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“Los vagabundos del dharma” Jack Kerouac
Esta hermosa novela, escrita poco después de la memorable “En el camino“, guarda bastante relación con ésta aunque sin llegar a la altura de tan mítico, emblemático trabajo, con diferencia el más conocido y prestigioso del prematuramente fallecido escritor.
Con un fuerte componente autobiográfico, volvemos a encontrar a Kerouac tras un alter ego ( si era Sal Paradise allí, aqui es Ray Smith ) recorriendo Estados Unidos de punta a punta, pasando la frontera con México, en un estilo de vida individualista y nómada con incursiones en el hedonismo. Alguien que niega ser otro esclavo robotizado de la sociedad, aunque aqui su rebeldía está suavizada por un budismo militante cuya bondad y extrema ingenuidad rozan lo irreal.
Y como “En el camino”, el pilar básico de la novela que nos ocupa es la amistad con otro de los exponentes de la generación “beat“. Si allí era Neal Cassidy quien se escondía tras Dean Moriarty, aqui es el poeta también budista Gary Snyder quien aparece bajo el nombre de Japhy ryder. Uno de esos personajes de fuerte personalidad que resultan ser más grandes que la vida y que por sí solos ya justifican la lectura de un libro.
“Los vagabundos del dharma” habla mucho de budismo y para el no iniciado en la materia puede resultar confuso y hasta cargante por momentos. Es un bello y sentido libro que, no obstante, adolece de cierta irregularidad y cuya ingenuidad es hasta sonrojante. Que Ray Smith por sentirse bien sienta que el mundo es maravilloso y que todo funciona, es pueril y, si me apuran, obsceno, y más si se tiene en cuenta que su país acababa de salir de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra de Corea, que el McCarthismo aún coleteaba. que la Guerra fría hacía estragos y en algunos paises pasaba a ser caliente y que la pesadilla de Vietnam, tras la retirada de Francia empezaba ( o volvía ) a activarse, y desde luego, por aqui, no estábamos tan bien. ( puede que todo lo escrito en la novela sea un intento de escapar precisamente de todo eso )
Es esa escasa conciencia o conexión con la realidad, ese optimismo respecto al futuro, que luego, por desgracia, no se cumplió, el principal handicap de este libro. Sobredosis de buenrollismo, en pocas palabras.
En sus mejores momentos, la bondad y la compasión, el irrefrenable amor por la vida de Kerouac logra convencer y hasta despertar cierta envidia. Porque Kerouac era una fiera, budista o no, 100% conectado al hecho de vivir y su budismo es “sui generis“, un budismo regado de alcohol, nudismo y fiestas locas que casi devienen en orgías. Un budismo que deja vivir sin estar adoctrinado desde ningún púlpito.
Estas reuniones-fiestas son un claro antecedente de las comunas hippies que luego harían furor en los 60′. En Kerouac todo es más auténtico, más sincero. Su amor por la naturaleza, la otra gran protagonista del libro, llega a su clímax con ese memorable final donde, durante meses, vive sólo en lo alto de una montaña, cerca de la frontera con Canadá, trabajando como vigilante de incendios sin n ingún otro ser humano a muchos kilómetros a la redonda. Sus aventuras son una experiencia que va mucho más allá de las típicas excursiones domingueras de turno y tienen una íntima conexión con sus creencias budistas.
Con sus virtudes y defectos, “Los vagabundos…” es una más que apreciable novela, un trabajo adelantado a su tiempo cuya precursora modernidad le ha servido para convertirse en un clásico.
Kerouac se adelantó a muchas fiebres, tendencias, modas, o como se les quiera llamar, de occidente como sonla irupción de la cultura oriental en su país, las mencionadas fiestas comunitarias,etc…No fue el primero en algunos casos ni el único pero la importancia histórica de su obra es fundamental.
Sin él, los años 60′, la década que -aparentemente – lo cambió todo, hubiese sido muy distinta y lo mismo puede decirse del mundo que conocemos. Y esto sólo lo consiguieron los escritores verdaderamente importantes, verdaderamente grandes. Kerouac cambió la vida de mucha gente y eso es algo que no se puede afirmar de casi ninguno de sus detractores, mucho de los cuales no sólo rechazan sino que odian, detestan, sus ideales de paz y libertad.
Share“La quimera del oro”de Jack London
Este ejemplar que he leído es, al parecer, una recopilación de cuentos escogidos de los volúmenes originales del autor. Publicado por Ediciones Generales Anaya en 1981 – ahora es conseguible en Anaya, colección “Tus libros” -y que tienen como tema común la búsqueda del oro, convertida en auténtica fiebre, que tuvo lugar a finales del siglo XIX y principios del XX en Alaska, la última frontera una vez conquistado, colonizado, el oeste.
El libro, con ilustraciones de Justo Bardoza, y un esclarecedor apéndice de Francisco Cabezas Coca, está clasificado como literatura juvenil, y lo cierto es que el London no tiene mucho que ver con esta etiqueta, al menos tal y como se entiende hoy día el término.
London, como aventurero que fue, también busco Oro en Alaska, y esto más su experiencia como periodista, son las principales bases para los trece cuentos, de un nivel general alto, que aqui se incluyen.
Más que por el reportaje que es “Los buscadores de Oro del norte” de valor principalmente sociológico o histórico, el libro vale la pena por joyas fascinantes como “La hoguera”, el tremebundo “El burlado”, “El filón de oro”, o el darwinista, radical y despojado de toda esperanza y romanticismo superfluo, “Ley de vida”.
Los héroes de London son gente con una idea fija, la de hacerse ricos, que se convierte en una obsesión en su afán de encontrar su propio ELDORADO. Estos hombres llegados de la civilización chocan brutalmente con la realidad y con su propia condición humana.
La naturaleza de Alaska, la auténtica protagonista del libro, descrita con tanto esmero como efectividad por un London que crea atmósferas únicas, es tan salvajemente hermosa como despiadada. Los que osan explorar sus tierras se las ven con inmensidades vacías interminables. Un silencio perpetuo y enloquecedor. Frío extremo, carencia de recursos,etc…Unas condiciones tan crueles que se traducen en hambre, congelamiento, locura. Un entorno hostil, ominoso, que contempla con total indiferencia las vidas que luchan por sobrevivir en unos parajes desolados. Como se dice en “Ley de vida”, la vida humana no es más que una efímera nube, algo que en sí tiene escaso valor ante el mundo, ante un cosmos a lo sumo burlón – si no indiferente -con los microbios que moran bako las perpétuas y frías estrellas.
En estas circunstancias el hombre Londoniano involuciona hacia sus antepasados de las cavernas, se ve reducido a un salvaje con un fuerte, visceral instinto de supervivencia que lucha denodadamente contra lo que le rodea, con tal de seguir respirando. o con tal de hacerse rico, aunque cada uno tiene sus propios límites. En ese sentido “Amor a la vida”, de equívoco título, es un cuento tan cruel como sobrecogedor.
Si a estas condiciones le sumamos la intrínseca maldad humana, hay cuentos como “En un país lejano” o “Diablo”, donde los hombres sacan su lado más primitivo y violento, para enfrentarse los unos con los otros o i ncluso con los animales. Es un universo de depredadores y de locos paranóicos donde sus costumbres civilizadas saltan en pedazos como en “Lo inesperado” o los ya mencionados “El burlado” o “El filón de oro”.
En algunos relatos asoman las ideas darwinistas del autor, en otros parece haber un leve sentido del humor o una ironía que hacen que, por ejemplo, “Demasiado Oro”, sea más ligero que los brutales cuentos que componen este libro. Unos cuentos sumamente tensos, donde London demuestra su talento como narrador en historias llevadas a sus últimas consecuencias, y escritas con dinamismo y a la vez con una descripciones adecuadamente meticulososas.
Llama la atención cómo en “El filón de Oro” London describe un pequeño paraíso terrenal que poco o nada tiene que ver con el resto del libro, y cómo el hombre aparece definido como un instruso destructor que origina caos y violencia rompiendo la paz del lugar, algo premonitorio de la presencia del ser humano en todo el globo. Se supone que la siguiente frontera a conquistar es el Espacio. Ya me imagino dentro de varios centenares de años, todo el universo contaminado, repleto de chatarra espacial y con urbanizaciones hasta en el último rincón de Plutón.
Y eso es el “progreso”
Share“Pan” de Knut Hansum
Pan es la historia de un joven teniente noruego que abraza la naturaleza como amiga inseparable, y que intenta lidiar torpemente, como cualquier humano, con otros de su especie.Hansum aborda las tres principales batallas con las que se encuentra todo ser humano, de menor belicosidad a mayor beligerancia. A saber.
Primero la batalla contra el medio, la madre naturaleza es una dura contrincante. Comer, beber, cobijarse, vestirse contra el frío. Cuanto frío debe hacer en el invierno noruego. Pero la madre naturaleza pone unas reglas duras pero nada arbitrarias. NO cambian según sus intereses. Si el ser humano las supera, te da la enhorabuena
Cuanta emoción fundirse con la madre naturaleza, los bosques, mares, con sus animales.
Segundo, con otros seres humanos la situación se vuelve aún más compleja. Nos mueve una tierna intención de arrimarnos, hacer camadería, enamorarnos incluso. Pero algo ocurre, cierta sensación de incomprensión, comunicarse parece imposible. Malas maneras, poca educación, una necesidad imperiosa de molestar y rechazar. Cuán complejo es el ser humano.
No es fácil salir airoso de las relaciones sociales.
Los demás piensan lo mismo de ti
Tercero, lo realmente difícil. La lucha contra ti mismo. No hay mucho que decir. Cualquier persona sensata y sensible, como lo era el teniente Glanh, esta condenada a sufrir y hacer sufrir a otros.
La diferencia con un ser no sensato ni sensible es que estos individuos no parecen sufrir tanto
En eso parece radicar la felicidad






