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“El maestro de la inocencia” Tracy Chevalier
El maestro de la inocencia/ Tracy Chevalier
Al terminar de leer el último libro de Chevalier lo primero que pensé fue: Por el amor de Dios Tracy… ¿Se puede saber qué has hecho? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
La culpa es mía. La culpa de todo la tengo yo por crearme expectativas. Si ya sabía yo… ¿Qué esperaba? ¿Algo parecido a La joven de la perla? Pues no. Gurb. Y mira que sus anteriores novelas me habían gustado pero en este Tracy y yo no hemos terminado de congeniar.
Al principio todo indicaba lo contrario. Vale. La novela ocurría en
Londres. Bien. En el XVIII. Bien también. Con un circo de por medio.
¡Oh! ¡Sonaba genial! Pero luego…
El azul de la virgen, Ángeles fugaces, La dama y el unicornio y por supuesto La joven de la perla. Si quieres disfrutar con Chevalier empieza por estas y luego si tienes mono de más entonces lee su última novela. Y luego ya hablamos.

“Muchos matrimonios” Sherwood Anderson
“Leo cada día en los periódicos que, sin previo aviso, algún hombre de negocios seguro y sosegado huye con su estenógrafa. Este es el acontecimiento central de “Muchos matrimonios”. Pero en el resplandor de un inagotable y esperanzador éxtasis, lo que se conoce como un vulgar affaire se transforma en una transición de profunda y mística importancia”
Estas palabras, extraídas de una reseña que allá por 1923 el gran Francis Scott Fitzgerald hiciera de “Muchos matrimonios”, ahora reeditada por la Editorial GALLO NERO, retratan la obra que tenemos delante nuestra, una obra que fue rechazada por sus contemporáneos, por una sociedad moralmente encorsetada, que rechazaba de pleno cualquier camino que no fuera la autopista del matrimonio convencional, monógamo, sin posibilidad de libertad alguna para los individuos. Como dice el autor de “El gran Gatsby”, el heroe de “Muchos matrimonios” se acerca más que otros personajes literarios a la existencia de un vacío absoluto. Remata afirmando que “Muchos matrimonios no es inmoral: es violentamente antisocial”
Sherwood Anderson ( 1876-1941 ) creó una novela que rompió moldes en su tiempo, que fue rechazada por escandalosa, pero que sin duda abrió una grieta en el modo de pensar de la gente. No muchas obras y autores pueden jactarse de haber logrado esto.
Se trata de la historia de John Webster, fabricante de lavadoras, casado, de 37 años, padre de una niña ya adolescente. Un personaje corriente, que simplemente desea ser libre, escapar de una vida sin sentido que todos esperan que lleve, casado con una mujer a la que no quiere y por desgracia nunca quiso, enamorado de su secretaria. Que nadie piense que es la típica historia de jefe que siente atracción sexual por una chica menor que él, para eso ya está la vida real. Esto va más allá. Webster ve en Natalie, 13 años menor que él, el amor de su vida, una manera de por fín vivir, de darse una oportunidad, de dejar de hacerse y a la vez hacer, daño. Simplemente la búsqueda de un hogar.
“Es como si Natalie fuera una casa y él estuviera mirando por una ventana(…) Cuántas casas hay cuyo interior no he mirado”
Webster cuenta a su hija de 17 años como conoció a su madre, las curiosas circunstancias en las que se topó con ella, cómo mitad por sentirse culpable por haber tenido relaciones sexuales el día que la conoció y por ser ésta amiga de la hermana de su amigo, y mitad por dejarse llevar, acabó casándose con una mujer a la que no amaba. Posiblemente el mejor día juntos fue el que se conocieron. Le cuenta como quiere huir, vivir – ¿ tan pecado es esto? – dejando claro que la monogamía en que se estructuraban las relaciones hombre-mujer no sólo eran un absoluto fracaso, sino incluso antinaturales.
“Natalie había despertado la luz de su corazón, el calor; había sido capaz de volver a despertar en él la pasión por la vida, y Webster amaba esta importante cualidad que, antes de Natalie, ninguna mujer le había demostrado; una cualidad que siempre había amado, una cualidad a la que ya no podía renunciar. Puede que algún día Natalie ya no le inspirase un amor tan grande por la vida. En ese caso él buscaría otros amores, y Natalie podría hacer lo propio”
Una buena historia, bien escrita, con un lenguaje cuidado y lleno de buenas metáforas, que bajo una aparente historia convencional desmaraña la vida interior de su protagonista, dándole un sentido a la obra mucho más trascendental y profundo.
Los coetáneos de Anderson no pudieron apreciar la obra, que estuvo censurada, quizás porque se hizo una lectura superficial que bajo los prismas de una moral hipócrita y rígida, interpretó que el propósito del autor era hacer una apología del amor libre y natural, que cuestionaba la sagrada institución del matrimonio. Ahora nosotros que podemos superar esas barreras, tenemos la oportunidad de vivirla, adentrándonos en el drama que nos relata, con amplitud de miras.

“22/11/63″ Stephen King
22/11/63
Los viajes en el tiempo no son algo nuevo en la literatura. H. G. Wells ya envío a uno de sus personajes al año 802701, lo mismo que hizo hace poco Félix J. Palma enviando a Andrew Harrington a 1896 para atrapar a Jack el Destripador en El mapa del tiempo y evitar así la muerte de su amada. El cine tampoco es ajeno a este fenómeno. Regreso al futuro, El efecto mariposa o Primer también plantean la idea de modificar el pasado. El 22/11/63 cambió el mundo en Dallas cuando Lee Harvey Oswald asesinó al presidente de Estados Unidos John Fitzgerald Kennedy. Con esta premisa Stephen King concibe una novela que ya tenía en mente allá por los años setenta, pero que por unas u otras circunstancias la ha plasmado ahora. El argumento de 22/11/63 es sencillo viajar atrás en el tiempo para así evitar la muerte de JFK.
A Jack Epping, profesor de inglés en un instituto, su amigo Al Templeton le propone cambiar el pasado a través de una fisura temporal (una especie de puerta que hay en su restaurante y por la que puede viajar a un día concreto del año 1958). Jack Epping con la identidad de George Amberson realizará un primer viaje para salvar a la familia de uno de sus alumnos, Harry Dunning, cuyo padre asesinó a martillazos a toda su familia. George llegará al pueblo de Derry. Allí están Los Barrens donde flota un ambiente malsano y los niños eran asesinados, emergiendo la figura de un payaso en clara referencia a su novela It.
Stephen King plantea la paradoja de los viajes en el tiempo y subyace la teoría de que el aleteo de una mariposa puede provocar un tsunami al otro lado del mundo. Cada vez que regresa de un viaje y vuelve a emprender otro, el viaje se reinicia, es decir, que si viaja a 1958 y después repite el viaje, los cambios que causó en el viaje anterior no se guardan. Además, cuando intenta cambiar algo, el destino procura impedírselo para que los acontecimientos permanezcan inmutables e inalterables. Cuanto más grande y trascendente sea el cambio, más difícil se lo pondrán las leyes físicas que rigen el mundo.
En 22/11/63 George Amberson se dedicará a la docencia, dirigirá la obra teatral del colegio y enseñará a los alumnos durante una temporada mientras seguirá minuciosamente los pasos de Lee Harvey Oswald y su familia. Intentará desvelar si Oswald actuó solo en el asesinato de JFK o si en realidad existía toda una teoría de la conspiración. King se toma algunas licencias, pero la documentación y la recreación del personaje de Lee son minuciosas. George encontrará el amor al lado de Sadie, una atractiva bibliotecaria. En las páginas de 22/11/63 no faltarán las apuestas (guiño a Regreso al futuro II y el famoso almanaque) los bailes del instituto (una de las partes más importantes de la novela), los psicópatas, las peleas y el suspense.

“LA PALABRA HEREDADA” Eudora Welty
Eudora Welty
Editorial Impedimenta
“Los acontecimientos felices de nuestras vidas se suceden en una especie de secuencia temporal, pero en lo que atañe a su significación se impone un orden propio: un orden no necesariamente cronológico. Incluso puede que probablemente no lo sea. El tiempo, tal como lo conocemos, halla a menudo su esencia en la cronología que teje los relatos y las novelas: el tiempo obedece al hilo continuo de la revelación.”
No me pregunten por qué, pero a veces recuerdas días exactos y concretos como las manos que redactan estas líneas. Y esos días me llevan también al sur, como el que visitaba y retrataba Eudora Welty en sus relatos y novelas, ese sur de Estados Unidos donde tantas veces me he sumergido a través de la literatura y que tan cercano me resulta gracias a la obra de autores como Welty.
Ella habla de esos paisajes sureños en el libro que les voy a presentar. Hablar del ser humano no resulta una tarea fácil, pero para ella lo era. Hablaba y retrataba al ser humano, no por su condición, mas bien por su continuación. Sus relatos, que a veces, no eran tales, sino largos cruces de palabras que acababan conformando, el mapa de ese espacio delimitado por unos personajes cuyas relaciones personales eran el germen de todo lo que escribiría. La vida cotidiana a fin de cuentas. Y es eso lo que nos relata en La palabra heredada.
Eso por una parte, porque en esta maravillosa obra editada por Impedimenta, Eudora Welty, a lo largo de tres partes, o recorridos, nos habla de su niñez, su adolescencia, sus afición lectora que modeló con gusto la escritora que llegó a ser, y en último lugar, sus primeros pasos en la literatura como autora.
“… tuvieron que haber hecho un gran sacrificio para regalarme, por mi sexto o séptimo cumpleaños –fue después de que aprendiera a leer–, los diez volúmenes de Nuestro mundo maravilloso. Eran libros pesados, hermosamente confeccionados, con los que me tumbaba en el suelo, delante de la chimenea del comedor, sobre todo con el volumen 5, el que compendiaba “Todos los cuentos para niños”. Allí estaban los cuentos de hadas….”

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Share“Fante. Un legado de escritura, alcohol y supervivencia” Dan Fante
Sajalín publica en su impecable colección “al magen” la esperada autobiografía del hijo de John Fante, un libro que cumple las expectativas que en él estaban puestas y que gustará a cualquier seguidor de esta peculiar saga familiar, tan relacionada con la mala vida y la ciudad de Los Ángeles, aunque aqui podemos disfrutar de anécdotas cien por cien neoyorkinas, ese lado de la ciudad que no nos enseña Woody Allen.
Esta historia repleta de violencia, sexo, ira, drogas y alcohol ( Dan Fante fue alcohólico durante unos 25 años ) está narrada con el ritmo dinámico, vibrante e incluso acelerado propio del autor de “Chump Change”, hasta tal punto que este trabajo de más de 400 páginas y profusamente ilustrado con fotografías, para mí sorpresa, me lo he leído en un par de días, y muestra todas las virtudes ( y algún defecto ) del Fante novelista.
Por supuesto, con un padre como John Fante, y con una relación tan errática, tormentosa, a lo largo de varias décadas hasta el fallecimiento de éste, el creador de “Llenos de vida” es parte importante del libro. Al respecto se desmontan algunos tópicos: es cierto que fue ignorado como escritor en vida salvo en breves periodos de tiempo, pero él contribuyó a esta marginación aceptando voluntariamente trabajar como guionista de Hollywood a cambio de suculentos cheques. Y, cosa muy interesante, fue marginado por la camarilla comunista de la meca del cine antes de que a ésta, a su vez, la persiguieran, claro que con mucha más crueldad y contundencia.
Este es un notable libro, rico en anécdotas, en humor negro y que cuenta jugosos cotilleos no sólo de su familia sino también de otros escritores y artistas famosos como Bette Davis, pero también es cierto que deja sensación de “dejà vu”. Tal vez sea porque aqui se repiten algunas historias narradas en los libros de su padre o en las suyas propias, una historia clásica de caída y redención, donde Fante hijo tal vez calle algunas cosas. Pero sigue siendo, repito, un gran trabajo.
Dan Fante no llega – al menos de momento – a la altura de su padre o del gran Charles Bukowski, al que deben, junto a Ben Pleasants, tantas cosas padre e hijo. De todas maneras, y tal como está el patio de adocenado, no seré yo quien me queje porque escritores tan libres y corrosivos, y llenos de talento, como el autor de este libro, que no abundan precisamente, y la irupción, vía Sajalín, de su prosa en el mercado autóctono, ha sido toda una bomba y un soplo de aire fresco. Un escritor con algo que no abunda: una voz propia.
“Fante” es un libro divertido, cínico, triste, cruel, salvaje…todos los calificativos que se le pueden poner a una vida tan extrema y chocante. ¿Mi anécdota favorita? La de la página 152 que hace referencia al hijo de William Saroyan. Publicó un poema de una sola palabra y obtuvo un gran reconocimiento crítico, lo que le llevó a Dan Fante a concebir, obviamente, esperanzas en su futuro como poeta. No me extraña!! A partir de ahora dejo MELIBRO y me voy a dedicar a la literatura: ¡ escribiré relatos de una línea ! ¡Novelas de medio folio! ¡Sagas de página y media! ¡Haikus de media letra!. A ver si hay suerte, siguen existiendo críticos similares y lo siguiente que sabe Monsieur Montag de mí es una postal desde las Islas Bermudas.
Bromas aparte, con este libro te entran más ganas de leer las obras inéditas de un autor que, como en tantas otras cosas, tuvieron que ser los franceses quienes lo descubrieran.

“Misery” Stephen King
Misery (1987) – Stephen King (1947)
Misery es una muy buena novela de terror y suspense. Escrita para un público ávido de leer más de Stephen King en una época muy prolífica del escritor. Unos cuantos años han pasado, pero cuando la mocionamos nos corre un escalofrió por todo el cuerpo, y si tuvimos oportunidad de ver la película entonces nuestros personajes habrán cobrado vida en nuestra imaginación.
Paul Sheldon es un escritor de novelas de mucho éxito. En su viaje de retorno de unas vacaciones sufre un terrible accidente. Cuando se despierta se descubre en la habitación de una casa de familia, inmovilizado como consecuencias de las heridas sufridas, descubre que la propietaria de la vivienda, única residente, lo ha salvado sacándolo de los hierros retorcidos de su auto.
Pasado los primeros días y tratando de saber donde se encuentra, descubre que la señora es una fanática de su obra, lo cuida con esmero, no lo ha llevado al hospital porque vive alejada de la ciudad, y en pleno invierno los caminos están cubiertos de nieve imposibilitando el traslado. Su comportamiento es extraño, más cuando se entera que Paul es su escritor preferido y que ha decidido matar uno de los protagonistas del libro que está escribiendo. La mujer le pide que no lo saque de la historia y cuando recibe una negativa del escritor se vuelve violenta.
Paul al fin descubre que es prisionero de una perturbada mujer, que no cejara en usar la intimidación para lograr su objetivo.
Página a página vemos como Paul intenta por todos los medios convencer a su secuestradora que hará todo lo que ella le pida. Mientras intenta encontrar un camino para avisar a sus amigos y buscar una vía de escape a pesar de sus piernas quebradas.
Pocos libros me han causado tanta angustia, el relato apuesta a mantenernos agarrados muy fuertes a la historia hasta llegar al final.
Como siempre Stephen King ha usado todo el conocimiento que lo caracteriza para dejarnos muy conformes con otra de sus novelas. Si no la han leído aprovechen para hacerlo ahora, y si lo hicieron no estaría mal darse una vuelta por aquellas páginas que ya fueron nuestras.
Lilix.

“Un libro de Bech” John Updike
La historia de la literatura está llena de alter egos. Autores que se expresan y que son la prolongación de sus personajes. No se podría hablar de Hank Chinaski sin evocar la figura de Charles Bukowski, de Arturo Bandini sin John Fante y si hablamos del escritor americano John Updike no se puede dejar de lado a Henry Bech y su particular visión del mundo.
Henry, judío cuarentón, es un escritor de medio pelo con un bagaje de cuatro novelas publicadas a sus espaldas. Su primera obra Travel Light (una historia de velocidad, motos, jóvenes…) conoció el éxito y se publicó incluso una edición del libro en bolsillo. Pero eso fue todo porque a raíz de Brother Pig (Hermano Cerdo), un relato anarquista que pasó sin pena ni gloria por las librerías, y sobre todo por The Chosen (El elegido) que no gustó ni a su madre, la estrella de Henry se apagó.
Aun así, existió un tiempo en que este escritor vivió a cuerpo de rey y no le faltó de nada. Y fue precisamente, en plena crisis creativa cuando el Departamento de Estado le envió a varios países del este para pasar unos meses dedicados a una actividad tan difusa como el “intercambio cultural”. De esta forma, Bech se presenta en Moscú a mediados de los años 60, coincidiendo con la salida de Jruschov. Durante su viaje le asignan a una peculiar asistenta, que ejerce como escolta e intérprete (que además en sus ratos libres se encarga de traducir novelas de ciencia ficción del inglés al ucraniano) para que le haga la estancia más agradable.
En su viaje, no faltan los guiños cinéfilos como la maleta del protagonista cayendo en la pista de aterrizaje del aeropuerto, en el momento de embarcar y los libros volando como si fuesen los dólares de la maleta de Sterling Hayden en Atraco perfecto. Tampoco la visita obligada a la casa de León Tolstói, lugar en el que concibió algunas de sus obras más memorables como Ana Karennina o Guerra y paz.
Asimismo el choque cultural del personaje dará lugar a escenas surrealistas, chistes fáciles, situaciones cómicas, equívocos y malentendidos con el idioma para regocijo del lector. Durante su andadura no faltarán los debates literarios donde se analiza la sutileza del lenguaje de Hemingway, el sexo, las mujeres, la política o el dinero. Un libro de Bech es la primera novela de una entretenida trilogía, donde John Updike, autor de Las brujas de Eastwick, desborda humor a raudales.

“El cliente” John Grisham
El cliente (1993) – John Grisham (1955)
Seguramente que si alguna vez leímos a J. Grisham, no nos habremos quedado sin leer alguna de sus otras novelas. Todas ellas con temas que abarcan lo judicial. El cliente es uno de estos relatos, que además como otros de sus escritos paso por el cine. Para aquellos que nos gustan los juicios y como se desarrollan, esta novela le dará todo eso y más.
“La historia comienza con un niño de once años (Mark) y su pequeño hermano, los padres de los niños están separados, ellos viven con su madre. La mujer trabaja para mantener a sus hijos y la mayor parte del tiempo no está con ellos. Una tarde ambos jóvenes salen de correrías y sin quererlo son testigos de un crimen. El hombre antes de morir le revela un secreto a Mark. El pequeño es amenazado de muerte por el asesino para que no revele a nadie lo que vio y que calle lo que le dijo el muerto. Su hermano más pequeño se queda sin habla y en estado de shock por lo que es internado.
Mark decide buscar ayuda para salir del peligro en el que esta. Llega hasta una mujer abogada y le cuenta lo sucedido. Por otra parte los que investigan el crimen del que el chico fue testigo, van atando cabos y de una manera u otra llegan hasta él. Asustado decide callar y hacer todo lo que la abogada le dice. Entre ellos nace una complicada amistad, la mujer arriesga su carrera y su vida por tratar de ayudarlo.
La madre preocupada por sus hijos pide ayuda a la justicia y esto hace que Mark sea perseguido; los mafiosos para demostrar su poder destruyen la casa de la familia, el joven acepta vivir, mientras todo termine, con la abogada.
La trama se vuelve densa por la puja de poder en la que entran el fiscal, la abogada y los criminales, todos quieren a Mark, el niño queda en medio de una situación altamente peligrosa sin haberlo deseado…”
La novela tiene todos los ingredientes de un thriller, en algún lado el relato se torna sofocante. La pobreza y la falta de una familia atenta y vigilante, nos hace replantearnos cuales son la prioridades cuando se tiene hijos. No dudo que si deciden leer este libro no se sentirán defraudados, es más después pueden reforzarlo con la película, muy bien lograda por cierto.
Share“Compañía K” William March
William March se alistó voluntario en los marines para combatir en la I guerra mundial y volvió a casa cargado de condecoraciones y con una actitud muy distinta de la que tenía cuando fue a la contienda, lo que le llevó a escribir esta visceral novela antibélica, todo un clásico aún muy desconocido en este país y que ha sido editado por Libros del Silencio, que próximamamente, publicará “La mala semilla”, del mismo y reivindicable autor.
Con un buen y largo prólogo de Philip D. Beidler, que tal vez convenga leer después de la novela pues cuenta bastante de ella, “Compañía K” presentó en su época una estructura que se reveló muy innovadora, que sigue aguantando perfectamente el paso del tiempo y que influyó posteriormente en la literatura norteamericana sobre la guerra del Vietnam. Sus 113 episodios, la mayoría de una extensión muy escueta, lo que hace que sea un libro de lectura rápida, están narrados desde el punto de vista de 113 combatientes que presentan un mosaico amplio, desasosegante y contradictorio de la condición humana.
El que no se contradice es el propio March, que realizó un retrato devastador, profundamente pesimista de esa misma condición humana que, continuamente, cae en las mismas trampas. Desde los primeros días en la retaguardia, pasando por el infierno del frente en Francia, hasta llegar a la difícil integración en la vida civil una vez firmado el armisticio, March, a parte de un enfoque original, demostró una amargura y una carga crítica muy difíciles de superar.
Todos los episodios llevan el nombre del combatiente en cuestión, pero fácilmente se les podría sustituir por “arquetipos” que revelan las intenciones de March: “El ciego”, “El quemado”, “El suicida”, “El loco”, “El desertor”, “El fanático”, “El oficial carnicero”, “El asesino”, “El saqueador”, “El mutilado”, “El inadaptado”, y un largo etc. Lo curioso es que algunos narran su propia, y casi siempre atroz, muerte. Las aberraciones cometidas y sufridas por ellos se entremezclan continuamente y llegan a su cima cuando dicho “oficial carnicero”, sin explicación lógica, mandó ejecutar a 22 prisioneros alemanes, lo que marcará la vida de sus asesinos. March, con una mordacidad cargada de hiel, narra como, poco después, el citado oficial ordena a su compañía ir a misa y “pasárselo” bien en ella.
Más que un mensaje pacifista a lo “Sin novedad en el frente” o “Platoon“, que lo hay, “Compañía K” es lo que dice Christopher Morley: “Es un libro de un coraje extraordinario. No el coraje propio de la esperenza sino el coraje tranquilo de la desesperación“. Y más adelante lo califica de “antología de la consternación”.

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“Flores en el ático” V. C. Andrews
Flores en el ático (1979) - Virginia Cleo Andrews (1923/1986)
Esta novela de terror-psicológico escrita al finalizar los setenta, hizo furor en aquellos que la leyeron y continuaron luego con la saga. Lo recuerdo porque a pesar de ser joven hablaba con otros lectores y compartíamos los mismos sentimientos de rechazo por algunos de los personajes del libro. Por supuesto se hizo la película, pero a mi modo de ver no pudo atrapar la esencia del relato.
“El padre de una familia numerosa muere en un trágico accidente. La madre descubre que no podrá enfrentar la economía familiar. Habiéndose separado de sus padres cuando se caso, al ellos no aceptar su matrimonio, deberá volver a pedirles ayuda. Su padre y abuelo de los chicos desconoce que tiene cuatro nietos, su mujer, la abuela lo sabía pero su actitud para con ellos es cruel y despiadada.
La madre de los chicos sabe que su padre está enfermo y quizás muera rápido y le deje suficiente dinero para llevar una vida holgada, pero debe esconder a los niños mientras su padre siga vivo de lo contrario no recibirá nada. Con esa excusa decide encerrarlos, con la ayuda de su madre lo hace en el ático de una casa vieja, alejada y que además es de su propiedad. Se engaña a sí misma y a su vez a los niños. Les dice que será por poco tiempo y que necesita su ayuda para que nadie sepa de su existencia.
Los días se suceden, la vida en el ático no es lo que los pobres niños esperaban, solo les queda el consuelo de esperar la visita de su madre, quien le lleva todo lo que necesitan para vivir en el encierro a que están sometidos. Los hermanos tratan de llevar una vida ordenada, los dos mayores, un varón de catorce años y una mujercita de doce años ofician de padres sustitutos de sus dos hermanos gemelos de apenas cuatro años.
No obstante siguen siendo niños y las carencias de afecto y libertad cabían su carácter tranquilo, volviéndolos oscos y enfermizos. La madre a su vez descubre que la soltería le sienta bien y se va olvidando del objetivo principal; sus hijos…”
Esta novela cruel, dura, muestra la miseria a la que nos puede llevar la avaricia. Paso a paso se va volviendo más densa, el sufrimiento está a flor de piel y el sentimiento de impotencia aparece para no abandonarnos. La lectura recorre varios estados del ser humano y nos deja sin respuesta para tantas malas actitudes.
Creo que es válido alentar la lectura de esta historia, a pesar del tiempo que paso desde que vio la luz se podría decir que sigue siendo muy actual.
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