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“El sobrino de Wittgenstein” Thomas Bernhard

“El sobrino de Wittgenstein” es un canto a la amistad entre el autor, mi admirado Thomas Bernhard y el sobrino de Ludwig Wittgenstein, célebre por su tractatus, Paul, Paul Wittgenstein, perteneciente a la misma adinerada familia austriaca que Ludwig, Paul, igual de inteligente y loco, genialmente trastornados ambos, pero de manera distinta. Como bien apunta la contraportada de la edición de Compactos Anagrama, “Ludwig llevó su filosofía al papel y no su locura, mientras él reprimió su filosofía y no la publicó, exhibiendo sólo su locura”.

Paul, apasionado de la música en general, de la ópera en particular, auténtico fanático, auténtico entendido, el que más, que hubo un tiempo que era quien decidía que óperas tendrían éxito y cuáles no, por mor de su locura, de su peculiariedad, acabó pasando largas temporadas en un sanatorio, exactamente en el pabellón Ludwig de la Baumgartnerhöhe, el pabellón de los trastornos mentales, donde a no muchos pasos nuestro amado Bernhard pasaba otra no menos larga estancia en el mismo hospital, en el pabellón Hermann, para enfermos de pulmón.

La novela, es ciertamente deliciosa, suerte de autobiografía Bernhardiana y biografía de su gran amigo Paul, con el que no creamos que coincidía en mucho, pero que sí le aportaba vida, amena conversación, aunque fuera “pelando” a todo lo que les rodeaba, sin dejar títere con cabeza, atacando al mundillo del arte, a los que vivían de ello, gente sin criterio que no repite sino clichés.

Pero no nos adelantemos. Enfermos ambos pabellones del mismo hospital, uno del pulmón – “leer “El aliento” y “El frío” – otro mental, Thomas quiere visitar a Paul, pero no tiene aliento, fuerzas, para llegar hasta su pabellón. Mientras recobra esas fuerzas, ese aliento,  no pierde la oportunidad para volver a cargar contra los hospitales, como centro de muerte, y contra los médicos, a los que considera seres insensibles que deciden arbitrariamente el destino de un ser humano mandándolo al gulaj de la enfermedad, y más en casos de enfermedad mental, sin ningún tipo de contemplación y para colmo, en nombre de la ciencia. Una vez pasada la pataleta – pongámonos en su lugar – contra los hijos de Hipócrates, recuerda a Paul Wittgenstein, su amigo, personaje antológico, extravagante, que odiaba a su familia, la misma que se avergonzaba de él, la misma que lo mandaba al sanatorio después de su ataques, cuando ya no podían más con él. Unos recuerdos que se cruzan con los suyos propios, los de su relación con Paul, el sobrino de Wittgenstein, hablando de música, de arte, ” pelando” , de nuevo, al mundillo literario al que simplemente detestaba, sentados en el Café Sacher y no en el Bräunerhof, donde, en este último, ” reina durante todo el día una penumbra desesperante”, donde podía leer prensa en Inglés y Francés y no la prensa en alemán que tanto aborrecía. Grandiosa la anécdota acaecida cuando le dieron un premio, sentándose de incognito entre el público sin que nadie fuera capaz de reconocerle y dejándolos plantados sin que la ceremonia hubiera realmente finalizado. Para él, aceptar un premio era como aceptar ¡ que te defecaran en la cabeza ! – leer su libro “Mis premios” editorial Alianza -.

Bernhard hace un canto a la amistad, realmente conmovedor, lleno de sentimiento, reconociendo no haber estado a la altura en los últimos días de vida de Paul, su amigo, su gran amigo, posiblemente su único amigo. Verle era como ver la muerte, su muerte, no era capaz de dominarse, coger aliento, dominio de sí mismo, valor para hacerle  una simple visita. La muerte, la gran obsesión de Bernhard. Es increible la sinceridad de Bernhard,  lo que desnudaba  su alma cuando escribía sobre sí mismo, hasta hacerla cristalina ante nuestros ojos. Vemos sus entrañas. Por eso su escritura es genial.

Paul Wittgenstein, el sobrino de Wittgenstein. Este libro es el homenaje a un amigo, a alguien que despreciaba la sociedad de su época, justamente por considerar que negaba su historia y que por tanto, tampoco tenía futuro, alguien que despreciaba igual la  megalomanía del parlamento que la vanidad de los que consideraba “artistas reproductivos”, artistas en serie. Alguien cuyos pensamientos, con toda su excentricidad, son a tener muy pero que muy en cuenta. Lo mismito que los de Bernhard.

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MAESTROS ANTIGUOS THOMAS BERNHARD Traducción de Miguel Saénz, Alianza Madrid, 2008

Por ARIODANTE

MAESTROS ANTIGUOS

THOMAS BERNHARD

Traducción de Miguel Saénz,

Alianza Madrid, 2008 (primera reimpresión),

199 páginas.

Aunque nacido el año 1931 en la ciudad holandesa de Heerlen, Thomas Bernhard es un escritor vinculado casi con fijación genética a Austria, donde transcurre gran parte de su vida (además de Alemania), y donde fallece en 1989. Novelista, dramaturgo, poeta y cuentista, Bernhard es, en realidad, el principal personaje de toda la obra que dejó escrita. De hecho, su propia biografía comporta caracteres literarios: existen dudas sobre la fecha del nacimiento, fue hijo ilegítimo y con una constitución débil y enfermiza, lo que no justifica de por sí, aunque tampoco frena, la pasión (casi pulsión) siempre profesada por las ideas de locura y muerte.

Autor prolífico —no exageraríamos si lo calificamos asimismo de compulsivo— firma alrededor de dos decenas de novelas. Algunas de las más conocidas son: Helada (1964); Trastorno (1967); La calera (1970); El malogrado (1983); además de su saga autobiográfica: El origen, El sótano, El aliento, El frío y Un niño (1975-1982).

Sintió una intensa inclinación por el teatro, género literario al que dedica diecisiete obras. Citamos algunas de ellas: El ignorante y el demente (1972), La partida de caza (1974), La fuerza de la costumbre (1974) y El reformador del mundo (1979). El estilo dramático que practica se conoce con el nombre de Theater der neuen Subjektivität (Teatro de la nueva subjetividad), movimiento artístico dentro del que también se mueve el novelista y dramaturgo austriaco Peter Handke.

En la novela o en el drama, Bernhard practica una literatura marcada por un mismo sello: la huida de la soledad y la muerte, que, sin embargo, atrapan a los personajes, hasta el punto de atraerlos sin remedio, una y otra vez, hacia ellas, con la fuerza de la desesperación, con la letanía del eterno retorno. Narraciones u obras teatrales, los textos de Bernhard se estructuran en forma de largos monólogos, en los que el autor coge un tema, lo retuerce, para volver a él pocas líneas después. La monotonía, la repetición y la costumbre son pretendidas. Bernhard intenta crear de este modo en el lector una sensación de desasosiego, de obsesivo viaje hacia la nada, una comprobación física y metafísica del absurdo y el sinsentido de la vida.

Maestros Antiguos, escrita en 1985, no se aparta un milímetro del modelo bernhardiano. Hasta el punto de que del autor austriaco podría decirse que siempre está escribiendo la misma historia. No pregunte, entonces, el lector por el argumento de la misma. En Bernhard, la trama es meramente un pretexto para escribir y decir, decir y escribir, sobre todo y sobre nada.

En esta ocasión, el personaje de la narración responde al nombre de Reger. Musicólogo de fama mundial, escribe críticas para el Times. Pero Reger se rinde, en realidad, a un solo oficio, ante un solo ídolo: la rutina, esto es, la costumbre. En días alternos, menos los lunes, visita el Kunsthistorische Museum de Viena, atraído como un imán por el cuadro El hombre de la barba blanca de Tintoretto. Por las tardes, acude al Ambassador. Siempre la misma historia, el mismo recorrido, la misma existencia, repetitiva, reiterativa.

«Tengo que venir a ver a los Maestros Antiguos para poder seguir existiendo, precisamente a estos, así llamados, Maestros Antiguos, que al fin y al cabo aborrezco desde hace ya mucho tiempo y desde hace ya decenios, porque en el fondo nada aborrezco más que estos llamados Maestros Antiguos, llámense como se llamen, hayan pintado como quieran, dijo Reger, y sin embargo, son ellos los que me mantienen vivo.» (pág. 135).

Con una escritura compuesta con frases largas, que parecen no tener fin, ni principio, igual que la literatura o la conciencia desdichada, Bernhard hila el discurso como si se tratase de una tela de araña. El resultado concita entusiasmo o indiferencia, pero no ambas sensaciones al mismo tiempo, en el lector, quien debe saber dónde se mete cuando penetra en el laberinto bernhardiano. Sea como fuere, si decide, finalmente, adentrarse en esta novela, en sus novelas, tómeselo con sentido del humor. Bernhard es el primero en hacerlo, aunque no lo parezca. El subtítulo de Maestros Antiguos, libro de desesperanza, desilusión y amargura, reza así: «Comedia».

Ariodante

Diciembre 2010

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“El frío ” de Thomas bernhard

frioCuarta entrega de la biografía de Bernhard, una vez superado el trago de leer “el aliento”, lectura impactante donde las haya, “El frío” supone una vuelta al camino iniciado en “El origen” y en “El sótano”.

Sin tanto dolor, casi como un espectador de si mismo, Bernhard describe-ya no acusa, pues ya lo hizo en “El aliento”- el hospital para enfermos del pulmón en el que se encontraba recluido. Muestra a los enfermos como un microcosmos humano, que puede ayudar a entender el mundo fuera de este recinto. Recelosos de los nuevos enfermos recién llegados, temerosos de los doctores, que eran considerados medias deidades, un individuo aislado tiene muchas opciones de ser como mínimo arrinconado. Aqui la enfermedad es una ventaja -como la salud fuera del hospital-, se aferran a ella, a más enfermedad más “normalidad“, más encaja un ser humano aqui. Un hecho se alza sobre los demás: el recelo hacia todo lo venido de fuera, recelo hacia “lo sano”, hasta convertir la enfermedad en salud y viceversa.

He aqui el drama de Bernhard, un medio enfermo medio sano entre enfermos totales, ni aqui ni fuera del hospital encontró su sitio, como una pieza de un rompecabezas que no encaja en ninguna parte. Lástima que no pudiera encajar, ¿pero quién encaja?

Un ser brutalmente lúcido. Lucidez que tiene un alto precio.

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“Un niño” de Thomas Bernhard

Hacía tiempo no disfrutaba tanto con un libro. Bernhard hace en “Un niño” un recorrido por los lugares comunes ya recorridos en los cuatro volúmenes anteriores – se pueden encontrar por separado en Anagrama en su colección Panorama de Narrativas, o todos en uno en la colección Otra vuelta de tuerca-. Vuelve a lo ya dicho pero añadiendo un toque talentoso, por llamarlo de alguna manera, como un tiro de gracia, letal y definitivo.

Bernhard es una voz más que interesante, es la voz, para conocer al ser humano, con sus flaquezas y torpezas, cuando no mezquindad. Cierto que puede llegar a ser algo triste o pesimista leer su prosa – a mi no me lo parece-, pero es que es lo que hay. El autodenominado “aguafiestas” cuenta el mundo tal y como era – como es – sin adornos vanos, sin sonrisas que no vienen al caso. Su mundo, sus traumas, sus infortunios, magistralmente escrito.

Esta quinta parte de su experiencia personal vuelve a cargar contra la educación hipócrita e ignorante recibida en las escuelas, más aborregadora que educadora. Dirigida a adormecer a todo espíritu creativo para amansar y convertir al individuo en una máquina repetidora de sinsentidos. Carga contra la estupidez de las personas, su maldad, innata o social, inevitable, donde sólo la mediocridad permite a los individuos avanzar sin que los remordimientos te empujen al suicidio. En el relato hay más de una referencia a familiares o conocidos que así acabaron. No podía faltar sus problemas de salud que sin duda moldearon su carácter, ni sus problemas con su madre- por fin sabremos algo de su padre-, ni con gran amargura, el relato de como fue enviado a un reformatorio para niños problemáticos, todo por ser diferente al resto del ganado. O por la falta de miras de los educadores.

Esto es aquí reseñado en este fantástico autorretrato. Todo empezó un día en el que el joven Thomas tomó prestada la bicicleta de su tutor, cosa que tenía prohibida, para irse a casa de su tía a 30 kilómetros, cosa que tenía igualmente vetada. El fracaso de su osada expedición- la bici acabó rota y él magullado-, y el temor a ser golpeado de nuevo y herido con palabras llenas de impotencia por parte de su madre- lo tenía como un caso perdido y no dudaba en espetarle que mejor estaría sin él-, y lo peor de todo, esa sensación de incapacidad de evitar el facaso en todo lo que hacía, hará que vaya contándonos otros recuerdos y experiencias de lo más instructivas sobre su vida y el mundo que le tocó vivir, el mundo previo al estallido de la segunda guerra mundial en Austria. Por suerte tenía a su abuelo, que ya le advirtió de todo

No puedo sino recomendar a Bernhard. Nos permite saber que no estamos solos y que alguien sí contó las cosas tal y como sabíamos que eran. Con gran valor.

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“Thomas Bernhard. Una biografía” de Miguel Sáenz

bernhardMiguel Sáenz es el traductor de todas las obras de Thomas Bernhard al castellano. O al menos de todas las que yo tengo(“Los comebarato”, obra que infructuosamente he tratado de conseguir, no está traducida al parecer por él). Tanta información tiene de Bernhard que da para una biografía. Justo lo que es esto.

Es una biografía con datos que ya conocemos de las cinco partes de su autobiografía( que luego resultó que no era tal, que había algo de ficción. Cuanto no se sabe), a saber: “El origen”,”El sotano”(lo primero que leí de él sin saber que era una segunda parte)”"El aliento”, “El frío”, y “Un niño. (Las cinco parte recientemente editadas en un único volumen por Anagrama, colección “Otra vuelta de tuerca). A  esto le va añadiendo notas y pinceladas de vida del escritor austríaco.

“Enfant Terrible”, genio incomprendido, hombre con poco apego a la vida y mucho al arte, a la música, escritos agónicos, de perdedor(es)-”El malogrado”-. Odio hacia todo, sólo habla bien de su abuelo. Tiene un discurso muy crítico contra su país, contra sus instituciones, contra su educación. Profundo malestar por la poca racionalidad de la (su) sociedad-”Trastorno”. Te sientes facilmente identificado con él por su extrema lucidez, hasta que sinceramente es imposible seguirle. Es un autor fascinante. La visión del mundo diametralmente opuesta a la oficial. La visión del mundo de un aguafiestas(Heinrich Böll también se autopresentaba de este modo. Igualmente fascinante)

Sólo por esto último ya vale la pena

¿Cómo llegó la obra de Bernhard a España? Sáenz apunta a Javier Marías, que ya se interesó por él allá por la decada de los 70′. Gracias tío.

¡Harán de mi un criminal!

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“El aliento” de Thomas Bernhard

alientoEste tercer volumen de la biografía de Bernhard, El aliento, es sin duda el menos digerible. Lo relatado exigía que asi lo fuera. Cuenta su estancia en el hospital para enfermos de pulmón, tras caer enfermo trabajando en la tienda de comestibles de Podlaha, un lugar horrible donde se llevaba a enfermos no para sanarlos, sino para que murieran sin remedio. Una maquina de exterminación, comenta. Bernhard dice que pocos salieron de ahi vivos. La diferencia con un campo de concentración es que al hospital llegaron personas por un motivo digamos racional, su enfermedad. Al otro se llegan por motivos arbitrarios.

Lo relatado es muy duro, denota una necesidad vital por su parte  en hacernos sentir, en contarnos  las penurias, sus penurias-porque si un ser humano no pasa penurias es que estas no existen-,  que en el hospital de enfermos del pulmón  se padecían. Esto fue ya después de la guerra, pero siempre hubo guerra.

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“El sótano” de Thomas Bernhard

sotanoBernhard, tras comprender en “el origen” que la escuela es un mero intento de embrutecer a la población, dotándolos de a lo sumo ideas a priori de todo, que le impedirán ser libre y racional, en “el sótano opta por ir hacia “el otro lado“. Entra a trabajar en un almacén de comestibles en el barrio más pobre y conflictivo de Salzburgo, en contraposición a las comodidades del instituto del que cualquier persona sale como un animal social, donde se aprende a evitar obstáculos para conseguir lo deseado, sin distinguir cosas de personas,  a juicio de Bernhard. De este barrio se nutría la estructura judicial de salzburgo para subisistir: de aqui salían ladrones, rateros, criminales; mejorar la situación hubiera ido en detrimento del aparato;  una población arrastrada a ello por la falta de recursos económicos  y un empobrecimiento mental que les impedía dejar de hacerlo o simplemente huir de tal barrio, mientras a la vez, en la otra parte de la ciudad, se interpretaba a Mozart sin descanso.

Una neumonía sacó a Bernhard del trance de autoaprendizaje, pero esto es ya adelantarse al tercer volumen.

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“El origen” de Thomas Bernhard

origenEl origen es el primer volumen de la biografía, autobiografía, de Thomas Bernhard. Son cinco volúmenes en total. Muy cortitos, eso si, que nadie se asuste. No es ningún mamotreto
Este primero Bernhard aprovecha para cargar contra la peor institución jamás inventada por la trastornada mente humana. La escuela.
En un momento en que el nazismo agonizaba, los educadores del colegio austríaco al que Bernhard asistía, como en todos los colegios, el autor los considera anti educadores. Perversos. Con lecciones que ciertamente se graban en las mentes colectivas de los educados. A saber. Respeto absoluto al fuerte, al matón, desprecio absoluto al débil, al debilucho, al de gafas, al sensible, al que le sabe mal hacer el mal por el mal. En medio, una pleyade de termitas humanas, los en realidad débiles catapultados por su debilidad a la cúspide, los que acaban dominando a los violentos y a los sensibles. Los que se aprovechan de la existencia de los primeros para cargar sin tregua contra los segundos.
El que se salga del rebaño se autoseñala como presa fácil.
Lo triste para Bernhard es que tras la caida del los nacionalsocialistas austríacos, llegaron los curas católicos austríacos a la escuela, y, pues todo siguió igual.
Lógico
Es difícil sobrevivir a la escuela

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