“Taiko. El hábil cara de mono” Eiji Yoshikawa ( Quaterni. Traducción Jordi Fibla )

Yoshikawa, autor de la trilogía “Musashi“, también editada exquisitamente por Quaterni, narró en la saga “Taiko“, libros que datan de mediados del siglo XX, la historia de los principales líderes que unificaron Japón en el siglo XVI, a veces a sangre y a fuego,  y en otras ocasiones mediante unas intrigas diplomáticas y conspiraciones que podrían haber hecho las delicias del mismo Shakespeare.

Esta es la primera parte, que pronto vendrá acompañada por su continuación, “Taiko. Hideyoshi en el poder”, de un trabajo notable. A lo largo de más de 40 años, asistimos a la historia de la ascensión del “cara de mono” del título, alguien que mediante su astucia, su labia y su sentido de la oportunidad, se encumbró a lo más alto desde la miseria más absoluta.

Si este resulta un personaje interesante, el que realmente es fascinante es el superior al que servía, Nobunaga, un hombre imprevisible, con rasgos misterisosos, que era capaz de pasar a la indolencia o pasividad a la brutalidad más extrema, véase la masacre del Monte Hiei, donde en una sola noche exterminó a más de ocho mil monjes budistas guerreros, que se le habían rebelado, y quemó hasta los cimientos de sus santuarios. Alguien que, no obstante, era capaz también de demostrar generosidad y lealtad y que era consciente, en la cúspide del poder, de lo efímera que es la vida humana y de lo carente de sentido que, en el fonod, puede llegar a ser, cosa que se ejemplifica a la perfección en el Haiku que suele cantar o recitar, que le obsesiona y describe al mismo tiempo:

“Pensar que un hombre

no tiene más que cincuenta años para vivir bajo el cielo

sin duda este mundo

no es más que un sueño vano.

Viviendo una sola vida,

¿existe algo que no decaiga?”

La melancolía que desprende este poema está impregnado en esta historia libremente inspirada en hechos históricos, que goza de un gran status en su país natal. Una historia robusta, con fragmentos apasionantes, que va al grano y que a la vez resulta densa por la gran cantidad de personajes y conflictos que aparecen en ella. En este sentido, es imprescindible consultar el mapa que acompaña a la novela.

La sociedad que describe “Taiko” no podría resultar más ajena al mundo occidental actual: una sociedad jerarquizada al máximo, obsesionada con una visión muy peculiar del honor y de la muerte, donde todas las relaciones se expresan mediante estrictos rituales. La mujer estaba al servicio del hombre, y como bien se indica al referirse a uno de los personajes femeninos: “como cualquier otra mujer de la época, sus únicas armas eran las lágrimas”.

Hay destellos de belleza y lirismo, en algunos pasajes roza la hagiografía épica y en otros parece haber un cierto toque crítico con las costumbres de la época. El único pero que le encuentro a esta novela con abundantes episodios bélicos, son ciertas caídas en el sentimentalismo más agudo, que aparecen intermitentemente a lo largo de una narración, por lo demás, sólida y convincente.

Para todos los que hemos disfrutado de este “Taiko 1″, resultará imprescindible leer “Taiko 2″, puesto que la historia queda abierta.

Share

“Once contra once” ( Libro de “Cuentos de fútbol )

Hace unos años, en la FNAC, por la compra de ciertos libros te regalaban otro, a elegir entre un libro para los que les gustaba el fútbol y otro para los que lo “detestaban“. A mí me gusta y elegí el primero, pero teniendo en cuenta que detesto casi todo lo que rodea a este deporte, especialmente desde que cierto marrullero con complejo de jesucristo entrena a un gran equipo que tiene un vergonzoso aparato de propaganda detrás, me he quedado con ganas de leer el otro.

Casi todos los relatos de los once que componen es estimable libro están recogidos de los dos volúmenes que Alfaguara dedicó al deporte rey con el título “Cuentos de fútbol”, y lo mejor que se puede decir de él es que los que lo odian pueden disfrutar perfectamente con este trabajo ya que algunos relatos no ahorran crítican al llamado “opio del pueblo”.

Con introducción de Guillem Martínez, que nos informa, entre otras cosas, que en Holanda no hay diarios deportivos ( ¡ qué suerte tienen ! ), como siempre pasa en este tipo de antologías, hay cuentos prescindibles, flojos o simplemente correctos. El de Manuel Vicent no me ha dicho nada,  o el del guionista de cine Manuel Hidalgo, pero hay otros divertidos, inteligentes o estimulantes.

El de Fulgencio Argüelles es uno de esos cuentos que un furibundo detractor del fútbol puede aplaudir entusiasmado. El de Carlos Casares pone por las nubes al Di Stefano jugador, y no tan bien como ser humano. Roberto Fontanarrosa divierte con su hilarante “19 de Diciembre de 1971″, una buena muestra de como viven, con qué fanatismo, en fútbol en argentina. Diversión que no tiene el inteligente “Tanta pasión para nada ( la paradoja de Djukic ) de Julio Llamazares sobre el famoso penalty fallado con la liga casi acabada, en su último suspiro, por el gran central del Deportivo de la Coruña ante el Valencia, y que impidió del el Depor ganara su primera liga en beneficio del Barça en 1994. Es un relato doloroso y elegante sobre un hecho que marca la vida de una persona. ( Pudo resarcirse el año siguiente, 1995, conquistando la Copa del rey, contra, de nuevo el Valencia. Curiosamente acabó ganando la liga pero no con el Depor, sino con el Valencia, en 2002 ).

Justo Navarro traslada el mito de Fausto ¡ al real madrid ! con “El alma al diablo”. Augusto Roa Bastos aporta una historia entrañable aunque con una construcción discutible con “El crack”. Y el mejor de todos, en mi opinión, es el del maestro José Luis Sampedro con “Aquel santo día en Madrid” donde un extraterrestre alucinado descubre la nueva religión y en el que Sampedro, con gracia, elegancia y esa causticidad suya aparentemente tan discreta, no deja títere con cabeza.

También recomendable el surrealista cuento de Bernardo Atxaga y el nostálgico de J. Armas Marcelo, aunque para mí me quedo con el de Sampedro.

Un buen libro recomendado para los que gustan de este deporte así como para los que lo rechazan o quieren conocer visiones diferentes a los de la tertulia dominguera que, por desgracia, tiene lugar todos los días de la semana en gran parte de los medios de desinformación que padecemos.

Share

“Hollywood” de Charles Bukowski

hollywoodA finales de los 80′ Barbet Schroeder filmó la apreciable, y a reivindicar por estar algo olvidada, “El borracho”, según un guión de Charles Bukowski, con un gran Mickey Rourke en el pañel de Henry Chinaski, y de ahí salió la base para esta novela, una de las últimas y a la vez más ligeras y divertidas del famoso escritor.

Un Chinaski más maduro, más asentado y menos salvaje, testigo de todo tipo de anécdotas e incidentes, muchas veces absurdos, otros humorísticos que transcurren en la vampírica jungla del cine.

El escritor asiste entre crítico, asombrado, perplejo e incluso en algún momento casi asustado o apabullado, al nacimiento y vida de una película que no tendrá mucha repercusión, con todos los problemas tanto para ponerla en marcha como en elpropio rodaje y distribución. Un “como se hizo…” exento del glamour y la autocomplacencia típicos de la industria del cine y con los de siempre- productores, publicistas, distribuidores, periodistas, etc,- intentando llevar el film hacia sus intereses, mucho más preocupados por los beneficios económicos que por los resultados artísticos, algo que sigue igual hoy día.

Bukowski retrata con humor, acidez e incluso algún toque de ternura a personajes egocéntricos, endiosados, megalómanos, escondidos bajo pseudónimos nada disimulados. Por aqui desfilan Werner Herzog, Jean-Luc Godard, una Faye Dunaway en plan diva total, el propio Rourke tan introvertido como dado a esas excentricidades que hundirían su carrera, incluso el horroroso dictador Idiahin protagonista de un documental del mismo Schroeder. El director de la película -el propio Schroeder- parece el personaje con más sentido común de entre toda la selva que le rodea y al que, no por casualidad, va dedicado el libro.

Por supuesto aqui están las constantes de siempre: hipódromos, bebida, mujeres- aunque sexo no, lo siento señores- pero es un Bukowski sereno, felizmente casado, rodeado de todo tipo de aduladores, que despliega su corrosividad incluso hacia clásicos supuestamente intocables de la litaratura y obviamente contra ese mundo de Hollywood tan ajeno a él. Además, no hay que olvidar que no era precisamente un enamorado del séptimo arte.

Un libro que se lee rápidamente y que no es lo mejor ni lo más representativo de su cosecha, habitualmente más oscura. Aparentemente es el más intrascendente de sus libros pero es recomendable, con no pocos momentos memorables y hasta regocijantes, aqui está con toda su fuerte personalidad, esa que le convirtió en un ejemplar único e insobornable. Y es un un buen retrato de las trastiendas – o cloacas- de la meca del cine tan podrida y corrompida como siempre ha sido.

EL BARON VON HIMMLEN

Share

“El invencible” de Stanislav Lem ( Minotauro. Traducción de M. Horne y F. A. )

el i nvencibleAunque el polaco no es precisamente un desconocido entre los aficionados a la ciencia ficción, sí que es cierto que parece estar, en términos de popularidad y a veces incluso de reconocimiento, un peldaño por debajo de los nombres clasicos anglosajones del género, de mayor calado en occidente, algo a lo que no parece ser ajeno su origen y el hecho de que gran parte de su obra aún inédita por aqui, fue escrita en el periodo de la guerra fría, por lo tanto, aún no goza en ciertos ámbitos la fama de Asimov, Arthur C. Clark, Philip K. Dick y otros, aunque esto se vaya arreglando con el tiempo, y sea fácil hacerse con sus libros, aunque desde luego títulos como “Magnitud imaginaria” o este “El invencible” no tienen mucha fama.

De hecho muchos lo conocen de oídas por haber sido el autor de la notable “Solaris“, dos veces llevada al cine, una en los años 70 por Andrei Tarkovski, y que pasa por ser uno de los títulos clave de ciencia ficción- el “2001″ del Este, dicen algunos entendidos que llegan a ponerla por encima de la obra maestra de Kubrick- y la mucho más conocida y relativamente reciente versión de Steven Soderbergh, una adaptación mucho más concisa y con resultados apreciables pero muy inferiores al original.

Uno no es una excepción, y es más lector asíduo del inventivo pero también irregular y cargantemente mesiánico Philip K. Dick, cuya fama y reconocimiento se multiplicaron tras su muerte, siendo objeto de todo tipo de cuidadas reediciones y dispares adaptaciones al cine, que no vió en vida. Tal vez pase lo mismo con Lem, fallecido hace pocos años, lo mismo que J. G. Ballard, que jugaba en otra liga, pero que tengo que reconocer una progresiva fascinación por este autor enormemente original.

Escritor que aborrecía a casi todos sus “compañeros” del género,- especialmente los nortramericanos-, sus obras son tan personales como imaginativas. Tiene un estilo seco, riguroso, denso, exigente, detallado, minucioso cientificamente y a ratos agotador.

“El invencible”, nombre de una nave espacial que explora un planeta en el que ha desaparecido otra nave terrícola, data de 1964, pero salvo algunos detalles técnicos, podría ser de hoy mismo, tal es su rigor, interés y modernidad, la propia de los autores clásicos.

Lem llega a tener una visión un tanto pesimista de la raza humana, depredadora donde las haya- el vivió la II guerra mundial en Polonia- con una visión que superficialmente algunos podrían designar incluso de ecologista y que niega al ser humano como el ser central del universo, sin ningún tufillo reaccionario-religioso de tantos escritores o directores de cine. En la novela se llega a afirmar que “no nos está destinado todo el universo, no todo cuanto existe nos pertenece…”, una advertencia a la que no parece que hagamos caso.

De hecho en los libros de Lem el hombre suele verse superado o desbordado por formas de vida que en su arrogancia no llega a entender, o es relegado a un papel secundario por la evolución metálica de la inteligencia artificial con los robots a la cabeza, como en su maravilloso libro de cuentos “Ciberiade”, cuyos dos personajes centrales son dos robots protagonistas de otros libros suyos, donde la presencia humana ha quedado extinguida, un mero recuerdo del pasado. Hay que decir que la estupenda y archifamosa serie de TV “FUTURAMA” ha cogido muchas ideas de este libro,para algunos capítulos como ese genial en el que BENDER flota por el espacio. Y es que a Ciberiada tampoco le falta sentido del humor, aunque no tan negro como en la serie.

“El invencible” combina esa filosofía y estilo con episodios d epura acción, con un delicioso toque “PULP“, aunque sin caer en la vulgaridad o infantilismo de buena parte de sus coetáneos. Lem se centra más enla historia y en la atmósfera que en sus funcionales personajes, aunque el principal, ROHAN, desprende cierto carisma.

Un autor recomendable y a redescubrir

HAL 966.376.894

Share

“El coronel Chabert” Honoré de Balzac

Escrita en 1844, “El coronel Chabert”, recuperada ahora en castellano por la editorial Funambulista, es una obra no muy larga en extensión – que no  en calidad – en la que Honoré de Balzac nos hace uno de sus muchos retratos de la época que le tocó vivir, la de un heroe de las campañas napoleónicas, en este caso, el Coronel Chabert, heroe de la batalla de Eylau, batalla de 1807 franco-rusa. En esta pieza, Chabert, uno de los hombres de confianza del Emperador, nada menos que Napoleón, falleció oficialmente en la misma, dándosele por muerto sin que lo estuviese realmente. Su vuelta a Paris, su exigencia de revocación del acta de defunción y el restablecimiento de sus derechos, dan pie a esta novela.

De un lado la historia que nos cuenta Balzac contiene ese toque que asegura la atención y el interés del lector: la injusticia. Con lo que Chabert hizo por Francia en la época del Imperio, y ahora se le postra a la condición de mísero indigente. Otro toque: venganza. Su mujer adquirió fortuna gracias a haberse casado con él, y ahora, casada con otro – con el Conde de Ferraud – finge no reconocerlo. Tiene ese toque de humor que viene del despacho del procurador que lleva los asuntos del desdichado Coronel, el pilluelo del ayudante – muy Dickensiano - y los pasantes a cada cual más jocoso – “yo no he visto nunca un estudio donde se bromee tanto como en éste a costa de los clientes” ( pág 133 ). El procurador Derville es quien habilmente llevará el caso de restitución del honor y de una buena paga que le permita vivir con comodidad el resto de su vida. Otra cosa es que lo consiga. Es una buena porción de “comedia humana” balzaquiana, con un final no exento de moraleja, con una agria crítica al mundo que le había tocado vivir. Me pregunto que diría del de ahora.

Así vemos la desdicha de alguien que se ha dejado casi literalmente la vida en los campos de batalla, que a su vuelta es repudiado por todos. Un tema del que se ha escrito bastante, pero que cada vez que se acomete una lectura con este tema, es tan interesante como la primera. De un lado nadie cree que sea realmente quien dice ser. Y le toman por loco. De otro lado quienes sí lo reconocen niegan hacerlo, unos por motivos económicos, otros por motivos ideológicos. El heroe de una causa de ayer es el denostado del hoy. Vemos una sociedad de pirañas donde medrar es el único verbo conjugado. Una sociedad que ya anticipa el problema de la justicia, con una   maraña de abogados y papeleo inacabable que no lleva precisamente al ideal de justicia. Ni en realidad a ninguna parte.

Finalmente añadir que es una lectura que invita a ser devorada. Se lee rapidísimo, muy ágil y amena, como lector estás deseando saber como acaba todo, si el Coronel Chabert recuperará su vida. Balzac sabe presentar personajes a los que unos los amas y a otros quieres estrangularlos. En definitiva una buena lectura. Me atrevería a catalogarla como “una lectura de las de antes”. ¿Qué más se le puede pedir a un libro?

Share