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“Los ejércitos de la noche” Norman Mailer

La multitudinaria Marcha sobre el pentágono para protestar contra la guerra de Vietnam que tuvo lugar el 21 de Octubre de 1967, inspiró a Mailer, consciente que su trabajo debía evolucionar debidamente, este libro influido por el nuevo periodismo de la época.

La Marcha, que llegó a tener como objetivo original tomar el mismo Pentágono, se prolongó durante 32 horas y fue reprimida violentamente por las fuerzas del orden reforzadas por el propio ejército y fue objeto de la previsible, zafia manipulación, por parte de la prensa afín al poder representado por Johnson, que representaba los intereses de dicho poder y por tanto apoyaba la guerra. Acabó siendo reemplazado por Nixon.

En palabras del propio Mailer ” templo supremo de las sociedades anónimas, el pentágono era el exponente del hombre de la sociedad de masas y de su civilización; todo el edificio era anónimo, monótono, masificado, intercambiable”. El escritor siempre tuvo miedo que EEUU se convirtiera en una dictadura totalitaria, pues reunía, según él, todas las condiciones para ello ( políticos y empresarios corruptos, un ejército a su servicio, prensa manipuladora y una sociedad con una educación y una televisión alienantes ) y si bien nunca ha llegado a esos extremos – en palabras de Aldous Huxley un sistema así es simplemente  ineficaz como forma de control- sí que es cierto que en muchos aspectos este libro, mezcla inusual de novela, autobiografía y crónica histórica, resulta visionario porque la falta de moral que denuncia Mailer de los que dominan su amada nación, ha ido a más desde aquel lejano día de 1967. La contrapartida, como dijo el cineasta Milos Forman, es que pese a todo, “EEUU es un país condenado a la libertad”. Eso lo dijo alguien que vió parte de su familia exterminada por los Nazis, que tuvo que salir de la antigua Checoslovaquia por culpa de los comunistas y que en los mismos Estados Unidos se vió censurado en más de una ocasión.

El propio creador de “Los desnudos y los muertos”, veterano de la II guerra mundial, no se olvide, participó en la marcha, fue detenido y encarcelado unas cuantas horas, puesto en libertad y calumniado por la prensa más reaccionaria.

Como buen “conservador de izquierda” como le gustaba autodefinirse, Mailer participó no del todo convencido. Era escéptico respecto a la naturaleza de muchos de los movimientos de protesta, de sus distintos objetivos, de su desunión, de la ceguera hippie de algunos de ellos, pero era mayor ( y se hizo más tras la Marcha ) su indignación por una cruel y estúpida guerra que no llevaba al país a ningún sitio.

Dividida en dos partes, una cercana a la novela, otra un rápido relato histórico, Mailer se pone en la primera como absoluto protagonista. Un hombre como él, con una fuerza, carisma e inteligencia tan descomunales como su ego, convierte los preámbulos de la acción en un ejercicio descarnado pero narcisista de autopsicoanálisis. La Marcha es una excusa. Mailer es el tema favorito de sí mismo. Bien o mal, poco importa. EL formato del nuevo periodismo que hace al escritor protagonista de la trama se ajusta a su infinita egolatría, pero con todo esto, “Los ejércitos de la noche” es sobre todo un trabajo espléndido. Lejos de ser redondo pero donde donde se hallan toneladas de verdad y talento. Con un inusitado rigor que no tenían algunos de sus detractores y con una mirada que explora hasta los últimos recovecos, Mailer radiografía tanto los acontecimientos de la famosa Marcha, como a los variados participantes que  iban de grupos de izquierdas radicales  a cuáqueros pasando por los típicos hippies pro marihuana de la época, y hasta sacerdotes que, por desgracia, no tienen nada que ver con los que dominan hoy día la iglesia-negocio.

De su profundo análisis se llevan la peor parte los que estaban a favor de la masacre, desde políticos a soldados alienados. Mailer reparte alabanzas y críticas, pero deja bien clara y bien fundamentada su postura. Era un hombre que no se casaba con nadie ( metafóricamente hablando, claro, pues en 1967 ya iba por su cuarto matrimonio ), alguien demasiado independiente com para seguir a ciegas movimiento alguno, pero su repugnancia por una guerra que costó la vida, inútilmente a más de 58.000 norteamericanos y a más de un millón de vietnamitas ( su país quedó devastado y aún hoy día ciertas zonas son peligrosas por la cantidad de bombas y minas sin estallar, más el efecto del nauseabundo agente naranja ) le obligó en conciencia a tomar partido.

Este trabajo, entre otros premios, ganó un Pulitzer. Que un libro gane o no premios no dice nada de su calidad o de su falta de ella, pero, tal vez por una vez, acertaron al dárselo a “Los ejércitos de la noche”, una obra que retrata muy bien las distintas psicologías típicamente norteamericanas.

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“Los desnudos y los muertos” Norman Mailer

En estos tiempos en los que cualquiera publica un libro, sigue llamando la atención que esta obra magnífica, que si no es maestra es por muy  poco, fuera realizada por un debutante de poco más de 20 años, demostrando una calidad y una audacia a la altura de sus ambiciones.

Acabada la II guerra mundial y lejos de la épica y de la propaganda que reinaban en el cine de Hollywood, Mailer se descolgó con una novela que, justifica por sí sola una carrera.

En un islote del pacífico, norteamericanos y japoneses se enfrentan sin piedad. Una oscura y anónima batalla que puede servir de metáfora para todos los combates de ese frente y que sirve para que Mailer realice un denso, complejo estudio de personajes. Militares USA con sus miedos, odios, ambiciones y obsesiones particulares y a los que sigue desde antes de la guerra definiéndolos con profundidad, aspereza y sucio realismo.

Aqui no hay épica, ni patrioterismo, ni maniqueismo, ni siquiera violencia física en abundancia. No hay muchos combates, pero los que hay, están descritos con dureza y a mi me resultó particularmente escalofriante este fragmento ( página 157 )

“-¡ Vamos a cogerte Yanki !- Gritó la voz

-¡ venid a cogerme, hijos de puta !- Rugió Croft.

Gritó con todas las fibras de su cuerpo, como si se echara con todo el peso contra una puerta de roble.

Durante unos diez segundos no hubo ningún ruido, sólo la luna sobre el río y el canto estático e incesante de los grillos. Después, la voz volvió a hablar:

-¡ Ya vamos Yanki, ya vamos !”.

Lo que hay es tedio, sudor, opresión racial, religiosa y militar, suciedad y una molesta sensación de que nada vale la pena, teñida de una corrosiva ironía.

Es difícil olvidar a algunos personajes, como ese asesino profesional que es el sargento Croft, alguien que en función de sus intereses es capaz de arriesgar la vida de sus maltratados hombres, algo que hace en mayor medida el general Cummings, un ser tan inteligente como malvado. Ellos son, a veces, el auténtico enemigo y sirven a Mailer para hacer una inquietante  radiografía del pensamiento fascista. A este respecto es muy relevante “el discurso” que suelta el general admirando al nazismo y alegando que dicha ideología habría funcionado mejor en EEUU pues en Alemania, por sus condiciones, está condenada al fracaso. Algo que resulta un tanto premonitorio del inminente imperialismo USA que dominará, con sus guerras abiertas y sus guerras sucias y encubiertas, la segunda mitad del siglo XX. Ahora que lo pienso ese antológico enfrentamiento entre oficial nazi y comisario soviético prisionero en “Las benévolas” de Jonathan Littell, donde el nazi afirma que el comunismo estaba llamado al fracaso por haberse creado en un país tan corrupto y sumiso como Rusia. Esto tiene que muchos puntos de contacto creo yo con este fragmento de Mailer.

En el polo opuesto están los individualistas Red Valsen y  el teniente Hearn, que detestan todo el sistema, la cadena de mandos, el ejército y toda la maldita guerra. Hombres que son pasivos porque siempre hay alguien por encima de ellos y son incapaces de cambiar lo que les rodea. Son los que reciben más simpatía por parte de Mailer, pero también reflejan su lado oscuro y siempre desprovisto de cualquier sentimentalismo. El bonachón de Wilson o el asustadizo y torpe de Roth ( acosado por su condición de judío ), son los típicos soldados carne de cañón, especialmente el segundo, victima de sus superiores, deseosos de cargar su odio y sus miedos en los más débiles.

Este libro fue el único estrictamente bélico de Mailer, y no es extraño. No necesitó hacer más y como toda gran obra de guerra, trasciende el género al que pertenece, para ser un hondo y pesimista retrato de la condición humana. De casi 700 páginas, sólo hay balbuceos propios de un novelista en 4 ó 5. Un escritor de verdad.

Los desnudos y los muertos” fue llevada  al cine en los años 50′ por el prestigioso Raoul Walsh, en su momento un film inédito en los cines españoles, pero que se ha podido ver en TV. Si bien es una película con la que tiene bastantes similitudes es con la grandiosa “La delgada linea roja” de Terence Malick, la segunda adaptación al cine que tuvo la novela de James Jones, que ya había dado lugar en los años 60′ a otro film, al parecer – film que no he visto-, radicalmente distinto.

La obra de Malick, al contrario que la novela de Mailer, es, con toda su violencia y salvajismo, una película bellísima, poética, de una peculiar sensibilidad, y con el toque antibélico más acentuado, sin llegar a la rigurosa sequedad de “Los desnudos y los muertos“, pero coinciden tanto en reflejar la futilidad de la guerra como en hacer un estudio psicológico inusualmente intimista de sus personajes. Como dice el cartel de La delgada linea roja: “cada hombre libra su propia guerra”. Hombres lanzados, en plena imbecilidad humana y ante la indiferencia del cosmos, a una carnicería que les sobrepasa, los empequeñece.

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“Oswald, un misterio americano” de Norman Mailer

El 24 de Noviembre de 1963, un “mafioso de poca monta”, Jack ruby – Jacob Rubinstein- mató de un balazo en el estómago a Lee Harvey Oswald, presunto asesino del presidente Kennedy, mientras éste era trasladado a la cárcel del condado de Dallas por la policia. Con la muerte de Oswald, ante la imposibilidad de saber por él acerca de todo lo que había ocurrido – el asesinato de JFK y qué grado estaba implicado, en caso de estarlo- se abrió uno de los misterios que más ha obsesionado a América como nación desde entonces.

La comisión Warren no vino a esclarecer nada, llegando a unas conclusiones cómodas, es decir, Oswald actuó sólo, no había conspiración alguna para acabar con el presidente, y que todo fue obra de un loco. La conclusión a la que desde entonces siempre se llega en estos casos. Se le cargó, perdón por la expresión, el muerto al primero que vieron, y a otra cosa. La verdad es que siempre tendemos a creer en la teoría de la conspiración aún cuando tampoco tengamos pruebas para ello. Curiosa la teoría de la “bala mágica” para explicar que una bala hiciera el trabajo de tres. Memorable parodia de esto es hecha en la magnífica serie de humor “Seinfeld”, en el episodio del partido de Béisbol y la teoría del “Gargajo Mágico”( abajo adjunto vídeo)

No nos desviemos del tema. La comisión Warren y todo los hechos que creemos que pasaron, o qué creemos que no pudieron pasar, y que sabemos que jamás sabremos, vienen muy bien explicados en el film de 1991, “JFK. Caso abierto”, dirigido por Oliver Stone e interpretado por Kevin Costner, en el papel del fiscal de Nueva Orleans, Jim Garrison. Todo lo que haya que saber sobre el tema, está ahi.

Norman Mailer, ya desaparecido, en este mastodóntico trabajo de investigación periodística de 900 páginas, trabajo hipnótico que al final deseas que contenga 1900 hojas, no se plantea dilucidar si Oswald era o no culpable, si formaba parte de una conspiración o no. Simplemente no hay manera de hacerlo. El material está Clasificado, de momento, material que cuando se desclasifique no dirá nada. Y de momento no hay más que investigar. Así Mailer lo que hace es investigar a Oswald. Viaja a Minsk, para ello. Luego investiga sobre él en suelo norteamericano. Nueva Orleans, Dallas. EL objetivo es saber mucho sobre Oswald para ser capaz de sacar una conclusión, una sensación, un “palpito” sobre si Lee Harvey con su personalidad, su modo de ser, podía estar detrás de todo esto.

Oswald fue siempre un solitario, un inadaptado. No encajaba bien entre otras personas. Se enroló en los marines, pero allí tampoco encontró su sitio. Simpatizaba con el comunismo y decirlo en voz alta en la “libre” américa, no era una idea feliz.  De repente toma una decisón sorprendente para un norteamericano y más de la época: abandonar la américa capitalista de la opulencia a cara vista y la sonrisa perpetua, e irse a la fría, rígida capital de la actual Bielorrusia, Minsk, abrazando al comunismo. La adminstración USA le permite pasar “al otro lado” para no provocar un encontronazo con los soviéticos en plena guerra fría, 1959, pero nunca le perdieron la pista, sospechando de ser un espía ruso. Los rusos le permiten pasar a su lado, rechazarlo les supondría también problemas, pero desconfían que sea un agente americano, y tampoco le pierden la pista. Ambas monstruosas maquinarias polítican le creen un espía, porque, que clase de “lunático” puede irse a Minsk a pasar frío desde el calorcito del capitalismo yankie. No era ningún idiota como se desprende de lo explicado por Mailer. Un inadaptado, un tío raro tal vez, pero idealista, honesto, definitivamente ingenuo. Si no lo era, fingió muy bien. De hecho no fue el primer norteamericano en hacerlo- leer “Los Olvidados”, de Tim Tzouliadis, editado por Debate, libro sobre norteamericanos que en la Gran Depresión marcharon a Rusia en busca de oportunidades. No les fue muy bien, por cierto, lo mismo que a la mayoría que optaron por una emigración local dentro del territorio USA como bien escribe Steinbeck-.

Allí conoció a Marina Prusakova, con la que se casó.

De su estancia en Minsk podemos sacar conclusiones sobre Lee Harvey y sobre la vida en la URSS para luego compararla con la vida en América.

Oswald trabajará en una fábrica. Callado, trabajador – timido por caracter pero tambien por sus problemas con el idioma-. Esto hace recelar al representante del Partido en la fábrica, que debe vigilarlo. Pero él no sucumbe a miradas o presiones y tiene un comportamiento ejemplar. La ciudad, gris, apagada, apenas luz del sol. El trabajo monótono. La vida más monótona aún. Los sábados llegaba el entretenimiento: los trabajadores de la fábrica iban a disparar, tiro al plato. Elemento muy interesante: Oswald según todos los testimonios era un pésimo tirador- cosa corroborada por los marines USA-, no daba una disparando. La pregunta es evidente. ¿Cómo podía ser él el que disparó a Kennedy con tanta precisión, si no era capaz de darle a un plato? Si fingía lo hacía muy bien. Pero, ¿para qué fingir en Minsk? Da qué pensar. Las casas rusas, pequeñísmas, minúsculas, ¡30 metros!- como si no hubieran pisos en occidente, y hoy día, de iguales dimensiones y caras como una de 100. La diferencia es que alli la vivienda era gratis-. Poco a poco se va desencantando del sueño libertario y ve que debe volver a Estados Unidos con su mujer rusa.

Vuelve a Estados Unidos en 1962. No podrá encontrar un empleo decente y mucho  menos una casa. Todas las que alquila – aqui nada es gratis- están llenas de cucarachas. El matrimonio se tambalea. Tampoco Marina encuentra el sueño americano tal y como lo soñaba. Pero encuentra una solución. El clan ruso – este termino no es más que un eufemismo- la abraza como una de las suyas, da protección, empleo, y lo que haga falta.

Oswald vive ya trastonado, hace cosas extrañas y junta con gente más extravagante aún. Encuentra trabajo en un depósito de libros, sito en la calle del Elmo ( ELM STREET) en Dallas, justo donde pasará el presidente con su comitiva. Pero antes de esto Oswald vive en un desbarajuste continuo. Problemas de dinero, de adaptación, perdedor en la tierra donde no se puede perder( loser). Algo curioso, y revelador, es cuando intenta hacer unas copias de unos textos en ruso donde se habla de temas como comunismo y demás. Evidentemente el copista no sabe lo que hay escrito pero si reconoce los caracteres cirílicos. Y lo denuncia. La inquisición no sólo está al otro lado del telón de acero. Tambien es cierto que las consecuencias no son la deportación, pero  ser investigado por la policia no favorece a encontrar un empleo. También es evidente que la policia, FBI, CIA o quien fuese, o todos, seguía la pista de Lee Harvey desde que volvió. Entonces, ¿cómo se les escurre justo el día en que viene el presidente Kennedy a la ciudad?

El resto es ya conocido por todos. Las conclusiones es que cada uno lea y saque las suyas propias. Si Oswald era capaz o no de matar al presidente en plan lobo solitario.

Libro fantástico sobre un hecho crucial del siglo XX que habla bastante bien sobre la época en la que transcurre. Libro que a poco que te interese el tema, hace gozar sobremanera.

Apuntar que sobre Lee Harvey Oswald, existe una biografía novelada, “Libra“, a cargo de Don Delillo


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