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“Levadura de malicia” Robertson Davies
La primera vez que visité Salterton, de la mano de Robertson Davies, este imaginario pueblo canadiense se encontraba envuelto en un desenfrenado estreno teatral, concretamente La tempestad de Shakespeare; una intrépida aventura disfrutar de su desarrollo acompañada por su no menos interesante elenco de protagonistas…ahora regreso a este interesante pueblo imaginiario, pero por motivos diferentes: algo trae de cabeza a los habitantes del pueblo, si en A merced de la tempestad era una obra de teatro, aquí será el anuncio en la prensa del falso enlace matrimonial entre los hijos de dos familias de la alta sociedad “saltertiniana”.
Con este titular da comienzo el enredo en Levadura de malicia, la nueva entrega que la editorial Libros del Asteroide nos trae de la maravillosa obra de Robertson Davies.
Lo curioso es que tras ese gran anuncio y el consiguiente enredo que provoca, la cadena de reacciones ante tal noticia será tan esperada como extraña, ya que los menos afectados serán los supuestos prometidos implicados, que casi permanecen ajenos a la broma. El revuelo se armará entre personajes ajenos a la historia, y por supuesto el padre de uno de los jovenes implicados en el falso matrimonio, el señor Vambrance, que no dejará que esto quede así….como podrán comprobar, en Salterton, no va a quedar nadie a salvo de este enredo.
Pero un buen enredo, requiere una buena intriga y eso sucede en esta novela, la segunda de la trilogía de Salterton, la que supuso su debut en el campo de la novela. Hasta el final no sabremos quien ha organizado tal embrollo, pero eso es lo de menos si tenemos en cuenta que por el camino nos cruzaremos múltiples historias y personajes (ya conocidos, si tuvimos ocasión de adentrarnos en la primera parte de la trilogía), situaciones irreverentes y muy divertidas, no faltas de ese factor común que suele instalarse en las localidades pequeñas: ese asfixiante cotilleo y la constante observación de la vida del vecino. Pues bien, estos pueden ser algunos de los ingredientes de esta maravillosa novela, a los cuales se unen otros como el reflejo de aspectos como el religioso, o el mundo periodístico o esas fantásticas escenas que reflejan la vida del pueblo a través de las reuniones femeninas como las que se organizan los jueves en la casa de la señora en las cuales sus contertulias saben cómo entran o con qué idea, pero no si al salir sus ideas seguirán siendo la mismas; entre otras situaciones disparatadas no debemos olvidar la figura del organista Cobbler, mi favorito, cuando es descubierto, en un estado de ebriedad avanzado dirigiendo un grupo de universitarios no menos borrachos en la catedral el día de Halloween….y la lista nunca acabaría, porque Levadura de malicia es un donde el humor, la ironía, la sutilidad aparecen por doquier y llenan las páginas del libro hasta que llegamos al final.

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ShareReseña:”A merced de la tempestad” Robertson Davies. Libros del Asteroide
Qué suerte tenemos de conocer la obra del canadiense Robertson Davies gracias a la editorial Libros del Asteroide. Conocí a este autor con la primera parte de otra trilogía, la Trilogía de Deptford, “El quinto en discordia”, y simplemente quedé maravillado. Me impresionó no sólo lo bien escrito que estaba, sino también su elegancia, su erudición sin caer en la pedantería sin ser tampoco plomizo, su humor sutil, lo bien que metía el dedo en la llaga en contradiciones que nuestra civilización ni se plantea y metía “pullitas” a más de uno/a con mucha gracia. Aunque sin duda lo mejor son los personajes, lo bien perfilados que están, a los que acabas conociendo por completo, con unos simpatizando, con otros no tanto.
“A merced de la tempestad“, como bien reza la contraportada, es “Fruto de su ( del autor ) larga experiencia teatral, la primera novela que escribió Robertson Davies es un divertido homenaje a las grandezas y miserias de los escenarios y a la vida que revolotea en torno a ellos“.
La novela, escrita en 1951, la primera de Robertson Davies, es completamente deliciosa. Transcurre en la localidad canadiense, ficticia, de Salterton. Es la primera parte de una trilogía que esperemos Libros del Asteroide publique pronto en castellano. Yo las espero con impaciencia. En inglés se titulan “Leaven of malice” y “A mixture of frailities”.
La Trama:
La compañía amateur de teatro, El teatro Joven de Salterton, se dispone a representar “La tempestad” de Shakespeare, una de las comedias shakespearianas, aunque esto no tenga que significar que sea necesariamente humorística. La representación será al aire libre, siendo el emplazamiento elegido el jardín del señor Webster, viudo acaudalado padre de dos hijas que no siente especial parecio por el teatro pero que siente que se debe a su comunidad. Así veremos viendo la selección de personajes para la obra, y como los actores que los encarnan se van endiosando algunos hasta la insoportabilidad. Veremos la cara y la cruz del teatro, con sus risas y lágrimas. Conoceremos a personalidades eminentes de Salterton, y a ciudad misma, que como pronto nos daremos cuenta, no es Nueva York.
Los Personajes:
La dirección corre a cargo de Valentine Rich, mujer de talento que está de paso por Salterton, la primera que debe darse cuenta que Salterton no es Nueva York; Nellie Forrester, mujer de lágrima fácil que practica muy bien el judo moral; Solly Bridgetower, estudiante en Cambridge, cuya madre también practica muy bien el judo moral, obsesionada con el peligro amarillo ( Japón ) temor sustituido tras la segunda guerra mundial por el peligro rojo. Solly está enamorado de Griselda Webster; Hector Mackilwraith, gris profesor de matemáticas, que todo lo hace con “planificación y sentido común“ metido a actor, enamorado también de Griselda Webster,pese a doblarle la edad; Roger Tasset, auténtico Don Juan, sinvergüenza y guapo, diríase más bien obsesionado con Griselda Webster; Pearl Vambrace, hermosa pero acomplejada, enamorada de Tasset e hija del profesor Vambrace, todo un personaje; Griselda Webster, la deseada. No nos olvidemos de Humphrey Cobbler, músico genial, pobre, alegre, que odia a los críticos, cuyo lema es “pásale el muerto a otro”. Sin entrar en más personajes, mis dos personajes favoritos: Tom, el jardinero y Freddy Webster, niña de catorce años, hermana de Griselda, con más inteligencia que nadie, aficionada a destilar alcohol, que si no se mete a monja, eso dice ella, se casará con Solly.
Los personajes están brutalmente perfilados, observas sus miserias y grandezas. Entiendes sus procederes, sus miedos, obsesiones, esperanzas. Te ayuda a comprednerlos, en sus meteduras de pata, que son bastantes, y no juzgarlos a la ligera. Impresionante. Como lector, es tan ameno e interesante saber de ellos, que igual da que te cuente Robertson los amores de éstos, que sus aficiones más a priori intrascendentes.
El Nudo:
El devenir de la novela, nos muestra los ensayos, los super egos que fluyen en medio de la tempestad, nunca mejor dicho, los amoríos entre ellos, sus peleas, la fuerte personalidad de la directora Valentine Rich que debe manejar la nave para que no se hunda, mientras se da cuenta que no, que efectivamente, Salterton no es Nueva York. Mientras se pegan, se quieren, se destestan, y mi amigo el jardinero Tom sufre por el césped del jardin, vamos viendo como la obra va tomando cuerpo, mientras el nudo se enreda y se enreda. Os aseguro que pura delicia.
El Desenlace:
Si os pensábais que os iba a contar el final estáis muy equivocados. Si diré que la novela es fantástica, dan ganas por supuesto de leer “La tempestad” de Shakespeare, que el humor está siempre ahí ( buenísima la escena donde otro de los personajes, el gracioso, eso cree él, Shortreed, se subió a lomos del caballo de los Webster y sin querer, lo desbocó y lo mató, pobre Old Bill ). Aprendemos de la idiosincrasia de esta localidad canadiense, símbolo de un país, donde Robertson hace referencias a todas las confesiones religiosas, para las que lanza “pullitas” para todas; se acuerda de la democracia a menudo ( pág 43: ” Sé que suena antidemocrático, pero en estos teatros amateurs, además de la democracia, hay que poner el sentido común, ¿verdad?” ), como si no se fiara de la adhesión ai ideario demócrata de sus personajes; se mete con la educación privada, y si nos atenemos al personaje de Hector Mackilwraith, también de la pública, y vemos su no excesivo amor por los adolescentes ( pág 66: ” En general los adolescentes tienen algo de fascistas:admiran a los adultos de de caracter fuerte que no dejan pasar una; aprueban que se pisotee al débil…“)
En fín, una novela de la que he disfrutado enormente y que recomiendo lo mismo que al autor. Si no sabéis que leer, y ya os cansa la llamada literatura de consumo rápido, tanto en su consumo como en su olvido, leer a Davies, y ya me contáis.
Parafrasendo a Shakespeare, en “La tempestad”, “Estamos hechos de la misma materia que los sueños”
Share“El quinto en discordia” Robertson Davies
“Dios es sutil, pero no cruel” (Albert Einstein)
Hace mucho tiempo que tengo dentro la dicha de la lectura. No me recuerdo sin tener alguna lectura entre manos. Sin embargo, leer “El quinto en discordia”, del canadiense Robertson Davies, me ha hecho sentir una especie de re-despertar lector, – he sentido lo mismo que cuando leí “El nombre de la rosa”, o como cuando conocí a Thomas Bernhard, Heinrich Böll y Joseph Roth -como si lo que hubiera leído recientemente no fuera sino algo menor, y por dios, que no lo era, sino en comparación con esta novela, grandiosa e inconmensurable. Creo que dejo claro que me ha maravillado y que nadie debería de perder la ocasión de disfrutar con ella.
Es la historia de un personaje sin igual, Dunstable ( Dunstan ) Ramsay. En toda historia que se precie, hay un villano y un heroe, con sus correspondientes “villanas” y heroinas que siempre deben ir de la mano. Pero en medio debe haber alguien, aislado y sólo, inteligente, sensato,un justo contrapunto a los “malos y buenos” de cada drama, imprescindible para el devenir de lo ralatado. Esta figura es conocida como la del “Quinto en discordia“. Este es Dunstan. Su historia, y la de la población que lo vio nacer, Deptford, en Canadá ( no en vano esta es la primera parte de la Trilogía de Deptford ) así como la de el siglo XX, con todos sus vaivenes. Ramsay, de familia ni humilde ni poderosa, ( su padre editaba un periódico local ) presbiteriana, en una localidad donde convivían con baptistas e incluso católicos. Y justo citando al pastor baptista, Amasa Dempster, llegamos al quid de la historia. No por él, sino por su esposa Mary.
Otro personaje antológico es Percy Boyd ( Boy ) Staunton. Boy, se cambió el nombre, parece sacado de los relatos de Scott Fitzgerald, hombre que encarna su era, su década, los años del Jazz. Ambicioso, talentoso, olvidadizo con su pasado, realmente fiel con ciertas cosas, un sinvergüenza con otras. Pasen y descúbranlo.
Sólo digo una cosa: de pequeños Percy y Dunstable jugaban lanzándose bolas de nieve. Una bola lanzada por el primero, dio de lleno a la joven y frágil esposa del pastor baptista, sin que ella reparara en el autor de tal fechoría, chiquillada, bolazo dirigido a nuestro gran (anti ) héroe. Este es un hecho, aparentemente anecdótico, es realmente decisivo.
A partir de este lance, se forma la historia aquí contada, de la mano de Dunstan, que también se cambió el nombre. Contada al director de la institución educativa en la que prestó servicios toda su vida antes de jubilarse. La I guerra mundial, la epidemia de peste que asoló Deptford, los locos años 20, el crack del 29…Todo eso conocemos en profundidad gracias a Robertson Davies y a quien quizás sea su alter ego, el entrañable Dunstan, quien volvió herido de la guerra, herido y condecorado con la Cruz Victoria – la gente necesita siempre héroes -. Se hizo profesor y un apasionado de los santos, curioso para un protestante. Acomodado en el plano económico gracias a los soplos de inversiones que recibía de Boy, y sin cargas familiares, permanece soltero – otra gran historia por lo que merece la pena leer el libro -, gusta de viajar por Europa buscando estos santos. Conocemos aquí santos, reliquias, sitios pacíficos donde no mucho tiempo atrás hubo, guerra. Nos habla del dinero, la real y única ideología que parecemos profesar. Nos habla de los “talentosos” a la hora de hacer dinero, seres que no le dan importancia a ese “talento”, tal vez innato. Simplemente atraen el dinero. Seres no tan talentosos en todo lo demás, pero siéndolo en eso, ¿ a quién le importa cualquier otra cosa?, encantadores de serpientes o herederos de encantadores de serpientes que hacen del mundo una mediocre selva con el único objetivo de conseguir dinero ( y eso da poder ). Pero eso no es todo amigos: conoceremos un Circo, a un gran mago relacionado con Deptford, y a los bolandistas, jesuitas, dedicados a la recopilación de cualquier dato relacionado con los santos. Y Dunstan es un experto en esto.
El relato es de una erudición increible, pero contado con sencillez, accesible. Lo que más me ha gustado son las páginas donde nuestro heroe, toma contacto con los citados bolandistas, y con un jusuita en particular, el español Ignacio Blazón, hombre peculiar, sin pelos en la lengua, como un torrente, de aspecto poco corriente, personaje no excesivamente bien mirado por la Orden pero respetado al mismo tiempo. Éste, entabla una conversación de lo más fascinante con Dunstan. A veces creemos que Dios es cruel, pero parece que no, que simplemente es sutil, demasiado para nuestros oídos, que nos susurra cosas, nos da pistas para solucionar nuestras encrucijadas personales, que no somos capaces de entender. ¿Cristo? Blazón se pregunta que si vuelve a la tierra – pese a que cree que posiblemente nunca se haya ido- quien nos asegura que no haga lo que la otra vez, que un día tire a los mercaderes del templo y al día siguiente se codee con ellos. ¿Dios? Hay que buscar un dios que nos ayude a hacernos mayores. La gente contruye a un Dios a su imagen y semejanza, y luego lo abandonan cuando éste no está a la altura. ¿Cómo podría estarlo?
Son unas páginas fascinantes, como el libro, como el final, como todo. En ese circo que nos devuelve a todos al lugar de donde nunca quisimos irnos. Todos tenemos nuestro Deptford particular.
Quisiera pedir un favor a los lectores de esta reseña. La segunda parte de esta trilogía me da miedo leerla. En esta el protagonista es David, el hijo de Boy. No diré nada para no desvelar nada sobre su padre, con el que acaba la primera entrega. La contraportada de la editorial Asteroide es de lo más sugerente y dan ganas de acometer la lectura, pero, tengo miedo de acabar con la magia de lo leído. Tanto me ha gustado que tengo miedo que al leer la segunda me decepcione y me haga perder este gran sabor de boca que ahora tengo. El favor que os pido es que si alguien leyó las sucesivas partes, que me ( nos ) informe sobre si sabe seguir la misma linea. Yo creo que sí, tengo esa corazonada, tiene toda la pinta.
Nada me gustaría más
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