Poesía (en prosa)a cargo del hombre de los mil nombres “La orquesta del infierno”
por MontagLo murmuran los lunáticos, Lo susurran las amantes traicionadas, Lúcidas en su dolor, Lo dicen los desesperados embriagados, Los desconsolados que ven los abismos bajo ellos, A veces se mezcla con el tañir de las campanas, de las viejas iglesias como una antigua burla.
La música parece brotar de los barrios más ancestrales de la ciudad, cuando es de noche y el tráfico casi inexistente, El viento trae las notas a mi ventana abierta, cansado, insomne, la escucho a la luz de la luna, Dicen que surge de las alcantarillas, De las casas abandonadas, de los túneles sepultados, De los pozos sin fondo, de los montes cercanos, No hay manera alguna de localizarla, cuando parece que está cerca, la música se aleja y surge, de otro punto del casco antiguo, densa, chirriante, desesperada, nihilista, exultante de odio, terriblemente bella, como un ser frágil que ha perdido al amor de su vida, Como un murmullo sin esperanza.
Dicen que sólo la oyen los elegidos, los condenados, los marginados, los diferentes, A veces es un hilo casi inaudible, otras parece que haya un concierto en la oscura habitación contigua, o abajo, en el húmedo asfalto, entre los gatos y los coches, Me los imagino con sus mugrientas, mutiladas formas, tocando el oboe, las trompetas, los tambores de huesos humanos, el fliscorno, Los instrumentos de carne que rezuman sangre, A veces es una ensordecedora cacofonía que subitamente deriva, en una desgarrada nana para mis oídos, Otras bebo y bebo, fumo y fumo escuchándolos hasta el alba, Otras viene y cesa repentinamente, un minuto de música en la oscuridad, notas contradictorias, ancestrales, indomables, violentas, hastiadas, resabiadas, Y sólo en alguna noche de invierno y tormenta, algunos oímos los cantos del infierno,Y me ponen la piel de gallina, se me erizan los cabellos.
Cantos en lenguas milenarias, extinguidas, de otros mundos, Algunas procedentes de galaxias heladas, Voces guturales, voces enfermizamente infantiles, voces inhumanas, que abren grietas en las paredes de mi dormitorio, en mi ya carcomido corazón, Voces que resultan visceralmente hermosas, Canciones que hablan de rebelión y de traiciones, De amor y de deseos que queman el alma.
Por la mañana veo un mundo esquematizado, ajeno a casi todo, hipotecado, Ficho como otro autómata, hablo de mil banalidades con gente banal, Gente Banal, sorda, ciega, vacía, Y el reloj sigue cuenta atrás, Siempre va hacia atrás. Miro sus jodidas caras y maldigo, Y entonces deseo que llegue la noche para escuchar y escuchar para evadirme, para transportarme, para sentir un escalofrío de dolor, Para sentir una revelación.
En esos cantos de odio y amor entrelazados, Armonias que acarician, masajean mi cerebro, y llenan un poco mi propio vacio, mi triste vida, mi infinita ignorancia.
Y sentir y sentir
Y saber y saber
UN OSCURO COMEDIANTE
(escrito en 2008)
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