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La excluida. Autor: Luigi Pirandello.Editorial Funambulista.
Merece la pena resaltar la labor de traducción de Gian Luca Luisi y el excelente análisis que realiza en su completísimo postfacio.
En esta edición del 2011, la editorial Funambulista ha tenido la originalidad de incluir los apéndices donde se rescata la carta dedicatoria a Luigi Capuana escrita por Pirandello en diciembre de 1907 y tres pasajes que el autor eliminó de la edición definitiva, el íncipit ( Sidora), y los capítulos ( Irma y Madden), que corresponderia al seis, y ( Blandino y Alvignani) que corresponderia al siete de la primera parte.
Esta fue la primera obra del escritor y premio nobel en 1934 por su obra ” Uno, ninguno y cien mil”. Considerado como el más importante autor teatral de la italia del periodo de entreguerras. Los protagonistas de sus obras suelen pretenecer a la clase media-baja, representa el mundo de la burguesia y su existencia gris, valiéndose del humor y de la dialéctica cuestiona los sistemas políticos, morales y religiosos establecidos, poniendo el acento en el mundo interior, en los dolores y angustias de los individuos.
En ” La excluida” se nota la influencia de su maestro Luigi Capuana, quien fuera gran admirador de Emile Zola y teórico del movimiento verista italiano formado por un grupo de escritores, principalmente narradores y comediógrafos, que constituyeron una verdadera y propia escuela fundada sobre principios precisos, personajes, situaciones y emociones reales. Se caracteriza por sus tramas sórdidas y violentas, pero Pirandelo en mi opinión lo supera y va más allá, no en vano algunos autores afirman que preparó el camino al pesimimismo existencialista de Anouilh y Sartre, así como a las comedias absurdas de Ionesco y Beckett.
La obra puede entenderse doblemente excluida, por un lado como nos explica Gian Luca Luisi, la novela empezó a publicarse en un primer momento por entregas en 1901, en los apéndices del periódico “La tribuna de Roma”, pero no era una novela concebida para ser leida por fascículos como como le confiesa en su carta a Luigi Capuana:” Por largo tiempo mi Excluida se vió obligada a quedarse tal y como sugiere su nombre , excluida de las editoriales y del público.” Y tuvieron que pasar casi diez años para que pudiera publicarse la novela acabada.
El autor en un pricipio pensó en titularla como acostumbraban a titular las obras los autores veristas, con el nombre de su protagonista, en este caso Marta Ajala, pero optó por titularla atendiendo a su estado de enajenación, a su condición.
Si esta novela hubiera estado escrita por una mujer no faltaria quien erróneamente la juzgara como feminista, pero esto sería caer en el prejuicio, haciendo una valoración de la misma limitada y superficial. Como dice en su carta a Luigi Capuana ” Aquí todas las voluntades están excluidas, aunque los personajes tengan la ilusión absoluta de que ellos actúan según su propia voluntad; y entre tanto una odiosa ley los conduce y los arrasta.” Aquí es donde radica su nihilismo desesperado y es que en sus historias plasma su filosofía. El hombre no puede comunicarse con sus semejantes, porque mentirse a sí mismo viviendo conscientemente sólo la superficie de nuestro ser psíquico, es un defecto del mentir social.

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“Sin Sangre” de Alessandro Baricco
“Sin Sangre” de Alessandro Baricco
Mi primer contacto con Baricco ha sido esta novela corta, y debo confesar que del encuentro ha resultado una opinión más bien contradictoria. Porque el regusto ha sido un poco a “plato sin acabar de cocinar”. Aunque, eso sí, me considero culpable en parte de este hecho por no haber atacado la lectura tal y como se merecía. Digo esto porque “degusté” la novela a sorbitos, dilatándola a lo largo de varios días, cuando lo mejor habría sido dedicarle una tarde completa para disfrutar adecuadamente la extensión y el estilo de Baricco.
La trama de “Sin Sangre” es, por su brevedad, proporcionalmente sencilla. Nos situamos en un país anónimo en las postrimerías de una guerra civil, para ser testigos de la venganza de un grupo de pistoleros. Su objetivo es un hombre del que apenas se nos cuenta nada, salvo que se llama Manuel Roca y que vive junto a sus hijos. Y en una escena que puede recordar al inicio de “Malditos Bastardos”, somos testigos de cómo se produce una matanza y sólo uno de los retoños de Manuel Roca sobrevive.
A partir de aquí, saltamos a unos cincuenta años en el futuro y presenciamos cómo el último de los verdugos de Manuel Roca se ve enfrentado con la sombra de sus crímenes de juventud. Rendido a este ángel vengador, repasaremos la historia de ambos; Las (sin)razones del asesinato en el pasado, los rencores que movieron a uno contra el padre y al otro contra los pistoleros, la existencia del huérfano abandonado a su destino… Todo ello mediante un diálogo que se diría la confesión de un condenado a muerte.

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“Trabajos forzados” Daria Galateria. Editorial Impedimenta
“Trabajos forzados. Los otros oficios de los escritores“, publicado por la editorial Impedimenta ( traducido del italiano al castellano por Félix Romero ) es un interesante trabajo de la italiana Daria Galateria ( Roma, 1950 ), donde se hace un repaso por los avatares vitales de los hoy considerados grandes escritores que han pasado a la posteridad, pero que en su momento tuvieron, como todo el mundo, que ganarse el pan, tuvieron que hacer como reza el subtítulo de esta obra, trabajos forzados, forzados por las circunstancias.
El ramillete de escritores elegidos es de lo más variopinto. Los hay “Buscavidas” como Gorki o Bukowski, “Bon Vivants” como Colette o Boris Vian, “Animales políticos” como Paul Claudel, Paul Morand o André Malraux, “Burócratas atormentados” como Franz Kafka o Jacques Prévert, “Engranajes del sistema” como Bohumil Hrabal o Italo Svevo, o “Fugitivos y correcaminos” como Lawrence de Arabia, Louis-Ferdinand Celine o Antoine Saint-Exupéry, aviador y autor del célebre “El principito”.
De unos personajes, como Jack London, Franz Kafka, Lawrence de Arabia – inolvidable el fin de David Lean, protagonizado por Peter O’Toole -, Exupéry, o Por citar otro más Bukowski - cartero bebedor/vividor -, se ha escrito mucho e incluso filmado, y se sabe bastante, aunque no ha estado de más recordarlo y aumentar los conocimientos sobre éstos, por lo antológico de sus personalidades. Sin embargo de otros, yo al menos, sabía menos, y ha sido de lo más sugerente su lectura.
Maximo Gorki ( pseudónimo de Alexei Peskov ), se crió en el seno de una familia “difícil” y a parte de sobrevivir a ella, donde la violencia era cotidiana, tuvo que trabajar en una zapateria, de pinche de cocina en un barco de vapor, como vigilante de obras, en una fábrica de galletas, en una panaderia, pescador, hasta que pudo alcanzar algo mejor – redactor de un periódico: la hoja de Nizhny Nóvgorod – hasta que pudo dedicarse a la escritura.

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“AVENTURAS EN VENECIA”. GIACOMO CASANOVA. Atalanta Editorial
GIACOMO CASANOVA
Atalanta Editorial
Traducción Mauro Armiño
Prólogo y edición: Marina Pino
Este libro comprende una selección de capítulos de las memorias de Giacomo Casanova, el veneciano universalmente conocido por sus hazañas amorosas. Casanova, en este caso, nos es mostrado únicamente en su relación con Venecia, la que desarrolló en sus años tempranos, desde su nacimiento hasta su famosa huida de la Prisión de los Plomos, de donde salió por la puerta principal, para mayor desgracia de sus vigilantes. Las temporadas que estuvo fuera de Venecia en esos años juveniles, concretamente, en sus andanzas por Calabria al servicio del obispo Bernardo de Bernardis y su faceta como militar en Levante mediterráneo, nos son evitadas. Sólo sus aventuras –que son muchas- en tierras y aguas de la Serenísima República son objeto de esta selección, muy bien prologadas por Marina Pino y espléndidamente traducida por Mauro Armiño, que nos brinda todo un apoyo en las notas a pie de página, sin el cual perderíamos parte de la información, ya que Casanova no escribía como historiador.
Lo que sí hace Casanova en sus Memorias, como muy bien resalta Marina Pino al comienzo de su prólogo, es ejercer de espejo de la ciudad que le vio nacer, contarnos cómo vivían y lo que hacían. Fascinante y barroco como Venecia, hace lo habitual en los venecianos: jugar, fornicar y asistir al teatro –y no necesariamente por este orden-. Los asuntos públicos y religiosos son atendidos por la aristocracia y sus administradores; la red de espionaje y un temible Santo Oficio mantenían el orden cuando alguien se desmadraba.
No obstante, era nuestro personaje un escritor elegante, que nos narra episodios casi propios de la picaresca española pero los cuenta con una exquisitez y un refinamiento admirables. Las metáforas y perífrasis con las que se refiere a detalles de sus primeras aventuras amorosas son una delicia, llenas de humor y de reflexiones jugosísimas.

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“La trilogía de Auschwitz: Si esto es un hombre, La tregua, Los hundidos y los salvados” Primo Levi
Por la misma razón que no he vuelto a ver la maravillosa película, hiper conocida por todos, “Blade Runner”, desde hace bastantes años, para evitar que volver a verla pueda hacer que pierda toda la magia que quedó en mi interior, de la misma manera digo, no he vuelto a leer esta maravillosa trilogía de Primo Levi, tres libros que son algo más que un justo y necesario recordatorio de sus experiencias en uno de los campos de concentración nazis más tristemente célebres, sino que además incluye una serie de reflexiones sobre el género humano casi tan espeluznantes como lo que Levi nos cuenta que tuvo que soportar en el citado campo.
La trilogía está compuesta de tres partes: “Si esto es un hombre”, de la que voy a hablar a continuación. “La tregua”, un relato casi de aventura de todas las peripecias del autor desde Polonia a su Turin natal. Y “Los hundidos y los salvados” en el que vuelve sobre la primera parte, reflexionando sobre todo lo allí narrado. La editorial El Aleph las publica por separado y en único volumen.
A excepción de alguna cosa que he mirado para documentarme, escribo de memoria. No pretendo hacer más que un recorrido por los recuerdos que tengo de esta maravillosa trilogía,sobre todo la primera y tercera parte, compartirlos y animar a quienes no lo hayan leído a que la lean.
Antes de nada, recomendar el visionado de el film “La zona gris”, con Harvey Keitel, que narra lo narrado por Levi sobre los Sonderkommandos. Otro buen film, sobre el ghetto de Varsovia, de Roman Polanski, “El pianista del ghetto de Varsovia”. Buen film contado con gran sobriedad, sin intentar colarnos más que lo que pasó. Lo mismo que hace Levi.
Primo Levi nació en 1919. Se alistó a la resistencia antifascista italiana, siendo apresado por las milicias fascistas a finales de 1943. Por ser judío – curioso que si no lo hubiera sido, hubiera sido peor, pues lo hubieran fusilado de inmediato – fue enviado a Auschwitz en pleno invierno del 44. De todos los que entraron al mismo en esas fechas, fue de los pocos italianos que salieron con vida de él.
Todo lo contado es mitad como digo arriba espeluznante, pero a la vez tremendamente didactico. La manera de contarlo de Levi es cristalina y con un sosegamiento que parece que no casa con alguien que lo vivió todo desde dentro. De ahí la gran valía de este libro.

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“Muerte del inquisidor” Leonardo Sciascia
“Con gusto nos entregaríamos al diablo si a cambio pudiéramos conseguir el libro que escribió fray Diego escrito “por su propia mano con muchos y heréticos disparates, pero sin estilo y lleno de faltas e ignorancias”. Sin embargo, no es posible establecer semejante comercio con el diablo para tranquilidad del doctor Auria y de los reverendísimos inquisidores, que creían en éstas” ( pág 95, “Muerte del inquisidor”, Leonardo Sciascia )
El 17 de Marzo de 1658, el fraile Fray Diego la Matina, nacido en 1622, de la Orden de la Reforma de Agustín, nacido en Racalmuto, fue quemado en la hoguera por la Santa Inquisición del reino de Sicilia ( en realidad ésta pasaba sus victimas al brazo secular, y esta no fue una excepción ) por hereje. La Matina había matado un año antes al inquisidor Cisneros mientras se hallaba preso en las dependencias del Santo Oficio, golpeándolo con los grilletes con los que era maniatado. Pero también fue considerado hereje, enemigo de la FE. ¿Cuál era su herejia? ¿Que palabras salían por su boca para que el S. O lo quemase vivo? Eso es lo que Leonardo Sciascia, uno de los grandes de las letras del S. XX, nacido también en Racalmuto, siciliano, se pregunta.
Leonardo Sciascia ( 1921-1989 ), autor de obras maestras como “Todo modo“, “El caso Moro”, por citar dos, era un hombre movido por dos ideales. Una restituir la verdad, cuya motivación era sacar la verdad a flote. Otra, una continua sospecha sobre la tendencia de las autoridades de cualquier tiempo y lugar a ocultar la verdad.
En “Muerte del inquisidor” Sciascia desgrana el caso de Fray Diego La Matina. Desde los sucesos en el que mata al inquisidor ” a golpe de grillos” hasta el día en que lo queman. Como acto previo, nos informa de como ciertas familias dominaban el Santo Oficio. “Familiariedad con el Santo Oficio” le llama. La familia lo es todo. Se sirve de toda la documentación de la que ha podido encontrar. Los diarios del doctor Vincenzo Auria, hombre metido en el Santo Oficio. El informe del padre Girolamo Matranga. Cierta leyenda popular que atribuía a La Matina ser un bandolero. E incluso una novela de principios del siglo anterior, con La Matina como protagonista, efectivamente más novela que realidad, aunque algo hubiera. Pero esas leyendas en ningún caso le atribuyen ser un hereje, más bien un heroe popular.
Si nos centramos en Auria y Matranga, vemos sus esfuerzos por presentar de un lado a Fray Diego como un asesino y un enemigo de la fe, un demonio, un recalcitrante, que no se arrepentía de sus errores, alguien que salía de la cárcel, volvía a caer en lo que hiciera, era apresado, abjuraba gracias a su “privilegio” por ser fraile, era soltado, hasta que primero acaba en galeras y luego en la cárcel hasta que hace lo que ya sabemos. ¿Pero que era eso que hacía para volver a ser apresado? Está claro que predicaba algo contrario a la ortodoxia, ¿ pero el qué? Porque si como asesino los informes de Auria/Matranga ponen mucho énfasis, así como de la bondad del inquisidor que se “esforzaba por hacerlo entrar en razón y lo pagó el martir con su vida”, como hereje todo está muy borroso. Sciascia comenta que en la Italia de su época, las autoridades no distinguían a un ladrón común de un comunista. Y en la época de Fray Diego hay algo similar. ¿Era Fray Diego un fraile ignorante que ocasionalmente, por llamarlo de alguna manera, por despiste, se salía del camino, como querían los informes apuntar, o tras este hombre se esconde alguien culto, instruido, que quiere acabar con la tiranía y las desigualdades sociales, lo cual explica su facilidad para hacer prosélitos? Para Sciascia no hay duda.
Algunas perlas de Sciascia:
“...el pariente del Gran Cisneros moría en el mismo exercitio de inquisidor. A golpes de grillos, accidente de trabajo que sólo puede ocurrirle a un esbirro, un tirano” (pág 23 )
“Cabe decir que el Santo Oficio tenía más fuerza de la que hoy tiene los carabinieri con el doble de la población. Si luego añadimos los esbirros de la corte laical y los de la corte vicarial, y los espías, nos dan náuseas sólo con imaginar la vida de este pobre pueblo a finales del siglo XVI” ( pág 31-32 )
” A fín de cuentas, en el Santo Oficio había calificadores y consultores capaces, por doctrina, de valorar con exactitud la ortodoxia o el error; y alguno de ellos debía creer en Dios y tener conciencia del mensaje evangélico” ( pág 60 )
“…a Don Vincenzo Auria se le escaparon las discusiones entre entre Fray Diego y el Padre Cical, discusiones que no hay que considerar un signo de entrega y miedo por parte del condenado, sino la última manera de dar prueba al pueblo de la inflexible ferocidad de una fe que proclama inspirarse en la caridad, la piedad y el amor” ( pág 93 )
En definitiva una historia fascinante, la de alguien que no negaba a Dios, sino que lo acusaba de injusto. Y eso no se podía consentir. Una historia escrita magistralmente por un autor, a mi humilde entender, magistral
“Un santo martir. Pero nosotros hemos escrito estas páginas para dar otra imagen de él, para decir que era un hombre y que mantuvo alta la digndad del hombre” (pág 117 )
En Marzo de 1782, fue abolida la Inquisición en Sicilia. Observemos la advertencia del cronista de la abolición del Santo Oficio a los que vinieran después del él: ” que no se pusieran rojos si descubrían que alguno de su noble casa había sido del Santo Oficio”. Acto seguido fue destruido un cuadro que representaba a ” Fray Diego como a un diablo furioso y feroz, y a monseñor de Cisneros como a un dulce e indefenso mártir, casi un santo”


“VERANO EN EL LAGO” ALBERTO VIGEVANI
Por ARIODANTE
VERANO EN EL LAGO
ALBERTO VIGEVANI
Título original: Estate al lago
Trad.: Francesc Miratvilles
Editorial: Minúscula
ISBN: 978-84-95587-53-4
Año ed.:2009
160 páginas
Género: relato
Alberto Vigevani (Milán, 1918-1999), autor italiano no demasiado conocido en España aunque de la generación de Italo Calvino, Dino Buzzati, Cesare Pavese o Leonardo Sciascia, estudió Literatura Francesa y se dedicó al teatro y a la crítica. Más tarde, estudió en la Universidad de Grenoble, en Suiza, formando parte de la revista Corrente. Abrió una librería, La Lampada. Exiliado a Lugano en los cuarenta, dirigió el periódico Libera Stampa y posteriormente la editorial Il Polifilo. A lo largo de su vida, trabajó en diversos periódicos, como La Stampa, Il Corriere della Sera, Il Giornale o La Reppublica.
En este relato, Vigevani nos hace un dibujo desde un ángulo intimista, de un momento absolutamente universal: el difícil paso de la niñez a la adolescencia, esa etapa que todos hemos vivido pero que cada uno la vive de un modo particularmente especial, dependiendo del ambiente familiar y las relaciones tejidas a su alrededor. Verano en el lago describe de modo magistral el ambiente, la vida de los hermanos mayores, ya en el mundo de los adultos; la madre distante y el padre ausente.
Y Giacomo, un niño en sus apenas catorce años, cuyo cuerpo ya empieza a denotar tensiones y urgencias, pero que aún viste pantalón corto y juega a los barcos, oscila entre el deseo y la admiración, la necesidad del padre y de la madre, que le ignoran, sumidos en sus preocupaciones; la necesidad de los amigos, fundamental en un adolescente, y la pulsión hacia las mujeres, hacia lo femenino, en una mezcla de deseo sexual y atracción de lo desconocido, de lo otro.
Ambientada en una época indefinida, una época en la que aún los chicos de catorce años en las familias acomodadas se mantenían en una absoluta ignorancia acerca del sexo y otros detalles del mundo de los adultos, algo que hoy en día puede ser chocante, pero que realmente era así en tiempos pasados. Actualmente se siguen viviendo los problemas del paso de la infancia a la adolescencia, incluso se alarga ésta con el síndrome Peter Pan en cuanto a la toma de responsabilidades, mientras que se está informadísimo en cuanto a los detalles de la anatomía y las relaciones sexuales.
Giacomo está en ese punto vulnerable en el que se siente único, marginado, incomprendido, humillado por vestir como un niño cuando lo que quiere es ser como los mayores, y vaga con su bicicleta arriba y abajo sin encontrar su lugar, sintiéndose libre en su soledad mientras corre con el viento en la cara. “Cuando entraba en las sombras del jardín, se sentía presa con más fuerza de la melancolía que lo había invadido en la playa al oír los gritos alegres de los mayores en el agua. Era un verano distinto al que había imaginado, carente de alegría salvo en la serenidad de las horas en que trabajaba en la barca”.
Por otra parte, el padre, en sus breves apariciones lamenta esa lasitud aún infantil de Giacomo, aunque se siente incapaz de comunicarse con ese hijo que se pasa el día entre lecturas y juegos infantiles y deseos y sueños que anuncian el mundo adulto: por una parte, el deseo físico. Por otra, el amor. Su atracción por el olor del pelo de la joven criada, el misterio de su cuerpo, le perturba enormemente sin saber exactamente por qué. Y su atracción por la figura de la madre de Andrew, por su belleza, por la imagen materna anhelada, que le provoca unas sensaciones absolutamente nuevas y asimismo turbadoras.
Su relación con el pequeño Andrew, su secreto, le mantiene atrapado: por un lado se siente importante, deseado, amado, necesitada su presencia. Ya no es el último de la casa, el pequeño, sino que juega el papel de mayor, de mentor de Andrew. Por otra, está perdidamente enamorado de la madre de Andrew, donde adivinamos la sustitución de su propia madre, más pendiente de las ausencias de su esposo que de su hijo menor. Y ese amor por la idealización de la Mujer le impregna totalmente, hasta el punto de enmascarar la relación con Andrew.
Finalmente el otoño se acerca y las circunstancias se precipitan: de repente es consciente de su responsabilidad con respecto a su amigo infantil y de su amor por la madre. Todo vuelve a su cauce, con las primeras lluvias: retorna el padre. Los amigos se van y la vida continúa.
Se le ha llamado neorrealista, pero en este relato yo lo calificaría de impresionista, al modo de un Keyserling, aunque hay ecos también de un Pavese, o de un Sciascia, en sus descripciones del verano, la indolencia juvenil y la relajación de actividades y costumbres. Las delicadas descripciones del paisaje y de los estados de ensoñación del protagonista, su percepción de las cosas y su confusión entre sueño y realidad, tienen un marcado toque casi pictórico, uno puede imaginar una pintura de Monet en sus vistas del lago.
Ariodante
Share“El caso moro” Leonardo Sciascia
El 16 de Marzo de 1978, Aldo Moro, presidente del consejo nacional de la democracia cristiana italiana, fue secuestrado por las brigadas rojas, justo el día en que el gobierno que presidía Andreotti, con presencia comunista, es aprobado en parlamento y senado. ¿ Hubiera parlamento y senado aprobado este gobierno de no ser Moro secuestrado ?. Dicha aprobación era decisiva para lograr cierta estabilidad democrática que hacía tiempo sin duda faltaba. Este comentario es simplemente para meternos en contexto sin que signifique nada más. Tras 55 días de cautiverio, el día 9 de Mayo el cadaver de Moro aparece en el maletero de un Renault 4.
Leonardo Sciascia, en esos momentos diputado del Partido Radical, fue uno de los encargados de realizar el informe de la comisión parlamentaria sobre estos hechos. Fiel a su estilo, Sciascia expone unos acontecimientos fascinantes, a caballo entre el más grande los intereses por que el asunto se esclarezca y el más absoluto convencimiento de que nada podrá ser minimamente resuelto. Ya sabemos que Sciascia no creía, y quién puede creer, que el lenguaje sirva para imponer la verdad.
El libro llevaba algún tiempo descatalogado. Recientemente ha sido reeditado por TUSQUETS.
La presente obra consta de tres partes. PRIMERO analiza todas las cartas que Aldo Moro escribió durante su cautiverio en manos de las Brigadas Rojas, y vemos “las respuestas de sus compañeros de partido y profesión, que se lavaron las manos de forma bochornosa”. ( Cita tomada del prólogo de Julio Reija del libro editado por GALLO NERO “Actas relativas a la muerte de Raymond Rousell”, del propio Sciascia ). Ciertamente Moro intentó ponerse en contacto con sus colegas de partido y con su familia – también le mandó una misiva al Papa Pablo VI -. De un lado Sciascia se pregunta por qué la policia no analizó dichas cartas en busca de pistas sobre su paradero. Habían pasajes definitivamente extraños, raros, aparentemente incongruentes, que tal vez fueran intentos de indicar donde se encontraban burlando a los terroristas, que leían todas y cada una de las cartas. De otro, cuando Moro intenta que el Estado negocie, y que sea intercambiando por miembros de las Brigadas Rojas en prisión, sus compañeros de partido se lavan las manos. Su modus operandi en público, no sabemos cuál era en privado, era decir que el Moro que pedía negociar con Terroristas, simplemente no era el Moro que ellos habían conocido. Que o bien actuaba coaccionado por sus captores o bien había enloquecido. No habría negociación. Moro en sus cartas – pues él leía la prensa que le dejaban leer y sabía de la respuesta de sus correligionarios – intentó deseperadamente demostrar que esa fue siempre su postura en otros casos de similar naturaleza. Se puede ver el empeño que pone Sciascia en mostrar lo cuerdo que estaba, lo lúcido que estaba pese a todo, en mostrar que era el de siempre, ni mejor, ni peor. Leer esta primera parte es muy interesante. Las conclusiones de Sciascia no podrían ser más deprimentes, tanto en la ayuda de quienes hasta el día de antes consideraban a Moro como su líder, tanto en el devenir de los acontecimientos y las reflexiones que éstas van generando.
La SEGUNDA parte es una cronología del caso: los 55 días.
La TERCERA parte es el informe que Sciascia elabora para la comisión parlamentaria encargada del caso. Sciascia considera que, primero, se perdió mucho tiempo investigando si había más información sobre los terroristas en los días previos y sobre si Moro recibió amenazas los meses previos al secuestro. De otro lado, al parecer su protección no era todo lo que hubiera sido de desear, con falta evidente de efectivos, afirmación del jefe de su escolta. Ahora llegamos a las irregularidades o incumplimientos en la investigación. Estas palabras son más un eufemismo. Por no decir chapuza. ¿Seguro que no fue simplemente una chapuza? Es sólo una pregunta que se hace Sciascia. De un lado en que fueron registradas una gran cantidad de casas, sin que el ciudadano pudiera siquiera ni rechistar. La policia entraba y punto. Sin embargo el piso franco de las brigadas rojas, no es registrado ni irrumpen el él. Llamaron a la puerta, y como nadie contestó…
Por el camino, en la Vía Fani, donde Moro fue secuestrado y su escolta asesinada, pese a la gran vigilancia que existe, los terroristas dejan el coche que la policía debia estar buscando a la desesperada. Eso quiere decir que los terroristas volvieron tranquilamente al lugar de los hechos a dejar el coche pese a que los estaban buscando. ¿Sabían que no corrían peligro o eran tan inconscientes ? Lo segundo no puede ser. La policía pone a trabajar en el caso a todos sus hombres en más una operación de cara a la galería que otra cosa, puramente efectista, en vez de otras medidas más efectivas. Y para un sospechoso que cogen en vez de seguirlo y que les conduzca al resto de terroristas y al propio Moro, la policía va y lo detiene. Para colmo sale en libertad en breve.
El despropósito sigue. Gracias a una güija, han leído bien, saben que las brigadas rojas se ocultan en Gradoli. Toda la policia se dirige hacia el pueblo de Gradoli. Sin hallar nada. Era la calle Gradoli, en Roma, no muy lejos de Vía Fani. El piso franco es finalmente descubierto, pero no gracias a la policía sino gracias al enemigo número uno de las brigadas rojas: los escapes de agua. Más de un piso franco fue así descubierto.
Otro despropósito. Encuentran impresoras de la policía en el piso franco de las brigadas rojas. ¿Cómo pudieron llegar hasta ahí? Demasiados misterios.
Hay “rumores ” que los brigadistas se entrenaban en Checoslovaquia y que terroristas checos cruzaban a Italia para entrenar brigadistas. Al partido comunista italiano le tranquilizó saber que no venían de Rusia. O ¿Tal vez los americanos y sus servicios secretos estaban detrás de todo?. Esto sería mucho más inquietante…
Se pregunta Sciascia por qué al pasar el tiempo, no apareció ni una sola pista, ni un terrorista arrepentido o algún disidente que arrojara algo de luz a tanta oscuridad. Todo acabó con el trágico asesinato de Aldo Moro – el menos implicado de todos – sin que nada fuera hecho, o es que realmente nada podía hacerse – no olvidemos que no lo mataron sus compañeros de partido ni el Estado Italiano, sino las Brigadas Rojas – y su destino estaba fatalmente marcado.
Esto es una sintetización de lo expuesto por Sciascia, de cómo pudieron haber tantas anomalías y extrañezas en un caso tan importante. Esto no significa que el autor siquiera flirtee con teorías conspiranoicas, no era su estilo – eso no significa que no la hubiera, ni que no la hubiera, simplemente no es un hecho palpable que ayude a conducir a la verdad -. Su intención, decidida y firme, es mostrar la verdad, los hechos, mientras no tiene más remedio que desconfiar de los discursos oficiales para conseguir ese fin. Poner los hechos encima de la mesa, a sabiendas de su irresolublidad.
Libro fascinante, que lanza mil preguntas al aire, que no tienen respuestas sencillas, o directamente no tienen respuesta, y que ha sido una buena ocasión para volver a leer a Leonardo Sciascia, un grandísimo escritor.
Share“El miedo” Federico de Roberto. Editorial Gallo Nero
La primera guerra mundial, tapada por la segunda guerra mundial por el aluvión de ensayos y novelas que existen sobre ésta, es un conflicto que me despierta mucho más interés a mi personalmente que la segunda, un conflicto al que se acudió pensando que serían unos meses de contienda, y acabó siendo un infierno de trinchera, la primera de la historia, donde el ser humano vivió y padeció en sus carnes la agonia de la guerra total, no en vano se le llamó la gran guerra. Una guerra absurda, donde los soldados morían de forma absurda – léase “El miedo” de Gabriel Chevalier -, donde proliferaron, no sé si por primera vez ( tal vez no por primera, pero sí con tanta cantidad ) como indica la propia novela que nos ocupa, “Heroes de salón y especuladores que se lucraban con la gran desgracia”.
Este conflicto armado, 1914-18 originó una destrucción desconocida para la época, una cantidad de bajas descomunal. Y total, ¿ para qué?. Para abrir una brecha que sólo pudo cerrarse en Europa con otra guerra, esta más destructora que la anterior, la segunda guerra mundial, que certificó el fin de un mundo, diríase de una era, un mundo ya en agonía en 1914.
Novelas sobre la Gran guerra hay bastantes, y muy interesantes. Interesantes porque al contrario
de la guerra del 39-45, no son novelas de buenos y malos como bastantes de la segunda guerra mundial. En las novelas de la primera guerra mundial, prolifera más la novela denuncia, denuncia ante la estupidez y el sinsentido de la guerra, una guerra eterna, exasperante, tediosa, de muerte inesperada detrás de una trinchera, sucio, maloliente…Unas novelas que en la época serían tachadas de la misma manera que las predicas de los movimientos sociales izquierdistas que llamaban a la deserción justo cuando estalló la guerra- por considerarla una guerra de los poderosos para sus propios intereses- , es decir, de antipatriotas.
Son a destacar la citada “El miedo” de Gabriel Chevalier, “Capitán Conan” de Roger Vercel, que dio lugar a la película de Tavernier, “Sin novedad en el frente” de Erich Maria remarque, o por citar otra la imprescindible “Viaje al fin de la noche” de Celine.
“El miedo” de Federico de Roberto, es una micro novela, un relato, editado por Gallo Nero, pequeña en tamaño grande en contenido. Un destacamento italiano al mando del teniente Alfani debe proteger una posición. Enfrente tiene a tropas enemigas: croatas, húngaros…El tiempo no pasa, incómodos, harapientos, mal alimentados, consumidos por el tedio, corroidos por el absurdo de
defender nada aparentemente importante, deseando la acción, aunque implique riesgo de muerte. Cualquier cosa menos seguir así.
De repente el enemigo ataca y cada vigia que manda Alfani a vigilar la acción enemiga, es abatido por un francotirador apostado en un punto invulnerable. Uno, dos,tres, cuatro…Todos y cada uno de ellos muertos ante la mirada atónita y aterrada del resto. Al final nadie quiere ir hasta el puesto de vigilancia y exponerse un par de metros al tirador oculto. Lógico, corroidos por el miedo, el terror. Hemos venido a morir, asumen, pero no así, abatidos como conejos. Alfani se replantea si vale la pena seguir. Se plantea desobedecer a su mando superior y no mandar a sus hombres a una muerte segura y estúpida, so pena de ejecucción a él mismo. Les entiende perfectamente, pero a la vez le reconcome la cobardía de sus hombres, o lo que llama cobardía producto de su educación castrense. Pero no es cobardía, no lo es, es miedo. ¿Quién no lo tendría? Si él también lo tiene. Y lo sabe.
Novela con un climax brutal, alegato contra aquellos cuyas chaquetas pesan de las cantidad de medallas ganadas desde la lejanía del frente. Un relato muy ágil, cortito, escrito por Federico De Roberto en 1921, autor de la novela “Los virreyes”, relato del que, qué triste, nada hemos aprendido desde entonces, casi un siglo después.
Share“Actas relativas a la muerte de Raymond Rousell” Leonardo sciascia. Editorial Gallo Nero
Primero de todo, una recomendación y una humilde petición. La recomendación va dirigida a los lectores. Recomiendo leer primero el fantástico, con mayúsculas, estudio de Julio Reija sobre Leonardo Sciascia, y luego leer la obra en sí. Creo que es preferible leerlo así. Tras leer dicho estudio, que yo hubiera puesto a modo de introducción, se entiende perfectamente al autor, a su contexto, y la novela gana muchos enteros. Se corre el riesgo que al leer primero la obra, no se lea lo otro, o si no se tiene mucho interés en el autor no se le preste mucha atención, y se pierda sin duda lo mejor. La petición, humildísima, va a dirigida a la Editorial Gallo Nero. Esta es que si pueden cambiar dicho orden en posteriores ediciones.
Había leído varias obras de Sciascia. Un autor simplemente fascinante. Cuando acometí esta lectura, breve en extensión, la obra me dejó la sensación de no haber leído nada que no hubiera leído ya. ¡ Ay si hubiera leído primero a Julio Reija !. Este hizo que cambiara por completo mi percepción. Voy a intentar desgranar lo que Reija expone.
Como reza en la contraportada, “Escrito en 1971, Actas relativas a la muerte de Raymond Roussel es un relato-investigación sobre la muerte del poeta francés Raymond Roussel que tuvo lugar en 1933 en un hotel de Palermo por sobredosis de barbitúricos, según el informe oficial”. El caso es desgranado, paso por paso, sin dejar cabos sueltos. pero la verdad es que hay muchos cabos sueltos. El caso se cerró con auténtica precipitación, donde el suicidio era una hipótesis que simplemente las autoridades italianas de la época – años mussolinianos – se negaban siquiera a valorar. El suicidio no tenía cabida. Sería como admitir que hay motivos para no querer vivir, para no ser feliz, y ningún poder establecido quiere admitir esa posibilidad. Las autoridades cerraron el caso rápidamente y hasta cuatro décadas después nadie se interesó por él. Tuvo que ser Sciascia. ¿Quién si no?
La lectura es amena, pero pronto vemos que no hay sorpresas, que incluso no hay solución posible. El caso se presenta, hablan los testigos, se habla del fallecido – el súbdito francés Raymond Rousell, artista francés – y se llegan a las conclusiones. Sciascia nos presenta su tesis: para él no fue sino una sobredosis, un accidente lo que acabó con la vida de Rousell, descartando el suicidio o que su compañera estuviera de algún modo implicada. Pero ni esto está claro del todo.
Una vez leída la obra, comienza lo bueno. Tras haber leído a Sciascia en otras novelas, me sentía realmente fascinado por el autor de Agrigento. No siempre esa fascinación la podía transformar en palabras. Leer a Reija ha sido como leer mis pensamientos. Lo que siempre pensé sobre Sciascia, aqui lo encontré, escrito por otro de manera magistral. Al acabar su estudio, ya veía esta pequeña obra de otra manera.
Veamos. ¿Cuáles eran los pilares del pensamiento de Sciascia? Una neurosis racionalista, una busqueda de la razón, más importancia a la verdad que a la propia razón. Sciascia no sentía especial admiración por la figura de Rousell. Sin embargo le mueve la idea de razón y de sobre todo de verdad: ¿Por qué las autoridades no pusieron la causa de la muerte? Sus escritos evidencian ansía por dar con ella, VERDAD, anteponiendo el fondo a la forma. Escribe contra la injusticia, o más bien contra la falta de ella ( de justicia ), contra la conformidad de una sociedad encantada de convertirse en un rebaño.
A Sciascia le interesaba escribir las cosas de hoy, de su momento. No caigamos en la tentación de coger cualquier texto del pasado para hablar sólo de él y aprovechar para algo así como exonerar al presente. Ese es un lujo muy corriente que no nos deberíamos permitir. El autor siciliano se pregunta: ¿ por qué nadie hoy día lo hace? Pregunta no sólo válida al contexto italiano, y al de los años 60′ y 70‘, sino también al nuestro de hoy, ¿ Por qué no?.
Sciascia escribe contra los efectos negativos de la eterna consolidación del poder, donde exhibe su desconfianza razonada ante los discursos oficiales. Al darnos cuenta de esto, entendemos de golpe la novela que antes tal vez nos dejara algo fríos, y esto es que lo que Sciascia escribe no es que haya una confabulación contra la verdad sino más bien una incapacidad para acceder a ella, un desapego a la verdad para permanecer dentro de una cómoda ignorancia. Leyendo los textos sciascianos se observa que a más se busca esa dorada verdad, esta más parece emborronarse. La conclusión a la que llegamos es que legar a ella, saber qué ocurrió con Raymond Rousell, es imposible. El caso es irresoluble. Eso es lo realmente inquietante.
Sciascia sabe que su tesis de una muerte accidental, choca con el hecho que Rousell dejará testamento como si supiera que algo le iba a ocurrir. Pero el hecho es que el hecho que nadie investigara esto, qué nadie se lo planteara, qué la autoridad competente siquiera investigara esa posiblidad, es lo que aterra a Sciascia, que a nadie le importe la verdad. Esa es la conclusión de la novela, absolutamente aterradora. Viéndolo así, es una novela fantástica. Y verlo así, es gracias a Julio Reija, es mérito de él. También puede ser que haya quien haya visto esto sin la ayuda de Reija. Yo, necesité de su, sin duda, más que estimable ayuda. Chapeau!!
Tras leer a Sciascia, sus relatos policíacos, una idea queda flotando, realmente inquietante, en el aire, más aún que no haber podido averiguar un caso de un asesinato o que un asesino en serie siga campando a sus anchas, y esta es que el lenguaje, nuestro lenguaje, es completamente incapaz de transmitir la verdad.
Enhorabuena a la editorial GALLO NERO por su labor editorial por haber hecho llegar esta pequeña joya a las librerías
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