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Una oración por Kateřina Horovitzová

Portada de la publicaciópn de Impedimenta, "Una oración por Katerina Horovitzova"

Portada del libro"Una oración por Katerina Horovitzova"

Una oración por Kateřina Horovitzová

Arnost Lustig

Editorial Impedimenta

 

Hace unos años estuve en un campo de concentración. Todavía recuerdo las instalaciones y cada vez que evoco esas imágenes se me ponen los pelos de punta. A veces, trato de imaginar esos lugares llenos de personas con trajes de rayas, rostros consumidos y siento que lugares así de horribles solo podían ser concebidos por seres humanos. Al leer Una oración por Kateřina Horovitzova me han venido a la cabeza un sinfín de recuerdos de otras lecturas como El hombre en busca del sentido de Víctor E. Frankl (donde los prisioneros que perdían toda esperanza se fumaban sus cigarrillos y se aproximaban a las alambradas del campo de concentración  para que la ráfaga de una ametralladora los liberase para siempre del cautiverio), El pianista del Gueto de Varsovia de Wladyslaw Szpilman (y su relación con un soldado alemán durante los últimos días del Reich) o cómo no, la novela más conocida de la literatura universal sobre el nazismo: El diario de Ana Frank.

Pues bien, otra lectura imprescindible sobre este contexto histórico, es la novela Una oración por Kateřina Horovitzová del escritor checo Arnošt Lustig. La obra nos relata la historia de Kateřina, una joven judía de nacionalidad polaca, que está a punto de morir junto a toda su familia en un campo de concentración. Pero yo no quiero morir, le confiesa a su padre Kateřina mientras Herman Cohen (un importante hombre de negocios judio-americano) se compadece de ella y la saca de la fila que conduce a la cámara de gas y de la que no se librarán su padre, madre, abuelo y seis hermanas.

Kateřina Horovitzová es una joven vital, de cuerpo adolescente; con hombros gráciles, cuello terso y estilizado, ojos que refulgen como el destello del cobre envejecido, pardos y verdosos con matices dorados, a quien le gusta la danza. Cohen compra la libertad de la chica por cien mil francos suizos de oro. Él es el portavoz de una veintena de ricachones judeoamericanos que serán intercambiados por prisioneros de guerra alemanes del más alto rango con la condición de que deberán ser ellos quienes corran con todos los gastos. El plan es sencillo. Consiste en fletar un tren y llegar hasta un embarcadero donde les esperará el barco Alemania que los llevará a una zona pactada para proceder con el canje. El intercambio se realizará bajo la supervisión de Cruz Roja Internacional.

Fotografía del escritor checo Arnost Lustig

Fotografía del escritor checo Arnost Lustig

Sin embargo, el viaje hacia la libertad se complica. En un momento dado, Kateřina se da cuenta de que su vida carece de sentido sin su familia. De modo que ruega a Herman Cohen que también compre su libertad. Y eso supone más dinero. Los gastos comienzan a multiplicarse. Hay que pagar el combustible, el equipamiento de la tripulación, los horarios, los desplazamientos. Una oración por Kateřina Horovitzová en realidad es una fábula acerca del bien y el mal, una metáfora sobre el poder que tiene el dinero para comprar las cosas. ¿Pueden unos multimillonarios judíos comprar su libertad en un campo de exterminio?

Arnošt Lustig recrea de forma exquisita una época que jamás debe olvidarse. Porque los seres humanos tendemos a olvidar y a repetir la historia. Así, nos mostrará campos de exterminio donde la esperanza de vida es de seis semanas escasas, asistiremos a la brutalidad irracional con la que se emplean algunos soldados tras las rejas. En la novela destaca el personaje del oficial alemán Bedrich Brenske (su nombre ya es de por sí una declaración de intenciones Bed-cama- y Rich-rico- para adelantarnos que su única intención es hacerles la cama y jugársela) por su cinismo y sus formas de urdir artimañas para embarcarles en un viaje hasta los infiernos.

Un relato difícil de olvidar que invita a la reflexión y que posee un final escalofriante.

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“Poemas selectos” Franz Baermann Steiner

Un viaje a Jerusalén, un viaje y el poeta se reencuentra con una identidad perdida, la judía. Desde ese momento este poeta checo pasó a considerarse un oriental nacido en Occidente, lo que marcaría por una parte su experiencia como antropólogo y sus ideas políticas, pero al mismo tiempo su poesía, de la que Celan dijo que fue uno de los poetas “más originales e importantes de la Alemania de este siglo”.

Franz Baermann Steiner, fue un erudito, etnólogo, ensayista y poeta. Formó parte del Grupo Libre de Praga; se traslada a Viena pero al poco tiempo se convierte en un hombre exiliado frente al avance del nazismo, se refugia en Londres donde continúa sus estudios. En 1941, sus padres son deportados al campo de concentración de Theresienstadt y mueren a los pocos meses en el de Treblinka, sin que Baermann lo sepa hasta tres años después, decae su salud notablemente. Fue nombrado profesor de antropología social en Oxford, pero su muerte fue prematura, en 1952, dejándonos sin una continuación no sólo vital, sino poética importante.

 

El volumen que Pre-Textos ha editado sobre la obra de Baermann, con un estupendo prólogo de Jaime Siles, nos regala la figura, imagen y la poesía de un poeta, creo que no muy abordado por lectores en general, pero en particular, de poesía. Su figura, como bien afirma Siles en el prólogo se ha ido recuperando poco a poco. Y nos trae a un maestro del ritmo, un ritmo libre que se cuestiona sin cesar el funcionamiento del tiempo y la memoria, y eso se nota en la primera parte de este conjunto de poemas selectos. El se planteaba el tiempo como un lugar donde se regresa, muchos tiempos donde habitar, de hecho se planteaba “¿De dónde sale la idea de que debe de haber otros puntos en el tiempo entre dos puntos arbitrarios?”. Habla de regresos, quizás de despedidas. Puede que esa situación de refugiado, exiliado y la pérdida de su familia le hiciera situarse en continuos regresos, entre ellos, al de su lengua, la alemana. Como una oda a lo que se establece en un sinsentido.

 

“¿No exclamó la voz: dónde estás, dónde estás?

Ay, entre seres humanos me encuentro.

Muchos de ellos hay, y en torno a casi todos, una casa.

A veces, canciones escuché, se desvanecieron las palabras;

en camino estoy.”

Su poesía parte de una gran capacidad para el regocijo, pero sin dejar de lado esa profundidad al hablar del conjunto de la humanidad. Se adentra en esa segunda parte en otro concepto de la visión de lo que le sucede, hay muchos matices pero entre ellos, una concepción de la mortalidad y esa preocupación por el alma, por el tiempo que recoge el alma.

me he cansado de vosotros.

Ahora me inclino sobre el sediento margen del jardín”

 

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“La Guerra de las Salamandras” de Karel Capek

“La Guerra de las Salamandras” de Karel Capek

 

En 1936, Karel Capek acabó de publicar por entregas su novela “La Guerra de las Salamandras”. Serio candidato al Premio Nobel de Literatura, sin embargo las presiones del Partido Nazi Alemán en contra de su nominación hicieron que esta posibilidad se desvaneciera. ¿La razón? Basta una somera lectura de “La Guerra de las Salamandras” para saber qué impulsó esta inquina del gobierno alemán contra el escritor de origen checo: la sátira de Capek a la filosofía de la superioridad aria debió de escocer mucho en Berlín.

La novela, escrita en pleno apogeo del nazismo, no se limitó a criticar el peligroso ideario de Hitler y compañía. A lo largo de cada página, Capek hace uso (y abuso) del sarcasmo para, sin medias tintas, retratar las incongruencias de la sociedad mundial que le había tocado vivir. En ese sentido, alcanza niveles de surrealismo comparables con “El Napoleón de Notting Hill”.

La trama de la obra se resume con facilidad: el capitán de un barco mercante descubre (accidentalmente) la existencia de anfibios inteligentes, con lo que traba profundos lazos de interdependencia: ellos le proporcionan perlas y él les provee de herramientas (amén de los rudimentos de la civilización). Con el paso del tiempo estas “salamandras” pasarán a ser obreros-esclavos a lo largo y ancho del mundo, adquiriendo en el proceso conocimientos de todo tipo. Y cuando estalle el conflicto entre humanos y salamandras, los primeros descubrirán aterrados que han estado desdeñando una terrible amenaza.

Personalmente, me resulta curioso que el creador del término “robot” (del checo “robota”, trabajador) sea también el autor de un libro que acumula muchos de los tópicos sobre los conflictos con las Inteligencias Artificiales, a pesar de que las salamandras no sean técnicamente máquinas en rebeldía (a saber: mano de obra inteligente que es considerada no-humana, comprada y vendida  como mercadería; la discusión de sus derechos comparados con los humanos; el uso de ese colectivo como fuerzas militares que luego se vuelven contra sus “amos”; la aplicación de la represión contra la humanidad según la lógica más fría…)

Aún así, el valor principal de esta novela radica en la forma de presentar un supuesto ficticio y desarrollarlo hasta el absurdo. Pero un absurdo fundamentado en la capacidad de la humanidad para moverse bajo los principios del individualismo, y en el cual se considera a las naciones como individuos, representándolos tal y como se comportaban  en el incipiente siglo XX: cada una de las potencias mundiales reacciona ante la aparición de las salamandras según su idiosincrasia “natural”. Capek hace sangre una y otra vez con ese mundo industrial y mercantilista, que trata a la nueva especie con el típico paternalismo imperialista de los europeos con negros o chinos, sin contenerse a la hora de imaginar las circunstancias en que se explotaría a las salamandras (digno de mención es el apartado en el que relata los experimentos científicos a los cuales serían sometidas), siempre bajo ese distorsionado prisma denominado “el trato civilizado” que oculta el “todo vale” con el cual se abona el camino del progreso económico. Pero que, en este caso, está alimentando su propia destrucción.

Y finalmente, embebida de ese discurso hipócrita, la rebelión de las salamandras se alzará apoyada en los más fríos valores de la raza que los sometió.

http://parrafosperturbados.blogspot.com/

 

 

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“La insoportable levedad del ser” de Milan Kundera

kunderaKundera juega con las palabras, sabe darles la vuelta, es algo asi como un virtuoso. Su continuo uso del humor hace el resto.

Tomás vive con Teresa, pero sigue con ella por compasión. Para los latinos eso es algo feo, pero Kundera nos advierte. Para los latinos compasión tiene la acepción de padecimiento -padecere- mientras que para la cultura centro europea tiene una acepción de pasión- cambiamos prefijo por sufijo-. También nos advierte sobre nuestra incapacidad de pensamiento innovador. Se refiere al enigmático concepto “kitsch“, no con un significado de hortero, sino como de “cliché“. Siempre repetimos lo que antes otros hicieron y todo lo definimos con clichés absurdos, pues son definiciones o pensamientos de otros.

Por encima de todo un pensamiento, lo leve, que no breve, de nuestra existencia, la poca huella que dejamos de nuestra existencia, lo vacia que está. Pero Kundera nos anima de nuevo. Nos recuerda que hay algo de orden dentro del caos,  que las cosas son como deben de ser, palabras atribuidas a Beethoven, “es muss sein“- más o menos-. Del destino no escapa nada ni nadie. No tiene sentido ni sufrir ni resistirse.  Recuerda al Beethoven atormentado de la fantástica película “amor inmortal” sobre la vida del compositor alemán, obsesionado con esta frase: “es muss sein”.

Novela maravillosa, llena de humor, algo de sexo y decepciones. ¿No es esto exactamente la vida? Creo que nuestro problema es que esperamos demasiado de los demás.

Existe versión cimetográfica con el mismo título

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“La metamorfosis” de Franz Kafka

Probablemente este libro tenga el inicio más conocido en la historia de la literatura después del de “El Quijote”. Libro angustiante desde el principio hasta el final. Gregor Samsa se despierta y descubre que se ha convertido en una asquerosa cucaracha. Su familia (yo diría que es la verdadera protagonista del cuento) intenta admitirlo, pero por mucho que lo intente, no puede. Tiene en sus manos algo inaguantable y asqueroso, que soportan sólo porque les pertenece. Si fuera de un vecino hablarían mal de él y lo detestarían, pero no. Se trata de su hijo y no pueden, o no deben hacerlo.

Poco a poco se acostumbran, pero no a la presencia del monstruo, sino a la ausencia del familiar. No hay que olvidar que son humanos, y al final, en contra de cualquier ley social, desprecian a todo lo despreciable, en este caso al pobre Gregor. El escorpión aguijoneó a la tortuga.

Manuel Vicent dijo que echaba de menos que Gregor volviera a la vida humana tras salir a la calle. Tal vez pudo hacerlo, pero Kafka no quiso. Él si que tuvo en cuenta que si la sociedad te considera un insecto, no hay genio de la lámpara que te convierta en cisne.

Se salvará cuando queme la librería más cercana a mi casa.

Museo Franz Kafka, Praga

Museo Franz Kafka, Praga

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“La lentitud” de Kundera

lentitudKundera en “la lentitud” tiene algo que decir, a lo Thomas Bernhard, lo dice, se desahoga, con mucho humor, y da por finalizada su graciosa perorata. ¡ Como sabe dar siempre en la llaga!
Lo que tiene que decir lo expresa en tres actos y una conclusión.
Bailarines. Un bailarín es aquella persona que sólo expresa sus opiniones si hay público. Por supuesto para quedar muy bien ante esos espectadores. Opine lo que opine en privado, en público, sólo si se le escucha, dirá que esta en contra del hambre en el mundo, de la caza indiscriminada de ballenas, de las políticas conservadoras, o de la dictadura comunista, por citar cuatro ejemplos. Que no os engañen, solo quieren quedar bien ante su embobado auditorio para luego obligarlos a obedecer sus opiniones que son en realidad sus intereses- en realidad caprichos-.
Judo moral. Un concepto que reconozco me impresionó. El bailarín, el mayor de los cínicos, quiere que hagas lo que él quiere y te estrangula literalmente para que lo hagas. ¿Cómo lo consigue? Por ejemplo, pide dinero para una organización benéfica que tu estas convencido que es una estafa y es para él. El problema es que te lo ha pedido en público. Si se lo das caes en su trampa, pero si no quedas ante el atónito auditorio como un insolidario, basura egoísta. En realidad, todo aquel individuo-a que no sea joven o lo sea pero … ,- acaba antes o después por recurrir a este método para imponer sus intereses. ¡Ay las taras!
Lentitud. El mundo va muy rápido, como huyendo de si mismo, tal como si se hubiera peleado y escapara para olvidar lo que ha sucedido. Ir despacio supone saborear, aceptarse. Ir despacio para disfrutar, corriendo para huir, para que pase rápido la agonía que parece no tener fin.
Conclusión. La desesperante, insoportable levedad del ser, leve no de breve sino de liviano,a menos pesa el interior de ese ser más insoportable es de aguantar por los demás y por él mismo. Pero esto merece, estaréis de acuerdo conmigo, otra reseña o comentario.
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“La broma” de Milan Kundera

bromaDefinitivamente no tenemos sentido del humor. Debido a nuestra educación no captamos las metáforas y nos lo tomamos todo al pie de la letra.
Kundera presenta a un individuo que deja una nota llena de ironía en una pizarra, una simple broma, la cual le arruinará la vida.
Los mecanismos humanos, los mismos en casi cualquier parte, se ponen en marcha casi automaticamente. No soportamos a alguién que se acepta tal y como es, con sus miserias, pues nos recuerdan a nosotros mismos, con nuestras miserias. Pero aún hay más, nos recuerda que esa persona si se acepta, cosa que los demás no. A ese individuo hay que eliminarlo. Por supuesto como estamos en un mundo civilizado, hay que hacerlo racionalmente, demostrar, con axiomas podridos, que es una amenza para el colectivo.
Este es un mundo de niños que no crece para no asumir sus responsabilidades. Que no piensa racionalmente para no tener que ser consecuente y apagar el peso del posible remordimiento
El individuo individual, que no se pone el vestido de borreguito, debe saber lo que le espera. Debe saber que es mejor estar en la otra parte. Cada uno es como es.
Fantástica novela que nos dice como somos y seremos, sin remedio
Para los que tengan tentaciones de considerar la obra como una crítica al régimen, que gran palabra esa, comunista checo, decir que esos mecanismos de autodefensa humana, como yo los llamaría, a los que se refiere, tienen lugar en muchas latitudes, capitalistas o comunistas.
Si es una critica al comunismo, aqui hemos sido comunistas siempre.
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