“Perdita Durango” de Barry Gifford
Esta novela es conocida ante todo por la adaptación al cine que realizó Álex de la Iglesia cuando se encontraba en sus mejores momentos, uno de los productos más inusuales del cine español – era una coproducción con USA- y recordada ante todo por la memorable interpretación de Javier Bardem en la piel de Romeo Dolorosa.
Perdita Durango es uno de esos peculiares personajes que aparecen en otras novelas de Barry Gifford, un escritor de estilo sencillo, tan directo que a veces resulta simple, minimalista, que relata historias de la América profunda – habitualmente cerca de la frontera con México -, llenos de personajes extraños al margen de la ley, llenos de crueldad, toques freak, sentido del humor negro, un tono esporádico de serie negra con toques Pulp, con el azar como invitado haciendo de las suyas, con una buena dosis de ironía y fatalismo.
Esta es una novela corta que no llega a las 200 páginas y que se lee tan rápido que parece tener menos de 100 pues sus capítulos son realmente breves. Es más simple y depuarada de lo habitual en el personal escritor y no se puede comparar con otras novelas suyas como “Gente nocturna”, que es mágnífica, o “Baby Cat-face”, o con su labor como guionista en carretera perdida, de David Lynch, uno de los clásicos de los 90 -aunque muchos no se enteran-. Lynch ya llevó al cine “Corazón salvaje”, la primera adaptación de una novela de Gifford, y está claro que el escritor le debe buena parte de su popularidad a la alianza que hizo con el marciano cineasta.
Gifford es autor también de libros de poesía, algo que puede sorprender a un lector que se adentre por primera vez en su mundo con “Perdita Durango”, una novela con gran capacidad para irritar, pero que es muy recomendable. Una buena muestra de las virtudes de Gifford: la naturalidad con la que narra historias alucinógenas de extrema violencia – aqui el cocktail incluye santería, sacrificios de niños, reflexiones sobre los asesinos en masa, un claro amor a la serie B en USA, de Russ Meyer, clara influencia, al “Shocker” de Wes Craven, etc-. Su contundencia, su talento para crear diálogos tan memorables como los personajes que los encarnan, su capacidad para sorprender, su falta de límites y prejuicios. Como en el film, lo que más llama la atención es el carismático personaje de Romeo Dolorosa, que le hace sombra a la propia Perdita Durango.
Sátira clara a los USA más bienpensantes y puritanos, “Perdita Durango” es una novela apreciable cuyo tono fuerte, salvaje – con diálogos tipo “los dos únicos placeres que le quedan al hombre en este mundo son follar y matar”- no es apto para personas que gusten de este tipo de historias, las mismas que no apreciaran o no sabrán apreciar la historia de amor que contiene, no muy desarrollada, es cierto, en la que sí profundizó más Álex de la Iglesia, convirtiendo su película en una extraño, cruel y visceral cuento romántico, también algo irregular, pero lleno de grandes momentos.
“EL DIABLO NEGRO”







