permite que tras una tragedia de la tales dimensiones como fue el tercer reich y la segunda guerra mundial, nadie pretenda hacer borrón y cuenta nueva, como si apenas hubiera ocurrido nada, no permite la aparición de héroes que presuntamente escondieran judíos en sus cocinas. Ni que cuando se les pregunte por su relación durante la guerra con Adolf respondan con fingida sorpresa: Adolf, ¿qué Adolf? – este es un chiste de la película “uno, dos, tres” de Billy Wilder-. Lo hecho hecho está y ahi que asumirlo. En este sentido “opiniones de un payaso“, es impresionante.
Esta es una historia bélica, de retaguardia y de trinchera, de dos hermanos, uno religioso que pronto ve que dios se ha ido de vacaciones por un tiempo, el otro cree en el dios patria, la regente quién la regente, hasta que sufre en sus carnes menos misericordia aún. Ese dios nunca se va de vacaciones.
Böll era el pepito grillo de la alemania post nacionalsocialista.
Le dieron el premio nobel de literatura en 1972. Eran otros tiempos.
El libro está descatalogado, editorial Littera.

“Mengele” Gerald L. Posner y John Ware
Josef Mengele pasará, tristemente, a la historia como el más famoso de los médicos del nazismo, “médicos” que traicionaron todos los más elementales principios de la medicina, en nombre de una supuesta y enfermiza ciencia y en favor de su ridícula creencia en la superioridad de la raza aria. Estos salvajes con bata blanca hicieron todo tipo de experimentos con gitanos, judíos o prisioneros de guerra ( sobre todo rusos ). Experimentos que fueron pura y llanamente torturas de lo más variopintas y terribles, como sumergir a una persona en agua helada para comprobar cuánto podía aguantar hasta morir o coser las cabezas de gemelos la una a la otra, entre otras muchísimas atrocidades.
En todas ellas, los verdugos trataron a las cobayas-víctimas con sadismo o indiferencia, y Mengele, como médico de Auschwitz, el peor campo de exterminio, ha quedado como el peor de todos, algo discutible, pues todos cometieron crímenes similares, como el del dr. Aribert Heim – conocido como el Dr. muerte -, del campo de trabajo de Mauthausen, donde se torturó y mató a miles de republicanos españoles.
Este libro es una biografía del hombre que se hizo famoso por su sobrenombre “ángel de la muerte”, que logró escapar de los aliados y que encontró la muerte en 1977, ahogado en una playa de Brasil.
Sobre Mengele han corrido todo tipo de rumores exagerados y leyendas fantasiosas entre las que no falta la que afirma, sin ningún fundamento de peso, que Mengele no era el muerto de esa playa, y que siguió vivo y coleando muchos años…como demasiados de sus cobardes colegas que tanto ayudaron a las dictaduras sudamericanas.
Las leyendas más numerosas presentan a presentan a Mengele como un supervillano, un James Bond en negativo, que burló y llegó a asesinar a los agentes del Mossad israelí que intentaban darle caza en unas tramas de lo más delirantes. El que escribe llegó a leer alguno de esos involuntarios folletines “pulp” que no tenían ningún rigor y poco o nada tenían que ver con la realidad,pero que lo cierto era qie, dentro de los malo que era, resultaba trepidante, imaginativo y hasta divertido.
Esas historias son desmentidas por Posner y Ware, que facturan un libro creible que cuenta, más o menos, lo que realmente ocurrió, pero lo hace de una manera harto sosa, aburrida, rutinaria, sin mucha chispa y con algún toque sionista de lo más discutible, y lo que es peor, pasa por encima de las cosas con cierta superficialidad.
Uno no llega a conocer a Mengele del todo. El episodio dedicado a la segunda guerra mundial y a Auschwitz es decepcionante por su brevedad y la obra se centra en los años que pasó escondido sin llegar a ser nunca atrapado.
Es un trabajo que contiene bastante información sobre todo en lo que concierne a los nazis de la pstguerra en sudamérica, pero nunca pasa de una mediana corrección y no destaca entre la avalancha de libros de la segunda guerra mundial que nos invade. Uno más
Share“La batalla del atlántico” Andrew Williams
La batalla del atlántico de la II Guerra Mundial tuvo lugar, como su predecesora de la primera, desde los primeros días de dicha guerra ( 1939 ) hasta los últimos días del conflicto en Europa ( Mayo 1945 ), si bien se iba resolviendo a favor de los aliados, a partir de Mayo-Junio 1943, merced a la inmensa superioridad aliada numérica y tecnológica.
La inmensa y desproporcionada batalla que emprendieron los submarinos alemanes, los famosos y temibles “U-boat” para desbaratar las rutas de aprovisionamiento marítimas que iban de EEUU y Canadá al Reino Unido, fue uno de los momentos clave de la contienda y la definitiva victoria anglosajona fue, junto a la de Stalingrado en el frente oriental y la de El Alamein en Egipto, la que hizo que la iniciativa pasase de alemanes a aliados y determinase el rumbo de los acontecimientos.
Una guerra que en alta mar fue también favorable a los nazis durante largo tiempo. Sin ir más lejos, es impresionante el número de mercantes que hundieron en otoño del 42 y en los primeros momentos de la primavera del 43, algo que retrata más que bien este notable libro.
Entre los abundantes trabajos sobre el tema, el libro de Williams destaca gracias a su sabia mezcla de crónica de sucesos históricos y testimonios de veteranos de ambos bandos. Desde la famosa hazaña del “U-47″ en Scapa Flow hasta los últimos y delirantes días de la guerra. Mientras los rusos ocupaban Berlín, varios sumergibles alemanes seguían librando una absurda y surrealista lucha en los oceanos.
Siendo rigurosos, la mal llamada Batalla del atlántico, trascendió esta barrera geográfica para extenderse a otros lugares del globo ( el índico, el Mar de Barents…incluso en el atlántico sur, lejos de los principales escenarios del norte ) y eso es lo que se echa en falta en este potente pero no completo libro. Historias de dichos lugares. Esto, y que a partir de la primavera del 43 ya da poca información sobre los últimos años de la batalla, cuando dejó de ser relevante, algo con lo que coincide con no pocos libros dedicados al mismo tema, como en la autobiografía “10 años y 20 días” de Dönitz.
El jefe de los submarinos alemanes que durante varios días, tras el suicidio de Hitler, ejerció de sucesor de éste, apenas habla de esos desastrosos años. No es extraño, Dönitz, fanático donde los haya, mandó a sus hombres al fondo marino, inutilmente en continuas misiones suicidas. Desperdició estupidamente a sus hombres y a sus máquinas en un empeño ciego ajeno a la realidad.
El notable libro de Williams, productor de la BBC, cuenta con impactantes fotografías, su estilo es tan ameno como riguroso, hay no pocos episodios memorables ( los “U-boat” haciendo una escabechina frente a las costas norteamericanas durante los primeros meses de 1942 ), no carga las tintas con innecesarios toques épicos o patrioteros y ofrece mucha información, útil para cualquiera interesado en este machacón pero absorbente tema.
Share“El informe de Brodeck” de Philippe Claudel
Me ha sido encomendada la tarea de hacer un informe sobre el informe de Brodeck. Debo hacerlo aunque intuyo que no le haré justicia.
Los seres humanos venimos a hacer más o menos lo que los animales. Llevamos una vida lo más plácida posible, hasta que algo nos molesta, lo que nos lleva a actuar violentamente. Solucionado el problema, somos pacíficos como si siempre lo hubiéramos sido. Lo que nos diferencia son los remordimientos. Necesitamos hacer a alguien depositario de nuestras acciones, confesarnos, aligerar nuestro peso, atormentar al recipiente de nuestras miserias. Este es Brodeck
Brodeck sabe que ser inocente entre culpables, equivale a ser culpable entre inocentes. Sabe que en este mundo tener la razón es algo que se paga muy caro, que nadie soporta la verdad arrojada a la cara, la cruda verdad. Si alguien nos recuerda nuestro mal proceder, es como una piedra en el zapato, piedra de la que deshacerse rápidamente. El miedo nos atenaza, por miedo a los demás somos capaces de hacer casi cualquier cosa; miedo a que no se nos tome en serio, a no estar a la altura,a nuestros superiores…también a los de abajo.
Tras la guerra- la segunda guerra mundial, aunque esto no es citado en ningún momento-, un desconocido proveniente de otro país se presenta en un pueblo – se supone que de Alemania, pero esto tampoco es citado- para quedarse durante un tiempo. ¿Cuánto? Nadie lo sabe. El ejercito nazi ocupó el pueblo– tampoco los cita- y los lugareños primero con miedo, luego ya incluso diríase con entusiasmo colaboran con los ocupantes. Grandes barbaridades son efectuadas bajo la ocupación. Tras la marcha de estos, todo debería volver a la “normalidad” y todo debe ser olvidado, pero ese extranjero, les recuerda una y otra vez su bajeza. Los lugareños acuerdan eliminarlo y debe ser Brodeck, que estuvo en un campo de concentración, arrojado al fuego como sacrificio a los nazis por parte de los civilizados pobladores del lugar, quién redacte el informe que acto seguido de acabarlo deberá ser olvidado por todos. Confesar para olvidar.
Claudel nos relata una historia de violencia, violencia en los campos de concentración, violencia fuera de los campos incluso en tiempos de paz, la misma que durante toda la historia de la humanidad. La diferencia estriba en la brutal y perfecta planificación de la misma. Que no haga referencia ni el lugar en el que pasa todo, ni cite países, ideologías, ni nada de nada, es un gran acierto del autor. La violencia no es etiquetada. Siempre etiquetamos las cosas para deshacernos de toda culpabilidad. Además siempre con una etiqueta lejana, que no nos haga referencia
El informe Brodeck es una gran novela, que mientras la leía me iba recordando la Suite francesa de Nemirovsky.
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“Precisamente yo” de Erika Mann
Título original: Blitze überm Ozean
Traducción: Cristina García Ohlrich
Postfacio: Irmela von der Lühe y Uwe Naumann
Editorial: Minúscula
Año Edición: 2002
ISBN: 84-95587-11-4
Págs.: 190
Género: ensayo autobiográfico
Por ARIODANTE
Erika Mann (Munich, 1905-Zurich, 1969), actriz, escritora, periodista, conferenciante, viajera y aficionada al automovilismo, la hija mayor del escritor Thomas Mann fue una mujer polifacética rebosante de ideas e inquietudes. No implicada por su deseo en la política, se vio involucrada necesariamente por la situación de Alemania con el ascenso al poder del nazismo. Tras una adolescencia y juventud muy alocada, consentida por sus padres, con un ambiente intelectual de primer orden y acostumbrada a alternar con personajes literarios y artísticos en las tertulias de la mansión familiar, en 1933 fundó un cabaret, Peppermill (El molinillo de la Pimienta), con un pequeño grupo de colaboradores, entre los que se encontraba su hermano Klaus, compañero de intereses y actividades desde su infancia. Realizaron una gira por Suiza, Holanda, Checoslovaquia, Bélgica y Luxemburgo. Utilizaban canciones, sketches, cuentos de Grimm, y textos de su hermano Klaus en su repertorio, con un marcado carácter antifascista. El escritor austriaco Joseph Roth escribió a Erika tras asistir a una función de El molinillo de la Pimienta en Amsterdam: “Hacen ustedes diez veces más contra la barbarie que todos los escritores juntos”.
Erika no llegó a terminar más que un esbozo de autobiografía. El libro que nos ocupa, Precisamente yo, es una selección de textos literarios y periodísticos en los que habla de sí misma y de la situación política que vivió en Europa, en Alemania, en España, sus actividades como actriz, periodista, su implicación política a pesar de ser contraria a sus intereses. Aunque algunos de los textos, a través de los años hayan podido quedar un poco desfasados, su idea central sigue vigente: “Un mundo, un único mundo lo bastante grande para ofrecer espacio para todos, pero no para todo. ¿Y para qué no? La palabra resulta plana, y preferiríamos evitarla. Es inevitable. Lo que está detrás de ella ha envuelto el mundo en humo y llamas y ha de ser proscrito, de acuerdo con las normas de un nuevo mundo. Se llama ¡nacionalismo!”
“El mensaje que quería transmitir fue siempre un llamamiento directo y sin embozos a la solidaridad humana contra las inhumanas fuerzas de la oscuridad y la destrucción- nos dice al comienzo-Esto es lo que he querido expresar en mis escritos y conferencias, en mis libros y artículos, en mis cuentos para niños y en mis discursos por la radio.”
En los veinte textos seleccionados, Erika nos habla en primer lugar de su vida, en el esbozo autobiográfico que llama Precisamente yo y que da título a la edición española (el título alemán del libro podría traducirse como Rayos sobre el océano) y cómo pasó de estar interesada en el teatro y en viajar y en múltiples actividades, acabó ocupándose de aquello con lo que no contaba: la política. No pudo evitarlo. No podía soportar cómo el nazismo pisoteaba a su país, no podía permanecer al margen y no entendía cómo tanta gente no sólo no se daba cuenta de lo que se estaba gestando, sino que no concedía importancia o no quería verlo. Tomó sobre sí la tarea de publicitar lo que ocurría y lo que iba a ocurrir, como una nueva Casandra. Lo que le supuso, por lo pronto, el exilio, luego un largo vagar por países y ciudades tratando de explicar sus ideas y de colaborar en la lucha contra el mal, contra la negra sombra que se extendía por Europa bajo la cruz gamada.
En sus textos predomina lo concreto, a veces pura anécdota, con lo que va construyendo lo que considera fundamental. No le importaba tanto ser original como veraz, para ilustrar y publicitar a los cuatro vientos lo que estaba ocurriendo día a día. De la cotidianeidad observa y destaca historias trágico-grotescas, situaciones de las que podemos sacar unas conclusiones sobre las que reflexionar o que nos impacten. El espíritu del cabaret, del sketch, domina en este conjunto de textos, en el sentido de aglutinar piezas con las que nos hagamos una idea de su pensamiento, que desde muy joven estuvo ligado al teatro y lo que supone la novedad del cabaret: la sátira y la crítica social presentando cortos fragmentos que desgranen la realidad social, analizándola y mostrándola en su desnudez. Nos habla, pues, de viajes, de literatura, de teatro, de la posición de la mujer; de sus experiencias en la guerra de España, del caos lisboeta, ciudad llena de exiliados y huidos de la guerra, mirando desesperados hacia América; nos habla de Nuremberg, en fin, compone toda una cesta de frutos, unos más dulces, otros amargos y ácidos.
Tras exiliarse, Erika estuvo en Inglaterra, soportando los bombardeos londinenses, y en Norteamérica, adonde su familia también acabó por exiliarse. Dio conferencias, habló en la BBC, fue corresponsal de guerra por Norteamérica, en Oriente Medio, vivió el desembarco de Normandía y regresó con el ejército americano a su país tras la guerra, quedando impresionada por el desolador panorama. También siguió muy de cerca los juicios de Nuremberg. Fue de las primeras en criticar la guerra fría, lo que la distanció de Norteamérica. Siempre en una posición impopular, crítica y decididamente defensora de la libertad, se estableció en Suiza con su familia y entre otras múltiples actividades administró la obra de su padre y la de su hermano Klaus, cuyo suicidio, en el 49, le causó una profunda impresión, puesto que estaba muy ligada a él, a pesar de discrepar en algunas posiciones políticas.
Ariodante
Agosto 2010
“Camaradas del frente” De Sven Hassel
Tras este título algo repelente, cursi y obsoleto que probablemente habrá espantado a algunos posibles lectores, hay una novela tan antibélica y tan antimilitarista como suelen ser las de su autor, el danés Sven Hassel.
Enlazando con el final de la infernal, demoledora “Los panzers de la muerte”, es también el libro más singular de los 14 que el autor dedicó a la II guerra mundial: Transcurre casi completamente en la retaguardia, algo que sólo tiene similitud con “Gestapo”. Es la única donde algunos de los personajes más representativos del autor aparecen de modo secundario y es la más sensible de todas.
El libro es ante todo un hermoso canto a la amistad y al compañerismo en circunstancias asfixiantes. Hombres obligados a luchar en una guerra en la que no creen, por una causa que detestan, ante un enemigo ( los rusos ) implacable, tratados como carne de cañón, que cuando tienen un permiso ( y aquí porque han sido heridos) tienen que aguantar al estado policial Nazi, los bombardeos y todas las penurias y escaseces de la guerra en la retaguardia ( con asesino en serie incluido).
Hombres convertidos en crueles carniceros a su pesar, conscientes de su condición y que se saben condenados. Intentan salvaguardar la dignidad que les queda y los principios que tienen ( véase la historia del teniente Ohlsen) y que encuentran en su amistad el mayor refugio ante el mundo hostil que se les viene encima.
“El menor sufrimiento de tu dedo meñique, me causa más preocupación que la muerte de millones de hombres”. Así se abre el libro y es perfectamente representativo de lo que uno encuentra en su interior, siempre sin sensiblerías ni almibar.
La novela arranca conun estilo fragmentario no muy habitual en Hassel, algo que resulta un tanto inadecuado y hasta torpe. Pero este defecto pronto queda atrás conforme la novela va desarrollánose y definiéndose, cobrando un vigor visceral, rico en historias de lo más variopintas y siendo un retrato magistral tanto de la Alemania Nazi ( la Alemania de los suburbios y de los parias) como de sus personajes, unos personajes a priori, más propicios para atracar bancos y vaciar bodegas, que para declamar poesías, lo que acentúa, engrandece aún más la solapada belleza del libro, que tiene un enorme poder en los momentos más íntimos, de un lirismo inusual. Son personajes que intentan devorar la vida que se les ha negado, sabiendo que muchas cosas las han perdido para siempre.
La ternura y el amor impregnan este libro también cruel y ultraviolento, uno de los primeros de Hassel y perteneciente a su mejor época, la de los primeros 60′. La más honesta, antes que se convirtiera en un escritor adscrito a una fórmula rentable y denostada, pero también apreciable para muchos ( entre los que me encuentro pese a alguna objeción).
Tres historias extraordinarias destacan poderosamente, tres historias que ponen la carne de gallina, emocionantes y escalofriantes al mismo tiempo. La del Judío en las montañas checas; La cruel carta que recibe uno de los personajes cuando regresa al frente y que desarma toda su picaresca y toda su brutalidad; y especialmente el espeluznante capítulo “Fiesta en las SS”, donde se retrata una orgía que organiza dicho cuerpo fanático nazi, donde quedan crudamente reflejadas su amoralidad o peculiar moralidad, su extremo salvajismo ( en especial ese SS cazador de cabezas, que gusta coleccionarlas y reducirlas, hasta beber, alegremente, la sangre de sus victimas mezclada con alcohol) y su increible, ilimitada ordinariez. Un capítulo rematado de una manera inesperada que compensa toda la brutalidad de las SS y que es uno de los momentos que más me han impactado de toda la literatura bélica que he tenido la suerte ( o desgracia) de leer. Sólo por ese momento conmovedor ya vale la pena esta novela, que tiene un lenguaje y un estilo tan sencillo como espléndidos son los resultados.
ALAN SMITHEE
Share“Victorias frustradas” Erich Von Manstein
Las memorias de los militares alemanes de alta graduación ( y también de muchos de menor rango) de la II guerra mundial, son un subgénero muy curioso. Y muy poco fiable.
Escritos con enorme arrogancia, con una épica acartonada, todos echan la culpa de los crímenes o de las derrotas a otros, con Hitler a la cabeza: nadie era nazi, nadie sabía lo de las atrocidades contra los judíos o contra los comunistas. Ellos no cometieron ningún error, lo hicieron todo por amor a la patria, algo que, según ellos, les exime automáticamente de cualquier posible fallo. Total: mienten, difaman, callan, señalan, manipulan, omiten. Su memoria se vuelve extrañamente selectiva. La memoria de unos carniceros que cometieron o ayudaron a cometer lo que es uno de los episodios más aberrantes de la humanidad. Las memorias de Manstein no son ninguna excepción.
Carente de la honradez que muchos le presuponen a Rommel ( este sería otro tema a discutir, pero al menos sabemos que protestó contra las atrocidades de la división SS “Das reich” en la Francia de 1944), Manstein fue uno de los estrategas más brillantes de la guerra. Concibió el magistral plan que hizo que los alemanes ocupasen la aparentemente invulnerable Francia, Holanda y Bélgica en menos de dos meses, expulsando al ejército británico del continente. Palenó una abortada operación para ocupar Gran Bretaña que tenía no pocas posibilidades de éxito, y ya en el frente del Este, el mariscal, consiguió numerosas victorias frente al ejército rojo: arrolló el norte de Rusia, conquistó la peninsula de Crimea ( donde redujo Sebastopol a ruinas), venció en el lago Ladoga, venció en Jarkov tras el desastre de Stalingrado restableciendo momentáneamente unas inquietantes tablas que Hitler, contra su sabia opinión, echó a perder en Kursk, etc…Hasta que sus enfrentamientos con el Führer hicieron que éste le cesase…con nefastas consecuencias.
Como bien dicen, es muy posible que si Hitler hubiese interferido menos y hecho más caso tanto a Manstein como a Rommel, Guderian( autor, como no, de sus propias memorias) y otros, hubiese ganado la guerra, o al menos, retrasado considerablemente la derrota, dejando Europa – o el mundo – mucho más devastada de lo que ya quedó.
La inteligencia y la importancia histórica del mariscal Mastein son indiscutibles. Ahora bien, sus patrioteras, hinchadas, militaristas y farsantes memorias ( no entiendo la reputación que tienen) dan ganas de vomitar, en especial en lo que concierne a la guerra con la Unión Soviética, donde los alemanes, no sólo nazis, llevaron a cabo una guerra de exterminio total.
En “Las benévolas” de Jonathan Littell, un encargado de los Einsatzgruppen, protesta contra este tipo de militares. Los “von” esto, los “von” lo otro, que cuando acabe la guerra escribirán satisfechos sus memorias en su rico retiro echando la culpa de todo a los nazis y negando ofendidos sus propias responsabilidades. Esto es exactamente este libro. Un puede aprender mucho de él…a pesar de él, no creyéndole ni tomándolo al pie de la letra. Se conservan muchos documentos que prueban como Manstein ordenó la presecución de Judíos y comunistas. Aquí, por supuesto no habla de ello y hasta se ríe hipocritamente de los prejuicios nazis. Documenta muy bien sus comprobados enfrentamientos con Hitler, pero pasa por alto la cantidad de veces que agachó cobardemente la cabeza. ël era uno de esos hombres que jamás hubieran conspirado contra el III Reich. Habla de la invasión de Rusia como de una liberación, una cruzada cristiana y “civilizada” contra un enemigo bárbaro, pagano y comunista, sin mencionar los millones y millones de civiles que asesinaron. Es muy interesante ver cómo muchos alemanes justifican la guerra contra la Unión soviética del cruel Stalin como una operación cristiana. Ellos eran cristianos. Ellos eran los buenos. Hasta los sacerdotes alemanes que, valientemente, se opusieron al programa T4 de eutanasia ( asesinatos masivos de discapacitados ) de Hitler, bendijeron una de las mayores masacres de la historia. Y el vaticano (ese Vaticano que ayudó a escapar a muchos criminales de guerra nazis, no sólo alemanes, también los croatas, aliados de éstos, que con su ideología cristiana, hicieron su propio genocidio contra los Serbios, con un salvajismo tal, que asustó a las propias SS, tan aberrantes eran sus métodos y sus propios campos de concentración. Esta herida no cicatrizó, y ya sabemos lo que pasó en los 90′ en la antigua Yugoslavia) también vio con buenos ojos la invasión. Los comunistas eran el anticristo y esa santurronería cristiana llega hasta nuestros días con vergonzosos films como “Hasta donde los pies me lleven” de Hardy Martins o la más digna pero aún así maniquea y muy discutible “Katyn” de Andrej Wajda, un film tramposo y endeble pese a su demoledor final.
Manstein habla del desastre el VI ejército en Stalingrado como una tragedia cristiana. El mismo ejército que devastó el sur de Rusia, los llama pomposamente mártires y hace obscenas semejanzas con los Espartanos de las Termópilas, con un lenguaje heróico, florido. Los Espartanos defendían sus tierras de una invasion. El VI ejército era el invasor. Al respecto de Stalingrado, él estuvo cerca de romper el cerco, y no lo logró. Muchos historiadores – Antony Beevor en “Stalingrado” por ejemplo - lo hacen partícipe activo de la derrota. Manstein se lava las manos y culpa a Hitler, Goering y Von Paulus…algo innegable
Esto son las memorias de este hombre. No habla de sus derrotas apenas, está orgulloso de su hijo caído por la patria – nazi – y se explaya cerca de 800 páginas con su retórica repetitiva y grandilocuente. Acabada la guerra, el inocente mariscal se chupó 10 años de cárcel – y no en una de las peores – y murió en su dorado retiro en 1973, orgulloso y negando su complicidad- ¿ por qué no acabó su vida entre rejas?-.
En “La cruz de hierro” de Peckinpah, el personaje de James Coburn – un individualista sargento alemán – demuestra su desprecio no sólo a los nazis o a los retrógrados prusianos que aliaron con ellos, sino a los militares perpétuos, los de toda la vida, los de carrera, los que siempre obedecen sin cuestionar las órdenes ( sea arrasar un pueblo ucraniano, fusilar a unos cuantos musulmanes o incendiar una aldea vietnamita) por muy crueles que sean. Los que siempre apoyan al que manda y que en la Alemania de los años 30′ – 40′ se tradujo en apoyar a los nazis a la hora de llegar al poder, en consolidarlo, en formar parte activa en todos los programas de ocupación y exterminio. Si hubiese que creer a Manstein, él sería uno de estos “inocentes” militares. En otro momento del film, James Coburn dice algo así como: “tendremos que pagar lo que hemos hecho“. Manstein no lo pagó lo suficiente. Muchos, demasiados, encontraron refugio en España tanto bajo la dictadura como ya con la democracia. Sé de un pueblo alicantino donde muchos criminales vivieron a cuerpo de rey y fueron enterrados ante el desconsuelo de parte de la población.
Clara Sánchez habla de eso en una novela de reciente publicación, “Lo que esconde tu nombre” y hay no pocos estudios que dejan en evidencia la tolerancia que España ha tenido con miles de Mansteins. Una vergüenza, y grande, pero claro, éstos dejaban muchos beneficios con sus corruptos negocios y eso es lo que importa en nuesra sociedad del salvaje capitalismo
Share“Violetas de Marzo” de Philip Kerr
Violetas de Marzo supone la primera parte de la serie “Berlín Noir”, protagonizadas por el detective, y ex policia, Bernie Gunther. En un principio se trataba de tres partes- 1.- Violetas de Marzo; 2.- Pálido criminal; 3.- Requiem alemán-, novelas escritas en el lapso de tiempo que va de 1989 a 1991. A partir de 2006 añadió tres obras más con Gunther como protagonista- 4.- Unos por otros; 5.- Una llama misteriosa; 6.- Si los muertos no resucitan.- Un recorrido por los años 30′, 40′ – y 50′-.
Las novelas son muy interesantes pues se meten de lleno en la Alemania nazi. Relata – curioso que Philip Kerr sea escocés y no alemán- unos años por los que sentimos una curiosidad infinita. Las peripecias de Bernie Gunther – que se inician en 1936 con “Violetas de Marzo”, aunque posteriormente escrita, en “Si los muertos nos resucitan”, vemos a Gunther antes en el tiempo 1934- coinciden con los años de Hitler y los Nazis en el poder, con todo lo que eso conlleva. Un Bernie Gunther, detective cansado, que cree que ya nada le puede sorprender ni afectar, pero que acaba siendo sorprendido y afectado por el tsunami que se le viene encima – a él y a todo el país-. Así vamos viendo el día a día de un país que ya deportaba seres humanos a campos de concentración, que denunciaba a conocidos y vecinos so pretexto de ser de “los otros” y se dejaba llevar por la locura e histeria colectiva. Los casos en los que se ve envuelto nuestro protagonista, incansable observador y rastreador, nos llevan a lo más sordido de la ya de por sí sordida sociedad que viniendo del desastre posterior a la primera guerra mundial acabó degenerando hasta el límite. Nos llevan a la trastienda del nazismo, con casos que implican a personajes importantes del partido y sus brazos armados, implicados en “vulgaridades” como asesinatos relacionados con lo de siempre: dinero y poder. Una época brutal y despiadada que seguía objetivos comunes a todas las épocas.
Violetas de Marzo, el primer volumen de la serie, transcurre como ya se ha anunciado, en 1936, coincidiendo con las Olimpiadas de Berlín, las olimpiadas de Jesse Owens, retrocediendo hasta los últimos años de Weimar para mostrarnos la alemania previa al 36, para explicar como se llegó hasta ahí - imprescindible “Una princesa en Berlín” de Arthur Solmssen- coger carrerrilla, y aire, para contar lo que se avecinaba. Siendo parte de un contexto tan fascinante, y de la mano del brillante Gunther, personaje al que se puede sin duda relacionar con los protagonistas principales de escritores norteamericanos de los años 30′, 40′ y 50′ – como Hammet o Chandler, palabras mayores- el caso es lo de menos. Un buen entramado de suspense debe de empezar por no estar por encima de contexto y personajes, para que cuando encuentren al asesino, que tiende a ser encontrado en las novelas policíacas, el lector sienta que había mucho más detrás de el caso y la novela pase de ser de entretenimiento, a algo más. En el presente, Gunther debe investigar para un empresario del acero el asesinato de su yerno e hija y encontrar unos diamantes robados en el día de autos. Será durante la investigación cuando veamos todo lo que rodea a las pesquisas, con sus claroscuros- más de lo segundo-.
En definitiva una novela recomendable, de un autor que conocí con una novela diametralmente alejada de la saga “Berlín Noir”, “Una investigación filosófica“, novela que sin ser una maravilla, destaca por su originalidad y sobre todo por su desarrollo, más que por su final.
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