“Los mares grises sueñan con mi muerte” William Hope Hodgson

Valdemar, con edición, introducción y traducción de Jose Maria Nebreda, ha realizado un trabajo maravilloso con este libro que dificilmente decpecionará a un seguidor de este clásico del horror marítimo que fue W. H. Hodgson.

Este lujoso libro reúne más de 30 cuentos que albergan diversos aspectos de la obra de Hodgson, uno de esos escritores típicos de su época que tuvo una vida tan fascinante como sus creaciones y cuyas experiencias marcaron, dejaron una profunda huella en éstas. Porque puede que buena parte de sus narraciones traten de temas “sobrenaturales”, pero si Hodgson no hubiera tenido una amplia experiencia como marino, seguramente estas piezas no existirían o serían muy diferentes.

Y como otros tantos escritores, Hodgson murió demasiado pronto, con sólo cuarenta años, combatiendo en Francia en la I guerra mundial, y dejando a sus cada vez más seguidores, huérfanos de una obra que prometía ser longeva y que, probablemente, aún tenía que dar sus mejores frutos.

A Hodgson los descubrí hace muchos años en un par de antologías de terror donde abundaban los escritores modernos y mayormente mediocres, donde él destacaba de una manera muy especial.

Su status nunca ha llegado a ser como el de Poe, stoker o Lovecraft, y yo diría que está un peldaño por debajo de estos maestros, pero también es cierto que merece ser considerado un clásico, y que sigue siendo, entre parte de la afición, un semidesconocido a reivindicar.

Este libro, confeccionado con tanto amor, recopila además poesías del autor, un conciso diario de navegación de un viaje de casi cuatro meses que realizó Hodgson entre Nueva Zelanda e Inglaterra, a bordo de un velero, más un interesante relato también autobiográfico. Con no pocos fragmentos apasionantes, “A través del vórtice de un huracán”, donde el escritor británico relata, desde el centro de la tormenta, las vivencias que tuvo con el huracán del título, en una travesía casi imposible que casi echa a pique a su barco y que costó varios desaparecidos. Se acompaña de fotos realizadas por el propio Hodgson, muy aficionado a la fotografía, las primeras realizadas en la historia desde dentro de tal fenómeno de la naturaleza, una naturaleza que él vivía como una entidad agresiva, hostil al ser humano.

No pocos de los cuentos, con el mar y la noche como absolutos protagonistas, se parecen bastante entre sí. Hay unos pocos como “Viejo Golly” que no pasan de corretos, otros como “La nave de piedra”, donde se da una explicación verosímil a hechos aparentemente sobrenaturales que no acaban de estar bien y coherentemente reueltos. Se echan en falta más historias del borrachuzo Capitán Jat, que son tan divertidas como frivolamente estimulantes ( Briones señala que tienen un componente muy de Robert E. Howard, yo creo que hasta parece un antecedente macarra de Indiana jones en algunos momentos ) y en conjunto no produce pavor o desprende el nihilismo propio de Lovecraft. Pero no obstante es una colección muy estimable, con no pocos momentos mágicos, en los que destacan pequeñas joyas como “Una voz en la noche”, “La llamada al amanecer” o el realista y brutal “El salvaje hombre de mar”, que guarda muchas similitudes con Jack London.

Y también es cierto que se puede ver como un antecedente, pese a lo dicho, del propio Lovecraft. Sólo que donde éste ponía entidades aberrantes venidas de otras galaxias, y que eran la base de un universo profundamente personal, Hodgson pone cangrejos gigantes, pulpos de igual tamaño o fantasmas en lo que parece una versión de lo que cinematográficamente sería llamada luego “Serie B”, que quiere decir poco presupuesto y no poca calidad.

Y claro, como todo autor de verdad, Hodgson imprime su propia filosofía a estos cuentos, unos más contundentes que otros, algunos escritos según los parámetros comerciales de la época. Su visión amor/odio al mar y a los hombres que viven de él; lo implacable de las fuerzas de la naturaleza agresivas con el ser humano, como bien demuestra el inquietante “Más allá de la tormenta“; la lucha por la superviviencia; cierto pesimismo y hasta pequeños toques antibélicos y misántropos en “Piadoso rescate”, etc. Pero para analizar bien la propia obra de Hodgson se incluye al final del libro un estupendo estudio a cargo de Jesús Palacios irónicamente titulado “Mar adentro”.

Parece ser que apenas ha habido adaptaciones de Hodgson al cine ( ¡ Palacios habla de una nipona de los años 60′ ) y como ya pasó con Lovecraft ( siempre él ) lo cierto es que probablemente, la mejor traslación del universo oscuro del autor de “La casa en el confín del mundo” a la gran pantalla se deba a John Carpenter y a su entrañable film “La niebla” ( nada que ver con la Stephen King ), un film que no es una adaptación de Hodgson, pero cuyo espíritu impregna cada fotograma, de igual manera que la magistral “La cosa” era puro Lovecraft, siendo a la vez, una modélica adaptación de un relato de John W.  Campbell Jr., insisto, la de Carpenter, y no el remake que se hizo hace unos pocos años y que fue vapuleado por todo el mundo.

El libro viene acompañado además de ilustraciones de diversos artistas y lo mejor que se puede decir de él es que a pesar de todos sus altibajos y defectos y de que no es una obra maestra ( opinión personal que rebatirá más de un aficionado de Hodgson feliz con la publicación de este, repito, meticuloso trabajo ), sí puedo decir que ha sido un compañero fiel e ideal, de esos que no te decepcionan, durante un par de semanas y a los que calificativos como “evocador” o “sugerente” sirven perfectamente para describirlo. Algo así como un J. G. Ballard en negativo horrorizado ante la involución humana.

¿Qué hubiera pasado si Hodgson hubiera sobrevivido a la guerra? Es muy posible que hubiera trasladado sus experiencias a la hoja impresa, tal vez en forma de poesía antibélica al estilo Wilfred Owen ( otro que allí se quedó). Lo que es una burla del destino es que este hombre que vivió lo peor del mar, muriese en pleno infierno terrestre. ¡Cuántos escritores que cultivaron el género fantástico entre fnales del siglo XIX y principios del XX, se fueron antes de tiempo!. Nombres clave como los mencionados Lovecraft, Howard e incluso London, que hizo alguna incursión en él.

Cuántas grandes obras que podrían haber existido, se quedaron en el camino. Claro que lo importante es lo que nos dejaron y leyendo este libro de más de 700 páginas, que comprende historias publicadas entre 1905 y mediados de los años 20′  con Hodgson ya fallecido, se puede afirmar que nos dejaron mucho.

Cabe reseñar que se incluye un relato, a modo de curiosidad, que durante años se atribuyó a Hodgson y que es obra de un tal C.L. Es una imitación de su estilo que, sin ser nada del otro mundo, tiene un memorable final. Además, “La balsa”, queda como un vivo ejemplo de lo influyente que era y sigue siendo Hodgson.

 

 

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Entrevista a Jorge Magano, autor de “El chico que no miraba a los ojos”, “Fabuland” y “La isis dorada”

Entrevistamos a Jorge Magano, autor de las novelas “La Isis dorada”, “Fabuland” y “El chico que no miraba a los ojos”, novela que giraba en torno a uno de los personajes de la serie de Cuatro, “Hay alguien ahí”. Nos dice que está trabajando en una novela que “espera esté lista antes del apocalipsis del 2012″, un proyecto de ciencia ficción con el 2012 de fondo.

Espero os guste la entrevista y agradecer a Jorge Magano su colaboración

1. ¿Qué te inspiró para escribir (la novela)?

Mi carácter antisocial, mi individualismo y mi falta de recursos económicos. Vamos, que yo quería hacer una película, pero me faltaba todo eso que he dicho. Sentarse a escribir un libro resulta mucho más fácil. Siempre he querido contar historias, y la escritura es el medio que proporciona mayor libertad e indepedencia. Si lo que me preguntas es qué me inspiró mis distintas obras, la respuesta es más variada. “La Isis dorada”, la aparición de su protagonista en uno de mis sueños. “Fabuland”, mi interés (y preocupación) por la gente que prefiere el mundo virtual al real. “El chico que no miraba a los ojos”, uno de los personajes de la serie “Hay alguien ahí”.

2. ¿Cuáles son tus mitos literarios? ¿Y cinematográficos?

Empecé a leer en serio con novelas de Frederick Forshyt y Robert Ludlum, lo que me hizo interesarme por el thriller político y de espionaje. Luego descubrí a Clive Cussler, que me abrió los ojos a la gran aventura. Reconozco sus carencias, pero los buenos ratos que me ha hecho pasar como lector es lo que intento reproducir en mis obras. Con el cine soy más ecléctico (cómo me gusta usar ese adjetivo). Como personaje, mi mito indiscutible es Indiana Jones. Como director, Billy Wilder. En realidad veo todo tipo de cine, desde dramas franceses a películas con Bruce Willis. Reconozco que, salvo excepciones, el cine oriental y yo no conectamos bien.

3. ¿Cómo te documentas para poder ambientar tus novelas?

No soy un obseso de la documentación, pero sí de la creación de ambientes y mundos verosímiles. Decidí esto cuando, tras escribir mi primera novela, descubrí que más de la mitad de la documentación que había recopilado no tenía cabida en ella. Ahora intento buscar información y visitar los lugares donde tiene lugar la acción, pero sin agobiarme.

4. ¿Qué personaje enmascara tu “alter ego”?

Dicen que Jaime Azcárate, el historiador protagonista de “La Isis dorada”; pero yo no me lo creo. Él es valiente y yo no. Él vive solo y yo no. Él odia a los gatos y yo no. Él es un pendenciero y yo me caso este año. Y creo que él se tiñe las canas, pero esto aún no lo he comprobado.

5. ¿Qué novela te gustaría haber escrito?

“El emblema del traidor”, de mi amigo y compañero Juan Gómez-Jurado. Y no sólo por el premio que ganó, sino porque es una lectura fascinante con la que pienso repetir uno de estos días. Lamentablemente para mí, la escribió él. Aún no se lo he perdonado.

6. ¿Y cuál detestarías ser su autor?

La trilogía de “Milenium”. Tanto éxito y no poder disfrutarlo en vida… No somos nadie.

7. Una época / vida épica digna de novelar

La conquista de América. La saga de “Cienfuegos” de Vázquez-Figueroa y “El dios de la lluvia llora sobre México” de Laszlo Passuth son algunos de mis libros de cabecera.

8. ¿Cuáles son los ingredientes que incluyes en tus relatos?

Una visión de la vida bastante peculiar que incluye asombro, desconcierto, absurdo, suspense, acción, personajes curiosos (en todos los sentidos) y un ritmo rápido que atrape al lector. Algunos han visto mensajes o crónicas sociales, pero si los hay son consecuencias, nunca planteamientos.

9. Un escritor inmortal.

Sir Arthur Conan-Doyle. Da igual que lleve 80 años muerto.

10. ¿Qué estás escribiendo ahora?

En colaboración con un amigo, una novela de ciencia-ficción que va a dar que hablar. Esperamos tenerla lista antes del Apocalipsis de 2012 (¡toma pista!). A nivel particular, estoy decidiéndome entre varios proyectos. El que más papeletas tiene es un drama juvenil con elementos sobrenaturales, pero aún no lo sé.

11. ¿qué te gustaría que te preguntaran en una entrevista y todavía no lo han hecho?

“¿Nos das tu número de cuenta para recompensarte por unas respuestas tan ingeniosas e interesantes?”. Pero nada, que no hay manera.

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“La flor roja” Vsévolod Garshín. Editorial Nevsky prospects

“La flor roja” es un relato escrito en el siglo XIX por Vsélovod Garshín, rescatado por la editorial Nevsky Prospects, editorial especializada en autores rusos. Esta edición viene acompañada por unas fantásticas ilustraciones a cargo de Sara Morante, preciosas e inquietantes a la vez.

La historia tiene lugar en la Rusia decimonónica, en tiempos del Zar Pedro I, en un manicomio. Al centro, lugubre, irrespirable y enfermizante, llega un buen día un nuevo enfermo que se presenta en su delirio como el encargo de inspeccionar las instalaciones. Recluido en una horrible habitación de aislamiento, nuestro protagonista presenta una suerte de locura cuerda. Se cree victima de una conspiración, de noche se acerca muy muy mucho a la cordura, pero durante el día cae orate total. Se considera el menos loco del lugar, y opina que hay muchas realidades paralelas, que no hay un tiempo ni un lugar, y que estar en un manicomio no es ningún problema, lo mismo que estar vivo o no. Siempre habrán otras realidades en las que habitar y gozar, a las que podrá huir – momento FRINGE -.

Nuestro hombre busca un motivo. Sabe que hay un motivo para haber sido encerrado allí sin motivo. Y lo encuentra. Una flor roja, una amapola, preciosa, de un tono rojo intensísimo. Debe destruirla. Esa flor roja es la fuente de todo el mal del mundo. Toda la sangre derramada se concentra en sus pétalos. Nuestro heroe, a sabiendas que aplastarla supondrá acabar también con su vida, acepta el reto. Tras algunas peripecias con los celadores y médicos, logrará su objetivo y salvará al mundo. Morirá con la mano apretada, que los celadores no pudieron abrir. Y así fue enterrado, con su trofeo.

Vsévolod Garshín ( 1855-1888 ), veterano dela guerra Ruso-Turca de 1877-78, pasó tras este trance, algún tiempo en un sanatorio a resultas de una crisis nerviosa. Su paso por un centro de este tipo y sus experiencias vitales, hacen inevitable observar ciertos paralelismos con el relato aqui reseñado. La historia de un loco – ¿ o el más cuerdo de todos ? – incomprendido por todos, que en su delirio encuentra un modo de salvar a la humanidad. Un ser sin duda de lo más optimista – no es un loco, es un idealista -por creer que el mal puede erradicarse del mundo con ese simple gesto, el de aplastar los pétalos del tono más rojo que nadie haya visto nunca. Ojalá fuera sí de sencillo. Es muy duro tener tanta lucidez,  como la que tenía  el  protagonista de “La flor roja”.

Vsévolod tuvo un final parecido al del protagonista de este relato. Se suicidó tirándose por el hueco de una escalera

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Entrevista a Arnau de la Torre, autor de “La alianza del arco iris

Esta semana, en nuestra sección entrevistas, en nuestro promocionar a autores que no están bajo las grandes editoriales, pero que tienen mucho que aportar, le toca el turno a Arnau de la Torre, autor de “La alianza del arco iris”, un drama ambientado en el mundo de la iglesia católica.

Espero os resulte interesante y agradecer al autor su colaboración.

1.- ¿Qué te inspiró para escribir?

El detonante fue cuando oí en la televisión, hace unos cuatro o cinco años, la noticia de que un sacerdote había matado en 1971 a un niño en Puerto de Sagunto, dándole puñaladas con un cortaplumas. Me afectó mucho y no paraba de pensar en los detalles de cómo podía haber pasado eso. Llegué a la conclusión de que aquello olía a abuso no consentido por el niño y me dio más horror. Comencé una investigación (mi trabajo consiste en investigar y redactar informes) sobre las costumbres de los sacerdotes. Descubrí que había un porcentaje muy alto de gays y un pequeño porcentaje de abusadores, pero casi siempre de adolescentes. Después de contrastar cada una de las informaciones que me llegaron me planteé la posibilidad de que aquello se supiera públicamente y decidí contarlo en una novela. Los hechos están modelados para que encajen en la historia pero todos son ciertos. Me sentí en la obligación de denunciar la hipocresía de aquellos que les niegan todos los derechos a un colectivo entero (sin ninguna razón válida) y luego no solo pertenecen al mismo colectivo (en el armario más grande que hay) sino que además desde su posición de privilegio intentan y consiguen abusar de adolescentes y niños. He tenido un escrupuloso respeto por la fe católica y por el colectivo gay. Creo que nadie puede sentirse ofendido.

2. ¿Cuáles son tus mitos literarios? ¿Y cinematográficos?

Mi novela preferida es Bomarzo, de Mújica Lainez, por la belleza del lenguaje. También me gustan Truman Capote, Brice Echenique, Delibes, Javier Marías, etc. En cine, Visconti, Alex de la Iglesia, Fernando Fernán Gómez (este me encanta como escritor y como cineasta, tanto como director como actor), José Luis Garci, etc.

3. ¿Cómo te documentas para poder ambientar tus novelas?

Es mi primera novela y leí bastantes informes sobre la vida en la cárcel (tengo formación jurídica pero leyéndome la Ley y el Reglamento penitenciario no tuve suficiente porque allí no salen los detalles de la vida diaria), sobre antigüedades, ropa eclesiástica, rituales, vida clerical, sobre psicopatías y sobre las costumbres gays. Y muchas entrevistas: a sacerdotes (algunos gays y otros heteros), víctimas y padres de víctimas.

4. ¿Qué personaje enmascara tu “alter ego”?

San Manuel, bueno, mártir, de Unamuno. Yo me siento muchas veces como él protagonista de esta novela.

5. ¿Qué novela te gustaría haber escrito?

Lolita, Desayuno en Tiffanys, Bomarzo, El Unicornio, La elegancia del erizo, Matar un ruiseñor…

6. ¿Y cuál detestarías ser su autor?

MUCHAAAAS. Y entre ellas, algunas premiadas.

7. Una época / vida épica digna de novelar

La época, los años veinte del siglo XX. Personaje: José Bonaparte, también llamado Pepe Botella.

8. ¿Cuáles son los ingredientes que incluyes en tus relatos?

Solo me exijo tres cosas: que lo entiendan todas las personas, provocar un enganche que obligue al lector a seguir leyendo y que suscite sentimientos (positivos o negativos).

9. Un escritor inmortal

Becquer, García Lorca, Mújica Lainez, Truman Capote…

10. ¿Qué estás escribiendo ahora?

Una novela sobre el amor y el sexo en la ancianidad.

11. ¿Qué te gustaría que te preguntaran en una entrevista y todavía no lo han hecho?

Me gustaría que me hubierais preguntado cuál es mi estado de ánimo al escribir. Pues bien, antes de ponerme a escribir procuro meterme, como si fuera un actor, dentro de cada personaje y sentir como ellos antes de explicar lo que sienten.

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Reseña del poemario “Con el alma en el bolsillo” de Alejandro Herrera Parra

A MODO DE EPÍLOGO

 

“Y yo camino como siempre

sin sendero establecido,

sólo aquel que el azar

me prodiga a cada aliento”

Alejandro Herrera es un “flâneur”, un deambulador. Pocas cosas más poéticas que la errancia, el paseo distraído, sin rumbo fijo ni lugar de destino. La contemplación asistemática de lugares, gentes, circunstancias, dejando vagar el pensamiento es un ejercicio casi místico. El flujo constante de la realidad impresiona a nuestros sentidos y dicta un ritmo a nuestra consciencia, próximo al extravío lúcido y al arrobamiento.

La Sorbona, Notre-Dame, Montparnasse, las Tullerías, el Río Sena, Montmartre, la librería Shakespeare & Co.,  lugares míticos de un París no menos mítico son los que desfilan ante la mirada deseante de Alejandro, hasta provocarle algo próximo al conocido “Síndrome de Stendhal” (“tanta belleza e historia me abruman / un delicioso vértigo me acosa / a cada latido y parpadeo”).

París, la tan deseada, acaba enamorando al poeta (“tengo una nueva amada: / la llaman París”). Pero Alejandro no está en París para morir allí con aguacero, como hizo su admirado Vallejo. Debe regresar al lugar en que ha decidido forjar su “andamio de vida y muerte”. Regresa triste pero lleno con una obra que le sirve para fijar y preservar en la memoria todo lo que ha visto y vivido en su amada París. A partir de ahora la nostalgia teñida del ocre otoñal parisino será la parte más viva de su recuerdo y también la más profunda y personal (“la poesía es siempre individual / y siempre escurre hacia adentro”).

En cierta manera estos poemas me recuerdan a las crónicas que Dickens (gran viajero y paseante sin rumbo fijo) escribía en un semanario y que luego han sido recopiladas y tituladas “El viajero sin propósito”. Hay cosas que sólo se entienden caminando. En ese estado de ánimo que Robert Walser, ese gran caminante, llamaba “romántico-extravagante”. Ir a pie es algo sencillo, hermoso y antiguo. Según Thoureau, el caminante errante es una especie de cuarto poder al margen de la iglesia, el estado y el pueblo.

Creo que Alejandro pertenece a la estirpe de caminantes que hablan el lenguaje de los pasos perdidos, de los pasos que irremediablemente nos devuelven a casa, como a todos los peregrinos.

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