“Paradoxia. Diario de una depredadora” de Lydia Lunch
Lydia Lunch es una de las figuras de más prestigio y a la vez más polémicas del rock más underground de las últimas décadas. Pionera del “spoken word”, azote del conservadurismo de su país, artista polifacética, insobornable, caústica y de una mordacidad tremenda, es también una feminista radical, tal vez demasiado, teniendo en cuenta las burradas que suelta en la entrevistas; su figura va tan ligada a la inteligencia como a los excesos.
Una de sus muchas facetas y de las más interesantes – y que llega con retraso a España – es la de escritora. Se la ha comparado con Bukowski, presentándola como su versión femenina. Es cierto que comparte con el alcohólico escritor una mirada brutalmente honesta despojada de todo edulcorante y artificio, pero lo cierto es que Lunch va mucho más allá. Carece casi por completo de la ternura del autor de “Mujeres” y esta especie de diario autobiográfico de sus bizarras aventuras sexuales desde que era una cría hasta la edad madura, que van de costa a costa de los Estados Unidos, es una buena muestra de ello. Algo realmente tremendo.
Con prólogo de la irregular escritora Virgienie Despentes – autora de la convincente “Lo bueno de verdad”, el bodrio paradojicamente misógino “Perras sabias” y directora de la polémica e infravalorada película “Fóllame” – autora con inquietudes radicales, pero que parece una blandengue al lado de Lunch, a este poderosísimo libro sólo le sobra el tonto epílogo de Thurston Moore, de los Sonic Youth: la historia del amante-uno de tantos- que empieza en el capítulo 22, que de tan extrema, animal y desagradable, llega a hacerse sensacionalista, a desprender tufillo de pornografía bestia y barata, y Lunch es tan descarnada, salvaje, amoral y hasta monstruosamente egocéntrica que es difícil tener algo de empatía por el personaje, cualidad de la que ella misma casi carece. No le importa nada ni le importan los demás, y a los hombres sólo los ve como objetivos para follárselos, y uno llega un poco saturado al final de la novela.
Pese a esto, sólo visible en el final, se trata en general de un trabajo extraordinario, que rezuma verdad por todas y cada una las páginas del libro, rico en anécdotas variopintas, con sexo salvaje drogas por doquier, un retrato de los bajos fondos veraz donde no falta la violencia más cafre y brutal.
Lunch sabe transmitir toda la crudeza y suciedad de una vida salvaje y casi al límite con sumo talento y rigor, utilizando un lenguaje depurado, construido a base de martillazos sobre el lector, ya sorprendido por la fortísima, vehemente, independendiente personalidad de la autora, que ha escrito un libro relativamente breve, pero lleno de matices y contundente para los amantes de sensaciones fuertes. Paradoxia ofrece un ácido retrato de la sociedad y del ser humano, que con todas sus porquerías, no logran amedentrar a una luchadora y superviviente como es Lunch. Su novela no deja de ser una búsqueda del conocimiento y una reafirmación de la propia identidad.
LEELA
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