“Sam peckinpah. Vida Salvaje” de Garner Simmons
Sam Peckinpah fue el director de algunas películas tan memorables como la excepcional “Grupo salvaje”, “Pat Garret y Billy The Kid” o la infravalorada “La cruz de hierro”, basada en la novela de Willi Heinrich, tan admirada por el mismo Orson Welles como denostada por gran parte de la ciega crítica que argumentó que Peckinpah estaba ya en decadencia, y se perdieron uno de los mejores films bélicos de la historia.
Sin duda uno de los cineastas más relevantes de su generación, el poeta de la violencia sólo rodó catorce películas, pero influyó enormemente en buena parte del cine que vino después hasta tal punto que el séptimo arte no sería lo mismo sin su aportación.
Peckinpah fue también un personaje singular que devoró la vida hasta el límite y se fue antes de tiempo. Un enorme rebelde, vehemente y coherente, tan duro y alcohólico como sensible y romántico. Se enfrentó continuamente a los capitostes de Hollywood que tanto daño hicieron a algunas de sus películas, pero que nunca lograron que el feroz e independiente cineasta se bajara los pantalones. Alguien como él, por tanto, merecía un libro a la altura de su leyenda, y los escritos en España, aún respetables, dejan mucho que desear, limitándose a análisis – a veces discutibles- de sus films como el firmado a finales de los 70 Carlos F. Heredero, que resultaba bastante anticuado o el más abierto pero pedante de francisco Javier Urkijo. Al libro de Rubén Lardín ni me he acercado y referentes fiables así lo aconsejan.
Nadie se ha aproximado en este país a la esencia de este hombre, nadie ha sabido conjugar el análisis de sus films con la biografía del cineasta. El libro de Garner Simmons, un oscuro productor y guionista televisivo, que tuvo amistad con el mítico director, llegaba a España precedido de su legendaria reputación y de las buenas críticas. Lo leí ilusionado y otra vez mi gozo en un pozo.
Escrito antes de su último film, “Clave omega”, el libro del mediocre Simmons es una decepción de tomo y lomo. Su “estilo” frío, sus análisis faltos de calor, y eso cuando los hay. Las tonterías que dice de “La cruz de Hierro”, film al que presta poca atención, y la falta de alma en gran parte de sus páginas, hace que sea un libro superficial, y siquiera tiene un gran archivo fotográfico.
Simmons – alguien que está en mi particular lista negra- parece más interesado en los días de rodaje, el presupuesto y demás aspectos técnicos de una película, que en la vida del cineasta o lo que narra dicho film. Muchos de los testimonios tienen un interés limitado y aunque hay no pocas anécdotas e informaciones jugosas, el resultado no es digno de la leyenda. Peckinpah se merece un libro vivo, sangrante, hermoso, exacerbado, poético, salvaje. Todo lo que él y buena parte de sus films eran y no este infrome gélido y frustrante que casi parece más versión literaria de esos innecesarios “como se hizo…” tal o cual película, que un auténtico libro de cine.
A seguir esperando
STEINER, EL TERCER HERMANO GORCH
Share




