Entradas con la etiqueta ‘I guerra mundial’
“Compañía K” William March
William March se alistó voluntario en los marines para combatir en la I guerra mundial y volvió a casa cargado de condecoraciones y con una actitud muy distinta de la que tenía cuando fue a la contienda, lo que le llevó a escribir esta visceral novela antibélica, todo un clásico aún muy desconocido en este país y que ha sido editado por Libros del Silencio, que próximamamente, publicará “La mala semilla”, del mismo y reivindicable autor.
Con un buen y largo prólogo de Philip D. Beidler, que tal vez convenga leer después de la novela pues cuenta bastante de ella, “Compañía K” presentó en su época una estructura que se reveló muy innovadora, que sigue aguantando perfectamente el paso del tiempo y que influyó posteriormente en la literatura norteamericana sobre la guerra del Vietnam. Sus 113 episodios, la mayoría de una extensión muy escueta, lo que hace que sea un libro de lectura rápida, están narrados desde el punto de vista de 113 combatientes que presentan un mosaico amplio, desasosegante y contradictorio de la condición humana.
El que no se contradice es el propio March, que realizó un retrato devastador, profundamente pesimista de esa misma condición humana que, continuamente, cae en las mismas trampas. Desde los primeros días en la retaguardia, pasando por el infierno del frente en Francia, hasta llegar a la difícil integración en la vida civil una vez firmado el armisticio, March, a parte de un enfoque original, demostró una amargura y una carga crítica muy difíciles de superar.
Todos los episodios llevan el nombre del combatiente en cuestión, pero fácilmente se les podría sustituir por “arquetipos” que revelan las intenciones de March: “El ciego”, “El quemado”, “El suicida”, “El loco”, “El desertor”, “El fanático”, “El oficial carnicero”, “El asesino”, “El saqueador”, “El mutilado”, “El inadaptado”, y un largo etc. Lo curioso es que algunos narran su propia, y casi siempre atroz, muerte. Las aberraciones cometidas y sufridas por ellos se entremezclan continuamente y llegan a su cima cuando dicho “oficial carnicero”, sin explicación lógica, mandó ejecutar a 22 prisioneros alemanes, lo que marcará la vida de sus asesinos. March, con una mordacidad cargada de hiel, narra como, poco después, el citado oficial ordena a su compañía ir a misa y “pasárselo” bien en ella.
Más que un mensaje pacifista a lo “Sin novedad en el frente” o “Platoon“, que lo hay, “Compañía K” es lo que dice Christopher Morley: “Es un libro de un coraje extraordinario. No el coraje propio de la esperenza sino el coraje tranquilo de la desesperación“. Y más adelante lo califica de “antología de la consternación”.

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“Guerra del 15″ Giani Stuparich
Guerra del 15 es un valioso documento histórico. Se trata del diario de guerra del periodista italiano Giani Stuparich, que se enroló voluntario en las tropas de su país durante la Primera Guerra Mundial. El manuscrito recoge las vivencias del joven soldado durante los dos primeros meses en Monfalcone, en el noroeste de Italia. Pero, más que un relato bélico, es de una obra sobre la evolución humana y psicológica del autor en pleno conflicto.
Se trata de un viaje filosófico y existencial dentro de un libro de historia. Un viaje que comienza en la inocente partida de Gianco y su hermano Carlo hacia las trincheras, convencidos y orgullosos de su alistamiento, pero también temerosos ante la incertidumbre y peligro que les acechan. El soldado comienza a escribir el diario a modo de tarea periodística personal. Narra los sus vivencias de forma certera, pero su pluma va más allá, siendo capaz de transmitir de forma fiel sus sentimientos y emociones. La satisfacción de luchar por su patria, la tensión de la batalla, la resignación ante la escasez de recursos, la añoranza de los seres queridos, y las relaciones con sus compañeros, especialmente con su hermano menor, cuya entrañable dependencia de uno con el otro sujeta en buena medida la historia. El diario está tan bien escrito, y refleja tan bien los hechos, que resulta muy empático. Es muy fácil meterse en los pensamientos de Gianco cuando combate, disfruta de una brisa, o se preocupa por el paradero de Carlo. Resulta muy interesante conocer la evolución psicológica de ambos a lo largo de esos dos meses, y que irá cambiando progresivamente para siempre.
Los capítulos se dividen por días, lógicamente al tratarse de un diario. Algunos apenas ocupan unas líneas, y otros se alargan algunas páginas, pero todos merecen la pena de ser leídos. Guerra del 15 se publicó en 1931, y desde entonces se ha reeditado sin interrupción, lo que ya es suficiente para tenerlo en cuenta a la hora de buscar un testimonio de la época, y del mismo corazón de uno de los acontecimientos más importantes del S. XX.
Texto: Tomás; Dibujo: Andrés
http://elladooscurodelaluna.com/

“Parte de guerra” Edlef Köppen
Sajalín publica esta impresionante novela antibélica que se desarrolla en la primera guerra mundial y que narra la clásica historia de un voluntario ilusionado, álter ego del propio autor, que descubre el horror y la inmensa estupidez del conflicto, lo que hará que sus ideas den un vuelco radical.
Algunas críticas la sitúan por encima de la gran “Sin novedad en el frente” de Remarque. ¡ Sacrilegio ! llegué a pensar antes de leer este libro y al acabar la última página no tuve más remedio, profundamente impactado, que darles la razón.
Con Remarque, Köppen guarda muchas similitudes: ambos combatieron en la lado alemán salieron asqueados de la experiencia, escribieron dos clásicos de la literatura pacifista que retrata perfectamente la carnicería del frente y sufrieron el acoso del partido nazi que prohibió sus obras en los años 30′. Y sin embargo, el trabajo de Köppen es aún mas certero, no sólo por su extención más generosa sino por la visceralidad, la intensidad que desprenden sus casi 500 páginas que culminan con un final antológico, claramente inspirado en las desventuras del autor.
Pero con quien guarda más conexiones es con el grandioso pintor, igualmente veterano alemán, Otto Dix, voluntario igualmente que retrató como nadie, lo mismo que Köppen, el horror de la “gran guerra”. Y si Remarque tuvo que salir de un país que no aprendía nada, los dos segundos pudieron viviendo en Alemania, viendo, repito, como sus obras era prohibidas y sin llegar a ser sirvientes de los nazis. Y esto último es lo que diferencia al ético Edlef Köppen de un hombre como Jünger.
En un mundo de locos, el autor tomó conciencia de que la guerra era el mayor de los crímenes, ya en pleno derrumbamiento del frente occidental en 1918, tras años de sacrificios que no sirvieron para nada. ¿Resultado? El lúcido que se negaba a seguir tomando parte en esta gigantesca, imbécil barbarie, acabó en un manicomio. Todo un signo de los tiempos.
Con una sencillez sobrecogedora vemos como la guerra no sólo aplasta a los seres humanos, también a la naturaleza y a los animales. Hay dos pasajes escalofriantes que lo describen perfectamente: el ataque con gas que destroza un bosque y el absurdo ataque de la caballería inglesa a las trincheras alemanas donde es aniquilada a base de ametralladoras y artillería y en la que los caballos, víctimas de la estupidez del hombre, caen igualmente destrozados junto a sus amos.
Esta fue la guerra que acabó con la caballería, que se tornó un arma desfasada gracias a los adelantos técnicos. ¿Qué el hombre ha creado una máquina terrestre para desplazarse? ¡ Pues inventan también el tanque ! ¿ Qué ya puede volar? ¡Pues también pueden bombardear y matarse en el aire ! Súmese a ello el mencionado gas, los lanzallamas, la proliferación de ametralladoras y de artillería pesada y de otros ingenios creados para matar y mutilar, y comprenderemos mejor el nuevo infierno que sufrió Köppen. Una revolución tecnológico a la que muchos oficiales no se supieron adaptar, lo que originó enormes matanzas entre sus propios hombres. ¿Aprendieron estos “padres” de las patrias de las experiencias? Mientras leía el desastre de la caballería inglesa he vuelto a recordar esas historias de 1939 de cuando sus homólogos polacos, al galope y sable en mano, se lanzaron contra los panzer alemanes que, obviamente, los arrollaron, u otras narraciones del frente ruso.

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“La Caída de los gigantes” Ken Follett
Trilogía “The century” (primera parte)
La caída de los gigantes (2010) – Ken Follett (1949)
En otros comentarios ya he hablado de Ken Follett y lo mucho que me gusta leer sus novelas. No deja de sorprenderme, cuando compro sus libros y comienzo su lectura no puedo detenerme hasta terminar.
La caída de los gigantes es una novela histórica, abarca el comienzo previo de la primera guerra mundial y sigue luego con la contienda que abarco a la mitad del mundo.
La historia se centra en cinco familias de diferentes extractos sociales y nacionalidades. A través de ellas conoceremos los pormenores que finalmente terminaron con la primera guerra mundial.
El conde Fitzherbert, su esposa Bea (princesa rusa) y su hermana Maud, pertenecientes a una tradicional familia inglesa. Los Williams, David y Ethel, también ingleses, ambos trabajan para el conde. La familia Von Ulrich, padre e hijo, Alemanes y diplomáticos destinados en Londres. La familia Peshkok, Grigori, su hermano Lev, ambos residentes de la Rusia Imperial. Por último la familia estadounidense Dewar, también diplomáticos.
El relato comienza antes del iniciación de la guerra. David es minero al igual que su padre y trabajan para el conde. Son una pequeña familia que han centrado sus vidas en la minería. Ethel trabaja para el conde y su familia como ama de llaves, una joven emprendedora y con visión de cambiar su vida. Llega a tener una relación amorosa con su patrón a pesar de que este está casado. Queda embarazada y es expulsada por su padre del pueblo para irse a vivir sola a Londres. La esposa del conde también queda embarazada y esto hace que él hombre se olvide del otro niño que concibió con su sirvienta. A pesar de eso decide ayudar a la joven para que no quede en la calle.
Mientras tanto Maud, quien no es para nada tímida y le gusta la política, recibe a Von Ulrich en una cena que da su hermano para los diplomáticos en su mansión, también es invitado Dewar. En la cena se entabla una discusión política acerca de una posible guerra no muy lejana. Maud y Von Ulrich se conocen desde pequeños, descubren que su amistad puede ser algo más e intentan confesarse su amor. Ambos se separan prometiéndose verse muy pronto.
Los hermanos Peshkok trabajan en la fabricación de locomotoras, el sueldo es muy pobre y ambos tratan de subsistir en la ciudad, el Zar se ha olvidado de su pueblo quien está sumido en la pobreza. Grigori junta plata porque quiere irse a Estados Unidos y comenzar una nueva vida, su hermano Lev más pequeño se mete en serios problemas y es quien realmente viaja, dejando atrás a una joven embarazada con la promesa que regresara por ella.
Dewar joven diplomática exitoso, regresa a su País y comienza a trabajar como secretario del Presidente, se enamora de una mujer casada y ella decide abandonarlo para no arruinar su carrera en ascenso. Solo y dolido ve con sorpresa como en la vieja Europa estalla en guerra.
Alemania invade Bélgica, dando comienzo a la guerra, Francia solicita ayuda de Inglaterra y los Rusos mandan a más de seis millones de hombres a las fronteras para detener al ejercito Alemán. Nadie quiso la guerra y todos hicieron algo para llevarla a cabo, al principio Estados Unidos se mantiene al margen porque tienen sus propios problemas con México, pero se ven obligados a participar en ella tiempo después.
Cada uno de los personajes va cambiando con el correr del tiempo, tocados por la terrible conflagración ya nada volverá hacer lo que era, ni siquiera las fronteras seguirán teniendo los mismas contornos que las delimitaban.
Después de leer esta novela llegue a entender un poco más lo referente aquella primera guerra, claro repito lo que han dicho cientos, no hay más inútil que llevar a los hombres a pelearse entre ellos, porque con cada ser humano que muere se va un poco de nosotros los sueños y esperanzas detrás.
Aunque haya algunos que postulen que las guerras sirven para regular la población mundial, yo creo que las guerras sirven para convertirnos en animales, nada más. Ojalá les guste la historia, el amor está presente, los sueños y anhelos también y jamás se sentirán defraudados por Ken Follett.
Share“DOS CAUTIVOS”. LAJOS ZILAHY. Funambulista editorial
LAJOS ZILAHY
Funambulista nos ofrece la versión íntegra de Dos Cautivos (traducida por Francisco Oliver Brachfeld, con revisión de Anne Mayo Herczig), novela clave en la literatura húngara y europea de la primera mitad del siglo XX. Publicada en su día en nuestro país con el título de Las cárceles del alma, los lectores de la época no pudieron disfrutar del relato completo a causa de la censura a la que fue sometida. Es de agradecer el trabajo que está haciendo esta editorial al recuperar su obra en la Biblioteca Lajos Zilahy. Esta es la tercera novela que forma ya parte de la misma, además de Primavera mortífera y El alma se extingue.
Dos cautivos nos relata un tiempo y un modo de hacer que sorprenderán a los lectores más jóvenes de hoy día. La contención de los sentimientos, el guardar las formas, pues en aquella época, por ejemplo, las chicas llamadas “de bien” no podían pasear sin una acompañante, las famosas “carabinas”. Todo esto nos lo narra con una gran maestría el escritor húngaro y servirá para que se conozca un mundo que sólo perdura en el cine, en las novelas, y en el recuerdo. El mundo que vivían nuestros abuelos. Pero lo que es universal, que se da y dará en todos los tiempos, son las sensaciones que experimentan los protagonistas, con las cuales nos sentiremos empatizados.
Su autor, Lajos Zilahy (Nagy-Szalonta, 1981- Novi-Sad, Serbia, 1974) estudió Derecho en Budapest antes de servir en el ejército imperial durante la Primera Guerra Mundial, donde combatió en el frente ruso, experiencia que le sirvió para escribir una de sus obras más famosas, Dos cautivos, (1926). El desertor (1930), otra obra de corte autobiográfico. Antes, escribió Primavera mortífera (1922), también editada por Funambulista. El Alma se extingue (1932), donde trata el tema de la emigración.En 1947 se exilió a Estados Unidos. Allí escribió su gran trilogía sobre las vicisitudes de una familia húngara, Los Dukay ( El siglo feliz, Crepúsculo cobrizo y El ángel del odio). Como dramaturgo estrenó en su país varias piezas teatrales como Luce el sol, El general y El pájaro de fuego.

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“La infantería al ataque” Erwin Rommel
Una decepción. La autobiografía de Rommel, de la primera guerra mundial, tardíamente editada en España, es más un alargado informe militar que lo que se espera de un libro.
Publicadas en época de paz, en la Alemania Nazi, de la que Rommel fue ¿no conscientemente? complice, este trabajo, paradojicamente es muy impersonal y las apreciaciones personales que hay, lo hacen más cercano a un panfleto militar que al mensaje pacifista de ” Sin novedad en el frente” o de tantas novelas de la Gran Guerra, que denunciaron los horrores de ésta y la insondable estupidez y crueldad de la raza humana.
En sus ( aqui tituladas ) “Memorias” de la siguiente guerra ( II GM ), su hijo Manfred, que en estas de la primera, se encarga del prólogo, afirma que su padre le dijo: ” la guerra rara vez ha ocasionado beneficios a los pueblos, pero estos nunca son consultados”. Nada de esto hay en el relato de las hazañas del joven oficial Rommel y sí algún comentario más que discutible. Pero lo peor es el escaso talento narrativo con el que está escrito y que contrasta con las muy superiores “Memorias” de la segunda guerra mundial.
Aqui, se cuenta Historia con mayúsculas, y son un buen reflejo de la singular personalidad de Rommel, de su inteligencia, rapidez de pensamiento y reacción, valor, arrojo y prudencia a la vez. Alguien que en plena carnicería de la guerra de trincheras, tuvo continuos y sorprendentes éxitos, la mayor parte de ellos, con muy pocas bajas, pero sus experiencias en Francia, Rumania e italia merecían algo más humano, más cercano y no un libro reiterativo hasta el hastío, muy muy aburrido, ultra rígido, cargante y donde abusa de las mismas palabras continuamente. En este libro, sus virtudes como narrador son pocas y casi todas las páginas son como un manual de tácticas repetidas hasta la saciedad y coronadas por unas observaciones innecesarias. Aqui casi no hay personajes y para saber sobre estos hechos, vale más la pena leer una buena biografía del futuro Mariscal, que este pesado libro.
Al final Rommel escribe refiriéndose a las tumbas de los soldados alemanes, “son un recordatorio constante para todos los que seguimos aqui y para las generaciones futuras de que no debemos fallarles cuando de hacer sacrificios por Alemania se trate”. Es decir, como murieron muchos por nada, vamos a seguir muriendo en su memoria. Por desgracia esas generaciones se sacrificaron y, sobre todo, sacrificaron a los demás en una matanza que empequeñeció considerablemente a su precedente y todo por unas ideas contra las que Rommel se volvió demasiado tarde y sólo, claro, y al contrario que otros, cuando la guerra ya estaba perdida.
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“El miedo” Federico de Roberto. Editorial Gallo Nero
La primera guerra mundial, tapada por la segunda guerra mundial por el aluvión de ensayos y novelas que existen sobre ésta, es un conflicto que me despierta mucho más interés a mi personalmente que la segunda, un conflicto al que se acudió pensando que serían unos meses de contienda, y acabó siendo un infierno de trinchera, la primera de la historia, donde el ser humano vivió y padeció en sus carnes la agonia de la guerra total, no en vano se le llamó la gran guerra. Una guerra absurda, donde los soldados morían de forma absurda – léase “El miedo” de Gabriel Chevalier -, donde proliferaron, no sé si por primera vez ( tal vez no por primera, pero sí con tanta cantidad ) como indica la propia novela que nos ocupa, “Heroes de salón y especuladores que se lucraban con la gran desgracia”.
Este conflicto armado, 1914-18 originó una destrucción desconocida para la época, una cantidad de bajas descomunal. Y total, ¿ para qué?. Para abrir una brecha que sólo pudo cerrarse en Europa con otra guerra, esta más destructora que la anterior, la segunda guerra mundial, que certificó el fin de un mundo, diríase de una era, un mundo ya en agonía en 1914.
Novelas sobre la Gran guerra hay bastantes, y muy interesantes. Interesantes porque al contrario
de la guerra del 39-45, no son novelas de buenos y malos como bastantes de la segunda guerra mundial. En las novelas de la primera guerra mundial, prolifera más la novela denuncia, denuncia ante la estupidez y el sinsentido de la guerra, una guerra eterna, exasperante, tediosa, de muerte inesperada detrás de una trinchera, sucio, maloliente…Unas novelas que en la época serían tachadas de la misma manera que las predicas de los movimientos sociales izquierdistas que llamaban a la deserción justo cuando estalló la guerra- por considerarla una guerra de los poderosos para sus propios intereses- , es decir, de antipatriotas.
Son a destacar la citada “El miedo” de Gabriel Chevalier, “Capitán Conan” de Roger Vercel, que dio lugar a la película de Tavernier, “Sin novedad en el frente” de Erich Maria remarque, o por citar otra la imprescindible “Viaje al fin de la noche” de Celine.
“El miedo” de Federico de Roberto, es una micro novela, un relato, editado por Gallo Nero, pequeña en tamaño grande en contenido. Un destacamento italiano al mando del teniente Alfani debe proteger una posición. Enfrente tiene a tropas enemigas: croatas, húngaros…El tiempo no pasa, incómodos, harapientos, mal alimentados, consumidos por el tedio, corroidos por el absurdo de
defender nada aparentemente importante, deseando la acción, aunque implique riesgo de muerte. Cualquier cosa menos seguir así.
De repente el enemigo ataca y cada vigia que manda Alfani a vigilar la acción enemiga, es abatido por un francotirador apostado en un punto invulnerable. Uno, dos,tres, cuatro…Todos y cada uno de ellos muertos ante la mirada atónita y aterrada del resto. Al final nadie quiere ir hasta el puesto de vigilancia y exponerse un par de metros al tirador oculto. Lógico, corroidos por el miedo, el terror. Hemos venido a morir, asumen, pero no así, abatidos como conejos. Alfani se replantea si vale la pena seguir. Se plantea desobedecer a su mando superior y no mandar a sus hombres a una muerte segura y estúpida, so pena de ejecucción a él mismo. Les entiende perfectamente, pero a la vez le reconcome la cobardía de sus hombres, o lo que llama cobardía producto de su educación castrense. Pero no es cobardía, no lo es, es miedo. ¿Quién no lo tendría? Si él también lo tiene. Y lo sabe.
Novela con un climax brutal, alegato contra aquellos cuyas chaquetas pesan de las cantidad de medallas ganadas desde la lejanía del frente. Un relato muy ágil, cortito, escrito por Federico De Roberto en 1921, autor de la novela “Los virreyes”, relato del que, qué triste, nada hemos aprendido desde entonces, casi un siglo después.
ShareLibros sobre la Primera guerra mundial. La gran guerra ( 1914-1918 )
Libros sobre la segunda guerra mundial hay muchos. Pero no ocurre lo mismo con libros sobre la primera guerra mundial, un conflicto que trajo la guerra moderna, de trinchera, en la que todo el mundo pensó que duraría un par de meses, y duró cuatro años. Una guerra civil europea. Sin este conflicto no puede ser explicado lo que vino a continuación: Paz de Versalles 1919, sanciones muy duras a los perdedores ( Alemania ), ascenso frenético y desbocado del nacionalismo alemán y Segunda guerra mundial. Todo esto viene bien explicado en la maravillosa novela de Arthur Solmssen, “Una princesa en Berlín“, clásico imprescindible.
Os dejo una relación de libros sobre la denominada en su momento “gran guerra” y novelas sobre un conflicto que supuso el fin de un mundo encarnado en el Imperio austro-húngaro ( léase a Joseph Roth ) y que dio paso a la europa de los nacionalismos.
1. La primera guerra mundial
Michael Howard
Critica
2. La Primera Guerra Mundial
Edicones B
Martin Gilbert
Alejandra Devoto
La esfera de los libros
3. La primera guerra mundial
Hew Strachan
Critica
4. Atlas de la Primera Guerra Mundial. La historia completa
Martin Gilbert
Akal
5. Breve historia de la Primera Guerra Mundial
Norman Stone
Ariel
6. Un año en el altiplano
Libros del asteroide
Emilio Lussu
Libros del asteroide
7. La batalla del somme.
Martin Gilbert. Ariel
8. La batalla del Verdún
Georges Blond. Inédita
9. La primera guerra mundial. La gran guerra.
José Emilio castelló. Anaya
Un Par de novelas:
-Largo domingo de noviazgo. Sebastian Japrisot
-El miedo. Federico de Roberto
-Sin novedad en el frente. Erich Maria Remarque
-”Viaje al fin de la noche. Celine
Si alguien echa en falta alguna rogamos nos lo indiqueis.
¿Cuál consideráis el ensayo que de modo más imparcial toca el tema?
No dudéis en aportar lo que consideréis oportuno
Share“Las almas grises” de Philippe Claudel
Un lugar en concreto: un pequeño pueblecito francés perdido – en realidad resguardado – en medio de ninguna parte. Un momento más concreto aún si cabe: durante la I guerra mundial. Con estos dos apoyos temporal y espacial, Claudel nos cuenta una historia maravillosa, que atrapa sobremanera, donde el ser humano es retratado con fiereza, mientras un halo de tristeza lo invade todo.
En esta población francesa, cerca de V., se entrecruzan los destinos de varios personajes. Todo un microcosmos se entrecruza. Tenemos al Fiscal Destinat. Hombre de familia poderosa, que podría haber sido algo grande de haber querido. El hombre más triste del mundo. Claudel perfila muy bien a este personaje. En sus juicios, sabía impresionar al jurado para conseguir de estos una sentencia favorable para sus intereses, a saber, la condena del acusado. El jurado veía al acusado como uno de ellos. El acusado bien podría haber sido cualquiera de los que ahora se sentaban en el asiento del jurado, quien sabe si mañana se sentarían en el del acusado. Esto hacía que estos hombres sintieran desprecio por el acusado. Condenando a otro se desvía la atención. Acto que viene del que se sabe culpable aunque no sabe de qué. Así somos. Otros personajes son los inquietantes juez Mierk y Coronel Matziev. Comedores, bebedores y condenadores sin escrúpulos. Capaces de mandar atar a un hombre a un árbol a media noche, sin abrigo, a diez bajo cero, para que confiese un asesinato que no ha cometido – eso no significa que no sea culpable de otras cosas -, mientras se toman el postre, copa de cognac y se fuman un buen puro.
Todo es narrado por un policia local, hombre cabal – tal vez el único – que a fuerza de estarlo a ha enloquecido. Nos da cuenta de como en la pequeña población, la guerra, a la que llama “la gran masacre“, se oye, se huele, pero se saben a salvo de ella, aunque no de la barbarie inherente al ser humano. De eso serán consciente sólo a posteriori.
En este contexto una muerte, homicidio en toda regla, de una niña de diez años, Belle, también conocida por todos como “Belle de jour”, viene a romper la fina linea que separa la normalidad de su contrario. Todo apunta al fiscal Destinat, ya retirado, pero las autoridades tienen otros planes. Todos tienen otros planes menos nuestro narrador, el único loco que lo es en contra de su voluntad. La muerte de la maestra, lysia, añade más misterio a la historia. El asesinato de la mujer de nuestro protagonista – ya van tres muertes – le conducen a un estado de tal desazón, a un estado de tal incomprensión, hartazgo ante todo lo que le rodea, que acaba renegando de la raza humana. Su única motivación es recordar y contarnos como todo sigue en pie, como si nada hubiera ocurrido, por la senda de la locura.
Novela muy recomendable, llena de personajes desesperados, repleta de comentarios ácidos y amargos, muy afilados sobre nuestra condición, donde se expone megáfono en mano que con qué suma facilidad nos salimos del camino que decimos recorrer. La tendencia a recurrir a ” borrón y cuenta nueva”. Al escudarse en unas circunstancias que se supone se salen de lo corriente. La amnesia como manera de sobrevivir.
Se sobrevive pero no se aprende. No se puede
“Sin novedad en el frente” Erich Maria Remarque
Escrita en los años 20′ del pasado siglo, esta breve novela es uno de los clásicos insidscutibles de la literatura bélica, si bien el término más apropiado para definirla sería antibélica, dado su fuerte contenido pacifista.
Libro de gran vigor, emotividad y sensibilidad, ha influenciado enormemente a muchos novelistas posteriores – Sven Hassel, por ejemplo - y fue prohibido por el nazismo. Su retrato de la I guerra mundial desde el bando alemán, chocó frontalmente con la filosofía, fatua filosofía, de superioridad de Hitler, Goebbels y los suyos, por su mirada desesperada, su infinita amargura, su compasión y su tremendo asco por la guerra, asco enfatizado a los militares, políticos y a todos los que ayudaron a que se realizase una de las mayores matanzas de la historia en occidente.
La obra de Remarque, como todas las demás obras antibélicas del periodo de entreguerras, no sólo literarias – pienso en las infernales pinturas de Otto Dix o en el magistral film “Remordimiento” de Ernst Lubitsch – fueron un oasis en medio del desierto. Sus advertencias, su aviso sobre el horror de la guerra y de los sistemas que la alimentan, fue en vano. Claro que sería ingenuo pensar que el arte puede frenar un conflicto de estas grandes dimensiones. ¿Resultado? Remarque y Lubitsch exiliados, Dix prohibido, como tantos y tantos otros – el ser humano tiende, en todas partes, a prohibir la inteligencia con excesiva frecuencia – en esa Alemania tan psicópata, tan reconocible en su universal crueldad humana, tan humana, en el peor sentido.
Remarque, veterano de la I guerra mundial, no compartió las visiones genocidas de veteranos como él y sus familiares llegaron a ser perseguidos. Parece que el escritor de “Tiempo de amar, tiempo de morir” lo hizo movido por sus creencias cristianas, algo que contrasta con tantos cristianos alemanes que, alegremente, votaron, o se volvieron, nazis, fusionando de una manera muy curiosa y contradictoria sus creencias religiosas con su nueva fé por la nueva Alemania, y su Dios, el Führer.
“Sin novedad en el frente” ha tenido dos adaptaciones en el cine hasta el momento. La de 1929, de Lewis Milestone, también un clásico del cine y otra de menor reputación pero también apreciable, la de finales de los 70′ a cargo de Delbert Mann, y que tenía el handicap de ver al soso Richard Thomas en el rol principal, pero la virtud de ver al gran Ernest Borgnine en el emblemático papel de suboficial a cargo del pelotón protagonista.
Toda la imaginería popular que dejó la sangría de 1914-18 está aquí. La encarnizada y novedosa guerra de trincheras, una carnicería desconocida hasta entonces. Los avances tecnológicos encaminados a crear formar de matar hasta entonces inéditas o utilizadas de forma minoritaria – o simplemente fuera de Europa-. El horroroso gas, el uso másivo de las ametralladoras, los tanques, la aviación, etc…( veo como los más ilustres cerebros inventan armas y frases para hacer posible todo esto durante más tiempo y con mayor refinamiento), las visitas a una ciega, patriotera retaguardia, el desengaño de una joven generación que fue masacrada y vendida por sus mayores.
Como bien señala Remarque ( también posterior actor ) muchos de los que sobrevivieron fueron destrozados mentalmente, irreversiblemente. Este libro, imbuido de un espíritu trágico, fatalista, es un pequeño canto a la vida que choca con la estupidez, la sumisión ( el borreguismo es el alimento para las guerras, sirve para generarlas, para disputarlas, para perseguir al disidente) y el fanatismo del ser humano.
El amor, el compañerismo, los pequeños momentos de ocio es a lo que se aggaran sus condenados, prematuramente envejecidos protagonistas. Unos jóvenes que se alistaron voluntarios, ilusionados, engañados y manipulados por el sistema reinante ( y el II Reich Alemán tenía sus homólogos en el imperio Austro- Húngaro, el imperio británico, el francés o la Rusia de los Zares. Eso fue la I guerra mundial: una lucha, mayormente entre imperios, que colonizaban con no poca crueldad África y parte de Asia ).
Remarque denuncia la futilidad de la guerra ¿ Para qué sirvió? A esto podría contestar un personaje que la mordaz, lúcida, “El miedo” de Gabriel Chevalier: Sólo sirvió para que unos pocos salgan en los libros de historia, unos cuantos más se hagan ricos, millones ( unos 10 ) mueran y muchos más millones queden traumatizados, mutilados o sin sus seres queridos. También dice que la estupidez humana ayuda a ello. Estupidez que Einstein califica de infinita – léase “Allegro ma non troppo” de Carlo M. Cipolla -. Muchos creyeron que la Gran Guerra sería la guerra que acabaría con todas las guerras. Un profundo error. De las cenizas de la I guerra mundial surgieron los monstruos, ávidos de poder y de orden enfermizo que desencadenaron la II guerra mundial, muchísimo más destructiva que la anterior. Las afirmaciones del personaje de “El miedo” – similares a algunos diálogos de Remarque – siguen tristemente vigentes. “Sin novedad en el frente” queda como un testimonio de vida, como un enérgico rechazo a lo peor del ser humano.
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