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“El Eternauta” Autor: Héctor G. Oesterheld. Dibujante: Francisco Solano Lopez
“El Eternauta”(semanal 1957 -1959) Autor: Héctor G. Oesterheld
Dibujante: Francisco Solano López.
Seguramente se han leído muchas historias de súper héroes; Superman, Batman, los más conocidos y muchos otros que llenarían páginas.
A través de ellos hemos conocido otros mundos, supimos de la valentía y el honor, los villanos eran muy malos y desalmados, aunque alguna vez nos hubiera gustado que ganaran.
Nosotros también tuvimos nuestros súper hombres o mujeres, Mafalda es sin lugar a dudas nuestra embajadora más conocida, no tenia poderes, no levantaba locomotoras, bastaba sus palabras cargadas de verdades que nos dejaban mudos.
En la década del 50 apareció como entrega semanal “El Eternauta”, relato de ciencia ficción que nos lleno de angustia. Juan Salvo, su protagonista aparece en el futuro de su propio yo para contar una rara historia…

Una nevada que cae en Buenos Aires, que mas tarde se sabe fue mortal, así comienza la invasión de los “Manos” que con su ejército de Gurbos y Cascarudos asolan la ciudad, creando un estado de anarquía entre los pocos sobrevivientes. Maquinas de rayos y extraños hombres completan el escenario en el que se desarrolla la trama de esta historieta.
Juan Salvo junto a su esposa, hija y un puñado de amigos intentan alcanzar el lugar donde se refugian los que aún no han sido descubiertos por la nevada.
Aquí la mano del dibujante es fundamental, para darnos aquello que nuestro cerebro no quiere o no puede imaginar. Muchas de las batallas son en lugares históricos de la ciudad capital de la Argentina, ejemplo: la batalla en la cancha de River Plate donde se ha establecido el puesto de mando de los que resisten a los invasores.
Hoy sigue siendo una comic de culto, son muy pocos los ejemplares originales que aún perduran, y seguramente están en manos de coleccionistas o personas simples que solo los atesoran como recuerdo del héroe que todos quisimos ser alguna vez.
Lilix
ShareCómic. “Juez Dredd. El día del juicio” Guión: Garth Ennis. Dibujo: Peter Doherty, Carlos Ezquerra, Dean Ormston, Chris Hall y Anthony Williams
Sin haber sido, por desgracia, un lector habitual del juez Dredd, siempre me ha parecido un gran personaje. Representa la cima, surrealista, del arquetípico policía justiciero de raices facistoides y a la vez su perfecta parodia. Un cómic de ciencia ficción lleno de mala leche, sentido crítico y mucha y necesaria incorección política. Siempre he pensado que los británicos eran los reyes del humor negro y gamberro, y esta invención suya, inevitablemente adoptada por los yankies, es otra constatación de esta opinión.
“Comedia de acción salvaje” mucho antes que nuestro Álex de la Iglesia acuñara el término.
Esta continuación de “Juez Dredd. Necrópolis” se puede disfrutar sin haber leído habitualmente a este carismático personaje hasta homenajeado por “Anthrax”.
El guión es de, nada menos, el salvaje Garth Ennis, el loco creador de “Predicador” y entre los diversos y brillantes dibujantes, se puede encontrar a Carlos Ezquerra, el creador original, junto a John Wagner, del cómic.
Probablemente no es de los mejor del juez Dredd y se ha alejado algo de las raices originales. Los diálogos, salvo excepciones, no tienen el ingenio lapidario de otras veces y el guión, con su potente premisa inicial y unas cuantas buenas ideas, es endeble, con detalles sobrenaturales absurdos. Da la sensación de que esto ha sido un encargo para Ennis y como tantos trabajo de esta índole se ha limitado a cumplirlo con profesionalidad y corrección, dándole un buen ritmo a esta historia de zombies futurista ultramacarra. ¿Que aquí nos cargamos a 30 millones de personas? ¡Adelante!. Al juez Dredd no le temblará el pulso. ¿Sesenta millones de Zombies? Al personaje y a su aparente némesis, Johnny Alpha, eso les importa un carajo. Hay un tono exagerado y hasta humorístico que lo alejan de los típicos bodrios cinematográficos de Chuck Norris ( el hombre que contó dos veces infinito ) o Steven Seagal.
Todas las lagunas de la historia son más o menos tapadas por el excelente y variopinto dibujo, que lo acercan a una historia de horror, la acción y el Gore desmelenado. Así, “Juez Dredd, el día del juicio” no es, ni de lejos, un gran trabajo, pero aguanta suficientemente el tipo para proporcionar un buen rato.
Incluye tambié una breve historieta, pseudosecuela directa de “El día del juicio”, titulada “El hombre más o menos muerto”, que no pasa de anécdota.
“El juez Dredd” tuvo una adaptación americanizada al cine que disgustó a sus seguidores. Dirigida por Danny Cannon con Stallone en el papel principal y un reparto estelar ( Diane Lane, Armand Assante, etc ). Lo cierto es que su primera hora, pese al típico gracioso de Hollywood empeñado en destrozar la película ( Paul Schneider, grrrrr ), captaba bien el espíritu salvaje del cómic y era lo mejor que había hecho ese representante de la derecha más rancia “made in USA “, junto a la también primera hora de la libertina e irónica “Demolition man“, de Marco Brambilla. Dos historia futuristas con toques críticos que se venían abajo en un tramo final típico y sospechosamente similar. Claro, que a “Juez Dredd” la destrozaron los producotres, le quitaron metraje importante e impusieron todos los tópicos finales, más Stallone y menos propios del cómic. Estaría bien ver algún día ese montaje del director que fue prometido por un espacio breve de tiempo. En el film colaboró Chris Hall, uno de los dibujantes de esta obra. Pero tal vez lo mejor es que hicieran una adaptación como es debido: con un cineasta gamberro e iconoclasta tras las cámaras
ESCRITO ENTRE EDDIE HITLER Y STANLEY EL TERRIBLE
CON LA AYUDA DEL EQUIPO DE INVESTIGACIÓN DE
“BARCELONA” CREUTZFELD QUE A SU VEZ CONSULTÓ
LA ENORME BIBLIOTECA DE LELA DEVIN EN COLABORACIÓN
CON EL JEFE DE LA CÁRCEL DE LOS PAYASOS BEODOS Y
EXHIBICIONISTAS
Share“ FROM HELL” GUIÓN ALAN MOORE. DIBUJO: EDDIE CAMPBELL.
“ Un día los hombres mirarán atrás y dirán que conmigo empezó el siglo XX” Jack el destripador.
Los famosos y fascinantes crímenes de Jack el destripador realizados en 1888, en el barrio de Whitechapel de Londres forman parte de la cultura popular, son un mito, una leyenda que ha dado pie a, literalmente docenas y docenas de libros de ficción y no ficción, así como a una cantidad de películas, cuadros, series de televisión, canciones, etc…Muchas de estas obras valen la pena. Una de estas propuestas más ambiciosas, incluso rayando en lo pretencioso, de los últimos tiempos es esta densa novela gráfica, a veces fascinante, a veces plomiza. Está considerada una obra maestra. Opinión que no comparto, aunque admire otras obras de Moore.
El reputado guionista volvió a urdir un trabajo meticuloso , complejo, donde deja bien claro en los apéndices más largos que he leído en mi vida, su largo grado de autoexigencia y su obsesión por escribir una trama, que si bien no tienen nada que ver con la realidad , si resulte plausible.
Al contrario que que casi toda la literatura sobre el tema, Moore deja bien claro quien es su asesino y construye una historia esotérica y mágica, en la que los crímenes son el resultado de una conspiración monárquica por un lado , y por otro de una conspiración masónica, sacrificios incluidos.
El problema es que, aún siendo ficción, la historia es, en mi opinión, a ratos un disparate sensacionalista y no siempre es sólida, ni mucho menos convincente: ¿ Un asesino de 70 años? ¿Entra en la casa de su última víctima con las llaves de ésta? ¿ Su cochero esperándole durante horas ? ¿Siempre dejándose ver?.
El dibujo de Campbell es adecuadamente sórdido y describe muy bien ese Londres de la era industrial, tan sucio miserable y barrio bajero, pero ni él, ni Moore logran dotar de suficiente expresividad, ni mucho menos de emoción, a los personajes centrales.
Moore maneja una abundante bibliografía, la mayor parte inédita en España, incluido el que aparece como su libro de cabecera a la hora de confeccionar “ From hell”: “ Jack the ripper: the final solution” de Stephen Knight. Deja bien claro su pesimismo, su antimachismo, y ciertos vagos (no muy afortunados) toques moralistas. Leer este tocho, al mismo tiempo que los apéndices es una experiencia enriquecedora y a la vez necesaria para no caer en cierta confusión, pero leyéndolos queda claro que en algunas ocasiones no ha tenido rigor. Lo de la trama masónica recuerda a las paranoias conservadoras de “conspiraciones judeo-masónicas”y la historia del frágil y conmovedor Druitt, personaje que si bien está magistralmente definido, resulta torpe e intragable.
Claro que Moore es mucho Moore y con esta obra es difícil que hiciese lago malo, donde aparecen Oscar Wilde, “ El hombre elefante”, Aleister Crowley, William Olake, Robert Louis Stevenson, “Los asesinos de los páramos”, etc…
La parte final, puro viaje alucinógeno, es donde el autor de “Watchmen”da rienda suelta a todo su talento y destroza las posibles debilidades argumentales, con una gran carga hipnótica y mágíca.
Otro punto importante de “From hell” es que, al igual que “La liga de los hombres extraordinarios”Moore convierte el final del siglo XIX en una metáfora de los horrores del siglo XX. Aquí en concreto los 5 asesinatos de quien quiera que fuese Jack ( hubo incontables sospechosos ) son los que parecen iniciar una era de brutalidad y guerras. Un recurso con momentos efectivos, pero caprichoso y poco creíble porque no se sostiene racionalmente. ¿Qué tiene que ver con las guerras mundiales?. El propio guionista reconoce que los asesinatos no tenían nada de excepcional en una época donde la crueldad era moneda común, incluso sin salir del mismo Whitechapel. Es una intención fatua, inconexa, todo lo contrario que lo que explica el porqué Jack se convirtió en mito. Fue la incipiente prensa carroñera la que elevó al asesino a los altares de la fama, para hacer un gran negocio con él, ya desde el primer crimen. Una actitud premonitoria de toda la basura que vendría después. Inventaron historias, acusaciones, pruebas y hasta algunas de las cartas presuntamente firmadas por el destripador. Moore acierta aquí de pleno, su referencia al sensacionalista “The sun” y la breve historia “ Dance of the gull catchers”que acompaña a “ From hell” que trata este tema es demoledora, casi redonda y retrata muy bien a todos los oportunistas que han querido hacerse famosos, a lo largo de los años con el tema.
“From hell” es un gran retrato de la época victoriana y una obra esporádicamente poderosa, que contó con una vapuleada adaptación al cine, a cargo de los hermanos Hughes “ El libro de Eli” con Johnny depp como inspector Aberline. Moore montó en cólera, y cargó contra ella. Lo mismo que con “V de vendeta” de James Mc Teigue y con guión de los hermanos Wachowski, una película que gustó a la afición y que dijo que era “ Una apología del terrorismo” esta frase en mi opinión no tiene nada que ver con la realidad y a veces, sólo a veces da la impresión de que Moore como suelen afirmar algunos de sus detractores no ve el mundo desde su propia fortaleza, sino desde un púlpito.
Con todo una obra estimable, si bien para el tema prefiero el libro de no ficción “Otoño de terror” de Tom Cullem
Dice Moore en un apéndice, que le resulta inquietante que a una de las” testigos “ de un crimen le despertara su gato al andar sobre cuello. Si esto lo dice con esa ironía que emplea tan bien se me escapa, pero da la impresión que lo a firma en serio extrañado. He tenido varios gatos y todos me han despertado andando sobre mi cuello, mi cabeza, mi pecho…Es una tontería, pero muestra la falta de rigor del guionista a la que me refería antes.
MR HYDE.
Share“Batman. La broma asesina” Alan Moore y Brian Bolland
La breve incursión de un grande como Alan Moore en el mundo de Batman dio lugar a una historia que ya se ha convertido en un pequeño clásico y que es coherente tanto con la personalidad del reputado guionista como con la iconografía del popular superhéroe enmascarado, esta vez con un tono más oscuro y adulto de lo habitual.
Reeditada en una nueva versión excelentemente dibujada y coloreada por Brian Bolland, que demostró tener plena conexión con Moore, es una historia de 46 páginas en las que se cuentan los orígenes de ese gran villano que es “el joker” y donde la empatía y similitudes que guarda con su rival, Batman, llegan más lejos de lo esperado.
Sacudiendo los tópicos como nunca, el rey de la función es, obviamente, el loco payaso criminal. Batman es casi un secundario de lujo y hay cameos de otros iconos como “Dos caras” o “El pingüino” ( hasta salen las torres gemelas en el mítico y desesperado final. Su presencia ha hecho más convincente aún con los años ese climax ). Pero el que acapara protagonismo es “el joker” con su caótica, enloquecida y singularmente coherente, irónicamente lúcida visión del mundo y de la vida. Su radicalidad, sus diálogos ingeniosos y demoledores, su sentido del humor que culmina en un gag memorable en el final de la historia, y su crueldad e inteligencia.
Si la pasión por destruir es una pasión constructora, “el joker” es un gran artista y un gran inventor al mismo tiempo. Los supervillanos suelen ser más interesantes, fascinantes y llenos de matices que los superhéroes, tan unidireccinales y previsibles, incluso cuando muestran su consabido lado oscuro. Este cómic debería titularse: “El joker, la broma asesina”, aún con toda su fea y inadecuada redundancia, antes que el que realmente tiene.
El aire fresco, la innovación que aportaron Moore/ Bolland influyó ( junto al omnipresente Frank Miller ) en la concepción del extraordinario Joker interpreatado por un magistral Heath Ledger en “El caballero oscuro” de Christopher Nolan. Un personaje más realista, un auténtico anarquista, todo un señor del caos, un extremista más cercano al Tyler Durden de Palahniuk/Fincher, que al Joker pop carnavalesco de Jack Nicholson/ Tim burton, otro gran trabajo, pero inferior al anterior.
Violencia malsana y enfermiza, nihilismo, oscuridad, la locura como escape de la absurda realidad, toques dignos de Todd Browning, y ese mencionado, inesperado final.
No es del todo redonda porque uno desea más, quiere más historia y es una pena que Moore no volviera a este mundillo.
En el presente volumen se incluye también la historia del propio Bolland, “Un tipo inocente” o como en escasas 8 páginas se puede crear una joya sin concesiones que sacude los cimientos del mundo de Gotham City casi tanto como la obra que comparte con el autor de “From Hell”.
El propio Joker se merece tener su propia linea de cómics sin Batman de por medio y si no hubiese sido por la triste suerte de Heath Ledger hasta debería haber tenido su propio film. Si van a hacer películas sobre algunos villanos de los X-Men ¿Por qué no podrían haber hecho uno sobre el payaso asesino? Peor que el bodrio de Catwoman no hubiese sido
Al menos, ya que Nolan va a hacer otra entrega, será mejor que siga teniendo presente a Moore ( algunos de los diálogos finales de Batman son muy parecidos a los que pronuncia en el climax de “El caballero oscuro” )
Yo sólo sé que de mayor quiero ser como el JOKER
ShareSALMAH STAR. EDITORIAL NORMA
SALMAH STAR. EDITORIAL NORMA
Este es un entretenido cómic de aventuras en el que conocerás a Salmah y a todo un
rico universo de personajes interesantes, lugares espectaculares y situaciones
increíbles. Pero Salmah es más que la protagonista de un cómic, es la figura
central de todo un proyecto que tiene el ambicioso objetivo de salvar nuestro
planeta de la contaminación causada por el hombre.
Altarriba y Kim ganan el Premio Nacional de Cómic 2010 por ‘El arte de volar’
Altarriba y Kim ganan el Premio Nacional de Cómic 2010 por ‘El arte de volar’
La obra galardonada cuenta la vida del padre del escritor y recorre las penurias de la España del siglo XX
El guionista Antonio Altarriba y el ilustrador Kim han obtenido el Premio Nacional de Cómic, por su obra
<http://www.edicionsdeponent.com/cgi-bin/obra.asp?id=129> El arte de volar (Ediciones de Ponent), una historia que cuenta la vida del padre de Altarriba y que recorre las penurias de la España del siglo pasado.
El galardón, dotado con 20.000 euros y concedido por el Ministerio de Cultura, tiene el objetivo de distinguir la mejor obra de un autor español editada en 2009, escrita en cualquiera de las lenguas cooficiales.
“El alcohólico” Jonathan Ames
http://erratadevideoteca.wordpress.com/2010/10/08/el-alcoholico/
De nuevo soy yo el que se adentra en la videoteca para ofrecer un libro a las erratas. De nuevo se trata de un cómic/novela gráfica. Me miran extrañadas. No parecen aceptar el intercambio de propuestas. Voy observando un cierto toque de egocentrismo por parte de ellas. Cuando les acerco el cómic miran hacia atrás, hacias las enormes estanterías repletas de las novedades que a mediados del mes pasado trajeron. Lo capto en seguida. La escena aguanta unos instantes así: yo con el libro extendido hacia ellas y un tanto de cuclillas; ellas mirando atrás y a mi cara repetidas veces.
Me estoy empezando a acostumbrar a este tipo de situaciones.
Todo vuelve a la normalidad cuando zarandeo un poco el libro delante de ellas. Me preguntan ¿qué es?
Se trata de “El alcohólico”, escrito por Jonathan Ames e ilustrado por Dean Haspiel. Caí en él a través de cierto artículo publicado en el “20 minutos” sobre una nueva oleada de escritores judíos norteamericanos (entre ellos se encuentran Jonathan Safran Foer, Shalom Auslander, Nicole Krauss o Sloane Crosley). En éste aparecía Jonatham Ames, señor que ya conocía por otras razones, pero que no comentaré ahora porque sería adelantarme.
De escritores alcohólicos hay un montón. Todos ellos se ganaron la fama de los bohemios del siglo XX: almas perdidas y descarriadas, afectadas por el mal de los JASP (jóvenes pero sobradamente preparados), de la sociedad del bienestar y de la imposición del terror pero ante todo, buscadores de la plena libertad y creatividad.
Bukowski es uno de los grandes de estos antihéroes. Malviviendo de cualquier forma, mujeriego empedernido y todo aquello que cualquier suegra nunca quisiera tener, se convirtió pronto en símbolo de una generación perdida. Debo decir, y aunque con ello me gane muchos detractores, que no me encuentro entre esa cantidad ingente de “fanses” que le vanaglorian. Aunque acepto su originalidad y entiendo qué ha hecho que valga tanto la pena leerlo.
No me sucede lo mismo con Hunter S. Thompson, que consigue convertir dichos males en novelas psicotrópicas de ambiente completamente enfermizo. Con descripciones altamente paranoicas consigue introducirte en un mundo distorsionado y en cierta forma aterrador. Esa gran obra que es
“Miedo y asco en las vegas” y su no menos valorada adaptación cinematográfica llevada a cabo por el particular Terry Gilliam es la obra cumbre y el más claro ejemplo de su trayectoria literaria.
Y dentro de este viaje paranoico y de autodegeneración americana citemos a Jack Kerouac. Se le puede etiquetar ya de revolucionario, instigador de la contracultura americana e iniciador del movimiento hippy. Si bien no podemos hablar del mismo grado de degeneración que los dos autores anteriormente citados, ya apunta las reglas del juego: el descontento como forma de vida, la anulación de la sociedad moderna, la insatisfacción generada por ella, las ansias por la libertad “real”…
De estos tres autores podemos sacar una cosa en común: la introducción en la ficción de un alto grado autobiográfico. Los tres hablan en sus historias de sus inquietudes, de sus sentimientos y de sus propias experiencias. Y como buenos alcohólicos, ante todo Bukowski, de su propia adicción. En algunos casos la odían, en otros la intentan justificar y la mayoría de las veces, se depuran intentando simplemente explicar su realidad sin ejercer ningún tipo de moral. Este detalle tal vez sea de los más significativos y que hace auténticos a los escritores alcohólicos: la nula necesidad de trabajar la moral. Seguramente será por ello que siempre han suscitado la crítica y el escándalo en sectores sociales que todavía intentan guardar las apariencias.
¿Qué comparte Jonathan Ames con los autores alcohólicos?
En primer lugar, dichos autores (excepto Bukowski -tal vez sería demasiado explícito-) salen citados en el cómic. Se convierten en los abanderados del protagonista principal. Éste, llamado Jonathan A., comparte juventud con esta etapa literaria del descontento generacional. Estudiante ejemplar y director del periódico de su instituto, su influencia por Hunter S. Thompson es tal que decide empezar todas sus editoriales con la frase “Miedo y asco en…”.
Así pues, y sin culpar en ningún momento dicha influencia, este Jonathan A. cae en la misma espiral de instaisfacción que los autores que tanto adora. Empieza a los 15 años, con su amigo Sal, con el que los fines de semana deciden tomar unas cervezas. Pronto descubre una cierta facilidad a vomitar cuando está borracho, que pronto lo asume como alergia al alcohol, cosa que no frena sus impulsos autodestructivos.
Iniciando el relato en un in medias res realmente chocante (Jonathan A. se encuentra en un coche con una abuela que le ruega que le haga sentir mujer), el protagonista nos llevará del pasado al presente relatándonos su historia y, a la vez, intentando reconstruir lo hechos de esa misma noche.
Si bien no se trata de una obra equiparable a cualquiera de los que el autor hace referencia, encuentra grandes aciertos en su juego metaliterario y en el realismo por el que aboga en el relato.
Y es que el autor juega a ser uno de esos escritores malditos, introduciéndonos en una historia que, como en todos ellos, se encuentra entre la realidad y la ficción.
Y es que si esta obra nos ha llamado la atención, es por lo que está empezando a ser Jonathan Ames. Creemos que es uno de esos nombres que tenemos que empezar a recordar, pues darán de que hablar. Guionista y director de la serie “Bored to death” (extrañamante olvidada por el sector televisivo español y por poco no renovada por la cadena HBO para una segunda temporada que finalemente está emisión en la actualidad) y en la que el protagonista principal se llama…Jonathan Ames, el autor se inscribe dentro de la nueva ola de guionistas que forman otros personales y originales creadores como Noah Baumbach (Margot en la boda, Una historia de Brooklyn, Greenberg) y Wes Anderson (Los Tennembaum, Life acuatic, Fantástico sr.Fox). Comparte con ellos los guiones rápidos, cómicos y a la vez punzantes que hablan sobre las relaciones familiares y de amistad en la contemporaneidad. Muy personales, inteligentes e interdisciplinares, estos autores han aportado en los relativamente pocos años de carrera que llevan una nueva frescura y creatividad altamente alavada por críticos y público.
Así pues, Jonathan Ames se presenta ahora para unirse a ellos. Más conocido por el público estadounidense por su faceta literaria, Ames ha llegado aquí por la serie antes mencionada. Y ya solo con estos dos referentes (“Bored to death” y “El alcohólico”) ya podemos ver las características personales que le mueven en los terrenos de la ficción. Como Wes Anderson, Ames tiene unos temas recurrentes que hacen de su obra un micro del macro que él es. Así, vemos reflejado en sus personajes algunos de los rasgos que le caracterizan. No se puede ver más claro que en el empleo de su nombre propio para todos sus personajes.
Algunos de estos temas recurrentes son la bebida, la confusión entre amistad-amor homosexual, las referencias a la novela negra o los amores imposibles. En “El Alcohólico” se dan cita todas ellas. En concreto, la relación que se establece entre Jonathan A. y Sal es uno de los puntos fuertes de la novela, que se presenta como una de las historias que forman el libro de forma sincera y tierna. El reflejo del alcoholismo (que finalmente el propio Ames ha tenido que desmentir que se base en su propia experiencia) resulta algo frío y poco claro al inicio pero se vuelve duro y claro en cuanto avanza la historia, ante todo por las propias reflexiones del personaje sobre su propio caso.
Nos gusta mucho, ante todo, los reflejos de la realidad que apunta el libro. Las páginas dedicadas al momento en que Jonathan A. despierta con una enorme resaca y descubre el incidente del 11-S son apabullantes, ayudadas por un dibujo más que acertado. También destilan esa fragilidad y sinceridad que recorren toda la obra. O la cena con Monica Lewinsky, hilarante y comprometida, que se gana al lector al instante.
En definitiva, quedémonos con el nombre de Jonathan Ames. Esta obra es una forma de introducirse en él. Pero como sucede con obras tan personales, cualquier cosa que haga no hará más que ampliar sus propios terrenos y, por lo tanto, generar una, por el momento tríptica (cine-literatura-cómic) red temática personal, singular y más que interesante.
http://erratadevideoteca.wordpress.com/
Share“Wilson” de Daniel Clowes
http://erratadevideoteca.wordpress.com/2010/09/17/wilson-daniel-clowes/
Esta vez he sido yo el que ha entrado en la videoteca para ir a buscar a las erratas y dejarles un libro. Mi propuesta ha sido “Wilson” de Daniel Clowes, ante todo para introducirlas al terreno absolutamente novedoso para ellas de la novela gráfica. De hecho, y para no parecer un erudito en la temática, yo mismo soy un recién introducido en el mundo del cómic. Aunque, y eso sí lo sé, a la hora de utilizar el término novela gráfica -y todavía más si hablamos de este autor- debería ir con pasos de plomo.
Y es que el concepto derivado de la etiqueta novela gráfica ha producido ciertas disputas en el mundo del cómic, debates que os invito a visitar en este interesante blog y por lo que no me extenderé en exceso aquí. Pero para apuntar cuatro cosas que sirvan de guía a la siguiente reseña, debería decir que dicho término implica una compleja situación que se viene extendiendo desde hace unos años.
Punto número 1: ¿Qué caracteriza a la novela gráfica?
El término “novela gráfica” engloba a todos aquellos cómics que tienen una tendencia hacia lo literario o que comparten con la literatura (general) algunos puntos en común.
Por lo tanto, se trata de un género narrativo ilustrado. Aquí quedan excluídos todos aquellos cómics sobre superhéroes, mangas…
Punto número 2: ¿Por qué el debate?
Para muchos de los introducidos en el mundo del cómic, el término “novela gráfica” lleva implícita una degradación de la esencia del cómic. Se apoyan en ello alegando que dicho término se trata de algo impuesto por las grandes editoriales para introducir a nuevos lectores, rebajando el nivel de “freakismo” (disculpen el vocabulario) para, introduciendo la palabra “novela” en la etiqueta, igualarlo a un público general.
Por lo tanto, dichos seguidores denuncian la degradación que supone la introducción del concepto “novela” a un género suficientemente fuerte de por sí.
Punto número 3: ¿Qué papel juega Daniel Clowes en este debate?
Daniel Clowes ha sido desde siempre un autor reticente a dicho término. Para éste, la introducción del mundo del cómic al público general a través del término “novela gráfica”, le hace temer la pérdida de una calidad hasta ahora asegurada, procedente y alimentada por la cultura underground y otras subculturas…Teme, por lo tanto, la estandarización del cómic, en contrapunto al riesgo y la ruptura que hasta el momento ha significado.
Tanto es así que, en su última obra (“Ice Heaven”) se inventó el término comic-strip novel con tal de no utilizar el mareado graphic novel (un apunte: en la versión española de este “Ice Heaven”, no se respetó la versión original de comic-strip novel, cambiada por novela gráfica, obviando los trasuntos ideológicos del autor a causas comerciales).
Punto número 4: ¿A qué viene todo esto?
Daniel Clowes parece haberse bajado del burro con Wilson declarando en el hueco dedicado a su biografía que Wilson es “su primera novela gráfica”.
Partiendo de la aceptación del autor de etiquetar de esta forma su obra, ¿qué nos presenta Wilson?
Pues ante todo un personaje. Un personaje desagradable, egocéntrico y egótico, autodestructivo, sociópata y desquiciado. Tal vez uno de los personajes más incómodos del autor.
Sin embargo, a través de los episodios de la vida por los que el lector acaba discurriendo, se establece un ligazón con este antipático Wilson que, desde un punto de vista personal, se asemeja con el que uno siente con Michael Scott, de la serie (en su versión estadounidense) “The Office” -en su caso, demostrando que tras la fachada de mismas características de Wilson, se esconde un ser abrumado/deprimido (magnífica escena la del cierre de un episodio de la segunda temporada, donde vemos a Scott con la cara entre las manos llorando, desde un plano de fuera de su casa haciendo la escena completamente fría y rompiendo con el tono y ritmo de la serie)- .
Pero hay algo que diferencia a Michael Scott de Wilson y es la absoluta falta de bondad del segundo en contrapunto con el primero. Wilson no parece tener remordimientos. La gente se equivoca, pero no él. Él es social, pero la gente habla demasiado.
Es así como Wilson acaba por parecerse más al (estilizado) Jimmy Corrigan: ambos personajes solitarios, desencantados del lugar que les ha tocado vivir, seres errantes encerrados en una burbuja de egoísmo y frialdad.
Así nos presenta Clowes a Wilson, en un primer episodio que ya apunta todos los sentimientos y actitudes que encontraremos en las siguientes páginas y a través de las cuales se irán rescatando los temas recurrentes del autor. Y es que, estructurado en forma de episodios restringidos por una extensión continua de una única página, Clowes juega a mostrarnos a través de elipsis que juegan con un espacio de tiempo indeterminado, escenas importantes y muy concretas de su vida.
Por lo tanto, podemos ver como poco a poco y gracias al dominio del autor en cuanto a guión y ritmo, la historia juega a introducirnos lentamente en la intimidad de Wilson. Así pues emplea en un principio escenas mucho más abiertas y genéricas que sirven de introducción del personaje para poco a poco cerrarlas y centrarnos en su historia.
Un lector que se introduzca en el cómic sin previo conocimiento, puede llegar a pensar que es una recolección de viñetas del autor publicadas en alguna revista/periódico, para llegar a descubrir lentamente el hilo argumental que sigue la historia.
Y a esta sensación contribuye el estilo elegido por el autor para desarrollar a su personaje, pues cada episodio se nutre de un tipo de dibujo completamente diferente, que va de la caricatura al realismo más conocido del autor. Del tintado al coloreado recorriendo diferentes tonalidades y formas.
La elección de jugar con el estilo es tal vez uno de los puntos que más inquietan a la hora de juzgar el cómic, pues si por un lado sirven como ejercicio de estilo para Clowes, por otro nos preguntamos si la historia realmente lo necesita.
Creemos, por lo tanto, que dicho ejercicio se inclina más por la posición del autor en referencia al debate que antes anunciábamos sobre la etiqueta novela gráfica. Pues si bien es la primera vez que remite a su obra como tal, también es una de las obras más esquivas al concepto de novela.
La absoluta intención de romper con la narración continuada acompañada por las diferencias estilísticas de cada episodio provoca al lector una sensación de discontinuidad que distancia la obra de la narración convencional. Entonces, ¿se ríe definitivamente Clowes del mundillo comiquero? Dejaremos que sus siguientes obras nos hablen de ello.
Y es que en definitiva, sólo hace falta recurrir a obras anteriores del autor como “Ghost World” (también estructurada en episodios pero más extensos y por ello más alejados de la anécdota que este “Wilson”) o “Ice Heaven” para descubrir que resultan ser más novelas gráficas que esta nueva obra.
“Wilson” es divertida. Desenfadada. Comparte, como el resto de obras del autor, ese aire de risa congelada, de divertimento que oculta una realidad penosa, por otro lado tan presente en el cine de Todd Solodnz. De hecho surgen teorías interesantes comparando las obras de los dos autores: en el retrato de la adolescencia comparando “Ghost World” a “Bienvenidos a la casa de muñecas”; en el retrato de la decadencia americana a través de “Ice Heaven” y “Hapiness” o, la más interesante en cuanto a la obra que reseñamos, el trato y desarrollo de un sólo personaje con “Wilson” y “Palíndromos” (con la que también comparte los cambios de estilo).
En definitiva, una obra de Clowes. Tal vez no la mejor, pero se agradece, de nuevo, la sensación agridulce que desprenden sus viñetas. Se agradece volver a visitar el imaginario tan personal y reconocible del autor.
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Share“Terminator: Tierra en llamas” Alex Ross
Uno de los mayores deseos de los seguidores de la saga Terminator era ver una historia completamente ambientada en el futuro dominado por las máquinas, algo que en cine no se vió hasta la entretenida “Terminator: Salvation” de McG. Los dos clásicos films de James Cameron, un cineasta megalómano que, posteriormente ha demostrado tener más técnica que alma, y la infravalorada tercera entrega de Jonathan Mostow, dejaban ver sólo retazos de ese mundo apocalíptico.
Lo mismo pasaba con la posterior y recomendable serie de TV “Las crónicas de Sarah Connor”, con una maravillosa Lena Headey haciendo olvidar a Linda Hamilton, y en estimulantes, trepidantes y a veces deslumbrantes series de cómics, como “Terminator: objetivos secundarios” o “Terminator, enemigo interno”, que bebían de las premisas de viajes en el tiempo de la primera película.
Por lo tanto, la aparición de una serie, ya revivida en un tomo único, que sucedía completamente en ese hostil futuro, fue saludado por algunos aficionados, con saltos de alegría, alegría genuina y natural, sin necesidad de recurrir al alcohol o sustancias alternativas, sustancias en las que tal vez más de uno caiga tras comprobar los desalentadores resultados del , a priori, prometedor “Terminator : tierra en llamas”.
Llama la atención que en la cubierta ponga que es el primer trabajo del dibujante especialista en portadas Alex Ross, y no se mencione que el guión es obra de Ron Fortier, y leyendo el cómic uno casi lo entiende: nadie espera, ni hace falta, personajes de hondo calado psicológico, ni una historia compleja, profunda y densa, pero tampoco puede uno conformarse con la banalidad y endeblez de dicho guión.
Los personajes son casi inexistentes, incluido John Connor. Los diálogos son sosos, sin chispa alguna, lejos de la contundencia lapidaria de la saga y las situaciones hacen aguas por todas partes. ¿Cómo es que no disparan a los escaladores? ¿Por qué a Skynet después de 40 años de guerra – ¡ 40 ! – se le ocurre acabar con los humanos a bombazo nuclear limpio? ¿A la supercomputadora no se le podía haber ocurrido antes?Preguntas como estas hay unas cuantas y lo que no hay son personajes de peso, ni sorpresas, ni ningún hallazgo nuevo de relevancia. Es como una previsible extensión de lo que habíamos visto en otros cómics/films y el dibujo de alex Ross es tan oscuro y realista, la antítesis de la estética grisácea de “Terminator Salvation”, que a veces es confuso, poco nítido.
Un flojo cómic, mal estructurado, con el típico final abierto sobadísimo. Sólo se salva la potente batalla inicial con sus toques nihilistas, aciertos que van diluyéndose conforme avanza la trama. Con diferencia lo peor que he visto/leído en relación al mundo de los Terminators.
El ahora tan de moda Frank Miller realizó en los 90′ un crossover de los cyborgs asesinos con Robocop ( hay que recordar que fue coguionista de la salvaje segunda parte y también de la infantiloide tercera entrega del robot policía ). Creo que no se editó en España. Ahora que Miller vende como nunca y han reeditado “Hard Boiled”, ¿A qué esperan?
LA TENIENTE MELANIE BALLARD
(COPILOTO DE SU INCESTUOSA HERMANA CATHERINE)
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Toma nota de los horarios
Viernes 9 de julio. 18h.
• Miguel Fuster (Miguel, 15 años en la calle)
• Luis García (Crónicas del sin nombre, Pompa y circunstancia)
• Fernando Fernández (Drácula, La leyenda de las 4 sombras, Memorias ilustradas,
Zora)
Viernes 16 de julio. 18h.
• Javier Rodríguez (Lolita HR, Wake Up, Miedo)
• Santiago Arcas (Sandra)
• Man (Kung Fu Kiyo)
Viernes 23 de julio. 18h.
• Víctor Giménez (Niño malo, La historia de los mundiales)
• Tha y Tharrats (Absurdus delirium, Todo es posible)










