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No soy un serial killer

Portada de la novela "No soy un serial Killer"

Portada de la novela "No soy un serial Killer"

No soy un serial killer

 

Ted Bundy con su rostro angelical asesinó a casi cien mujeres en Estados Unidos durante los años setenta. Jeffrey Dahmer, el carnicero de Milwaukee, guardaba cabezas humanas en el frigorífico junto con los congelados. Aileen Wuornos, mataba y robaba a sus clientes mientras trabajaba como prostituta. Ed Gein conservaba los cadáveres de sus víctimas y fabricaba con ellos ropa y otros objetos.

Todos ellos poseen algo en común: son asesinos en serie. En el tranquilo pueblo de Clayton vive John Wayne Cleaver, un niño de 15 años, fuera de lo normal. Durante el día va al colegio con su amigo Max y por las tardes ayuda a su madre y su tía en el negocio familiar: la funeraria del pueblo. Le encanta embalsamar cuerpos y contemplar los cadáveres. Siente una asombrosa fascinación por la muerte. Además, a la tierna edad de 7 años, mientras otros niños jugaban con sus juguetes, él prefería abrir animales en canal para comprobar qué aspecto tenían por dentro.

John sabe que es diferente. Le gusta el fuego y lo podría mirar durante horas. Pero lo que le hace completamente diferente al resto de personas es que él es un potencial asesino en serie. Está en su naturaleza. Posee todas las características de un serial killer (enuresis nocturna, piromanía y crueldad con los animales) y lo sabe. Por eso, intenta controlarse. Se impone normas (no hacer daño a nadie, no perseguir a la gente ni pensar de forma constante en una persona. Si alguna vez siente deseos de asesinar a un ser humano, le hace un cumplido para que la idea de matar se le vaya de la cabeza). Acude habitualmente a la terapia con el doctor Neblin para controlar sus impulsos. Hasta el momento funciona. Sin embargo, el deseo de hacer daño está ahí implícito y puede aflorar en cualquier momento. Un día comienzan a aparecer cadáveres en el pueblo. Alguien se dedica a despedazar seres humanos y a sustraer órganos (manos, riñones, corazones…).

John Wayne Cleaver empieza a sentir fascinación por el homicida que está sembrando el terror en las calles. Se siente identificado. Con sus amplios conocimientos sobre los asesinos en serie intentará establecer un perfil psicológico del psicópata para dar con su paradero. No le costará demasiado. La muerte en forma de monstruo está mucho más cerca de lo pueda imaginar. Bastará con cruzar al otro lado de la calle. La novela No soy un serial killer de Dan Wells es la primera de una trilogía que recuerda a Dexter por la moralidad del protagonista. Su deseo de no hacer daño a nadie inocente y las ganas de asesinar librarán una cruel batalla para que John no se convierta en un nuevo monstruo.

 

Fotografía de Ted Bundy

Fotografía de Ted Bundy

 

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Cementerio de animales

 

Portada de la novela de Stephen King Cementerio de animales

Cementerio de animales, de S. King

Cementerio de animales (1983) – Stephen King (1947)

 

Han pasado muchos años desde que leí esta novela de Stephen King. Luego fue llevada al cine y mi curiosidad me hizo ver la película. Jamás he podido olvidar la trama, jamás intente leer otra vez la obra. Había tanto dolor y desesperación que me lo impidió. Y si alguien puede escribir algo que transmita tantas emociones hasta causarnos malestar, entonces creo que vale la pena hacer esta reseña.

 

 

Un medico llamado Louis decide mudarse a un lugar más tranquilo que la ciudad donde vive actualmente llegan junto a su familia a un pequeño pueblo de apariencia tranquilo. Su casa está al borde de una ruta muy transitada por camiones, frente de ellos vive una pareja mayor que les advierte del peligro que esto significa para los niños. Detrás de la casa hay un bosque que linda con  la propiedad.

La esposa y los niños aceptan el cambio y tratan de amoldarse a la nueva rutina; los niños son pequeños y dedican todo su tiempo a los juegos y a descubrir el mundo desconocido que los rodea. Rachel la esposa, vive con traumas que acarrea desde pequeña por cuestiones familiares no resueltas. Todo la inquieta, la asusta y siempre está a la defensiva.

Jud el vecino del otro lado de la ruta es una persona muy amigable, mayor como su esposa, ayuda a Louis a conocer el bosque cercano. Lo lleva hasta un lugar marcado como cementerio de animales. Al parecer todos los niños del pueblo llevan sus mascotas muertas y las entierran allí. Cerca se encuentra otro cementerio, que perteneció a  gentes que vivieron hace mucho tiempo atrás. La gente lo evita por los cuentos que relatan los más viejos.

Cierto día un joven del lugar sufre un terrible accidente y  muere. La familia decide enterrarlo en el cementerio prohibido. Hasta aquí Louis y Rachel lo toman como un hecho trágico y nada más. Pero cierta tarde el médico se cruza con el joven supuestamente muerto, la apariencia es la misma pero sus ojos brillan con malignidad.
El tiempo pasa y Rachel y los niños viajan a visitar a los abuelos, en ese ínterin la mascota de la niña, una gata, es atropellada por un camión. Louis con la ayuda de Jud la entierran en el cementerio prohibido. A la mañana siguiente el animal aparece vivo, pero el carácter ya no es el mismo, hay algo en ella que la hace malévola. Al regresar la familia todo continuo como si nada hubiera pasado.

Días después la tragedia toca a la puerta de Louis, su hijo es atropellado por un vehículo de gran porte. Después del entierro Rachel abandona a Louis buscando refugio junto a sus padres. El hombre solo y con un dolor que nada puede mitigar, decide desenterrar el cadáver de su hijo y lo entierra en el cementerio donde anteriormente lo hizo con la gata…

Aquí  es donde el escritor se afanó por transmitir cada una de las emociones de dolor y soledad que se puede sentir por la pérdida de un hijo. Lo que viene después es inimaginable para el lector, el suspenso y el terror se apoderan de cada una de las páginas que restan por leer. Yo les diría que si no lo leyeron y lo tenían en la mira, no duden en intentarlo. Recuerden que es una novela de ficción nada más…

 

Lilix

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“A la rica marihuana” Terry Southern

A la rica marihuana, y otras especias,

 

Terry Shouthern (1924-1995) fue  un escritor estadounidense y  uno de los pioneros del Nuevo Periodismo y autor, entre otras obras, de A la rica marihuana y otras especias, que acaba de reeditar la editorial Capitán Swing.

A la rica marihuana, y otras especias constituye una obra tan especial como extravagante en el sentido amplio de su conceptualización.

Así pues, como punto de partida e hilo argumental, dentro de la estructura de la obra, la droga, las relaciones sociales y el convencionalismo ocupan un lugar predominante.

La obra está dividida en 21 relatos cortos, diferentes cada uno en su forma y en su contenido pero relacionados entre si por algunos matices que el autor ha querido poner de manifiesto con ciertas expresiones propias de la época que caracterizan una generación muy “al rollo” y muy “en la honda”

Personajes reales, como Franz Kafka, Frau Kafka y el Dr. Freud aparecen mimetizados en un entorno tan cierto y tan real pero a la misma vez tan difuso como si de un experimento sociológico se tratase.

Adjetivos como sagaz, sutil, e irónico describen la forma de abordar el texto dejando de lado los prototipos a los que los lectores estamos acostumbrados y poniendo especial énfasis en  su maestría y estilo propio como reivindicación a los no convencionalismos, no ya de la época, si no de la literatura en general.

 

Para concluir, es necesario apuntar que a pesar de que la obra está publicada en 1967 como Red-dirt marijuana and other tastes, no está desactualizada, pues  puede observarse un fugaz pero brillante reflejo de la sociedad contemporánea en muchos aspectos cruciales como las drogas o los prototipos.

 

Jorge Ayora

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“Contacto” Dennis Cooper

A finales de los 80′ y principios de los 90′ irrumpió con fuerza en el panorama literario Dennis Cooper, un autor que gozó de cierta fama en este país y que hoy día parece haberse diluído.

Novelas como “Contacto” o la brillante “Cacheo” transcurren casi por entero en el mundillo homosexual. Muchas veces se han calificado, de manera algo superficial, los trabajos de Cooper, como una versión Gay de “American Psycho”, y si bien guardan ciertas similitudes, las diferencias son más numerosas.

La ironía, el humor negro y la carga crítica están más presentes en Easton Ellis y los ambientes pijos de alta sociedad por la que se mueven sus personajes poco tienen que ver con los de Cooper, aunque éstos sean igual de amorales y egocéntricos y la violencia explícita haga su aparición en ambos autores.

Tal vez sea la gelidez narrativa de “Contacto“, la falta de empatía que siente Cooper hacia sus personajes o cierto toque de snobismo presuntamente radical, ha hecho que no haya conectado con el que fue su debut literario, aún reconociendo  que nos encontramos ante un escritor de verdad que ha creado un mundo muy personal, y que este libro tiene unos cuantos aciertos.

Con una narrativa fragmentada enfocada desde el punto de vista de varios personajes a los que no se llegan a conocer muy bien, “Contacto” tiene no pocas ideas ingeniosamente malvadas que se traducen en varios momentos memorables como esa maliciosa utilización de los muñecos de Walt Disney, y es una excursión, a ratos brillante, a lo más profundo y oscuro de la mente humana y sus deseos más inconfesables, seas sexuales o violentos. Véase al respecto la variopinta fauna que puebla sus 183 páginas, que se leen muy rápido, tal vez demasiado, pero no deja de ser la obra de un autor debutante, cuya frescura se ve contrarestada por cierta falta de madurez.

Un libro valioso pese a todo, pero su posterior “Cacheo“, es claramente superior, y compararlo con el Marqués de Sade como lo ha hecho algún crítico se me antoja, siempre a mi juicio, inadecuado, puesto que el poder transgresor de Cooper, que indiscutiblemente lo tiene, no llega a la altura del creador de “La filosofía del tocador”, al menos no en este libro.

EL OCTOPUS

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“La llamada de Cthulhu”

Pequeña en forma, pero enorme en contenido, pocas veces un mero cuento ha conseguido crear un legado propio tan vasto y tan enraizado en la imaginería colectiva que todavía perdura hasta nuestros días. Aunque en este relato es la única vez en que se nombra y se describe a Cthulhu, paradójicamente se ha convertido en una de las criaturas-dios más populares en la cultura actual. Y es que la mitología lovecraftiana del horror ha traspasado los límites del mundo literario encontrando seguidores en la música, las sociedades literarias, el ocultismo, la pintura, el cómic, el cine, los videojuegos…

¿Y qué puede aportar al mito una simple mortal como yo? ¿Qué puedo añadir a todo cuanto se ha estudiado y dicho sobre esta singular obra? Simplemente que debe formar parte de la biblioteca imprescindible de todo aquel que ame la literatura y aquel que todavía no la ha leído, tiene una nueva oportunidad gracias a la cuidada reedición de la editorial Alpha Decay;  y a la maravillosa traducción (e inestimable prólogo) de Javier Calvo. Además, incluyen una pequeña joya: el relato “Nyarlathetep”.

Los críticos más acérrimos de Lovecraft nunca llegarían a imaginar cuánto calarían sus historias no sólo en los amantes del terror sino que se convertirían en todo un fenómeno cultural  que sigue vigente casi cien años después. Su impronta más allá del tiempo no sólo se debe atribuir a la portentosa imaginación y a la angustiosa y enfermiza vida que había sufrido el propio H. P. Lovecraft, sino también a una serie de personalidades afines a él, que pasarían a conocerse como El círculo Lovecraft (formado por escritores como Clark Ashton Smith, Robert E. Howard, Frank Belknap Long, Robert Bloch, August Derleth, Ramsey Campbell…), y que contribuirían al nacimiento de los llamados “Mitos de Cthulhu”: relatos y novelas basados en la idea de la existencia de horrendas criaturas primigenias de mundos paralelos que desearían volver a conquistar la Tierra.

Sería muy superficial clasificar La llamada de Cthulhu como un género menor, por formar parte de la narrativa pulp que se publicaba entonces en las revistas de serie B, como “Weird Tales”; realmente es una obra muy compleja que se aleja de los estereotipos pulps y que se acerca más a la tradición del cuento de miedo anglosajón. A principios del siglo veinte, el cuento de miedo sufre una gran transformación: ya no asusta el fantasma romántico de cadenas, castillos medievales, oscuridad… Los gustos han cambiado: es el tiempo de Marx, de Freud. La crisis del racionalismo filosófico hace que crezca el interés por lo irracional y por los mundos oníricos, los ritos ancestrales y cultos salvajes de Egipto, de la América precolombina, la magia druida, la mitología de hadas y ninfas… Los terrores más antiguos de la Humanidad resucitan convertidos en arte nuevo. Uno de los adelantados predecesores de Lovecraft fue Arthur Machen, que retomó antiguos mitos e historias tradicionales galesas y los mudó en un folclore siniestro en el que el inconsciente del ser humano es un reflejo de su alma y de sus terrores más ocultos.

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“El crack-up Francis Scott Fitzgerald

El Crack-Up, las ruinas del presente.

Francis Scott Fitzgerald (1896-1940), escritor estadounidense y autor de varias novelas e historias breves, como El Crack-Up, obra póstuma, ahora reeditada por la editorial Capitán Swing.

 

El Crack-Up es una recopilación de textos, cartas,  y ensayos escritos durante  su vida que dan fe, como su propio nombre indica, de la quiebra personal que sufrió el autor. Una caída desde el éxito y la suntuosidad hasta el más profundo abismo colmado de desesperación y de vacío emocional. Íntimos detalles de la vida del día a día que muestran el cambio radical y la profunda desesperación que produjo el impacto en la vida de Francis y Zelda.

Los cuadernos, segunda parte de la ópera póstuma, recoge los aforismos incrustados en una mentalidad de época colindante con la genialidad y el ingenio propio de una persona como el propio Fitzgerald. Estructurado por orden alfabético, de la A hasta la Y,  sin mencionar la Z, última letra del abecedario.

“El éxito prematuro le proporciona a uno la convicción de que la vida es un asunto romántico, y una idea casi mística del destino en cuanto opuesto a la fuerza de voluntad: en su grado peor, el error napoleónico.” Bajo este llamativo epitafio, Fitzgerald da cuenta de su infinito y eterno error.

Las Cartas, muestra la relación del autor con sus contemporáneos, destacando cartas a sus amigos y a su hijo Frances Scott Fitzgerald, o también llamado Scottie.

Sentimientos, emociones y anécdotas recogidos y editados en un todo por Edmund Wilson después de su muerte que conforman una visión clara del epicentro global de su vida, ya que según Scott, Toda vida es signo de demolición.

 

Jorge Ayora

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“La citación” John Grisham

La citación de John Grisham

Sed de codicia en un thriller con tintes clásicos

¿Qué hacer con 3 millones de dólares? Esa misma pregunta se la hace Ray Atlee, profesor de Derecho en la Universidad de Virginia, cuando acude a casa de su padre para cumplir la última voluntad de éste. Al llegar a Clanton (Mississipi) se encuentra con que su progenitor ha muerto dejando un conciso testamento y tres millones de dólares escondidos en un armario. ¿De dónde procede ese dinero? ¿Estaba el juez metido en alguna actividad ilegal? ¿Debe el profesor de Derecho informar del hallazgo a su hermano y a las autoridades?

Con este argumento John Grisham confecciona un thriller clásico con elevadas dosis de suspense e intriga. La parábola del libro podría venir a decir que el dinero cambia a las personas y no precisamente para bien. O al menos, eso es lo que le ocurre a Ray, quién después de una intachable trayectoria profesional comienza a tener sus propias dudas: ¿Y si se queda con el dinero? ¿Y si con semejante cantidad emprende una nueva vida? Cuando empieza a cuestionarse estos interrogantes se entera de que alguien más conoce la existencia de los tres millones de dólares. A partir de ese instante su vida se convierte en un verdadero infierno a causa de la pesada carga del dinero.

John Grisham elige como escenario de su novela el cerrado ambiente sureño de Clanton para ofrecer un thriller, que bien se podría convertir en un buen guión cinematográfico. En este sentido, muchas de sus novelas se han llevado con éxito al cine, como por ejemplo La tapadera (con Tom Cruise en el papel estelar y que finalmente se ha convertido en una serie) El informe pelícano, Cámara de gas, El cliente o más recientemente El Jurado. Bien es cierto, que el tema utilizado siempre es el mismo: historias de abogados y jurados. Sin embargo, con La citación Grisham consigue retener la atención del lector desde el primer instante. Así, la estructura recuerda a las novelas por entregas, donde se pretendía sorprender capítulo a capítulo al lector. Y esta idea la explota Grisham de forma magistral, debido a que un hecho fortuito desencadena una serie de acontecimientos inesperados. La historia es un buen ejemplo de cómo una vida, aparentemente monótona e intrascendente, se puede ir al traste en un instante a causa de la avaricia.

Otro de los aciertos de La citación se halla en la sólida construcción de los personajes: Ray Atlee es un reputado profesor, divorciado, que posee una afición muy cara por los aviones. Su hermano, en cambio, padece problemas con el alcohol y las drogas, lo que dificultará más si cabe la relación con Ray. A esto hay que sumar el listado de personajes propios del ambiente sureño de Clanton, como la amante del juez Atlee o un íntimo amigo de éste. Todos estos personajes vienen a dar un mayor atractivo a una trama, donde no faltan disparos, persecuciones, abogados millonarios sin escrúpulos, casas que se queman, etc. En definitiva, si desean evadirse por unas horas de la monotonía y vivir otras vidas, La citación es una buena elección para pasar un rato agradable. Elevadas dosis de suspense y oscuros secretos familiares se suceden por las páginas.

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“Mujercitas” Louise May Alcott

Mujercitas (1868) – Louise May Alcott (1832/1888)

Hace tanto tiempo que leí esta novela, me preocupaba la soledad de las mujeres y me maravillaba como se las arreglaban para hacer que la guerra y el padre lejos no detuviera sus propias vidas. Un relato de más de ciento cincuenta años. ¿Cuantos más se detendrán en sus páginas? ¿A cuantos más atrapara la historia?

El relato gira en torno de cuatro hermanas, Meg, Jo, Beth y Amy. Al cuidado de su madre y con el padre en la guerra civil, las jóvenes enfrentan sus vidas sorteando todas las dificultades que se les presentan.

Cada una con perfil definido.  Jo tiene 15 años de carácter fuerte, con presencia casi varonil, pelea todo el tiempo con Amy. Su pasión es escribir y ser algún día una importante novelista. Meg con tan solo 16 años es la mayor de las hermanas, más centrada y dulce en su trato, tratando de que las disputas de sus hermanas no afecten a la madre, ayuda en la casa y hace algunos trabajos cuidando niños para ayudar a su mamá.  Beth de 13 años es muy noble, le gusta tocar el piano, al igual que todas sus hermanas ayuda a los más necesitados y es por eso que en una de estas salidas se enferma de gravedad.  Amy la más pequeña y hermosa de las hermanas, tiene talento para la pintura y vive en eterno conflicto con su hermana Jo, es enviada a pasar una temporada a Europa con algunos familiares.

Un nuevo vecino se instala cerca de la casa de las jóvenes. Un hombre mayor con su nieto Theodore, un poco más grande que las niñas. Dulce y alegre viene a cambiar la rutina de todas las damas March. Su abuelo algo reservado de carácter se encariña con Beth pues le recuerda a su nieta muerta. Admira a sus vecinas por lo solidarias y las ayuda en todo lo que puede.

Las historias se entrelazan con otras menos protagónicas y todas hacen que la lectura se intensifique. El amor no está exento en la trama,  Jo y Theo tienen una relación casi perfecta, hasta hacernos pensar que entre ellos nacerá el amor. La madre de las chicas y su esposo por el que aguarda con angustia el regreso, a salvo de la guerra que lo tiene preso.

 

Una novela con el éxito asegurado desde que vio la luz, se convirtió en un clásico de la literatura universal, traducido a varios idiomas. Convertida por la sociedad un modelo a seguir por las señoritas de esa época.

Nunca está de más darnos una vuelta por aquellos libros de nuestra infancia, quizás para que alguien más lo disfrute tanto como nosotros.
Lilix

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“El caníbal” John Hawkes

Libros del Silencio edita la primera e influyente novela de John Hawkes, traducido por Jon Bilbao. Publicada en 1949, marcó a escritores como Thomas Pynchon y fue una demostración, no perfecta pero palpable, del precoz y maduro talento de su joven autor.

Tras la II guerra mundial, en una pequeña y devastada ciudad alemana, siguen yacentes los fantasmas del nazismo que mantuvieron alienada a la nación. Si la estupenda “Compañía K” de William March, está considerada “una antología de la consternación”, en acertadas palabras de Christopher Morley, esta cruel “El caníbal”, puede ser perfectamente calificada como una antología de la desolación, donde las más elementales leyes han saltado hechas pedazos, y lo peor del ser humano campa a sus anchas en un marco de destrucción y primitivismo.

Con toques sobrenaturales y con un ritmo un tanto premioso, “El caníbal” fue una novela adelantada a su tiempo, de una rotunda modernidad, y esto es una impresión muy personal, Hawkes hizo gala de un estilo que comparte muchas semejanzas con un lenguaje cinematográfico posterior, especialmente en esa narrativa paralela donde, al mismo tiempo, vemos lo que están haciendo distintos personajes o esos pequeños saltos en el tiempo que se asemejan a las elipsis fílmicas.

Un estilo rupturista que sirve para realizar aún más el enfoque coral de la historia si bien algunos de sus personajes están algo indefinidos y los episodios que transcurren en el pasado no tienen el mismo poder de fascinación que los que se ambientan en esa ciudad destruida, magistralmente descrita por Hawkes.

En esos fragmentos de la “gran guerra”, Hawkes abusa de las descripciones y parece centrarse más en el estado anímico de los personajes. Pero pronto esta dinamica es abandonada, alza el vuelo con no pocos momentos memorables, y cuando vuelve a la misma ciudad, ahora ya en la posguerra, el alto poder de fascinación se mantiene.

Es un libro que hay que esforzarse para entrar en él, pero se trata de una pequeña joya, contundente y negra como el carbón, que recompensa al lector paciente y valiente que navega por sus turbias y peligrosas aguas.

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“Desgraciadamente Philip K. Dick ha muerto” Michael Bishop

Como todo gran aficionado de Philip K. Dick sabe, el autor, al que podría definirse como un cristiano contracultural, vivió una peculiar experiencia, o revelación, a mediados de los años 70′. Siempre según su versión, afirmó que se le apareció una entidad de origen divino y extraterrestre, que entre otras cosas, le anunció que Nixon era el anticristo. ¿Alucinación? ¿Visión provocada por las drogas de las que tanto abusaba?¿Realidad?¿Ataque de locura?¿O alguna otra explicación? Porque el hecho es que el creador de “Ubik” vivió dicha experiencia como algo absolutamente real hasta tal punto que sus últimos trabajos, como “La invasión divina”, están fuertemente influenciados por dicho “suceso”.

Y, como no, también ocupa un lugar predominante en sus biografías, como la Emmanuelle Carrere, ha dado lugar a cómics de Robert Crumb o novelas como esta que nos ocupa, a cargo de Michael Bishop, meritoria mímesis literaria, no exenta de ironía y personalidad propia, de las obra de eses autor clave en la ciencia ficción que fue Philip K. Dick.

Un sentido, y a la vez divertido homenaje publicado por La Factoría de Ideas que ya editó otros libros de este escritor como “El eslabón perdido” y “Sólo un enemigo: el tiempo”, también encuadradas en el mismo género.

El libro de Bishop parte de una de esas realidades paralelas tan propias de Dick. En 1982, Estados Unidos ha ganado la guerra del Vietnam y decapitado a Fidel Castro entre otras lindezas. El país se ha convertido en una dictadura racista liderada por Nixon, que ha vapuleado los derechos civiles y el movimiento contracultural de los 60′ ( adiós Jane Fonda, adiós Bob Dylan, adiós Rock ‘n Roll ) y ha propulsado el movimiento espacial, base lunar incluida, adelantándose a los soviéticos con los que vive una frágil tregua. Pero como suele pasar en estos trabajos, la realidad no es lo que parece.

Este es un trabajo que casi parece estar diseñado para hacer las delicias de cualquier seguidor de Dick que ya haya leído toda su obra y eche de menos más material del prematuramente fallecido escritor. En su haber, tiene, además que es una novela más centrada y menos plomiza que las del maestro. Bishop no divaga innecesariamente y construye una obra más sólida de lo que solía ser habitual en Dick, más dado a las ideas, geniales, y a las reflexiones que en tejer un hilo conductor en sus historias. Por otra parte no tiene esa capacidad de sorpresa, ni la inventiva de un escritor, dick, que revolucionó la ciencia ficción y que tanto influyó en creadores posteriores, muchos de ellos del género, pero también cineastas, músicos y todo tipo de artistas.

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