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“La llamada de Cthulhu”
Pequeña en forma, pero enorme en contenido, pocas veces un mero cuento ha conseguido crear un legado propio tan vasto y tan enraizado en la imaginería colectiva que todavía perdura hasta nuestros días. Aunque en este relato es la única vez en que se nombra y se describe a Cthulhu, paradójicamente se ha convertido en una de las criaturas-dios más populares en la cultura actual. Y es que la mitología lovecraftiana del horror ha traspasado los límites del mundo literario encontrando seguidores en la música, las sociedades literarias, el ocultismo, la pintura, el cómic, el cine, los videojuegos…
¿Y qué puede aportar al mito una simple mortal como yo? ¿Qué puedo añadir a todo cuanto se ha estudiado y dicho sobre esta singular obra? Simplemente que debe formar parte de la biblioteca imprescindible de todo aquel que ame la literatura y aquel que todavía no la ha leído, tiene una nueva oportunidad gracias a la cuidada reedición de la editorial Alpha Decay; y a la maravillosa traducción (e inestimable prólogo) de Javier Calvo. Además, incluyen una pequeña joya: el relato “Nyarlathetep”.
Los críticos más acérrimos de Lovecraft nunca llegarían a imaginar cuánto calarían sus historias no sólo en los amantes del terror sino que se convertirían en todo un fenómeno cultural que sigue vigente casi cien años después. Su impronta más allá del tiempo no sólo se debe atribuir a la portentosa imaginación y a la angustiosa y enfermiza vida que había sufrido el propio H. P. Lovecraft, sino también a una serie de personalidades afines a él, que pasarían a conocerse como El círculo Lovecraft (formado por escritores como Clark Ashton Smith, Robert E. Howard, Frank Belknap Long, Robert Bloch, August Derleth, Ramsey Campbell…), y que contribuirían al nacimiento de los llamados “Mitos de Cthulhu”: relatos y novelas basados en la idea de la existencia de horrendas criaturas primigenias de mundos paralelos que desearían volver a conquistar la Tierra.
Sería muy superficial clasificar La llamada de Cthulhu como un género menor, por formar parte de la narrativa pulp que se publicaba entonces en las revistas de serie B, como “Weird Tales”; realmente es una obra muy compleja que se aleja de los estereotipos pulps y que se acerca más a la tradición del cuento de miedo anglosajón. A principios del siglo veinte, el cuento de miedo sufre una gran transformación: ya no asusta el fantasma romántico de cadenas, castillos medievales, oscuridad… Los gustos han cambiado: es el tiempo de Marx, de Freud. La crisis del racionalismo filosófico hace que crezca el interés por lo irracional y por los mundos oníricos, los ritos ancestrales y cultos salvajes de Egipto, de la América precolombina, la magia druida, la mitología de hadas y ninfas… Los terrores más antiguos de la Humanidad resucitan convertidos en arte nuevo. Uno de los adelantados predecesores de Lovecraft fue Arthur Machen, que retomó antiguos mitos e historias tradicionales galesas y los mudó en un folclore siniestro en el que el inconsciente del ser humano es un reflejo de su alma y de sus terrores más ocultos.

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“En la cripta” H. P. Lovecraft
Como la estupenda editorial Valdemar se lució ( otra vez ) con los dos volúmenes de “Narrativa completa” dedicados al genio de Providence, puede resultar absurdo comentar cualquier otra publicación que lleve el nombre de Lovecraft en la cubierta, ya que dicho libro se incluye en alguno de estos dos tochos, y algunos de sus cuentos estén tal vez descatalogados por separado.
Ahora, que el que quiera empezar con este autor no creyente y a la vez puritano, con pequeñas dosis o no pueda permitirse pagar los fantásticos libracos de Valdemar, puede encontrar en librerías de segunda mano, y algunos de ellos también en los de primera, alguno de los títulos que la no menos estupenda editorial Alianza dedica al autor de “Dagon” y con los que, tantos y tantos, pasamos momentos inolvidables, de puro terror cercano al éxtasis.
Libritos como “Los que vigilan desde el tiempo”, “El caso de Charles Dexter Ward”, o, como fue mi caso, el excepcional “Los mitos de Cthulhu”, dedicados a su creación más influyente y que reunía algunas de sus mejores piezas ( los prodigiosos “La noche infinita” o “La sombra sobre Insmouth”, nunca he vuelto a sentir tan placenteros miedos ) junto a la de sus discípulos o antecesores, como el extraordinario “Los perros de tíndalos” de Frank Belknap Long, el majestuoso, alucinógeno “El wendigo” de Algernon Blackwood o relatos no menos geniales de Ambrose Bierce, Robert E. Howard, el padre de Conan, o Arthur Machen, sirvieron para acojonar literalmente a varias generaciones de aficionados que, desde entonces probablemente no han vuelto a sentir algo parecido. A no ser que sea releyendo a toda esa generación de escritores que hicieron que las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, fueran una época gloriosa para el terror. Y no soy un detractor de lo que vino luego, todo lo contrario.
La obra de este hombre prematuramente en 1937 se basa “ en el supuesto fundamental de que las leyes y las emociones humanas usuales carecen de validez o significado en el plano cósmico“. El hombre ya puede tener cualquier creencia, ley o moral, que esto no tiene ningún sentido y menos ante los horrores cósmicos que nos observan con desprecio o indiferencia. En cuanto suba el telón y veamos la realidad, el ser humano vivirá en un nihilismo pesimista irreversible. No es que matemos a Dios, porque lo que nunca ha existido no se puede matar. Todas nuestras esperanzas e ilusiones saltan en pedazos y nos damos cuenta que somos una poca cosa efímera en el espacio y en el tiempo. Insectos arrogantes y vanidosos que se vienen abajo ante las monstruosidades cósmicas. Al lado de Cthulhu y compañía, la mayor parte de los monstruos del cine y de la literatura casi parecen delincuentes de baja estofa.
Los textos lovecraftianos poseen una lucidez dolorosa. Este libro compuesto por nueve cuentos escritos entre 1920 y 1933, son buena muestra de su talento y de como partiendo de un estilo similar, Lovecraft, ofrecía una amplia variedad temática de horrores. Salvo el discreto “El terrible anciano” que no llega a las cinco páginas y que es uno de sus escasos relatos que no están contados en primera persona, y el un tanto predecible, flojo pese a los detalles brillantes, “El ser en el umbral”, el resto está a un gran nivel.
“En la cripta” es una demostración de como Lovecraft hacía que los tópicos tuviesen nueva vida. “Las ratas de las paredes” es excelente, una incursión en los terrores primigenios con una atmósfera perturbadora propia de su autor. Pero la auténtica joya de la corona es “El calor surgido del espacio”. Leyéndolo de madrugada he vuelto a sentir algo, esos escalofríos de placer, que creía enterrados. Esta historia de un meteoro que cambia la vida de una comunidad, es un antecedente redondo de la ciencia fición de los años 50′ y una rica muestra en terrores varios con una prosa soberbia y preciosa ( y en internet leí que su estilo no era nada del otro mundo. Risas por un tubo ). Una obra maestra que en 1987 tuvo una abismalmente inferior adaptación al cine, que aqui se tituló “Granja maldita” dirigida por el actor David Keith ( el amigo de Richard Gere en “Oficial y caballero”, visto también en films como U-571 ). Era un subproducto no exento de cierta simpatía pero que no hacía honor a este clasicazo.
“La música de Erich Zann” es tan mágico como evocador e inquietante, “El grabado en la casa” la demostración que de Lovecraft daba en la diana, tratando terrores más realistas, “Aire frío” no llega a tanto pero es muy agradable y emblemático, “La llamada de Cthulhu” es potente, pero a mi no me ha acabado de atrapar. Aqui presenta toda la inventiva, filosofía y capacidad para imágenes inolvidables de Lovecraft, pero también es uno de sus cuentos donde su solapado racismo se muestra más claramente: con ramificaciones sensacionalistas algo grotescas, y resulta más un “pulp” divertido y trepidante que el relato inquietante ( a ratos lo es ) que tenía que haber sido, y más teniendo en cuenta quien sale en esta narración.
Puede verse como un compendio de sus virtudes y sus defectos, si bien priman más los primeros, como en casi todo el libro.
Share“H. P. Lovecraft. Contra el mundo contra la vida” de Michel Houellebecq
A este libro acudí no por H. P. Lovecraft sino por el gran Michel Houellebecq, autor francés que es de lo más interesante de estos repetitivos tiempos llenos de clichés, el justo contrapunto a la ideología de la sonrisa falsa y mirada hueca.
Ya sea por la prosa de Houellebecq, por haber llevado a Lovecraft a su terreno, o por lo qué sea, el caso es que mientras lees esta biografía te van dando ganas de emprender la lectura de la obra lovecraftiana. Cuando finalizas, acabas convencido de ser un fiel seguidor de Howard Phillips Lovecraft, aun cuando no hubieras, como en mi caso, leído más que algún cuento suelto del autor. Houellebecq te convence de algo asi como que no es difícil llevar el pensamiento Lovecraftiano dentro de ti.
Valga como muestra la cita con la que inicia el libro: “Quizás haya que haber sufrido mucho para apreciar a Lovecraft“. Jacques Bergier
Lovecraft detestaba el realismo en la literatura( y en general). La novela en el siglo XIX, llena de curiosidad sobre el ser humano, fue prolífica en historias llenas de realismo donde el ser humano era retratado en un intento de comprender su compleja naturaleza. Lovecraft considera que – a inicios del siglo XX, ¡si hubiera llegado a nuestra época!- el ser humano ya ha sido mostrado tal y como es. Houellebecq cita a Lovecraft: “Estoy tan harto de la humanidad y del mundo que nada logra interesarme a no ser que incluya, por lo menos, dos crímenes por página o que trate de horrores innominados procedentes de espacios exteriores“. Se necesitaba un antídoto contra todas esas formas de realismo. Y eso es justo el universo que creó Lovecraft.
Nuestro biografiado no fue un muchacho común. Aquejado de cierta depresión nerviosa pasó infancia y adolescencia recluido en casa. Cuando se reincorpora a la sociedad, se nota que no se siente cómodo, hasta acabar afirmando que la vida adulta es el infierno. La sociedad le asquea y siente que no encaja. Un mundo en el que las personas sólo son valoradas por su capacidad de hacer dinero y de atraer sexualmente a los demás. Él se considera que no posee – como muchos otros – ni una ni otra.
Su modo de pensar es típico del mundo conservador y aristocrático del que se sentía heredero. Sentía aversión por los cambios, y despreciaba a la gente en general. Sin embargo individuo a individuo era una persona que sentía gran respeto por todo aquel a quien trataba. Hombre de extraordinaria dulzura y educación. Como debe ser
De ahi que cree su mundo basado en el gran horror, “El gran Cthulhu”, un mundo con unas fuerzas superiores a la nuesta, las cuales tratan a los humanos igual que nosotros a inteligencias que consideramos inferiores. A lo máximo que podríamos aspirar, de acabar dentro de ese horror, es acabar en una mesa de disección, cuando no triturados. Ese es el gran terror. Lo curioso, indica Houellebecq es que preferimos esa realidad alternativa a nuestra realidad – dios, satanás ….- cualquier cosa, por espantosa que sea que nuestra realidad. Y ahí emerge Lovecraft.
Los protagonistas son siempre seres ilustrados, victimas de lo innombrable, de lo inimaginable, seres de pesadilla, una máquina de malos sueños para personajes sensibles, capaces de sentir miedo, terror. Aqui podemos ver cierto incluso masoquismo, pues el destinatario de estos horrores sería él mismo y los que son como él.
Ahi otros puntos interesantes. De un lado lo increiblemente bien trazada que está la arquitectura de los sitios que describe. Parece que el lector vaya caminando por los paisajes descritos “sintiéndose” dentro de esa compleja arquitectura, lo mismo que los protagonistas que tan fascinados por lo que le rodea, inconscientemente, o no, ven el peligro pero son incapaces de huir. ¿Huir a donde?
Otro punto es su rechazo por dos elementos que lo alejan de nuestro mundo: el dinero y el sexo. En sus relatos no se hace referencia alguna dichos elementos. Esto ha hecho que no falten estúpidas especulaciones sobre Lovecratf – ¿homosexualidad?- rechazadas por Houellebecq con bastante gracia y contundencia.
Otro punto es el racismo de Lovecraft. Crecido en Providence, su racismo, su conservadurismo, no deja de ser teórico. Producto del único amor en su vida, marchará a vivir a Nueva York, donde tendrá que convivir con decendientes de esclavos negros entre otros. Esto sin duda acrecenterá su racismo. Este elemento negativo en sus escritos es revertido en la calidad de sus narraciones. Todas las criaturas salvajes que pueblan sus creaciones, todos esos horrores cogen inspiración de aqui. A lo que hay que añadir que su estancia en Nueva York es traumática. Casado – con Sonia haft greene -, es incapaz de conseguir empleo alguno. Es inútil para el mundo moderno, ese mundo que come hombres sin cesar. ¿No podría ser el mundo moderno su principal fuente de inspiración? Una vez separado y vuelto a Providence con una de sus tías es cuando su obra alcanzará mayores cotas. Una obra en la que se reflejan todas sus obsesiones, traumas, propias de alguien que nunca fue del todo feliz, de quien nunca se sintió encajado en el mundo. ¿Pero, quién lo está?
Espero haber sabido reflejar, aunque sea un poco, quien fue Lovecraft y lo que fue capaz de plasmar en el papel. Un autor que ha influido a multitud de autores posteriores a él, y que ninguno de ellos lo ha superado. Al final del libro Houellebecq deja una bibliografía de obras de Lovecraft y sobre Lovecraft. El consejo que nos da, que es el que yo voy a seguir, es leer directamente las grandes obras. Por suerte en España las tenemos editadas en dos volúmenes por la Editorial Valdemar. Se suponía que tal vez, algún día sacarían una tercera parte, con la correspondencia, que permitiría conocer en profundidad al genio de Providence, ese que huyó de la realidad, asqueado, y construyó otra, igual de inquietante o más. Lovecraft, que decía no al mundo, no a la vida. Pero de momento nada
“Narrativa completa I y II” de H. P. Lovecraft
La editorial Valdemar recopiló en dos volúmenes las obras completas de Lovecratf. El primer volumen fue publicado allá por 2005, y el segundo, cuando ya parecía que no saldría, en 2007.
Creador de un nuevo estilo de literatura de Terror, creador de un universo sobrenatural a caballo entre lo onírico, lo sobrehumano y lo que no tiene cabida en dimension alguna. Lo que ha venido a etiquetarse como terror o miedo cósmico. Son relatos bastante “rallantes” que realmente no son etiquetables dentro de nada conocido por el entendimiento humano, pero que han pasado a formar parte de nuestro imaginario colectivo.
Supuestamente debería salir editada una tercera parte, la de la correspondencia del autor, pero de momento nada de nada.
Esperaremos
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