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Reseña de El mapa y el territorio. Última novela de Michel Houellebecq
“EL MAPA ES MÁS INTERESANTE QUE EL TERRITORIO”
“He aquí en síntesis nuestra posición de artistas: somos los últimos representantes del artesanado al que la producción mercantil ha asestado un golpe fatal” (William Morris )
Michel Houellebecq me parece un buen autor. Es agradable de leer, y tiene una visión de la sociedad bastante acertada. Esto no lo digo yo – aunque es básicamente lo que pienso – sino que lo dice el propio Houellebecq en boca del padre del protagonista de “El mapa y el territorio”, Jed Martin. Un autor que igual te habla de la eutanasia, de la oligospermia, de la raza canina llamada Bichón, o te dice que la economía ni es una ciencia ni un arte, incapaz de hacer una mínima predicción, poniendo a caldo a los economistas. Mientras de repente, un personaje va y suelta que ya no soporta la jeta de los humanos, que no los soporta. Existe cierta animadversión hacia la figura de Houellebecq y no debería ser así. Su descripción del mundo en que vivimos no gusta, pero deberíamos meternos con ese mundo y no con quien lo describe. Y aunque él no tuviera razón, ¿no puede describir lo que considera que es el mundo de hoy día?. Con la de cosas que censurar que pululan por ahí, no deberíamos empezar por Houellebecq. Yo al menos no. Esta cita puede servir para entenderle refiriéndose a Picasso: “De todos modos Picasso es feo, pinta un mundo horriblemente deformado, porque su alma es fea…” (pág 154). De Houellebecq podríamos decir que su alma está cansada y hace representaciones del mundo en el que vive dominadas por el hastío que supone relacionarse con otros seres humanos. Suerte que existen las mascotas. ¿Qué es algo lenguaraz y se mete con todo lo que se mueve? Puede ser. Bueno, es. Pero eso es una minucia, y a cambio tiene mucho que ofrecer.
Lo destacable de la prosa del autor francés, y esta novela no es una excepción, es que hace una radiografía de su sociedad contemporánea. En esta ocasión es el artista Jed Martin el encargado de ejercer de alter ego houellebecquiano. Y con él nos damos un paseo por el mundo. Jed es un artista como digo. Persona inteligente, poco amiga de las relaciones sociales, hombre talentoso y cabal. No es ningún idiota. Es un artista de verdad, no un “moderno”. Primero realizaba fotografías de todos los objetos manufacturados del mundo:
“Nada escapaba a su ambición enciclopédica, consistente en confeccionar un catálogo exhaustivo de los objetos fabricados por el hombre en la era industrial” ( pág 36 ).
Luego se volcó en la pintura:
“Jed Martin no representa menos de cuarenta y dos profesiones-tipo y ofrece de este modo un espectro de análisis particularmente amplio y rico para el estudio de las condiciones productivas de la sociedad de su tiempo. Los veintidós cuadros siguientes, centrados en confrontaciones y encuentros, clásicamente llamados la serie de las composiciones de empresa, quieren presentar una imagen relacional y dialéctica del funcionamiento de la economía en su conjunto” (pág 106-107 ).
Destacan sus fotografías dedicadas a los mapas Michelin.
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Como nota previa, decir que “Intervenciones“, publicado por Anagrama, con traducción, siempre es una información añadida interesante decir el nombre del traductor, de Encarna Gómez Castejón, es una selección de artículos del considerado l’Enfant terrible de la literatura francesa, Houellebecq, junto con entrevistas que ha concedido a diferentes medios. “Intervenciones” viene a ser una ampliación de otro libro que también fue tiempo atrás publicado por Anagrama, “El mundo como supermercado”, incorporando nuevos artículos, más los ya aparecidos en dicho libro que data del año 2000 ( la edición francesa, de Flammarion, era del 98).
Antes de ir al lío, recordar las novelas de Houellebecq, “Lanzarote” – una breve avanzadilla de lo que vendría después -, “Ampliación del campo de batalla”, “Las partículas elementales”, “Plataforma” - mi preferida – y la fantástica, aunque no muy reconocida “La posibilidad de una isla” ( de la película opino lo mismo ). Todas ellas imprescindibles. Tiene libros de poesía que no he leído.
Leer a Houellebecq es como caminar por un tunel oscuro como la noche, y gracias a él ver lo que te rodea, una luz que te hace consciente del desagradable paisaje que transitas. Es como de repente tomar consciencia de ser un personaje Lovecraftiano que camina de cabeza al abismo ( recomendar la biografía que Houellebecq realizó sobre el gran H. P. Lovecraft, “H. P: Lovecraft, contra el mundo, contra la vida” ). Es el pago de tener luz, de ahí que no pocos prefieran la oscuridad.
Houellebecq no se anda con redeos. Es terriblemente pesismista respecto al futuro. Y no le hace muy feliz el presente. Un mundo donde el individuo abandona la manada se siente desdichado, casi como un criminal. Aboga por abandonar el sufrimiento y el mal. No más “yo”. Detesta un mundo jerarquizado por el ítems como talento/fuerza/dinero/belleza. Todo debería reducirse a una palabra de 6 letras: BONDAD. Un mundo estilo Mary Poppins es lo que quiere, un mundo donde todo salga bien. ¿Tan difícil es?
El mundo como supermercado. Sólo entra al mercado quien pueda pagar. El placer de comprar es mucho menor que el narcisismo de poder entrar en él. Si se adquieren como autómatas productos aparentemente innecesarios y/o absurdos, es porque lo que nos mueve no es el producto en sí, sino el que se nos permita adquirirlo. Con el sexo pasa lo mismo. Es más el narcisismo de haber sido capaz de seducir que el placer sexual en sí mismo. Una vez que Dios ya no está de moda, la publicidad es el centro del universo. Con ella, “todo sujeto es un fantasma obediente del devenir”. Todo sujeto es impelido a tener deseo/ser deseable. Un SUPERYÓ por encima de todo. Abandonar esta lucha continua, es no existir. Houellebecq pone el dedo en la llaga: “la publicidad fracasa, las depresiones se multiplican, el desarraigo se acentúa”. HASTÍO. Pero eso no es obice, tal es su poder, para que la publicidad siga perfeccionando medios de transporte para gente que no quiere moverse porque no está a gusto en ningún lugar; medios de comunicación para gente que no quiere hablar; posibilidad de interacción para gente que no quiere ver a nadie.
Arte contemporaneo. El arte contemporaneo le deprime, pero viene a reflejar bien el mundo en el que vivimos: deprimente. Representa bien el estado de las cosas.
Fiesta. El ser humano siempre mediante la fiesta ha querido diferenciarse de los animales. Analizando bien el fenómeno, algo muy houellebecquiano, considera que es un lugar del que sales sordo y drogado, un lugar nada divertido del que no se extrae placer, sino el ya citado narcisismo. ¿Hay algún mótivo que justifique el que los seres humanos nos reunamos? ¿Para qué nos reunimos ? Si es para meterse en una masa, le da miedo lo fácil que el ser humano se convierte en borreguito; si es para luchar más; para divertirse o follar, es por puro narcisismo egocéntrico; si es por algo religioso, se le viene a la cabeza el incómodo momento justo después de la ceremonia, lo mismo que con el sexo. Nos ofrece una solución: renunciar a pasarlo bien y hacerla breve: alcohol y perder el conocimiento. ¡Qué cachondo!
Más perlas o cachitos de Houellebecq, lúcidos, polémicos, deslenguados. En una conversación con una amiga comenta que el macho se ve evaluado continuamente, obligado a compararse con otros machos para satisfacer su potencia viril, y ya no tiene bastante con penetrarla, también debe humillar a su compañera. Su amiga le espeta que ese fenómeno también se comienza a observar entre las mujeres. Estamos jodidos, sentencia Houellebecq.
Otra más. El pedófilo es el chivo expiatorio ideal de una sociedad que exacerba el deseo sin procurar los medios para satisfacerlos. El hombre maduro quiere follar pero no tiene condiciones para hacerlo. No tiene ni derecho.
Otra. Las feministas son unas amables gilipollas cuya falta de lucidez las vuelve peligrosas. Recomiendo leer todo el artículo del libro, y luego extraer conclusiones ( leer siguiente párrafo )
Este es Michel Houellebecq. He señalado lo que me ha resultado más reseñable del libro, aunque hay bastante más, ya lo creo. Tiene tantos seguidores como detractores. Yo me incluyo entre los primeros, sin que eso signifique que esté de acuerdo en todo lo que dice. Ni siquiera los films basados en sus novelas me han desagradado ( “Las partículas elementales” dirigida por Oskar Roehler y “La posibilidad de una isla”, dirigida por el propio escritor, con Benoît Magimel.
¿La solución? Puede que la clonación acabe con los sinsabores de la especie. Para ello os recomiendo leer “La posiblidad de una isla“. Aunque tampoco estamos tan mal. Al loro. Mientras tanto, espero impaciente a que llegue a las librerías la última novela del autor, “La carta y el territorio” ( Le carte et le territoire). Supongo llegará tras el verano.
Après l’eté.
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“H. P. Lovecraft. Contra el mundo contra la vida” de Michel Houellebecq
A este libro acudí no por H. P. Lovecraft sino por el gran Michel Houellebecq, autor francés que es de lo más interesante de estos repetitivos tiempos llenos de clichés, el justo contrapunto a la ideología de la sonrisa falsa y mirada hueca.
Ya sea por la prosa de Houellebecq, por haber llevado a Lovecraft a su terreno, o por lo qué sea, el caso es que mientras lees esta biografía te van dando ganas de emprender la lectura de la obra lovecraftiana. Cuando finalizas, acabas convencido de ser un fiel seguidor de Howard Phillips Lovecraft, aun cuando no hubieras, como en mi caso, leído más que algún cuento suelto del autor. Houellebecq te convence de algo asi como que no es difícil llevar el pensamiento Lovecraftiano dentro de ti.
Valga como muestra la cita con la que inicia el libro: “Quizás haya que haber sufrido mucho para apreciar a Lovecraft“. Jacques Bergier
Lovecraft detestaba el realismo en la literatura( y en general). La novela en el siglo XIX, llena de curiosidad sobre el ser humano, fue prolífica en historias llenas de realismo donde el ser humano era retratado en un intento de comprender su compleja naturaleza. Lovecraft considera que – a inicios del siglo XX, ¡si hubiera llegado a nuestra época!- el ser humano ya ha sido mostrado tal y como es. Houellebecq cita a Lovecraft: “Estoy tan harto de la humanidad y del mundo que nada logra interesarme a no ser que incluya, por lo menos, dos crímenes por página o que trate de horrores innominados procedentes de espacios exteriores“. Se necesitaba un antídoto contra todas esas formas de realismo. Y eso es justo el universo que creó Lovecraft.
Nuestro biografiado no fue un muchacho común. Aquejado de cierta depresión nerviosa pasó infancia y adolescencia recluido en casa. Cuando se reincorpora a la sociedad, se nota que no se siente cómodo, hasta acabar afirmando que la vida adulta es el infierno. La sociedad le asquea y siente que no encaja. Un mundo en el que las personas sólo son valoradas por su capacidad de hacer dinero y de atraer sexualmente a los demás. Él se considera que no posee – como muchos otros – ni una ni otra.
Su modo de pensar es típico del mundo conservador y aristocrático del que se sentía heredero. Sentía aversión por los cambios, y despreciaba a la gente en general. Sin embargo individuo a individuo era una persona que sentía gran respeto por todo aquel a quien trataba. Hombre de extraordinaria dulzura y educación. Como debe ser
De ahi que cree su mundo basado en el gran horror, “El gran Cthulhu”, un mundo con unas fuerzas superiores a la nuesta, las cuales tratan a los humanos igual que nosotros a inteligencias que consideramos inferiores. A lo máximo que podríamos aspirar, de acabar dentro de ese horror, es acabar en una mesa de disección, cuando no triturados. Ese es el gran terror. Lo curioso, indica Houellebecq es que preferimos esa realidad alternativa a nuestra realidad – dios, satanás ….- cualquier cosa, por espantosa que sea que nuestra realidad. Y ahí emerge Lovecraft.
Los protagonistas son siempre seres ilustrados, victimas de lo innombrable, de lo inimaginable, seres de pesadilla, una máquina de malos sueños para personajes sensibles, capaces de sentir miedo, terror. Aqui podemos ver cierto incluso masoquismo, pues el destinatario de estos horrores sería él mismo y los que son como él.
Ahi otros puntos interesantes. De un lado lo increiblemente bien trazada que está la arquitectura de los sitios que describe. Parece que el lector vaya caminando por los paisajes descritos “sintiéndose” dentro de esa compleja arquitectura, lo mismo que los protagonistas que tan fascinados por lo que le rodea, inconscientemente, o no, ven el peligro pero son incapaces de huir. ¿Huir a donde?
Otro punto es su rechazo por dos elementos que lo alejan de nuestro mundo: el dinero y el sexo. En sus relatos no se hace referencia alguna dichos elementos. Esto ha hecho que no falten estúpidas especulaciones sobre Lovecratf – ¿homosexualidad?- rechazadas por Houellebecq con bastante gracia y contundencia.
Otro punto es el racismo de Lovecraft. Crecido en Providence, su racismo, su conservadurismo, no deja de ser teórico. Producto del único amor en su vida, marchará a vivir a Nueva York, donde tendrá que convivir con decendientes de esclavos negros entre otros. Esto sin duda acrecenterá su racismo. Este elemento negativo en sus escritos es revertido en la calidad de sus narraciones. Todas las criaturas salvajes que pueblan sus creaciones, todos esos horrores cogen inspiración de aqui. A lo que hay que añadir que su estancia en Nueva York es traumática. Casado – con Sonia haft greene -, es incapaz de conseguir empleo alguno. Es inútil para el mundo moderno, ese mundo que come hombres sin cesar. ¿No podría ser el mundo moderno su principal fuente de inspiración? Una vez separado y vuelto a Providence con una de sus tías es cuando su obra alcanzará mayores cotas. Una obra en la que se reflejan todas sus obsesiones, traumas, propias de alguien que nunca fue del todo feliz, de quien nunca se sintió encajado en el mundo. ¿Pero, quién lo está?
Espero haber sabido reflejar, aunque sea un poco, quien fue Lovecraft y lo que fue capaz de plasmar en el papel. Un autor que ha influido a multitud de autores posteriores a él, y que ninguno de ellos lo ha superado. Al final del libro Houellebecq deja una bibliografía de obras de Lovecraft y sobre Lovecraft. El consejo que nos da, que es el que yo voy a seguir, es leer directamente las grandes obras. Por suerte en España las tenemos editadas en dos volúmenes por la Editorial Valdemar. Se suponía que tal vez, algún día sacarían una tercera parte, con la correspondencia, que permitiría conocer en profundidad al genio de Providence, ese que huyó de la realidad, asqueado, y construyó otra, igual de inquietante o más. Lovecraft, que decía no al mundo, no a la vida. Pero de momento nada
“La posibilidad de una isla” de Michel Houellebecq
“La posibilidad de una isla” es la novela definitiva sobre el ser humano. Después de ella, ya poco se puede decir, incluso el propio Houellebecq no ha vuelto a escribir, ¿para qué?, prefiriendo ponerse detrás de una cámara y rodar el film que da título a esta novela-ensayo-ficción.
Ni el libro ni la el film parecen haber tenido úna crítica excesivamente buena, ¿pero qué esperabamos?.Houellebecq nos obliga a mirarnos en un espejo donde somos reflejados tal y como somos. Eso suele no gustar.
Es la historia de Daniel, el primer Daniel, cuarentón que se enfrenta al inexorable proceso de envejecimiento con gran desazón. Su hartazgo vital es considerable, pese a su posición social-es humorista televisivo y gana mucho dinero-,su éxito con las mujeres y sus inmensas falsas amistades. Hastío vital, hartazgo existencial. Simplemente no soportamos a ninguna otra persona alrededor nuestro. Harto del culto a la juventud, donde a los veinticinco se deja de serlo, y a los cuarenta se es un dinosaurio; harto de nuestra idiosincrasia consistente en reirnos de los demás para conseguir efímera diversión, hasta macharnos entre nosotros; completamente consciente de que sin seres humanos a nuestro alrededor nuestra inteligencia no puede ser despertada, pero que junto a ellos no puede ser desarrollada: la vida en sociedad sólo conduce a la estulticia; cansado de todo hasta que un día…
Es la historia de Daniel 22, Daniel 23, Daniel 24, y sus sucesivas réplicas, muestra de un mundo evolucionado donde el ser humano ha dejado paso a clones, justo para huir del hastío que supone ser humano. Son seres que viven en soledad, no sienten la llamada del sexo, la violencia no circula por sus venas, se alimentan de rayos de sol, mediante la fotosintesis. En suma, son seres perfectos, sin sensación de hartazgo vital, hasta que sin remedio esto llega. Sin traumas, completamente consciente que hasta en esto fracasa lo que un dia fue un ser humano, dan paso a su réplica, asi hasta el infinito y más allá.
Novela fantástica, lástima que aún no haya salido en bolsillo, que en España venía precedida de cierta polémica. No he visto la película- Benoît Magimel en el papel de Daniel-,pero seguro me gustará, seguro os encantará, aunque la ponen a caer de un burro.
Share“Plataforma” de Michel Houellebecq
El tema central de esta novela es(vuelve a ser) el sexo. Houellebecq vuelve a hurgar en una de las heridas mas profundas de occidente. De un lado el turismo sexual que occidentales utilizan- Cuba, Thailandia- para tener relaciones con menores que aqui no sólo serían un escándalo, sino que estas mismas personas se escandalizarían si lo hicieran otros.
La auténtica idea del libro es la incapacidad de la población occidental por dar-regalar- placer sexual(ni amor) a los demás, hombres o mujeres, de gozar de él. Tenemos el sexo como un arma no como una herramienta para pasarlo bien o procrear. Para Houellebecq estamos enfermos sexualmente. Una vida de hastío, soledad, que tiene al sexo como único dios, pero que nadie está dispuesto a darlo a cambio de nada. Para él esto conduce a un grado de insatisfacción inaguantable.
Houellebecq en su línea, pesimista, harto de cuanto le rodea, protagonistas de sus escritos que recuerdan irremisiblemente a su figura, rompedor, sin pelos en la lengua, se ha convertido en el pregonero de nuestras miserias morales. Por eso es un escritor no muy bien considerado.
Novela que a mi me gustó muchísimo. Es un libro ameno, divertido, de la mano del eterno alter ego del autor en todas sus novelas, un hombre de mediana edad, acomodado económicamente, pero con un agujero en el alma producto del mundo en el que vive. Se retrata un mundo en el que ya nadie soporta a nadie, molestar es ya un deporte, generar insatisfacción un tipo de política, temas que anticipan lo que fue su siguiente novela -”La posibilidad de una isla”-, todo con humor cínico picantón.
Share“Las partículas elementales” de Michel Houellebecq
Houellebecq es un autor al que hay que leer. Sus escritos no dejan hueco para la vacuidad. No hay lo que se denomina “moralla”. Dice lo que tiene que decir, sin excesivas concesiones, directo, el tacto no es su fuerte, pero de frente a las miserias morales de una especie, la humana, que articula con obsesión una poderosa maquinaria ideológica y moral, justamente para tapar que no tiene ni de la una ni de la otra.
Las partículas elementales me pareció de lo mejor que podía leer, pero luego “Plataforma” y “la posibilidad de una isla”, ambas obras igualmente de Houellebecq, creo las superan, sobre todo la primera.
Esta es la historia de Bruno y Michel. Dos hermanos diametralmente opuestos. El primero es un funcionario harto de todo, obseso del sexo, lo único que le importa es su miembro- no es esta la palabra exacta utilizada-. El segundo Michel, no tiene interes alguno en el asunto, y sólo busca perfeccionar un experimento para llevar a cabo la clonación entre humanos, para asi de una vez acabar con todas las obsesiones- es la tercera vez que pongo esta palabra, pero es que esto es lo intenta Houellebecq transmitir- que tanto afligen a la especie. Réplicas perfectas que sin embargo no lleven cargada en su interior un deseo que aniquilar y de sentirse mal a continuación, de desear imposibles o simplemente sentir hastío ante todo.
La grandeza de la novela es que Bruno, personaje que da mucho juego, deja a su hermano el papel de protagonista. Asi, el relato pasa de cachondo y provocador a trascendente y provocador.
Para mi gusto grandioso.
Hay una película alemana de 2005 con el mismo título, que sin llegar a ser como el libro, no está mal. Destaca la participación de la actriz alemana Franka Potente (“corre, lola, corre”, película que de paso recomiendo)

“Lanzarote” de Houellebecq.
Michel Houellebecq es la voz, -cínica para unos, aguda para otros, nihilista he llegado a oir, -del para mi punto de vista, hartazgo monumental hacía otros individuos de su, nuestra, especie.
No nos soportamos más. Preferimos trocar ese rechazo con feos ismos- racismo, sexismo, clasismo…- antes de reconocer que ya nadie soporta a nadie. Sin exclusiones.
Cada libro de Houellebecq supera al anterior. Este, Lanzarote, fue el primero que leí. Luego he visto que todo lo apenas esbozado aqui, turismo sexual, sectas, clonación humana, incapacidad de amar, sexo como utopía, hartazgo vital, sexo, imposiblidad de recibir amor- ¿he dicho ya sexo y hartazgo vital?-, todo esto, digo, se repite en sus posteriores novelas, revisado y ampliado.
En lanzarote un funcionario harto de todo marcha a esta isla a desconectar y si puede ser resetearse. Como esto aún no es posible, pues se embarca en una aventura con dos alemanas muy abiertas. Hay un momento en la playa, en medio de la arena a la vista de quién quiera ver, que lo poco que se dicen entre ellos está escrito en inglés; será para no herir suceptibilidades. En la isla, siempre pensó en la posibilidad de una isla, se esconde el sueño de una vida sin desasosiego, con pocos humanos y estos en vias de sustitución por réplicas que no sientan la necesidad de molestar en tiempos de paz, aniquilar en tiempos de crisis.
Recomendabilísmo Houellebecq. Risas, escenas picantes, agudas anotaciones de la vida humana, y un poco, bueno un mucho, de mala leche.
Un autor analógico en un mundo digital.








