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“El informe de Brodeck” de Philippe Claudel

brodeckMe ha sido encomendada la tarea de hacer un informe sobre el informe de Brodeck. Debo hacerlo aunque intuyo que no le haré justicia.

Los seres humanos venimos a hacer más o menos lo que los animales. Llevamos una vida lo más plácida posible, hasta que algo nos molesta, lo que nos lleva a actuar violentamente. Solucionado el problema, somos pacíficos como si siempre lo hubiéramos sido. Lo que nos diferencia son los remordimientos. Necesitamos hacer a alguien depositario de nuestras acciones, confesarnos, aligerar nuestro peso, atormentar al recipiente de nuestras miserias. Este es Brodeck

Brodeck sabe que ser inocente entre culpables, equivale a ser culpable entre inocentes. Sabe que en este mundo tener la razón es algo que se paga muy caro, que nadie soporta la verdad arrojada a la cara, la cruda verdad. Si alguien nos recuerda nuestro mal proceder, es como una piedra en el zapato, piedra de la que deshacerse rápidamente. El miedo nos atenaza, por miedo a los demás somos capaces de hacer casi cualquier cosa; miedo a que no se nos tome en serio, a no estar a la altura,a nuestros superiores…también a los de abajo.

Tras la guerra- la segunda guerra mundial, aunque esto no es citado en ningún momento-, un desconocido proveniente de otro país se presenta en un pueblo – se supone que de Alemania, pero esto tampoco es citado- para quedarse durante un tiempo. ¿Cuánto? Nadie lo sabe. El ejercito nazi ocupó el pueblo– tampoco los cita- y los lugareños primero con miedo, luego ya incluso diríase con entusiasmo colaboran con los ocupantes. Grandes barbaridades son efectuadas bajo la ocupación. Tras la marcha de estos, todo debería volver a la “normalidad” y todo debe ser olvidado, pero ese extranjero, les recuerda una y otra vez su bajeza. Los lugareños acuerdan eliminarlo y debe ser Brodeck, que estuvo en un campo de concentración, arrojado al fuego como sacrificio a los nazis por parte de los civilizados pobladores del lugar, quién redacte el informe que acto seguido de acabarlo deberá ser olvidado por todos. Confesar para olvidar.

Claudel nos relata una historia de violencia, violencia en los campos de concentración, violencia fuera de los campos incluso en tiempos de paz, la misma que durante toda la historia de la humanidad. La diferencia estriba en la brutal y perfecta planificación de la misma. Que no haga referencia ni el lugar en el que pasa todo, ni cite países, ideologías, ni nada de nada, es un gran acierto del autor. La violencia no es etiquetada. Siempre etiquetamos las cosas para deshacernos de toda culpabilidad. Además siempre con una etiqueta lejana, que no nos haga referencia

El informe Brodeck es una gran novela, que mientras la leía me iba recordando la Suite francesa de Nemirovsky.

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“IZQUIERDA Y DERECHA” Joseph Roth

IZQUIERDA Y DERECHA

Rechts und Links

JOSEPH ROTH

Ed. Barataria, 2010

Por ARIODANTE

Joseph Roth (Brody, 1894-París, 1939) fue uno de los más personales escritores centroeuropeos de habla alemana, en cuyo idioma escribió toda su amplia obra. Sus orígenes familiares eran de un nivel acomodado y tradición judaica: ostjuden, judíos del Este, mal considerados en los círculos vieneses judíos. En 1914 ingresa en la Universidad de Viena, que casi podía considerarse un gueto judío, para estudiar Literatura y Filosofía. Sin embargo, a pesar de ser pacifista, se alistó voluntario en el 16, año en el que hace desaparecer su primer nombre, Moses, porque ser judío es ya peligroso en Centroeuropa y Joseph es un nombre más discreto. A partir de 1923 viajó por Europa como corresponsal del Frankfurter Zeitung, como también lo haría Sándor Márai pocos años después. Publicó cientos de artículos y reportajes periodísticos, testimonio de la convulsa Europa de entreguerras. En 1925 Roth es nombrado corresponsal en París. Al cabo de un año le envían a la -desde casi una década- Unión Soviética. Las excelentes crónicas enviadas desde la URSS nos lo muestran absolutamente decepcionado. Roth constata en sus artículos la evidencia de que el joven Estado comunista estaba lejos de alcanzar una sociedad mejor. En el 32 publicó la novela que le haría más famoso: La marcha Radetzky, un gran fresco de la sociedad austrohúngara, que rezuma un cierto toque satírico y nostálgico a la vez. A partir de 1934, vivió huyendo de ciudad en ciudad por una Europa que observa incrédula el ascenso del nazismo. Incluso se convirtió al catolicismo en sus últimos años, tratando de ser lo más austríaco posible… Muere en París, completamente alcoholizado, en 1939.

Izquierda y derecha (en otras ocasiones traducido como A diestra y siniestra) se publicó en 1929, tras una abundante producción previa, y ya vemos expresado su mundo propio, que siempre planea sobre el ocaso de un modo de vida: la sociedad centroeuropea de entreguerras, que recoge los restos del imperio y los albores de los grandes cambios que vendrán. El autor elige, con una gran carga simbólica, a los personajes: una familia alemana, los Bernheim, en franca decadencia, con dos hermanos, Paul y Theodor, representando posturas enfrentadas, y una gama de personajes secundarios (el Doktor Koenig, el húngaro Tekely, el industrial Enders…) que revolotean alrededor del tercer gran personaje, el ruso Brandeis, interesantísimo como motor de toda la narración, y a su vez, eje simbólico e ideológico. Los personajes femeninos ocupan una posición secundaria; la madre de Paul y Theodor, defendiendo sus miserias cotidianas, Irmgard, como una niña de papá consentida y frívola; Lydia, en otro nivel social va siendo traspasada de unos a otros brazos… En una conversación entre Brandeis y Paul brota el pesimismo rothiano: ¿Qué necesitábamos nosotros? Mujeres. La juventud actual necesita sangre (…) La muerte les atrae tanto como a nosotros nos atraía la vida.(…)Actúan movidos por el miedo y la sed, como los animales. Las ideas no son más que pretextos, nunca han sido otra cosa (…)¡Qué tristes son los idealistas!

Tanto Paul como Theodor quieren salir adelante en el maremágnum, no saben muy bien cómo, pero quieren subir, llegar a la cima, al precio que sea, y no dudan en aceptar ayudas dudosas, matrimonios de conveniencia, apoyos poderosos. No son felices. Brandeis, sin embargo, ha sabido llegar a la cima, saborear el poder, dominar. Tampoco es feliz, pero sabe lo que quiere: ser libre. Y está dispuesto a pagar su precio: lo decisivo –le dice a Paul- es poder abandonarlo todo sin tener la sensación de estar haciendo nada extraordinario. Pienso que este es el personaje principal, aunque el peso de la narración lo lleve la vida de Paul. Novela de sátira feroz, de humor amargo, en la que el Berlín de la república de Weimar se ve retratado, con sus luces y sobre todo, sus sombras; toda una sociedad dividida en los que están a un lado y a otro, aunque no distingamos bien la línea fronteriza: en aquellos días -afirma Roth- la moralidad del mundo dependía exclusivamente de la estabilidad de la moneda (…) Son las Bolsas las que definen la moral social.

Lo que encontramos, en general, son seres infelices e incapaces de dar felicidad ni amor. El amor es algo que el autor no contempla, en general, en sus novelas. Sin embargo describe muy bien la soledad y la impotencia, el resentimiento y la mezquindad. Todo un panorama que preparaba la hecatombe posterior que hubo de sufrir Europa.

La edición de Barataria merece atención: de buena factura, un formato cómodo de leer, y estéticamente muy bien cuidado.

Ariodante

Octubre 2010

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“Precisamente yo” de Erika Mann

Título original: Blitze überm Ozean
Traducción: Cristina García Ohlrich
Postfacio: Irmela von der Lühe y Uwe Naumann
Editorial: Minúscula
Año Edición: 2002
ISBN: 84-95587-11-4
Págs.: 190
Género: ensayo autobiográfico

Por ARIODANTE

Erika Mann (Munich, 1905-Zurich, 1969), actriz, escritora, periodista, conferenciante, viajera y aficionada al automovilismo, la hija mayor del escritor Thomas Mann fue una mujer polifacética rebosante de ideas e inquietudes. No implicada por su deseo en la política, se vio involucrada necesariamente por la situación de Alemania con el ascenso al poder del nazismo. Tras una adolescencia y juventud muy alocada, consentida por sus padres, con un ambiente intelectual de primer orden y acostumbrada a alternar con personajes literarios y artísticos en las tertulias de la mansión familiar, en 1933 fundó un cabaret, Peppermill (El molinillo de la Pimienta), con un pequeño grupo de colaboradores, entre los que se encontraba su hermano Klaus, compañero de intereses y actividades desde su infancia. Realizaron una gira por Suiza, Holanda, Checoslovaquia, Bélgica y Luxemburgo. Utilizaban canciones, sketches, cuentos de Grimm, y textos de su hermano Klaus en su repertorio, con un marcado carácter antifascista. El escritor austriaco Joseph Roth escribió a Erika tras asistir a una función de El molinillo de la Pimienta en Amsterdam: “Hacen ustedes diez veces más contra la barbarie que todos los escritores juntos”.
Erika no llegó a terminar más que un esbozo de autobiografía. El libro que nos ocupa, Precisamente yo, es una selección de textos literarios y periodísticos en los que habla de sí misma y de la situación política que vivió en Europa, en Alemania, en España, sus actividades como actriz, periodista, su implicación política a pesar de ser contraria a sus intereses. Aunque algunos de los textos, a través de los años hayan podido quedar un poco desfasados, su idea central sigue vigente: “Un mundo, un único mundo lo bastante grande para ofrecer espacio para todos, pero no para todo. ¿Y para qué no? La palabra resulta plana, y preferiríamos evitarla. Es inevitable. Lo que está detrás de ella ha envuelto el mundo en humo y llamas y ha de ser proscrito, de acuerdo con las normas de un nuevo mundo. Se llama ¡nacionalismo!”
“El mensaje que quería transmitir fue siempre un llamamiento directo y sin embozos a la solidaridad humana contra las inhumanas fuerzas de la oscuridad y la destrucción- nos dice al comienzo-Esto es lo que he querido expresar en mis escritos y conferencias, en mis libros y artículos, en mis cuentos para niños y en mis discursos por la radio.”

En los veinte textos seleccionados, Erika nos habla en primer lugar de su vida, en el esbozo autobiográfico que llama Precisamente yo y que da título a la edición española (el título alemán del libro podría traducirse como Rayos sobre el océano) y cómo pasó de estar interesada en el teatro y en viajar y en múltiples actividades, acabó ocupándose de aquello con lo que no contaba: la política. No pudo evitarlo. No podía soportar cómo el nazismo pisoteaba a su país, no podía permanecer al margen y no entendía cómo tanta gente no sólo no se daba cuenta de lo que se estaba gestando, sino que no concedía importancia o no quería verlo. Tomó sobre sí la tarea de publicitar lo que ocurría y lo que iba a ocurrir, como una nueva Casandra. Lo que le supuso, por lo pronto, el exilio, luego un largo vagar por países y ciudades tratando de explicar sus ideas y de colaborar en la lucha contra el mal, contra la negra sombra que se extendía por Europa bajo la cruz gamada.
En sus textos predomina lo concreto, a veces pura anécdota, con lo que va construyendo lo que considera fundamental. No le importaba tanto ser original como veraz, para ilustrar y publicitar a los cuatro vientos lo que estaba ocurriendo día a día. De la cotidianeidad observa y destaca historias trágico-grotescas, situaciones de las que podemos sacar unas conclusiones sobre las que reflexionar o que nos impacten. El espíritu del cabaret, del sketch, domina en este conjunto de textos, en el sentido de aglutinar piezas con las que nos hagamos una idea de su pensamiento, que desde muy joven estuvo ligado al teatro y lo que supone la novedad del cabaret: la sátira y la crítica social presentando cortos fragmentos que desgranen la realidad social, analizándola y mostrándola en su desnudez. Nos habla, pues, de viajes, de literatura, de teatro, de la posición de la mujer; de sus experiencias en la guerra de España, del caos lisboeta, ciudad llena de exiliados y huidos de la guerra, mirando desesperados hacia América; nos habla de Nuremberg, en fin, compone toda una cesta de frutos, unos más dulces, otros amargos y ácidos.
Tras exiliarse, Erika estuvo en Inglaterra, soportando los bombardeos londinenses, y en Norteamérica, adonde su familia también acabó por exiliarse. Dio conferencias, habló en la BBC, fue corresponsal de guerra por Norteamérica, en Oriente Medio, vivió el desembarco de Normandía y regresó con el ejército americano a su país tras la guerra, quedando impresionada por el desolador panorama. También siguió muy de cerca los juicios de Nuremberg. Fue de las primeras en criticar la guerra fría, lo que la distanció de Norteamérica. Siempre en una posición impopular, crítica y decididamente defensora de la libertad, se estableció en Suiza con su familia y entre otras múltiples actividades administró la obra de su padre y la de su hermano Klaus, cuyo suicidio, en el 49, le causó una profunda impresión, puesto que estaba muy ligada a él, a pesar de discrepar en algunas posiciones políticas.

Ariodante
Agosto 2010

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“Kampfgruppe ZBV” de Motofumi Kobayashi

Ahora que Montag, con suma irracionalidad, quiere que colabore habitualmente, en un acto kamikaze y de profunda irresponsabilidad, impropio de él, va a tener que aguantar – y el sufridor e imprudente lector también – mis fobias y filias incubadas a lo largo de una alegre vida de manicomios, lobotomías y celdas de máxima seguridad.

Y una de ellas es mi interés por todo lo que tiene que ver con el frente oriental de la II guerra mundial.

Para cualquier seguidor de la obra de Sven Hassel este puede ser un cómic ideal ya que guarda muchos puntos de contacto con el escritor de Dinamarca, principalmente porque coincide en narrar la historia de unos soldados alemanes degradados a los que se envía en las peores condiciones, contra los rusos.

A primera vista puede parecer un trabajo exótico: ¡ un cómic manga ambientado en 1944 en el frente ruso, escrito y dibujado por un japonés !. Pero si uno no se fija en el nombre del autor, lo cierto es que ni se nota, ya que parece 100 % occidental.

Especializado en el género bélico, Kobayashi retrata con un buen dibujo en blanco y negro, más esmerado en la recreación de tanques y vehículos blindados que en los personajes, el infierno salvaje que es la guerra. Un infierno que contrasta con las ingenuas “hazañas bélicas” que muchos devoramos en nuestra infancia, y que, a día de hoy, uno duda que las volviera a disfrutar si las releyera. Un infierno realista en el que se ve lo que no solía ser mostrado en esas historietas: alemanes matándose entre sí, rusos matándose entre sí, el barro y la sangre, la arrogancia y crueldad de los oficiales, las masacres de heridos y prisoneros, etc…

No es un gran trabajo, eso ya lo sugiere el propio  Kobayashi en su epílogo. Los personajes son simples marionetas ( el único que tiene algo de sustancia es el implacable e inquietante jefe del grupo de combate ). No hay una gran historia detrás ( tampoco hace falta ) y los diálogos son mínimos y hasta descuidados ( ¿ o es cosa de la traducción ? ). Kobayashi parece más interesado en recrear  bien los combates y en líneas generales lo consigue, con contundenca y vigor: hay momentos brillantes como la operación del comando Brandemburgo, la dura batalla bajo la lluvia.

Posee un final tan adecuado como abrupto y repentino ( la serie, de la que este tomo es una revisión, fue cancelada ) y aquí no hay monsergas patrioteras ni épica estúpida.

Puede ser un buen complemento para los que admiren la obra mestra “El soldado olvidado” de Guy sajer, a la que recuerda en más de una ocasión. Aquí también aparece la famosa división “Grossdeutschland”.

Lo dicho, no es una gran trabajo, pero dentro de sus muy evidentes limitaciones, es bastante entretenido y hasta apreciable y se lee de un tirón

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“Sin novedad en el frente” Erich Maria Remarque

Escrita en los años 20′ del pasado siglo, esta breve novela es uno de los clásicos insidscutibles de la literatura bélica, si bien el término más apropiado para definirla sería antibélica, dado su fuerte contenido pacifista.

Libro de gran vigor, emotividad y sensibilidad, ha influenciado enormemente a muchos novelistas posteriores – Sven Hassel, por ejemplo -  y fue prohibido por el nazismo. Su retrato de la I guerra mundial desde el bando alemán, chocó frontalmente con la filosofía, fatua filosofía, de superioridad de Hitler, Goebbels y los suyos, por su mirada desesperada, su infinita amargura, su compasión y su tremendo asco por la guerra, asco enfatizado a los militares, políticos y a todos los que ayudaron a que se realizase una de las mayores matanzas de la historia en occidente.

La obra de Remarque, como todas las demás obras antibélicas del periodo de entreguerras, no sólo literarias – pienso en las infernales pinturas de Otto Dix o en el magistral film “Remordimiento” de Ernst Lubitsch – fueron un oasis en medio del desierto. Sus advertencias, su aviso sobre el horror de la guerra y de los sistemas que la alimentan, fue en vano. Claro que sería ingenuo pensar que el arte puede frenar un conflicto de estas grandes dimensiones. ¿Resultado? Remarque y Lubitsch exiliados, Dix prohibido, como tantos y tantos otros – el ser humano tiende, en todas partes,  a prohibir la inteligencia con excesiva frecuencia – en esa Alemania tan psicópata, tan reconocible en su universal crueldad humana, tan humana, en el peor sentido.

Remarque, veterano de la I guerra mundial, no compartió las visiones genocidas de veteranos como él y sus familiares llegaron a ser perseguidos. Parece que el escritor de “Tiempo de amar, tiempo de morir” lo hizo movido por sus creencias cristianas, algo que contrasta con tantos cristianos alemanes que, alegremente, votaron, o se volvieron, nazis, fusionando de una manera muy curiosa y contradictoria sus creencias religiosas con su nueva fé por la nueva Alemania, y su Dios, el Führer.

“Sin novedad en el frente” ha tenido dos adaptaciones en el cine hasta el momento. La de 1929, de Lewis Milestone, también un clásico del cine y otra de menor reputación pero también apreciable, la de finales de los 70′ a cargo de Delbert Mann, y que tenía el handicap de ver al soso Richard Thomas en el rol principal, pero la virtud de ver al gran Ernest Borgnine en el emblemático papel de suboficial a cargo del pelotón protagonista.

Toda la imaginería popular que dejó la sangría de 1914-18 está aquí. La encarnizada y novedosa guerra de trincheras, una carnicería desconocida hasta entonces. Los avances tecnológicos encaminados a crear formar de matar hasta entonces inéditas o utilizadas de forma minoritaria – o simplemente fuera de Europa-. El horroroso gas, el uso másivo de las ametralladoras, los tanques, la aviación, etc…( veo como los más ilustres cerebros inventan armas y frases para hacer posible todo esto durante más tiempo y con mayor refinamiento), las visitas a una ciega, patriotera retaguardia, el desengaño de una joven generación que fue masacrada y vendida por sus mayores.

Como bien señala Remarque ( también posterior actor ) muchos de los que sobrevivieron fueron destrozados mentalmente, irreversiblemente. Este libro, imbuido de un espíritu trágico, fatalista, es un pequeño canto a la vida que choca con la estupidez, la sumisión ( el borreguismo es el alimento para las guerras, sirve para generarlas, para disputarlas, para perseguir al disidente) y el fanatismo del ser humano.

El amor, el compañerismo, los pequeños momentos de ocio es a lo que se aggaran sus condenados, prematuramente envejecidos protagonistas. Unos jóvenes que se alistaron voluntarios, ilusionados, engañados y manipulados por el sistema reinante ( y el II Reich Alemán tenía sus homólogos en el imperio Austro- Húngaro, el imperio británico, el francés o la Rusia de los Zares. Eso fue la I guerra mundial: una lucha, mayormente entre imperios, que colonizaban con no poca crueldad África y parte de Asia ).

Remarque denuncia la futilidad de la guerra ¿ Para qué sirvió? A esto podría contestar un personaje que la mordaz, lúcida, “El miedo” de Gabriel Chevalier: Sólo sirvió para que unos pocos salgan en los libros de historia, unos cuantos más se hagan ricos, millones ( unos 10 ) mueran y muchos más millones queden traumatizados, mutilados o sin sus seres queridos. También dice que la estupidez humana ayuda a ello. Estupidez que Einstein califica de infinita – léase “Allegro ma non troppo” de Carlo M.  Cipolla -. Muchos creyeron que la Gran Guerra sería la guerra que acabaría con todas las guerras. Un profundo error. De las cenizas de la I guerra mundial surgieron los monstruos, ávidos de poder y de orden enfermizo que desencadenaron la II guerra mundial, muchísimo más destructiva que la anterior. Las afirmaciones del personaje de “El miedo” – similares a algunos diálogos de Remarque – siguen tristemente vigentes. “Sin novedad en el frente” queda como un testimonio de vida, como un enérgico rechazo a lo peor del ser humano.

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“Camaradas del frente” De Sven Hassel

Tras este título algo repelente, cursi  y obsoleto que probablemente habrá espantado a algunos posibles lectores, hay una novela tan antibélica y tan antimilitarista como suelen ser las de su autor, el danés Sven Hassel.

Enlazando con el final de la infernal, demoledora “Los panzers de la muerte”, es también el libro más singular de los 14 que el autor dedicó a la II guerra mundial: Transcurre casi completamente en la retaguardia, algo que sólo tiene similitud con “Gestapo”. Es la única donde algunos de los personajes más representativos del autor aparecen de modo secundario y es la más sensible de todas.

El libro es ante todo un hermoso canto a la amistad y al compañerismo en circunstancias asfixiantes. Hombres obligados a luchar en una guerra en la que no creen, por una causa que detestan, ante un enemigo ( los rusos ) implacable, tratados como carne de cañón, que cuando tienen un permiso ( y aquí porque han sido heridos) tienen que aguantar al estado policial Nazi, los bombardeos y todas las penurias y escaseces de la guerra en la retaguardia ( con asesino en serie incluido).

Hombres convertidos en crueles carniceros a su pesar, conscientes de su condición y que se saben condenados. Intentan salvaguardar la dignidad que les queda y los principios que tienen ( véase la historia del teniente Ohlsen) y que encuentran en su amistad el mayor refugio ante el mundo hostil que se les viene encima.

“El menor sufrimiento de tu dedo meñique, me causa más preocupación que la muerte de millones de hombres”. Así se abre el libro y es perfectamente representativo de lo que uno encuentra en su interior, siempre sin sensiblerías ni almibar.

La novela arranca conun estilo fragmentario no muy habitual en Hassel, algo que resulta un tanto inadecuado y hasta torpe. Pero este defecto pronto queda atrás conforme la novela va desarrollánose y definiéndose, cobrando un vigor visceral, rico en historias de lo más variopintas y siendo un retrato magistral tanto de la Alemania Nazi ( la Alemania de los suburbios y de los parias) como de sus personajes, unos personajes a priori, más propicios para atracar bancos y vaciar bodegas, que para declamar poesías, lo que acentúa, engrandece aún más la solapada belleza del libro, que tiene un enorme poder en los momentos más íntimos, de un lirismo inusual. Son personajes que intentan devorar la vida que se les ha negado, sabiendo que muchas cosas las han perdido para siempre.

La ternura y el amor impregnan este libro también cruel y ultraviolento, uno de los primeros de Hassel y perteneciente a su mejor época, la de los primeros 60′. La más honesta, antes que se convirtiera en un escritor adscrito a una fórmula rentable y denostada, pero también apreciable para muchos ( entre los que me encuentro pese a alguna objeción).

Tres historias extraordinarias destacan poderosamente, tres historias que ponen la carne de gallina, emocionantes y escalofriantes al mismo tiempo. La del Judío en  las montañas checas; La cruel carta que recibe uno de los personajes cuando regresa al frente y que desarma toda su picaresca y toda su brutalidad; y especialmente el espeluznante capítulo “Fiesta en las SS”, donde se retrata una orgía que organiza dicho cuerpo fanático nazi, donde quedan crudamente reflejadas su amoralidad o peculiar moralidad, su extremo salvajismo ( en especial ese SS cazador de cabezas, que gusta coleccionarlas y reducirlas, hasta beber, alegremente, la sangre de sus victimas mezclada con alcohol) y su increible, ilimitada ordinariez. Un capítulo rematado de una manera inesperada que compensa toda la brutalidad de las SS y que es uno de los momentos que más me han impactado de toda la literatura bélica que he tenido la suerte ( o desgracia) de leer. Sólo por ese momento conmovedor ya vale la pena esta novela, que tiene un lenguaje y un estilo tan sencillo como espléndidos son los resultados.

ALAN SMITHEE

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“Violetas de Marzo” de Philip Kerr

Violetas de Marzo supone la primera parte de la serie “Berlín Noir”, protagonizadas por el detective, y ex policia, Bernie Gunther. En un principio se trataba de tres partes- 1.- Violetas de Marzo; 2.- Pálido criminal; 3.- Requiem alemán-, novelas escritas en el lapso de tiempo que va de 1989 a 1991. A partir de 2006 añadió tres obras más con Gunther como protagonista- 4.- Unos por otros; 5.- Una llama misteriosa; 6.- Si los muertos no resucitan.- Un recorrido por los años 30′, 40′ – y 50′-.

Las novelas son muy interesantes pues se meten de lleno en la Alemania nazi. Relata – curioso que Philip Kerr sea escocés y no alemán- unos años por los que sentimos una curiosidad infinita. Las peripecias de Bernie Gunther – que se inician en 1936 con “Violetas de Marzo”, aunque posteriormente escrita, en “Si los muertos nos resucitan”, vemos a Gunther antes en el tiempo 1934- coinciden con los años de Hitler y los Nazis en el poder, con todo lo que eso conlleva. Un Bernie Gunther, detective cansado, que cree que ya nada le puede sorprender ni afectar, pero que acaba siendo sorprendido y afectado por el tsunami que se le viene encima – a él y a todo el país-. Así vamos viendo el día a día de un país que ya deportaba seres humanos a campos de concentración, que denunciaba a conocidos y vecinos so pretexto de ser de “los otros” y se dejaba llevar por la locura e histeria colectiva. Los casos en los que se ve envuelto nuestro protagonista, incansable observador y rastreador, nos llevan a lo más sordido de la ya de por sí sordida sociedad que viniendo del desastre posterior a la primera guerra mundial acabó degenerando hasta el límite. Nos llevan a la trastienda del nazismo, con casos que implican a personajes importantes del partido y sus brazos armados, implicados en “vulgaridades” como asesinatos relacionados con lo de siempre: dinero y poder. Una época brutal y despiadada que seguía objetivos comunes a todas las épocas.

Violetas de Marzo, el primer volumen de la serie, transcurre como ya se ha anunciado, en 1936, coincidiendo con las Olimpiadas de Berlín, las olimpiadas de Jesse Owens, retrocediendo hasta los últimos años de Weimar para mostrarnos la alemania previa al 36, para explicar como se llegó hasta ahí - imprescindible “Una princesa en Berlín” de Arthur Solmssen-  coger carrerrilla, y aire, para contar lo que se avecinaba. Siendo parte de un contexto tan fascinante, y de la mano del brillante Gunther, personaje al que se puede sin duda relacionar con los protagonistas principales de  escritores norteamericanos de los años 30′, 40′ y 50′ – como Hammet o Chandler, palabras mayores- el caso es lo de menos. Un buen entramado de suspense debe de empezar por no estar por encima de contexto y personajes, para que cuando encuentren al asesino, que tiende a ser encontrado en las novelas policíacas, el lector sienta que había mucho más detrás de el caso y la novela pase de ser de entretenimiento, a algo más. En el presente, Gunther debe investigar para un empresario del acero el asesinato de su yerno e hija y encontrar unos diamantes robados en el día de autos. Será durante la investigación cuando veamos todo lo que rodea a las pesquisas, con sus claroscuros- más de lo segundo-.

En definitiva una novela recomendable, de un autor que conocí con una novela diametralmente alejada de la saga “Berlín Noir”, “Una investigación filosófica“, novela  que sin ser una maravilla, destaca por su originalidad y sobre todo por su desarrollo, más que por su final.

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“Crónicas Berlinesas” de Joseph Roth

cronicas-berlinesas-rothNo sé si soy capaz de imaginar el tormento existencial de Joseph Roth. Hijo del moribundo imperio austro-húngaro, ese padre podría tener todas las faltas del mundo, pero era su padre. De esa angustia por la caída de su mundo, se une la desesperación por comprobar hacia donde se dirigía la civilización. No se le puede negar clarividencia. Ambas cosas, unido a una forma de escribir violentamente sencilla y sosegada, pese a lo desesperado de lo descrito, lo dotan de una lucidez tal-incomprendida en su momento por supuesto- que es, al menos para mi humilde manera de ver las cosas, uno de los escritores más interesantes  que hoy día podemos leer.

Crónicas berlinesas“, editado por Minúscula, es una selección de artículos sobre la cosmopolita ciudad de Berlín. En la misma línea que “Viaje a Rusia“. Artículos que datan desde 1920 a 1933, momento en el que la vida en esta ciudad ya no era aconsejable. En realidad, por lo narrado, nunca lo fue para la mayoría. Bolsas de pobreza extensas, refugiados del este de Europa, la mayoría judíos, barrios bohemios repletos de artistas de vida disoluta, en fin, lo típico que se le presupone a una gran ciudad que antepone progreso a cualquier otra idea.

Por supuesto,por encima de todo lo que Joseph Roth escribe, está el ascenso de los Nazis al poder. Factores: miseria de la población, ruina del Estado-reparaciones de la I guerra mundial a los vencedores-, inflacción brutal y desproporcionada- por la tarde algo perdía 100 veces el valor de tenía por la mañana, y cosas de primera necesidad-, Weimar como sinónimo de derrota, cobardía, nacionalismo alemán dolido y exigente de venganza. Los judíos vistos como el origen del problema, señalados como cabezas de turco. Existen dos novelas que pueden ilustrar bien esto: “Berlin Alexanderplatz” de Alfred Doblin, novela que, con, perdón, se me hizo insoportable, y Una princesa en Berlín” de Arthur Solmssen, maravillosa novela, que explica muchas cosas.

El punto a favor de Roth, lo mismo que Doblin,  es que lo escribe allí, in situ, entre la mugre del supuesto progreso, sin abandonar el puesto, contando desde anécdotas a elementos de la vida política. Sus artículos eran una llamada de atención, un aviso. Como a Casandra, nadie le hizo caso.

Eso podría explicar su triste final en 1939, en Paris, justo antes del apocalipsis, compleamente alcoholizado. Bajo el espíritu del vino.

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“Opiniones de un payaso” de Heinrich Böll

payasoOpiniones de un payaso es a mi modo de ver un libro que de modo fantástico  retrata la Alemania salida de la segunda guerra mundial. Tras la barbarie a la que fue arrastrada la sociedad alemana, esta trata de recomponerse no sólo materialmente, sino también anímicamente. Tras la pesadilla toca despertarse, acallar el peso de la culpa, olvidar para seguir viviendo. Ahí entra en juego Böll. Señala con el dedo a Católicos- de origen católico, es a estos por los que siente mayor inquina, los tilda de hipócritas; Protestantes -a estos de mirar a otro lado-, Demócratas- a estos de no existir- con sus variantes Socialdemócratas, Centristas, Conservadoras…

Incluso el protagonista, el payaso, alter ego de Böll, acude a la Alemania Oriental, Comunista, creyendo que alli encontrará algo diferente, pero también se volverá decepcionado. No es lo que esperaba. Todo es lo mismo.

Él es simplemente un payaso de profesión, el más honesto de todos - señala que el que iba a ser su suegro, al único que respetaba moralmente, regentaba una librería, en la que se negaba a vender biblias, hecho que la gente “decente” señalaba como indecente. ¿Cómo iba a vender Biblias si era ateo?. ¿Es que nadie puede ser consecuente con sus pensamientos? plantea Böll. Böll se pregunta si alguien tiene ideas propias o si vamos cambiándolas según el la tendencia o el mandato, echándonos las manos a la cabeza ante lo que ayer mismo hacíamos- como tal rechazado por todos, es el que dice las cosas, el que no puede  divertirse, una especie de aguafiestas que señala que la fiesta no tiene gracia- más o menos como Thomas Bernhard-, y que no deja de recordar que la mayoría de la gente no está invitada a ella.

Relato duro, ácido, en ocasiones humorístico, que tira con bala a todo lo que se movía por entonces.

Libro maravilloso del premio Nobel de Literatura del año 1972

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“El pan de los años mozos” de Heinrich Böll

panEsta obra de Heinrich Böll, premio Nobel de literatura de 1972, supone un intento de mostrar las dificultades para abrirse paso para los más desfavorecidos en las ciudades,  donde reina la idea de progreso por encima de las personas. En un mundo en el que el dinero es el único Dios, los más desfavorecidos son simplemente aquellos que no tienen dinero. Más lo son los más débiles fisicamente, o los jóvenes, sin experiencia ni formación.

Este es el caso de los protagonistas de la novela que vienen a ilustrar el problema antes citado. Las dificultades de unos chicos de poca edad para tan sólo  comer y no ser pisoteados en el camino.

Böll siempre interesado en mostrar las miserias de la sociedad en que vivió, la alemana de mediados del S. XX, antes, durante y después de la guerra. La grandeza de los relatos de Böll es que lo relatado se puede aplicar a todas las épocas y a cualquier lugar. Contra algo es peor, más globalizado está.

Somos lo que somos, lo llevamos dentro, y ni pasar calamidades, ni ver los mayores sufrimientos, nos cambian ni un ápice.

Obra más que descatalogada. Tal vez pueda encontrarse en Uniliber

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