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“La cruz de hierro” Willi Heinrich

Esta novela de 1955, tardíamente editada en España, fue llevada al cine en 1977 por Sam Peckinpah, dando lugar a una de sus grandes películas, admirada por el mismo Orson Welles, muy infravalorada en su momento y hoy reivindicada por muchos como uno de los mejores films bélicos de la historia.

Puede que en algún aspecto técnico haya sido superada por el tiempo, pero en mi opinión, es una de las obras mayores, junto a “Grupo Salvaje” y “Pat Garret y Billy the Kid” ( en el montaje del director que aqui se vió por primera vez en 1990 ) de Peckinpah, que contó con actorazos como James Coburn, Maximillian Schell, David Warner o James Manson, un guión que le dió más de un quebradero de cabeza y que difiere sensiblemente del libro, donde participó uno de los responsables de “Casablanca“, entre otros profesionales, y con una producción donde también participó un antiguó veterano alemán de la batalla de la Cabeza de Puente de Kuban de 1943 – donde fue herido -, batalla durante la que transcurre tanto el libro como la película.

Para los que admiramos el film de Peckinpah y nos lo sabemos casi de memoria, es normal que sus imágenes y diálogos vengan a nuestra mente al leer un libro que, en esencia, nos está contando lo mismo de una manera muy diferente.

Willi Heinrich, veterano herido cinco veces, traza una novela introspectiva, a ratos intimista, donde los personajes priman sobre los acontecimientos. Se toma su tiempo para narrar los hechos e interiorizar los diversos puntos de vista de unos soldados atrapados en la citada Cabeza de Puente, uno de los numerosos disparates estratégicos que cometió el mando alemán en el frente del Este y que costó miles de vidas en ambos lados y que casi parece relegado a un segundo plano en la historia.

Con la derrota ya a la vista y como en tantas novelas alemanas que transcurren en dicho frente, sus protagonistas son seres desesperados que se saben condenados a muerte de antemano y cuyas condiciones de vida contrastan brutalmente con el de sus superiores.

Mientras éstos dialogan filosóficamente, sus hombres mueren de una manera atroz y aunque tal vez la novela no sea tan nihilista y misántropa como la película, es palpable el sentimiento de impotencia y asco que despende. El mensaje también es más claro en el film y Heinrich deja que todos sus personajes expongan sus razones, pero las que prevalecen son las del individualista Steiner, un hombre ferozmente antiautoritario, que choca constantemente con todos los que le rodean y cuyo enfrentamiento con el capitán Stransky, un prusiano de la vieja guardia, obsesionado por ganar la Cruz de Hierro del título español, define ambas obras.

Steiner, un hombre que probablemente ya detestaba al ser humano antes de la guerra, más solitario y brutal en la novela, es uno de los personajes más carismáticos y arrolladores que uno se ha encontrado en la literatura bélica. Individualista inexpugnable, su pensamiento demuele toda filosofía, ideología o religión creada por el hombre. No sólo detesta a Stransky, sino también al Teniente Coronel Strauss que siempre le protege. Esto no es sólo una forma de cabezonería. Steiner es consciente de que sus auténticos enemigos no son los rusos sino quienes lo han puesto en la situación de matar o morir, y no sólo los nazis, de los que se habla de una manera muy secundaria, sino sobre todo de esos militares siempre dispuestos a sacrificarse estúpidamente por la patria, como si hubiese gloria o principios en ello.

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El libro de las nubes, Chloe Aridjis. Funambulista

El libro de las nubes, Chloe Aridjis.

Traducido por Max Lacruz

En el Berlín de principios del siglo XXI aún permanecen las huellas del complicado pasado de la ciudad. Un Berlín que Tatiana (una joven emigrante mexicana) descubre en sus numerosos viajes en S-Bahn y metro y también gracias al trabajo que realiza transcribiendo las grabaciones del historiador Weiss y entrevistando a algunos de los protagonistas de ese periodo previo a la reunificación alemana.

La división de la ciudad sobrevive, en cierta forma, a pesar de la caída del muro y en los escenarios urbanos en los que se mueve la protagonista se pueden observar los restos de esas divisiones. Una excursión nocturna a la antigua bolera de la Gestapo dará a conocer a Tatiana el mundo subterráneo de Berlín y la topografía olvidada que esconde la urbe. Una experiencia que ya no podrá olvidar. A sus recorridos personales añadirá la información proporcionada por Weiss y las opiniones de algunos de los personajes con los que se entrevista, configurando así su propia idea de la RDA y la RFA.

“Hablaban de la fusión de Berlín Oeste y Berlín Este como si se tratara de un par de pulmones humanos, el uno rosado y sano, y el otro teñido de gris, como el de un fumador habitual, tratando de respirar al alimón, pero de vez en cuando sofocándose una vez más…”

El libro de las nubes describe una atmósfera emocional, la de la protagonista, con tantas luces y sombras como la ciudad que habita desde hace algunos años, pero que no termina de sentir como propia. El frío de la ciudad, la dificultad para dormir y la ausencia de relaciones personales son algunas de las nubes negras que forman parte de la vida diaria de Tatiana.

La autora propone un recorrido por la capital a través de espacios reales y espacios emocionales, un recorrido en el que realidad e imaginación se desdibujan y dichos espacios aparecen difusos, indefinidos. Un ambiente con escasos pero singulares personajes: Jonas, el joven meteorólogo especialista en nubes, o la Simplona, una extravagante mujer que pasa las horas frente a uno de los cajeros automáticos de Alexanderplatz completan el personal retrato que Aridjis(que ha vivido durante cinco años en Berlín) nos ofrece de la ciudad.

“…recuerdo que pensé….en la poca diferencia que había entre las nubes y las sombras y los otros fenómenos que engendra la imaginación humana.”

Con esta primera novela Chloe Aridjis ha obtenido el Premio de Mejor Primera Novela Extranjera en Francia, así como el reconocimiento por parte de la crítica internacional.

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“Los panzers de la muerte” Sven Hassel

Para algunos, Sven Hassel hacía “bestseller” basura. El hecho que leyera este libro, por primera vez, más de 20 años después de su publicación, en 1963, y que lo comente ahora, a casi 50 años de su gestación, es un pequeño indicativo de que su éxito, y el de toda su obra,siempre ha estado muy por encima de  las coyunturas.

La mejor época del escritor nacido en Dinamarca fue la de los primeros 60′, y esta novela, su segunda, tras la gran “La legión de los condenados” es una rotunda demostración de ello. Siempre he pensado que libros como este reflejan el horror y la estupidez de la guerra, mucho mejor que las a menudo obscenas memorias de Manstein, Guderian u otros criminales de turno, esos matarifes que mandaban a personas como Hassel a luchar, matar y morir como simple carne de cañón. Y por descontado son más veraces este tipo de novelas que la mayor parte de libros de historiadores. ¿Puede compararse el dudoso Martin Gilbert con Curzio Malaparte? ¿Cuántos historiadores llegan a la altura de “Vida y destino” de Vasili Grossman“?.

“Los panzers de la muerte”, que contó con una adaptación al cine en los años 80′, no muy fiel, a cargo de Gordon Hessler y con el posteriormente conocido y nominado al Oscar Bruce Davison en el papel de ese pícaro  incorregible e inolvidable Joseph Porta, cuenta con un final abierto que enlaza con el arranque de la intimista “Camaradas del frente” y que puede desconcertar al lector no iniciado, pero el resto me atrevo a afirmar que es una obra maestra, o al menos toda una experiencia digna de ser leída.

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“La Bailarina” Ogai Mori. Editorial Impedimenta

La Bailarina

Ogai Mori

Editorial Impedimenta

Traducción: Yoko Ogihara y Fernando Cordobés

“Sus ojos eran azules y luminosos, pero estaban ligeramente empañados por una triste nostalgia. Estaban protegidos por unas largas pestañas que prácticamente atrapaban sus lágrimas” ( pág 39 )

Comencemos por el principio, por la introducción a cargo de Fernando Cordobés. Ogai Mori ( pseudónimo de Rintaro Mori ) nació en 1862, en el seno de una familia samurai al servicio de un señor feudal del Japón.  Cumplió uno de los sueños de cualquier joven de su época, viajar a Europa, lo que le llevó escribir la novela que nos ocupa “La bailarina” y fue un hombre muy interesado por la cultura europea, como la mayoría de su generación. A partir de 1868, con la apertura al mundo del Japón, la cultura extranjera entra en su país y su generación estará más que fascinada con las aportaciones culturales foráneas, tras siglos de aislamiento. A destacar que Mori, que nunca dejó sus actividades profesionales para dedicarse a la literatura – al contrario que Soseki – fue traductor de obras europeas al Japonés.

También a destacar de su producción “Vita sexualis” ( 1909 ), obra que fue censurada y tachada de pornográfica, lo que hizo a Mori replantearse  sus ideales de juventud, y tomando  cuerpo las ideas de  libertad reprimida y desconfianza hacia la modernidad. Muy aconsejable, ni que decir tiene, leer la introducción a cargo de Fernando Cordobés.

“La bailarina” ( 1890 ) es una novela breve, de fácil y rápida lectura, contada en primera persona – según Cordobés era la primera vez que en la historia de la literatura japonesa se observaba tal fenómeno – por un joven nipón, Ota Toyotaro, en la que se narra su estancia en Alemania gracias a sus buenas calificaciones como estudiante, una Europa que causaba furor, a la que ir a trabajar era todo un privilegio. Toyotaro guarda bastantes similitudes con Mori y nos cuenta una historia posiblemente basada en hechos reales. Ciertamente, es una novela mitad de amor,  mitad de traición hacia la cultura materna, la japonesa. Nuestro heroe, realmente antiheroe, siente que la educación que ha recibido le ha alejado de ser él mismo hasta sentirse una marioneta. Todo un ejemplo de existencia trágica. Todo es contado desde el camarote de un barco en el viaje de vuelta a donde no parece querer volver, un relato que transluce una  enorme melancolía, en el que deja claro ser consciente de ser un enfermo incurable.

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“LA SEDUCCIÓN DE LA CULTURA EN LA HISTORIA ALEMANA” WOLF LEPENIES,

Por ARIODANTE

LA SEDUCCIÓN DE LA CULTURA EN LA HISTORIA ALEMANA

WOLF LEPENIES,

Akal, 2008

 

 

Suele ser una actitud muy común el mostrar extrañeza, y hasta estupefacción, a la hora de advertir que una nación como la alemana, tan culta y cultivada, tan henchida y rebosante de poetas, novelistas, artistas, filósofos y científicos, tan amante de las bellas artes, la ópera y los discursos filosóficos profundos, fuese capaz de provocar grandes guerras mundiales y, a modo de culminación de una continuada pulsión de muerte, perpetrar el Holocausto, el mayor crimen en masa cometido en la historia de la humanidad. Si tomamos el «caso Heidegger» como prototipo de este asunto tan siniestro, todavía hoy las opiniones están divididas a la hora de imputarlo o eximirlo por haber confraternizado con las autoridades nazis en los años treinta del siglo XX. Él, Martin Heidegger, considerado por la autoridad académica europea, la mente más privilegiada  y preclara de Europa en dicha centuria.

La sorpresa y la incredulidad pueden tornarse zozobra en el momento de descubrir que lo tomado por insólito e incomprensible efecto, proviene de una causa impensada. Que lo interpretado como «virtud alemana» no es sino que la otra cara del «problema alemán». He aquí la línea argumental trazada por el científico social germano Wolf Lepenies en el valioso ensayo La seducción de la cultura en la historia alemana, publicado en primera edición el año 2006.

Wolf Lepenies, (1941) nacido en Allenstein (anterior Este de Prusia; actual Olsztyn, Polonia) es sociólogo. Ha sido rector y profesor del Wissenschaftskolleg –instituto alemán de estudios avanzados de Berlín– y profesor de Sociología en la Universidad Libre de Berlín. Asimismo, también ha impartido varios cursos en el Institute for Advanced Study de Princeton y en el Collège de France de París. Autor de una extensa obra, tiene publicado en español los siguientes títulos: Las Tres culturas. La sociología entre la literatura y la ciencia (1994), Melancolía y utopía (2008) y ¿Qué es un intelectual europeo? (2008).

A pesar de tratarse de un asunto espinoso y con múltiples ramificaciones, Lepenies entra en materia sin contemplaciones ni rodeos. En las primeras páginas ya queda formulada la tesis principal del libro: «Si existe algo parecido a una ideología alemana, es la costumbre de enfrentar el Romanticismo a la Ilustración, la Edad Media a la Moderna, la cultura a la civilización, y la Gemeinschaft a la Gessellschaft. Basada en sus aspiraciones y hazañas culturales, la creencia de que Alemania sigue una vía específica o Sonderweg ha sido siempre recibida con orgullo en esta tierra de poetas y pensadores. El mundo interior creado por el Idealismo alemán, la literatura del clasicismo de Weimar y los estilos culturales Clásico y Romántico existían ya un siglo antes de que se fundara la nación política. Desde esa época, se le otorga cierta dignidad al hecho de que el individuo se aparte de la política y se refugie en el ámbito de la cultura y la vida privada. Se considera que la cultura es un noble substituto de la política» (pág. 17).

Esta seducción instalada entre los alemanes viene de lejos. Aun no siendo exclusiva de ellos, ha dominado la mente y el corazón germanos con más impacto y poderío que en ningún otro pueblo. No obstante esto, Lepenies opta por no caracterizar el hecho en términos (fuertes) de «carácter nacional», sino como «rasgo» propio. Sea como fuera, lo constatable es que incluso a la hora de distinguirse y oponerse entre sí, los alemanes recurren, en última instancia, a criterios de orden cultural para fundamentar no importa qué posición política. La querella nacionalismo/antinacionalismo, la disputa entre el exilio interior y el exterior durante el nazismo, la preferencia por la anglofobia o a galofobia, la oposición Fausto/Mefistófeles, cualquiera que sea el tema que provoque una pugna entre alemanes, acaba remitiendo a un referente cultural. Hasta en los acuerdos entre alemanes no deja de actuar la seducción cultural: «tanto los dirigentes nazis como sus adversarios usaron el nombre de Goethe» (pág. 178). No debe extrañar semejante suceso. Para el espíritu germano, el Estado no es sino Kulturstaat, y éste, por su parte, queda disuelto en la noción Kulturvolk.

Los ejemplos aducidos por Lepenies para ilustrar semejante prodigio ―o mejor, hechizo― son aplastantes. Veamos unos pocos ejemplos. Hitler calificaba el enfrentamiento alemán con Estados Unidos de «guerra cultural». De los americanos odiaba, fundamentalmente, su alma «medio judía, medio negroide», aduciendo como prueba definitiva de tal decadencia el que la Ópera del Metropolitan de Nueva York hubiese cerrado (aseveración, por lo demás, falsa, págs. 70 y 71). La propia Leni Riefenstahl, una admiradora entusiasta del Führer, empezó a dudar de la sabiduría política de Hitler cuando vio que arremetía contra Goya y contra Van Gogh, su pintor favorito. (pág. 60).

Thomas Mann, en este contexto, no constituye un capítulo aparte. En realidad, por la relevancia y fuerza simbólica del personaje, el más célebre de los hermanos Mann actúa en el volumen a modo de un eje transversal sobre el que el autor articula el ensayo. Apolítico confeso durante la Primera Guerra Mundial (Reflexiones de un apolítico), Thomas Mann acaba exiliándose de Alemania y adoptando la ciudadanía estadounidense. No obstante, esté donde esté, se considera alemán, hijo de la cultura alemana. Su actitud ante acontecimientos de relevancia pública es, en todo momento, diletante, dubitativa, contradictoria. Durante su estancia en Estados Unidos proclama de cara al público las virtudes republicanas: «En realidad, Thomas Mann no admiraba la tradición democrática y las instituciones americanas, sino sus orquestas, sus bibliotecas, su literatura, su crítica literaria y sus muses. El Met, que (casi) nunca cerraba. Es decir, la cultura.» (pág. 211).

La dimensión de la seducción alemana por la cultura ha quedado patente en los últimos siglos de manera trágica. Pero, más que una anomalía de un determinado recorrido histórico, diríase que es la consecuencia, más o menos necesaria, de menospreciar el arte de lo posible, la negociación y el compromiso (la política) al precio de ensalzar el valor de lo absoluto, lo imperecedero, lo eterno, lo espiritual (la Kultur), por encima de todo lo demás.

Como ha quedado dicho, el empleo de la Cultura para eclipsar la acción política, no es exclusiva de Alemania ni de tiempos pasados. A comienzos del verano de 2011, Manfred Gaulhofer, presidente del Comité de Selección de la Capital Europea de la Cultura 2016 de la Unión Europea, asesorado por el Ministerio de Cultura español, ha premiado a San Sebastián con la capitalidad europea de la Cultura para el año 2016. Desde unas semanas antes, el consistorio donostiarra tiene un alcalde perteneciente a una agrupación política ―Bildu―simpatizante de la organización terrorista ETA. En la rueda de prensa que hizo pública la resolución, Gaulhofer apelaba al argumento cultural a fin de justificarla. La elección de San Sebastián, declaró, «tiene un claro compromiso con la cultura para contrarrestar su dura historia de violencia».

 

 

 

 

Ariodante

Julio 2011

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“La infantería al ataque” Erwin Rommel

Una decepción. La autobiografía de Rommel, de la primera guerra mundial, tardíamente editada en España, es más un alargado informe militar que lo que se espera de un libro.

Publicadas en época de paz, en la Alemania Nazi, de la que Rommel fue ¿no conscientemente? complice, este trabajo, paradojicamente es muy impersonal y las apreciaciones personales que hay, lo hacen más cercano a un panfleto militar que al mensaje pacifista de ” Sin novedad en el frente” o de tantas novelas de la Gran Guerra, que denunciaron los horrores de ésta y la insondable estupidez y crueldad de la raza humana.

En sus ( aqui tituladas ) “Memorias” de la siguiente guerra  ( II GM ), su hijo Manfred, que en estas de la primera, se encarga del prólogo, afirma que su padre le dijo: ” la guerra rara vez ha ocasionado beneficios a los pueblos, pero estos nunca son consultados”. Nada de esto hay en el relato de las hazañas del joven oficial Rommel y sí algún comentario más que discutible. Pero lo peor es el escaso talento narrativo con el que está escrito y que contrasta con las muy superiores “Memorias” de la segunda guerra mundial.

Aqui, se cuenta Historia con mayúsculas, y son un buen reflejo de la singular personalidad de Rommel, de su inteligencia, rapidez de pensamiento y reacción, valor, arrojo y prudencia a la vez. Alguien que en plena carnicería de la guerra de trincheras, tuvo continuos y sorprendentes éxitos, la mayor parte de ellos, con muy pocas bajas, pero sus experiencias en Francia, Rumania e italia merecían algo más humano, más cercano y no un libro reiterativo hasta el hastío, muy muy aburrido, ultra rígido, cargante y donde abusa de las mismas palabras continuamente. En este libro, sus virtudes como narrador son pocas y casi todas las páginas son como un manual de tácticas repetidas hasta la saciedad y coronadas por unas observaciones innecesarias. Aqui casi no hay personajes y para saber sobre estos hechos, vale más la pena leer una buena biografía del futuro Mariscal, que este pesado libro.

Al final Rommel escribe refiriéndose a las tumbas de los soldados alemanes, “son un recordatorio constante para todos los que seguimos aqui y para las generaciones futuras de que no debemos fallarles cuando de hacer sacrificios por Alemania se trate”. Es decir, como murieron muchos por nada, vamos a seguir muriendo en su memoria. Por desgracia esas generaciones se sacrificaron y, sobre todo, sacrificaron a los demás en una matanza que empequeñeció considerablemente a su precedente y todo por unas ideas contra las que Rommel se volvió demasiado tarde y sólo, claro, y al contrario que otros, cuando la guerra ya estaba perdida.

 

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“Memorias” Erwin Rommel

Como bien indica su título original, “The Rommel papers“, estas no son unas memorias al uso. Es una recopilación de los escritos que dejó el famoso mariscal y que no se perdieron o se destruyeron tras su muerte, y que incluye fragmentos de su diario, correspondencia con su mujer e hijo y partes de un libro que pensaba publicar después de la guerra, donde narraba sus experiencias, así como informes y conversaciones transcritas con otros oficiales.

Como hay épocas de su vida en campaña de las que apenas dejó testimonio, se incluyen también aportaciones de su hijo Manfred - que fuera después alcalde de Stuttgart ( 194-96 ) – y del general Fritz Bayerlein, que combatió junto a su padre. Todo ello recopilado y con introducción y notas, de Liddell Hart, uno de los militares británicos más adelantados a su tiempo.

Rommel, que ya escribiera unas memorias de gran prestigio sobre su experiencia en la I guerra mundial, tituladas “La infantería ataca”, que fueron un gran éxito de ventas, en la que sirvió como teniente de dicho cuerpo llevando a cabo unas hazañas casi inverosímiles, fue uno de los escasos militares a los que el término “genio” no le viene grande. Y este extraordinario libro, antítesis de tantas arrogantes autobiografías a cargo de otros militares alemanes, es una gran muestra de ello.

Sus proezas al frente de una división “panzer” en la ocupación de Bélgica y Francia y más tarde como jefe del “Áfrika corps” en Libia y Egipto, le han reservado un lugar en la historia. Su manejo agresivo pero no temerario, audaz hasta lo impensable, rompiendo el frente enemigo y avanzando profundamente por su retaguardia ( algo que aprendieron más tarde los rusos ). Llama además la atención que casi siempre estaba escaso de efectivos y siempre se enfrentó a ejércitos superiores en número ( en áfrica el tenía un par de divisiones y unas tropas italianas mal equipadas, mientras que a la vez los nazis invadían Rusia con más de 200 divisiones y más de 3 millones de soldados ).

También destaca que salvo la fracasada defensa de Normandía, sus bajas fueron relativamente pocas. El primer año y medio en África “sólo” murieron 5700 alemanes. Algo así serían las cifras diarias en Rusia, y la mayor parte de sus derrotas ( salvo el ataque a Tobruk en 1941, ciudad que ocupó al año siguiente, o el suicida contraataque a Montgomery en Medenine ) no se debieron a su mando sino a circunstancias ajenas a él.

Como aquí repite continuamente, siempre andaba corto de suministros y las injerencias sobre sus decisiones a cargo de Hitler, Goering o los italianos, pueden calificarse de decisivamente catastróficas. ¿Qué hubiera pasado si Rommel hubiese tenido los no muy abundantes refuerzos que pedía y libertad total? Es muy posible que los alemanes hubiesen llegado hasta la actual Irán y la guerra hubiese acabado de otra forma. Pero también es posible que el final hubiera sido el mismo, simplemente hubiera servido para alargar la contienda y Europa hubiese quedado mucho más devastada.

Este libro tiene una gran importancia histórica y la prosa de Rommel desprende un enorme vigor. Su ritmo es tan trepidante que un parece casi sentir los tanques germanos avanzar a toda velocidad por el desierto, sembrando el caos y la confusión o retirándose magistralmente acosados por los bombardeos en vuelo rasante. Un militar muy inteligente con un gran sentido común en la estrategia. Suerte que el carismático Hitler nunca cediese a las exigencias del “zorro del desierto”. El destino del mundo  podría haber sido otro.

Rommel creía que tenía que ser un ejemplo para sus hombres y lo vemos continuamente en primera línea: dirigiendo personalmente el fuego de un cañón, sobrevolando el campo de batalla, cuerpo a tierra en un bombardeo inglés. Eso me hace pensar que uno de los factores de sus éxitos, fue también la suerte, aunque sin olvidar su gran sangre fría. Es una cruel ironía que se muerte se debiese a un “suicidio” ordenado por Hitler, que lo tachaba de traidor – éste estaba convencido que el mariscal fue uno de los conspiradores del fallido atentado contra su persona del 20-7-1944 ( recreado no hace muchopor el film “valkiria” ). Algo que,posiblemente, fuera falso. No así el que convencido de que la guerra se había perdido, entablase la guerra por su cuenta y riesgo, junto con Von Kluge – otro “suicida”, que intentaron mantener conversaciones de paz con los angloamericanos, con la ingenua esperanza de luchar contra las “hordas rusas” que arrasaban europa oriental, una “hordas” que igual se hubieran estado quietas si no las hubiesen invadido y masacrado sin contemplaciones.

Y este es uno de los puntos ambiguos de Rommel, y que este libro, ni ninguno, aclaran del todo. ¿Cómo pudo él, que jamás cometió una atrocidad, defender el régimen de Hitler?En el discutible libro “La guerra que había que ganar” de Williamson Murray y Allan R. Millet, lo tachan de nazi ferviente. Un comentario muy a la ligera y nada creible. ¿Por qué ? Rommel siempre trató bien a los prisioneros, nunca ejecutó, al contrario que rantos de sus colegas, a ninguno de sus hombres y nunca represalió a los civiles, pues lo juzgaba cruel e innecesario. Lo más cerca que estuvo fue actuar contra los árabes que saqueaban y desnudaban los cadáveres de los ingleses. De sus enemigos. Y no pudo hacerlo al estar en retirada. Siempre se llevó mal con las SS y con los mandos nazis de la Lutwaffe, no quería que su hijo se enrolara en éstas y se negó a que éste acabase enrolándose. ¿Cómo entonces fue complice de un régimen al que acabó rechazando? En su estimable pero demasiado benévolo, blando libro sobre el mariscal, David Fraser habla de su ingenuidad política. Pero aqui su hijo afirma que su padre sí era consciente de las matanzas que tenían lugar en el Este y de las que abominaba. Otros hablan de su juramento de obediencia como soldado y de su  mentalidad de vieja escuela al respecto, juramento que acabó saltándoselo cuendo perdían la guerra. Yo pregunto: ¿En los años de paz de la dictadura y en los años de victorias, qué pensaba de la persecución a judíos, comunistas y disidentes?¿ y del programa de exterminio de discapacitados que no era ningún secreto?¿No es inquietante que una buena persona como él, leal, inteligente, independiente, fuera aliado de los nazis? ¿De verdad no sabía nada, nada?¿O no fue como nos lo quieren pintar, lo que tambien parece imposible?Para mi Rommel es, en este sentido, un enigma como el famoso vuelo de Rudolph Hess a Escocia. Y todos esos libros que hablan de él, por buenos que sean, incluido este excelente trabajo, no  parecen dar la visión completa del hombre. Falta algo, lo más peliagudo. Y los que lo atacan también parecen omitir cosas importantes y las teorías de unos chocan con las de otros.

Estamos hablando de un hombre singular al que sus enemigos respetaron y admiraron, tanto que tuvo su propia película en los años 50′ con el soberbio James Mason encarnando al vencedor de tantas batallas, una excepción en la norma de denigrarlos, casi siempre con razón.

Sea como sea, es una suerte que hitler no hiciera caso a sus  planes.

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Monográfico: libros sobre Alemania

¿Te interesa Alemania? como cada martes, te ofrecemos una selección de libros. Esta vez,  sobre este país que poco a poco se está poniendo de moda, tanto su cultura, como el país mismo como destino de viaje.

BERLIN Y EL BARCO DE OCHO VELAS de JESUS DEL CAMPO

BREVE HISTORIA DE ALEMANIA de Schulze, Hagen¿QUIERES COMPRARLO? ¡ HAZLO AQUI !
BAUHAUS-KA, editorial Taschen
VIAJE CON CLARA POR ALEMANIA de Fernando Aramburu
LO MEJOR DE ALEMANIA-LONELY PLANET ¿QUIERES COMPRARLO? ¡ HAZLO AQUI !
ALEMAN PARA EL VIAJERO-LONELY PLANE
ALEMAN PARA VIAJAR-MANUAL CONVERSACIÓN de Peter Maag
CURSO PONS ALEMAN 2L+4CD+DVD
ALEMAN DE CADA DIA L+CD MP3-PONS
ALEMANIA-VISUAL El País-Aguilar ¿QUIERES COMPRARLO? ¡ HAZLO AQUI !
ALEMANIA TROTAMUNDOS editorial Salvat
BERLIN-PLANO GUIA
BERLIN-TOP TEN
BERLIN-LONELY PLANET
ALEMANIA-MAPA 718
Sin olvidar una película, la inolvidable “El cielo sobre Berlín”, de Win Wenders. ¿QUIERES COMPRARLO? ¡ HAZLO AQUI !

¿Tenéis más propuestas que consideréis interesantes?

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“Cruz sin amor” de Heinrich Böll

No niego que Heinrich Böll sea uno de mis autores favorito. Lo conocí con esta obra, del año 1947, aunque no se editó hasta 2002, y  en España hasta el 2004. Böll no permite que tras una tragedia de la tales dimensiones como fue el tercer reich y la segunda guerra mundial, nadie pretenda hacer borrón y cuenta nueva, como si apenas hubiera ocurrido nada, no permite la aparición de héroes que presuntamente escondieran judíos en sus cocinas. Ni que cuando se les pregunte por su relación durante la guerra con Adolf respondan con fingida sorpresa: Adolf, ¿qué Adolf? – este es un chiste de la película “uno, dos, tres” de Billy Wilder-. Lo hecho hecho está y ahi que asumirlo. En este sentido “opiniones de un payaso“, es impresionante.

Esta es una historia bélica, de retaguardia y de trinchera, de dos hermanos, uno religioso que pronto ve que dios se ha ido de vacaciones por un tiempo, el otro cree en el dios patria, la regente quién la regente, hasta que sufre en sus carnes menos misericordia aún. Ese dios nunca se va de vacaciones.

Böll era el pepito grillo de la alemania post nacionalsocialista.

Le dieron el premio nobel de literatura en 1972. Eran otros tiempos.

El libro está descatalogado, editorial Littera.

boll

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“El informe de Brodeck” de Philippe Claudel

brodeckMe ha sido encomendada la tarea de hacer un informe sobre el informe de Brodeck. Debo hacerlo aunque intuyo que no le haré justicia.

Los seres humanos venimos a hacer más o menos lo que los animales. Llevamos una vida lo más plácida posible, hasta que algo nos molesta, lo que nos lleva a actuar violentamente. Solucionado el problema, somos pacíficos como si siempre lo hubiéramos sido. Lo que nos diferencia son los remordimientos. Necesitamos hacer a alguien depositario de nuestras acciones, confesarnos, aligerar nuestro peso, atormentar al recipiente de nuestras miserias. Este es Brodeck

Brodeck sabe que ser inocente entre culpables, equivale a ser culpable entre inocentes. Sabe que en este mundo tener la razón es algo que se paga muy caro, que nadie soporta la verdad arrojada a la cara, la cruda verdad. Si alguien nos recuerda nuestro mal proceder, es como una piedra en el zapato, piedra de la que deshacerse rápidamente. El miedo nos atenaza, por miedo a los demás somos capaces de hacer casi cualquier cosa; miedo a que no se nos tome en serio, a no estar a la altura,a nuestros superiores…también a los de abajo.

Tras la guerra- la segunda guerra mundial, aunque esto no es citado en ningún momento-, un desconocido proveniente de otro país se presenta en un pueblo – se supone que de Alemania, pero esto tampoco es citado- para quedarse durante un tiempo. ¿Cuánto? Nadie lo sabe. El ejercito nazi ocupó el pueblo– tampoco los cita- y los lugareños primero con miedo, luego ya incluso diríase con entusiasmo colaboran con los ocupantes. Grandes barbaridades son efectuadas bajo la ocupación. Tras la marcha de estos, todo debería volver a la “normalidad” y todo debe ser olvidado, pero ese extranjero, les recuerda una y otra vez su bajeza. Los lugareños acuerdan eliminarlo y debe ser Brodeck, que estuvo en un campo de concentración, arrojado al fuego como sacrificio a los nazis por parte de los civilizados pobladores del lugar, quién redacte el informe que acto seguido de acabarlo deberá ser olvidado por todos. Confesar para olvidar.

Claudel nos relata una historia de violencia, violencia en los campos de concentración, violencia fuera de los campos incluso en tiempos de paz, la misma que durante toda la historia de la humanidad. La diferencia estriba en la brutal y perfecta planificación de la misma. Que no haga referencia ni el lugar en el que pasa todo, ni cite países, ideologías, ni nada de nada, es un gran acierto del autor. La violencia no es etiquetada. Siempre etiquetamos las cosas para deshacernos de toda culpabilidad. Además siempre con una etiqueta lejana, que no nos haga referencia

El informe Brodeck es una gran novela, que mientras la leía me iba recordando la Suite francesa de Nemirovsky.

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