“La Espada Rota” de Poul Anderson

“La Espada Rota” de Poul Anderson

En 1954, la fantasía épica tuvo la suerte de añadir dos títulos al género: “La Espada Rota” y “El Señor de los Anillos”. Este sencillo dato, recurrente en muchas reseñas de la obra de Anderson, alimenta una inmediata necesidad de comparar los dos textos. Contraste obligado, pues uno y otro parten de premisas similares: la reutilización de mitologías clásicas para dar forma a lo fantástico en sus respectivos universos. Las diferencias entre la trilogía Tolkieniana y el libro de Anderson puede reducirse, sin embargo, a una mínima expresión: mientras “El Señor de los Anillos” reelabora esas mitologías para forjar un mundo de fantasía nuevo, “La Espada Rota” busca una versión cuasi literal  y así recrear el mundo sobrenatural de la Europa medieval. Cuál de las dos opciones resulta ganadora queda al gusto del lector.
En cuanto a Anderson y su obra, es importante hacer notar que “La Espada Rota” se trata de una novela “de juventud”. Y que el género escogido lo fue, supongo, por sus raíces danesas (aunque nacido en los USA, sus padres eran de Dinamarca y allí vivió durante unos años). Resulta curioso también que no dejó de volver a esas “raíces” en obras posteriores y, veinte años después, se le reconoció el talento para la recreación medieval con un galardón por su “Saga de Hrolf Kraki”. Premio para un talento capaz de manejarse en muy diversos géneros.
Sobre la novela propiamente dicha, hay que empezar por insistir en su pretensión de emular las sagas nórdicas y las leyendas de los pueblos escandinavos. La trama se desarrolla en la zona de influencia histórica de los vikingos, entre Dinamarca e Inglaterra, mezclando este mundo en proceso de evangelización con el “plano faérico”, invisible a los hombres, donde conviven las criaturas propias de ese folklore. Y aquí es necesario pararse un instante, y elogiar la forma en que Anderson insufla vida a tales seres. Por un lado, ubica a todos ellos en parajes que evocan la naturaleza de sus ocupantes mediante la maravilla o el horror. Descripciones grandilocuentes (sin llegar a los extremos de exhaustividad de Tolkien) nos ponen ante los ojos de la imaginación escenarios imposibles. Y tampoco escatima adjetivos a la hora de describir las peculiaridades físicas de esas entidades sobrenaturales. Pero, y esto es importante, no hay cabida para los estereotipos de “buenos” y “malos”. Los elfos son capaces de saquear, intrigar o mostrarse vengativos sin reparos, mientras que los trolls, aunque salvajes, lloran a los familiares torturados y se aprestan a la guerra para evitar su extinción. El resultado es una recreación no sólo “visual” si no también psicológica de estas criaturas, tal y como podían imaginarlas en los primeros siglos de la Edad Media. Respondiendo a la forma en que los vikingos proyectaron su sociedad, fatalista y sangrienta, en un panteón mitológico.

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Ganador del II concurso de microrrelatos

Y los ganadores son:

Segundo clasificado, con un cheque regalo de  50€ y un lote de libros, cortesía de Fnac.es:

Pequeño descuido

Me levanté temprano, como cada mañana. Me preparé un té en el microondas, aplastando durante un rato la bolsa con la cucharilla, como a mí me gusta hacerlo.

Salí a la calle. La gente me miraba presa de un extraño horror.

Mientras esperaba el autobús vi mi reflejo en un escaparate. Ahora lo comprendía.

Había olvidado quitarme el capuchón de verdugo.

Y el ganador, con un cheque regalo de 100€ y un lote de libros cortesía de Fnac.es a:

NADA VOLVERÁ A SER COMO ANTES

Cerró la puerta de la calle de un portazo y volvió a la cocina con el corazón encogido.

Acababa de tener una fuerte discusión con su hija. Quería que dejase de vivir solo y se marchase a una residencia. Aurora le comentó que ya no se desenvolvía como antes.

¡Qué se estaba haciendo mayor! Y una mierda, se dijo el hombre, mientras se preparaba el desayuno. Después puso el programa corto de la lavadora, metió el vaso de leche en el tambor, cerró la escotilla y esperó a que se le calentara.

Enhorabuena a ambos. los ganadores pueden ponerse en contacto con Melibro.com y os enviaremos las órdenes para recibir el premio

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“El patio dormido” Mª José Galván

El Patio Dormido, una realidad invisible

Mª José Galván, licenciada en Historia del Arte, autora de El cuento de otoño, con el que obtuvo el primer premio del III Concurso de Relato Histórico Hislibris (Ediciones Evohé, 2011), nos trae su primera obra, El Patio Dormido (Ediciones Evohé, 2012). Un libro tan real como la vida misma y tan inusual como la trama que la autora nos describe.

El patio dormido transcurre en una comunidad de vecinos del barrio de San Enrique, en Madrid, en una época tan actual que cualquier persona cercana a la  ciudad puede pasear por los principales escenarios del propio libro.

El nexo de unión de la comunidad vecinal es el  patio común, que es a su vez el alma de los edificios. Un espacio común que no pasará desapercibido para ninguno de los habitantes del singular espacio vecinal.

Julio, un joven menor de edad, que  muere en patio del vecindario a causa de un golpe en la cabeza será desde el inicio de las páginas de la novela el punto de inflexión que girará entorno a todas las actuaciones de cada uno de los personajes de cuatro fincas colindantes.  Así pues, todos ellos estarán obligados a responder ante la justicia de su responsabilidad en la muerte de Julio, por ser copropietarios del patio. El proceso judicial servirá para el acercamiento y la tregua de viejas rencillas;  incluso para otros personajes servirá para acrecentar malhumoradamente sentimientos de rencor o rabia anclados en un pasado ya inexistente.

Con ello provoca una confrontación de opiniones respecto de algunos personajes para defender a título pleno sus intereses sacando con lengua bífida, la crueldad del alma y la tamaña presión ejercida por la conciencia.

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Finalistas del concurso de microrrelatos

En primer lugar, pedimos disculpas por el retraso que está teniendo tanto el fallo como la publicación de los finalistas. Afortunadamente ya tenemos los tenemos disponibles:

Niño perdido

Solía imaginar que yo también era un niño perdido. Soñaba que, por las noches, me escapaba volando por la ventana y en la segunda estrella giraba a la derecha hasta llegar a la portentosa tierra de Nunca Jamás, donde todo era posible. Allí Peter, Wendy, Nibs, Curly, Slightly, Tootles y los demás me esperaban para iniciar nuestras correrías contra el capitán Garfio y su contramaestre, Smee.

Hoy, en cambio, sólo soy un niño perdido en la mente de un anciano enfermo en la tenebrosa y lúgubre tierra de Alzheimer.

La sombra.

Quizás no se había preguntado nunca la manera en que ella le abordaría y el momento en el cual le haría presa de sus cálidos abrazos. El beso del silencio confortaría su sed infinita y sus ansias de sosiego para el cuerpo y el alma que fugitiva llevaba tanto tiempo.

Acudiría con su mejor vestido cubriéndole suave y lentamente en su regazo, como a un niño perdido en la noche apaciguando su miedo y su llanto. Ella estaba allí con él, ya no había marcha atrás, todo las luces se apagaron, solo quedaron las sombras.

Formularios.

Mezcló el esputo sobre sus mejillas en lágrimas. Las llamas del motor relampaguearon detrás. Cayó de rodillas intentando olvidar el seguro edificio de papeles que había constituido su vida. Tras el mirador, las luces de la ciudad, titilantes y dubitativas, le sonreían. Desanudó por fin su corbata. Se desnudó. El frío erizó sus castigados pezones.

El vello bailó un frenético compás. Dos minutos después, eyaculó libre sobre la tierra seca. Esparció el esperma, buscando una suerte de mandrágora entre el polvo. Se deslizó por la barandilla y corrió ladera abajo, perseguido por su propio espanto.

NADA VOLVERÁ A SER COMO ANTES

Cerró la puerta de la calle de un portazo y volvió a la cocina con el corazón encogido.

Acababa de tener una fuerte discusión con su hija. Quería que dejase de vivir solo y se marchase a una residencia. Aurora le comentó que ya no se desenvolvía como antes.

¡Qué se estaba haciendo mayor! Y una mierda, se dijo el hombre, mientras se preparaba el desayuno. Después puso el programa corto de la lavadora, metió el vaso de leche en el tambor, cerró la escotilla y esperó a que se le calentara.

Transformación

Se despertó. No reconoció ni su cabello ni sus manos ni sus pensamientos. Corrió al espejo de la entrada y se lo confirmó, era otra, la que siempre soñó ser, increíble, ¿sería cierto? . Se detuvo ante a la imagen del otro lado, sus facciones eran nuevas, serenas.

Sonrió y empezó a volar por la estancia, sorprendida por sus propias carcajadas despertó pero a su alrededor caras tristes le miraban con pena, blancos cirios alumbraban la estancia y cientos de flores la rodeaban. Gritó sin voz. De pronto recordó una última imagen: los faros de un coche bajo la lluvia.

Pequeño descuido

Me levanté temprano, como cada mañana. Me preparé un té en el microondas, aplastando durante un rato la bolsa con la cucharilla, como a mí me gusta hacerlo.

Salí a la calle. La gente me miraba presa de un extraño horror.

Mientras esperaba el autobús vi mi reflejo en un escaparate. Ahora lo comprendía.

Había olvidado quitarme el capuchón de verdugo.

Agridulce

La noche que la perdí, nevaba sobre Berlín; vaho en los cristales, música de Wagner y su pincel robando el blanco a un lienzo colgado en la pared. Yo la contemplaba desde la ventana, la luna abrigando mi espalda, atrapado en silencios reveladores; en mi mano una copa de vino dulce, nuestra ropa en el suelo, la silla, el diván. Era feliz. Y ella fingía tan bien… que su último beso aún me sabe a hiel.

FIN DE AÑO

El eco de la última campanada vibra aún en el aire.

Carmen le desea un feliz año nuevo. Luego, tras besarlo, le ofrece un pequeño paquete.

-Es para ti. Espero que sea un regalo inolvidable-dice con una sonrisa.

A él le parece la sonrisa de un ángel triste y piensa en cuantas veces se puede llegar a decepcionar a una persona sin coste. Abre el estuche de madera noble. Dentro hay una gargantilla con un nombre: “Zoé”.

La reconoce al instante: es la misma gargantilla que, apenas dos semanas antes, había regalado a su amante.

PHANTASMA

No sé si os pasa, pero yo nunca logro evitar que mis palabras suenen como aullidos y ululen a capricho —y no, en serio, no lo hago a posta. Tampoco sé cuándo sobro en un lugar, ni la manera de caer en gracia desde un principio, «causar buena impresión», que decía mi madre. Será mi rostro apergaminado, mi pátina incorpórea, mi rielar nervioso por ese resultarles simpático o no sé el qué, pero me consta no ser una presencia grata para los vivos.

Desde luego, qué soledad la del muerto. Si lo sé, no vivo.

 

Enhorabuena a todos. En breve publicaremos tanto el primer premio como el segundo premio.

Perdonad las molestias

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“LOS PEQUEÑOS PLACERES” MIGUEL SANFELIU

LOS PEQUEÑOS PLACERES
MIGUEL SANFELIU
Ed Paréntesis, 2011
Hay títulos que ya de por sí nos dicen todo, y este es uno de ellos. Bajo él se agrupa una serie de veintiún relatos, de distinta longitud, algunos muy breves, en los que Miguel Sanfeliu, nacido en Tenerife, pero de familia valenciana y residente en Valencia, nos habla de esos distintos momentos en los que vivimos un placer o un dolor (porque todo placer tiene su reverso). El Placer, así, con mayúscula, como la Felicidad, son conceptos universales: existen, como diría Platón, en un mundo ideal. Pero en la Caverna, este oscuro mundo del día a día, donde vivimos o sobrevivimos los mortales, pálidas sombras del Mundo Ideal,  lo que existe son breves momentos de placer o de felicidad, que generalmente suelen ser fugaces, y que precisamente por la brevedad que les caracteriza, los valoramos tan alto. Porque una vida placentera constante sería tediosa, finalmente; es más, llegaría un momento en el que añoraríamos algo de contraste, porque habríamos perdido la noción de su valor.  No hay nada más aburrido que esas vidas donde todo sale bien, nadando en riqueza, salud y amor. De hecho, esas vidas no existen. El placer, como el perfume, viene dosificado en frasco pequeño, para que sea verdaderamente intenso. Luego, queda el recuerdo.
Miguel Sanfeliu narra distintos momentos en los que capta, como cámara instantánea oculta, retazos de vidas, retazos de situaciones en los que el hombre, el ser humano se ve inmerso de modo cotidiano. En unos nos muestra el amor, en otros el dolor, la vida y la muerte, todo ello extraído con naturalidad de nuestro alrededor, nuestra cotidianeidad. Mirándolo todo, eso sí, con indulgencia. Así, esos padres cuyo hijo resulta ser un asesino, y que aman y odian a la vez que no comprenden qué les ha pasado, en Dolor; esa chica que se llama Libertad y su disfrute está en pasear por cementerios, contagiando al enamorado de su afición, en Reflexiones sobre la muerte; ese tal Edi que se hace pasar por potentado, cuando es alguien muy distinto, en Vacaciones con Edi. El médico acostumbrado a situaciones imprevisibles, inmunizado al dolor y a la muerte en Urgencia; en Remordimiento,  dedicada al recuerdo de su padre, el autor nos transmite las sensaciones del anciano que siente lo que no hizo o no pudo hacer y el hijo asiste, impotente, a la decadencia senil; la vieja pareja, dominada por el aburrimiento y el hastío, en tanto tiempo; sufrimos la tensión del atascado con el coche en plena vorágine del tráfico ciudadano, en El semáforo; y la ansiedad de ese muerto viviente, el padre cuya familia no le reconoce como vivo, y desesperado clama inútilmente en El hombre invisible.

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