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“Mapp y Lucía” Impedimenta
MAPP Y LUCÍA
Leyendo la sección de chismorreos del prestigioso Worcestershire Herald me encuentro con una serie de curiosidades que me llamaron mucho la atención pero hubo una noticia que me causó mucha pena, me amargó el día, me hizo pensar en lo injusta que era la vida que tan duros golpes nos daba, muchas veces sin merecerlos. ¿Por qué?. ¿Cuál era la causa de esta congoja?. Una nota necrológica fue el motivo de mi abatimiento: Pepino, il caro Pepino, el poeta, el marido de la reina de Riseholme, Emmeline Lucas, más conocida como Lucía, había muerto súbitamente. Todo el villorrio estaba abatido. A sus habitantes se les caía el alma a los pies cada vez que veían a la «pobre» Lucía vestida de riguroso luto.
Con esta triste noticia es como empieza Mapp y Lucía, la segunda novela de la saga escrita por E. F. Benson y publicada por Impedimenta, con una impecable traducción de José C. Vales, que en la introducción, bajo el título de Nostalgias Eduardianas, nos habla del por qué del éxito de esta saga muy apreciada por millones de lectores
Sinopsis:
Emmeline Lucas, conocida universalmente por sus amigos como Lucía, reina de Riseholme, es una archiesnob del más alto nivel. Cuando en sus vacaciones alquila una casita junto al mar, cree que ya nadie podrá hacerle sombra, hasta que se cruza en su camino Miss Elizabeth Mapp, figura central de la vida social del pequeño villorrio de Tilling.
De cara al mundo, Lucía y Mapp son las mejores y más mundanas anfitrionas, pero en secreto no cejarán en su empeño, por muy bajo que puedan caer, por ganar la feroz batalla por la supremacía. Mapp y Lucía, continuación de las aventuras de la inefable Emmeline Lucas en Reina Lucía.
Siguiendo con esa sección del Worcestershire Herald me entero también de que un rumor anda de boca en boca; mejor dicho, dos rumores: Lucía sigue apática y no quiere saber nada de la famosa fiesta isabelina que todos los años celebraban en la época estival conmemorando el discurso con el que la reina Isabel I en el año 1588, en la ciudad Tilbury, arengó a sus ejércitos ante la inminente invasión de la Armada Invencible. Y el segundo rumor que, claro, dado el gusto que tenía toda la población al deporte del cotilleo, terminó llegando a sus oídos, era que había un supuesto romance entre Lucía y su inseparable amigo Georgie Stillson. No daba crédito ante tanta noticia desconcertante. ¿Serían ciertos?.
Elizabeth fue al grano, desdeñando una sugerencia tan vana.
—Es de la fiesta en sí misma, querida —dijo—, de lo que quiero hablarte. Obviamente no puedo permitir que tenga lugar en mi jardín. ¡Toda la chusma y la mugre de Tilling desfilando por mi vestíbulo y mi encantador saloncito, y pasando la sobremesa en mi jardín…! ¡Todas mis alfombras embarradas y mis parterres pisoteados! ¿Y cómo sé que no subirán a hurtadillas a las habitaciones de arriba y que no birlarán todo lo que encuentren?. (pág. 173).
Pero la vida sigue y por la mente de Lucía andaba rondando una idea: pasar los meses de verano en Tilling, otro villorrio pero esta vez de estilo eduardiano. En Tilling, pues, será donde transcurra la historia que nos hará pasar un momento agradable, sin olvidarnos del todo de Riseholme, y de cómo iban preparando el principal acontecimiento del año que tantos turistas atraía al pueblo. Todo el pueblo de Tilling está pendiente del alquiler de la casa de Mapp, Mallard, a Lucía. Este hecho ocasionará un efecto dominó. Ya verán el por qué si se deciden a leer Mapp y Lucía.
Si la reina indiscutible en Riseholme era Lucía, en Tilling era Elizabelth Mapp. La llegada de Lucía a esta tranquila y apacible población iba a causar un gran conflicto social: ¿sería capaz Mapp de conservar su supremacía o sería destronada por Lucía?.
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Share“La máquina del tiempo” H. G. Wells
La máquina del tiempo (1895) Herbert G. Wells (1866/1946)
La máquina del tiempo es para mí una de las mejores obras de ciencia ficción que he leído. Escrita en una época en la que solo se podía tener una gran imaginación y mucho conocimiento del comportamiento humano, lo demás fueron condimentos que ayudaron para llegar a una gran novela.
A finales del siglo XIX un científico invita a cuatro de sus mejores amigos a cenar en su casa y recibir el nuevo año el cual daría comienzo al siglo veinte. Después de mucho esperar y creyendo que quien los invito no llegara lo ven aparecer todo lastimado y con las ropas destrozadas.
Luego de que es ayudado a reponerse, comienza a relatar a sus amigos lo que le sucedió. Para ello les dice que recuerden la última vez que se vieron, hace más de una semana. En esa reunión el científico les habla de la cuarta dimensión y de los viajes en el tiempo y les muestra un pequeño prototipo a escala de una maquina que él invento. Sus amigos aparentan tomar en serio sus palabras, no obstante tratan de convencerlo que es imposible.
El relato se inicia al marcharse ellos, se encierra en el estudio y decide probar su teoría con la maquina que tiene en el jardín escondida a la vista de todos. Sube a ella y la pone en funcionamiento. Todo a su alrededor gira a más y más velocidad, el fechador marca como el tiempo desfila ante sus ojos, los días se convierten en semanas, las semanas en meses y los años se acumulan como si solo fueran segundos, todo a su alrededor cambia aceleradamente. Así hasta llegar 800000 años de vida terrestre. En su mente perdura la idea de conocer el futuro de la humanidad y ver cuán lejos han llegado los hombres. Los adelantos tecnológicos que han logrado a través de centurias de vida humana.
Descubre con gran dolor que no existe una sociedad como él la soñó, solo existen dos grupos de humanos muy distintos entre sí y un planeta curándose de viejas heridas…
Al leer esta novela sentí que quizás era mejor no inventar una maquina que nos lanzara a un futuro no pensado. Y me plantee que pasaría si fuéramos para atrás…Bueno como tantos de nosotros hemos leído y visto películas de los viajes en el tiempo, donde se plantean muchas paradojas que no se pueden resolver.
No obstante H.G.Wells no ha regalado una historia que nos hace pensar y mantenerla siempre vigente.
El cine ha hecho lo suyo llevando el libro a la pantalla grande en varias ocasiones. Hay algo que siempre me ha perseguido, no recuerdo (hace mucho lo leí) si esta en el libro o si solo lo agregaron en la película; al finalizar la historia nos deja planteada una pregunta, el protagonista se lleva tres libros con él, pero nunca aclaran cuales fueron los elegidos.
“cuales se hubieran llevado ustedes para comenzar una nueva civilización…?”
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“DISTURBIOS“ JAMES FARRELL
JAMES FARRELL
Trad.: J.M. Álvarez Flórez
Ed. Acantilado, 2010
Primera parte de la llamada Trilogía del Imperio, Disturbios pertenece a ese tipo de narración que han desarrollado algunos escritores británicos como Anthony Burgess, Evelyn Waugh, Stella Gibbons, etc., en la que se refleja el caos y desmoronamiento del imperio y el fuerte impacto que supuso en la sociedad británica, pero mostrado desde un punto de vista cargado de un humor muy británico, a veces sarcástico, a veces irónico, pero inevitablemente hilarante. Para Inglaterra la caída fue durísima. Y quizás sea el humor la única manera de sobrellevarlo.
Brendan Archer, comandante retirado regresa de la primera gran guerra con los nervios algo perturbados. Tras un tiempo de descanso, decide visitar a Angela Spencer, con la que supuestamente está prometido, aunque de modo muy informal. Ella vive en Kilnalough, un pueblecito de la costa sur de Irlanda, donde su padre, Edward, terrateniente local, regenta el Majestic, un vetusto hotel en franca decadencia, ocupado por un grupo de ancianas y algún otro vejestorio, un inestable hijo, Ripon, y una ingente cantidad de gatos y otros animales de granja. Angela no parece recibirle con demasiado interés, pero el resto de los huéspedes y el dueño, lo acogen como agua de mayo, para sacudirles del mortal aburrimiento que sufren. Sarah Devlin es otro personaje importante: amiga de la infancia de Angela, frecuenta el hotel, pero no es muy bien vista, por ser católica, frente a la mayoría protestante de los habitantes del Majestic. Tomará el relevo de Angela en el corazón del comandante, pero los planes de Sarah son diferentes.
De momento el comandante Archer se instala, con la idea de romper su compromiso y marcharse de allí, lugar que encuentra desolador y lleno de perturbados y enloquecidos personajes. Pero, al modo que Buñuel nos presenta en El ángel exterminador a un grupo de aristócratas encerrados en una mansión de la que misteriosamente no consiguen salir, Farrell nos presenta a los pobladores del Majestic, un reducto de unionistas protestantes (de clase alta venida a menos) como adosados al edificio, ya en grave deterioro, invadido por las plantas y por los gatos. Incapaces de abandonarlo, salvo excepciones, Archer es el único que entra y sale, pero poco a poco va invadiéndole la molicie y recorre las desoladas habitaciones vacías, en una imagen que recuerda los pasillos de Barton Fink, de David Lynch. La llegada de las gemelas, las hijas menores de Edward Spencer, añade leña al fuego: los disparates se suceden constantemente. Tras un intento de recuperación de los viejos tiempos, con la organización de una gran fiesta, canto de cisne del Majestic, se inicia un proceso acelerado de decadencia que finaliza de modo abrupto, coincidiendo con los comienzos de la independencia irlandesa y el caos del abandono masivo de ingleses y el despliegue del IRA.
La narración hecha en tercera persona, pero desde la óptica de Archer, se desarrolla en el marco de la Irlanda de los años previos a la independencia, concretamente, entre el verano del 1919 y la primavera de 1922. Los propios irlandeses entre sí están sumidos en la confusión. Pero los disturbios, que de ahí toma el nombre el libro, no sólo se producen en Irlanda: en Egipto, en India, en todo el mundo imperial británico. Y Farrell los introduce asépticamente a modo de noticias de prensa, para dar cuenta del clima general, exterior al pequeño universo del Majestic. Es decir, el hotel y sus habitantes funcionan en la novela como un símbolo de la Vieja y decadente Inglaterra imperial, con la estatua de bronce de la Reina Victoria como guardiana. El tono general es tragicómico; las palizas, los asesinatos, los insultos y vejaciones son vividas por los huéspedes como algo casi natural, que han de compartir con resignación, aunque de vez en cuando hagan amagos de indignación y traten de defenderse, sobre todo el belicoso Edward, conforme va aumentando su nivel de desequilibrio mental. El comandante acaba por asimilar el papel del propio Edward, haciéndose cargo de todo hasta el final, si bien Murphy, el viejo sirviente, es el que juega la última baza.

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“El último enemigo” Richard Hillary
Cómplices editorial publica este clásico ambientado en la segunda guerra mundial en los días de la batalla aérea de Inglaterra.
Al hablar de “El último enemigo” es imposible no hacerlo sin comentar la biografía del autor, no sólo porque está basada en sus propias experiencias y lo escribió mientras se recuperaba de las heridas que le dejaron desfigurado, sino porque, alpoco tiempo, falleció en un accidente de aviación, con 23 años y sin llegar a ver el fin de la guerra.
Una mirada superficial podría hacer pensar que esta es la típica novela bélica: Hillary, con una madurez sorprendente, nos relata sus días de Oxford, describe a sus amigos, la mayoría de los cuales murieron antes que él y cuenta con agilidad su ingreso en la RAF y los posteriores entrenamientos hasta llegar a los combates. Todo muy normal, aparentemente convencional o clásico, pero en el fondo nos está contando también otra historia. La de un egocéntrico inteligente, el propio autor, indiferente al mundo y a sus crueles circunstancias que acaba descubriendo un sentimiento del que carecía: la empatía hacia los demás seres humanos en un proceso doloroso que adquiere pleno significado en las últimas páginas y que hace muy diferente este valiosísimo trabajo de tantas otras obras sobre dicha guerra.
Con un esclarecedor prólogo de Miguel Sáenz, “El último enemigo” que con los años se ha convertido en un pequeño mito, tal vez adolezca en algún momento de las imperfecciones propias de un debutante en cuanto a construcción, estructura o algunas expresiones, pero su profundidad, su hondura, la unión de dinamismo y densidad, el retrato de este Londres continuamente bombardeado y a la vez pletórico de vida, el magistral retrato de su convalescencia o ese impactante arranque en el que narra como fue derribado y pasó varias horas herida, y quemado, en las aguas del Mar del Norte, entre otros aciertos, hace que nos encontremos ante una pequeña joya que trasciende los tópicos del género bélico al mismo tiempo que puede atraer perfectamente a todo aficionado a la literatura de la II guerra mundial.
Un libro muy singular y una demostración, tal vez inconsciente, de la ética de su precoz autor, que realizó un trabajo tan conciso como preciso.

“Diario del año de la peste” de Daniel Defoe
“Diario del año de la peste” de Daniel Defoe
Sobre todo, se deben tener en cuenta las peculiaridades del “Diario del año de la peste”. Porque todo en ella es realismo. Hechos verídicos de boca de quienes lo vivieron. Y a la vez es ficción, prosa cuidadosamente elegida para causar un determinado efecto en su lector. Precursora al mismo tiempo del periodismo histórico y de la “ficción historicista”.
Vayamos por partes. La terrible peste que azotó Londres, y a la cual hace referencia la novela, sucedió en 1665. Aunque los cálculos aún se discuten, estiman en cien mil los muertos por la enfermedad durante el año (de otoño a otoño) que se prolongó la plaga. En aquel momento Daniel Defoe sólo era un niño de cinco años así que, por supuesto, fue ajeno a muchos de los hechos que tuvieron lugar. Pero casi sesenta años después, en 1721, la peste se convirtió de nuevo en tema de conversación al abatirse sobre Provenza. Entonces, aprovechando “el tirón”, Defoe escribe este falso diario de un supuesto superviviente. Para lo cual aprovechó sus recuerdos de infancia, además de entrevistarse con personas que pudieron relatarle de primera mano lo ocurrido.
La narración, aderezada con datos reales (estadísticas de fallecimientos, referencias a textos oficiales o disposiciones legales…), es un relato pormenorizado de cómo evolucionó la enfermedad y la sociedad londinense con ella. Desde los primeros brotes hasta el reconocimiento oficial de la plaga, sin esquivar los horribles padecimientos que contemplaron los habitantes de Londres. Se nos habla de lo complicado de establecer hasta dónde se falsearon los datos para no asustar a la población. De los charlatanes que intentaron sacar provecho de la plaga con supuestos remedios milagrosos. De lo complicado de hacer cumplir las ordenanzas sobre la cuarentena, y el sacrificio al que se vieron abocados aquellos a quienes se escogió para satisfacerlas. Un relato plagado de dolor y sufrimiento.
Defoe narra todo esto en primera persona, oculto tras el ficticio testigo que permanece en la ciudad durante todo aquel año de muerte. Deteniéndose de vez en cuando a hacer memoria sobre tal o cual hecho que presenció, las más de las veces. Refiriendo historias o rumores que oyó de otros, en ocasiones. Permitiéndose ir haciendo reflexiones al respecto de esos sucesos y la forma en que la sociedad reaccionó ante el desastre.

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Lady Almina y la verdadera Downton Abbey. Fiona Carnarvon
Lady Almina y la verdadera Downton Abbey, El legado perdido de Highclere Castle.
Lady Fiona Carnarvon, esposa del actual conde de Carnarvon, narra la historia de Highclere Castle, el escenario principal de la exitosa serie Downton Abbey, retransmitida en la televisión española procedente de Reino Unido.
Lady Fiona nos muestra un aspecto diferente y real de los acontecimientos que ocurrían en el castillo de Highclere alrededor de finales del siglo XIX y principios del XX. La obra comienza cuando Lady Almina, hija de Alfred de Rothschild se casa con Lord Carnarvon, quinto Conde. La dote que aporta al matrimonio engrasa la maquinaria de la vida social llevada por la nobleza de aquellos tiempos victorianos.
Fiestas, bailes, viajes exóticos y viajes de placer marcan un ritmo desenfrenado en Highclere, fruto de las inmensas fortunas que poseían ciertos sectores de la nobleza inglesa en esos años.
Almina, no sólo era la señora de la casa, si no también la esposa amada de su marido. Lord Carnarvon, apasionado por el mundo antiguo y la arqueología viajó hasta Egipto para ver con sus propios ojos las pirámides, acompañado en todo momento por ella. Desde este primer viaje, Lord Carnarvon fue desarrollando y madurando un proyecto de excavaciones y finalmente, junto con Howard Carter hallaron la famosa tumba de Tutankamón.
Lady Almina es sin duda todo un personaje histórico que reflejó su amor por Highclere y todos sus habitantes. No solamente para ella y para su familia fue un hogar, si no que desempeñó otras funciones, como lugar de reuniones políticas y también como hospital.
El estallido de la I Guerra Mundial hace que Almina y todo el personal de Highclere Castle se vuelque con el conflicto bélico y convierten el castillo en un hospital militar. Numerosos enfermos de guerra llegaron a pasar por sus muros, siendo la propia Condesa de Carnarvon quien supervisó y contrató todas las cuestiones relativas a la enfermería y a la medicina, saldando todos los gastos de su propio bolsillo. Highclere se convirtió para la inmensa mayoría de los pacientes en la luz del final del oscuro túnel en que estaba sumergido el país.
La obra comprende una biografía de la propia Almina y su familia, el Conde de Carnarvon y sus hijos, que refleja impecablemente cada aspecto de su vida haciendo hincapié en los detalles importantes que hicieron mella en lo sucesivo para la historia de Downton Abbey.
Jorge Ayora.
Share“El pirata Gow” Daniel Defoe
DANIEL DEFOE
Trad. Celia Recarey y Carlos Valdés
Ed. Gadir, 2011
Este es un relato que fue publicado de modo anónimo el mismo año de la muerte de Gow, y atribuido a Defoe (al cual se le atribuyen, por otra parte, alrededor de cuatrocientas obras). Ha habido opiniones a favor y en contra, entre los estudiosos de su obra, y la autoría no está del todo clara. A pesar de todo, quizá lo que verdaderamente importe sea la narración en sí. Y ésta nos presenta, a modo casi de reportaje periodístico, la vida de un pirata real, conocido, un pirata en toda su descarnada cotidianeidad. Sin leyenda, sin mito, sin aura. Con la fuerza de los hechos.
John Gow, alias Smith, fue un marino escocés que vivió entre 1697 y 1725; un hombre muy joven. El relato a que nos referimos narra los últimos años de su vida, justamente cuando se convierte en pirata. Se nos muestra como cruel, violento y sanguinario. Pero al parecer, con dotes de mando, ya que, en aquella época y tanto en la mar como en la tierra, abundaban la violencia y la crueldad.
La narración es un reportaje de los hechos: cómo se urdió la traición a bordo de la galera George, en la cual embarcó como marinero el tal Gow en Amsterdam, aunque posteriormente fue ascendido a segundo de a bordo. Gow era ya un redomado pillo. Anteriormente había intentado apoderarse de un mercante inglés que navegaba de Lisboa a Londres, convenciendo a un grupo para que le siguiera en sus propósitos, aunque, afortunadamente, no llevó a término por ser descubierto y huir a Ámsterdam. Allí se enroló en la George, comandada por el capitán Oliver Ferneau, francés. Se enrolaron a su vez la banda de Gow al completo: Macauly, Williams, Melvin y otros, como los suecos Winter y Petersen. Lo que se nos cuenta no es una airada reacción ante la arbitrariedad o la crueldad del capitán del barco: no, se trata de una traición planeada con alevosía y anticipación. Gow estaba decidido a dedicarse a la piratería, por lo que todos sus actos iban dirigidos a apoderarse del barco a la menor ocasión cosa que finalmente hicieron, asesinando a capitán y oficiales y aterrorizando a la tripulación, a la que hicieron cómplice por obligación. Después de apoderase del barco, al que rebautizaron el Venganza, se dedicaron a atacar a otros, apropiándose de carga y tripulantes, hundiendo los navíos para no dejar huella de su paso. Navegaron y piratearon por las costas de España, Portugal, Madeira, tratando de dirigirse hacia distintos puntos de América, pero finalmente subieron hacia Escocia por indicación del propio Gow, que conocía el terreno. Y aquello fue su perdición, porque acabaron encallando y cayendo prisioneros y finalmente fueron ajusticiados. La descripción de todas estas circunstancias, discusiones entre los piratas, luchas internas, los abordajes y todo tipo de fechorías hasta el final en Escocia, es detallada en este relato, con gran verismo. La astucia y valentía de un tal Fea, de Calf Isand, consiguió que entre él y sus hombres, que estaban en minoría, pudieran desarmar y hacer prisioneros al grupo pirata, incluido el sangriento capitán, siendo entregados a la justicia.
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Share“DIARIO DE UN DON NADIE” George et Weedon Grossmith
George et Weedon Grossmith
La editorial Nórdica, bajo su colección Otras Latitudes, se apunta a rescatar novelas de humor inglés y apuesta, nada menos, que por el Diario de un don nadie, uno de los grandes clásicos de la literatura británica en su género. Aparece publicada, por primera vez, en la revista satírica y humorística Punch, entre 1888 y 1889, por entregas folletinescas. El éxito cosechado por estas publicaciones secuenciales de los hermanos Grossmith llevó a que se imprimieran en forma de novela en el año 1892.
Sigue las pautas establecidas por Charles Dickens en su obra Pickwick: nos muestran en una serie de escenas encadenadas de carácter costumbrista bajo las cuales van apareciendo, poco a poco, unas líneas a seguir, simples pero efectivas, que hacen que las mismas adquieran una forma narrativa.
George Grossmith (Londres, 1847- Folkstone, 1912) fue comediante inglés, compositor, actor y cantante. Creador de 18 óperas cómicas, casi 100 scketches musicales, alrededor de 600 canciones y piezas para piano, tres libros y obras serias y cómicas para revistas, es recordado por los nueve personajes memorables de la ópera cómica de Gilbert y Sullivan y, sobre todo, porque escribió en colaboración con su hermano Weedon esta novela icono del género cómico británico.
Weeddon Grossmith (Londres, 1854-1919), fue escritor inglés, pintor, escritor y dramaturgo pero tuvo que dedicarse al teatro como actor y director para ganarse la vida. Ilustró, con gran acierto, este Diario de un don nadie.
¿Por qué no habría de publicar mi diario?. A menudo he visto memorias de personas de las que nunca había oído hablar y no acierto a comprender –por la mera razón de que yo no sea “alguien”- por qué mi diario no habría de ser interesante. Solo lamento no haberlo comenzado cundo era joven.

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“PRECIOSO DÍA PARA LA BODA” JULIA STRACHEY. Ed Periférica
JULIA STRACHEY
Trad. Laura Salas
Ed Periférica, 2011
En este relato la autora muestra el sello del grupo de Bloomsbury, grupo que frecuentó, aunque como segunda generación. Relato o novela corta, la narración oscila entre lo objetivo y lo subjetivo, si bien tiene más peso la parte descriptiva; lo que se nos describe es un día, y sólo retazos del pasado son evocados en algún momento tanto por la novia, Dolly, como por Joseph, un amigo de Dolly que duda aún sobre su amor por ella. Pero esta es la excusa de que se vale la autora para pintar un fresco de la alta sociedad británica de los años 30, y de una familia enloquecida ―algo que probablemente ella misma conociera en el clan familiar de los Strachey―no sólo por el momento de la boda, sino, probablemente porque estaban habituados al caos. La abuela de Julia, Jane Grant, tuvo trece hijos entre manifestación y manifestación sufragista, y dirigió su casa de un modo algo excéntrico, al parecer; su abuelo, Richard Strachey, era teniente general del ejército colonial, por lo que fue la abuela la que hubo de llevar el mando de la casa. No sé hasta qué punto conocería Julia Strachey este ambiente, pero desde luego algo de él puede verse reflejado en la lectura de este texto. Y el sello de la extravagancia es claramente Bloomsburiano.
Hay un lejano eco de La Señora Dalloway, de Virginia Woolf, aunque muy vago: también transcurre en un día, con incisos del pasado que acuden a la memoria de los protagonistas. También hay un antiguo amor que trae recuerdos. Pero nada más. En realidad, el estilo casi se parece más a Stella Gibbons y su serie de Flora Poste. Una especie de esperpento donde la clase alta se pasea por el escenario haciendo extravagancias (la mansión preparada para la boda), pero ni siquiera presenciamos la boda: sólo respiramos el ambiente, los nervios de la novia, los del amigo/amante y los de la madre, la señora Thatcham, que, intentando que todo salga bien, se confunde y coloca en la misma habitación al canónigo Dakin y a la señorita Spoon, cuyo encuentro en el baño crea un hilarante y embarazoso momento. Las dudas e histerias de Joseph, los nervios de Dolly, que se tira un tintero encima de traje nupcial mientras se atiza unos lingotazos de ron para calmarse; Owen, el novio, entra y sale de escena ajeno a todo, preocupado más por la inclusión de una pequeña tortuga, propiedad de su flamante esposa que se empeña en llevarla en el viaje de novios a Sudamérica.

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Share“La juguetería errante” Edmund Crispin
En La juguetería errante se respira niebla británica, concretamente, la niebla de Oxford. Pero en este caso, la niebla se va dispersando y deja paso a un elegante, irónico y sutilísimo humor inglés enmarcado en esta delirante novela políciaca, con dos “detectives” un tanto atípicos: un excéntrico profesor de lengua inglesa en Oxford, Gervase Fen y su amigo, Richard Cadogan, un poeta que decide pasar sus vacaciones en Oxford tras discutir con su editor. La pareja, heredera en formas de Holmes y Watson, pero no en contenido, actúan por intuición repentina, no por un metodo deductivo o totalmente razonado. Y ellos serán los protagonistas de esta maravillosa novela que edita Impedimenta.
El autor, Edmund Crispin, cuyo verdadero nombre era Robert Bruce Montgomery (1921-1978), no solo escritor, también compositor británico (compuso la banda sonora de numerosas películas), pero como escritor nos dejó una serie de nueve novelas y dos colecciones de cuentos protagonizados por el profesor, y detective aficionado, Gervase Fen, que, como el propio Crispin, estudió en Oxford. Como dato curioso, añadir que tomó, tanto su seudónimo como el nombre del protagonista, de una de las novelas del escritor y crítico literario escocés Michael Innes (seudónimo de J.I.M. Stewart) dedicadas al género negro.
La novela es delirante, producto del mas clásico humor británico, de hecho, tanto las situaciones como los personajes resultan inesperadas y a la vez, disparatadas, con ecos de Wodehouse o Stella Gibbons. La historia nos situa en Oxford, de madrugada, cuando Richard Cadogan, tras una decisión repentina de tomarse vacaciones, llega a la ciudad de madrugada, y vagabundeando para encontrar algún sitio donde dormir, entra en una juguetería cuya puerta principal está abierta, sin mayor dilación entra, curiosea y atónito al no encontrar a nadie, sube las escaleras y en la planta superior encuentra el cadaver de una señora, acto seguido, le golpean la cabeza. Horas despues despierta, no sabe muy bien dónde, pero tiene claro cuando consigue salir por una ventana, que no está en la juguetería. Tanto ésta como el cadáver, han desaparecido. Este es el pistoletazo de salida a una de las novelas clásicas del género de detectives. Cadogan, poeta en semihoras bajas, pide ayuda primero a la policía, sin mucho éxito, y a continuacón, a su amigo, el profesor Fen. Ambos deciden descubrir qué ha sucedido, al margen de la policía, que poco caso les hará, considerando parte de sus afirmaciones un tanto disparatadas. La juguetería ha desaparecido, en su lugar encuentran una tienda de ultramarinos, que poco o nada tiene que ver con lo acaecido horas antes, pero ellos no se detendrán hasta dar con la clave del misterio que les llevará a descubrir un enrevesado plan, cuya motivación final, como en muchas otras novelas de este género, será el dinero. Y hasta aquí puedo leer.

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