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“El peregrino de las estrellas” Jack London
“No. No tengo respeto alguno a la pena de muerte. Se me antoja un sucio deporte que degrada, no sólo a quienes la perpetran a sueldo, sino a la comunidad que la tolera, al pueblo que la vota y al país que tal empleo hace de sus atributos. La pena de muerte es necia, estúpida, torpe y horriblemente anticientífica”
Esta es una de las muchas sentencias contundentes e inteligentes que expresa Jack London, ese aventurero culto que tan bien retrató el salvajismo del ser humano, en el formidable clímax final de esta hermosa novela, donde, una vez más, su pesimismo sale a relucir.
Resumen de muchas de sus obsesiones y temáticas, algunas de ellas contradictorias, lo que le hace aún más fascinante, este libro, también conocido como “El vagabundo de las estrellas”, narra la historia de Darrell Standing, un preso injustamente condenado a muerte, por una de esas leyes de su tiempo tan reales como absurdas, que, siendo repetidas veces sometido a la tortura de una especie de camisa de fuerza, logra escapar mentalmente rememorando las diversas encarnaciones que ha tenido a lo largo de los siglos. Una historia que es también la historia de la raza humana, donde se nos muestra las diversas facetas de ese gran escritor que fue Jack London.
Este es un delicioso libro de aventuras y de fantasía teñido de cierto romanticismo. Y es a la vez un lúcido trabajo donde el mencionado pesimismo del autor de “Martin Eden” palpita, clara o solapadamente, en toda su extensión cercana a las 500 páginas.
No es descabellado afirmar que este es uno de sus libros más antisistema. Declaraciones rotundas como “el individuo humano no ha hecho progreso moral alguno en los últimos diez mil años”, se suman a su asco por la pena de muerte, su escepticismo con la religión o su profundo desaliento con el hombre en general y la sociedad estadounidense que le tocó vivir, en particular.

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“El combate del siglo” Jack London
El 4 de Julio de 1910, el día de la independencia norteamericana, tuvo lugar un mítico combate entre dos campeones de pesos pesados invictos, en el estado de Nevada: James J. Jeffries, de raza blanca, que volvió del retiro porque no podía soportar que alguien de raza negra, Jack Johnson, fuese el campeón, lo que hería las ideas supremacistas y racistas blancas. Gran parte del público estaba con Jeffries, y éste fue vapuleado por Johnson, un personaje carismático y transgresor. Al combate siguieron disturbios raciales que costaron docenas de muertos y heridos, la mayor parte provocados por el resentimiento y el deseo de venganza de los blancos que se consideraban la raza superior.
Este libro, editado por Gallo Nero, se divide en dos partes. En la primera, Jack London corresponsal enviado al lugar describe el combate y los prolegómenos de éste. La segunda, escrita por Barack Y. Orbach en 2010, narra la vergonzante campaña de censura que tras el combate se dio por todo el país. Censura tanto hacia el Boxeo en sí, como a todas sus representaciones, fuesen caricaturas, dibujos o sobre todo, las filmaciones del combate a cargo de la incipiente industria cinematográfica. ¿Si hubiese ganado Jeffries hubiese tenido lugar? Casi seguro que no.
Es una buena manera de comprobar como London era un periodista vigoroso, rico en descripciones, que poseía un estilo dinámico, vigoroso. Aqui deja claro su admiración por la virilidad y los instintos primitivos, tan presentes en tantas de sus novelas y relatos. El London presuntamente racista, no asoma por ningún lado, y parece admirar, con genuina sinceridad, a Johnson, aunque sí es cierto que tampoco condena el racismo de Jeffries, también parece que era moneda corriente en esa época.
Del artículo de Orbach, también recomendable, se echa en falta más información, especialmente sobre la posterior y ajetreada vida de Johnson, pero es un sentido alegato anticensura que nos avisa que esos prejuicios tan lejanos pueden tener lugar hoy día y que las fuerzas reaccionarias, con tal de conseguir sus propósitos, son capaces de saltarse la legalidad vigente o modificarla a su antojo.
Un libro breve, conciso e ideal para completistas de London, entre los que me incluyo.

“Los vagabundos y otros cuentos” Jack London
Sobre Jack London se han exagerado o malinterpretado mucho un par de cuestiones: su romanticismo y su racismo, temas en los que insisten en exceso muchos estudios de su vida o introducciones de sus obras.
En lo primero habría que señalar que el componente romántico es mínimo y cuando en sus novelas o cuentos parece asomar, el protagonista choca crudamente con una realidad que lo desmiente. Véase el enamorado de “Martin Eden” que pone a su amada en un pedestal y cuando comprueba que ha vivido una mentira y que esa mujer es de lo más vulgar, se encarga él mismo de tirar su idealizada imagen abajo.
Sus personajes corren aventuras con afán de enriquecerse y al contrario que en los westerns “made in hollywood” que tanto le deben, no les impulsa un corazón noble y acartonado sino una obsesión enfermiza que les llevará, a ellos y a los que les rodean, la mayor parte de las veces, a la perdición. Devorados por una naturaleza salvaje o víctimas de la más brutal condición humana. No abundan los “happy ends” en la obra de London y sí una visión pesimista, desesperada, del mundo en el que vivimos.
De su racismo algo hay, pero nótese en cuantos de sus relatos hay personajes positivos de otras razas o cómo insiste en que todos somos iguales. Más parecen expresiones propias de la época que un racismo o xenofobia reales porque lo único malo de “El chinito de Honolulu” es su título. Aqui está el London aparentemente amable y hasta desenfadado pero que esconde toneladas de sarcasmo y suelta agudezas como ” su perspicaz observación le reveló el primer secreto: es a saber, que ningún hombre se hace rico con el trabajo con sus propias manos”. Esto lo sabía muy bien, por haber sido trabajador durante muchos años no tardó en descubrir un secreto tan importante como el primero: este es ” que los hombres se hacen ricos con el trabajo de manos ajenas”. Este es el London más socialista, donde su “heroe” es un oriental y los occidentales aparecen retratados poco menos que como trepas idiotas e incultos obsesionados por el dinero, el poder y las apariencias. ¿Que los nazis admiraban a London? Pues la descripción que da de la sangre de esa familia multiétnica no es precisamente el sueño de la raza aria.
Con introducción de Ivana Graciella Mollo, edición de Edimat, traducción a cargo de José Luis Moreno Ruiz, apenas seis historias integran este librito, más que apreciable aunque por debajo de obras similares de London. “Los vagabundos” muestra su lado más sórdido y oscuro. “El ídolo rojo” empieza siendo una salvajada y se desliza progresivamente hacia lo fantástico. Un relato aplastante y muy equilibrado con violencia y magia a partes iguales, una pequeña joya típica de su autor. En “Como Argos en los tiempos” volvemos a su habitual Alaska, un territorio tan Londoniano como el pacífico sur o Hawai, donde destaca esa descripción de la involución y presunta agonía de un ser humano. El breve “Hawaiana” sí que tiene un fuerte componente romántico enlazado por el dolor y la tragedia. Tiene aires de Dickens y es el London más sensible.
Aqui demuestra que también sabía perfilar con sutileza un personaje femenino y parece una desgarrada denuncia de los tabues que impedían a una pareja estar junta por permanecer a diferente etnia. ¿London racista?
Lo único malo de “La pillastrona” es su anticuado e inadecuado título. Una historia típica de London, la de un buscador de oro, en unescenario insólito, los Andes.
No llega a las alturas de otras obras de London, repito, pero cualquier aficionado suyo quedará satisfecho con esta recopilación que se lee rápido.
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Monográfico: Libros de Jack London
Jack London ( 1876-1916 ) es uno de los autores más aplaudidos y populares que se conocen. En todas sus obras se repite la proclamación de la doctrina naturalista donde sólo los más fuertes y preparados podrán sobrevivir. Nacido en San Francisco, trabajó en mil cosas y fue un gran viajero. De sus viajes sacó todo lo necesario para escribir sus inmortales obras.
El autor de “La llamada de la naturaleza” trata sus habituales temas con su brillante, vigoroso y penetrante estilo. El ser humano, perdido en la inmensidad del cosmos, lucha contra las adversidades que tarde o temprano acabarán por superarle. Los héroes ( o antihéroes ) de London no son más que minúsculas motas de polvo ante un universo monstruoso y hostil, bello y brutal al mismo tiempo, pero tienen un gran instinto de supervivencia y una gran voluntad para salir adelante casi siempre.
Os dejamos un listado con los libros de Jack London que pueden encontrarse en las librerías, con sus correspondientes editorial. Si nos hemos dejado alguno, decídnoslo. Hay uno que ya no puede encontrarse en las librerías, o al menos yo no lo he visto. Lo tengo desde niño, y aún un poco desvencijado, le tengo gran aprecio: “La expedición del pirata”, editado por Moby Dick, biblioteca de bolsillo Junior, número 66 de su colección, de color naranja y en la portada una pintura, reza la misma contraportada, al oleo original de Percevel Rockwell. ¡ Qué recuerdos !
También hay numerosas películas basadas en sus obras:
Desde “Colmillo blanco”, con sus diferentes versiones, y “La llamada de la naturaleza” con también sus diferentes versiones, hasta “Las aventuras de Jack London” ( 1943 ) dirigida por Alfred Santell, film sobre el escritor que se toma bastantes licencias pues tiene lugar en 1943 cuando London ya llevaba muerto casi 30 años. Hacednos saber si existen más.
Alguno de estos títulos los hemos reseñado aqui en MELIBRO y os dejamos un enlace en cada título.
- Antes de Adán y La peste escarlata. Navona
- Asesinatos S. L. Alianza
- Aventura. Valdemar
- Comillo Blanco. Alianza
- Cuando los dioses ríen. Navona
- El camino. Editorial Buck
- El lobo de Mar. Alianza
- El peregrino de las estrellas. Valdemar
- El silencio blanco y otros cuentos. Alianza
- El pueblo del abismo. Valdemar
- El vagabundo de las estrellas. Alianza
- Jerry de las islas. Ediciones del viento
- John Barleycorn. Las memorias alcohólicas. Valdemar
- La invasión y otros terrorismos. Laertes
- La llamada de la naturaleza. Alianza
- La quimera del oro. Anaya
- Los mejores cuentos de los mares del sur. Navona
- Los mejores cuentos del gran norte. Navona
- Martín Eden. Alba
- Relatos de Alaska. Castalia
- Relatos de los mares del sur. Alianza
- Siete cuentos de la patrulla pesquera y otros relatos. Alianza
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“John Barleycorn. Las memorias alcohólicas” Jack London
Este libro autobiográfico, uno de los más sabios y lúcidos que pueden leerse sobre este tema, narra, reflexiona y analiza la larg relación que tuvo Jack London con el alcohol, conocido en su época con el sobre nombre de “John Barleycorn”.
Desde la primera vez que se emborrachó, ¡ a los cinco años !, hasta el momento en que escribió este libro, ya consolidado, en 1913, tres años antes de su muerte. London traza su relación de amor-odio con una bebida que le hizo trascender a sí mismo en una explosión de vida, facilitó sus relaciones sociales y le brindó, nunca mejor dicho, no pocos momentos de absoluta felicidad. Una felicidad conseguida a base de componentes artificiales, que en otros muchos momentos lo sumió en los más oscuros abismos cercanos a la adicción y la más honda desesperación.
Todas las constantes de London asoman aqui, si bien algunas de forma pasajera: su socialismo, el amor por la aventura salvaje y romántica, la apología de la amistad y de la virilidad, el mar, las influencias de Nietzsche y Schopenhauer en su vida ( ¡ siempre ellos ! ), si infancia pobre, su éxito tras años de rechazo editorial, su trabajo embrutecedor en todo tipo de horrorosos empleos que hizo que abominara del término “trabajo”, su rebeldía frente a una sociedad estúpida y vacía, y sobre todo su vehemencia, su caracter fuerte y pleno de resolución que hizo que pasara de ser un trabajador que había cultivado el cuerpo, a convertirse, en pocos años, y tras la cantidad de experiencias y estudios que vivió, en un erudito y sabio como pocos.
“John Barleycorn” le hizo ser más consciente de lo efímero de la vida, de la futilidad de toda existencia, un pensamiento revelador, que él intentó combatir en beneficio de unas ilusiones ( mentiras ) que le mantuvieran en pie y le hicieran feliz. Un combate desigual que le hizo juguetear con el suicidio. London había abierto los ojos a la realidad del mundo y después de eso es imposible cerrarlos. Puedes disimular, convencerte de que todo va bien, pero tarde o temprano vuelves a caer en los más negros pensamientos…a no ser que aceptes la realidad tal como es.
“El hombre, al contrario que los animales ha sido dotado con el don de la razón. Con su cerebro puedepenetrar y descubrir la mistificación de las cosas y contemplar el universo, indiferente consigo mismo y para con sus semejantes. Puede hacer eso, pero no le resultará p lacentera tal contemplación. Para vivir, y vivir abundantemente….es preciso estar ciego y con los sentidos embotados. Lo cual es una verdad irrefutable”. Otra cita, “ La moral no existe, sólo en el hombre hay moral porque el hombre la creó. Ese código de conducta que ordena el vivir y que no tiene nada de verdadero, sino que es absolutamente dudoso”. Son muestras de hasta donde llegó el pensamiento de London. Y la paradoja es que esto lo supo por “John Barleycorn” y que el mismo líquido amenzaba con hundirle o alzarle según el momento.
El libro acaba con una ingenua y hasta puritana diatriba en contra del alcoho, aún reconociendo que lo seguía bebiendo ocasionalmente. ¿ Fue una victoria definitiva ? Todo parece indicar que no y que London siguió bailando con “John Barleycorn” hasta el fín de sus días. Pocos libros muestran con tanto detalle, precisión e inteligencia, pese a ese moralizante final, toda la gloria y toda la sordidez del alcohol. Y lo primero suele llevar a lo segundo. Así, pese a sus altibajos y merced a una narración rica en anécdotas salvajes y hasta divertidas, y reflexiones mayoritariamente agudas, “John Barleycorn. Las memorias alcohólicas” se erige en, además de otra notable obra de London, en uno de los estudios más perspicaces sobre este líquido elemento que tantas veces te lleva al paraíso para a continuación despeñarte hacia el infierno, pero que mucha gente seguirá tomando hasta el fín de los tiempos para soportar la triste vida y sacarla de la rutina que amenaza con reventarles por dentro, algo que en muchos casos, ya se encargará de hacer este engañoso amigo.
¿Se suicidó London de verdad?¿Acabó perdiendo su batalla con “John Barleycorn” y pasó a ser él el sujeto pasivo?¿O fue un desgraciado accidente, una sobredosis no buscada?Algo parezca algo bestia yo prefiero casi lo primero. Así, como dice el poema, London fue “el capitán de su alma, el amo de su destino”. Hasta el final, y lo cometió por ese hartazgo, ese asco existencial hacia todo bicho viviente que asoma, junto a la idea de suicidio, intermitente en toda su obra. Claro que se fue mucho antes de tiempo y nos dejó huérfanos de una obra que podría haber sido mucho más considerable de lo que ya es.
Escribía London, ” nuestra vida es una trampa, nuestra muerte un abismo negro. Los pies de las víctimas, invariablemente, quedan suspendidos sobre la muerte”. Para consolarnos en este mundo hermoso y horrible a un tiempo y para no engañarnos antes que llegue el inevitable y dicharachero final, está la obra de este genial escritor que se atrevió a mirar a la cara a la realidad.
Baudelaire decía que lo que uno llevaba a la droga, la droga se lo devolvía. A London, por desgracia, y como él mismo afirma, se lo acabó devolviendo con intereses.
UN APÓSTATA
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Este libro reúne ocho relatos ambientados a principios del siglo XX en el pacífico sur, en plena colonización violenta de las numerosas islas de la zona.
London hace gala, una vez más, de una impresionante brutalidad, más convincente por la naturalidad con la que la cuenta. Sus cuentos parecen contagiarse de la fuerza visceral que emana desde sus primigenios personajes, y sólo el hermoso “En las estera de makaloa” que recuerda a las tragedias de Charles Dickens, resulta ser una excepción por su melancolía, su romanticismo y su punto de vista femenino.
En estas historias, donde impera el caos y el azar, poco tienen que hacer la religión o la ética del ser humano, ya sea del colonizador blanco occidental, la de los indígenas de la zona o la de los esclavos procedientes de oriente. Todas sus creencias son barridas por la realidad representada en la violencia de los hombres, la burocracia, ( véase “El chinago” ) de los que mandan y que resulta también absurda, o las fuerzas de la naturaleza indiferentes al sufrimiento que causan, y en una fuerza de la naturaleza, libre e indomable, es a lo que aspira a convertirse el héroe o el superhéroe londoniano, en ser, como dice el ahora famoso poema de Henley, “el dueño de su propio destino”.
El escritor se muestra, una vez más, ambivalente en este sentido. Parece dar por supuesta la superioridad del hombre blanco, al menos en ciertas circunstancias, y admira sus rituales y su increible valor, pero a la vez no parece sentir desprescio por otras razas y es consciente que tal superioridad se debe a su tecnología, a su falta de empatía, a sus obsesiones de conquista y especialmente, a su tremenda estupidez e ignorancia respecto a todo lo que le rodea, con las culturas aborígenes a la cabeza, lo que le lleva a hacer el mal con sus leyes y su violencia con la convicción de que están haciendo el bien. Gracias a esto someten a los demás, a sus caprichosos designios.
Alguno de estos relatos está recorrido por un suave sentido del humor y cierto tono crítico, y tiene su base en las propias experiencias y viajes que realizó el aventurero London por la zona en su rol de periodista. Otros están protagonizados por esclavos o gente de otras razas que son perseguidos y marginados por el hombre blanco y London los trata con simpatía, deferencia y hasta admiración. No sólo oculta su “lado oscuro” ( el canibalismo campa a sus anchas por buena parte del libro ) pero parece afirmar que el término ” superhombre“, tan querido por él, es compatible con todo tipo de culturas.
El autor de “La llamada de la naturaleza” trata sus habituales temas con su brillante, vigoroso y penetrante estilo. El ser humano, perdido en la inmensidad del cosmos, lucha contra las adversidades que tarde o temprano acabarán por superarle. Los héroes ( o antihéroes ) de London no son más que minúsculas motas de polvo ante un universo monstruoso y hostil, bello y brutal al mismo tiempo, pero tienen un gran instinto de supervivencia y una gran voluntad para salir adelante casi siempre ( a veces el suicidio ronda por sus cansadas mentes, como le pasó al propio London, pero en este libro no hay ejemplos de ello ) y ser, ante todo, ellos mismos.
La brutalidad salvaje, sin piedad, de algunos de estos potentes cuentos queda bien reflejado en los iniciales “Koolau el leproso” o “El inevitable hombre blanco” o el impactante arranque y final de “El diente de la ballena”. Violencia cruda representada sin ningún tipo de artificios, efectismos o concesiones.
En algún relato se echa en falta algo más de desarrollo ( en “El diente…” sin ir más lejos ) pero es otra buena muestra del gran talento de su autor que demuestra sus grandes dotes para narrar historias de hombres desesperados enfrentados a situaciones límite que les sobrepasan.
Con todas sus imperfecciones London era, es y seguirá siendo un autor fascinante
RED SONJA
Share“Un buen bistec”(Cuando los dioses ríen, editorial Navona) de Jack London
Dentro del libro del gran Jack London, editado por Navona, en su colección Reencuentros, “Cuando los dioses ríen“, libro de relatos, se puede encontrar el magistral cuento “Un buen bistec” – “A piece of steak“-. Este cuento, que también puede ser localizado en la colección Read&Listen de Pons - colección de piezas clásicas de la literatura universal, en idioma inglés, con el léxico más difícil anotado a parte en castellano, dirigido a estudiantes de inglés de buen nivel – es un fantástico relato corto que conviene ser leído tanto por los amantes de la literatura de London, tanto como para quien desee leer algo del autor sin conocer nada de su obra.
Es la historia del boxeador Tom king. King fue un renombrado pugil. Admirado, agasajado por todos.
No obstante el inexorable paso del tiempo marca su carrera deportiva. Otrora en forma y temible, ahora King se halla en franco declive. Antes era bien pagado, todos apostaban por él, le patrocinaban e incluso fans le pagaban sus bebidas y le llevaban en coche a los combates. Ahora, y él mismo es consciente de ello, ya no está en forma, algo inevitable. Nadie apuesta por él, sino por su contrincantes, mucho más jóvenes que él. Lo peor es que debe ir a pie de casa hasta el lugar de la pelea, con lo que entra al cuadrilatero completamente exhausto. Como añadido, sólo cobra si gana. Si pierde se vuelve tal y como vino. Pero lo peor de todo, sin duda, es que apenas si ha comido. Él, que todo lo tuvo, ahora sueña con un buen bistec.
Lo relatado se centra en su último combate. Ya en casa se siente derrotado, triste, viejo, pesado. Se despide de su mujer sintiéndose no como los trabajadores modernos alienados en fábricas, que trabajan a cambio de un salario, sino sintiéndose primitivo, yendo a trabajar batiéndose el cobre, en una lucha desigual en la que debe jugarse su cuerpo. Como ir de caza. Comida a cambio de golpes. De camino siente que no es buena idea ir caminando el par de kilómetros hasta la pelea. Siente que le faltarán las fuerzas. Al llegar nadie le reconoce. Su tiempo ha pasado. Por fin alguien veterano le reconoce como la estrella que fue y eso le da fuerzas. Sus últimas fuerzas.
Dos pensamientos se cruzan desde que comienza la pelea con un pugil joven, una promesa como la que él fue. La primera es que recuerda perfectamente al viejo Stowsher Bill. King batió a Stowsher el día de su revalida. Recuerda su propia altanería contra al que consideraba un rival acabado.
Recuerda su saña y como se alegró de que éste marchara llorando a los vestuarios. Ahora sentía que la llamada de la juventud se cernía sobre él inmisericorde, tal y como él hizo con Stowsher Bill.
La otra es que tiene hambre. durante todo el maldito combate, tiene hambre, ay, necesita un buen bistec. El relato es maravilloso. London en su línea. Mostrando al ser humano como una fragil brizna de hierba en medio de un universo hostil, en medio de una furiosa ventolera. Los más fuertes sobreviven. La civilización radica en que nadie morirá por esto. Simplemente la mentalidad “civilizada” – cambiemos el nombre y llamémosla contemporanea - hace que el más débil debe retirarse, dejar paso a los fuertes, a cambio de no ser devorado. La vejez debe dejar paso a la furiosa e impetuosa juventud. Apartarse y esperar a que llegue tu hora. ¿A qué se supone que se va a dedicar el pobre Tom King? ¿Qué penurias no pasaría el viejo Stowsher Bill tras ser batido por King? Y la rueda girará hasta la eternidad.
London hace un retrato del combate en sí más que apasionante. Se nota que entendía del tema. Ganchos, fintas, amagos, golpes de derecha… King aguanta como un jabato. Hace una gran pelea, memorable incluso.
Está cerca de conseguir su objetivo. De burlar el destino que tenemos todos. Pero nadie burla a ese destino cruel. ¡¡Si hubiera podido comerse ese “buen bistec”!!.
Derrotado sin dignidad, pues no hay dignidad para el perdedor por más que se haya portado de forma más que digna, se marcha de lo que ha sido toda su vida. Debe volver a casa y decirle a los suyos que vuelve con las manos vacías y más hambre que antes. y derrotado. Hoy no habrá cena. Quien sabe mañana.
El relato acaba con una gran reflexión:”¡Pobre viejo Stowsher Bill!. Ahora podía entender por qué Bill había llorado en los vestuarios.
A modo de epílogo os dejo los cuentos que componen esta selección hecha por Navona, prologado por José Luis Piquero con el contundente y revelador título, que muy bien define la obra de London, de “La lucha por la vida”:
-Cuando los dioses ríen
-Semper idem
-Una nariz para el rey
-El apóstata
-Él los creó
-Una mujer malvada
-”Sólo carne”
-Un fragmento curioso
-Rumbo oeste
-El chinago
-El Francis Spaight
-Un buen bistec
“El lobo de mar” de Jack London
Una de las novelas del singular London donde subyace la filosofía de Nietzsche. En ella se narra el enfrentamiento, en alta mar, entre el Lobo de mar del título, Wolf Larssen, y el protagonista, un burgués convertido a la fuerza en marinero. O dicho de otra manera: entre un ser cruel, individualista, carente de compasión y de empatía, salvaje, primitivo, aunque no exento de cultura, que ha vivido siempre en condiciones precarias y hasta extremas, alguien para el que el planeta y el ser humano son elementos hostiles, y un joven idealista, educado en el civismo, en el arte y la belleza, en el respeto al prójimo y cuyos pensamientos van a ser sacudidos por la dura realidad.
London era un escritor que sabía definir perfectamente a los personajes, describir el ambiente en el que se movían e integrar discurso, diálogos y acción, en un conjunto dinámico y sumamente armonioso donde cada elemento tenía su función narrativa.
Este es un libro de una exaltada belleza pero también de una crueldad terrible, que sigue incomodando hoy día, un libro vigente, de eterna modernidad. London era un genuino narrador que contaba buenas historias con las tripas y el cerebro, producto tanto de su amplia aunque desordenada formación intelectual y sus viviencias como aventurero.
El mundo marítimo de “El lobo de mar”, es un mundo hostil, de depredadores que se comen los unos a los otros en su afán por sobrevivir, donde el super hombre nietzschiano se mueve como pez en el agua ( o como un tiburón blanco ) y pone a prueba su vida bajo las circunstancias más adversas llevado por su arrogancia y sus ansias de superar todo tipo vicisitudes para reafirmarse. Los pensamientos del filósofo alemán se hacen realidad, se hacen carne, se concretan en un ser humano transformado en su propio dios.
Si es este personaje el que dota de principal interés, de una perversa fascinación a la que aparenta ser una novela tradicional de aventuras, dicho interés desciende en picado en la parte final. En mi opinión acaba siendo un remedo tópico de “Robinson Crusoe”, con pareja de enamorados virginales incluidas, mucho más blando y menos riguroso de lo que era. Del tenso, magnético duelo entre Larssen y el protagonista sólo quedan resquicios, y ese climax final parece más propio de una historia de psicópatas invulnerables, de esas que enlas últimas décadas han saturado librerías y pantallas de cine y televisión.
Vista en conjunto, y sin ánimo peyorativo, ya que es una pequeña joya se mire como se mire, le veo muchísimas similitudes con el cine de la hoy de moda Kathryn Bigelow, en particular el de sus primeras, personales y mejores películas: “Los viajeros de la noche”, “Acero azul” y “le llaman bodhi”, más el guión que escribió junto a Eric Red para “Carretera al infierno” de Robert Harmon, con un gran Rutger Hauer. Todas ellas narran las historias de unos jóvenes normales que se verán enfrentados con sus monstruosas némesis: seres amorales, salvajes, al margen de la ley, tan peligrosos como sabios, que les sumergen en una relación amor/odio, en un viaje hedonista y peligroso por el lado oscuro de la vida, hombres que viven en una montaña de sensaciones que no tiene nada que ver con la mediocridad y la rutina de sus potenciales víctimas. Victimas que aprenden de sus malsanos maestros para salir de los abismos más fuertes, más maduros tras vivir lo impensable, lo que no soñaban siquiera en hacer. Ahora ya pueden mirarlos a la cara, volver a su posición original y enfrentarse a ellos en un último duelo mortal ¿No es esto lo que narra “El lobo de mar”?Incluso, ¿No subyace su verdadero espíritu, aunque sólo sea un poco, en esas historias de vampiros humanos?
Aún difuminado y no tan despiadado, veo a London en muchas de esas imágenes. London sigue siendo un escritor peligroso, a su manera. ¿Cómo habría sido su vida su no se hubiera suicidado? Tal vez hubiese madurado sus ideas socialistas que chocaban con su racismo o su devoción por Nietzsche, tal vez, harto de ser multimillonario, y si su alcoholismo se le hibiese permitido, hubiera vuelto a la vida aventurera. Un año después de su muerte, USA entró en la I guerra mundial. Casi me lo imagino de corresponsal en Francia. Sea como sea, nos hemos perdido seguro unas cuantas grandes obras, aún reconociendo que alguien como el autor de “La llamada de la selva” era casi imposible que llegase a viejo.
Share“La quimera del oro”de Jack London
Este ejemplar que he leído es, al parecer, una recopilación de cuentos escogidos de los volúmenes originales del autor. Publicado por Ediciones Generales Anaya en 1981 – ahora es conseguible en Anaya, colección “Tus libros” -y que tienen como tema común la búsqueda del oro, convertida en auténtica fiebre, que tuvo lugar a finales del siglo XIX y principios del XX en Alaska, la última frontera una vez conquistado, colonizado, el oeste.
El libro, con ilustraciones de Justo Bardoza, y un esclarecedor apéndice de Francisco Cabezas Coca, está clasificado como literatura juvenil, y lo cierto es que el London no tiene mucho que ver con esta etiqueta, al menos tal y como se entiende hoy día el término.
London, como aventurero que fue, también busco Oro en Alaska, y esto más su experiencia como periodista, son las principales bases para los trece cuentos, de un nivel general alto, que aqui se incluyen.
Más que por el reportaje que es “Los buscadores de Oro del norte” de valor principalmente sociológico o histórico, el libro vale la pena por joyas fascinantes como “La hoguera”, el tremebundo “El burlado”, “El filón de oro”, o el darwinista, radical y despojado de toda esperanza y romanticismo superfluo, “Ley de vida”.
Los héroes de London son gente con una idea fija, la de hacerse ricos, que se convierte en una obsesión en su afán de encontrar su propio ELDORADO. Estos hombres llegados de la civilización chocan brutalmente con la realidad y con su propia condición humana.
La naturaleza de Alaska, la auténtica protagonista del libro, descrita con tanto esmero como efectividad por un London que crea atmósferas únicas, es tan salvajemente hermosa como despiadada. Los que osan explorar sus tierras se las ven con inmensidades vacías interminables. Un silencio perpetuo y enloquecedor. Frío extremo, carencia de recursos,etc…Unas condiciones tan crueles que se traducen en hambre, congelamiento, locura. Un entorno hostil, ominoso, que contempla con total indiferencia las vidas que luchan por sobrevivir en unos parajes desolados. Como se dice en “Ley de vida”, la vida humana no es más que una efímera nube, algo que en sí tiene escaso valor ante el mundo, ante un cosmos a lo sumo burlón – si no indiferente -con los microbios que moran bako las perpétuas y frías estrellas.
En estas circunstancias el hombre Londoniano involuciona hacia sus antepasados de las cavernas, se ve reducido a un salvaje con un fuerte, visceral instinto de supervivencia que lucha denodadamente contra lo que le rodea, con tal de seguir respirando. o con tal de hacerse rico, aunque cada uno tiene sus propios límites. En ese sentido “Amor a la vida”, de equívoco título, es un cuento tan cruel como sobrecogedor.
Si a estas condiciones le sumamos la intrínseca maldad humana, hay cuentos como “En un país lejano” o “Diablo”, donde los hombres sacan su lado más primitivo y violento, para enfrentarse los unos con los otros o i ncluso con los animales. Es un universo de depredadores y de locos paranóicos donde sus costumbres civilizadas saltan en pedazos como en “Lo inesperado” o los ya mencionados “El burlado” o “El filón de oro”.
En algunos relatos asoman las ideas darwinistas del autor, en otros parece haber un leve sentido del humor o una ironía que hacen que, por ejemplo, “Demasiado Oro”, sea más ligero que los brutales cuentos que componen este libro. Unos cuentos sumamente tensos, donde London demuestra su talento como narrador en historias llevadas a sus últimas consecuencias, y escritas con dinamismo y a la vez con una descripciones adecuadamente meticulososas.
Llama la atención cómo en “El filón de Oro” London describe un pequeño paraíso terrenal que poco o nada tiene que ver con el resto del libro, y cómo el hombre aparece definido como un instruso destructor que origina caos y violencia rompiendo la paz del lugar, algo premonitorio de la presencia del ser humano en todo el globo. Se supone que la siguiente frontera a conquistar es el Espacio. Ya me imagino dentro de varios centenares de años, todo el universo contaminado, repleto de chatarra espacial y con urbanizaciones hasta en el último rincón de Plutón.
Y eso es el “progreso”
Share“Martin Eden” de Jack London
Se acaban de cumplir 100 años de la publicación de esta demoledora novela, plenamente vigente, donde se narra la vida de Martin Eden, el ignorante marinero que se convierte, tras un proceso doloroso, en un célebre escritor, alter ego del propio London (1876-1916), para comprobar, una vez llegado a la cima, que ésta es un sitio solitario y carente de belleza, lo que le llevará a una decisión que no me atrevo a juzgar o a condenar, como pasó con el propio novelista.
Este es un libro fuertemente influido por las doctrinas de Nietzsche y especialmente la teoría del super hombre de “Así habló Zaratustra“, doctrinas pervertidas por el nazismo y que son clave en las corrientes del satanismo moderno, que no por casualidad, tienen a Jack London en un altar.
El viaje personal de Eden, sediento de vida, belleza y arte, locamente enamorado de una mujer de elevada posición social, es un viaje hacia la desilusión y la autodestrucción. Un viaje, como diría Baudelaire, hacia el aniquilamiento. Cuando Eden cumpla sus sueños, verá que está vacío y solo, que no tiene a nada ni a nadie sobre lo que agarrarse. Porque, una vez caídas todas las máscaras, todas las fachadas, todas las falsedades, la realidad le revela que nunca ha existido nada que lo pueda sostener permanentemente. Ni las personas ni los libros. Nada. Un descenso camuflado de ascenso hacia la nada más absoluta.
Su tremenda y apática lucidez le muestra las miserias del ser humano, sin distinción de religión, creencias políticas, sexo o posición social. Cuando la venda se le ha caído de los ojos, comprueba que esa maravillosa mujer que amaba, era una farsante carente de ideas propias. “La belleza está en los ojos del que mira”, dice un conocido refrán, pero cuando ve que el objeto de deseo es tan repugnante, dicha belleza se desintegra. Una belleza que quizás nunca existió de verdad( por darle un calificativo más moderno y vulgar, definiría a Ruth como una completa gilipollas, de las que por desgracia abundan. Y en hombres igual). Famoso y rico, Eden ve como los mismos que le despreciaban y le insultaban, ahora le adulan, hacen reverencias, todo intentando sacar tajada.
Sus sueños de belleza, de poesía, de trascendencia, cuando por fin se cumplen con sus libros y su arte, no tienen efecto alguno entre los borregos que forman parte de una sociedad embrutecida y avariciosa hasta lo enfermizo, donde vales según lo que tienes, consigna que en el siglo XX, y lo que llevamos del XXI, ha alcanzado su máximo esplendor. No importa como lo has conseguido, lo que importa es que a los ojos de esta sociedad cancerígena, ya eres alguien. Eden – London- sufre esto en su propia carne. Unsa sociedad alienada, enferma por el dinero y la fama, basada en el trabajo y en la explotación, concepto rechazado por London. Para él, el alcoholismo es una consecuencia de esta sociedad y su ética laboral, nunca una causa.
Una sociedad compuesta por rebaños humanos, mediocre, estúpida, amiga del linchamiento mediático, enemiga del auténtico individualismo, aunque si éste triunfa, lo puede abosrber para sus fines, como pasa con Eden, como pasa con ese misántropo que fue London.
London, al igual que la película “El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford“, habla del poder de los medios de comunicación, un poder fuera de control. La gente está ansiosa por la fama, por ser popular, por ser visto con alguien famoso, un reflejo de su tiempo que se ha acentuado extraordinariamente con los avances tecnológicos. London, antes que Andy warhol, ya hablaba directa o indirectamente de los quince minutos de fama a los que aspira todo bicho viviente, como si fuese el sumun de la revelación, de la trascendencia. La misma fama que sirve para que la sociedad te linche o te olvide tras la efímera gloria. La belleza de las obras de Eden está indefensa ante esta maquinaria brutal, zafia y primitiva.
Sería un error verlo sólo, en mi opinión, como la historia de un hombre que vive su vida al máximo y que una vez saciado, ahíto de placeres, (¡¡¡¡¡¡ojo, que voy a destripar el final!!!!!!!!!!)acaba quitándose la vida, un anticipo del suicidio del propio London. Hay algo de esto, pero el dolor, la perplejidad, la decepción, incluso el odio y el asco que siente por el ser humano, es parte fundamental de esta elección.
Mucho antes Eden atraviesa una época nietzschiana donde su justificado rechazo a sus semejantes se vuelve momentaneamente más siniestro: “soy oponente del socialismo, lo mismo que soy contrario a una democracia híbrida, mestiza, que no es más que un pseudosocialismo enmascarado…yo soy un reaccionario”. El problema de dicha filosofía es que un individualismo sano y una misantropía lúcida dan paso a unas consignas solapadamente racistas y belicistas, con la crueldad como eje central. Un maniqueismo de fuertes y débiles, que asoló el siglo XX, desde Auschwitz a Wall Street, donde prima la diferencia de clases y un egoismo salvaje y cruel. Eden pasa de ser un proletario a detestar a los de su condición: “Más vale un tonto ignorante que un tonto ilustrado”, dice una frase de Moliere, y Eden, momentaneamente repito, se convierte en un ejemplo de esta frase. Se convierte en un engreido, arrogante, que se cree superior a los demás por el mero hecho de tener una vasta cultura. La cultura creo yo que entre otra muchas cosas debe servir para aprender a ser humildes, no para tener un ridículo afán de quedar por encima de personas que no han leído tal libro o visto tal película.
Ironicamente Eden demuestra su “superioridad moral” o su intransferible, innegociable individualismo de otra manera: cuando alcanza la fama no ejerce una justificada venganza sobre lo parásitos que quieren chupar de él. Eden está por encima de eso: los trata con educación y magnanimidad. El desprecio se lo guarda y reparte su dinero, el auténtico dios de la sociedad capitalista, entre los que ahora le jalean groseramente sin entender un ápice de su arte. Él es mas humano, en el buen sentido, que los insectos que le rodean. No hace caso al vil metal.
Eden ha llegado al final de su viaje. Apático, desprovisto de emociones, vacío, cansado. La belleza se ha extinguido. Eden es demasiado lúcido – lo peor que le puede pasar a un ser humano, tener lucidez- y ve a los demás tal y como son. No hay nada más. Su suicidio no tiene nada de atormentado. Si acaso una cierta melancolía. Y enorme alivio.
No soy un experto en Jack London. Pero la decisión de suicidarse, multimillonario, a los 39 años, está claro que fue causado por su aversión al ser humano. Esto ocurrió cuando era un escritor reconocido. ¿Pero qué importa el reconocimiento cuando te importa un carajo la opinión de los demás?¿Cuándo te ensalzan los mismos que detestas?
Bajo su apariencia clásica, incluso con un arranque tradicional, ortodoxo, casi convencional, con sus defectos y aciertos, llamaradas de luz y contradicciones, o aparentes contradicciones, “Martin Eden” es una de visiones más devastadoras sobre el ser humano- ese virus, como decía el agente Smith en “Matrix“- que he leído en mi vida.
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