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“Cartas desde el frente” de Michael Moore

Puede que Moore sea, en algunos aspectos, un demagogo. Puede que sea también un egocéntrico, ya que, para empezar, su cara aparece en todas las portadas de sus libros y en todos los carteles de sus documentales. Puede que se le vaya la mano con trampas sentimentales o que su humor sea, a veces, algo facilón. Pero dice muchas, demasiadas, verdades como puños. Su visión del capitalismo como un monstruo que expolia, utiliza a los pobres o al tercer mundo, es acertada, y en la nefasta época en el que su país fue gobernado por ese ignorante embustero ( y algo más) llamado George W. Bush, un hombre que, con toda su camarilla, debería estar no precisamente donde están, y esto es porque el mundo es como es. Moore fue una voz disidente, lúcida e independiente. Independiente: término que no sirve para definir a todos esos medios de comunicación que jalearon enfervorecidos la cruzada de Bush y los suyos, que mintieron y manipularon y lo siguen haciendo – encima van de cristianos la mayoría-. Habría que recordarles, entre muchas otras cosas, que el genocida de Sadam Hussein fue ejecutado por crímenes que cometió contra los Kurdos siendo amiguete de los USA y de occidente, los mismos que le armaron, le aplaudieron o miraron hacia otro lado durante décadas de horror, algo así como pasa actualmente con otros regímenes, como Arabia Saudí.

En “Cartas desde el frente”, título español de “Will they ever trust us again“( ¿volverán a confiar en nosotros? ) – título en castellano poco adecuado pues in Irak o Afganistán no ha habido un frente de combate definido – Michael Moore presta su careto a la portada, hace una introducción y recopila cartas de soldados USA disconformes con la política de su país, cediéndoles la palabra, algo que por cierto, no es muy narcisista que digamos.

Muchos de los soldados son veteranos ( hay una presencia mucha mayor de Irak que de Afganistán) y narran el desencanto que les produce el ser peones de una carnicería organizada con mentiras indiscutibles para beneficio personal de unos cuantos, las censuras que sufren, los problemas de inadaptación, etc. En unas cartas en las que prevalece un hondo desengaño.

Hay gente que dice, al contrario que Vietnam, que todos los soldados han ido voluntarios o eran miembros de un ejército profesional. Pero luego se ha obligado a muchos veteranos a ir contra su voluntad. Mandar a gente a matar y a morir con base en mentiras no tiene justificación alguna, y habría que recordar que la catrastófica política interior USA obliga a muchos a alistarse en el ejército porque no tienen otra salida. Esas políticas tienen muchos que ver con las crisis actuales -no sólo es el amigo Zapatero quien ha metido la pata-.

Se dice que se suicidaron más veteranos de Vietnam - y soldados argentinos en las Malvinas, por poner otro ejemplo- que soldados murieron en combate. Está ocurriendo lo mismo en Oriente Medio. Los machotes republicanos y en menor medida demócratas, sin olvidar a sus aliados, han creado toda una generación de jóvenes con serios problemas mentales por lo que han vivido o por lo que han hecho. Desde psicópatas adictos a la violencia a los mencionados suicidas. Ahí va un testimonio del final del libro, escrito por la hermana de un combatiente: “…antes de morir le dijo a mi madre que, al llegar a Kuwait procedentes de irak, un comandante les había conminado a no volver a casa llorando como “nenazas” refugiándose en el trastorno de estrés postraumático. Que lo que tenían que hacer es ir al bar con los amigotes y agarrar una buena cogorza, que así se olvidarían de todo el horror que habían tenido que soportar. El 23 de Febrero de 2004 mi hermano se ahorcó en su piso”. Más adelante: “A los militares que se suicidan empujados por el infierno emocional que les ha provocado la guerra, habría que incluirlos probablemente en el mismo grupo que los muertos por bomba e impacto de bala”.

Algo que no se hace. La cifra de no muertos oficiales caídos en su propio infierno parecen ser alarmantes. Algo que se callan los de siempre, los que se han hecho más millonarios aún y apenas dan ayudas a esos soldados licenciados y desahuciados.

Hay mucho dolor y escepticismo en estas cartas recopiladas por Moore ( “Los terroristas somos nosotros” dice uno). Tal vez no sean representativas del estado de ánimo del soldado medio norteamericano ( yo juraría que sí, pero no sería extraño que Moore haya recibido muchas cartas del signo opuesto) pero el discutido cineasta-escritor de Flint le ha vuelto a dar la voz a los olvidados, a los que no suelen salir en esos vergonzosos medios de comunicación que aqui en el libro reciben más de uno y dos ataques justificados, estos mismos medios que ayudaron a organizar o a ampliar dos conflictos todavía candentes que han provocado tanto y tanto dolor, y  lo van a seguir haciendo.

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“¿Qué han hecho con mi país, tío? de Michael Moore

que han hecho con mi pais, tioLa reputación del antaño prestigioso Michael Moore – que este año ha estrenado dos documentales en nuestras pantallas- ha tenido una curiosa transformación en los últimos tiempos. Cuando salió el excelente – aún con todos sus “peros”- “Bowling for Columbine”, su crítica a la sociedad USA por su permisividad con las armas de fuego, fue alabada por casi todo el mundo, especialmente por ese climax que dejaba en evidencia – él mismo se ponía en evidencia, creo yo-  a Charlton  Heston, personaje que por su labor como actor y por otras cuestiones sociales – su antiracismo- merece todo el respeto, no así en su trabajo como presidente de la lamentable NRA, la Asociación Nacional del Rifle de su país, que es de lo que trata el film, no de si apoyó a Sam Peckinpah o a Orson Wells cuando se enfrentaron al sistema de Hollywood hace décadas. Unos años después, con la muerte del mítico actor y con Moore ya famoso y con el aego desbordado, esos mismos críticos que le habían puesto 5 estrellas al film – como el antes interesante y ahoranada fiable Sergi Sánchez -, afeaban la conducta del cineasta con el ahora difunto Heston en una auténtica demostración de repugnante hipocresia -  no hay nada como morirte para que hablen bien de ti y mal de los que hablaban mal de ti. ¿Pasará lo mismo con Moore si le ocurre algo?-, el cual por cierto, el film, tiene una película de ficción “Operación Canada”, con Alan Alda entre otros, de la que la serie de animación  “South Park casi plagia el argumento.

Claro que Moore no parece ser lo que es. Al margen de su posible falsedad como persona, sus documentales y libros son más demagogos y manipuladores – y tienen algún infecto toque sentimentaloide, añadiría yo – de lo que aparentan, y el exhibicionismo y humor del director/ escritor son, a veces, discutibles. Pero cierto es que abundan en verdades como puños, son corrosivos, lúcidos, mordaces, a veces divertidos, NECESARIOS, y su figua no debería tapar las muchas bondades que tienen, al menos parte de ellos ya que muchos datos que maneja son indiscutiblemente reales y así, libros como “Estúpidos hombres blancos” o este “¿Qué han hecho con mi país tío?”

Escrito conla invasión de IRAK reciente, el libro es una auténtica diatriba contra el gobierno del impresentable Bush Jr, ese que ja dejado el mundo con su “política” económica y su “política” exterior patas arriba y cuyos daños van a perdurar durante generaciones, a aparte de las decenas de miles de muertos que no van a resucitar. Vale, esto es facilón, pero también real.

De hecho es un perfecto complemento a su documental “Fahrenheit 9/11″ – que ya tuvo su versión directa en papel -pues narra con vehemencia todos los engaños y manipulaciones que había cometido ese atroz gobierno hasta el momento y que iba a seguir cometiendo durante varios años más: sus perversos interese económicos, sobre todo petroleros; todas las mentiras que rodean tanto al 11-S como a la guerra de Irak y Afganistán; la represiva política interior – hasta el falseamiento de las elecciones en Florida en las primeras elecciones que ganó, en 2000-; su ya mencionada “política” económica en favor y más que nunca de los de siempre, y un largo etc largo y triste, todo narrado con agilidad y desenfado, ofreciendo un agudo retrato de la inquietante, fanática, enferma ultraderecha republicana.

Moore no mantiene el mismo alto nivel todo el libro. Hay gags facilones, informaciones discutibles y a veces le sobra el tono frívolo,pero en conjunto es un libro bastante potente y lo más importante: veraz.

Otra cosa es que por culpa del éxito de libros como este a Moore se le haya ido la pinza y se haya convertido en otra “estrellona” millonaria y narcisista más – o puede que siempre haya tenido un ego de cuidado, testimonios al respecto no faltan aunque hay que ver también cuantos chalados lo critican y difaman-, pero para mi, y a falta de visionar sus últimos documentales, su trabajo sigue resultando creible y este libro, además de explicar bien porqué el mundo está como está, es una buena muestra de ello

LA GIGANTESCA HIDRA DE DOS MIL CABEZAS

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