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Regular, gracias a dios. De José Antonio Labordeta
Desde que Labordeta decidiera dejarnos aquí solos y empantanados estoy triste.
Me tomé su marcha de manera personal, como si fuera de mi familia y he tardado algunos meses en leer el libro porque no me sentía con fuerzas, aun así cuando lo he hecho, no he parado de llorar. Unas veces de alegría o emoción otras de rabia; desde que viajamos con él por esos pueblos del país, un programa magnífico que no dejaremos de agradecerle, (qué mejor Cicerone) eso y que siempre estuviera más cerca de nosotros que de Ellos, los que lo tienen todo y ahora se afirman como adalides de la lucha obrera; José Antonio siempre fue un hombre sencillo, con los pies en el suelo, sobre su tierra dura y monegrina, dispuesto a cantar bien alto para favorecernos a los ciudadanos de a pie; qué incomodo se sentía cuando veía que no podía hacer gran cosa por los pasillos del congreso.
Personas como él nos hace falta, hoy más que nunca, es difícil, pero tendremos que intentarlo, se lo debemos a todos los que como él lucharon por la libertad en un país roto, dolorido y en silencio profundo durante años, algunos todavía callan y ahora que se nos viene otra temporada parecida su alma ha de regresar.
Labordeta nos cuenta anécdotas de su infancia, su adolescencia, nos abre la puerta de su casa y nos muestra a su familia, a sus amigos, a los de siempre y a los nuevos, los que comparten con él la enfermedad y la agonía de ver solamente el pasillo.
Este libro lo leo con todo mi cariño, me inmiscuyo en su vida sabiendo que ya nos ha dejado, pero contenta de saber que estuvo aquí y que la gente lo amó y lo amará siempre y que escribió sus recuerdos con ilusión y encontrando motivos para vivir.
Mi reconocimiento profundo al abuelo por su dignidad, por su manera de estar, por su honradez, por situarse nunca más alto que ningún ser humano, por sentarse delante del hogar con las gentes del campo, por cantar con su alma de trovador, por gritar no a la guerra, por amar a los suyos, por ser un señor hasta el último suspiro.
Te echo de menos, estés donde estés maestro. Lo que me alegra es que estés con tu querido hermano, que no estés solo. Esta es la imagen con la que me gusta recordarte.
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“MEMORIAS DE UN BEDUINO EN EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS”, De José Antonio Labordeta
Leer estas andanzas de Labordeta por el Congreso y por los caminos de su tierra, metido ya en política, me ha sabido a poco, necesito y quiero más.
Con el humor que le caracteriza, este Señor de los pies a la cabeza, logra meterse de lleno en los círculos políticos cual beduino de provincias, pasmado de todo y por todo.
Nos desvela las maneras de hacer en muchos ámbitos y puestos increíbles. Cómo los políticos pequeños, que a mi parecer son los que de verdad juegan las partidas y luchan constantemente por el ciudadano, son relegados o ignorados. Cómo se reían de él y cómo, haciendo honor a su sabiduría, se hace escuchar ante gentes ineptas, ( muchos de ellos todavía juzgan o emiten sentencias contra el resto). Yo me sentí representada entonces por este caballero con boina durante sus legislaturas a pie de escaño, pero también comprendo que dejara la villa y corte, aburrido por ver esa mar tranquila y serena controlada por los de siempre, donde era imposible meter baza.
Labordeta es un Señor, sí, y no se muerde la lengua ante las injusticias. Lleva toda su vida creyendo en la libertad y la democracia, haciendo lo que ha estado en sus manos por darnos eso y más. Me gusta su rudeza aragonesa de hombre de campo, porque es auténtico y transparente. Necesitamos hombres y mujeres como él, que no se achanten ante el grande, que aunque sea grande sólo lo es por una política de voto injusta. Me encanta su ¡a la mierda! porque lo dijo por mí y por los que cómo yo, pensábamos que ya está bien de arrinconar a una persona, a un partido minoritario pero íntegro y honrado con un fuerte compromiso social frente a la hueste del asentamiento en el escaño y la figuración (morenos y como un pincel, eso sí).
Hay pasajes que me han emocionado mucho y para todas las manifestaciones a las que asisto me gustaría un hombre cuentapersonas como Dámaso, su conductor profesional, así no habría tanto baile de números entre la local y los organizadores.
Sólo me queda decir que admiro a Labordeta profundamente, que me parece un tío cojonudo imprescindible.
LARGA Y BUENA VIDA AL LABORDETA…se lo ha currao usted hombre.
añadido 13-10-10: descanse en paz y que nunca le olvidemos
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