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“Milagros de vida” de J. G. Ballard
J. G. Ballard ( 1930-2009) fue uno de los escritores más importantes, oscuros y críticos de la ciencia ficción. Alguien que durante su dilatada y radical trayectoria unió el surrealismo con el psicoanálisis de manera singular y al contrario que la mayor parte de escritores del género, él no miró tanto a las estrellas como jacia dentro, “el espacio interior” del ser humano, término que se suele utilizar para hablar de su obra.
Su inconformismo y complejidad fueron tales que, pese a su éxito, Ballard sólo llegó a ver dos adaptaciones al cine de su longeva obra -de unos 50 años- y es que siempre fue alguien alejado de los clichés populares del género y no tuvo miedo al escándalo y a la controversia como demuestra “Crash” – magistralmente lleavada al cine por el genial David Cronenberg, otro film que también levantó ampollas entre los más cerriles, no confundir con el oscarizado “Crash” de Paul Haggis- o el embrión de ésta, “La exhibición de las atrocidades”, uno de sus libros más difíciles, confusos y experimentales con episodios con títulos tan bonitos como “Plan para el asesinato de Jacqueline Kenedy” o “Por qué quiero joder a Ronald Reagan”.
Su influencia es notoria tanto en otros escritores -como Palahniuk- como en ese cine que casi prefirió tratarlo de refilón y no directamente. Creo que films como “28 días después” de Danny Bolyle o “Sunshine” beben mucho de él, e incluso del Joker inmortalizado por Heath Ledger en “El caballero oscuro” es similar a uno de esos muchos mesías del caos dispuestos a tambalear los cimientos de una sociedad opulenta, aburguesada y anestesiada que abundan en sus novelas.
Autor de novelas tan esplendidas como “Rascacielos” o “Noches de cocaina” y libros de cuentos como el magistral “Playa terminal”, Ballard es ante todo conocido por “El imperio del sol”, su otro libro llevado al cine, por Spielberg y que resulta menos turbio y ambiguo que el original, donde narra su propia experiencia com prisionero de los japonenes en la II guerra mundial cuando era niño, en el marco del apocalíptico frente chino, algo que determinó su vida y su obra.
Hay muchos estudios que ya explican muy bien el rico mundo de Ballard, por lo tanto diré que “Milagros de vida” es su autobiografía, una autobiografía escrita cuando Ballard sabía quele quedaba poco tiempo – de hecho se publicó poco después de su fallecimiento- y que resulta tan valiosa como decepcionante. Valiosa porque Ballard siempre tiene algo interesante que contar y más si es sobre su propia vida. Decepcionante por lo exiguo de su extensión. Habla muy poco de su propia obra. Pasa por encima de muchos temas y lo que cuenta sobre su fascinante vida ya lo contó parcialmente tanto en “El imperio del sol” como en su menos conocida continuación, “La bondad de las mujeres”, aunque se comprende teniendo en cuenta en qué circunstancias fue escrito.
A pesar de todo un libro bastante agradable con bastantes anécdotas curiosas, aunque creo que el mejor homenaje que se le puede hacer a este inquietante y a la vez irónico, analítico, ambiguo, oscuramente optimista – aunque suene a contradicción- y hasta erótico escritor, es leer cualquiera de sus muchos y estimables libros.
El mundo es un lugar más triste y menos interesante, menos lúcido y menos inteligente, sin personas como él.
EL AMIGO DE MARGUERITE
Share“La bondad de las mujeres” de J. G. Ballard
Este libro se ha vendido como la continuación de “el imperio del sol”, la obra más famosa de Ballard, cuando sería más exacto hablar de ella como su auténtica biografía, cuyas abudantes dosis de ficción, paradojicamente, la acercan a la realidad al descifrar y analizar la compleja mente del autor y de su peculiar mundo, mucho más que la narración unidireccional y convencional de “Milagros de vida”, su autobiografía oficial.
Ballard vuelve a contar, de manera somera, su infancia en el Shangai de la guerra chino-japonesa y su internamiento en un campo de prisioneros nipón. Lleva el material más lejos y acaba desmintiendo que ésta se trate de una mera secuela de su más galardonado libro.
J. G. Ballard fue un niño acostumbrado al caos y a la violencia.Visitante de campos de batalla sembrado de cadáveres y destrucción, testigo habitual de las epidemias que asolaban a los ciudadanos más pobres de Shangai, y que no afectaban a los occidentales colonialistas protegidos por una gran, y fría, burbuja, el futuro escritor sobrevivió a una bomba china lanzada por error que mató a más de mil personas( hoy lo llamarían, conla típica hipocresia y cinismo que tanto triunfa, “daños colaterales“) y delante de sus ojos, soldados japoneses con absoluta indiferencia y crueldad, asesinaron a un civil chino, ya acabada la guerra. Todos estos hechos moldearonla personalidad del escritor y de su futura obra, convirtiendolo casi en un adicto psicológico a la violencia y a las sensacones extremas.
El libro es un viaje terapeútico para salir, no siempre conscientemente, de ese estado mental, un viaje que recorre sus años de estudiante de medicina ( donde diseccionó cadáveres- no sé si sería adecuado afirmar que con placer-, su casi onírico periodo como piloto de la RAF en Canadá, preparándose para una tercera guerra mundial que él creía que se avecinaba, una esperanza y un deseo de volver a encontrar el mundo apocalíptico de una infancia feliz ( este es un episodio impecable cercano al surrealismo ), su paternidad, su vida en ese Shepperton que aparece en algunas de sus novelas, la trágica muerte de su primera esposa, su alegre inmersión en la contracultura de los años 60′, LSD y saturacion de televisión incluidos,etc, etc…Un viaje que culmina con el rodaje del film “El imperio del sol”, una historia que es como un círuclo – vicioso- y donde se encuentran todos los grandes temas, todas las obsesiones recurrentes de este gran y difícil escritor.
Es irónico que el primer cineasta en llevar a Ballard al cine – sin contar su efímera época como guionista- fuese el “rey de los buenos sentimientos ( y del exceso de azucar)”, Steven Spielberg, alguien tan alejado de su mundo. Puede verse como una metáfora de esta novela, en la que aparece fugazmente Christian Bale – “American psycho” entre muchas otras-.
Ballard, un caballero, un hombre tierno y curioso, magnífico padre, pero con un trasfondo de dolor, insatisfacción y oscuridad, corre hacia la luz intentando alcanzar la paz y sepultar de una vez todos los muertos de la guerra y de su vida. Un paseo por el amor y la muerte, más frívolo y menos atormentado de lo que parece, donde las mujeres que le rodean juegan un papel crucial en la supervivencia y felicidad del escritor.
“La bondad de las mujeres” es rica en sexo explícito descrito de una manera gélida pero con un trasfondo lleno de vida, típico del estilo del autor, que junto a la ética desinhibida, sonlos antitabues de Ballard que no es apropiada para mentes no sólo mojigatas sino también para las convencionales.
Con sus altibajos, y ciertos momentos plomizos, es una notable novela, ilustrativa tanto del talento como de la psique del autor, e ideal para todo aquel que quiera iniciarse en su obra
Share“Compañía de sueños ilimitada” J. G. Ballard
Las novelas del gran Ballard suelen partir de una premisa similar: un mesías o antimesías, según se mire, que intenta demoler los cimientos de la sociedad, elevarse por encima de las convenciones morales, caducas y represivas, y alcanzar – solo o en companía de otros, a veces una multitud como es este caso – un estado de trascendencia o iluminación superior que va unido a una cierta involución a los orígenes primitivos, ancestrales del ser humano o a otras formas de vida del planeta, desdeñando o transformando los adelantos tecnológicos de la sociedad de consumo. Y lo suele hacer con un estilo frío, casi áspero, corrosivo, analítico, y es por eso que esta hermosa “Compañía de sueños ilimitada” sorprende.
Sorprende porque es una de las novelas más cálidas, hermosas y exhuberantes del personalísimo maestro, y eso que también es una de las más audaces, transgresoras y surrealistas.
Con una base cercana al film “El discreto encanto de la burguesía” de LuisBuñuel – al que posiblemente le hubiera encantado el libro – Ballard desarrolla una historia onírica y aparentemente no muy racional, donde vuelve a hacer saltar los tabúes sociales, especialmente el sexo. Su mirada a éste es tan desprejuiciada que será difícil de asimilar para muchos, al saltarse todo tipo de barreras familiares, y su personaje central, Blake, uno de los más extremos y bizarros de su obra en este sentido, que ya es decir.
“Quizá los vicios de este mundo sean metáforas de virtudes en el otro” se repite constantemente en la novela, pero lejos de resultar explícito, Ballard enfoca el sexo de una manera inusualmente bella, dulce, inocente, casi cándida, como un móvil para alcanzar un fin superior.
La historia, con menos violencia de lo habitual en el autor aunque rica en ideas subversivas, se desliza progresivamente hacia lo maravilloso con unas descripciones de la flora y fauna barrocas, llenas de vida y colorido. Una posible lectura es que esta es la historia de una especie de Jesucristo al estilo particular y no creyente de Ballard, algo que junto al tema sexual probablemente levantaría ampollas en mucha gente en el caso de una hipotética e improbable adaptación al cine. Recuérdese lo que ocurrió con “Crash” – la prohibición en Inglaterra o los monstruosos insultos de muchos de nuestros mediocrísimos críticos. ¡Como se nota que no leen a Ballard!-. Y recuérdese también que aparte de la autobiográfica “El imperio del sol”, no ha sido llevada al cine otra novela suya. Si la adaptasen al cine ya sólopor el escándalo ya valdría la pena. Eso que la novela está llena de entusiasmo y de un sentimiento puro y que a veces tiene incluso algún toque almibarado. Pero eso es algo que muchos no sabrían ver, más atentos a orgías y desenfreno sexual para poder echar su bilis sobre el film.
Y es muy posible que al igual que con “Saw VI” cierto ministerio con ciertas ideas de censura ultrareaccionarias retrogradas y peligrosísimas, pues coartan la libertad del ciudadano, la prohibiese. El siguiente paso podría ser censurar al polémico Ballard, si es que lo leen, claro está.
CLAUDIO, EL GALLO QUE DETESTA AL MINISTERIO DE INCULTURA
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