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Cementerio de animales

 

Portada de la novela de Stephen King Cementerio de animales

Cementerio de animales, de S. King

Cementerio de animales (1983) – Stephen King (1947)

 

Han pasado muchos años desde que leí esta novela de Stephen King. Luego fue llevada al cine y mi curiosidad me hizo ver la película. Jamás he podido olvidar la trama, jamás intente leer otra vez la obra. Había tanto dolor y desesperación que me lo impidió. Y si alguien puede escribir algo que transmita tantas emociones hasta causarnos malestar, entonces creo que vale la pena hacer esta reseña.

 

 

Un medico llamado Louis decide mudarse a un lugar más tranquilo que la ciudad donde vive actualmente llegan junto a su familia a un pequeño pueblo de apariencia tranquilo. Su casa está al borde de una ruta muy transitada por camiones, frente de ellos vive una pareja mayor que les advierte del peligro que esto significa para los niños. Detrás de la casa hay un bosque que linda con  la propiedad.

La esposa y los niños aceptan el cambio y tratan de amoldarse a la nueva rutina; los niños son pequeños y dedican todo su tiempo a los juegos y a descubrir el mundo desconocido que los rodea. Rachel la esposa, vive con traumas que acarrea desde pequeña por cuestiones familiares no resueltas. Todo la inquieta, la asusta y siempre está a la defensiva.

Jud el vecino del otro lado de la ruta es una persona muy amigable, mayor como su esposa, ayuda a Louis a conocer el bosque cercano. Lo lleva hasta un lugar marcado como cementerio de animales. Al parecer todos los niños del pueblo llevan sus mascotas muertas y las entierran allí. Cerca se encuentra otro cementerio, que perteneció a  gentes que vivieron hace mucho tiempo atrás. La gente lo evita por los cuentos que relatan los más viejos.

Cierto día un joven del lugar sufre un terrible accidente y  muere. La familia decide enterrarlo en el cementerio prohibido. Hasta aquí Louis y Rachel lo toman como un hecho trágico y nada más. Pero cierta tarde el médico se cruza con el joven supuestamente muerto, la apariencia es la misma pero sus ojos brillan con malignidad.
El tiempo pasa y Rachel y los niños viajan a visitar a los abuelos, en ese ínterin la mascota de la niña, una gata, es atropellada por un camión. Louis con la ayuda de Jud la entierran en el cementerio prohibido. A la mañana siguiente el animal aparece vivo, pero el carácter ya no es el mismo, hay algo en ella que la hace malévola. Al regresar la familia todo continuo como si nada hubiera pasado.

Días después la tragedia toca a la puerta de Louis, su hijo es atropellado por un vehículo de gran porte. Después del entierro Rachel abandona a Louis buscando refugio junto a sus padres. El hombre solo y con un dolor que nada puede mitigar, decide desenterrar el cadáver de su hijo y lo entierra en el cementerio donde anteriormente lo hizo con la gata…

Aquí  es donde el escritor se afanó por transmitir cada una de las emociones de dolor y soledad que se puede sentir por la pérdida de un hijo. Lo que viene después es inimaginable para el lector, el suspenso y el terror se apoderan de cada una de las páginas que restan por leer. Yo les diría que si no lo leyeron y lo tenían en la mira, no duden en intentarlo. Recuerden que es una novela de ficción nada más…

 

Lilix

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“22/11/63″ Stephen King

22/11/63

 

Los viajes en el tiempo no son algo nuevo en la literatura. H. G. Wells ya envío a uno de sus personajes al año 802701, lo mismo que hizo hace poco Félix J. Palma enviando a Andrew Harrington a 1896 para atrapar a Jack el Destripador en El mapa del tiempo y evitar así la muerte de su amada. El cine tampoco es ajeno a este fenómeno. Regreso al futuro, El efecto mariposa o Primer también plantean la idea de modificar el pasado. El 22/11/63 cambió el mundo en Dallas cuando Lee Harvey Oswald asesinó al presidente de Estados Unidos John Fitzgerald Kennedy. Con esta premisa Stephen King concibe una novela que ya tenía en mente allá por los años setenta, pero que por unas u otras circunstancias la ha plasmado ahora. El argumento de 22/11/63 es sencillo viajar atrás en el tiempo para así evitar la muerte de JFK.

A Jack Epping, profesor de inglés en un instituto, su amigo Al Templeton le propone cambiar el pasado a través de una fisura temporal (una especie de puerta que hay en su restaurante y por la que puede viajar a un día concreto del año 1958). Jack Epping con la identidad de George Amberson realizará un primer viaje para salvar a la familia de uno de sus alumnos, Harry Dunning, cuyo padre asesinó a martillazos a toda su familia. George llegará al pueblo de Derry. Allí están Los Barrens donde flota un ambiente malsano y los niños eran asesinados, emergiendo la figura de un payaso en clara referencia a su novela It.

Stephen King plantea la paradoja de los viajes en el tiempo y subyace la teoría de que el aleteo de una mariposa puede provocar un tsunami al otro lado del mundo. Cada vez que regresa de un viaje y vuelve a emprender otro, el viaje se reinicia, es decir, que si viaja a 1958 y después repite el viaje, los cambios que causó en el viaje anterior no se guardan. Además, cuando intenta cambiar algo, el destino procura impedírselo para que los acontecimientos permanezcan inmutables e inalterables. Cuanto más grande y trascendente sea el cambio, más difícil se lo pondrán las leyes físicas que rigen el mundo.

En 22/11/63 George Amberson se dedicará a la docencia, dirigirá la obra teatral del colegio y enseñará a los alumnos durante una temporada mientras seguirá minuciosamente los pasos de Lee Harvey Oswald y su familia. Intentará desvelar si Oswald actuó solo en el asesinato de JFK o si en realidad existía toda una teoría de la conspiración. King se toma algunas licencias, pero la documentación y la recreación del personaje de Lee son minuciosas. George encontrará el amor al lado de Sadie, una atractiva bibliotecaria. En las páginas de 22/11/63 no faltarán las apuestas (guiño a Regreso al futuro II y el famoso almanaque) los bailes del instituto (una de las partes más importantes de la novela), los psicópatas, las peleas y el suspense.

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“Misery” Stephen King

Misery (1987) – Stephen King (1947)

 

Misery es una muy buena novela de terror y suspense. Escrita para un público ávido de leer más de Stephen King en una época muy prolífica del escritor. Unos cuantos años han pasado, pero cuando la mocionamos nos corre un escalofrió por todo el cuerpo, y si tuvimos oportunidad de ver la película entonces nuestros personajes habrán cobrado vida en nuestra imaginación.

 

Paul Sheldon es un escritor de novelas de mucho éxito. En su viaje de retorno de unas vacaciones sufre un terrible accidente. Cuando se despierta se descubre en la habitación de una casa de familia, inmovilizado como consecuencias de las heridas sufridas, descubre que la propietaria de la vivienda, única residente, lo ha salvado sacándolo de los hierros retorcidos de su auto.

Pasado los primeros días y tratando de saber donde se encuentra, descubre que la señora es una fanática de su obra, lo cuida con esmero, no lo ha llevado al hospital porque vive alejada de la ciudad, y en pleno invierno los caminos están cubiertos de nieve imposibilitando el traslado. Su comportamiento es extraño, más cuando se entera que Paul es su escritor preferido y que ha decidido matar uno de los protagonistas del libro que está escribiendo. La mujer le pide que no lo saque de la historia y cuando recibe una negativa del escritor se vuelve violenta.

Paul al fin descubre que es prisionero de una perturbada mujer, que no cejara en usar la intimidación para lograr su objetivo.

Página a página vemos como  Paul intenta por todos los medios convencer a su secuestradora que hará todo lo que ella le pida. Mientras intenta encontrar un camino para avisar a sus amigos  y buscar una vía de escape a pesar de sus piernas quebradas.

Pocos libros me han causado tanta angustia, el relato apuesta a mantenernos agarrados muy fuertes a la historia hasta llegar al final.

Como siempre Stephen King ha usado todo el conocimiento que lo caracteriza para dejarnos muy conformes con otra de sus novelas. Si no la han leído aprovechen para hacerlo ahora, y si lo hicieron no estaría mal darse una vuelta por aquellas páginas que ya fueron nuestras.
Lilix.

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“CELL” de Stephen King. Stephen King y sus particulares zombies

Stephen King y sus particulares zombies

Los seguidores de Stephen King conocen bien su capacidad para generar nuevos personajes e historias.  El escritor americano aparece con una nueva entrega con casi una media de libro por año, muchas de ellas convertidas ya en clásicos de la literatura moderna del siglo XX. Cell es una de sus obras más recientes (2006), y que se adelantó un poco a la explosión del universo zombie de nuestros días, con la exitosa serie The Walking Dead por bandera.

La serie de la FOX le debe mucho a Cell, al menos en sus primeras 150 páginas, que son de obligada lectura en una tacada. La tensión y angustia de unos supervivientes a un repentino holocausto zombie traspasa el papel. Es absolutamente imposible apartar la vista del libro durante este trepidante inicio. Únicamente se puede sobresaltar uno al oir sonar un teléfono móvil. Y se dudará en contestar. Pues así es como se propaga el virus de esta historia. El 1 de octubre, a las tres y tres minutos de la tarde, todo el que se encuentre hablando a través de celulares se convierten ipso facto en unas agresivas bestias dementes con sed de sangre. Humana, por supuesto. Al no tener preferencia por la carne de sanos o infectados, el mundo se convierte por una tarde en un campo de batalla cuerpo a cuerpo, dentellada a dentellada. Clayton Riddell, un dibujante que acaba de firmar el contrato de su vida, verá cómo su vida vuelve a torcerse tras el fatídico incidente, al que denominan El pulso, y comenzará una desesperada lucha por sobrevivir. Al frente de un pequeño grupo de supervivientes, Clay iniciará desde la ciudad de Boston un viaje en búsqueda de su hijo, del que desconoce si sigue con vida o forma parte del rebaño zombie. A partir del tercer capítulo, King deja volar su imaginación todavía más, y dota a sus maléficas criaturas telefónicas de una intrigante evolución al principio, pero que acaba pasándose de rosca. El interés que despierta el libro en su comienzo se pierde en gran medida en su segunda mitad. Pero ya se está tan dentro de la historia que es difícil tratar de abandonarla. Stephen King es un indiscutible genio de la narrativa de terror, y recursos tiene de sobra para mantener el suspense de la obra.

Tras superar la adicción inicial, se puede disfrutar de la obra, brillantemente escrita, más pausadamente, y recreándose en el desolador panorama que dejan tras de sí una nueva especie de zombies, que terminan por alejarse mucho de los ideados por George A. Romero (a quien está dedicado el libro) en la mítica La noche de los muertos vivientes, y demás películas del género (las más brillantes también cuentan con la firma de Romero). No es de lejos la mejor novela de King, pero su lectura resulta entretenida, y satisfacerá a los amantes del suspense y, por supuesto, el terror. Quizá no contesten al teléfono en unos días.

Texto: Tomás; Dibujo: Andrés

http://elladooscurodelaluna.com/

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“Visiones nocturnas” Stephen King – Dan Simmons – George R. R. Martin

Esta es una rareza descatalogada que vale la pena comentar, más aún teniendo en cuenta el actual “boom” comercial de George R. R. Martin.

En Estados Unidos, a finales de los 80′, se creó una saga de terror titulada “Night visions”: cada volumen contaba con las aportaciones de tres escritores diferentes que, al contrario que otras antologías, no tenían por qué ceñirse a un tema determinado ( a saber: zombies, vampiros, hombres-lobo...etc ) y de la que salieron títulos como el “Hellraiser” de Clive Barker, hoy editado de forma independiente por La Factoría de Ideas.

En España, Martínez Roca, en su entrañable, estupenda y por desgracia desaparecida colección “Gran super terror”, editó un par de libros, a principios de los 90′, de esa larga saga. Uno de ellos salió con el título de “Visiones macabras” y estaba a cargo de gente como F. Paul Wilson, Sheri S. Tepper o Ray Garton, del que también publicó “Crucifax”, un libro que contaba con la introducción del muy famoso por entonces Dean R. koontz.

El otro, publicado en EEUU en 1988, fue este superior “Visones nocturnas”, con introducción de Douglas E. Winter y traducción de Albert Solé, un personaje muy odiado por bastantes aficionados, y es que, con seguidores del terror como estos, el género no necesitaba enemigos externos que darán la paliza moralizante de rigor.

Stephen King entregaba dos relatos bastante decentes. El sarcástico “Playeras” y “La dedicatoria”, junto a un bodrio llamado “Los reploides”. Aunque este libro esté, repito descatalogado, dichos relatos se incluyeron en posteriores recopilaciones del escritor de Maine, por lo que el calificativo de rareza que le doy se debe a Dan Simmons y sobre todo a Martin.

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El pasillo de la muerte – (La milla verde ) Stephen King

El pasillo de la muerte – (La milla verde ) (1996)  Stephen King (1947)

 

Pocos libros de suspenso y terror he disfrutado como este.

 

El pasillo de la muerte o la milla verde, fue una de las historias que más me conmovió. Creo que Stephen King ha expuesto en este relato, conocer muy bien la esencia humana.

 

La novela consta de seis libros, “Las gemelas asesinadas, Un ratón en el pasillo, Las manos de Coffey, Una ejecución espeluznante, Viaje nocturno y La hora final de Coffey”.

La historia está ambientada en 1932, es narrada por Paul que ya viejo vive en un asilo para ancianos.

Coffey el protagonista, un musculoso y enorme hombre de color, es acusado de la muerte de dos hermanas. Atrapado, juzgado y sentenciado a la pena de muerte. Lo trasladan a la prisión para que pase sus últimos días en el pasillo de la muerte.

No son mucho los personajes que intervienen en la trama, tres o cuatro carceleros, y otra tanta cantidad de reos que esperan la misma pena que Coffey. Desde su llegada ocurren extraños hechos que afectan a todos en menor y mayor grado.

En uno de los capítulos se describe el ajusticiamiento de un recluso. La escena es tan cruda, que nos hace replantear cuan humanos somos a la hora de determinar la muerte de otro.

Por supuesto el carácter de cada uno de los protagonistas del libro, quedan expuestos al lector de una  manera sorprendente.

Como el final es inesperado, me ha dejado un sabor amargo, y no podido ocultar las lagrimas y el dolor que me produjo la historia. La frase final, es como una oración dicha por Paúl, dice así:

Todos debemos morir, no hay excepciones. Sin embargo, Dios mío…, a veces, el pasillo de la muerte me parece tan largo…

Creo que a la hora de elegir un libro de Stephen King, no deberían dudar de leer este.

 

Lilix

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“La zona muerta” Stephen King

LA ZONA MUERTA


- “El dinero que no has ganado con tu trabajo trae mala suerte – sentenció lúgubremente-. Uno de los proverbios de mi madre. Los tiene por millones. Y aborrece el juego” (pág. 53). Esta frase que dice el protagonista después de haber ganado una buena cantidad en la Ruleta de la Fortuna en la feria del condado, ¿sería una premonición de todo lo que sucedería a lo largo del relato?.

 

La Zona Muerta” (The Dead Zone), es una novela enmarcada dentro del género fantástico. Su autor, Stephen King, (Portland-Maine, 21/09/47) escritor prolífico estadounidense, escribe  relatos de terror y fantásticos. Su primera novela, Carrie, (una mujer dotada con poderes telequinésicos que se venga atrozmente de sus compañeros de escuela). tiene la curiosidad de que fue rescatada de la basura por su esposa Tabitha porque el borrador no le gustaba a él y ella le alentó a que lo acabara. Después vendrían muchos otros éxitos y llegó a colocar cinco libros al mismo tiempo entre los más vendidos de Nueva York. Vendrían obras como “El misterio de Salem´s Lot “, “Resplandor”, “Apocalipsis”, “La Milla Verde”  y otros títulos que le catapultarían a la fama mundial vendiendo millones de ejemplares de libros, muchos de ellos considerados como best-sellers.

 

En las obras de S. King hay influencia, sobre todo, de Edgar Allan Poe, el maestro de los relatos de terror. Es curiosa, además, la coincidencia de ambos en su adicción al alcohol y a las drogas, aunque sólo King, con la ayuda de su familia, logra superarla.

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“La cúpula” Stephen King

La (voluminosa) Cúpula, de Stephen King

Por Carlos Mayo

La Cúpula, de Stephen King.

Título original: Under the Dome.

Autor: Stephen King.
Traducción: Roberto Falcó y Laura Manero
Editorial: Plaza Janés.

Páginas: 1132.

Año: 2010.

 

 

Hace tiempo que se venía esperando un libro como La Cúpula entre la bibliografía del señor King. A medio camino entre una de sus obras más conocidas (Apocalipsis) y el tropiezo que supuso La Tienda, King retoma el tema de las distopías que ya abordó en las obras citadas y que tanto parece gustarle. La premisa en esta ocasión es simple: una cúpula transparente de procedencia desconocida separa el pueblo de Chester’s Mill del resto de la población mundial. Después, uno sólo tiene que haber leído alguna cosa más de King para saber que el caos habitual de sus novelas no tardará en aparecer. Porque La Cúpula es King a la máxima potencia y se nota que en la obra el autor ha puesto toda la carne en el asador.

Un ejemplo del volumen de la obra son los más de cien personajes (alrededor de cuarenta de ellos son protagonistas) cuyas historias van cruzándose a lo largo de todo el argumento hasta confluir en los últimos momentos de la historia. Porque si la novela va sobre un pueblo, King describe a todos y cada uno de los que viven en el pueblo sin dejarse a nadie. Está el médico, la bibliotecaria, la periodista y el alcalde, todas esas figuras indispensables hoy en día en una localidad pequeña. Sin embargo, dicha “densidad de población” no resulta en absoluto molesta. La Cúpula no es uno de esas novelas donde cuando uno se encuentra con el nombre de un personaje tiene que pasar páginas atrás para recordar quién es. Todos tienen su papel y son fácilmente reconocibles. Por si fuera poco, aún más sorprendente resulta ver cómo al final ninguno de los personajes resulta prescindible y todos tienen una función en las últimas páginas.

Con todo, llegar a estas últimas páginas no será fácil ya que La Cúpula es en sí misma un monstruo de novela. Con más de mil cien páginas, el libro resulta hasta difícil de manejar y requiere dedicación y tiempo libre. Aún así, se deja leer con facilidad, ya que, en todo momento está pasando algo (“algo” para King suele querer decir alguna catástrofe), de forma que el lector prácticamente no tiene tiempo de respirar y sólo lo hace cuando termina el libro y dejan de sucederse los altercados, asesinatos y demás que se suceden en el interior de la cúpula, donde se instaura el sistema de la supervivencia del más fuerte.

No obstante, a pesar de la extensión, la acción está planteada en apenas una semana en la que sucede todo, hecho que contribuye a la velocidad de la narración y que le confiere a la obra un carácter muy dinámico. De hecho, el propio King describe en una Nota del Autor al final de la novela que trató de escribir “un libro sin dejar de pisar el acelerador, rápido y vibrante. Nan (la editora) lo entendió y cuando yo levantaba el pié, ella lo pisaba a fondo”.

Entre los pocos defectos que se le pueden achacar a la obra, en mi opinión, el más garrafal es la explicación sobre el origen de la cúpula. No desvelaré aquí el misterio, pero sí diré que tanto su procedencia como la solución por la que optan los personajes son bastante flojos. Como ejemplo, puede que el lector se plantee porque, de entre todas las opciones que se barajan para salir de la cúpula, a nadie se le ocurre cavar un túnel bajo tierra para pasar al otro lado. Ésta y otras soluciones que parecerían más sencillas son ignoradas completamente en el afán de King por crear situaciones rebuscadas y complicarles la vida a sus personajes. El autor, sin lugar a dudas, es mejor creando situaciones que explicándolas. Así, el lector que busque una explicación racional a todo lo que sucede en la obra, al final puede que quede decepcionado.

En conclusión, estamos ante una de las obras más voluminosas de King, tanto por el gran número de cosas que pasan y que uno ha de tener en cuenta mientras lee como por la extensión. A algunos les parecerá que Stephen King ha pecado de ambicioso y que se ha quedado a medio camino en algunos aspectos vitales del misterio de la cúpula. El resto recordarán La Cúpula como una novela de grandes dimensiones en las que invirtieron (mucho) tiempo.

P.D.: Os dejó un link del tráiler del libro (sí, ahora en Estados Unidos les ha dado por hacer tráilers de libros). Es, como poco, inquietante.

http://www.youtube.com/watch?v=ga7L9Z9CKdc

 

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“El fugitivo” Richard Bachman ( pseudónimo de Stephen King )

Entre finales de los 70′ y primera mitad de los 80′, Stephen King escribió cinco novelas con el pseudónimo de Richard Bachman. Libro que, para variar, subieron a los alto de los rankings de ventas. Parece ser que sus editores creyeron que estaba saturando el mercado con su tan prolífica obra y el escritor de Maine optó por firmar estos trabajos con este sobrenombre.

Años después se supo todo y estos libros se reeditaron con el nombre de Stephen King ” escribiendo como Richard Bachman” y volvió a publicar algún trabajo bajo el psudónimo, más como un divertido guiño que otra cosa y, en un escritor que reflexiona mucho sobre el trabajo creativo, hasta le sirvió de inspiración para su obra. Puestos a echarle imaginación, podría ser que Richard Bachman hubiese sido un escritor de gran éxito pero cuya cara no era conocida y tal circunstancia la aprovechase el malvado Stephen King, escritor y asesino en serie en sus horas libres, para matarlo, despedazarlo, ocupar su lugar y llevarse más fama y más dinero acabando con la competencia. O tal vez Bachman sea el “negro” de King, o su lado más “Hyde” o…..Vamos, que es normal que King aprovechase la circunstancia para tratarla posteriormente en libros tipo “La mitad oscura”.

Cinco fueron los libros. Algunos tienen en común que eran argumentos, como este de “El fugitivo“, llevados hasta las últimas consecuencias, lejos del King más conformista y predecible de otras obras, y lo irónico es que sirvió, para que mucha gente, como yo, descubriese al autor de “It” u “Ojos de fuego”.

Esa joya de tintes realistas que era “Rabia” o “Maleficio” eran típicas obras de King y sorprende que muchos no se diesen cuenta de quien se escondía tras Bachman. Más original era esa otra joya que es “Carretera maldita“, donde King se transformó en un escritor de ciencia ficción futurista lejos del terror y se arriesgó con las contundentes “La larga marcha” y “El fugitivo, dos libros donde trataba una de mis debilidades: la de los deportes futuristas violentos en una sociedad dictatorial donde el que pierde, pierde la vida. Para alguien que tuvo “El corredor” de Ib Melchior, como uno de sus  cuentos de su infancia-adolescencia, que dió lugar a un par de películas con las que se lo pasó bomba ( vale, no son obras de arte, ¿ y qué ? ), estos dos libros fueron un descubrimiento gozoso.

Tanto el Marathon mortal de “La larga marcha” ( de 100 sólo podía quedar 1 ) o la caza del hombre de “El fugitivo”, se alejaban del King más convencional. Llama la atención que de las cinco novelas, sólo dos hayan sido llevadas al cine. “Maleficio” se dejó en España con el título original de “Thinner“. La dirigió el habitual del género de Terror Tom Holland. “El fugitivo” dió lugar a “Perseguido” de Paul Michael Glaser, uno de los protagonistas de la famosa serie “Starsky y Hutch“. Protagonizada por – OJO,  GUIÑO A “EL ÚLTIMO GRAN HEROE” – Arnold ( “¡ Slateeeeeeeeeeeeeeeeeer !” ) Schwarzenegger, junto a Yaphet Kotto ( “Alien” ) o Maria Conchita Alonso. Era uno de esos productos de acción propios de estrella convertida en gobernador, masacrados por la crítica pero que uno en su momento disfrutó como un enano. Todo el mundo pareció ignorar las críticas a la televisión basura y a la dictadura de las marcas que se hallaban en el film y que también, de manera diferente, se hallaba en el libro. En los créditos del film el nombre de King no salía por ninguna parte, sólo el de Bachman y hay que dejar constancia que de la novela sólo cogieron la idea central. No se parecen en casi nada y hablar de adaptación propiamente dicha podría ser un error, porque son dos historias radicalmente diferentes. Como radical era el final de “El fugitivo” que se adelantó al suceso real que realmente abrió el siglo XXI.

Claro que, tan mítico final ( lo leí hace veinte años y me acuerdo como si lo hubiese leído la semana pasada ) servía, obviamente, para intenciones muy distintas y demostraba que muchas veces, cuando quiere, King tiene una mala leche impresionante. Es lo mejor de una novela bastante potente que sirvió, repito, para que muchos nos introdujéramos en la prolífica, a veces genial, a veces cansina, obra del rey del Terror. Y eso que era muy diferente a su trabajo habitual.

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“Tommyknockers” de Stephen King

Anoche, ya tarde, y la noche anterior,

los Tommyknockers, los Tommyknockers,

llaman a la puerta.

Tengo que salir, y no sé si puedo,

porque el Tommyknocker,

me da mucho miedo.

Este es el poema infantil que abre esta obra del rey Stephen, un poema que uno repetía mucho en su adolescencia.  Cómo tantos otros fuí seguidor de este escritor desde que lo descubrí con “El fugitivo” ( con ese final tan radical y memorable ) ya despojado del pseudónimo de Richard Bachman, que utilizó en ésta y cuatro novelas más, y que posteriormente, ya sin misterio alguno, volvió a recuperar.

Desde entonces y hasta “La tienda”, leí casi toda su obra y si me deje algunas fue porque ya conocía sus adaptaciones al cine, caso de la estupenda “El resplandor” del gran Stanley Kubrick, una película que el propio  King, con razonamientos poco razonables, sigue rechazando.

Uno dejó a este escritor ( o a lo que haya detrás ) sin haber leído nada realmente malo de él salvo algunos pocos cuentos y con la relativa decepción de las desiguales secuelas de la clásica “La torre oscura” ( las siguientes cuatro, por tanto, no las conozco ). Fue más por saturación, pérdida de sorpresa y que ahí fuera hay muchas cosas interesantes, incluido en el amplio campo del terror.

Desde entonces me he vuelto a asomar, sólo muy puntualmente, al mundo Kingiano, pero aún recuerdo muy bien cuando leí “La tienda” en el verano del 96, de estar inmerso en las páginas de este espléndido tocho, irregularmente llevado al cine por Fraser C. Heston ( hijo de Charlton Heston ). De tener que dejarlo a regañadientes un viernes para ir a trabajar a un sitio que detestaba ( ahí coincidí con Montag, que repartía latigazos y hostias sin piedad a los “compañeros” ) y salir aliviado de madrugada para volver a zambullirme en el libro y pasar así todo el sábado, leyéndolo casi sin interrupciones, contento y feliz. ¡ Qué jóvenes eramos !

Tal vez King no sea alta literatura, ¿ y qué ?. Muchos fuimos felices y muchos lo siguen siendo al leerle. Y libros como el inusual “Los ojos del dragón”, “Misery”, “Ojos de fuego”, “La niebla”, “La larga marcha” o “Rabia” ( que leí tras un concerto de Nirvana – que recuerdos -) forman parte de mi memoria y fueron estos los libros que me metieron el virus de la literatura. Si hoy leo a Vassili Grossman o James Ellroy es, en parte, por estos. Aunque sea compatible, es mucho mejor leer con 16, 17 ó 18 años a King o a otros novelistas de terror, que ver las películas existencialistas de Bergman. Mucho más divertido y gratificante, antes que te vengan todos los demonios de la edad adulta.

Uno tiene a “TommyKnockers” como su particular obra cumbre de Stephen King. Casi 700 páginas que datan de 1987 y que uno leyó en 1990. Este es un comentario, por lo tanto, hecho desde recuerdos. No está considerada como lo mejor de su obra. Da igual. Muchos ponen antes, por ejemplo, la más extensa aún “It”, un novelón “río” irregular pero con muchos fragmentos sensacionales debido sobre todo a ese memorable villano-mutante. Los villanos de King merecen un capítulo aparte. Para mí “TommyKnockers” no fue simplemente leer un libro. Fue como cuando visioné “2001 una odisea en el espacio” de la obra cumbre de Kubrick con base en la novela de Arthur C. Clark. Viví el libro, viví toda una gama de sensaciones, para mi  una obra maestra. ¿Qué no está considerada, ni de lejos, como tal? Y a mí que me importa. Sentí esa novela de terror con extraterrestres telépatas, especialmente esa fatal, trágica y hermosísima historia de amor. Y sentí a ese perdedor típico de Stephen King: el borracho, depresivo, zumbado, entrañable y con sus principios:  Jim Gardener.

Como casi todo King, tuvo su correspondiente adaptación, esta vez en formato miniserie televisiva. No quise verla. Y no sólo porque no me imaginaba a Jimmy Smiths en el papel de Gardener, sino también porque ya había pasado algunos años, uno había cambiado – para bien o para mal, muchos dicen que lo segundo – y ya no iba a sentir lo mismo. Ni he vuelto a releer el libro, ni creo que vaya a hacerlo. La ingenuidad de aquel muchacho ha desaparecido, excesivas experiencias encima. Ya no sería lo mismo. Ahora todo parece más gris. Pero ese gris es más soportable gracias a experiencias positivas como haber leído “Tommyknockers”. La magia en gran parte se ha perdido. O como diría el propio  Stephen King, ya no oigo las noticias de la noche ( y obviamente no se refiere a los informativos ). Y tristemente sólo unos pocos lo hacen. Por lo tanto lo dejo así. En mi mente, Jim Gardener, autoredimido, sigue viajando por las estrellas, rumbo a la paz que tanto buscaba.

Stephen King: muchas muchas gracias

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