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“América” Vladimir Maiakovski
A mediados de los años 20′ del pasado siglo, el poeta de la revolución rusa, activo izquierdista, Vladimir Maiakovski, recorrió norteamérica, donde impartió conferencias a comunistas y sindicalistas. Este conciso pero abrumador libro recoge las impresiones de este viaje de varios meses que lo llevó por Ciudad de México, Nueva York, Chicago o Detroit.
Ya en el viaje de ida en barco, Maiakovski pudo comprobar que hasta en los pasajes de las embarcaciones la humanidad se dividía en varias clases. Los que ocupaban el escalafón más alto eran los ricos privilegiados y los que ocupaban el más bajo, las masas de emigrantes pobres hacinados y explotados.
Maiakovski, que se suicidó pocos años después, asqueado del mundo en el que vivía ( ya parecía tener muchas posibilidades de haber sido una de las víctimas de Stalin ), escribe de una manera elegante, serena, precisa. Casi parece un antedecente de Eduardo Galeano en como recoge todo tipo de injusticias de la forma más diáfana y directa posible.
“América” puede adolecer de cierto falto de desarrollo que lo hacen superficial en algunos aspectos, pero es un pequeño clásico que ha sobrevivido al paso del tiempo ya que casi todas las vilezas que describe perduran hoy día, si bien algunas se han trasladado ( o las han trasladado ) geograficamente.
Véase, por ejemplo, cuando en su crudo retrato de la violenta Chicago de los años de la prohibición, dice: “…uno de cada cuatro niños muere en este aire viciado antes de alcanzar la edad de un año”, refiriéndose a una ciudad donde pobreza y contaminación campaban a sus anchas.
Maiakovski refleja el barroquismo de México, país del que se enamoró pese a su extrema violencia. Allí conoció al pintor Diego Rivera, comprobó que esas tierras eran dominadas por multinacionales del norte, dejó un vívido retrato de su peculiar surrealismo y abominó de las corridas de toros, a las que describe como unas matanzas destinadas a satisfacer la sed de sangre de una chusma salvaje e inculta, con comentarios como: ” lo único que lamentaba era que no fuese posible instalar ametralladoras entre los cuernos de los toros y enseñarles a disparar”. Una sociedad de corrupción, violencia, dominio obsceno de las empresas…..
El escritor fue testigo asombrado de los rascacielos de las metrópolis USA, dejó constancia de su tecnología adelantada, diseccionó su caracter donde prima el Dólar, los negocios y los beneficios sobre todas las cosas, con sus inhumanas fábricas Ford a la cabeza, y de paso nos recuerda que la festividad del Día del Trabajo, el 1 de Mayo, se debe a la huelga de unos trabajadores, hartos ya, que organizaron un primero de Mayo de 1886 en Chicago, enfrentándose a la policía, fiel perro guardián de los empresarios. Varios de ellos acabaron ahorcados, condenados por esa justicia que sólo imponía – impone – las peores penas a los de siempre.Esto lo retrata el libro a la perfección, diseccionando al país donde tuvo lugar.
Lo dicho, un gran trabajo plenamente vigente que puede dejar al lector con la descorazonadora impresión de que desde entonces hemos adelantado mucho tecnológicamente hablando, que no moralmente.
Maiakovski acabó con su vida en 1930, cuando las cosas estaban a punto de ponerse mucho peor. Su idea de volar Wall Street, – sin nadie dentro por favor -hoy más de uno la suscribiría.
Share“Camino de Los Ángeles” John Fante
Este es otro de los libros que vió la luz después de la muerte de John Fante en 1983. Algo irónico teniendo en cuenta que lo acabó en 1936, en plena juventud, y que no fue publicado por su tratamiento cínico y adelantado a su tiempo, tan adelantado que parece escrito hace pocos años, y la palabra que mejor encaja es “atemporal “.
Y al contrario que otros libros descubiertos por su viuda y publicados coincidiendo con la tardía reivindicación de su figura, esta no es una obra menor. Para nada. Forma parte de los libros que dedicó a ese personaje genial que es Arturo Bandini, tan reivindicado por la modernidad y que es el absoluto protagonista de la novela, y principal atracción de ésta, merced a su fuerte, descarada y cínica personalidad, lo que facilita que sea una novela tan breve como contundente.
Bandini es un joven desempleado, con ínfulas de gran escritor, que está en guerra con el mundo: arrogante, impertinente, genial bocazas que tapa sus miedos y debilidadades con una verborrea incansable, mordaz y lapidaria, rica en insultos y descalificaciones. Antes de reconocer un error estalla en un pademónium de ataques verbales, pues considera que está rodeado de mediocres insectos y hace la vida imposible a todo el que le rodea, sobre todo a sus beatas madre y hermana, de las que se burla sin contemplaciones. Combate su soledad y da rienda suelta a sus fantasías románticas con su colección de fotografías de mujeres desnudas. Una de sus aficiones, junto a la lectura compulsiva y embarullada de Nietzsche, Schopenhauer y otros filósofos radicales. Destesta al americano medio tanto como a los emigrantes. A unos y a otros intenta ofenderles con unas supuestas inclinaciones- simpatías lindantes con rl nazismo o con el comunismo según quien tenga delante.
El estilo del que hace gala Fante, un oscuro guionista del cine que no llegó lejos en ese cometido ( llegó a escribir el guión de una de las primeras y no muy conocidas películas de Jane Fonda, y no mucho más ), es de una frescura,una corrosividad y una brillantez casi impropias de un escritor tan joven, alguien asqueado por la realidad, que piensa que todo está vacío y que no encuentra sentido a una sociedad esclava y estúpida.
Su arma para combatir todo esto era Arturo Bandini y su humor negro es aveces autoparódico. No es extraño que sea una de las principales influencias de Bukowski, si bien su Chinaski es más introvertido, más pasivo, más silencioso y alcohólico y no maltrata a los animales como hace Bandini cuando se desahoga infantilmente.
Lo que tienen es común es que proceden y vivien en las cloacas de California, detestan todo lo que les rodea, son insobornables, no responden con empatía a las jerarquias de la sociedad, se sienten ajenos al supuesto sueño americano porque ellos viven la pesadilla americana de los parias y de los desheredados todos los días de su vida en un entorno hostil, agresivo, una jungla urbana en la que predomina la ley de la supervivencia. Si acaso Chinaski sólo quiere que le dejen en paz y el Bandini algo imberbe y agresivo de “Camino de Los Ángeles” quiere joder a todo el mundo en una venganza tan orgullosa como llena de lógico pero exacerbado resentimiento.
En todo caso, son algo así como dos hermanos bastardos y esta novela es una pequeña pero auténtica joya.
Share“Todos los hermosos caballos” Cormac McCarthy
Esta es la novela que reveló, en 1992, a Cormac McCarthy, dió inicio a la trilogía de la frontera, que continuó con “En la frontera” y “Ciudades de la llanura” y es el trabajo que ha marcado, desde entonces, su estilo, más austero y directo, en contraposición al barroquismo de las anteriores ( y extraordinarias ) “Meridiano de sangre” y “Sutree“.
Una historia de huida, amor y venganza de las de toda la vida, casi un anacronismo de la literatura contemporánea. Un vigoroso western moderno con destellos de lirismo y con el trasfondo apocalíptico y nihilista propio de su autor, y eso que en sus trabajos siempre se menciona la existencia de Dios, pero de una manera poco convencional, como si, sus personajes quisieran estar ante él para echarle en cara unas cuantas infamias o como si éste permaneciese completamente ajeno al devenir del mundo. Un Dios que es la excusa para que unos cuantos fanáticos o aprovechados dediquen su vida a una interpretación muy personal de sus enseñanzas, véase el reverendo y su mujer en las páginas finales, que es de lo más próximo que debe haber estado McCarthy de la caricatura.
Con su solidez y sequedad, rudeza habitual, McCarthy retrata el choque de culturas entre EEUU y México. El suyo es un mundo donde la naturaleza y el tiempo reinan y pasan por encima de las vidas humanas, siempre enfrascadas en sus leyes de relativa duración y valor, y en reglas y códigos de honor que tarde o temprano serán barridos y sustituidos por otros que a su vez también perecerán. Esto se observa en el desarrollo de sus personajes centrales: el excepcioanl John Grady acaba convertido en un hombre ajeno a sus amistades, a la mujer que amó y al país en el que nació.
Leer una historia de amor romántica no es lo previsible en McCarthy, pero el amor ya era al fin y al cabo la protagonista en esa historia padre/hijo que es “The road“. Llama más la atención que aqui las mujeres sí juegan un papel importante. Mujeres con personalidad fuerte y desafiantes al mundo que les rodea.
La violencia no tiene tanto peso como enotras obras suyas, pero la amenaza de su presencia impregna toda la historia y estalla en puntuales momentos.
Esta es una obra muy notable. No es la mejor de su crador, pero es más que recomendable y muy superior a la película dirigida por el actor Billy Bob Thornton en el 2000. Pese a algunos momentos afortunados, es una visión muy superficial, facilona y banal de la novela, carente de la oscuridad de ésta, con un final que traiciona su espíritu. Casi todo el film es convencional, comercial y efectista ( ¡ esos ralentís ! ). El libro es una historia clásica pero McCarthy le da esos recovecos oscuros tan propios de él. Si un lector potencial de McCarthy tiene su primer contacto con él a través de este film, es probable que no lo lea en su vida. El principal handicap es haberle dado el papel de John Grady al aún muy verde para ese papel Matt Damon, para un rol tan complejo de esas característica, y a veces parece sacado de un spot ( ojo, es un pedazo de actor, hoy día de lo mejorcito ). Claro que en el guión de Ted Tally el personaje casi parece otro. El film acaba a años luz de otra adaptación de McCarthy al cine, la de los Coen, con “No es país para viejos”.
Por cierto que en todo el libro se fuman hasta las colillas. Signos de los tiempos, el muy fumador Grady no lo hace en el film. Cada vez hay más voces intolerantes que piden que no se fume en ninguna representación artística. Para mi gusto es una despreciable postura de censura y represión que ha perdido los papeles que acabará exigiendo que se elimine el acto de fumar en toda obra existente hasta la fecha. ( que Clint Eastwood en “La muerte tenía un precio” masque chicle o que Hannibal Smith, del Equipo A, sostenga una botella de agua mientras dice aquello de “me encanta que los planes salgan bien” ). Con esto, al libro de McCarthy le arrancarían unas cuantas páginas como mínimo.
He mencionado antes el amor. Aqui el amor más grande es el que hay por los nobles y bellos animales del título
Share“Sobre el periodismo” Joseph Pulitzer. Editorial Gallo Nero
A Joseph Pulitzer, que da nombre a uno de los premios más importantes que se conceden en el mundo de las letras norteamericanas, se le puede considerar un pionero dentro de ese periodismo que conjuga esa mezcla mitad información mitad entretenimiento, en la que, desde su aporte, allá por finales del siglo XIX, principios del XX, los periódicos no han hecho sino profundizar.
Sobre el periodismo, editado por la editorial Gallo Nero, es una reflexión que realiza Pulitzer sobre qué debe ser el periodismo y qué peligros debe evitar. En plena “batalla” contra William Randolph Hearst, fue alguien que predicó, con cierta ambigüedad, pues sus publicaciones, el célebre diario neoyorkino “The world”, incluía cierto sensacionalismo, que poco a poco fue abandonando, predicó y luchó denodadamente contra la corrupción política y la injusticia social, denunciando ese amarillismo en la prensa que sólo buscaba conseguir audiencias a cualquier coste.
La presente edición cuenta, algo muy de la editorial Gallo Nero, con un fantástico prólogo introductorio que pone en antecedentes al lector sobre Pulitzer y su época, a cargo de Irene Lozano. En él se nos informa de cuáles son los principales miedos de Pulitzer, fundamentalmente dos: el comercialismo y la falta de ética. Dos peligros aún no resueltos y menos hoy día.
El periodista debe desempeñar su labor completamente independiente del poder económico. La ética debe preponderar por encina de todo. Tal vez de un modo muy idealista y romántico, consideraba en su ideario teórico – teoría y práctica en ocasiones es difícil de ser llevadas de la mano – que a más ética, más honestidad, una publicación más lectores atraería y sería menos dependiente de esos podees económicos que cortan las alas del periodismo ( y de cualquier ser humano ).
Me gustaría reseñar esta cita: “sin unos ideales éticos, un periódico podrá ser divertido y tener éxito, pero no sólo perderá la esplendida posibilidad de ser un servicio público, sino que correrá el riesgo de convertirse en un verdadero peligro para la comunidad”.
Y otra más: “una prensa mercenaria, demagógica y corrupta puede arrasar un territorio y producir un pueblo tan vil como ella”.
El prólogo nos invita a mirar alrededor para comprobar como estos peligros nos rodean: “no hay más que ver las campañas de ciertos periódicos (…) o de forma muy obvia a la programación de ciertas cadenas, para darse cuenta de cómo la obsesión por ganar audiencia, sin frenos deontológicos, degrada el periodismo y acarrea el envilecimiento de la sociedad”.
Estos fenómenos citados por Irene Lozano van desde los medios dedicados a la política, azuzando sin piedad a gobierno/oposición según desde donde azuzen, a los medios “rosas”, donde sacan trapos sucios de donde sea o incluso en la deportiva, donde es penalty no según el reglamento sino depedendiendo de los gustos deportivos de la audiencia y del propio medio, y todo ello, no porque siquiera en ocasiones crean en ello, sino porque es la manera de llegar a una audiencia deseosa de oir sólo lo que quiere escuchar.
Pulitzer en su idea de periodismo buscaba una educación al periodista, que éstos fueran formados en universidades, lo mismo que son formados abogados o médicos. Sin esa formación veía difícil formar buenos profesionales. La idea es que ese instinto periodístico fluya en todo aspirante, que no quede oculto por no haber sido formado, pero a la vez, para que ese instinto que antepuesto a la ética. Ese reportero nato que encuentra la noticia sin pensar más que en la primicia, debe valorar más aquello a lo que se considera como “lo correcto“. Esa formación debe formarlo para que tenga orgullo de su profesión, pertenencia a una clase, no basado en el dinero o jerarquias, sino en la ética, la educación y la reputación.
Para Pulitzer la profesión periodística era/es una profesión maravillosa, de la que hay que sentirse orgulloso, un oficio que tiene el privilegio de moldear las opiniones y llegar a los corazones del público, pero que tiene la obligación de apelar a la razón de éstos. Sin ella, sin una prensa libre, una democracia no puede ser considerada como tal, pero sin ética, esclava de intereses meramente económicos y/o personales, puede emponzoñar todo lo que encuentre a su paso.
En definitiva un libro que permite reflexionar sobre el periodismo, tal y como reza su título, nos deja ver qué consideraba que debía ser la formación y el proceder del periodista, su ideal político de cómo debía ser una república, y finalmente, nos permite ver cómo su importancia dentro de una sociedad, y los peligros de su mal proceder, las de esta profesion, no son hoy día muy diferentes a las de hace ya más de un siglo.
Pulitzer acaba preguntándose cuál será el estado y la política de los EEUU dentro de 70 años ( se preguntaba esto a finales del XIX ). Se preguntaba si continuaría habiendo un gobierno basado en la constitución, en la igualdad de todos los cuidadanos ante la ley o si gobernarían el dinero y la mafia. Decía que la respuesta dependerá de la educación que la gente reciba a través de sus periódicos y demás predicadores de masas.
Se preguntaba esto Pulitzer con optimismo y esperanza en un futuro mejor. Ahora yo me hago esa misma pregunta. ¿Hay motivos para tener ese optimismo respecto all futuro?
Share“Los Ángeles del infierno” Hunter S. Thompson
Periodismo “gonzo” es aquel en el que el reportero no es un observador pasivo sino que toma parte activamente en los hechos, como era el caso de Hunter S. Thompson, que casi acuñó el término, una auténtica bestia de personaje, casi siempre en el mejor de los sentidos y que se involucraba completamente en lo que vivía sin perder su sentido crítico. Basta recordarlo interpretado por Johnny Depp en la estupenda y alucinógena “Miedo y asco en Las Vegas” con una tonelada de drogas de todo tipo y alcohol en su cuerpo, para certificar, en su caso, la verdad de esta definición.
Pero Thompson podría ser, con su curiosa apariencia, un tipo de lo más excéntrico y tronado, pero también un observador de primera, un escritor con una gran perspectiva y una gran lucidez, y un periodista de los que hoy están en peligro de extinción, y este excelente libro es una gran muestra de ello, por encima incluso de la más experimental “Miedo y asco en Las Vegas”.
Uno de los grandes cronistas de los tumultuosos años 60′, Thompson, partiendo de sus artículos, realizó un robusto libro sobre los ¿ temibles ? moteros del título y lo hizo desmontando todos los mitos y leyendas falsas que les rodeaban, desmintiendo los tópicos sensacionalistas que la prensa les endosaba, describiendo sus rituales, sus rencillas, fiestas con drogas de por medio, su relación con otros movimientos contraculturales de la época, etc.. ¿ Y cómo lo hizo ? Pues conviviendo largas temporadas con tan poco recomendables personajes. Eso último tal vez sea una generalización, pero lo cierto es que casi le costó el físico. Véase como acaba bruscamente el libro.
Thompson tenía una mirada limpia, honrada a su ruda manera y retrataba todo lo bueno y todo lo malo que veía, tal como era. Sin enfatizar, sin soltar sermones o alabanzas gratuitas ni eludiendo hablar de ningún tema, por sórdido o espinoso que fuese. Lo importante era reflejar de la manera más veraz posible ese fenómeno que contenía sus dosis de violencia y que desató la paranoia y el miedo de América y sobre todo, como no, de la más profunda y conservadora.
La cita que incluye de Soren Kierkegaard y que viene a cuento sobre la prensa de la época, no tiene desperdicio, y la incluyo porque resulta de lo más pertinente y visionaria hoy día: “La prensa diaria es el principio maligno del mundo moderno, y el tiempo no hará sino poner de manifiesto este hecho con una claridad progresiva. La capacidad de degeneración del periódico es de una sutileza ilimitada, puesto que siempre puede hundirse más y más en su elección de lectores. Al final, inflamará atodas esas escorias de humanidad que ningún Estado ni gobierno puede controlar”. Unas reflexiones acertadas para la época ( mediados del siglo XIX ) en que fueron escritas, que encajaron espeluznantemente bien en los años 60 y que hoy han alcanzado su, en apariencia, máxima y cochambrosa altura.
Con el subtítulo español “Una extraña y terrible saga”, este trabajo no es un ataque ni una alabanza de los Ángeles del Infierno de entonces, tan primitivos a veces, tan satanizados injustamente en otras ocasiones, sino un penetrante documento sobre tan peculiar tribu nómada, y por añadidura, un gran retrato de esos Estados Unidos que estaban viviendo unos profundos cambios sociales.
Hace poco se estrenó un documental sobre la vida del escritor, fallecido hace pocos años, que aqui ha ido directamente al DVD. Está narrado por su amigo Johnny Depp, el mismo que ha protagonizado otra de sus escasas adaptaciones al cine, “Diario del Ron” ( The Rum diary ) de próximo estreno.
Share“Ola de crímenes” James Ellroy
Esta es una recopilación compuesta por 11 artículos y relatos que el gran Ellroy - que ahora justo ha llegado a las librerías su última obra, “A la caza de la mujer” -escribió originalmente para la revista GQ. De hecho la introducción corre a cargo del editor jefe de esta publicación, Art Cooper, que cuenta varias anécdotas jugosas sobre el obsesivo escritor. Puede que este libro no pueda compararse con sus grandes novelas, que sea una engañosa obra “menor” en una carrera fulgurante, devastadora. Que alguno de los relatos, al contrario de lo habitual, no deje una fuerte impresión y que cualquier lector que conozca su obra tenga una sensación de “deja vu” en algunos cuentos. No en vano, vuelven a aparecer algunos de sus personajes habituales, mezcla de realidad y ficción ( Danny, Getchell, Johnny Stompanato, Ida Lupino, Harvey Glathan,etc..). Pero aún así no deja de ser un trabajo por el que muchos escritores, demasiados, pagarían. Esto es puro Ellroy, al 100%: el lenguaje lapidario, el estilo apasionado, vehemente, implacable, la chocante brutalidad de la que hacen gala todos sus matones y psicópatas, los detalles inusuales ( las máscaras del atraco ), la ternura y el amor soterrados, que brillan en medio de tanta barbarie, las tramas llenas de conexiones y conspiraciones, la falta de piedadf, el intento de redención personal….Aqui la auténtica protagonista es la ciudad de Los Angeles, hilo conductor de todas las narraciones, tan brillante y cubierta de fango a la vez, la enferma incurable y seductora de siempre, de la que Ellroy se ha convertido en su gran cronista criminal y policial.
Dedicado a Curtis Hanson, director de L.A Confidential, la mejor adaptación al cine de Ellroy hasta la fecha, y a la vez la mejor película del cineasta ( malas influencias, también es muy recomendable, y es puro Los Angeles ), precisamente la novela que fue protagonizada en la gran pantalla por Guy Pierce, Kevin Spacey y Russell Crowe, es la que tiene una mayor huella en “Ola de crímenes”, con varias piezas de parecen extractos/continuaciones de la tercera obra del grandioso cuarteto angelino.
Se incluye un artículo sobre el rodaje de dicho film que, como no podía ser de otro modo, escapa de los tópicos, pero quizás los relatos que más destacan sean “El asesino de mi madre”, embrión de “Mis rinconces oscuros” y “Sexo, oropeles y codicia. La seducción de O. J. Simpson“. Una de las piezas más demoledoras, inteligentes y radicales realizadas sobre el triste caso del infame O. J. y de todo el repugnante y vergonzoso circo que se montó a su alrededor. El creador de “La colina de los suicidios” deja al presunto inocente por los suelos, con gran perspicacia y agudeza. No me gustaría tener a alguien como Mr. Ellroy de enemigo.
El gran escritor vuelve a trazar una panorámica del crimen machista de los años 50′ en su querida ciudad. Aqui se palpa la mayor ambición y diversidad de intereses que ya estaba desembocando en la trilogía “América”. La verdad es que resulta muy difícil no admirarlo.
Un libro muy notable que no se cuenta entre lo imprescindible de su creador, pero que vale la pena leer, y que puede ser ideal para el que quiera empezar, poco a poco, con este gigante zumbado y genial.
Share“Los ejércitos de la noche” Norman Mailer
La multitudinaria Marcha sobre el pentágono para protestar contra la guerra de Vietnam que tuvo lugar el 21 de Octubre de 1967, inspiró a Mailer, consciente que su trabajo debía evolucionar debidamente, este libro influido por el nuevo periodismo de la época.
La Marcha, que llegó a tener como objetivo original tomar el mismo Pentágono, se prolongó durante 32 horas y fue reprimida violentamente por las fuerzas del orden reforzadas por el propio ejército y fue objeto de la previsible, zafia manipulación, por parte de la prensa afín al poder representado por Johnson, que representaba los intereses de dicho poder y por tanto apoyaba la guerra. Acabó siendo reemplazado por Nixon.
En palabras del propio Mailer ” templo supremo de las sociedades anónimas, el pentágono era el exponente del hombre de la sociedad de masas y de su civilización; todo el edificio era anónimo, monótono, masificado, intercambiable”. El escritor siempre tuvo miedo que EEUU se convirtiera en una dictadura totalitaria, pues reunía, según él, todas las condiciones para ello ( políticos y empresarios corruptos, un ejército a su servicio, prensa manipuladora y una sociedad con una educación y una televisión alienantes ) y si bien nunca ha llegado a esos extremos – en palabras de Aldous Huxley un sistema así es simplemente ineficaz como forma de control- sí que es cierto que en muchos aspectos este libro, mezcla inusual de novela, autobiografía y crónica histórica, resulta visionario porque la falta de moral que denuncia Mailer de los que dominan su amada nación, ha ido a más desde aquel lejano día de 1967. La contrapartida, como dijo el cineasta Milos Forman, es que pese a todo, “EEUU es un país condenado a la libertad”. Eso lo dijo alguien que vió parte de su familia exterminada por los Nazis, que tuvo que salir de la antigua Checoslovaquia por culpa de los comunistas y que en los mismos Estados Unidos se vió censurado en más de una ocasión.
El propio creador de “Los desnudos y los muertos”, veterano de la II guerra mundial, no se olvide, participó en la marcha, fue detenido y encarcelado unas cuantas horas, puesto en libertad y calumniado por la prensa más reaccionaria.
Como buen “conservador de izquierda” como le gustaba autodefinirse, Mailer participó no del todo convencido. Era escéptico respecto a la naturaleza de muchos de los movimientos de protesta, de sus distintos objetivos, de su desunión, de la ceguera hippie de algunos de ellos, pero era mayor ( y se hizo más tras la Marcha ) su indignación por una cruel y estúpida guerra que no llevaba al país a ningún sitio.
Dividida en dos partes, una cercana a la novela, otra un rápido relato histórico, Mailer se pone en la primera como absoluto protagonista. Un hombre como él, con una fuerza, carisma e inteligencia tan descomunales como su ego, convierte los preámbulos de la acción en un ejercicio descarnado pero narcisista de autopsicoanálisis. La Marcha es una excusa. Mailer es el tema favorito de sí mismo. Bien o mal, poco importa. EL formato del nuevo periodismo que hace al escritor protagonista de la trama se ajusta a su infinita egolatría, pero con todo esto, “Los ejércitos de la noche” es sobre todo un trabajo espléndido. Lejos de ser redondo pero donde donde se hallan toneladas de verdad y talento. Con un inusitado rigor que no tenían algunos de sus detractores y con una mirada que explora hasta los últimos recovecos, Mailer radiografía tanto los acontecimientos de la famosa Marcha, como a los variados participantes que iban de grupos de izquierdas radicales a cuáqueros pasando por los típicos hippies pro marihuana de la época, y hasta sacerdotes que, por desgracia, no tienen nada que ver con los que dominan hoy día la iglesia-negocio.
De su profundo análisis se llevan la peor parte los que estaban a favor de la masacre, desde políticos a soldados alienados. Mailer reparte alabanzas y críticas, pero deja bien clara y bien fundamentada su postura. Era un hombre que no se casaba con nadie ( metafóricamente hablando, claro, pues en 1967 ya iba por su cuarto matrimonio ), alguien demasiado independiente com para seguir a ciegas movimiento alguno, pero su repugnancia por una guerra que costó la vida, inútilmente a más de 58.000 norteamericanos y a más de un millón de vietnamitas ( su país quedó devastado y aún hoy día ciertas zonas son peligrosas por la cantidad de bombas y minas sin estallar, más el efecto del nauseabundo agente naranja ) le obligó en conciencia a tomar partido.
Este trabajo, entre otros premios, ganó un Pulitzer. Que un libro gane o no premios no dice nada de su calidad o de su falta de ella, pero, tal vez por una vez, acertaron al dárselo a “Los ejércitos de la noche”, una obra que retrata muy bien las distintas psicologías típicamente norteamericanas.
Share“Los vagabundos del dharma” Jack Kerouac
Esta hermosa novela, escrita poco después de la memorable “En el camino“, guarda bastante relación con ésta aunque sin llegar a la altura de tan mítico, emblemático trabajo, con diferencia el más conocido y prestigioso del prematuramente fallecido escritor.
Con un fuerte componente autobiográfico, volvemos a encontrar a Kerouac tras un alter ego ( si era Sal Paradise allí, aqui es Ray Smith ) recorriendo Estados Unidos de punta a punta, pasando la frontera con México, en un estilo de vida individualista y nómada con incursiones en el hedonismo. Alguien que niega ser otro esclavo robotizado de la sociedad, aunque aqui su rebeldía está suavizada por un budismo militante cuya bondad y extrema ingenuidad rozan lo irreal.
Y como “En el camino”, el pilar básico de la novela que nos ocupa es la amistad con otro de los exponentes de la generación “beat“. Si allí era Neal Cassidy quien se escondía tras Dean Moriarty, aqui es el poeta también budista Gary Snyder quien aparece bajo el nombre de Japhy ryder. Uno de esos personajes de fuerte personalidad que resultan ser más grandes que la vida y que por sí solos ya justifican la lectura de un libro.
“Los vagabundos del dharma” habla mucho de budismo y para el no iniciado en la materia puede resultar confuso y hasta cargante por momentos. Es un bello y sentido libro que, no obstante, adolece de cierta irregularidad y cuya ingenuidad es hasta sonrojante. Que Ray Smith por sentirse bien sienta que el mundo es maravilloso y que todo funciona, es pueril y, si me apuran, obsceno, y más si se tiene en cuenta que su país acababa de salir de la Segunda Guerra Mundial y de la Guerra de Corea, que el McCarthismo aún coleteaba. que la Guerra fría hacía estragos y en algunos paises pasaba a ser caliente y que la pesadilla de Vietnam, tras la retirada de Francia empezaba ( o volvía ) a activarse, y desde luego, por aqui, no estábamos tan bien. ( puede que todo lo escrito en la novela sea un intento de escapar precisamente de todo eso )
Es esa escasa conciencia o conexión con la realidad, ese optimismo respecto al futuro, que luego, por desgracia, no se cumplió, el principal handicap de este libro. Sobredosis de buenrollismo, en pocas palabras.
En sus mejores momentos, la bondad y la compasión, el irrefrenable amor por la vida de Kerouac logra convencer y hasta despertar cierta envidia. Porque Kerouac era una fiera, budista o no, 100% conectado al hecho de vivir y su budismo es “sui generis“, un budismo regado de alcohol, nudismo y fiestas locas que casi devienen en orgías. Un budismo que deja vivir sin estar adoctrinado desde ningún púlpito.
Estas reuniones-fiestas son un claro antecedente de las comunas hippies que luego harían furor en los 60′. En Kerouac todo es más auténtico, más sincero. Su amor por la naturaleza, la otra gran protagonista del libro, llega a su clímax con ese memorable final donde, durante meses, vive sólo en lo alto de una montaña, cerca de la frontera con Canadá, trabajando como vigilante de incendios sin n ingún otro ser humano a muchos kilómetros a la redonda. Sus aventuras son una experiencia que va mucho más allá de las típicas excursiones domingueras de turno y tienen una íntima conexión con sus creencias budistas.
Con sus virtudes y defectos, “Los vagabundos…” es una más que apreciable novela, un trabajo adelantado a su tiempo cuya precursora modernidad le ha servido para convertirse en un clásico.
Kerouac se adelantó a muchas fiebres, tendencias, modas, o como se les quiera llamar, de occidente como sonla irupción de la cultura oriental en su país, las mencionadas fiestas comunitarias,etc…No fue el primero en algunos casos ni el único pero la importancia histórica de su obra es fundamental.
Sin él, los años 60′, la década que -aparentemente – lo cambió todo, hubiese sido muy distinta y lo mismo puede decirse del mundo que conocemos. Y esto sólo lo consiguieron los escritores verdaderamente importantes, verdaderamente grandes. Kerouac cambió la vida de mucha gente y eso es algo que no se puede afirmar de casi ninguno de sus detractores, mucho de los cuales no sólo rechazan sino que odian, detestan, sus ideales de paz y libertad.
Share“Perdita Durango” de Barry Gifford
Esta novela es conocida ante todo por la adaptación al cine que realizó Álex de la Iglesia cuando se encontraba en sus mejores momentos, uno de los productos más inusuales del cine español – era una coproducción con USA- y recordada ante todo por la memorable interpretación de Javier Bardem en la piel de Romeo Dolorosa.
Perdita Durango es uno de esos peculiares personajes que aparecen en otras novelas de Barry Gifford, un escritor de estilo sencillo, tan directo que a veces resulta simple, minimalista, que relata historias de la América profunda – habitualmente cerca de la frontera con México -, llenos de personajes extraños al margen de la ley, llenos de crueldad, toques freak, sentido del humor negro, un tono esporádico de serie negra con toques Pulp, con el azar como invitado haciendo de las suyas, con una buena dosis de ironía y fatalismo.
Esta es una novela corta que no llega a las 200 páginas y que se lee tan rápido que parece tener menos de 100 pues sus capítulos son realmente breves. Es más simple y depuarada de lo habitual en el personal escritor y no se puede comparar con otras novelas suyas como “Gente nocturna”, que es mágnífica, o “Baby Cat-face”, o con su labor como guionista en carretera perdida, de David Lynch, uno de los clásicos de los 90 -aunque muchos no se enteran-. Lynch ya llevó al cine “Corazón salvaje”, la primera adaptación de una novela de Gifford, y está claro que el escritor le debe buena parte de su popularidad a la alianza que hizo con el marciano cineasta.
Gifford es autor también de libros de poesía, algo que puede sorprender a un lector que se adentre por primera vez en su mundo con “Perdita Durango”, una novela con gran capacidad para irritar, pero que es muy recomendable. Una buena muestra de las virtudes de Gifford: la naturalidad con la que narra historias alucinógenas de extrema violencia – aqui el cocktail incluye santería, sacrificios de niños, reflexiones sobre los asesinos en masa, un claro amor a la serie B en USA, de Russ Meyer, clara influencia, al “Shocker” de Wes Craven, etc-. Su contundencia, su talento para crear diálogos tan memorables como los personajes que los encarnan, su capacidad para sorprender, su falta de límites y prejuicios. Como en el film, lo que más llama la atención es el carismático personaje de Romeo Dolorosa, que le hace sombra a la propia Perdita Durango.
Sátira clara a los USA más bienpensantes y puritanos, “Perdita Durango” es una novela apreciable cuyo tono fuerte, salvaje – con diálogos tipo “los dos únicos placeres que le quedan al hombre en este mundo son follar y matar”- no es apto para personas que gusten de este tipo de historias, las mismas que no apreciaran o no sabrán apreciar la historia de amor que contiene, no muy desarrollada, es cierto, en la que sí profundizó más Álex de la Iglesia, convirtiendo su película en una extraño, cruel y visceral cuento romántico, también algo irregular, pero lleno de grandes momentos.
“EL DIABLO NEGRO”

Reseña de “Roscoe, negocios de amor y guerra” William Kennedy
Reseña originalmente aparecida en:
http://erratadevideoteca.wordpress.com/2010/10/19/resena-critica-roscoe-negocios-de-amor-y-guerra/
Emprendemos de nuevo nuestra inmersión en las novedades editoriales. Me acerco por la mañana temprano a la videoteca y pico, como normalmente hago, con los nudillos en la puerta de madera (tres golpes). Se abre la puerta, sale un libro disparado y se cierra.
Las erratas no tienen el día. Pero me extraña, por lo que acerco mi oído a la puerta y escucho de qué hablan. Veo que la errata cuerda dice palabras como “entronizar”, “ilustrativo”, “magnificencia” y “estornino”. Arqueó mis cejas. En realidad quiero entrar y saber lo que sucede, pero sé que se lo podrían tomar muy mal.
Así que me giro, recojo el libro del suelo y miro la portada. Se trata de “Roscoe. Negocios de amor y guerra”. Su autor, William Kennedy. De nuevo, Libros del Asteroide se hace con uno de esos autores completamente desconocidos en nuestro país y nos pregunta otra vez: ¿Cómo nos hemos podido permitir no conocer a este autor?
Y es que Libros del Asteroide se ha ganado la confianza del público con una selección más que cuidada de títulos. Ahora nos llega este “Roscoe”, novela que se inicia como una rareza curiosa y compleja y se termina con la boca abierta por lo que el autor ha llegado a conseguir.
A lo largo de las 342 páginas que nos ocupa este volumen, Kennedy nos presentará a Roscoe, un personaje singular, uno de los dirigentes del Partido Demócrata de Albany, capital del estado de Nueva York. Se nos sitúa en esta ciudad el día del final de la Segunda Guerra Mundial, cercano a las elecciones que pueden hacer que su partido se convierta en el líder.
Roscoe es insparable de sus dos compañeros, con los cuales comparte la gerencia del partido, Patsy y Elisha. Esa misma noche, Elisha morirá en circunstancias un tanto extrañas ( por lo imprevisto de la situación ), que poco más tarde se revelarán como suicidio. Es en este momento cuando un postmortem Elisha lanzará su posterior mensaje a Roscoe, que acaba de decidir dejar el partido tras 25 años en el puesto que ocupa: los enemigos se acercan y sabrás quiénes son.
Con este inicio, Kennedy pasará a recorrer los entresijos de la política americana; nos hará pasear por los tiempos pasados de Roscoe y el partido para ver así el periodo de entreguerras, introduciéndonos en el mundo del crack del 29, de la ley seca, de las mafias; nos mostrará el mundo de la corrupción, de las peleas de gallos, de las prostitutas, del contrabando de alcohol y otras substancias y en general, de las armas del poder.
Cuando uno decide empezar a leer “Roscoe. Negocios de amor y de guerra”, se encuentra introducido en un frenético torbellino de personajes, de situaciones encadenadas unas tras otras sin pausa, de los recuerdos que Roscoe rememora y detienen la acción presente para seguir con la pasada, de temáticas diferenciadas pero unidas al mismo hilo. Y es lo que provoca una primera sensación de absoluto vértigo.
Sin embargo, ese sentimiento primerizo caótico irá descubriendo poco a poco una perfecta estructura de tono desenfadado pero a la vez, casi clásico: es lo que hace de la obra algo singular.
Con semejante y veloz trama, lo primero que uno piensa es la imposibilidad de abarcar un entramado tan complejo en una misma historia sin conseguir en el lector la absoluta confusión o el posible tedio surgida de una incómoda necesidad de adaptación al estilo y al ritmo. Sin embargo, todo esfuerzo se verá recompensado en el momento que uno adquiere dicho ritmo y es tal vez este momento una de las grandes satisfacciones de su lectura. Pues es a partir de ahí que encontraremos y podremos valorar en Roscoe los miles de detalles precisos y minúsculos que se detallan en cada una de sus páginas, los diálogos sorprendentemente frescos y realistas consecuencia de uno de sus mayores logros: la construcción al mínimo detalle y a la perfección de unos personajes genuinos y perfectamente construidos.
Y es que Kennedy consigue con la paciencia del lector, que éste vaya encontrándose en un in crescendo de disfrute. Y no esperemos encontrarnos con un gran clímax final. El clímax es de presencia continua una vez adquirida dicha capacidad de adaptación y logra una introducción a un mundo tan real que incluso el autor debe introducir un postfacio alegando que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Kennedy es, por lo tanto, ese personaje único que frota la lámpara en las “Mil y una noches” y saca al genio enfadado que le concede un turbio deseo: el genio de Roscoe, antihéroe embustero que se gana con palabrería -como hace con el lector- a cualquier hombre y que nos concede, sea con gana o a desgana, la visión en primera persona de las triquiñuelas de la política.
En realidad, la obra está cargada de esos antihéroes a los que tanto nos gusta aferrarnos. Y en esta situación rodeada de ganadores ambiciosos y perdedores igualmente ambiciosos, podemos ver en Roscoe al menos malo de los malos: es el mediador de cualquier disputa, el dictador de la útlima palabra, el apaciguador y negociador. Y por eso se nos muestra como el perfecto personaje al que acompañar en las peripecias pasadas y presentes del partido y de todos sus componentes. Así, la narración utiliza a un narrador externo que se sitúa en el hombro de Roscoe, dejando entrar en el texto algún que otro pensamiento del personaje para acercarlo más al autor – o para liar todavía más la narración-.
A partir de estos parámetros, Kennedy habla en su libro de la fragilidad de la verdad en el mundo de la política, como Roscoe dice: todo hombre que busca poder por medio de la verdad o bien es un necio o bien un perdedor. Pero esta verdad principal en la obra se extrapola al lector medio para descubrirnos que en realidad no vivimos más que una enorme farsa, repleta de verdades falsas. Un teatro de marionetas descontrolado y vertiginoso. Pero, en realidad, ¿no es la creación literaria la farsa más grande y real que existe? A esto juega cualquier autor, a las verdades de las mentiras. Y Kennedy se revela como un perfecto embustero.
Roscoe no sabe distinguir su vida real con su vida profesional. La política está presente en cada una de sus acciones, como lo fue con su padre, el cual decidió vivir entre semana en un hotel de la ciudad y pasar los fines de semana con su família.
Por lo tanto, Kennedy trata la política como motor de la acción, pero también como ilustrador de todos y cada uno de los detalles de la vida en la actualidad. Así pues, cualquiera en busca de poder, sea político, sea estudiante, lo alcanzará de forma más rápida a través del engaño. O del autoengaño.
Roscoe ha vivido una vida de autoengaño, casándose con la hermana de la mujer a la que realmente ama (casada, a su vez, con Elisha, el suicida). De esta forma, se humaniza a Roscoe y lo convierte en una especie de Charles Foster Kane: entregado a sus miles de responsabilidades e incapaz de hacer frente a su vida personal. Pero a diferencia de la obra maestra de Welles, Kennedy se inclina por la desmesura (controlada, eso sí) y decide presentarnos a tres posibles Kane(s).
Cada uno de ellos tiene que lidiar sus cargas profesionales con sus vidas personales, por lo que o bien deciden entregarse a una de ellas por completo e ignorar la otra o integran en una misma vida ambas opciones creando la incapacidad de conseguir la plenitud.
Así es como Kennedy nos presenta una sociedad actual que ha perdido cualquier valor: la verdad y el honor no es algo que se persiga, es un medio con el que jugar y hacer trampas para conseguir lo querido.
La ambición está presente en cada una de las mentalidades y, por ello, la incapacidad de acercarnos a una realidad plana y simple. Los personajes de Kennedy se hacen eco de la política para representar los grandes males de la sociedad, pero sin ningún tipo de moralina, por supuesto: con desenfado, rapidez y un encanto algo maligno.
Y es que en definitiva, la capacidad y el aplomo de Kennedy presente en su escritura, nos recuerda a un Robertson Davies corrupto y desfasado, más cercano a nuestras épocas de ritmos acelerados. De momento, por supuesto, nadie ha llegado a adquirir el talante magestuoso, íntegro y de sabiduría total del (nuestro -de las erratas y mío- adorado y venerado) Robertson Davies. Pero eso sí, nos alegra, en definitiva, poder decir que ha sido una de las sorpresas de la temporada.
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