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“Stalingrado” de Antony Beevor

stalingradoLibros sobre la famosa batalla de stalingrado hay muchos, pero pocos tienen el reconocimiento de esta obra. Un clásico en su género. Escrito hace ya más de una década y que reveló a su autor, uno de los más prestigiosos historiadores modernos cuyo rigor y sequedad no excluyen una visión humanística de los terribles conflictos que narra y que se refleja en sus críticas a las atrocidades de ambos contendientes.

Stalingrado fue una de las mayores batallas de la II guerra mundial y de la historia, un infierno indescriptible donde murieron más de un millón de personas – otras fuentes elevan considerablemente la cifra-  y que significó el principio del fin del nazismo en el este, aunque algunos señalan que la Wehrmacht- el ejército regular alemán- ya estaba condenada tras su fracaso de tomar Moscú en 1941, y otros afirman con lógica, que fue la posterior batalla de Kursk la que marcó el definitivo mazazo a Hitler, una opinión que cada vez tiene más defensores, pues los alemanes tras Stalingrado y la retirada del caúcaso lograron con una serie de victorias, especialmente en Jarkov, detener la ofensiva soviética y restablecer el frente en el sur de Rusia, quedando momentáneamente en tablas con los soviéticos, algo que volvió a cambiar con la suicida ofensiva alemana de verano del 43.

Sea como fuere, el mito de Stalingrado es inmenso, muy superior a todas las demás batallas de este frente: el apocalipsis en la tierra como bien ha reflejado el cine con “Stalingrado” de Joseph Vilsmaier, “Enemigo a las puertas” de Jean Jacques Annaud, y otras. Beevor ha retratado el infierno sin precedentes, acertando sobre todo a la hora de recoger testimonios, cartas o diarios de todo tipo, de superviviente de la batalla, recabando información en los archivos de la extinta Unión Soviética, aunque muchos de ellos siguen cerrados, especialmente los de la temible NKVD, antecedente de la KGB, una de las mayores organizaciones represivas de la historia.

Este es un libro poderoso que se aleja de muchos de los libros de historia convencionales que no pasan de las malditas versiones oficiales o que tienen un tono propagandístico o patriótico, sinónimos de manipulación. Beevor reparte sus críticas por igual y ofrece información y puntos de vista poco tratados hasta entonces. Casi irrefutables. La imagen del mariscal Manstein, por ejemplo, tal vez el mejor estratega de la guerra, pero que fracasó en su intento de liberar al Vi ejército, queda gravemente dañada por su docilidad ante Hitler y por ser cómplice del asesinato de judíos- algo, claro, que después de la guerra negó-; lo mismo que la imagen del ruso Chuikov, “El heroe” de Stalingrado y un carnicero que envió al paredón a miles de sus propios hombres.

Todos, alemanes, sus aliados rumanos, rusos, cometieron innumerables crímenes en la peor guerra y en el peor frente que ha conocido el ser humano jamás – y ojo, hace sólo setenta y pico años, que en la historia no es tanto-. Tanto la Wehrmacht, desmitificando esa enorme falacia que tanto predicamento tuvo en la alemania de la posguerra y sigue teniendo, de que los crímenes sólo los cometían las S.S, la Gestapo y demás cuerpos nazis -responsables de la muerte de prisioneros rusos-, como el ejército rojo o la NKVD, tan peligrosa para los propios rusos, reciben su ración de críticas acertadas, lúcidas, nada tendenciosas y contrastadas.

Por hacerle alguna pequeña crítica, que impide, por poco, que sea una obra maestra, en algunos sucesos, Beevor pasa muy por encima – cuando Kruschev casi es victima de un ataque aéreo alemán, la actividad de la propia Luftwaffe en el cerco más allá de sus tareas de aprovisionamiento entre otras cosas-, pero son realmente minucias ante una obra modélica, un ejemplo de lo que deberían ser los libros de historia, que retrata perfectamente el infierno de la guerra y que, no por casualidad, se ha convertido en un referente al que muchos historiadores, como el español Álvaro Lozano, acuden como fuente de información, reconociendo el talento, la credibilidad y el rigor de Beevor

“SNAKE” McREADY PLISSKEN

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“Un escritor en guerra: Vasili Grossman en el ejército rojo 1941-45″ de Antony Beevor

un escritor en guerraVasili Grossman, el autor judío creador de obras tan monumentales como “Vida y destino” o “Todo fluye” – y del que, para variar, buena parte de sus libros no están publicados en este cultísimo país nuestro- fue corresponsal durante la II guerra mundial en el atroz frente del este y también testigo de la monstruosa política stalinista que provocó tanto la hambruna en Ucrania en los años 30′ – mínimo unos siete millones de muertos -como las famosas purgas que asolaron repetidamente al ejército rojo y a la sociedad civil, así como las represiones de la postguerra, que marginaron a Grossman y casi acaba con su vida, pues Stalin preparaba un genocido contra los judíos similar al de los nazis, pero cuya repentina muerte impidió que el plan pasase de los preliminares. En definitiva, y como dice Beevor, Grossman, un ser inofensivo y hasta ingenuo fue testigo en primera fila del “siglo de los perros-lobo” citando un famoso poema de Olip Vandelstam que se refiere a la tremenda crueldad de la que el ser humano es capaz y de la que la URRS fue sobrada.

Más allá del trabajo para el periódico “estrella roja”, lo que realmente importa fueron los cuadernos de notas personales que Grossman escribió y que tienen un valor excepcional y más aún si se tiene en cuenta que escaparon a la propaganda y censura soviética, escritos que sirvieron, además, como base para gran parte de su carrera literaria.

Antony Beevor, uno de los historiadores actuales más reputados, autor de obras tan colosales como “berlín, la caída 1945″, ha tomado como base principal de este libro los cuadernos de Grossman,p ero no se ha limitado a transcribirlos, pue sha realizado una biografía peculiar del personaje y ha añadido comentarios sobre el contexto histórico de las anotaciones del escritor que lo enriquecen considerablemente.

La conjunción de estos dos talentos inmensos – más Grossman que Beevor – da como inevitable resultado un libro magistral, apabullante, uno de los mejores trabajos sobre la II G.M. desde la óptica rusa, algo con un valor añadido si se tiene en cuenta que gran parte de la información directa sobre el frente del este procede de los alemanes y en menor medida de sus aliados, ya que debido al extinto “telón de acero” de la guerra fría o porque como dice Beevor los archivos rusos están volviendo a ser prohibidos para los occidentales en plena era Putin después de unos pocos años de apertura – y no del todo-, la información que nos llegaba del este solía estar en la línea propagandística y manipuladora de la “gran guerra patriótica”, algo a lo que Grossman no siempre pudo escapar y que es totalmente comprensible teniendo en cuenta bajo que régimen vivía.

El inicio de la invasión alemana en 1941, los constantes desastres en la primera época de la guerra, la batalla de Stalingrado a la que Beevor ya dedicó un libro, las infernales batallas del Kursk o de la operación Bagration en Bielorrusia en julio de 1944 – una de las carnicerías más salvajes y desconocidas de la guerra -que ocurrió al mismo tiempo que la liberación de Francia y a la que hace, aunque parezca mentira, palidecer-, las contínuas victorias rusas que acabaron con la conquista de Berlín y un largo etc, todo queda registrado por la misión humana, atenta y compasiva de Grossman que brilla más que nunca en las descripciones de las aberraciones nazis especialmente en los capítulos de “la matanza de Berdichev” donde asesinaron a su madre entre al menos 30.000 judíos más, una de las muchas masacres ejecutadas en el terreno por los Eintsanzgruppen – los comandos móviles de exterminio – y en el portentoso “Treblinka”, el primer artículo escrito sobre los campos de concentración nazis, utilizado en los juicios de Nuremberg como prueba incriminatoria y que es de lo mejor que hay sobre este tema, al que todo elogio se queda corto y que minó sensiblemente la moral del sensible escritor.

Grossman murió marginado, perseguido, censurado. La visión de tantos horrores hizo que muriera antes de tiempo, pero como bien dice Beevor, ni el monstruo nazi ni el monstruo comunista- ese que ejecutó a casi 14.000 de sus propios soldados en Stalingrado y varias decenas más a lo largo de toda la guerra- pudieron con su insobornable honradez y humanidad, ni desde luego con su obra. -de hecho pese a las presiones siempre se negó a servir en el partido comunista-. Y esto, la supervivencia del individuo ante las adversidades, es el eje de sus tristes, crueles y a veces hermosos libros, y por supuesto, es toda una lección de coraje y ética.

UNA ESTRELLA FUGAZ

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