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“Salmo y otros cuentos inéditos”, Mijaíl Bulgakov. Editorial Nevsky prospects
Cuando pensamos en Bulgakov, se nos viene a la mente lógicamente la novela “El maestro y margarita”, una de las mejores novelas jamás escritas. Más allá de postulados ideológicos, la novela es en si grandiosa porque le hace la única crítica posible al régimen soviético, viene a decir que pese a todos los intentos de los soviets de desmarcarse del pasado, eso simplemente no fue conseguido. Simplemente nada cambió. No caló en las conciencias de los habitantes de la gran Rusia. En ninguna parte puede calar. El personaje de Voland, el diablo que aparece en Moscú, vino a desenmascararlo todo, demostrando cuán fácil era corromper al homo soviéticus, lo mismo que a cualquier ser humano, mostrando la afición de la raza humana por el absurdo. Y los corrompe a base de bien.
Pero Bulgakov no es sólo esta novela. Los cuentos cortos fueron buena parte de su creación literaria. Nacido en Ucrania, médico rural, aterriza en 1921 en Moscú para vivir de la literatura. Su estilo lleno de humor negro, corrosivo, irónico, no le granjea sino algunos problemas que le llevan a ver como algunas de sus obras teatrales son censuradas. Con sus narraciones breves ocurre lo mismo. A su carrera como literato le sigue un halo de maldición por ese continuo señalar “lo que no estaba bien” – al Poder de ninguna parte le gusta que le señalen” – que sin duda no pasaron desapercibidas a las autoridades soviéticas. Eso le hizo ser detenido y retenido en su casa, censurado aunque no se le impidió seguir escribiendo, unas obras de teatro que, sin embargo, no podrían ver la luz. Lo más terrible, es que sin embargo era admirado por decirlo así por su carcelero, por Stalin, al que repetidamente pidió salir del país, sin éxito ( léase “Cartas a Stalin” editado por Veintisiete letras ). Bulgakov murió en 1940, de muerte natural.
“Salmo y otros cuentos inéditos”, editado por Nevsky prospects, es una selección de cuentos, escritos en los años 20 del siglo pasado. A esta edición, le acompaña un fantástico prólogo de Jesús Palacios, que ayuda a contextualizar al autor y su tiempo. Considero muy interesantes estas introducciones que ayudan al lector a introducirse en la lectura.
Estos cuentos presentan melancolía, cierta tristeza ( el propio primer relato, “Salmo” es realmente triste, con esa frase final de “nada, iremos tirando como sea” ), ese mostrar la vida cotidiana en la Rusia, Moscú en concreto, de los años 20( “Los cuatro retratos”, “Tratado sobre la vivienda”, “Un día de nuestra vida” ), esa creciente inquietud ( el relato “El fuego de Jan” donde, entre otras excentricidades, un hombre campa desnudo en una visita a una especie de castillo, mientras el “señor” al que la revolución desposeyó de sus propiedades, el anterior propietario – ahora lo es el Estado – vuelve de incognito a sus tierras” ), ese mostrar el absurdo ( “El holandés errante ) que puede acabar con una vida, o ese retrato de sinvergüenzas que campan por doquier ( “Un tipo abominable” ). Todos esos ingredientes vamos a encontrar en estos cuentos.
Me parecen a destacar sobre todo dos de ellos. 1.- El holandés errante, la historia de un ciudadano al que se le diagnostica una grave enfermedad y pasa de médico en médico, sin que ninguno corobore el diagnóstico anterior pero diagnosticándole siempre algo peor, sin tener realmente idea de lo que están diciendo. El pobre ciudadano, deambulará por todo el país, De Siberia a Yalta, buscando una solución y esperando morir en cualquier momento, hasta que le dicen un día, sin más, que está sano, que no le pasa nada, que deje de dar vueltas y que se vaya a casa, donde ya nadie le espera. Triste absurdo. 2.- Un tipo abominable, la historia del ciudadano Intestinov, que tras despilfarrar su dinero, decide fingir enfermedades para que el Estado le pague dinero y vivir del cuento. Finge varias cosas y cada vez le dan más dinero. Le da a su mujer el pico de lo que le dan y el resto se lo gasta en bebida, incluso al final se lo gasta con una “mujer rubia”. El relato es desternillante, a la vez que dan ganas de darle a Intestinov su merecido. Cosa que papá Estado hace cuando lo pillan en flagrante fraude al provocarse un abceso en la pierna.
En definitiva cuentos que sacan a relucir los demonios que rondaban a Bulgakov: esa oscuridad que rodea al caminar del ser humano en la tierra, tristemente condenados, esa picaresca que podríamos pensar exclusiva del mediterraneo y que se ve que no lo es. Lo que parecía llevar peor Bulgakov es ese absurdo que devora nuestras almas. Creo que Bulgakov retrató su época y su mundo, y bastante bien, pero que lo retratado, se puede perfectamente extrapolar a otras épocas y otros lares, incluidos los nuestros. Es más, sobre todo los nuestros. El absurdo es universal.
Por cierto, la portada, a cargo de la editorial Nevsky Prospects, preciosa.
Share“El maestro y Margarita” Mijaíl Bulgakov
Permitidme que me presente, soy el diablo y he llegado esta noche a la ciudad para transformar vuestras miserables vidas.
Esta maravillosa obra maestra fue escrita entre 1929 y 1940. No fue publicada hasta 1966 y casi de inmediato se la consideró una de las grandes novelas de la historia. Y no es extraño. Bulgakov fue un escritor perseguido y censurado por el represor régimen stalinista de los años 30′, debido a sus sátiras críticas a la dictadura ( a este respecto es muy ilustrativo el prólogo de José María Guelbenzu). Este – maravillosa – es uno de los muchos términos que se le pueden poner a “El maestro y Margarita”, una obra de inmensa belleza, llena de magia y escrita con un estilo tan refinado que llega a hacerse delicado en algunos momentos en contraposición con otros de regocijante humor negro.
Más allá de los toques críticos más o menos obvios que hay en esta metáfora. Lo más contrario que hay a la barbarie stalinista es que a diferencia de ésta, las páginas de la novela están llenas de vida, imaginación y amor.
En el Moscú de 1930, Satán se presenta bajo forma humana con el nombre de Voland. Acompañado de varios de sus secuaces pondrá patas arriba la ciudad, con mala leche y mucho ingenio dejando en evidencia la burocracia y estupidez borreguil de los seres humanos que poco o nada tienen que ver con la pareja de enamorados del título.
Esta novela, como es sabido, inspiró la famosa canción “Simpathy for the devil” de “The rolling stones”, que tantas veces ha sido versioneada ( Jane’s addiction, Guns n’ roses…), y simpatía por el diablo es lo que parece sentir Bulgakov. Este diablo, astuto, hastiado, ambigüo, es todo lo contrario al arquetipo maniqueo que tanto predomina en la literatura. Pero sí resulta un villano memorable, lo cierto es que el auténtico rey de la función es su acólito Popota ( parece ser que Beguemoth o Fagotto en otras ediciones ): un elegante, divertidísimo y alto gato negro que habla, bebe alcohol y anda sobre dos patas. Poseedor de una lengua viperina y mordaz que hace palidecer a su propio jefe. Este personaje ya vale todo un libro.
Si la burocracia comunista representa la docilidad, la rutina, la crueldad más estúpida, el tedio y la mediocridad, Voland, Popota y los demás representan la vida, la independencia, el placer, el dolor que te hace sentir vivo, y lo demuestran no sólo haciendo el cabra con los que detestan, sino con la pareja protagonista a la que implican en una trama donde las apariencias engañan.
Puede que estos dos personajes no escapen a ciertas convenciones ( ¿ cómo podrían ? ), que la historia paralela de Poncio Pilatos sea interesante pero a la vez prescindible, o que si u no analiza quisquillosamente ese argumento argumento lleno de sorpresas, que más vale no destripar, se le encuentre algún pero. Todo eso importa un carajo. La fascinación, el poder de “El maestro y Margarita” son tan grandes que hacen saltar en mil pedazos sus posibles defectos.
Con una densa atsmósfera de cuento sobrenatural, llena de surrealismo y fantasía, ésta es además una obra romántica de verdad, con auténtica y exquisita poesía, con genuina belleza, sin cursilería.
Es un canto al hecho de vivir, al amor, a la fiesta ( Popota estaría de acuerdo ), a la belleza. Nos dice que aunque vayamos a estar cuatro cochinos días en este hostil y complicado mundo, y haya demasiado congénere empeñado en aguarnos la vida, nada ni nadie puede quitarnos el amor que sentimos, las copas de champán que nos tomamos o los besos que damos. ¿ Qué después de todo nada tiene sentido y cuando cerremos los ojos por última vez se acabó todo y no despertaremos en otro mundo? Da igual, porque lo que realmente cuenta son ese amor, ese champán y esos besos, son el sentido en sí, eso es lo que únicamente vale, los momentos que le quitamos a la eternidad. Ese amor puro y glorioso que sienten el maestro y Margarita es la auténtica victoria de sus vidas, incluso cuando están alejados a la fuerza uno del otro. Son sus rayos y naves ardiendo y lo más irónico es que esos cansados demonios cargados de melancolía y con su propia concepción del amor, parecen los más conscientes de esto.
“El maestro y Margarita” ha sido fuente de inspiración para artistas de todo tipo. H. R. Giger tituló una de sus descomunales obras de igual manera y posteriormente fue utilizada como portada del tercer trabajo de la banda “Danzig”, “How to gods kill”, y recientemente la prometedora banda instrumental española “Toundra” ha titulado una de sus piezas “Voland”, el nombre del diablo en el libro. Eso sin contar las adaptaciones que tuvo al cine, televisión, teatro o incluso ópera, y hay hasta marcas de ropa “alternativas” con el nombre dela novela.
Seguro que dentro de 100, 150, 200 años, seguirá habiendo gente que descubra maravillada esta delicia, que al parecer su creador dejó inacabada, cosa que no se nota.





